Anuncio de responsabilidad: Todos los personajes pertenecen a Andrew W. Marlowe, a pesar de que han encontrado su propio camino a mi corazón.
"No entres en una competición a beber con ella. Te gana seguro."
"Oh, no necesito beber para ganarle."
-Lanie Parish y Katherine Beckett, Un juego mortal-
5. BALBUCEO & ALCOHOL
Castle sale de su dormitorio tambaleándose, enciende la lámpara de pared e inmediatamente lanza una mano frente a su cara, entornando los ojos ante la invasión de intensa luz. Hay alguien llamando, con fuerza y persistencia, a su puerta de entrada. La abre lo mínimo y echa un vistazo al pasillo.
—¿Beckett? —su voz suena ronca por el sueño al abrir la puerta del todo.
—¡Eh, tú! Por fin te encuentro… —dice ella entre risitas, sus párpados casi imperceptiblemente caídos sobre sus ojos.
Se la ve muy contenta, demasiado contenta. Su cabello, muy ondulado, está ligeramente revuelto y unos pocos pedacitos de confeti dorado y rojo brillan entre sus mechones rizados. Lleva un vestido de palabra de honor y pliegues arrugados. El corte de la falda le llega justo por encima de las rodillas y el tejido de satén de color champán se ajusta perfectamente a su cuerpo, acentuando todas sus suaves y elegantes curvas, y resaltando el ligero bronceado de su piel. El borde del pecho del vestido está adornado con cientos de diminutas perlas de cristal en forma de diamante. Kate sostiene un pequeño bolso y unos zapatos de tacón de aguja muy altos en la mano izquierda. Y el detalle más importante es que está borracha.
—Kate, ¿qué estás haciendo aquí? Son las cuatro y media de la mañana.
Los ojos de ella escanean brevemente el pasillo y luego se vuelven a centrar en el rostro de Castle, sus cejas descendiendo a un ceño ligeramente fruncido. Da un paso hacia él y le da un toque con un dedo en el pecho.
—Tienes unos vecinos muy gruñones —murmura ella, ahuecando una mano junto a la boca.
—Mis veci… ¿Qué estabas haciendo tú con mis vecinos?
Mientras que las cejas perfectamente depiladas de Kate se arquean hacia arriba en un gesto de disculpa, sus labios se curvan en una sonrisa humilde, y murmura por lo bajo.
—Puede que me haya bajado del ascensor en el piso equivocado.
—De acuerdo, ven aquí —Castle la agarra del brazo y la arrastra dentro del loft, cerrando la puerta tras ellos—. ¿Cómo has llegado hasta aquí?
—Le pedí a Maddie que me dejara aquí… ¿Está tu madre en casa? —Kate deja caer el bolso y los zapatos, y éstos últimos chocan y rebotan estrepitosamente contra el suelo de madera.
—Sí, está arriba, así que shh…, intenta estar calladita.
Beckett enlaza sus brazos alrededor de su cuello y se aproxima a él. Su aliento huele a vino y tequila.
—He venido para acostarme contigo.
—¡¿Qué?!
—Shhhhh… Castle, que tu madre está durmiendo —le reprende ella, susurrando en voz baja.
—Este es el alcohol el que habla. Venga, lo que necesitas es dormir.
Castle la vira y dirige hacia el dormitorio y la hace sentarse en el borde de la cama. Ella se deja caer hacia atrás, desplomándose boca arriba sobre el colchón, y extiende ampliamente los brazos por encima de su cabeza. Pescando una camiseta y uno de sus bóxers de la cómoda, Castle se acerca a la cama y se sienta junto a la cadera de Kate.
—¿Os lo habéis pasado bien tú y las chicas?
—Oooh sí… —carcajea ella, una risa profunda y alegre gorgoteando en el fondo de su garganta—. Castle, tendrías que haber venido.
—Sí, claro —ríe él por lo bajo.
Ha sido una noche de chicas en la ciudad. Ella y otra docena de mujeres han estado de fiesta celebrando la despedida de soltera de Madison. La amiga del instituto de Kate se iba a casar en una semana.
Beckett sigue balbuceando sobre lo que han hecho y dónde han estado mientras él empieza a desnudarla, rodándola sobre su vientre y bajando la larga cremallera. La vuelve a girar boca arriba y se pone de pie entre sus rodillas para tirar del dobladillo del vestido, deslizando hacia abajo la tela de raso plisada por sus piernas. A continuación, le quita las medias de color carne, no sin esfuerzo. Dado que no lleva sujetador, Kate se queda vestida únicamente con su tanga negro bordado.
Levantándola hasta que está sentada en medio de la cama, Castle coge la camiseta, se la pasa por la cabeza, y la ayuda a encontrar los orificios y meter los brazos en las mangas largas.
Kate bosteza y desliza sus dedos por el pelo de Castle.
—Eres guapo… Tengo a un rico y guapo escritor de bestsellers como novio —comenta ella arrastrando las palabras—. ¿Cuán afortunada soy? —sonríe y le toca la mejilla.
—Ah, así que sólo te gusto por mi dinero, ¿no? —insinúa él, ligeramente entretenido por este lado abierto, más expuesto y juguetón de Beckett.
—Por supuesto… —la mirada de Castle se dispara hacia los ojos de Kate—. …que no —termina ella, pellizcándole la mejilla y estallando en carcajadas—. Me gustas porque me encantan tus ojos azules, y me encantan tus labios, y me encanta tu pelo, y me encantan tus brazos… —Kate desliza una mano dentro de la parte delantera de los pantalones de chándal de Castle—. Y me encanta tu...
—Vaaaaa-le —trastabilla él y extrae rápidamente la mano deambulante de Kate.
—Castle… —ella gimotea—. Quiero ver a Súper Rick —sus largos, errantes, y ansiosos dedos intentan colarse bajo la cintura del pantalón de su pijama una vez más y una risa nerviosa escapa de la boca de él. Castle inmoviliza las manos de Kate al colchón a ambos lados de sus muslos—. Hazme el amor Castle —ronronea ella sensualmente.
—Kate, seguramente y sin ninguna duda, vas a experimentar una gran resaca mañana… Necesitas dormir —ella pone morritos, mirándole con cara de pena desde debajo de sus pestañas—. No puedo, Kate. Sería..., sería como aprovecharme de ti —intenta él con poco entusiasmo, como último recurso, al sentir su determinación evaporándose por segundos.
—No te estarías aprovechando de mí —ella hace una mueca ante la desagradable palabra. Sus ojos se fijan en los de él, y de repente, parece y suena muy sobria—. Soy tu novia, y me respetas, y me quieres, y yo te quiero.
Un instante de silencio llena la habitación. Sus miradas permanecen conectadas durante diez largos segundos. ¿Era uno de sus trucos para conseguir lo que quería? ¿Era cháchara ebria? ¿…O podía ser cháchara ebria honesta? ¿Podía realmente decirlo en serio?
—¿…Qué? —susurra él en voz baja.
Con las manos todavía atrapadas bajo su firme agarre, ella sonríe y se inclina hacia delante, acercando su rostro a escasos centímetros del de él.
—Te quiero, Castle —los labios de Kate rozan sensualmente los suyos—. De verdad que sí…
Y entonces es ella la que tiene que intentar mantenerlo a él bajo control.
Gracias!
