Los corsés por allá, las zapatillas ahí y los vestidos en aquel armario ¿Entendido?

R: Si Duquesa.

La mujer salió de la habitación dejando solas a las dos chicas.

Q: No puedo creer que estés aquí, tan rápido.-Exclamó sonriente.

No había dormido nada en toda esa semana, solo esperaba el amanecer para ver si la morena se encontraba en su cuarto.

Sentada en el borde de su cama miraba sus pies que jugueteaban nerviosamente con la alfombra que cubría el suelo.

Q: Pensé que tardarían meses en llegar.-Siguió hablando.-Harmony me dijo que habían viajado a España.

La morena apenas y le prestaba atención.

Q: ¿Cómo haz estado? Hace tres años que no nos vemos.

R: ¿Prefiere un atuendo formal o uno casual?.-Pregunta mirando por primera vez a Quinn desde que entró en la habitación.

Q: Te extrañé.-Fue su única respuesta.

R: Solo convivimos por un día.

Q: Fue suficiente para tomarte cariño.

Después de esa sentencia las dos se miraron a los ojos intensamente, Rachel trataba de encontrar las palabras adecuadas para contestar y Quinn, Quinn solo miraba a la morena, tratando de memorizar cada una de las facciones de su rostro.

R: Lo siento.-Susurró desviando su mirada al suelo.-Por lo de la mascarada, no estaba conciente de mis actos.

Q: Si, yo tampoco, te comprendo y te perdono.-Dijo con otra sonrisa.-¿Amigas?.-Propuso.

R: Claro, amigas.-Respondió ya mas relajada.-Bien, ahora debemos apurarnos, no creo que quieras llegar tarde a desayunar.

Q: Comencemos.

Y ahí estaba la tarea que Rachel extrañaba tanto, dieciséis botones por recorrer, empezando desde el cuello y culminando en las rodillas, dieciséis benditos botones.

Lentamente retiraba aquel camisón del cuerpo de Quinn, mirando cada lunar o peca que encontraba en su camino,

Sin ser conciente de sus actos, las yemas de sus dedos acariciaron suavemente su piel, delineando los omoplatos de la chica.

R: Tienes un rasguño.-Dijo tocando la línea rojiza.

Q: Si.-Logró susurrar.

R: Supongo que a María Teresa le gusta marcar su propiedad.

Q: Hace tiempo que Teresa se fue a un convento o algo así, ella organizaba las salidas pero con el tiempo se volvió más seria, no se, el rodearse de toda la corté tomó sus costumbres.

R: ¿Entonces?.-Preguntó recargando su frente en la espalda de la reina.

Q: Es normal temer un amante, mi esposo ni siquiera me toca, debo buscar cariño por algun lado.-Le restó importancia.

Rachel no pudo resistir más y terminó depositando un beso sobre la espalda de Quinn. Uno tras otro, una cadena de besos fueron marcando la espalda de la ojiverde, marcando un camino, desde el cuello, marcando cada uno de los huesos de la columna vertebral.

¿Qué estaba haciendo? Pronto se casaría con el hermano de su mejor amiga, ese era su destino: Casarse, tener hijos, ver como su esposo la engañaba con una amante, quedar sola y amargada como la Duquesa Catalina…

¡Al carajo con todo eso! La respiración agitada de Quinn disipaba todo pensamiento de su cabeza.

Quinn giró sobre si misma para ver a Rachel que permanecía aun de rodillas frente a ella, mirándola penetrantemente.

La morocha se levantó lentamente hasta quedar a la altura del rostro de la ojiverde quien cerró la distancia entre las dos, uniendo sus labios en un beso lento, suave.

Las manos de Quinn ya se ubicaban en la pequeña cintura de Rachel mientras que las de la morena rasguñaban la espalda de la ojiverde.

Paraíso. Ese era el lugar en el que Rachel se encontraba. Los labios de Quinn, su lengua, todo en ella la transportaba al paraíso.

H: Quinn, tienes que…-Harmony entró a la alcoba quedándose paralizada al ver como la morocha y Quinn se separaban con la respiración agitada y con un leve rubor en el rostro.-Eh, tienes que apresurarte, el desayuno ya esta servido, solo te están esperando.-Dijo para salir de la habitación dando un gran portazo.

Las dos chicas se miraron confundidas, tratando de recuperar el aliento.

R: S-será mejor que nos apresuremos.-Logró decir después de unos minutos.

Q: Claro, claro, será lo mejor.-Respondió sin mirar a la chica.

Rachel se apresuró a poner un corsé a Quinn quien se quejó al sentir un leve dolor en la espalda.

R: Lo siento, creo que no medí mis fuerzas.-Dijo acariciando las marcas rojas que había dejado en la espalda de la ojiverde.