Grandes saltos en el tiempo. Solo aviso.
El carruaje se detuvo por ultima vez frente al palacio de Las Tullerías. Aún había personas que trataban de abrir el carruaje pero los guardias lo evitaban.
-¡Atrás!
Eso era lo único que podían escuchar entre los gritos de la gente.
La puerta se abrió dejando ver a un guardia.
-Abajo.-Fue lo único que dijo.
-Toma a Luís.-Dijo su esposo.-No dejes que lo toquen, yo llevaré a Teresa.
Todo estaba en completo silencio hasta que salieron. El pueblo estalló en gritos y maldiciones al ver a sus reyes salir del carruaje. Primero Quinn y después el rey.
Algunos guardias les abrían camino entre la multitud, pero eso no evitaba que algunos los tocaran, rasgando sus ropas y llenándolos de suciedad.
Q: Shhh.-Trataba de tranquilizar a su hijo que lloraba desconsoladamente, asustado.
Entraron finalmente a lo que sería su prisión, suspirando aliviados al verse bien, completos. Por lo menos tenían la seguridad de que no morirían a manos del pueblo.
Se dirigieron una ultima mirada antes de seguir avanzando tras los guardias.
H: Deberías dormir un poco.-Sugirió.
R: Gracias Harmony, no había pensado en eso.-Dijo con sarcasmo
H: Lo digo enserio Rachel. Tienes que cuidarte, ni siquiera comes, solo rezas.
R: Tengo que hacerlo, por Quinn, por su bien.-Susurró cabizbaja.
Harmony suspiró pensando sus palabras antes de sentarse junto a la morocha.
H: ¿Y no crees que Quinn preferiría que tu estuvieras bien? ¿Por encima de ella? Piénsalo. En los últimos años tu has sido su única preocupación, no, desde que te conoció has sido su única preocupación, y no creo que eso cambie. Es más, te aseguro que está pensando en ti ahora mismo.
R: Tu que sabes.-Espetó con molestia.
H: Se mucho. No por nada era su confidente, Rachel. Si, puede que a ti te contara que pasaba dentro del palacio y dentro de su mente también, pero a mi me contaba todo lo que sucedía en su corazón. Desde mucho antes de que tu llegaras era mi deber escucharla y aconsejarla, asegurarme de limpiar sus lagrimas y aclarar su alma, de eso me encargaba y aprendí muchas cosas, pero la más importante fue siempre poner el amor delante de todo, que le siga la cordura y por ultimo el razonamiento .Eso hizo Quinn contigo. Te ponía frente a todo. Lo primero que pensaba en las mañanas eras tu, en todas sus oraciones estabas tu y lo sabes muy bien, como sabes también que ella se sacrificaría por tu bien poniendo sus necesidades a un lado si tuviera que hacerlo.
R: Y por eso yo estoy haciendo lo mismo, poniéndome como segunda prioridad.
H: Haces mal, compréndelo. Si algo te pasa a ti Quinn lo sufrirá mil veces más.
R: No puedo abandonarla Harmony. Aún me arrepiento de marcharme del palacio.
H: Fue la decisión correcta. En algún momento o en otro eso iba a suceder y las cosas no hubieran sido tan buenas.
R: Pero la dejé sola.-Dijo llorando.
H: Si fuera por ella hubieras abandonado el palacio junto con nosotras, solo para cuidarte. No dejaría que nada malo te pasara, no se lo permitiría.
S: Hey.-Llamó acercándose a grandes zancadas.
H: ¿Qué pasa?.-Preguntó levantándose.-Estás pálida.
S: Los…los han atrapado.
R: ¿Qué?.-Preguntó afligida
S: Ayer por la noche. Los llevaron a Las Tullerías.
La prisión de Temple no parecía un mal lugar, claro, era sucio y era, bueno, una prisión, pero por lo menos estaba lejos del cada vez más enfurecido pueblo.
Las Tullerías no había sido un lugar muy seguro, pues meses después los ciudadanos arremetieron en el lugar, destruyéndolo, tratando de llegar a los reyes. Desde ese día todo se desató en un caos que parecía no terminar. Estaban en guerra.
Desde su celda podía escuchar los disparos, bombardeos, gritos, etc. Y no paraba de pensar en Rachel ¿Estaría bien?
Algo le decía que si, pero otra parte de su mente, esa pequeña parte que a veces la hacía sentir insegura, le decía que no lo estaba.
Q: Madre mía, esta mañana están mas animados.-Dijo a su hermana refiriéndose a las personas fuera.
-Pues debe ser un acontecimiento importante.-Dijo terminando de trenzar el cabello de la rubia menor.-Listo pequeña.
Q: Oye.-Llamó al guardia que las custodiaba.-¿Qué pasa allá afuera?
-Han cazado a alguien de la lista de cabezas.-Dijo sonriente al ver la expresión de Quinn ante sus palabras.-Una tal María Teresa. Debió ver. La guillotinaron, pintaron su rostro y lo colgaron de una lanza, ahora mismo están dando vueltas por ahí como si fuera su estandarte.
Q: Teresa.-Susurró llorando.
Un año pasó desde aquel incidente. Seguía encerrada en aquella celda junto a sus dos hijos, su esposo estaba fuera, tratando de arreglar la situación que parecía agravarse cada vez más.
Algunos meses atrás habían descubierto la caja fuerte del rey que contenía todos los documentos importantes, como el tratado con Estados Unidos que autorizaba apoyo monetario y militar hacia esa nación, además de los documentos que corroboran los gastos extremistas en joyería, vestimenta y demás caprichos de la reina, como la aldea.
Ahora el rey se enfrentaba contra la corte, tratando de justificar sus actos.
Era casi media noche cuando llegó a la cárcel. Quería llorar, gritar y destruir todo, pero un hombre no actúa así.
Al momento de ingresar a la celda dos pequeños se lanzaron a el, abrazando sus piernas y riendo al ver por fin a su padre. Quinn se levantó de inmediato abrazándolo y besándolos.
Q: Me alegra que hayas vuelto.-Susurró en su oído.-¿Cómo te fue?
Un brazo rodeo su cintura fuertemente y algunos sollozos llegaron a sus oídos.
-Me matarán.-Dijo en un murmullo.
Quinn
Han pasado tres años, he perdido la cuenta de las cartas que te he enviado y no has contestado a ninguna.
Se que estás viva, mi corazón me lo dice, pero aún así necesito una confirmación de tu parte.
Un simple hola escrito de tu puño y letra bastaría para alegrarme.
He tratado de ir contigo, pero lamentablemente mi propia familia me tiene prisionera. Dicen que es muy peligroso y temen que pueda pasarme algo; al parecer no notan que me pasa de todo al no verte.
Por favor Quinn, contesta, no me hagas sufrir más y permíteme saber de ti.
Rachel.
118, 119 en realidad era la suma total de cartas recibidas por la rubia de parte de Rachel. Cada una destruida inmediatamente después de leerlas.
Nunca se había sentido con ánimos suficientes como para contestar. No quería molestar a la morena, prefería no escribir nada en absoluto a llenar hojas y hojas con dolorosas y amargas palabras que preocuparían aún más a la morena.
Pero sentía que era momento de contestar. Algo en su interior le decía que no tendría otra oportunidad para hacerlo.
Su esposo se había despedido de ella llorando. Abrazó a sus hijos sabiendo que ya nunca mas volvería a verlos y salió sin mirar atrás.
Ahora Quinn estaba sobre la cama abrazando a sus pequeños, escuchando el escalofriante silencio que cubría todo a su alrededor.
Esperaba y esperaba, hasta que de repente escuchó los vítores de la gente fuera de la cárcel. Podía comparar el ruido con el rugido de mil leones. Leones sedientos de sangre y justicia. Leones que recibían el primer pedazo de carne después de la hambruna.
Pedazo de carne que resultó ser la cabeza de su rey.
H: ¡Rachel! ¡Rachel!.-Gritaba Harmony deteniendo el andar de la morena quien la miraba interrogante.
Harmony le entregó una hoja sucia y maltratada.
Se llevó una mano a la boca emitiendo un grito ahogado al reconocer la perfecta caligrafía en las tres únicas palabras que contenía aquel pedazo de papel.
Rachel, te necesito.
R: ¡Me necesita, Finn!.-Gritó.
F: ¡Y yo te necesito junto a mi! Sana y salva.-Respondió
R: ¿Para que me necesitas? ¿Para quedarme encerrada todo el día sin hacer absolutamente nada?.-Interrogó.-Es solo una visita, te lo ruego. Mi amiga me necesita.
F: Amiga.-Rió.-por favor, no trates de verme la cara de idiota Rachel. He escuchado rumores sobre ustedes dos y su…romance.
R: ¿Y que si en verdad tuvimos algo?
F: Que no voy a dejar que mi esposa me engañe.
R: Pero tu si puedes tener cuanta amante te plazca ¿no? Porque se que las tienes, como se también que no paras de coquetear con cuanta mujer u hombre se te ponga en el camino.-el chico palideció.-Lo se todo Finn, por eso creo que es justo que yo tenga la misma oportunidad que tu de encontrar a alguien que en realidad me ame, y poder escapar por lo menos por un tiempo de este matrimonio ficticio.
El moreno bajó la mirada nervioso.
F: Pediré que preparen un carruaje.
La puerta se abrió el día siguiente, mostrando dos guardias que avanzaban hacia ella a pasos largos, creándole un gran temor.
Uno de aquellos hombres tomó a su pequeño hijo mientras el otro la sujetaba a ella, evitando así cualquier movimiento.
-¡Mamí!.-Gritaba el pequeño cuando lo sacaban de la celda.
Q: Luís.-Luchaba por liberarse, pero era en vano. Lo único que pudo hacer fue llorar mientras veía como le arrancaban a su hijo de las manos.
Tres días después la puerta volvió a abrirse. Por instinto Quinn se abrazó a su hija, cerrando los ojos con fuerza, preparándose.
M: ¡Tía Rachel!
Quinn abrió los ojos con sorpresa. Teresa se deshacía de su agarre para correr directamente a la morocha que se adentraba en la celda.
R: Hola pequeña.-La saludó arrodillándose para abrazarla.-Te he extrañado mucho.
Q: Y yo a ti tía ¿Por qué tardaste tanto en venir?
R: Me lo habían prohibido, pero traje algo para compensarlo un poco.-Dijo sacando una caja de su bolso.
M: ¡Chocolates!
R: Shhh…Solo traje una caja, mamá no debe enterarse, ahora corre, ve a comerlos mientras yo la saludo.-La niña sintió corriendo a un rincón para comerlos.
Se incorporó y su corazón dio un vuelco al ver a la rubia, tan hermosa como siempre.
A grandes zancadas se acercó a ella, estrechándola entre sus brazos, aspirando su aroma, recordando su suave tacto. Pronto las dos comenzaron a sollozar escondiendo sus rostros en el cuello de la otra.
"Hay momentos para todo, Quinn" recordó que su madre decía "Si es un momento triste, debes llorar; si es un momento feliz, debes reír. Es así de simple."
El problema que Quinn tenía era el poder identificar que clase de "momento" tenían Rachel y ella en ese instante, así que comenzó a reír mientras lloraba empapando el hombro de la morena.
R: ¿Qué es tan gracioso?.-Preguntó con voz llorosa, contagiándose de la risa de la rubia.
Q: Créeme que no tengo la menor idea.-Respondió antes de besar a la morocha.
Evitó llorar aún más fuerte por poco. El tocar los labios de Rachel después de tres largos años era como tomar limonada fría en el desierto, como volver a la vida. Eso era.
Unieron sus frentes, mirándose y limpiando las lagrimas de la otra, sonriéndose, recordándose.
R: No comprendo como sigues siendo tan hermosa.
Q: Ya sabes, el aislamiento es un buen tratamiento.-Bromeó.
Rachel sonrió ligeramente, pero esa sonrisa se desvanecía poco a poco para ser remplazada por una mueca de tristeza, seguida de varias lagrimas más y sollozos que rompían el corazón de la ojiverde.
Q: Oh, vamos, era una broma.-La consoló.
R: No es justo. No es nada justo.
Q: Claro que lo es, y te lo digo yo más que las personas ahí afuera. Es muy justo.
R: Claro que no Quinn. Tu eres mía.-Sentenció mirándola a los ojos.-No pueden simplemente llevarte lejos de mi.
Q: Soy tuya.-Rió un poco.-Lo soy y lo seguiré siendo después de mi muerte. Por toda la eternidad.
R: No hables de eso, te lo suplico.
Q: ¿Por qué no si es algo que pasará?
R: Calla.-Ordenó empujándola ligeramente.-Te liberarán. Lo se.
Q: No Rachel, sabes que no lo harán. Primero fue mi esposo, el no tenía la culpa y mira como acabó. Es obvio que también me querrán matar a mi. Sabes, incluso me prometieron una farola en la cual colgarían mi cabeza y una soga especial para…
R: ¡Basta Quinn!.-Gritó.-¿No comprendes que no puedes irte? ¿No comprendes que te necesito aquí, conmigo?.-Sollozó.-Aún nos faltan cosas por hacer Quinn. Aún necesito escucharte decir que me amas, o que te parezco linda o que…o que pasaremos toda la vida juntas.
Q: Mi juicio será dentro de poco, Rachel.-Habló con suavidad.-Se que no lo ganaré, hay demasiadas pruebas en mi contra y mi muerte no puede demorar más, el pueblo está cada vez más inquieto por no conseguir lo que quieren. Es inevitable, Rachel.
La morocha se sentó sobre la cama ocultando su rostro entre sus manos. No podía creer que Quinn se rindiera tan rápido, que aceptara su muerte como si fuera lo más natural. ¿En donde había quedado esa mujer que peleaba por todo y que siempre encontraba una solución a los problemas?
Q: Te amo.-Dijo delante de la morena.-Te amo, y necesito que lo recuerdes cada día de tu vida. También quiero que recuerdes que soy tuya, que me tuviste a tu merced, que fuiste la única persona en mi vida de la que me enamoré, la única persona a la que le di mi mente, alma y cuerpo.-Se arrodilló frente a la morena tomando su manos para que esta la mirara.-Eres hermosa, Rachel Berry, tan hermosa que aún me cuestiono como pudiste estar con alguien como yo teniendo tantas personas mejores allá afuera.-Le dio un apretón de manos al ver que iba a interrumpir.-Y te prometo que pasaremos toda la vida juntas. Tal vez no esté físicamente, pero créeme cuando te digo que siempre estaré contigo, alentándote y cuidándote a cada segundo. Te lo prometo yo, Quinn Fabray a ti, Rachel Berry.
R: Q-Quinn, por favor, n-no me hagas esto.-Suplicó llorando.
Q: Solo necesito que me digas que me amas Rachel, solo eso necesito para estar en paz de ahora en adelante. Solo eso.-Susurró.
R: Te amo, Quinn, y juro que seguiré amándote por toda la eternidad. No habrá nunca más otra persona que ocupe un lugar tan importante en mi corazón como el que tu tienes.-Dijo con rotundidad.
Q: Claro que lo habrá, porque necesito que me hagas un ultimo favor.
R: Lo que tu me pidas, Quinn.
R: Rápido, sube.-Susurraba a la rubia que seguía sus instrucciones.-Vamonos.-Ordenó al conductor antes de subir al carruaje.
M: ¡Harmony! ¡Santana!.-Gritó la pequeña al verlas dentro del carruaje.
S: Corderito, ¿Qué haces aquí?.-Preguntó mientras abrazaba a la pequeña.
M: Mamá dijo que tenía que venir con la tía Rachel, pero no sabía que también ustedes estarían aquí.
Mientras tanto Harmony observaba a la morena quien solo negó con la cabeza para después soltarse a llorar en el hombro de su amiga.
Instantáneamente los ojos de las otras dos morochas se llenaron de lagrimas.
Como casi siempre, tuvo la razón.
Perdió su juicio al ser acusada de más de 20 cargos incluido abuso de menores al hacer que su propio hijo declarara en su contra. Una total farsa para hacerla caer mas bajo.
La carroza se detuvo y alguien abrió la puerta.
-Abajo.-ordenó un hombre.
Al verse interrumpidos sus pensamientos pudo escuchar toda la furia que el pueblo tenía contra ella.
Avanzó entre la gente que la tocaba, insultaba y denigraba a cada paso que daba.
Después de unos cuantos metros lo vio. Ese instrumento que terminaría con su vida estaba al centro de la plaza, colocado ahí a propósito para que toda esa gente pudiera observar el espectáculo que tenía para ofrecer. A un lado estaba su verdugo, cubriendo su rostro con una capucha negra. Se preguntaba si las personas a su alrededor estarían celosas de el por tener el honor de asesinarla.
Su corazón bombeaba con más rapidez conforme se acercaba a ese lugar, pero no dejaría que su nerviosismo y miedo se notaran. No les quería dar el placer de verla derrumbarse.
Subió los últimos escalones de su vida y se vio frente a la maquina. Tan imponente, tan majestuosa.
Alguien hablaba, pero la voz se veía opacada por los gritos de la muchedumbre que pedía sangre, así que la persona se dio por vencida y dio una seña al verdugo.
En pocos segundos todo fue silencio, absoluto y escalofriante silencio.
Se arrodilló frente a aquel panel de madera con el hueco para colocar su cuello.
"Estoy orgullosa de ti, Quinn, toda Austria esta orgullosa de ti".-Escuchó decir a su madre.
Colocó su cuello en aquella ranura.
"Eres la mejor, mami".-Su pequeña Maria Teresa le decía.
El verdugo sostenía la cuerda y ella cerraba los ojos dando su ultimo suspiro.
"Te amo, Quinn Fabray"
Realmente esa fue una buena forma de despedirse del mundo. No con ese escalofriante sonido que producía la cuchilla al bajar.
Sino con su amada Rachel Berry en la mente
Le Fin.
