Gracias a todas las personitas que agregaron esta historia a Favoritos, a las que comentaron y a las que ahora la siguen, tienen mi mas legitimo agradecimiento por leer mi pequeña nueva locura, espero que este nuevo capítulo porque está dedicado a todos ustedes. Y a mi hijastra, Abitutis, a quien quiero mucho y su hermanastro, Mot, les manda saludos mientras tortura a los gatos buenos porque tratan de evitar que tome el mando del mundo de los gatos.


El Renacer Del Fénix

Capitulo 02: Sorpresa de Boda


Una semana después de la muerte de los señores Granger y su hija aun no lloraba, era consciente que si se permitía pensar unos momentos a solas sobre sus padres, luego no habría nada que la consolara. Esa era una de las razones por las que ayudaba tanto a la pobre Fleur en su boda, que casi había sido cancelada por la muerte de Molly, aunque Bill dijo que ella hubiera querido que todos fueran felices a los tres meses de su ausencia pero esté nunca pensó que la hermosa y orgullosa Fleur Delacour (Muy pronto, Weasley) se apoyaría en el hombro de Hermione, cuando apenas la hablaba antes de ese hecho.

La otra razón era que Ron quería hablar con ella en privado, una señal de que podia querer declarársele y eso haría peligrar la compostura de Hermione, haciéndola llorar por su poco tacto aun cuando no supiera la verdad. Porque nadie aparte de Dumbledore, Tonks (quien le preguntaba cada diez minutos si quería hablar), Lupin, Arthur y Moody, sabían la pérdida de Hermione, aunque tal vez también en el mundo muggle los amigos más íntimos y los colegas de sus padres, pero por lo demás, los señores Granger estaban en una aventura contra los Alpes del Himalaya.

Toda la tarde había estado de acá para allá, organizando la posición de la carpa, consolando a Fleur, conversando con el señor Weasley para que le diera los anillos de la familia a Bill, discutiendo con la delegada del cáterin, cosiendo la pequeña rasgadura del vestido gris de Ginny, arreglándole las corbatas a Fred, George, Ron, Harry y Charlie, mandándole un vociferador a Percy para que asistiera, entre muchas otras cosas. Aunque ahora era tiempo de arreglarse ella: definiendo sus largos rulos, ahumando sus ojos, arqueando sus pestañas para hacer grande sus ojos miel, colocándose crema humectante, un poco de labial y su vestido azul. Era un modelo único, hecho por una de las mejores diseñadoras, Artemisa, una mujer a la que nadie había visto a la cara pero que era tan exclusiva que solo la familia real y sus conocidos tenían acceso a sus modelos, los cuales le recordaban a Hermione un poco a las túnicas, todos eran largos o mínimo hasta la rodilla, excepto este, el cual era a la mitad de su muslo.

Caminando con sus tacones altos, salió del cuarto de Ginny y bajo las escaleras de la madriguera mientras, por las ventanas, penetraban las luces desde la carpa de bodas, donde aparentemente estaban llegando invitados que eran recibidos por los hombres de la casa porque Ginny la estaba esperando en la cocina para salir juntas, según ella deslumbrarían mas así. La soltería le había pegado mal, desde que Harry y ella habían acordado que lo suyo solo era amistad, buscaba su chico de oro por todos lados, sin perderse ninguna oportunidad de coquetear o ligar con el hombre que se le parara delante.

-Guau, Hermione, ¡Que cuerpo! ¿Dónde lo tenias escondido? – La voz alegre de la Weasley pequeña la recibió, estaba peinando su cabello suavemente para entretenerse, y ahora sabía que a su hermano se le pondrían las orejas coloradas, más de lo que ya estaban desde que había llegado un invitado especial del que nadie sabía nada pero que Fleur había invitado.

-Entre telas –Contesto pícaramente Hermione, a quien se le habían coloreado las mejillas completando su maquillaje suave, dejándola deslumbrante aunque su ego recién estrenado bajo de posición porque en ese momento llego Gabrielle, la hermana pequeña de Fleur, quien iba vestida cual hada del bosque con su vestido verde agua con brillantes que parecía rocío mañanero.

-Ermione, ¿Me ayuda… ias con mi cabello? –Le pregunto humildemente, era una muy buena persona, muy tímida en realidad, su aparente orgullo era más vergüenza que otra cosa, además, claro de que tenia cierto parecido con Luna Lovegood por lo soñadora que era: creía en que el día que encontrara a su príncipe azul, este no caería por su sangre de veela, si no por su belleza interior.

-Listo –Dijo Hermione, poniendo un bello prendedor en la unión de ambas trenzas, unas que le rodeaban la cabeza cual corona de dama de honor-. ¿Vamos, Ginny? Los chicos nos deben estar esperando.

-Si, y no solo los chicos –Contesto Ginny con una sonrisa atrevida, mientras con fanfarronería acomodaba el corpiño de su vestido para mejor vista de sus cualidades femeninas-. ¡Al ataque!

-¿Llegaran los Malfoy? –Pregunto Gabrielle inocentemente, con sus ojos verdes brillantes al nombrar a los nuevos amigos de Bill, quien luego de que Draco Malfoy entregara a los mortifagos se hizo muy amigo de esté, tanto que lo había invitado a su boda, a pesar de las amenazas de Ron por no asistir.

-Si, ya lo han hecho y, debo agregar, que Narcisa Malfoy viste un modelito, ¡Espectacular! –Ginny comenzó a parlotear, muy excitada por tantos vestidos de alto nivel, inclusive el de ella, regalo de Hermione, otro de Artemisa-. Debo agregar que me recordó mucho al que llevas, Hermione, solo que el de la madre de Malfoy es hasta los pies y con capas de seda brillante. Pero el que esta delicioso con traje de etiqueta negro es Malfoy, por Merlín, la mujer que lo atrape será la envidia de toda mi vida, porque sé que nunca miraría a una Weasley –Una mueca desdeñosa apareció en su rostro-. Pero me conformo con mirarlo, esta tan comestible

-Vamos, Ginny, ya basta, te pones re cargosa cuando hablas sobre algún hombre que están "comestibles" –Dijo Hermione imitando la voz de su amiga con la última palabra, mientras salían hacia el patio y la carpa nupcial.

Las luciérnagas le daban a la noche un toque mágico, de cuento de hadas, que afirmaba el hecho de que era la mejor noche para una boda, perfectamente templada y los invitados estaban más que maravillados por el esplendor de la decoración, por lo que Hermione sonrió satisfecha por sus logros, luego de toda una educación sobre la perfecta anfitriona tenía que hacerlo bien.

Cuando diviso a sus amigos, apostados en la entrada de la carpa, y vio a Ronald, no sintió el familiar ramazón de ternura porque estaba algo desarreglado, si no una furia ciega porque no era capaz de ocuparse de sí mismo en el día mas importante de su hermano; por eso no fue consciente de que Harry estaba charlando con un hombre más alto, al que sin querer golpeo en el hombro por su prisa de ir a retar a Ron.

-¡Ronald Weasley! ¡Arréglate ese corbatín! Los invitados están llegando y te encuentran así, que vergüenza –Le empezó a exclamar Hermione, frente a un avergonzado pelirrojo.

-Herr… mione –Un fuerte asentó búlgaro hizo que el corazón de Hermione diera un vuelco, esa era la voz de Viktor.

-¡Viktor! –Dijo, antes de lanzarse a los brazos abiertos de su amigo, quien se veía "comestible" en su traje.

-Tanto tiempo sin verrte.

-Sí, tanto tiempo, aunque has recibido mis cartas y los saludos de mis padres –Hermione consiguió mantener la compostura cuando susurro eso.

-Obviamente, mándale muchos saludos a la herr… mosa Jean, sus rrevistas le sirrvierr… on mucho a madre –Los ojos de Harry y Ron se abrieron considerablemente al saber que el búlgaro no solo conocía a los padres de Hermione, si no que se llevaba bien con ellos y tenían mucha familiaridad. As orejas de Ronald se pusieron coloradas por la noticia-. ¿Me permites? –Muy caballeroso le ofreció el brazo para que entraran juntos a la carpa, el cual Hermione acepto muy dichosa, con él era lindo estar, la escuchaba y comprendía.

Cuando la carpa estaba llena de gente, la boda estaba a punto de dar comienzo pero Hermione estaba sumida en conversaciones sobre poetas y escritores búlgaros con Viktor, Ron estaba sentado a su lado, muy enfurruñado hasta que se puso peor porque las mesas eran de a diez personas, su papel estaba a dos asientos de Hermione, y esta estaba sentada al lado de Viktor, hasta que llegaron los ocupantes de las sillas entre ella y Ronald, Draco y Narcisa Malfoy eran los ocupantes.

Hermione observo que Ginny tenía algo de razón, Draco Malfoy se veía muy apuesto con ese Armani y su madre estaba imponente con ese modelo, hasta que lo reconoció: no era cualquier modelo, era uno de la misma diseñadora de ella, Artemisa, lo que la extraño porque era una muggle, la aversión de los Malfoy.

-Siéntese, madre –Dijo Draco, mientras corría elegantemente la silla al lado de Ron para que Narcisa tomara asiento. Cuando Hermione estaba a punto de alabar el vestido se dio cuenta de algo: los ojos de Narcisa, hasta antes cargados de asco (las veces que la había visto había sido así) estaban ahora brillantes de ilusión y felicidad, sin ningún rasgo de discriminación hacia ningún invitado.

-Gracias, Draco. Muy buenas noches a todos –Saludo amablemente a los ocupantes de la mesa, aunque solo Viktor no quedo lo suficientemente anonadado para no contestar.

-Buenas, Srra. Malfoy.

-Buenas noches, excelente modelo, por cierto –Susurro Hermione luego de aclararse la garganta disimuladamente, quería sacarle la verdad porque estaba segura de que ese era un modelo de Artemisa.

-Gracias, Srta. Granger, igual que el suyo, si me permite agregar, ¿Artemisa? –Dijo con sus ojos brillantes de una emoción que Hermione fue incapaz de adivinar.

-Eh… Sí, claro, siempre me visto con ella… El suyo también lo es –Afirmo.

-¿Cómo lo reconoció? Artemisa es muy exclusiva con sus modelos, tengo entendido que solo diseña para la familia real –Pregunto confundida, sus palabras podrían haber sido ofensivas pero estaban cargadas de confusión y curiosidad.

-Bueno… eh…

-¿Cómo es eso, mione? Dijiste que mi modelo no era tan caro pero que era de esa diseñadora – Susurro Ginny, quien se había puesto colorada porque eso significaba que era más caro de lo que había pensado, mucho más caro.

-Es tu regalo de cumpleaños dentro de los próximos diez años –Le contesto Hermione, arrugando su rostro, casi la habían descubierto frente a sus amigos, aunque se salvo de contestarle a la señora Malfoy porque empezó la boda.

Había bailado casi todos los bailes con Viktor, aunque este ahora bailaba con la espectacular nueva señora Weasley, por lo que se fue asentar junto a Gabrielle, que miraba horrorizada, por el rabillo del ojo, la cara de bobo de Ron. Le dolían los pies de tanto bailar, la boda estaba siendo un completo éxito, todos alababan la decoración, los vestidos, la comida, los músicos, entre muchas otras actividades que Hermione había creado para abatir el aburrimiento.

El baile de Fleur y Viktor llego a su fin, entonces Bill se aproximo a su bella esposa, con los ojos brillantes de amor y ternura, a pedirle el próximo baile, el cual ella se lo concedió con una sonrisita boba de enamorada. El violento contraste entre ambos era apabullante: la bella y la bestia, luego del ataque de un hombre lobo, Bill había quedado con todo su rostro marcado de por vida, casi desfigurado, todos habían pensado que la boda se suspendería porque la superficial Fleur Delacour no querría saber nada con ese monstruo pero se habían equivocado, como la esposa que sería lo cuido, le puso cremas, le daba todo lo que necesitara con infinito amor, y cada vez que alguien le preguntaba que pensaba sobre la nueva apariencia de su futuro esposo, ella respondía: " Su exterior no me importa, con mi belleza tenemos más que suficiente, lo amo por lo que es, no por lo que aparenta". Con esas palabras, la veela abandonaba el lugar donde se encontrara con una vuelta de su rubia melena, dejando a todos anonadados por ese interior que nadie había sabido ver. Hermione ansiaba un amor así, o lo había deseado porque ahora ya no sabía que quería, excepto su venganza, su dulce revancha contra Bellatrix.

Mientras pensaba en eso, no se había dado cuenta de que una persona se había sentado a su lado, el cuerpo de su vecino emanaba una suave colonia masculina de calidad, enviando ondas de placer al olfato de Hermione, un olor a nieve la envolvió recordándole aquellos divertidos veranos en las montañas con sus padres.

-¿Bailas, Granger? –Le pregunto la voz seseante de Malfoy, quien la miraba con curiosidad.

-Eh… Bueno –Y acepto la mano que su antigua némesis le ofrecía, percatándose que Draco le hacia una seña al DJ, empezando un vals-. ¿Pero como... ¡¿Nott!?

-Si, Theodore es el reconocido DJ que le regale a los novios, ¿No sabías que se gana así la vida? –Le pregunto, mientras pasaban bailando cerca de Luna Lovegood, quien sonreía con cara de boba pero bailaba completamente sola.

-No, nunca lo podría haber creído de no verlo hoy.

-Su padre lo desheredo hace un año cuando Theo escapo de su casa para no unirse al Señor Tenebroso –Comento al pasar-. Por eso se niega a la caridad y trabaja como una persona normal, a pesar de ser el único descendiente de una de las familias más antiguas del mundo mágico.

-Muchos otros tendrían que seguir su ejemplo, ¿No, Malfoy? –Dijo con mordacidad, estaba claro a que otros se refería.

-Mi madre se niega a que trabaje, mas allá se dirigir las empresas de mi padre y de las misiones, claro –Hermione no se dio cuenta que poco a poco se retiraban del lugar, saliendo hacia el patio, pasando desapercibidos para todos.

-¿Misiones?

-Hoy estoy en la primera en unos meses, busco a mi pupila, ¿No la has visto, Hermione? –El sonido de su nombre en los labios del ex mortifago hizo que las entrañas de Hermione dieran un vuelco.

-No creo.

-Ella y yo buscamos lo mismo, en la misma persona, por eso Dumbledore me envió a buscarla, como no hay miembros libres de misiones en la Orden del Fénix, me envió a mí, Hermione.

Las voces de la carpa eran apenas escuchadas, solo el canto de los grillos y animales de la noche se escuchaban en el silencio, aunque Hermione estaba segura que Malfoy podía oír los desbocados latidos de su corazón.

-¿Sabes a quien quiero matar?

-Si, a mi tía.

-Entonces, ¿Por qué dices buscar lo mismo que yo? –Replico confundida.

-Cuando terminamos el quinto curso, el Innombrable mando a llamar a mi padre y le dijo que me quería entre sus filas, sin excusas, era un castigo por haberse dejado agarrar en el ministerio, creo que lo recuerdas, pero mis padres se negaron, no querían que yo me metiera entre los mortifagos de prueba, quienes eran ocupados como cerdos y enviados al matadero –Empezó a contar con una cadencia extraña en su voz, entre las penumbras, Hermione vio que sus ojos grises se sumían en recuerdos nada agradables, por lo que inconscientemente, tomo su mano para darle apoyo moral y que continuara su relato-. Pero, el Señor tenebroso le dijo a Bellatrix que se ocupara de convencerlos de que me entregaran, porque me habían escondido, y dejo en un claro a mis dos padres, atándolos, uno frente al otro. Primero, los torturo hasta que no sentían sus músculos, y segundo, lo llamo. Tenía a un dementor preparado cerca del bosque, he hizo que el dementor le diera el beso a m padre, frente a los ojos de mi madre, a quien le puso un imperio, obligándola a ver toda la horrible escena.

La boca de Hermione estaba seca, pastosa por la impresión de ese relato, nunca se había imaginado que alguien podía ser tan cruel con su propia hermana, sangre de su sangre, solo por un objetivo que ni siquiera era suyo.

-Por eso quiero venganza, igual que tu, mi madre quedo trastornada, tanto que lo único que hizo por meses era coser ropa para unas muñecas antiguas, diseñando muchos vestido, hasta que decidí protegerla como podía, ofreciéndole mi lealtad a Dumbledore a cambio de su protección. Aunque ahora es diseñadora, usted ya lo tienes que saber, ¿No, Lady Hermione Jane Harrington Granger, Duquesa de Meyerhoft?

-¿Cómo lo sabes? –Susurro Hermione entre su estupor, sabia su mayor secreto y no lo había contado.

-Mi madre adopto el nombre de Artemisa, es demasiado obvio. Pero no es eso que te traje aquí, si no a avisarte que Albus me pidió ser tu instructor, quieres vencer a Bellatrix por lo que nadie mejor que su ex pupilo para que te enseñe –Le dijo Draco.

La mente de Hermione trabajo a toda velocidad, pensando en cómo hubiera habido una mejor opción, ella misma había escuchado como Bellatrix había trabajado con Draco cuando esté era mortifago y se había sorprendido más que nunca cuando no entrego a Dumbledore, si no que se unió a él y la orden. Ahora que ella seria miembro también, esa era su mejor opción, además de que nadie, ni sus amigos, sabrían que había pasado con sus padres ni nada, porque eso era lo que Bellatrix buscaba, que el trió se debilitara con el ataque a su integrante más inteligente, solo que nunca culparía a Harry por lo ocurrido, él no tenía la culpa de lo sucedido pero tampoco le contaría para que empezara a echarse la culpa a sí mismo. Lo conocía demasiado como para no saber su complejo de culpabilidad.

-¿Cuándo empezaríamos, profesor? –Le pregunto con una sonrisa socarrona, había dado su respuesta porque haría todo lo que estuviera a su mano para que en el momento de su enfrentamiento con Bellatrix, fuera la mejor de ambas. Costara lo que costase.


Continuara…