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El Renacer del Fénix

Capitulo 04: De besos y rechazos


El expreso a Hogwarts salió de la estación de King Cross, el andén 9 ¾ como todos los años, a tiempo y con todos sus alumnos dentro, dejando detrás una estela de humo y los corazones acongojados de padres. Por primera vez, los de Hermione no se encontraban en la parada, y este fue una huella que no logro olvidar en todo el camino.

Aunque la mente que no dejaba de trabajar era la de Ginevra, quien temerosa recordaba la escena del día anterior, la apuesta realizada con Hermione y que, increíblemente, si no la realizaba le aparecerían muchos forúnculos en su piel de alabastro. Esto causaba un tremendo terror en la pelirroja, decía que no podría aguantar más allá de las pecas, las que ya tenía. Por eso, su conciencia no dejaba de atormentarla con preguntas irritantes: ¿Y si se topaba con Crabbe? O incluso peor, ¿Goyle, con su altura y gordura, su pelo graso, nariz de cerdo goteante?

Un escalofrió la recorrió por completo mientras penetraba en el cubículo del baño para ponerse su ropa antes de llegar a Hogwarts, era prefecta y tendría que recorrer los pasillos del tren para preservar la paz, justo la misma que se había instalado desde que salieron los gemelos. Rio por lo bajo al recordar que eran los principales alborotadores de los vagones o que, la noche anterior, revisando la maleta de Ron, metieron arañas de goma peludas (nuevos chistes de su tienda) dentro de sus zapatos.

Se miro brevemente en el espejo del compartimiento, repasando su apariencia: su pelo pelirrojo estaba algo más largo, liso hasta casi su cintura, sus ojos verdes resplandecían en su casi impoluta piel, aunque con unas pocas pecas en su nariz respingona y sus mejillas. La falda dejaba al descubierto sus largas piernas que se habían broceado un poco en el verano y sus pechos estaban casi tan voluminosos como los de Luna, la más pechugona de sus dos amigas, dejando a Hermione como la más "tabla", realzados por el uniforme escolar. Tomando su bolsa, saco un delineador de ojos que le robo a Hermione y se coloco un poco, haciendo resaltar aun más sus ojos verdes, tan encantadores y luminosos, según siempre le había dicho Dean cuando estaban juntos.

Su relación con Harry era muy rara, casi no hablaban, no se besaban, ¡No se veían! Eso le daba jaqueca a Ginny, quien creía que un novio tiene que estar más con la novia que con su cuñado, siendo este el caso en el que se encontraba. Además, estaba más concentrado en Voldemort y todas esas misiones secretas en las que la dejaba de lado porque era demasiado pequeña o, simplemente, no era necesaria en ellas. Cansada de esa situación, salió del cubículo ya cambiada con la intención de ir a comprarse un dulce que le mejorara el humor.

Ese verano había estado trabajando para algunos muggles haciendo la limpieza de sus casas, finalmente, con su paga ya cambiada a Galeones, junto un poco dinerillo para darse muchos, bastantes en realidad, de sus gusto favoritos. Comer chocolates, ranas, grageas, no era común en ella cuando podía gastarlo en ropa o accesorios de belleza aunque, simplemente, cosas que veía y, por fin, podría comprar sin pensar en si mañana tendría para comer o no.

La libertad financiera era excelente, se dijo a si misma mientras la señora del carrito se aproximaba a donde ella se encontraba, traía barras enormes de chicles, chocolates, y todos los caramelos que se podía imaginar, ella podría elegir lo que se le antojara. Por eso, cuando llego la señora, con su siempre amable sonrisa, dijo:

-Deme algo de cada cosa, por favor –Susurro, feliz de darse las mañas a sí misma.

-Aquí tienes, preciosa –Contesto la matrona, pasándole una bolsa con caramelos de todos los gustos y sabores-. Son…

-Cóbreme lo de la joven –Interrumpió una voz imperiosa desde atrás de Ginny, quien sintió un poderoso pecho pegado a su espalda, los pectorales marcados y u estomago plano indicaban que el poseedor de ese varonil sonido iba al gimnasio o, por lo menos, practicaba bastante el deporte. Le sonaba ligeramente conocida, aunque no se le podía ocurrir ninguna persona a quien asociar ese tremendo físico y nadie podía cambiar de un verano para el otro. Se empezó a dar vuelta cuando la señora le paso el vuelto, y el pecho se pego aun mas a ella, dejándola sin respiración, solo dio una bocanada cuando el carrito cambio de vagón, dejándolos solos.

Cuando por fin se dio vuelta, observo al objeto de su apuesta: un slytherin. Solo que no era cualquier sly, era Blaise Zabinni en persona, el mejor amigo del príncipe de las serpientes y su vasallo más fiel. Parecía increíble que le hubiera pagado los dulces y tuviera uno de sus mechones cerca de su aristocrática nariz, oliendo la fragancia del shampoo de Ginevra como si fuera el néctar de un dios.

-Vaya, vaya… ¿Cuando creciste tanto, pequeña Weasley? –Susurro cerca de su oído, aunque Ginny solo tenía presente las palabras de Hermione: "El primer slytherin con el que te cruces" y ese era Zabinni-. ¿Cuándo dejaste de ser una flacucha niña para convertirte en una… voluptuosa mujer? –Y con vulgaridad señalo sus pechos y su trasero.

-Bajo tu nariz demasiado alta, Zabinni –Le dijo desdeñosa, pensado en como lo besaría.

-La pequeña Ginevra sabe jugar –Rio con sarcasmo, dejando a la vista sus blancos dientes, contra su rostro moreno, su piel era más oscura que la canela que ocupaba su madre para cocinar. Sus ojos eran dos piedras negras y brillantes que tenían puesta su atencion en ella, cohibiéndola de una manera que hacía temblar sus piernas, aunque su sonrisa era impresionante: abarcaba todo su rostro y hacia brillar aun mas sus luceros. Solo su sonrisa le creaba mariposas en el estomago y le hacía querer comerse a ese hombre como a un maldito chocolate.

-Y muy bien –Y le dio un pequeño pico, mísero comparado con los besos de Dean, pero solo fue necesario eso y sintió las cadenas, del hechizo por la apuesta, que se rompían liberándola del acuerdo. Aunque algo le salió mal: creyó que él la apartaría con asco y la insultaría, no que la tomaría por los hombros, cambiaria de posiciones y la pondría contra la pared del compartimiento, apretándose contra ella como si fuera un naufrago y su tabla de salvación. Los labios de Zabinni abrieron los de ella con brusquedad, metiendo su lengua dentro del dulce néctar de Ginny, llevándola al cielo. Esta gimió brevemente antes de empezar a jugar una guerra apasionada, no había reglas porque no eran necesarias, ellos solos se entendían mientras se besaban más y más profundo. Hasta que lo sitio: las manos de Blaise se posaron en su trasero y, agarrando con fuerza, clavando los dedos en su carne tierna, la elevo hasta que coloco sus piernas alrededor de él. Y su miembro tieso, encarcelado bajo varias capas de ropa, se sintió como el hierro candente bajo el coño de Ginny. El beso llego a su fin cuando unas voces se sintieron desde alguna parte, entonces, Zabinni le puso fin con un duro mordisco en el abultado labio inferior de Ginny, haciéndole salir una pequeña gota de sangre.

Los ojos de ambos demostraban que habían estado haciendo cualquier cosa menos algo inocente, pero aun más cuando Blaise, sin apartar su vista de los ojos verdes que lo tenían cautivo, paso uno de sus morenos dedos por el labio de la pelirroja y lo lamio con sensualidad.

-Nos vemos, Ginny, quiero ver si tu carácter le hace justicia a tu cabello –Y con un guiño se fue, dejando a Ginevra con cara de tonta en medio de un pasillo, atontada por lo que acababa de pasar: nunca se había sentido así, con nadie.


Mirando por la ventana, Hermione sintió una ráfaga de frio, cuando la puerta del compartimiento solitario en el que se encontraba fue invadido por un ser rubio, que no valoraba la privacidad ajena, o así pensó ella en ese momento. Justamente había estado pensando en el comienzo de su venganza, el sentimiento persistía en su interior tal y como cuando tomo la decisión, pero el no contarle a sus amigos la estaba matando poco a poco. Nunca les había escondido sus secretos y menos uno tan grande como era ese de que sus padres ya no estuvieran entre los vivos.

¿Dónde practicarían? ¿Cómo y a qué horas? ¿Qué le enseñaría? ¿Serian hechizos increíblemente potentes que no pudiera manejar? ¿Qué magia era tan potente que podría derrotar a semejante bruja como era Bellatrix? Porque aun cuando la odiaba con todas sus fuerzas, Hermione sabía que ella era casi invencible. Solo que la palabra clave era casi, algún modo debía de existir y lo descubriría costara lo que costase.

Solo que mientras ella estaba tan pensativa, metida profundamente en sus cavilaciones, la puerta del compartimiento fue abierta con toda suavidad y delicadeza, dejando penetrar a un alto y rubio ser humano: Draco Malfoy, quien cerro sigilosamente el panel para darse vuelta que dársela mirando con mucha curiosidad en sus ojos grises, tales como nubes en la tormenta. Parecía tan tranquila observando el relieve pasajero por la ventanilla con unos pequeños cascos metidos en sus orejas, desde ellos se podía percibir un ligero murmullo inaudible que le hizo arrugar la nariz aristocrática del rubio. Con impresión toco suavemente su hombro, haciéndola saltar en el lugar y verlo con ojos asustados.

-¡Malfoy! ¡Me asustaste!

-Creo que en otras mujeres provoco otra sensación muy distinta –Observo con fanfarronería, estaba claro que sabía el rostro de adonis que poseía o el cuerpo delgado pero tonificado del que alardeaba, el cual mucho tenia para envidiar algunos chicos de su edad, tan fofos o en poca forma.

-Ja, ha, engreído –Lo miro con sus cejas alzadas, marcando aun más el sarcasmo que señalaban sus palabras.

-Mira, Granger, no he venido a que me ataques.

-Entonces, ¿A qué has venido, Malfoy?

-A informarte que desde el 7 de septiembre, todos los viernes tendrás un taller de escrituras rúnicas desde las siete de la tarde hasta las diez, o eso es lo que les diras a todos los que te pregunten qué haces a esa hora –La sonrisa estilo Malfoy: torcida y con solo una comisura elevada, fue clavada en el rostro de Draco, con satisfacción y engreimiento dibujados en su faz.

-¿En dónde?

-Sala de Menesteres, o la nueva y mejorada Sala de Menesteres, que solo Dumbledore, yo y tú sabemos de su existencia.

-¿Dumbledore logro hacer una nueva?

-No, según parece la magia de Hogwarts es indefinible y reparo la antigua, solo que con el Profesor logramos cambiarla de lugar y ponerle contraseña, como las puertas de las casas, además, buscara una coartada desde octubre en adelante, allí empezaremos a reforzar los hechizos y maldiciones que te enseñare, o las técnicas en este caso porque algo nuevo es difícil de enseñarte –Admitió el rubio.

-Bien, ¿Cuáles son las ideas de coartada? He estado pensando que sería bueno restaurar la antigua tradición de los Premios Anuales, se abolió en 1950 pero se podrá reincorporar solo con un recuento de los mejores alumnos, en este caso seriamos nosotros –Sugirió Hermione, dejando con la boca abierta a Draco, aunque este, orgulloso, no lo demostró en su rostro que siguió tan pétreo como siempre.

-Buena idea, ya mismo se la planteare a Dumbledore.

-Me pareció escuchar que le llamaste Profesor, ¿Desde cuándo le tienes tanto respeto? –Elevo sus cejas, haciendo más que obvio el momento: cuando Draco trato de matarlo.

-Exacto, desde que salvo a mi madre y la mantiene un poco cuerda con sus locas historias cuando la va a visitar al centro de rehabilitación –La mandíbula de Malfoy se marcaba fuertemente, como si estuviera apretado sus dientes para no morderla o maldecirla en este caso.

-¿Rehabilitación? –Susurro confundida, sabía que los padres de Malfoy fueron castigados por la traición de su hijo y que Lucius termino asesinado pero no recordaba haberse enterado de los pormenores del hecho.

-Sí, rehabilitación, pero no es de tu incumbencia el porqué, sangre sucia –Dijo con asco, aunque en sus ojos brillo otra emoción muy distinta al odio, pareció, por unos cortos y efímeros segundos que agradecía su preocupación por lo que le hubiera pasado a Draco, pero pronto se convención de que solo fue una ilusión porque rápidamente corrió su cara con brusquedad, levantándose del asiento cercano desde donde le había estado hablando.

-¿Problemas con la bebida? O, quizás, ¿Arrepentida de haber tenido un monstruo como tú? –El provocarlo empeoro la situación, pero Hermione no quiso admitir que esas palabras fueron llevadas a su boca por el resentimiento: hacia mucho que no le decía esa palabra tan denigrante.

-¡Cállate! –Se dio vuelta con rapidez y le apunto con la varita la garganta, justo cuando la puerta del compartimiento se abría, revelando a Ron Weasley, quien al instante saco la suya y le amenazo a Draco.

-¡Suéltala, Malfoy! –Gruño.

-¡Vaya, si no es más que el caballero de la armadura usada! –Grito con asco, Draco, con sus ojos brillando de furia, el comadreja una vez más hacia de héroe.

-Malfoy, vete –Susurro Hermione, sabiendo que esos dos se irían rápidamente a los hechizos y a nadie le gustaría la situación, que complicaría las cosas-. Ve a darle mi mensaje a Dumbledore, es importante que lo reciba antes de la cena, Malfoy, como él te lo ordeno.

-Está bien, te avisare lo que responda –Y arreglándose la túnica, se fue con mirada resentida y llena de emociones que Hermione no pudo descifrar.

-¿Herms, estas bien?

-Sí, Ron, estoy bien –Dijo Hermione cuando el rubio se fue, sin mirar atrás ni una sola vez.

-¿A que vino el hurón albino?

-Dumbledore tiene una propuesta y quiere hablar conmigo apenas llegue al colegio, antes de la cena en el Gran Salón.

-Debe de ser importante para hablarlo antes de la cena –El gran apetito de Ron todos los años era legendario por todo el colegio, de eso nadie se sorprendía nunca, si siquiera los chicos nuevos que, incluso, venían preparados para el espectáculo de Ronald tratando de hablar con dos piernas de pollo dentro de su boca.

-Sí, debe serlo.

-Eh… Quería… Te andaba buscando porque… Bueno… Necesito hablar de algo… importante contigo…. –Los titubeos de Ron la pusieron nerviosa, observo como el pelirrojo se paso los dedos por el cabello desordenándolo aun más de lo acostumbrado.

-¿Tanto que tartamudeas, comadreja? –Dijo Draco mientras penetraba en el pequeño recinto, con una carta ya en sus manos-. Volví con la respuesta, fue inmediata y necesito ultimar detalles, Granger. Ustedes continúen hablando.

Ron le dio la espalda con brusquedad, antes de lanzarle una amenazadora mirada que hubiera congelado a cualquiera, aunque no al príncipe de Slytherin que era Draco Malfoy, sentado y limpiando con la mano sus pantalones distraídamente. La imagen de un caballero, excepto por la mirada divertida que le mando a Hermione, quien eligio seguir conversando con Ro cuando dijo:

-¿Si?

-Herms, tu sabes que entre nosotros pasa algo, siempre ha habido como… una chispa… Y este año… bueno…. ¿No te parece que todos esperan que estemos juntos?... Quiero decir…. ¿Quieres ser mi novia? –Esas palabras, el año pasado, hubieran hecho saltar el corazón de Hermione. Sin embargo, actualmente carecían de importancia ante los acontecimientos que estaban pasando en la vida de Hermione, no tenían ninguna sustancia ni completaban un sueño como antes. Ahora ya no era su mayor ambición ser novia del bueno de Ron, casarse y tener sus hijos; su deseo era venganza, a cualquier precio, todo sacrificio tendría sentido si le lograba quitar todo lo que más quería como ella lo hizo con Hermione. Solo que Ron, sin saber el grado en que las cosas habían cambiado desde el anterior año, dio por hecho de que el silencio de Hermione era cualquier otra cosa menos una negativa, justo antes de acercar sus labios a los de Hermione y besarla suavemente. Mientras que ninguno de ellos se dio cuenta que la postura de Draco se ponía rígida y que de sus ojos escapaban relámpagos que querían matar a Ronald.

-Perdona, Ron, pero no puedo –Las lagrimas cayeron por su rostro porque le estaba rompiendo el corazón a su amigo, pero ya no sentía amor hacia él y eso era innegable. Por eso, rompiendo el beso, se fue sin mirar atrás, dejando a Ron anonadado y resentido junto a un burlesco Draco Malfoy.

-Joder, comadreja, ni una sangre sucia te quiere de novio –Rio con sorna Draco.

-¡Cállate, Huron! –Gruño, sin creer aun que Hermione le hubiera humillado frente a su peor enemigo, más centrado en la vergüenza que le había hecho pasar que en los sentimientos de rechazo u otra emoción encontrada que pudiera obtener. Se retiro del compartimiento mirando la burla que cargaban los ojos grises de Draco, quien en su interior sentía una extraña sensación de triunfo… Pero, ¿De qué?


Continuara….