Cogió un taxi con los ojos empañados. Esperaba que no pasase nada, un anhelo algo infantil después de todo lo que había ocurrido, casi se escapa su vida ante sus ojos y después de tanto no habría servido el maldito silencio. Ese temor a poder ser rechazado, a entregarle el corazón en una mano y que lo tirasen con otra. "En la primera página nuestra historia, el futuro parecía tan bueno" sonaba en la radio. Todo parecía destinado a fastidiarle. Era tarde pero en su casa había movimiento, Alexis de un salto abrazó a su padre.

-Papá esto no tiene que afectarte, debes ser fuerte como ella.- dijo

- Lo sé- mintió él. Qué demonios iba a saber una niña a fin de cuentas, pero era su hija y no tenía culpa de lo ocurrido pensó justamente después.

-Alexis, vamos a la cama- dijo Martha, y con una mirada a su nieta dio a su hijo lo que más buscaba, soledad. Richard Castle podía tenerlo todo lo material que quisiese, pero en ese momento había algo que no podía tener. Abrió un burbon y empezó el tratamiento, a la cuarta dosis vio que la medicina no daba sus frutos y mandó la botella a hacer compañía al parqué. No sabía la razón de porqué tuvo que ponerse a jugar a ser poli, ni lo era ni lo sería, quizá la hubiera podido salvar si se diese esa circunstancia.

Despertó pero no estaba en su casa, estaba en aquel congelador en el que una vez casi la pierde. No hacía frio, estaba ella, no podía ser

-Pero tú, tú estás...- balbuceó Castle

– Sabes que lo tienes que hacer- dijo entre lágrimas Bekett.

Decir unas palabras, poner una sonrisa forzada para los periódicos, otra presentación al menos quedaba la familia, era la tierra firme en medio de todo aquello. Montgomery muerto y Bekett apunto de acompañarle en su suerte. Qué demonios, a la mierda el mundo, lo único que le retenía era su hija y la deuda que tenía con su compañera. Todo era rutinario, ir a la doce, investigar y no encontrar nada desde aquella última pista que se fue tras un incendio por un accidente.

-Te quiero- ella lo miraba del modo que sólo ella sabía, ese, que le hacía estremecerse.

- ¿A que hemos jugado Rick? Sabes lo que siempre he sentido por ti, volvamos a no hacernos daño...

-¿Castle? ¿Castle? ¿Castle? ¿Castle?... -¡CASTLE!- era Expósito, otra vez se había quedado pernoctando en la comisaría. - Tío debes irte a casa-

-No puedo, se lo debo-

-No puedes cambiar lo que ha pasado.- ¿Y él que sabía? Estaba esperando una llamada que no llegaba. Pasaban los días y los sueños eran cada vez más complicados, esperaba que le dieran algo tras lo que seguir para coger al tirador, pero ni la nueva Capitán se lo ponía fácil. Quería quitar el caso, ella, quería quitarle lo que mantenía unido a su compañera. ¿Qué haría si le fallaba?, tenía que estar a la altura de una gran inspectora en todos los sentidos. Llegó a casa saludó a su madre y su hija, acto seguido se metió en su despacho a examinar todo otra vez.

Corría por un pasadizo, escuchaba un hombre gritar desesperadamente, necesitaba ayuda... corría más y más aprisa debía llegar un disparo y una luz cegadora lo invadió. Estaba en el cementerio donde ocurrió todo, Bekett lo estaba esperando sentada en la tarima donde pronunció las palabras en homenaje a Montgomery

-Kate, yo, yo... he estado intentado solucionar tu caso-.

-¿Kate? Creo que te estás equivocando, yo me llamo Nikki, Nikki Heat. ¿De qué estás hablando?, ¿Qué caso?-

- Sabes lo que estoy diciendo.- replicó Castle.

- Sabes, te considero como mi padre tú me creaste, aunque he de admitir que me parezco más a mi madre, tu musa-.

- Ya pero le he fallado no he avanzado nada desde hace bastante tiempo.-

- Creo que la solución se parece bastante a mí. En cierto sentido, no podrás avanzar sin ella. Dale tiempo-.

-¿Pero cuanto tiempo?.-

-No creo que el mismo que has tardado en sincerarte, sólo el miedo a perderle te hizo abrir tu corazón-

-No se si puedo-.

-Nadie nunca te había hecho cambiar tanto, Richard Castle. ¿De verás que crees no vas a poder esperar?.-

-Tengo miedo, de que se olvide de mí, ha pasado tanto tiempo y no he tenido una sola noticia suya.-

-Ahora es a ti a quien toca soportar el peso del mundo, como ella lo ha hecho... siempre.-

Se despertó sobresaltado en mitad de la noche. Estaba en sobre su escritorio. Se le había dormido el brazo por soportar el peso de su cabeza. Poco a poco iría recuperando la sensibilidad, pero en ese momento le preocupaba sentir otra cosa. La duda. Muchas preguntas surgieron por su cabeza y no todas tenían respuesta. Los sueños eran todos con Nikki, le decía que esperase. Pero esa espera se había vuelto demasiado larga. Además le habían expulsado del cuerpo, Gates era una dama de hierro. Fue tomó algo de papel y un bolígrafo apuntó un sueño que tuvo la noche anterior. No era con Nikki, era tal vez una posible visión de futuro. Pero en ese momento poco auguraba que se fuese a cumplir.

Kate aún estaba sedada así que no pudo sentir cómo le quitaban el respirador de la garganta. Pero en ese momento su mente se hallaba muy lejos de allí, estaba en un viaje muy lejos del dolor o el miedo.

- Mira mamá, ese niño tiene sangre en las rodillas.- dijo una pequeña Kate Bekett.

- Eso es porque se habrá caído.- dijo Johana con una sonrisa.

- Se habrá hecho daño ¿le ayudamos?- preguntó a su madre.

-Sí, no veo inconveniente. – mamá abrió su bolso y sacó unas tiritas. Eran muy bonitas, pues tenían dibujadas unas abejitas en ellas. También sacó un pañuelo, le dijo a Kate que fuese a mojarlo a una fuente cercana. Kate obedeció y lo trajo, pero cuando volvió mamá estaba hablando con una señora pelirroja.

- Mira Kaetie, esta señora es la mamá de ese niño. Se llama Martha y es actriz.- Kate miró a Martha con algo de vergüenza. Mamá se puso en cuclillas y le susurró algo. Obediente se acercó al niño, estaba llorando, parecía que se había hecho mucho daño pues estaba llorando.

- Hola, yo me llamo Kate. ¿Cómo te llamas tú?-

- Me llamo Rick- dijo entre balbuceos.

- ¿Quieres que te ayude?- preguntó Kate.

- ¿Me vas a hacer daño?-

- No, soy muy buena médico.- Kate empezó a limpiar la herida del muchacho. Le hizo un poco de daño al pasar el pañuelo por la primera herida. Abrió una de las tiritas y la puso con mimo sobre la rodilla. Cuando acabó en le dio un beso a la tirita que estaba sobre las piel levantada.

- ¿Porqué le das un beso?- preguntó Rick.

- Mi mamá dice que así se cura mejor-. Dijo sonriente Kate. Hizo el mismo proceso para la otra herida.

- Mamá ya he acabado, ¿Puedo irme a jugar con Rick?- mamá miró a la mamá de Rick. Las dos sonrieron.

- No veo inconveniente. Pero ten cuidado no tengamos que curaros a los dos- Así que cogió a Rick de la mano y se lo llevó corriendo a los columpios. Ambos se sentaron en los columpios y empezaron a balancearse.

- ¿Dime porqué llorabas? ¿Te hiciste mucho daño?- preguntó Kate.

- No, pero no veía a mi mamá y me sentía muy solito.- respondió Rick

- Bueno ahora estamos los dos, seguro que nos lo pasamos muy bien- y así fue, jugaron y pasaron muy buena tarde. Kate se puso muy triste cuando se tuvo que ir.

- Kate espera.- dijo Rick. Se acercó y le dio un beso inocente en la mejilla y acto seguido salió corriendo.

- ¡Rick¡- Rick se paró en seco y miró a Kate. - ¿Vas a venir mañana? –

- Si- Kate se quedó muy contenta pues mañana podría volver a jugar con Rick. Así que se fue con su mamá rumbo a casa.

Al día siguiente llovía. Una gran tormenta se desencadenó por toda la ciudad. Un niño se quedó en aquel parque esperando bajo la lluvia. Cuando ya anochecía llegó su madre.

- ¿Nos vamos Rick?- dijo la madre con cierta tristeza.

- No, no puedo. Kate me dijo que vendría.-

- Hoy ya no vendrá hijo mío- el niño agachó la cabeza entre sus hombros. – Pero no estés triste.- su madre le pasó una mano por el pelo ordenándolo – Mañana seguro que vendrá-.

Kate estaba muy triste. Todos en general lo estaban, pero ella quería estar en el parque con su nuevo amigo Rick. Papá se dio cuenta de que ella estaba triste.

- Dime Katie ¿te gustaría dar un paseo por la playa?