-Vamos Johana, tienes que soltarte de la baranda.- le dijo mamá mientras se acercaba ofreciéndole una mano.
- No, estos chismes los carga el demonio.- papá al igual que ella estaba agarrado. Dudó un momento y miró a los ojos a papá. Este sonrió y le guiñó un ojo. Era suficiente, así que se fue con mamá. Y fue sencillo, tras un rato había cogido el truco a patinar, también mamá era una gran profesora. Rockefeller Center se llenaba como cada Navidad de patinadores sobre hielo. Pero esa noche era aún más especial porque era Noche Buena. Papá seguía a lo suyo y era demasiado verle avanzar un par de metros separado de la baranda. Mientras ella y mamá decidieron recorrer la pista de patinaje. Cuando volvieron encontraron a papá unos metros más adelante, se disponía salir de la pista.
- No puedes papá.- le reprochó. – Me lo prometiste, si quieres yo te puedo enseñar.-
- Está bien, pero sólo porque tú vas a ser mi maestra- papá se volvió a meter en pista. - Mira, primero tienes que ganar algo de impulso y cuando creas que es el correcto es cuestión de mantener el equilibrio. Eso es primero un pie, luego otro- no pudo evitar reírse cuando papá cayó al suelo.- Tienes que intentarlo de nuevo, vamos.- dieron una vuelta a la pista de patinaje y papá pareció aprender algo. Pasaron al lado de mamá y dijo
- Venga una carrera, quien llegue primero no pone la mesa- iba a ser demasiado fácil pensó. Así era papá iba con dificultad, Johana iba sólo unos metros por delante confiada en sí misma, sabía de sobra que esa noche no iba a poner la mesa. Sólo quedaban unos metros para llegar a la meta. Entonces papá, por arte de magia aceleró. Le cogió por sorpresa y papá llegó antes. Aún deslizando cogió a mamá por la cintura y se fueron a mitad de pista, allí se dieron un beso. Era un tramposo y un embustero, había ganado con malas artes.
- Eres un tramposo- le dijo a su padre mientras se acercaba abrazado a mamá- No es justo. Mamá, has sido testigo-
- ¿Yo?, he ganado limpiamente. No te vas a librar de poner la mesa.- se burló papá.
- Bueno, he de decir que no has ganado limpiamente. – Dijo mamá mientras salía de la pista.- O sea que te toca a ti poner la mesa.- Johana le hizo burla a su padre mientras mamá no miraba. Este le sacó también la lengua- ¿Johana que te he dicho de hacer burla a los demás?- ese era un poder que nunca supo explicar de su madre, sabía cosas incluso cuando parecía que no se pudiera enterar de nada.
Llegaron a casa y papá se fue a la cocina, el siempre cocinaba y la verdad que lo hacía muy bien. Llamaron al timbre.
- Esa debe ser la abuela.- dijo mamá. Así fue
- ¿Dónde está mi pequeña?- Johana fue corriendo a los brazos de su abuela que la levantó. – Dios, cuanto pesas, te estás haciendo una niña grande.- abrazó a la abuela.
- Esta noche va a venir Santa.-
- ¿Habrás sido una niña buena?- preguntó papá- Porque si no Santa se olvidará de ti.-
- Seguro que ha sido más buena que tú- dijo la abuela. Pasó un rato, en el que jugó con la abuela a las adivinanzas. La verdad es que la abuela era francamente buena. Cada vez le ponía más difíciles los enigmas. Pero aún así los resolvió. Llamaron al timbre otra vez y esta vez fue ella a abrir. Alexis apareció en el umbral. Ella al igual que la abuela le cogió en brazos. Le dio un beso en la mejilla.
- ¿Qué tal hermanita?-
- Bien, esta noche va a venir Santa Claus.- Alexis tenía el pelo de color muy bonito. Siempre le había gustado. – ¿Alexis quieres jugar con la abuela y conmigo a las adivinanzas?-
- Por supuesto- se lo pasaron muy bien. Tiempo después estuvo la cena lista. Papá sacó un gran pavo. Durante la cena Alexis contó historias de su experiencia en la universidad, la abuela contó anécdotas de su grupo de teatro. Cuando acabaron cantaron algunos villancicos. Papá miró su reloj y luego le miró a ella y se acercó.
- Bueno, es hora de dormir pequeña.-
- Pero yo no quiero, no tengo sueño.-
- Sabes que si no duermes pronto, Papá Noel no vendrá a visitarte.-
- Está bien.- dijo deprimida, ella quería quedarse un rato más con los mayores. Papá le cogió en brazos y subieron a su cuarto. Le ayudó a ponerse el pijama y le arropó. Estaba en la puerta con la mano sobre el interruptor, se lo tenía que decir.
- Papá. ¿No me estaré acostando temprano por hacerte burla?- papá sonrió, se acercó y se sentó en el borde de la cama.
- No mi pequeña, no. Aparte creo que Papá Noel pasará por alto ese pequeño detalle.- sonrió y le besó en la frente. – Buenas noches.-
- Buenas noches papá- se incorporó y rodeo el cuello de su padre, le dio un beso en la mejilla, el cual pareció gustarle pues le deseó buenas noches con una sonrisa.
Seguramente ya debía ser de día pues llevaba mucho tiempo despierta. Johana salió de su cama y fue a la ventana de su cuarto. Corrió la cortina y miró por el hueco que dejaba la persiana. Era de noche aún, tenía sed, pero si bajaba y le descubría Santa tal vez se quedase sin regalos. Así que decidió esperar un poco más, pero la sed iba creciendo así que no pudo aguantar más. Estaba bajando las escaleras cuando escuchó un ruido. ¿Sería Santa? Bajó aún más rápido a verlo y así fue.
- Perdón- dijo con voz temblorosa- Pero tenía mucha sed.-
- ¿Eres Johana?- preguntó Santa.
- Si-
- ¿Dime has sido buena?-
- Si-
- Bien, no me has mentido, en mi lista pone que has sido muy buena. – Santa dijo esto y se sentó en el sofá- Ven, siéntate conmigo.-
- ¿Oye Santa has encontrado los regalos que pedí para papá y mamá?-
- Por su puesto, yo soy Santa Claus. Pero uno ya se lo has hecho tú.-
- ¿Cuál?-
- El que sean muy felices.- Johana sonrió. – Oye tienes que irte a dormir. Si no podré seguir poniendo los regalos.
- Vale.- subió unos pocos escalones de la escalera y se giró- Santa, muchas gracias.- subió lo más deprisa que pudo haciendo el menor ruido posible. Se fue a la habitación de sus padres y llamó a la puerta.
- Pasa- mamá estaba incorporada sobre la cama, pero papá no estaba. - ¿Dónde está papá?-
- Papá ha ido al baño, dijo que no le sentó bien algo de la cena.-
- He visto a Santa- dijo con emoción Johana- Estaba poniendo los regalos. También me dijo que ya os había hecho un regalo por adelantado.-
- Seguro que sí corazón.- papá entró en la habitación. Miró a mamá y le guiñó un ojo.
Kate se despertó. Estaba en la cabaña de su padre y era Julio. Aún tenía reciente el recuerdo del sueño así que decidió ir al trastero. Este se encontraba fuera de la casa, así que se puso unas chanclas. Abrió la puerta y fue a una caja en la que había escrito Navidad. La abrió y encontró lo que buscaba su primera carta a Santa Claus. En ella pedía que sus padres fuesen felices.
