Fuego Carmesí

Bueno… El cine parecía ser una buena opción para un segundo "intento de cita" un sábado por la noche, especialmente para Isaac. "Segundo" debido a que, en el baile hace unas cuantas noches atrás, ocurrieron, digamos, cosas muy extrañas. Muy extrañas. Razón por la cual, no terminó siendo la mejor de todas las noches en la vida del chico Lahey. Primero estaban bailando como locos en el salón, estaba con Scott, luego éste se le confiesa a Isaac, él hace lo mismo y casi termina la velada con un tierno beso que cerraría una etapa y abriría otra, la cual sería, obviamente, buena, difícil, nueva, hermosa, dura, pero por sobre todas las cosas, hermosa y buena. Pero luego vino la parte que nadie esperaba; Scott sale corriendo del salón hasta los pasillos de la escuela diciéndole a Isaac que se quede en el baile sin importar qué, luego llega Alex informando sobre una manada de hombres lobo, corren hasta los pasillos para encontrar a esos "Betas" como llamó Alex derrotados por Scott, éste se hace ver como un hombre lobo también, aparece Derek, el Alfa, y lleva al chico McCall hasta los gimnasios para la pelea final, Alex se encontraba malherido, Isaac no quería que ni Alex ni Scott (mucho menos Scott) salieran más lastimados de lo que ya estaban, por lo cual Isaac se convierte en el Médium de Alex, destruyendo el sello de todos sus poderes, Alex pelea y derrota al Alfa, Isaac y Scott se encuentran de nuevo y la noche cerró de una manera que no esperaba: Scott lo besa. Sí, como podrán darse cuenta, no fue ni lo mejor ni lo peor, así que ambos decidieron empezar de cero, a ver qué es lo que pasaba. Todavía recordaba con gracia la manera en la que Alex lo regañó esa misma tarde por el hecho de "no haber actuado antes". Cada vez que lo recordaba una pequeña risa se escapaba, pero no como para que ni siquiera Scott se diera cuenta.

Luego de la película, los dos tortolitos fueron por una pizza a un nuevo local llamado Vithro's, obviamente la comida no estuvo mucho tiempo en la mesa, ya que, cuando se trata de comida, ambos adolescentes son barriles sin fondo. La comida había terminado bien, antes de irse habían intercambiado un par de miradas y más de una sonrisa radiante. Como era de esperarse, antes de despedirse y separar caminos, ambos se despidieron con un prolongado, tierno y apasionado beso bajo un árbol. Sí, lo del árbol le da un toque muy cursi a la situación, pero oigan, lo hace más interesante, ¿no? Isaac todavía sentía el calor de su acompañante a su alrededor, cuando se abrazaron en el cine y cuando sus labios hicieron contacto por segunda vez… Todo parecía ir muy bien. Muy bien. Demasiado bien. Tanto que parecía todo muy normal. Normal.

Había algo que no andaba bien, Isaac se dio cuenta de ello en un instante. Alex no le había mandado ningún mensaje de aliento durante la cita (Le parecía muy irónico que justamente sea Alex el que le mande mensajes de apoyo en una cita con Scott), había entrado a su casa, intentó llamar a su flacucho amigo, y éste no contestó. Se estaba preocupando. Le habrá llenado el buzón de mensajes diciéndole que conteste, pero aún no había señal alguna de Ejecutor. "Me estoy empezando a preocupar… ¿Dónde demonios estás, Alex?", pensó Isaac. Era muy raro que no haya señal de su amigo tan de repente. "Mejor echaré un vistazo a su departamento".

No quiso pedirle a Scott que lo llevara al departamento de Alex, sentía que había algo en lo que no quería envolver a su… Su… "¿Novio? No, nunca me pidió para salir con él, al menos hasta ahora… ¿Amigo? Sí, creo que esa es la palabra correcta ahora". El camino hasta el departamento fue silencioso, no había nadie en la calle, ni una sola alma rondaba por ahí. La noche era tan tranquila, tan fría, tan hermosa, mientras las estrellas se extendían por todo el helado cielo de Beacon Hills y ni una sola nube hizo presencia en él. El frío viento era digno de una hermosa noche cercana al otoño y las hojas comenzaban a caer, poco a poco, una por una, tan solas y frías… Se detuvo frente a un árbol, viejo pero fuerte, cuyas hojas caían debido al viento que corría entre ellos dos. Isaac se quedó observando a aquel viejo árbol. El viento, tan helado y tranquilo, provocaba que cada pequeño ramal soltara una hoja, dos, tres o más, y éstas caían rendidas al suelo. Isaac no sabía qué es lo que ocurría, pero tenía deseos de quedarse ahí, observando al viejo árbol por horas, horas, y horas. Sentía que debía permaneces ahí, pero en su interior había algo que gritaba su nombre, que le gritaba que se alejara. Una voz firme, gruesa, llena de temor, odio, enojo, estaba gritando su nombre. Millones de imágenes cruzaban su mente, muchas voces más se escuchaban, podía ver a Alex, Scott, Stiles, Lydia, y muchas personas más en ellas, también algunas figuras monstruosas, oscuras, tristes y lamentables. Pero eso no es lo que más le llamaba la atención…

El árbol fue tomando mayor tamaño, sus hojas desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos, dejando en su lugar a un pequeño juego de hojas viejas y marginadas, y su aspecto se fue deteriorando con cada segundo que pasaba. De pronto, se incendió. Pero no era un fuego común y corriente, había algo diferente en él. Tenía un color rojo mucho más vivo, mucho más fuerte, y era más cálido que cualquier otro que haya presenciado de cerca. El fuego era de un color carmesí puro, vivo y poderoso.

Isaac no tenía reacción alguna ante esas llamaradas, algo le decía que no debía tener miedo al extraño fuego frente a él, que no le haría daño. Sólo contemplaba las llamas, sereno y quieto. Sin embargo, había algo detrás del árbol que le llamó la atención. Inclinó su cabeza para mirar qué había, y de a poco una imagen fue revelándose frente a él. Era la imagen de una mujer que miraba a otra dirección, dándole la espalda al árbol en llamas. La mujer tenía un cabello tan rojo como las mismas llamas que estaban frente a Isaac. Parecíaser alta, aunque quizás no tan alta como él. Al darse cuenta que la observaban, la mujer miró por detrás de su hombro a Isaac, descubriendo unos hermosos ojos azules y un rostro bastante lindo. La extraña mujer, como reacción, solo ofreció al chico una pequeña sonrisa, y fue como si el tiempo se hubiera detenido por un par de segundos.

Luego, todo volvió a la normalidad.

Isaac reaccionó rápido y despertó de su trance. El árbol se encontraba en su estado normal, nada había cambiado. La noche seguía igual, y pareciera como su todo estuviera bien. Es como si el tiempo estuviera jugando con él. "¡Alex!", recordó. Fue entrando al edificio a paso apresurado, y en menos de lo que esperaba ya se encontraba frente a la puerta del departamento de Alex.

"No contesta las llamadas, ni los mensajes. No creo que responda si toco la puerta, así que no creo que haya problema si entro de todas formas". Tomó la llave de repuesta que se encontraba encima del marco de la puerta, muy bien escondida, e ingresó al departamento de su amigo a punta de pies, cerrando la puerta detrás de él. Como era de esperarse, el departamento estaba desordenado, pero todo estaba en perfecto estado, no había nada que le llamara la atención. Buscó por la habitación, el living, la pequeña cocina, la terraza. Nada. Nada que lo llevara a saber dónde estaba su amigo. "Esto va a ser más difícil de lo que pensé…"

Sin embargo, algo llamó su atención en el sillón. Féi, el gato negro de Alex, estaba con todo su pelaje erizado, la cola apuntaba al techo y se encontraba muy alterado. Sus amarillentos ojos miraban hacia la ventana del departamento de su dueño, y algo le decía a Isaac que encontró lo que tanto estaba buscando. Por otro lado, Custos, el Beagle de Alex, estaba durmiendo plácidamente en la cocina (Cosa que Isaac no había notado antes). "Esto es muy extraño…"

Poco a poco se va acercando a Féi y lo toma en sus brazos, tranquilizando al felino con tan solo acariciarlo. Ahora, a buscar en la computadora.

X-x-X

El gran cementerio de Beacon Hills, probablemente uno de los lugares más grandes y más aterradores que se hayan visto, aunque para Alex no era más que un simple cementerio. Es que, es obvio, para todo lo que seguramente vivió el joven Ejecutor estar frente a un cementerio tan horrible y espantoso como ése no debía de ser gran cosa. Observó detenidamente la entrada a ese horripilante lugar, donde algunas lápidas estaban fuera de su lugar y alguno que otro ataúd vacío se encontraba medio abierto. Era lamentable, honestamente… De un solo salto, el joven Darkray se aventura en el cementerio, dejando detrás al gran y terrorífico portón negro y deteriorado que le impedía el paso. Casa pisada que daba era bienvenida con un diminuto eco, el cual resonaba bastante, a pesar de no estar en el interior de uno de los aposentos donde descansaban algunas almas en pena y ataúdes vacíos. "Alguien activó la Zona Cero, no creo que haya sido algún demonio de Rez o algo por el estilo. Sólo un ejecutor tiene el podes de hacerlo".

X-x-X

Isaac buscaba frenéticamente por la computadora de Alex; en cada carpeta, archivo, programa; nada. No había algo que le pudiera decir dónde se había metido si amigo. "¡Esto es tan frustrante!", pensó, acto seguido, había cerrado la computadora portátil de Alex y colocó sus codos sobre sus rodillas, y sus manos juntas frente su boca, en modo pensativo. Féi estaba durmiendo pacíficamente, dentro del abrigo de Isaac, el cual estaba cerrado abrigando al gato de patas traseras hasta el cuello; su ronroneo era notable. "Recuerdo que me dijo que si algo surgía iba a llamarme, sin embargo no dijo ni siquiera si iba a estar en su departamento o no. Ni siquiera contesta los mensajes de texto, las llamadas, y no ha dado indicio alguno de vida. ¡Demonios!". Dirigió su mirada a Custos, quien no se había movido ni un centímetro del lugar de la cocina donde estaba durmiendo cuando Isaac llegó al departamento, luego bajó la mirada para ver a un tranquilo Féi durmiendo en su abrigo, ronroneando plácidamente.

-No puedes decirme dónde fue tu dueño, ¿verdad, Féi? – Dijo en voz baja al gato negro, quién parecía escuchar todo lo que Isaac hacía. Se dio cuenta de esto porque cada vez que hablaba sus orejas se movían un poco.

Miró nuevamente a Custos, y finalmente decidió levantarse del sillón. Caminó lentamente con los brazos cruzados por debajo de su pecho, para impedir que Féi se caiga. Dirigió su mirada al mismo lugar donde Féi estaba observando mientras estaba alterado: El cementerio de Beacon Hills. Ese lugar le daba un escalofrío tremendo al chico Lahey con tan solo escuchar ese nombre, ya que había trabajado antes en un cementerio, pero no en uno tan terrorífico como ése. "Recuerdo que hace un par de días, Alex me había dicho que sus mascotas tenían habilidades especiales… Si no mal recuerdo, cuando Custos se alteraba, era señal de que un monstruo o enemigo se acercaba. Pero…", se detuvo por un instante, mirando de nuevo al durmiente gato en su abrigo. "¿Qué pasaba cuando Féi se alteraba?". Dirigió una rápida mirada al gran y aterrador cementerio, y observó cuidadosamente los árboles, los cuales tenían un aspecto muy lamentable y patético, y fue ahí cuando las imágenes de esa misma noche comenzaron a aparecer en su cabeza, y recordó la silueta de esa mujer de cabello rojo y ojos azules. Fue cuando todo comenzó a tener sentido. "¡Otro Ejecutor está en la ciudad!".

X-x-X

A cada paso que daba, Alex sentí cómo la temperatura comenzaba a descender. Pareciera que bajaba un grado cada vez que daba un par de pasos. "Lo sabía…".

La tierra comenzó a temblar. Parecía como que algo intentaba salir de sus entrañas desesperadamente, o al menos de los ataúdes… Algo comenzó a verse desde donde estaba el Ejecutor parado. Eran brazos. Brazos esqueléticos, con rastros de carne podrida de entre sus huesos, luego salieron algunas cabezas, pies, piernas. Era un ejército de muertos vivientes, sólo que esto era real, no una película. Cada uno de esos muertos vivientes apuntaba con su índice a Alex, quien parecía estar preparado para lo que venía. Descargas eléctricas pequeñas comenzaban a formarse en el lado izquierdo de su cabeza, donde resaltaba un mechón desprolijo de su alborotada melena. Sus ojos se llenaron de un brillo frío y calculador.

X-x-X

A Isaac no le importaba que las calles estuvieran tan desiertas como un pueblo fantasma, o si existía la posibilidad de que haya algún ladrón por aquella zona, lo único que le importaba era llegar hasta donde, suponía, se encontraba Alex, y también estaba seguro de que iba a librarse una pelea de algún tipo. ¿Era posible que haya otro Ejecutor en la ciudad? ¿Alex se dio cuenta de esto y fue a enfrentarlo? ¿O acaso fue otro asunto lo que lo llevó a ir solo al cementerio, sin Isaac, su Médium, su amigo, su compañero? "Sea lo que sea, cuando lo vea, ¡voy a darle un buen golpe en la cabeza!", pensó. Le molestaba mucho que Alex no le hubiese dicho nada al respecto. Aceleró el paso, y comenzó a correr, cada vez más a prisa, sin tiempo que perder.

"Espero que una pelea entre dos Ejecutores no termine destruyendo la ciudad entera…".

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El sonido de una navaja rozando con un centenar de huesos se escuchaba tan fuerte que era imposible no escucharlo estando alrededor del terrorífico cementerio.

Como era de esperarse, Alex mostraba gran destreza en la pelea con el ejército de esqueletos zombies, así como lo hizo en su pelea contra el lobo Alfa, Derek. Aunque no parecía esforzarse mucho por esquivar y cortar a cada uno de los muertos vivientes que se acercaban a él, mucho menos demostró gran esfuerzo cuando le proporcionó a Derek ese gran puñetazo eléctrico que lo terminó dejando inconsciente, ganando Alex la pelea. Si éste era Alex sin la necesidad de esforzarse mucho, entonces, ¿cómo sería si tomara una pelea en serio?

Parecía como si un niño de 3 años estuviera jugando con un juguete nuevo; Alex encontraba divertido el despedazar a esos esqueletos uno por uno. No es que fuera un pasa tiempo sádico o algo por el estilo, no era su culpa que le inculcaran desde pequeño el que pelear con monstruos débiles como esos era como estrenar una espada láser de juguete junto a sus amigos. Llegó un momento en el que le dio la espalda al ejército de cadáveres descompuestos, y éstos, al acercarse, fueron convertidos en cenizas luego de que Alex les proporcionara una gran descarga eléctrica a todos ellos. Observó el gran resultado de aquella descarga, y sólo encontró cenizas esparcidas por todos lados. "Parece que ya no hay más esqueletos. Bien, menos trabajo por ahora", pensó. "Ahora, a esperar a Isaac, quien calculo que debe llegar en…". Sus pensamientos fueron interrumpidos por una voz peculiar que gritaba varias veces su nombre. Alex podía dar por seguro dos cosas: Uno, esa voz era de Isaac, quien lo estaba buscando. Dos, estaba aterrado por encontrarse en un lugar tan horripilante y aterrador como ése. Alex sonrió. Dio la vuelta para encontrar el lugar donde su asustadizo Médium lo estaba buscando. No le costó mucho trabajo encontrarlo, estaba en la entrada del cementerio, junto a un árbol bastante deteriorado y viejo. Alex estaba a tan solo un par de pasos al otro lado del horrible tronco. Fue ahí cuando decidió dar vuelta el árbol y encontrarse con Isaac, quien miraba en dirección a un par de aposentos; estaba dándole la espalda a Alex, cuando este se acercó más y decidió llamar a su amigo, para que saliera de su estado de trance.

-¡Isaac! – En respuesta, el alto y pálido muchacho casi salta del susto y se da la vuelta para ver, con alivio y un poco de enojo, a Alex, quien lo miraba con cara curiosa y levantó las cejas en gesto de sorpresa.

-¡Me asustaste! Ay Dios… ¿Dónde demonios te metiste?

-Tenía un par de asuntos que atender en este lugar – Acto seguido, Isaac le proporciona una fuerte palmada en la cabeza de su amigo, quien se quejó del dolor – ¡Auch! ¿Por qué fue eso?

-Porque no me avisaste que vendrías aquí, tonto. ¡Me preocupaste!

-¿Por qué iba a avisarte? Sabía que de todas formas ibas a venir a este lugar a buscarme.

-Espera – La mirada de sorpresa se notó muy bien en la cara de Isaac – ¿A qué te refieres con que sabías que iba a saber dónde buscarte?

-No me digas que ni siquiera tú estás enterado…

-¿Enterado de qué? – Hubo un poco de silencio entre los dos, pero al pasar unos pocos segundos, fue Alex quien rompió el silencio.

-Cuando tú rompiste la cadena que sellaba mis poderes, supe que había algo diferente en ti, algo que te hace diferente del resto de los humanos. Comencé a buscar en unos viejos documentos que tenía en mi computadora, y he llegado a una conclusión…

-¿Cuál? – Su voz se tornó un tanto temblorosa. Temía cuál sería esa "conclusión" a la que había llegado Alex.

-La noche en que nos conocimos, tú mismo me dijiste que, cuando estabas "recordando" el cumpleaños de esa niña Lucy, viste en tus recuerdos a un hombre vestido de negro, pero no recordabas que hubiera un hombre con esa descripción en la fiesta, ¿sí? – Isaac asintió con la cabeza – Bien. Luego del baile, me habías confesado que era Derek, ese lobo Alfa que peleó con Scott, el hombre que viste en tus recuerdos. Quizás Derek no estaba en la fiesta de Lucy, es verdad, pero… ¿Qué pensarías si te dijera que, de alguna manera, estabas anunciando que él iba a presentarse ante nosotros la noche siguiente, justo en una fiesta?

-Pues… No lo sé. Pero, un momento, dime qué es lo que investigaste.

-Está bien. Creo que, es posible, que ti seas un psíquico.

Al escuchar esa palabra, un gran escalofrío recorrió todo su cuerpo. "¿Psíquico? Pero…". Luego, recordó que ese demonio que Rez que estaba por atacarlo esa noche, lo había llamado Psíquico. ¿Tendrá algo que ver con todo lo que pasaba? ¿Con esa imagen de la mujer de cabello rojo y el árbol incendiándose? ¿Era cierto que, de alguna manera, haya podido ver que Derek iba a aparecer en la escuela, justamente en una fiesta, para atacar? De alguna manera, todo tenía sentido. Alex comenzó a hablar de nuevo, sacando a Isaac de sus pensamientos.

-Déjame explicarte cómo es esto: Existen diferentes términos para un psíquico entre los Ejecutores de Sombras, el mundo paranormal y el mundo normal, y hasta ahora, todas esas teorías se relacionan de alguna manera. El auténtico psíquico es aquel que puede llegar a ver todo en la nada misma, la más pequeña sombra en la más intensa luz o una pequeña chispa brillante en medio de una densa oscuridad. El que tú hayas visto que Derek se acercaba, es sólo una pequeña parte de lo que puedes llegar a hacer.

-¡Ahora entiendo todo!

Con un solo gesto de su mano, Alex hizo callar a su amigo. Inclina su cabeza para observar, detrás de su hombro, que una pequeña llama roja estaba tomando vida. Con una mirada serie, mira fijo a un confundido Isaac, quien luego se fija en la pequeña y ardiente llama que se originaba en aquella rama, cambiando su expresión de confusión a una de horror. Recordó en ese momento las imágenes de lo que fue testigo, y lo que dudó su fuera real o no, cuando estaba camino al departamento de Alex.

-Isaac, fuiste a mi departamento para buscarme, ¿no? – Isaac sólo se limitó a asentir con la cabeza – ¿Féi estaba alterado? – Asintió nuevamente. La mirada de Alex cambió radicalmente. Ahora comenzó a formar una pequeña sonrisa en su rostro con ojos de rivalidad que miraban a un costado – Perfecto, entonces ya ha llegado.

En un par de segundos, los dos chicos fueron rodeados por un gran arco de fuego que los atrapó. Isaac miraba asustado al fuego que los rodeaba, mientras que Alex mantenía una sonrisa frívola y sus ojos brillaban con el gran rojo del fuego que los tenía rodeados. Luego, los árboles, las lápidas, los ataúdes, todo comenzaba a arder en las hermosas pero letales llamas.

Isaac estaba a punto de decir algo, pero se escucharon pasos de entre las llamas, pasos que parecían… ¿Tacones? Una sombra fue formándose entre las llamas que estaban a la izquierda de los dos chicos, quienes al darse cuenta de esto desvían su mirada donde la extraña silueta. Parecía ser de una mujer.

-Ay… Yo quería ser la primer Ejecutora en pisar Beacon Hills, pero como siempre, tú estás un paso al frente, Alex. No has cambiado nada – La voz de la mujer le hablaba al chico Darkray, quien cruzó los brazos y su sonrisa se agrandó un poco.

-Quizás hubieses sido la primera de no ser porque te la pasas de fiesta en fiesta toda la noche y al día siguiente tienes jaqueca – La mujer sólo rió, y fue acercándose más.

-Pero qué atractivo Médium tienes contigo, Alex. Vaya, espero poder tener uno tan guapo como él…

De a poco, esa figura va haciendo mayor presencia. Es una mujer de estatura normal, con una chaqueta negra, pantalón del mismo color y un par de zapatos de tacos altos. Su cabello era tan rojo como las llamas que los rodeaban, y parecía estar prendido fuego también. Sus ojos eran grandes, grandes y de un hermoso color celeste, como el cielo de día. Se detiene al estar a tan solo unos pasos de distancia de los dos muchachos.

-Sabía que tarde o temprano ibas a aparecer por aquí. Xya, la Dama del Fuego Carmesí.

-Me encanta cuando me presentas así, amigo mío. Ahora – La mujer dirige su mirada a Isaac, quien está petrificado ante lo que estaba viendo. Su visión, o lo que fuera, se hizo realidad. Alex estaba en lo cierto - ¿Nos presentas con tu pálido y atractivo amigo?