En un principio esta iba a ser un One-Shot, pero después de que hubiera bastante gente que me pidiera una continuación decidí que era buena idea seguirla. Probablemente este fic cuente con 5 capítulos, en un principio. Pido perdón de antemano por cualquier fallo que haya. Mi beta-reader (también conocido como el amigo al que exploto para que lea mis historias) y yo estamos últimamente bastante ocupados, aun así, espero que os guste.

Los ojos de las sirenas encerraban el mar, Yoko lo sabía muy bien. Adoraba zambullirse en el océano que formaban los iris de Divina y ahogarse en ellos, dejando que la marea le meciera suavemente. En ese momento, ese océano que tanto amaba estaba cubierto por los suaves párpados de Divina, dormida a su lado.

Yoko y ella llevaban un tiempo saliendo juntas y, aprovechando que Yoko no tenía compañera de habitación, solían quedarse dormidas la una con la otra. Yoko adoraba esa sensación, llenaba de calor su corazón sin latidos.

Ella era siempre la primera en despertarse, admirando la figura de su novia en la oscuridad y, con sus sentidos aumentados de vampiro, recorría el pequeño patrón de escamas que todas las sirenas tenían en el cuello y que las diferenciaba del resto de especies.

Yoko se acurrucó más cerca de ella, llegando a oler el aroma a lago que se quedaba en su pelo después del baño diario al que todas las sirenas tenían derecho. Su pie chocó contra algo que había encima de la cama, haciendo que se cayera al suelo y que su fino oído captara el golpe. Maldijo para sus adentros lo que fuera que había molestado su momento de tranquilidad con su novia y levantó la cabeza, con cuidado de no despertar a Divina, para descubrir qué era lo que había en el suelo. Sus ojos captaron en la oscuridad una bola de pelo blanca que había visto varias veces en la habitación de Enid siempre que iba a visitarla. Era Germ, el peluche favorito de Enid y que se había dejado cuando se enfadó con Miércoles y se mudó a su habitación.

Refunfuñó. Su cuerpo le pedía que no se moviera de donde estaba. Sentir el cuerpo de su novia a su lado era extremadamente satisfactorio y realmente no quería moverse de ahí y, quizá, con ello despertar a Divina, pero sabía que Enid se iba a volver loca buscándolo por su habitación y, por mucha gracia que le hiciera imaginarse la situación, también sabía que a su compañera de habitación no le iba a gustar tanto la idea.

Enid le había confesado lo atraída que se sentía por Miércoles, llegando incluso a decirle que sentía que ella era su compañera de vida, cosa que los licántropos no decían tan a la ligera, al ser eso una decisión muy importante para ellos. Esa noticia a Yoko le había sorprendido al principio, haciendo que casi se atragantara con la sangre que estaba bebiendo en ese momento. No se imaginaba que los colores brillantes de Enid pudieran mezclarse con los oscuros de Miércoles, pero aun así le apoyaba y, aunque la chica le pusiera los pelos de punta, estaba dispuesta a hacer lo posible para lograr que su amiga y ella acabaran juntas o que, por lo menos, no le rompiera el corazón a su amiga, en este caso, con la posibilidad de que fuera literalmente.

Refunfuñó hacia sus adentros y se dispuso a levantarse para llevarle el muñeco a Enid. Las habitaciones no estaban tan separadas y, con un poco de suerte, podría volver rápidamente a su habitación y disfrutar de Divina antes de empezar las clases.

Yoko intentó separarse de Divina intentando hacer el menor movimiento posible. Un pequeño gruñido debajo de su cuerpo le hizo saber que había fallado en su misión. Tampoco le sorprendía demasiado, sabía que las sirenas tenían una piel muy fina que les ayudaba sobre todo a notar las corrientes debajo del agua, o eso le había dicho Kent, el mellizo de Divina y desde luego eso era algo que podía corroborar cada vez que recorría la suave piel de Divina en la soledad de su habitación.

Yoko besó suavemente el cuello de la sirena, justo encima de la yugular, haciendo que Divina girara el cuello buscando el contacto de sus labios con los suyos.

-Mi pequeño erizo de mar...-Susurró Yoko al separarse- Tengo que devolverle su peluche a Enid, pero prometo volver pronto.

Yoko salió finalmente de la cama y Divina se volvió a envolver en las sábanas.

-Más te vale que cumplas tu promesa o si no, tendré que usar mi voz de sirena para tenerte a mi merced- Divina bromeó, todavía somnolienta.

Yoko rio y acercó la cara a la de su novia. Recorrió con los colmillos su barbilla, haciendo que su piel se erizara y que de sus labios escapara un suspiro que fue capturado por los labios de Yoko en otro beso más apasionado que el anterior.

-Sabes perfectamente que no hace falta tu voz de sirena para que haga todo lo que quieras-le susurró a escasos centímetros de su boca. No tenía miedo de esa amenaza, sabía que Divina nunca le obligaría a hacer nada a menos que fuera cuando ella le pedía que le controlase para satisfacer sus más primitivos instintos.

Escuchó la risa de Divina y se alejó de ella sonriendo. Cogió sus gafas de sol y se echó su crema de protección 500+. Aunque los rayos de sol comenzaran a despuntar no era buena idea tomar pocas precauciones, era una experiencia por la que ya había pasado y no quería repetir. Ni siquiera se molestó en ponerse algo que no fuera su pijama antes de coger a Germ y salir por la puerta. En Nevermore todavía era temprano y la mayoría de los alumnos seguían dormidos y los que no, estarían intentando estirar lo máximo posible las horas que quedaban antes de que los pasillos se llenaran de estudiantes y las clases empezaran.

Ya en la puerta de la habitación que compartían Miércoles y Enid, Yoko tomó aire. Tenía que ser rápida para dejar el muñeco sin despertar a Miércoles y no enfrentarse a la mirada que le provocaba escalofríos. Habría sido más fácil entrar por el gran ventanal de la habitación, porque estaba más cerca de la cama de Enid, pero estaba segura de que saltando de balcón en balcón habría llamado más la atención.

Empujó suavemente la puerta, evitando que chirriase o que la madera crujiera y se acercó lentamente hasta la zona llena de colores de Enid. Se extrañó. Normalmente su amiga dormía con la sábana tirada en el suelo después de estar toda la noche moviéndose y, esta vez, estaba colocada perfectamente sobre un bulto, que al fijarse bien Yoko se dio cuenta de que eran dos bultos, lo suficientemente cerca como para pasar desapercibidos al ojo normal. Miró hacia atrás y vio que la cama en la que dormía Miércoles estaba vacía y perfectamente hecha. ¿Podría ser que...?

Un escalofrío recorrió su espalda, sintiendo una presencia mirándola. Giró el cuello rápidamente y se encontró con los ojos azabache de Miércoles clavados en ella como si fuera una estaca. Yoko dio un paso atrás, sobresaltada, y esgrimió el muñeco como si fuera un escudo que le pudiera proteger de las dagas de hielo que soltaban los ojos de Miércoles.

-Solo venía a traer el muñeco de Enid- se defendió acercándose lentamente a la pila de peluches que había en la habitación. Al acercarse pudo ver mejor el agarre que tenía Enid sobre Miércoles. Aunque la chica durmiera con su posición habitual de los brazos cruzados sobre su pecho, Enid había colocado uno de los suyos encima, en un abrazo protector, y tenía la cabeza apoyada sobre su hombro.

Yoko sonrió. Por lo que estaba viendo, Miércoles no estaba incómoda con ello, al contrario, parecía disfrutarlo.

-Espero que todos los siglos de tu vida te hayan hecho suficientemente inteligente como para saber que si dices alguna palabra de esto, te arrepentirás de haber sido resucitada- Miércoles le amenazó al ver la sonrisa que se le había formado a Yoko en la cara. No la conocía demasiado, pero sabiendo cómo era Enid estaba segura de que la vampiro era igual de chismosa que ella y lo último que quería era comentarios inoportunos en la academia.

Yoko asintió, sin borrar la sonrisa de su cara y se volvió a dirigir a la puerta, con la cabeza puesta en contárselo todo a Divina cuando llegara a su habitación.

-Ya era hora de que admitierais vuestros sentimientos de una vez por todas- Yoko susurró antes de cerrar la puerta, intentando que no fuera audible para los oídos humanos.

Miércoles era humana, pero no era una normal. Sus sentidos entrenados desde prácticamente su nacimiento captaron todas las palabras que salieron de la boca de la vampiro. ¿Cómo se atrevía a insinuar que ella tenía sentimientos? Y, lo peor de todo ¿Tan mal fingía cuando estaba con Enid?

Miércoles se había pasado tiempo negándolo. Ella siempre había sido fría, considerando cualquier apego una distracción y una debilidad y asqueándose cada vez que sus padres mostraban cualquier cariño el uno por el otro. Sin embargo, últimamente no podía no admitir que sus sentimientos hacia Enid habían, por decirlo de alguna manera, crecido. Odiaba el contacto físico y, aunque tampoco lo deseaba, Enid era la única persona a la que se lo permitía; nadie se atrevía a darle órdenes pero no era capaz de negarle nada a esos ojos de cachorro y, definitivamente, nadie había hecho que su corazón saltase en su pecho y que en su piel pálida apareciera un pequeño sonrojo cada vez que la escuchaba entrar por la puerta.

Jamás había querido parecerse a su madre. Ella era sagaz, astuta, una líder innata y sin embargo había malgastado su vida dedicándola a ser ama de casa en vez de haber continuado con su vida brillante. A pesar de admirarla en ese sentido, nunca había querido eso para ella; sin embargo, con Enid era diferente, se sentía como un murciélago batiendo las alas en la noche sin que nada se lo impidiera. Y, aunque jamás lo admitiría, sabía que en sus ojos se reflejaban los mismos que su padre tenía cuando besaba el brazo de su madre.

Cuando sus padres dijeron que iba a encontrar a alguien en Nevermore, las arcadas habían amenazado su garganta y sería capaz de comerse las mantas de colores de la cama de Enid antes de admitir lo mucho que disfrutaba entre ellas.

Se acurrucó más cerca de Enid, dejando que su olor impregnara sus fosas nasales con una mezcla entre dulzor y naturaleza. Tenía que admitirlo, ella, Miércoles Addams, la chica de hielo se había enamorado perdidamente de Enid Sinclair.

Sus ojos repararon en Cosa, dormido sobre la mesa de estudio de Enid. De haber estado despierto y haber escuchado a Yoko seguramente que ahora estaría repiqueteando contento sobre la madera o reprochándole su comportamiento. De cualquiera de las maneras estaría causándole una migraña a Miércoles. No era que odiara la felicidad de Cosa, al contrario, la deseaba, pero había veces que la mano se comportaba como si tuviera las hormonas de un adolescente y otras que era peor que sus padres cuando se trataba de su educación.

El simple pensamiento de la conversación con Yoko hizo que Miércoles se diera cuenta de un detalle que había pasado por alto, al preocuparse más de amenazarla para que no hablara sobre lo que había visto. Yoko no había hablado en singular al salir por la puerta, sino en plural. Yoko había dicho "vuestros" sentimientos, no "tus" sentimientos. Su cerebro detectivesco se puso a funcionar rápidamente y sacó que la única conclusión válida para esa frase era que Enid también sentía el asqueroso sentimiento del amor por ella. No podía haber sido un fallo al hablar y Yoko era la amiga más cercana de Enid desde hacía tiempo, por lo que tenía sentido que ella supiera sobre su interés amoroso.

Esa revelación había hecho que otra parte de su cabeza se pusiera a pensar. Estaba harta de luchar contra esos sentimientos. Estaba dispuesta a conseguir que Enid fuera su novia y, para ello, era su deber cortejarla adecuadamente. Por suerte o por desgracia para ella, las dos personas que más sabían de ello y que más arcadas le daban estaban a solo una llamada de bola de cristal de ella.

Miró el reloj brillante que parpadeaba a su lado. No tenía sentido volverse a dormir. Su cuerpo estaba perfectamente entrenado para pasar varios días sin dormir sin que eso le causara ningún problema. Los engranajes en su cabeza empezaron a girar, tramando un plan para conquistar a Enid. Esa era su nueva misión y cuando a Miércoles Addams se le metía algo en la cabeza, lo conseguía. En cuanto pudiera recabaría información de sus padres y su plan comenzaría a funcionar.


Yoko llegó a su habitación, todavía con la sonrisa en la boca. Divina levantó la cabeza al escucharle entrar, con sus facciones expresando una mueca de fastidio que fue reemplazada rápidamente por una de interrogación al ver su expresión. Yoko sabía que se había demorado más de lo necesario, pero también sabía que la información que traía iba a hacer que Divina se emocionara más que cuando ponían cualquier plato del mar en la cafetería.

Yoko se sentó al borde de la cama, después de dejar sus gafas al lado del collar protector de Divina, y cruzó las piernas, inquieta como una niña pequeña.

-Por tu cara me imagino que tendrás una buena razón para haberme dejado sola tanto tiempo- Divina dramatizó bromeando, sacándole una pequeña carcajada a su novia.

Yoko empezó a relatarle lo que había visto en la habitación. Divina escuchaba atenta cada palabra. Por una parte le costaba creer que ambas chicas hubieran logrado admitir sus sentimientos la una por la otra, a Enid le costaba mucho decir ese tipo de cosas a pesar de su personalidad desbordante y Miércoles… bueno, simplemente no creía que Miércoles era capaz de sentir nada por nadie. Yoko no tenía razones para mentirle, por lo que, a pesar de su recelo, se lo creyó.

-Solamente espero que la trate bien- comentó Divina cuando Yoko acabó el relato. Se alegraba por su amiga, pero tenía miedo de que la vida rocambolesca de Miércoles fuera demasiado para Enid.- Y ahora que nuestro pequeño cachorro ya tiene lo que quería, creo que me merezco una compensación.

Divina sonrió lascivamente. Yoko sonrió y se inclinó sobre Divina, empujándola suavemente contra el colchón de la cama y juntando sus labios. Sabía perfectamente lo que buscaba y estaba dispuesta a dárselo.

-Tus deseos son órdenes para mí- dijo la vampiro mientras besaba el cuello de Divina y lentamente iba desabrochando su pijama.

Espero que os haya gustado, si hay algún fallo comunicádmelo para que pueda cambiarlo y me encantaría saber si creéis que estoy representando bien a los personajes o cambiaríais algo para próximos proyectos/capítulos.

¿Qué ideas creéis que utilizará Miércoles en su plan para conquistar a Enid?