Se dice que, para encontrar el olvido, primero se debe olvidar uno.

Una regla que ha trascendido a lo largo de cientos de años en este lugar. Aplicable para todo aquello y todos aquellos que entran a la tierra de las fantasías, separando lo fantástico de lo mundano.

Pero...

¿Qué pasa cuando el olvidado comienza a recordar? ¿A ser recordado?

Sus alegrías.

Sus miedos.

Sus tormentos.

Sus vínculos.

Su yo mismo.


Dia 123 Dia 124

El telón se cerraba para la fresca y serena madrugada de verano. Aún no había indicios de la llegada del sol a cubrir la espesura de los bosques, la verde hierba de los campos, ni los árboles de cerezo del santuario. Unos pocos animales e insectos nocturnos terminaban su ronda diaria alrededor de la naturaleza, todo para dar paso a nuevas criaturas que, con algunos silbidos, comenzaban a hacer llegar su canto a quienes los escuchaban.

Estos cantos madrugadores resonaban en los oídos de quien ocupaba la habitación de una descuidada fachada. Descansando entre cuatro tatamis y medio sobre un cómodo futón azul con rayas, sus ojos miel se abrieron lenta y penosamente, dejando que su retina poco a poco se acostumbrara a la oscuridad aún presente de la habitación.

– ...ya es otro día? – se preguntaba desganadamente, tratando de levantar la mitad de su cuerpo con pesadez.

Dando un largo y perezoso bostezo, rascó su cabeza un momento, mientras torpemente trataba de ponerse de pie. Aún tratando de luchar con el sueño, rascó su espalda y perezosamente se dirigió a la ventana que daba al exterior de este lugar.

Efectivamente, la luz del día aún no había salido; pero no tardaría en asomarse para tentar con su calor a las tierras que sucumbieron ante el cobijo de la noche.

De cualquier manera, solía despertar antes que cualquiera en ese terreno. Así era desde hace un tiempo que llegó a la tierra más fantástica, preciosa e ilógica que jamás habría podido imaginar; su propia versión del país de las maravillas, o eso pensaba él.
Despojándose de su bata para dormir y doblandola cuidadosamente hasta dejarla en el futón donde dormía, se dispuso a buscar un traje característico del lugar donde ahora estaba siendo acogido. Difícilmente podía llamarle hogar, ya que no era suyo; pero definitivamente se sentía como uno. O al menos así era al lado de la chica que dormía en otra habitación de ese mismo lugar.

Se acercó a un sencillo mueble de tres repisas sin puertas y recogió el traje que vulgarmente llamaba "uniforme", pero no por eso despreciaba lo que estas prendas representaban. Después de todo, y como cualquier cosa en este mundo, nada es gratis. Ni siquiera la estadía por compasión u obligación. Desde que llegó a este nuevo mundo, se le encomendó hacerse cargo de ciertas tareas de organización y limpieza, las cuales difícilmente presentaban un problema para él aunque estas fueran muy pesadas en ocasiones. Era su trabajo, uno que aceptó generosamente, y prometió que lo cumpliría si eso le ayudaba a recuperar lo que había perdido…y si podía tener un lugar fijo para comer, beber y dormir, claro.

El "uniforme" constaba de una bandana de color blanco con patrones bordados de rojo, la cual solia poner en su frente. También un haori blanco, prenda que fácilmente podría mostrar visibles pruebas de suciedad si no se tenía cuidado. Un hakama rojo complementaba la parte inferior con la superior; no estaba mal visto vestir de otra forma diferente a la de esas tierras, pero prefería conservar lo tradicional por respeto. Finalmente, se colocó un par de calcetines tabi y tomó en sus manos un par de sandalias geba que ayudarían a soportar el duro roce del suelo al chocar sus pies contra este.

Una vez con la vestimenta puesta, ajustada su bandana y puesto su calzado, procedió a tomar una larga correa con una pequeña caja rectangular adherida a ella, revisando que en ella se encontraban unos extraños artefactos rectangulares y planos. Summon Cards, Spell Cards y Restriction Cards; era lo que ese porta-mazo contenia. Luego de su inspección, se la colocó en el brazo derecho, sujetándola con la correa.
Con todo su equipo puesto en su lugar, procedió a asomar la cara por la ventana. La mañana ya se estaba asomando, y los primeros rayos de sol molestaban con su brillante luz a más de una sombra nocturna. – Bueno, ya es hora de otra jornada – exclamó con tranquilidad. Inhaló profundamente el aire matutino, y una vez exhalado, dió media vuelta en dirección a la puerta que conectaba con la sala principal del santuario Hakurei. Una esperanzadora sonrisa se dibujaba en su rostro, esperando que fuera una mañana productiva para ambos.


El sonido de la escoba sobre el escombrado suelo de piedras y el movimiento de distintas herramientas era molesto para la hora del día en que sonaba. Pensó que seguramente se había adelantado para despertar, aunque ya era algo usual desde que ella misma lo acogió en el santuario y lo puso a trabajar para beneficio de ambos (más el de ella que el del chico). Sin embargo, después de haberse tratado por algunos meses, no se sentía perturbada por su presencia, mucho menos le molestaba que se encargara de las tareas que no estaba dispuesta a tomar, a pesar de ser directamente la responsable de la fachada; definitivamente era un ganar-ganar para ella.
Quizás se había acostumbrado tanto a la soledad que tener a otro inquilino competente en su hogar parecía aún una novedad. Por supuesto, eso es si se habla de inquilinos humanos; la oni que siempre se paseaba por el templo y se tambaleaba de borracha, la komainu custodiando su santuario como servicio comunitario, las numerosas hadas que solían hacer bromas o jugar alrededor del lugar y las numerosas visitas de distintos youkai reconocidos y poco deseados no contaba.

Con gran pesadez, levantó la mitad de su cuerpo mientras sus piernas seguían estiradas. Luego de un largo y perezoso bostezo interceptado por una de sus manos, procedió a levantarse de su futon. Al menos, por este día, las cosas parecían más tranquilas.
– Ya ha pasado un tiempo, si mal no recuerdo – se dijo a si misma la chica de cabello cafe oscuro, que parecia rozar el negro. Exactamente, un poco más de cuatro meses desde que el llego, justo al inicio de una muy agitada primavera, que ya había dado paso al caluroso y ferviente verano.
Entre el extraño que cayó del cielo y sus curiosos artefactos, muy similares a las Cartas de Habilidad de cierta Diosa del Comercio, todo había estado un poco más agitado de lo normal. Después de todo se trataba de un incidente a gran escala que aún estaba sin resolverse por completo. Resolver incidentes sobrenaturales en un mundo de por sí sobrenatural era parte de su rutina, dado que vivía en una tierra habitada por youkais, dioses, fantasmas y todo tipo de seres fantásticos que en el mundo exterior nunca serían vistos o directamente fueron olvidados. Y exterminarlos era una de sus funciones como sacerdotisa del santuario más importante en ese lugar.

Aunque era una rutina que le quitaba las ganas de hacer cualquier otra tarea de la que estuviera a cargo. Además, en un recinto donde no se reciben muchos seguidores (y mucho menos donaciones), el entusiasmo se suele perder y la atención se enfoca en otras cosas de mayor interés que en meditar o mantener un lugar en decadencia, sin mencionar que el exterminio de youkai era su principal fuente de ingresos.

Luego de despojarse de una típica bata para dormir y habiéndose cambiado a sus habituales vestimentas, que constaban de un hermoso vestido rojo, un chaleco del mismo color, largas mangas sueltas y dejando al descubierto sus hombros, una pañoleta amarilla atada a su pecho, su característico moño rojo detrás de su cabeza junto con un par de listones al frente de su cabellera, calcetas blancas y un par de zapatos negros, Reimu se dispuso a dar marcha hacia el exterior. –Bueno, creo que estoy lista –.


Luego de abrir la puerta hacia el exterior del edificio, vio cómo colgaba un brazo del techo, sosteniendo una botella de sake, casi vacía. – Buen día, Suika – saludo sin ganas la miko a una youkai con cuernos. Su apariencia era extraña, muy parecida a una niña, pero portaba una vestimenta colorida y sucia, además de unos grandes cuernos y cadenas con tres pesadas figuras de latón en los extremos. De todas formas ella a veces tendía a beber algo con alcohol para relajarse o pasar el tiempo, pero jamás a la altura de lo que esa youkai bebía.

VaAyaAaaa…aLguiEn se deSpeRtó tEmprAnNo ESTa veeeeez…*hic* – contestó débilmente Suika, soltando una pequeña carcajada. Por la forma en la que saludó de manera despectiva y casi infantil, era evidente que seguía ebria.

Reumi se limitó a chasquear los labios en desaprobación. Si los humanos no venían a dar sus respetos al santuario ni al kami de este, era precisamente por los youkais como ella que rondaban por el sitio diariamente. Incluso con el mero aroma a alcohol que despedía era suficiente para querer dejar de estar en el mismo espacio en el que se encontraban. – Tu no cambias, ¿verdad? – reclamó mientras se apresuraba a poner marcha fuera del santuario.


– Buenos días, Lib! – dijeron alegremente tres entidades que pasaban flotando sobre el muchacho. Aunque las tres tenían una apariencia y actitud infantil, se trataba de longevas hadas que residian detrás de los terrenos. Una tenía una pintoresca vestimenta naranja, al igual que su cabello y un par de alas seccionadas en dos partes, las cuales terminaban en punta. Otra tenia un vestido blanco con detalles negros, y su cabello en rulos combinaba con el color de las prendas que portaba; sus alas parecian tener la forma de una media luna. La tercera llevaba un vestido azul rey, con patrones de estrellas y cabello lacio marrón; sus alas tenían un patrón algo más particular que el de sus compañeras, siendo estas parecidas a la forma de una estrella.

– Buen día a las tres –respondió el castaño a las Tres Hadas de Luz, interrumpiendo brevemente su quehacer. – Sunny Milk, Luna Child y Star Sapphire; haganme un favor. Traten de no lastimar a alguien con sus bromas hoy –.

La líder de las tres, Sunny Milk, soltó una pequeña risa. – ¡No prometemos nada! – Con esto las tres hadas emprendieron el vuelo lejos del santuario, animadamente.

Aunque sabía que seguro se meterían en problemas nuevamente, Lib se encontraba sonriendo cálidamente. No podía evitar sentirse parte del entorno, y era una sensación agradable ser recibido con los buenos días por alguien. Estaba tan absorto en esos pensamientos que no se fijó que una sacerdotisa de prendas rojas caminaba hacia él.
Verla despierta tan solo unos minutos después de su propio madrugar era extraño, puesto que despertaba siempre alrededor de una hora o más tarde que él. Aún más extraño era verla dirigirse hacia donde estaba (con la usual expresión de alguien que recién se levantaba a la fuerza). De todas formas, se dirigió respetuosamente hacia ella.
– Buenos días, Reimu – saludó calidamente.

– Buen día – dijo contestando su saludo. – Realmente es tan necesario que despiertes tan temprano a hacer estas tareas? – recalcó con una mirada de pesadez mientras se cruzaba de brazos.

El chico solo le sonrió. – Dije que ayudaría con lo que pudiera en este lugar. Y sabes que para mí no representa un problema si puedo terminar más rápido –.

– Si, pero sigue siendo molesto despertar tan temprano, Lib. – se quejó la sacerdotisa, que apenas terminaba de acomodar su característico moño rojo de manera correcta. – Siempre haces mucho ruido cuando aseas o intentas hacer reparaciones. Todavía no entiendo por qué construiste una habitación extra en la parte trasera del santuario. –.

El muchacho se encogió de hombros. – Bueno, no podía seguir durmiendo en tu sala común; necesito mi privacidad tanto como tu necesitas la tuya. Además, no hice todo por mi cuenta, lo sabes. Tuve mucha ayuda para construir otro espacio en tu santuario –.

– Bueno, además de eso…– añadió –...no hemos visto más cartas que tengan tus recuerdos desde hace unos días. Y no sabemos qué clase de youkai o incluso dioses pudieran tenerlas en su poder, pero no aparecerán más pronto si sigues levantándote a esta hora –.

La expresión cálida del mencionado cambio a una más seria y preocupada.
– Lo sé…pero es por eso mismo que no puedo relajarme ni un momento – sentenció. – No se trata de mis cartas solamente, sino también de mis recuerdos de vida. Quiero mantenerme alerta simplemente, y esto me ayuda al igual que a ti, ¿no crees?. – le contestó Lib, sonriendo nuevamente.
Reimu por su parte decidio desviar la mirada, aunque no se sintio molesta con ello. Dicho esto sacó una de sus preciadas cartas del porta-mazo que cargaba consigo. El objeto rectangular tenía una extraña apariencia, con un color rojo cobrizo de fondo. En su imagen podía verse la figura de un dragón rojo, con dos pares de patas y grandes alas rojas, como el color de sus escamas. Tenía además ojos amarillos y rayos de electricidad adornaban el resto de la imagen. – Oye, Red Dawn Dragon, ¿por qué no das los buenos días? – pregunto al objeto, sonriendo.

De pronto, la carta comenzó a soltar destellos de luz, hasta dividirse y desaparecer, haciendo que apareciera una figura dracónica encima del muchacho; la cabeza de un dragón y dos grandes alas detrás de la espalda del chico aparecieron repentinamente, con una apariencia colorada y transparente. También un par de garras se materializaron al costado de los brazos del chico. Esto no impresionó a Lib ni a Reimu, pues ya estaban acostumbrados a la presencia de esa criatura, que no era humana ni youkai. Cuidadosamente, inclinó la cabeza en señal de respeto encima de la cabeza de su invocador. – Buen día, señora Reimu. Buen dia, Maestro – saludó educadamente. Su voz se escuchaba muy humana y con un tono grave, pese a tener la apariencia de un ser que se creía inexistente en el mundo exterior.

– ¡Señora!? – exclamó Reimu, un poco ofendida. – Apenas estoy por cumplir 18 años, ¡no soy ningún tipo de señora! –

– Es un placer verte, amigo – respondió el chico un poco nervioso por la actitud de su amiga.

Igualmente, y pido disculpas por ese error –.
Antes de decir cualquier otra cosa, el muchacho frente a ella rompió su enlace con su criatura, regresando a su forma de carta.

– ¿Tú lo enseñaste a comportarse así? – le preguntó Reimu al chico de cabello castaño. Su enojada mirada y manos en la cadera indicaron que ese comentario le había hecho más daño a su orgullo del que pensó.

– N-no realmente – añadió Lib. – Las Summon Cards poseen su propia consciencia, a pesar de ser objetos mágicos. Pueden aprender de su entorno y actuar en consecuencia algunas veces. Supongo que Red Dawn Dragon lo aprendió al vernos saludar y despedirnos de todos los que nos visitaban–.

La chica de moño rojo seguía sin entender las reglas y el concepto detrás de las extrañas cartas propiedad de su amigo, a pesar de haber tenido la oportunidad de usarlas ella misma; al menos no con total claridad. Algo que la tenía con más dudas e inquietudes era el hecho de que, incluso con su memoria sin restaurar, este chico sabía usar todas las cartas que iban encontrando a la perfección; podía emplearlas libremente en batallas danmaku sin problemas, en batallas contra otros usuarios de Summon Cards o hasta cotidianamente fuera de estas batallas.
– Claro que, no puedo controlar las actitudes o su forma de comportarse – agregó con pesar, rascándose la cabeza.

– Si lo analizas bien, eso ya calificaria como esclavitud – dijo Reimu, tratando de burlarse un poco.

– ¿Qué clase de monstruo crees que soy? – respondió Lib, algo alterado.

Pronto los presentes serian acompañados por una silueta que bajaba a toda velocidad en picada desde el cielo. Haciendo un aterrizaje perfecto justo antes de tocar el suelo, la escoba voladora se detuvo en seco de manera vertical, mientras la persona encima de ella giraba espléndidamente sobre el viejo utensilio de limpieza. Al terminar de girar, de la escoba bajo una chica rubia, con un atuendo y gorro puntiagudo negros, con detalles y un delantal blancos que la hacian parecer a los de una bruja de cuentos de hadas para niños.
– ¡BUEEEEENOS DIAS, residencia Hakurei! – gritó alegremente, refiriéndose a los dos chicos parados frente al edificio. Se sorprendió al ver que la sacerdotisa estaba acompañando a Lib. Por supuesto, esperaba ver a un chico castaño a esas horas, pero nunca se imaginó ver a su mejor amiga y rival también. – Reimu!? – exclamó perpleja al ver a su amiga sacerdotisa. – ¿Qué haces despierta a esta hora de la mañana? ¿Será alguna especie de milagro? –.

– Déjate de juegos, ¿quieres, Marisa? – dijo la mencionada, algo irritada.

Soltó una pequeña risa, para después dirigirse al chico muy contenta. – ¡Lib! Amigo! – saludo nuevamente, esta vez dirigiéndose al castaño.

– Mari! ¡Me alegra verte, pasaron días! – respondió él con el mismo ánimo. Ambos chocaron las palmas, luego puño a puño, chocaron el dorso de sus manos, luego de nuevo las palmas, después la punta de los pies derechos y terminaron con un choque de cadera entre los dos.

– CHA!~ – gritaron ambos, al hacer ese último movimiento. Era un saludo especial que solían hacer cuando se veían por primera vez en el día; y no era como que las visitas de Marisa fueran muy esporádicas, así que a la sacerdotisa le tocaba ver ese espectáculo cada vez que se veían.

– Si ya terminaron, quisiera saber que tienes que hacer aquí tan temprano – Reimu interrumpió. Quería parecer molesta, pero esas demostraciones de hermandad que se tenían entre los dos siempre le provocaban gracia. No estaba segura de en qué momento se acostumbró a ello, pero verlos tan unidos la hacía sentir como una hermana mayor cuidando a sus hermanitos.

– Alguien se levantó con el pie izquierdo, al parecer –. Luego de esa frase y otra risita burlona, Marisa sacó de su bolso una carta parecida a la de su amigo, pero era de un color plateado – Oh, primero que nada… –. Esta tenía en su imagen lo que parecían ser bolas de fuego, y el nombre Hinotama impreso en ella; procedió entonces a entregarla a Lib. – Gracias por prestarme esta Spell Card. Me sirvió bastante en mis estudios de magia negra –.

– Diría que me alegra, pero tu no sueles planear nada bueno cuando tienes cosas ajenas entre tus manos – sentenció su amiga. – ¿Qué pretendes hacer esta vez? –

– Por el Dios Hakurei, yo no soy una youkai para intentar acabar con…– súbitamente se interrumpió a sí misma. – ¡No, esperen! – de repente dijo exaltada. – ¡Yo no venía solamente a esto! –. Llamó la atención de sus otros dos amigos para contarles acerca de la información que había recibido recientemente. Cuando los tres estuvieron reunidos alrededor, Marisa comenzó su relato. – Puede que tengamos problemas –.

– Wha… ¿A qué te refieres? – preguntó intrigado el muchacho.

– Escuche que en la Aldea de los Humanos hay algunos habitantes con Spell y Restriction Cards en su poder. Keine en persona me lo dijo; acerca de unos locos con gabardinas negras. No sabe con exactitud quiénes, y pensó que sería un rumor simplemente; pero el día de ayer alcanzaron a notar unas extrañas luces, ¡y cinco personas desaparecieron esta madrugada de la aldea! Además, ni Seiga Kaku ni las diosas hermanas del infortunio han estado alrededor por varios días. Esto lo escuche de Yoshika –.

– ¡Qué!? ¿No pudiste venir más temprano a decírnoslo? – sentenció Reimu a su amiga bruja.

– Oye, estaba cansada! Yo también merezco tener mis ocho horas de sueño embellecedor de vez en cuando –.

– ¡Olvídense de eso! – las interrumpió el joven. – Si hay cartas en la aldea en manos equivocadas, debemos intervenir –.

– ¡Más aún porque ya desapareció alguien! – agregar Reimu. Su deber como protectora de la Gran Barrera Hakurei y sacerdotisa era interceder por los problemas que involucran a los humanos de Gensokyo. No podía tolerar que el youkai o humano responsable de este incidente se fuera sin recibir su merecido. – ¿Sabes algo más del asunto? –

– Simples rumores, pero hasta donde la gente cuenta, los responsables se hacen llamar la Asociación Secreta de Historia – les dijo la rubia, pensativa. – Curioso que un grupo de locos maniáticos de la historia están desapareciendo personas y youkai. ¿De que les sirve? –.

Lib golpeó la palma de su mano con el puño. – Creo que nos toca investigar entonces –.

– Bien dicho – exclamó Reimu. – ¡Vayamos todos! Es un asunto que nos incumbe a mi y a Lib directamente –.

– Y yo podría exterminar alguno que otro youkai para ganar reputación – agregó maliciosamente Marisa.

– Primero que nada, no pienso salir asi fuera del santuario –. Lib volvio a sacar una carta de color plateado, con la imagen de una caja parecida a la de un mago, llena de signos de interrogacion.
Spell Card:Trickster's Secret Box! –. La carta se materializó en la enorme caja de la imagen, la cual abrió sus compartimentos para que Lib se metiera rápidamente en ella. Tardó solo tres segundos en salir por donde mismo, vestido de una forma muy diferente a como estaba anteriormente. Ahora vestia un pantalon negro, botines del mismo color, una chaqueta marron y una camisa debajo de ella con tirantes. El porta-mazo que llevaba en el hombro ahora se situaba en su pierna derecha.

– Desde que descubriste cómo funcionaba esa cosa, la sigues usando como ropero móvil – se burló Marisa.

– Ey, es parte del estilo, ¿no crees? – le dijo Lib de vuelta, el cual fue respondido con un pulgar arriba de su amiga.

Los tres humanos sacaron cada uno una extraña carta de color rojizo, parecida a la primera que Lib habia usado con anterioridad. Llevándola al frente al estirar sus manos, los tres se rodearon de un aura brillante, la cual también estaba cubriendo a sus cartas. De pronto, de las tres cartas salieron tres criaturas, al conjurar sus nombres.

– Adelante,Rebellion, Fullmetal Berserk! – grito Reimu. Una bestia de metal se hizo presente sobre ella, como un espíritu acechando a una persona. Pero esta estaba encima de ella, cubriendola con su cabeza, brazos y una melena tan dura como el acero. Un color plateado y transparente hacía fácil el ver a través de ella, pero realmente era tan resistente y dura como el acero debía serlo.

– Haz lo tuyo,Assault Chimera! – grito Marisa tronando los dedos. Tres cabezas de color purpura con un tono igual de transparente que la primera criatura se hicieron presentes sobre ella; la cabeza de un leon encima de su cabeza, la de una serpiente en el hombro izquierdo y la de un aguila en el derecho. Por si no se veía lo suficientemente intimidante, adquirió además una larga cola de escorpión por la parte baja de su espalda, la cual reaccionaba a sus movimientos tanto como ella quisiera.

– Cuento contigo,Red Dawn Dragon! – grito Lib. La misma figura dracónica que anteriormente saludo a los chicos volvió a materializarse sobre él, listo para responder a sus comandos.

Luego de terminar de hacer sus invocaciones, se encontraban listos para exterminar youkai y descubrir al causante detrás de estas desapariciones misteriosas. Marisa portaba su mini-hakkero, además de varios utensilios mágicos y su confiable escoba magica. Lib estaba listo con sus Summon, Spell y Restriction Cards, las cuales responden a su llamado a la acción. Y Reimu, con su confiable gohei y sus sellos ofuda, además de sus poderosos Orbes Yin-Yang flotando a sus costados, estaba lista para emprender el vuelo.

Mientras los vientos se agitaban en el santuario Hakurei, misteriosos poderes y peligros los estaban llamando a la acción una vez más.

TOUHOU: Scattered Mind in Wild Cards

Capítulo 1: El incidente de las cartas salvajes.


Hola a todos los lectores que se atreven a venir aqui! Soy Clow. Ya habia subido este fanfic con anterioridad cuando recien me estaba encariñando con el fandom de Touhou Project. Toda su historia, personajes, juegos y hasta la musica de ZUN me tenian mas que encantado. Pero al momento de escribir la primera version de este fic, vi que habia un problema: era HORRENDA! Muchas cosas no cuadraba entre capitulos, otras cosas parecian muy fuera de personaje, y otras mas simplemente no me gustaban por como las habia escrito. Asi que esta vez, en lugar de apresurarme a sacar capitulos tan rapido, decidi tomar mi tiempo para hacer las correciones necesarias, asi como hacer que la historia tenga sentido. Tambien me tomare mi tiempo para que todo cuadre en el canon, pero de eso no prometo mucho, pues hasta ahora he visto que todo tiene inconsistencias hasta en el mismo universo de Touhou XD

Cabe aclarar que todo el universo de Touhou es creaacion de su propietario ZUN, y que esta historia es solo un fanfic hecho por entretenimiento y sin fines lucrativos.

De todas formas, ojala les guste este proyecto. Este solo vendria siendo el prologo. Nos veremos despues!