Los personajes pertenecen a M. Kurumada.
Abandonados
Mu sabía que su vida corría peligro pero aun así quería permanecer un momento más en el Santuario: ver con sus propios ojos a su maestro muerto para así comenzar su duelo y ver también a Shaka y explicarle lo que había sucedido. Mientras corría no dejaba de mirar atrás, dejaba la mitad de su vida en ese lugar. Mientras se escabullía entre el gentío, escuchó una noticia horrible: Aioros había intentado asesinar a Athena, posteriormente había huido para, finalmente, ser abatido. Esta noticia lo conmocionó ¿Aioros, un traidor? Le era difícil creerlo, si había un santo fiel a Athena como nadie, ese era Aioros. Comenzó a sentir que la muerte de su maestro y la supuesta traición de Aioros estaban relacionadas. Pronto recordó que Dohko le había hablado de Saga ¿Sería posible? No se detuvo mucho a pensar en eso ahora sino en el sufrimiento por el que debía estar atravesando Aioria. Sacudió la cabeza tratando de sacar de su mente cómo aquella noche, que debía ser la más feliz para la Orden, terminó siendo una tragedia para algunos de ellos: su maestro, el maestro Dohko, Aioros, Aioria y él mismo. Trató de no pensar en Shaka, debía estarlo odiando pero pronto se consoló al percatarse que ese tipo de sentimientos no tenían cabida en el corazón de Shaka ¿Estaría triste quizás? ¿Dolido? Se autoengañó forzandóse a creer que el santo de Virgo no sentía el mismo afecto hacia él. Pero se equivocaba. En su lista de personas heridas esa noche debía también incluir a Shaka.
No llevaba nada más que su armadura y herramientas. El camino a Jamir era largo y duro. Debía llevar provisiones pero no tenía cómo pagar por ellas. Era de noche, no había ni un alma en el mercado. Sin embargo, él conocía a un hombre noble que tenía un puesto ahí. Sin duda podría ayudarle. No podía mostrarse como el caballero de Aries por temor a que diera cuenta de su paradero a Saga pero no tenía otra opción. No tenía ni un céntimo. No podría pagarle. De pronto vio que algo brillaba en su mano. Era la pulserita que Shion le había dado alguna vez, hace mucho tiempo. Se la quitó, la sostuvo por algunos momentos en ambas manos y, con los ojos llenos de lágrimas, se la entregó al mercader. Una parte de su vida se iba con ella… Sólo le pidió que la cuidara, que hiciera un buen eso de ella por ser un objeto muy especial para él. El mercader se lo prometió. Entonces, tomando sus cosas y las provisiones recién adquiridas, se marchó tan rápido como pudo. Última mirada al santuario, al sexto templo.
– Perdóname Shaka – fue todo cuanto dijo antes de abandonar Atenas.
oooooooo
Milo tenía los ojos hinchados pero al menos ya no lloraba. Estuvo horas abrazado a Camus gimiendo por el actuar de Aioros. A veces se levantaba, golpeaba lo que fuera y volvía a los brazos del santo de Acuario. Se sentía bien ahí.
Camus lo miraba y, como era su costumbre, no decía mucho. Aunque estaba admirado del cariño que Milo sentía por Aioros.
– Al parecer eran muy cercanos ustedes.
– Lo eramos. Yo lo apreciaba y admiraba. Jamás se me pasó por la cabeza lo que pretendía hacer. Lo vi por la mañana y nada en él parecía extraño. Estaba ahí, con su sonrisa de siempre… – al recordarlo Milo se puso nuevamente de pie, dispuesto a acabar con cualquier cosa para descargar su ira, pero Camus no lo dejó. Ya había sido suficiente autoflagelación.
– ¿Qué será de Aioria ahora? Era su hermano y el resto del Santuario parece culparlo a él, no pudiendo desquitarse ya con Aioros – observó Camus.
– Aioria, Aioria. Me cuesta creer que él, siendo su hermano y la persona más cercana a Aioros, no se haya dado cuenta de nada – Milo sollozó otra vez. Estaba desconfiando del que, hasta hace unas horas atrás era su amigo.
– No deberían juzgarlo. Él no tiene culpa de los actos que, supuestamente, cometió su hermano.
¿Es que Camus pensaba que existía la posibilidad de que Aioros no fuera culpable? Estaba loco. Trató de cambiar el tema: no quería hablar más de Aioros.
– Hay una cosa que no entiendo – continuó Milo – ¿Por qué huyó Mu de Aries? Él es el discípulo del Patriarca, debería haber estado junto a él en este difícil momento. La mente de los hombres es indescifrable.
Camus miró hacia abajo, hacia la casa de Virgo. Aunque no había compartido prácticamente con nadie, sí sabía de la estrecha relación que Shaka tenía con Mu ¿Qué pensaría él de todo esto?
– Ya sé en lo que estás pensando – dijo Milo – En Shaka de Virgo ¿Sabría él lo que pretendía hacer Mu? Tengo la cabeza revuelta – y sacudió su larga cabellera.
Camus, en realidad, no pensaba en eso sino en cómo podría afectarle a Shaka la pérdida de su amigo. Aunque no lo demostraba, estaba seguro de que estaba sufriendo porque cualquier persona sufría en ese tipo de situaciones. No debe ser fácil separarse de alguien a quien aprecias. Él no lo había experimentado nunca; Milo debía saberlo, había perdido a Aioros y, de paso a Aioria.
– Hace tiempo que se dice que hay algo más que una simple amistad entre esos dos – dijo Milo con respecto a Shaka.
Camus lo miró atentamente por un momento tan largo que Milo comenzó a ponerse nervioso.
– Y si fuera así ¿Qué le importa al resto? – dijo el santo de Acuario.
ooooooooo
Esa noche se volvió eterna. Decidió permanecer en su templo porque mirar las estrellas desde la entrada había perdido todo sentido ¿Por qué se había ido así, sin despedirse siquiera? ¿Por qué abandonó a su maestro, sus compañeros… a él? Tenía tantas preguntas que hacer pero no encontraría ninguna respuesta pues, quien las tenía, los había abandonado. Trató de meditar pero se tornó imposible. En ese momento no era Shaka el hombre más cercano a Dios sino Shaka, el humano que sufría enormemente por cosas humanas. Sentimientos que nunca debió dejar que afloraran porque lo volvían vulnerable. Tal como se sentía ahora. Comenzó a caminar sin ningún sentido por su casa y, de pronto, esa voz que sólo él podía oír vino a entregarle un consuelo: sentir como humanos no lo volvía más débil, al contrario, le mostraba un camino que, tarde o temprano debía descubrir. Amar a alguien, de la manera que fuera, no podía ser malo. No era malo pero, quizás, era preferible no amar para, no sufrir ¿No sería mejor no amar a nadie para no correr el riesgo de sufrir después? "El sufrimiento es parte de la vida…" Lo sabía y conocía el camino también para superarlo. Pero ahora no podía. Se volvió a sentir solo, humanamente hablando. Esa sensación no había venido desde que había pisado ese Santuario. Había sido feliz y no lo sabía. Ahora era tan tarde…
Se dirigió al jardín de los sales gemelos, ese jardín cuyo secreto sólo era compartido por Mu. Esa era la importancia que el santo de Aries tenía en su vida, no era un amigo cualquiera, era aquél que había descubierto junto con él cuál era la razón que lo había llevado al Santuario de Athena. Ilusamente creyó que compartir algo tan íntimo los uniría pero no, no era así. Si sólo se lo hubiese dicho… Él confió en Mu pero, al parecer éste no compartía sus sentimientos, no creía en él. Deshecho, se sentó al pie de esos árboles que, algún día serían su tumba. Ya no pensaría en nada más que en cumplir su misión como santo de Athena, sólo viviría para eso. Así se lo hizo saber a aquél que ahora se hacía llamar Patriarca: no saldría más de se templo a menos que fuese estrictamente necesario. El Patriarca aceptó su decisión. Shaka de Virgo no volvería a abandonar la sexta casa.
oooooooo
Mu llegó a los Cinco Picos, a la cascada donde el maestro Dohko se sentaba. Había decidido pasar por ahí antes de llegar a Jamir, necesitaba saber qué pasaba. Por qué las cosas habían sido así. El maestro le respondió que Saga no era una persona mala.
– El mató a mi maestro – le recordó Mu con lágrimas en los ojos.
– Sí, también intentó matar a Athena y provocó lo muerte de Aioros.
– Lo sabía. Aioros jamás caería tan bajo – expresó Mu al comprobar que lo que pensaba de Aioros era cierto.
– Athena está salvo ahora y, cuando sea el momento volverá al Santuario a ocupar su lugar.
– ¿Y Aioria? Debe estar sufriendo mucho pensando lo peor de su hermano. Tengo que avisarle.
– Irás a Jamir ahora y esperarás ahí a que llegué tu momento. Mantén el legado de tu maestro, de mi gran amigo – la voz de Dohko se quebró –. Aioria conocía mejor que nadie a su hermano y sabía que era incapaz de comenter el crimen del que se le acusa. Si me equivoco, entonces le falta aún por crecer.
Mu asintió. El maestro de Libra era la persona más sabia y si el lo decía, tendría sus razones.
– No juzgues a Saga de Géminis, no es un mal hombre. Está perturbado. Ahora, descansa un poco que tu viaje aún no ha terminado – finalizó el maestro.
ooooooo
Se agradecen desde ya los reviews.
