CAPITULO 4: REGALOS Y QUIDDITCH
Los dos días siguientes tras lo ocurrido en Halloween, los de Slytherin se mostraban cautelosos con los chicos, evitándoles. Burke aún tenía algún forúnculo en la cara como recuerdo. Sirius tenía la impresión de que esa tregua no duraría mucho, pues cada vez que se les cruzaban empezaban a cuchichear entre ellos. Sin duda, planeando la venganza.
Ahora, Peter andaba a todas partes con ellos resultando en que el chico se había mostrado más amistoso y abierto, descubriendo así que, aunque seguía siendo muy tímido, era agradable y simpático. Como muestra de amistad, Sirius le había dado a Peter las moras que había cogido en los terrenos, ya que al chico le gustaban mucho. Lamentablemente, los frutos no eran moras normales, sino que eran de una planta llamada Rubus Emesis, que era tóxica, según les informó la señora Pomfrey tras llevar a Peter a la enfermería después de que éste se comiera unas cuantas y empezara a vomitar. El pobre Peter se tuvo que quedar a pasar la noche allí hasta que se le pasaran los efectos de las moras. Sirius se estuvo disculpando con el muchacho hasta que la enfermera le echó de allí para que Peter pudiera descansar.
El día 3 de Noviembre, era el cumpleaños de Sirius y cumpliría 12 años. Ese día, cayó en miércoles y las perspectivas para pasar el día no eran muy buenas ya que había clases y últimamente los profesores los cargaban de trabajo. Sirius se despertó de golpe cuando James se le tiró encima, aplastándolo mientras gritaba sus felicitaciones.
- Toma, esto es para ti – dijo James, tirándole un paquete.
- No tenías que haberme regalado nada – replicó Sirius mientras abría el regalo. Era una caja enorme de ranas de chocolate -. Jo, ¡muchas gracias! Le guardaré unas pocas a Peter para cuando pueda comerlas. Y a Remus. Por cierto, ¿dónde está?
- Ni idea. Se habrá levantado temprano.
Bajaron a desayunar. Allí ya estaba Peter esperándoles, pero no había ni rastro de Remus. Sirius le dio a Peter un buen puñado de ranas que se había guardado en la cartera tras asegurarle éste que la señora Pomfrey ya le había dado permiso para comer normalmente. Durante el desayuno comenzaron a llegar las lechuzas del correo como habitualmente hacían, dejándole a Sirius varios paquetes. El primero era de su tío Alphard, que le mandaba sus felicitaciones junto a un libro de mecánica mágica (¡Genial! Ahora podré terminar de arreglar mi radio). El segundo paquete consistía en unas magdalenas caseras de arándanos de parte de Andrómeda, que también le contaba en una carta que por fin ya se había casado con Ted, el muggle con el que se fugó, y que lamentaba que como todo había sido tan rápido no hubiera podido asistir pero le invitaba a pasarse algún día en cuanto pudiera para que le conociera. Sirius repartió entre sus compañeros las magdalenas, pero Peter se abstuvo, diciendo que aún no se sentía preparado para comer ningún tipo de fruto silvestre. El tercer paquete le sorprendió, pues era de Regulus y no pensaba que fuera a regalarle nada por estar enfadado con él. Era un regalo sencillo, pero fue el que más le gustó: una pulsera de cuero negro con el dibujo en relieve de las constelaciones del Can Mayor y Leo, de las que ellos llevaban el nombre de la estrella más brillante. Parecía que la había hecho él a mano, pues tenía justo el ancho de un cinturón y en algunas zonas el corte era más bien irregular, pero no le importó en absoluto y se la puso de inmediato. El último paquete era de sus abuelos paternos y consistió en una pequeña caja de golosinas y era evidente que no lo habían perdonado del todo ya que otros años habían sido bien generosos con sus regalos, pero por lo menos se habían acordado de él.
- Feliz día, primo. De parte de los abuelos – Narcisa se había acercado a la mesa y le había tirado otro paquete, todavía se la veía triste pero iba recuperando poco a poco su altivez.
- Dales las gracias de mi parte – Narcisa no respondió, sino que le hizo un gesto con la cabeza y se marchó con Lucius, que estaba esperando con la misma petulancia que ella.
Sirius arrugó la nariz cuando abrió el último regalo y fue tan decepcionante como el anterior, un par de calcetines negros con el emblema de la casa Black bordado en plata. Podía parecer un regalo más, pero Sirius sabía que detrás de esos calcetines había más significado, que aún seguía siendo un Black y todavía se esperaban cosas de él, pero su simpleza le decía que no le consideraban digno, era casi como si le estuvieran dando la prenda a un elfo doméstico que no cumplía bien con sus obligaciones. Guardó los calcetines en su cartera sin querer darle mayor importancia al asunto mientras pensaba en tirar los calcetines al fuego en cuanto tuviera ocasión.
Peter, James y Sirius se encaminaron hacia la case de Encantamientos que tenían a continuación. Las chicas de su curso ya se encontraban allí esperando a que el profesor abriera el aula. En cuanto llegaron, no tardaron en felicitarle, excepto Lily, que ni los miraba. Todo lo contrario que Carmen, que era morena tanto de piel como de pelo y muy extrovertida y escandalosa y en cuanto le vio le plantó dos besos en las mejillas mientras lo felicitaba. Ella era española y no le importaba lo más mínimo que sus costumbres pudieran incomodar a los demás, como le estaba pasando en ese momento a Sirius. El atrevimiento de la chica le acarreó tener que soportar las burlas de James durante toda la hora, hasta que Sirius se hartó y le incrustó en la nariz el escarabajo que estaban haciendo levitar (Flitwick volvía de vez en cuando al encantamiento pero con elementos más complejos cada vez), con lo que se ganó una hora de castigo después de las clases.
El resto de clases fue como había esperado, con un montón de trabajo por parte de los profesores, sobre todo de parte de Flitwick (aparte del castigo) y McGonagall. Para variar, tuvo que tomar apuntes aunque normalmente no lo hacía, pues Remus no había dado señales de vida y le habían prometido que tomarían los apuntes por él siempre que faltara, que por lo que se veía parecía ser muy a menudo. Por lo menos, para alivio de Sirius, no les tocaba compartir ninguna asignatura con los de Slytherin, así que en ese aspecto fue un día estupendo.
Remus no apareció hasta el viernes siguiente por la tarde. La verdad es que se le veía abatido y cansado pero también agobiado por haber perdido tantos días de clase. Cuando le preguntaron qué le había pasado contestó que había tenido que marcharse a casa, que su madre estaba enferma. No dio más explicaciones, sino que les quitó los apuntes de las manos, se disculpó diciendo que quería ponerse al día con los estudios y se marchó corriendo a la biblioteca.
Al día siguiente, era el primer partido de quidditch de la temporada escolar, Slytherin contra Gryffindor, y a regañadientes, lograron convencer a Remus para asistir que se quería quedar a seguir estudiando. El ambiente estaba muy animado y tanto los de un equipo como otro recibían por igual tanto silbidos por parte de los contrarios como vítores de los amigos. El año anterior, Gryffindor había ganado la Copa de Quidditch y esperaban que este año también lo consiguieran bajo la nueva capitanía de un alumno de sexto, Richard King, y que contaba con haber ganado ya dos copas, la del año pasado y la de hace tres. Todo esto Sirius lo sabía porque James era un pesado con el quidditch y se lo había contado. Y todo esto James lo sabía porque le había estado dando la lata a Alain Belanuit, de tercero y uno de los nuevos cazadores de Gryffindor, por saber cómo eran las pruebas para entrar en el equipo.
- Es un día estupendo para jugar – iba diciendo James por el camino al estadio -. Está nublado, pero no parece que vaya a llover y el viento tampoco es muy fuerte. Qué ganas tengo de ver el partido, así sabré lo que me espera cuando entre el año que viene.
- No sabes si te van a coger – repuso Remus -. Además, tú quieres jugar de cazador y este año terminan el guardián y uno de los bateadores, lo has dicho hace un momento.
- Nunca se sabe. Hay veces que de un año a otro se cambia por completo a todos los jugadores sin importar si ya estaban el año anterior. Hace dos años pasó eso con la plantilla del Puddlemere United cuando quedaron penúltimos en la liga, decían que iban a seguir todos para la temporada, pero llegó un nuevo entrenador y ¡pum! Se los cargó, no dejó ni uno.
- Me encantaría tener tu optimismo, James – dijo Peter.
- No es optimismo, es lo que va a pasar. Sé que voy a estar en el equipo, como que me llamo James Potter.
- No sabía que además de un pesado eras también vidente – comentó Sirius.
- Sí, sí. Tú ríete, pero ya lo verás.
Con esas, llegaron al estadio, subieron a las gradas y se sentaron con el resto de alumnos de su casa a esperar que comenzara el partido.
Y ya saltan los jugadores al terreno de juego. Por Sltytherin tenemos a Burke y Goyle de bateadores, Laughalot, capitán, Crane y Haymaker como cazadores, Dunbar de guardián y Vanity la buscadora. Por Gryffindor, ganadores de la última copa, están Stone y Greyjoy al bate, King que se estrena como capitán, Lufkin y Belanuit de cazadores, Butcher de guardián y McGonagall en el puesto de buscador. Hay varios novatos en ambos equipos, veremos qué tal se desenvuelven.
Un chico de Huffelpuff presentó a los jugadores, hizo una pausa hasta que el público dejara de aplaudir y se dispuso a narrar el partido en cuanto se oyó el silbato de la señora Hooch.
Ahí va la quaffle, la recoge Lufkin, que se la pasa a Belanuit y éste… ¡Oh vaya! Esa bludger no ha podido ser más inoportuna, se le ha caído de las manos la pelota. Crane recoge la quaffle, esquiva la otra bludger, avanza, se la pasa a Laughalot y ¡marca! Primer tanto del partido para Slytherin…
A Sirius le pareció que ambos equipos volaban de maravilla y que estaban a la par, aunque no había más que comenzado. James le dio un codazo en las costillas.
- ¿Has visto cómo siempre Laughalot le cierra el paso a King? Eso es porque le considera el mejor y si yo fuera King lo tomaría a mi favor, pasando más la quaffle a mis otros compañeros, pero no lo está haciendo…
- Si, pero mira a Belanuit, está muy nervioso, no esperes gran cosa de él hoy. Si fuera mi primer partido también se me caería la pelota todo el tiempo.
- ¿En serio, Black? – dijo una voz a sus espaldas -. ¿Por fin una cosa que no haces bien a la primera? -. Era Carmen, sus compañeras de curso se habían sentado detrás de ellos.
- Era una forma de hablar. No sería el mejor, pero seguro que no jugaría tan mal como Belanuit.
- Eres un fantasma – le dijo la chica -. En fin, intentaba explicarle a Mary cómo funciona el quidditch, pero habláis tan alto que no me dejáis.
- Resulta gracioso que precisamente tú te quejes de que los demás hablamos alto – bufó James -. Además, seguro que confundes a la chica, en España no sabéis jugar al quidditch.
- ¿Perdona? Me parece que no sabes con quién estás hablando. Mi padre fue jugador profesional y en el mundial del 66 os dio una paliza de 340 a 160 a los ingleses, la mitad de los puntos eran suyos. Creo que los españoles sabemos jugar bastante bien al quidditch.
- Espera… García… García… - James se quedó pensativo -. ¿Luis Manuel García? ¿El máximo goleador de vuestra liga durante tres años consecutivos? ¿El mismo García que quería fichar el Puddlemere United y que al final se fue al Appleby Arrows?
- El mismo – Carmen levantó la cabeza, orgullosa -. ¿Opinas ahora lo mismo, Potter? Pareces bastante impresionado…
- Vale, me corrijo. En España, excepto tu padre, no saben jugar al quidditch. No me negarás que en los mundiales no os va muy bien que digamos…
- Perdonad – interrumpió Mary -. Pero yo sigo sin saber cómo se juega a esto…
- Ven, Mary, nosotros te explicamos – dijo Sirius -. James, cámbiale el sitio.
- Sí, por favor – coincidió Remus, suspirando de alivio -. Así vosotros discutís de lo que queráis y nosotros vemos el partido más tranquilamente.
Los chicos se apretujaron para dejarle sitio a Mary, que saltó por encima del asiento y casi se cae encima de Sirius y cuando ya estuvo a salvo, fue James el que saltó para ponerse al lado de Carmen y seguir hablando.
- James se ha enamorado – dijo Sirius, aparentando contarle un secreto a Mary.
- ¿De Carmen? – preguntó Mary sobresaltada.
- No. Del padre de Carmen – rió Sirius. Por respuesta, recibió un pescozón de parte de James.
Mientras seguía el partido, entre Sirius y Remus intentaron enseñarle lo básico del quidditch a su compañera, en tanto que James y Carmen mantenían una acalorada conversación sobre los equipos nacionales de cada país.
El partido acabó con un resultado de 210 a 240 para Slytherin, aunque el buscador de Gryffindor consiguió atrapar la snitch. La afición de Gryffindor regresó al castillo abatida por la derrota, pero contentos de que la diferencia de puntos no fuera muy amplia, para así tener más posibilidades en el campeonato.
Esa misma tarde y todos los sábados posteriores que el tiempo lo permitía, ahora también Carmen, James y Sirius bajaban a entrenar cuando la señora Hooch abría el campo para todos los alumnos, pues Carmen también tenía como objetivo entrar en el equipo de quidditch el año siguiente y seguir los pasos de su padre. En ocasiones los acompañaba Remus, pero ni Peter ni el resto de chicas estaban dispuestos a pasar frío cuando ni siquiera eran aún capaces de sentarse adecuadamente en la escoba, según las palabras de Peter.
