Disclaimer: los personajes y el universo no me pertenecen, sólo la historia y el fic en sí.
Advertencia: contenido sexual explícito.
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Capítulo 5
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Akali sabía que el muchacho no tenía por qué llegar a aparecer justo ese día libre de su parte, fue esporádico; pero aguardar por él hasta la hora de regresar a casa estaba siendo todo lo que la motivaba. Había sido esa su decisión silenciosa, inclusive antes de quedarse dormida —junto a la misma decisión en donde decidía no entrenar ni por juego en ese día—.
El verano hacía que la sombra de los árboles se volviera un ambiente agradable, sus pantalones bajo la rodilla y su top, encima de un par de vueltas de vendas para que el busto (que comenzó a crecer sin poder evitarlo) no le molestara a la hora de entrenar, le hacían notar el poco aire entrar por su vientre… y no era suficiente, ni por los árboles y su sombra agradable.
Ya no recordaba el último día en donde hizo absolutamente nada. Sus padres le habían tenido sujeta con muchas ganas hasta la última decisión de Irelia.
Hacía calor, resolvió, al abrir los ojos de su siesta improvisada, al menos una o dos horas después. Merecido descanso a su cuerpo. Comer ramen no había sido la mejor opción de todas cuando el clima se portaba de esa forma, pero negarse su comida favorita no era una alternativa tampoco, en especial cuando su madre le fue bien clara en el: vete ahora o nada.
Recordó vagamente que al conocer a Kayn no hacía tanto calor, pero sí iba en ese camino. Era la época de las tormentas golpeando en son del cambio de estación.
Y pensar en eso, ahora mismo, le hizo levantarse con pereza y estirarse, un suspiro largo…; tomó la máscara que colgaba de su cuello para pasarla por encima de su cabeza, luego se quitó el calzado y dejó todo en el suelo, antes de salir en dirección conocida para ella. Desde antes de comenzar a tratar al chico, e incluso después, ya habían rondado todos esos alrededores.
El ruido del afluente de agua se hizo oír algunos metros después de caminar y comenzó a relajarla de antemano. Sentía el sudor en su sien y pronto también la incomodidad del mismo en su pecho. La hicieron casi trotar con simpleza hasta llegar a la orilla.
Sonrió sólo con ver la corriente avanzando, poco tardó en meter las manos por debajo y hacia un lado del top verde, dispuesta a desatar las vendas. Eran también incómodas por el sudor de su cuerpo; siempre apretaban un poco, pero en temperaturas altas las cosas parecían empeorar. Le dejaban las estelas de presión todo alrededor de su torso y espalda.
Buscaría en el futuro alto que las suplantara, no eran agradables.
Cayeron al suelo al encontrar el ganchito de metal que las sostenía y dieron una grata sensación de liberación, en especial al lanzarlas sin cuidado por ahí. Luego fue acercándose al agua.
Metió los pies primero, tanteando la temperatura, hasta llegar a sus muslos; momento ideal en que se dejó caer hacia atrás para zambullirse por completa. Salió con una sonrisa y el cabello crespo caído por la humedad.
—Ah… qué bien.
Deliciosa el agua fresca sobre las zonas donde el calor había abombado todo.
La vibrante sensación llegó a ella con rapidez, apenas estuvo envuelta en el agua. Confundiéndola con la simpleza del cambio de temperaturas. Sintiendo el calor volver a golpear su rostro y bajar por su espalda, todavía.
Se arrodilló en el fondo y concentró en humedecer su rostro; fue imperioso el tener que sentir ese frescor aún más. Sentir el agua entibiarse mientras cubría su piel y volvía al río, sentirla refrescar inmediaciones que nadie más que ella había tocado sobre sí misma y que ahora se sentían tan abismales y descubiertas; mientras se salpicaba el rostro con sus manos, fue levantándose.
El agua deslizó por su cuerpo hacia abajo, el top que se había levantado y dejado sus pechos expuestos por debajo del agua, volvió a cubrirlos por la gravedad al salir, los pantalones de entrenamiento pesaron y calzaron en sus caderas, se pegaron a sus piernas hasta las pantorrillas… cuando alzó la mirada y ladeó la misma, vio a Kayn de pie en la orilla.
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La había captado desde su posición, sin poder creerlo.
No esperaba ese día siquiera estar ahí, tampoco esperaba verla, para nada. Aún menos en el ámbito donde el agua que acababa de echarse sobre el rostro y el cabello pareció evaporarse en un instante. Sintió arder las orejas, quedarse estático por completo. En especial porque sus ojos no fueron nada sutiles en perseguir la figura que iba saliendo del agua.
Claro: se encendió cuando la reconoció.
Toda tela que la chica tenía encima se había adherido a su cuerpo y era la primera vez que notaba lo estilizada que los quince años la volvían. Reconocerla lo hizo más intenso.
Nunca jamás en su vida había volteado a ver a una mujer, su vida era entrenamiento, era sangre, eran misiones que comenzaban de a poco a cuestionarlo —en síntesis; gracias a la influencia de esa misma chica, que salía del agua con cada gota bajando por el cuerpo, ahora demasiado notables—. Antes de ella, no había tenido cercanías ni siquiera con las aprendices que llegaban a la orden de su padre.
Tampoco las veía como algo llamativo, ellas ni siquiera tenían el privilegio de que él estuviera horas esperando para que aparezcan, ni de su mínima ternura aflorando por verlas bajo malestar. Tampoco habían sido la chica que le hizo dar vueltas la cabeza un millón de veces con las insinuaciones que le daba.
Fue un latir abrumante el de su pecho.
Quizá fuera por la misma magia de la tierra.
Ella enseñaba su cintura siempre, siempre usaba ese mismo estilo de vestimenta. Pero ahora todo a su alrededor era calurosamente abrumador.
No de la misma manera en que se había abrumado hasta entonces.
Y ella también pudo notarlo.
Algo latiendo fuerte en su pecho, un hormigueo en sus manos que hacía que todo fuera escalando y le diera la intensa necesidad de emoción. Le afloró como nunca, con casi dolor en su respiración, casi sin sentir nada más que el tropel de sus piernas para moverla hacia él. No sintió prácticamente el peso extra del agua cuando salió del río, ni se fijó en su apariencia —cosa que no solía hacer, de por sí—.
Kayn apareció con otro sentido ante sus ojos, también: la trenza larga de cabello oscuro se notaba brillante por la humedad del río, el agua también bajaba a goteo por todo el torso y los brazos masculinos desnudos, abandonando el rostro que se acababa de entibiar sólo de verla. El entrenamiento constante tampoco estaba desestimando a Kayn llegado a la adolescencia, lo estaba volviendo un muchacho apuesto.
Y Akali lo sabía, ya lo veía apuesto desde antes. Probablemente fuera el motivo de su excitación, sumando el que llevaba meses sin verlo.
Como si en ese tiempo que no se vieran, algo radical cambiara. O como si su reencuentro de esta vez apareciera con intenciones que ninguno tuvo la madurez de prever antes.
O que todas las circunstancias hasta ahora fueran a ocurrir, pero que hoy mismo estuvieran envalentonadas por el haberse extrañado tanto. Y que sus cuerpos eran jóvenes, que su vitalidad resplandecía contra todos, que en un segundo se notaron no sólamente en cuerpo, sino en sus añoranzas más inmensas.
Porque ese sentimiento intenso fueron la misma añoranza y necesidad por el otro.
—¡Estás aquí!
Distinto a otras veces, para mejor o peor, Akali llegó hasta él saltándole encima. Fue la primera en reaccionar, Kayn todavía estaba en otro planeta. Lo tomó tan desprevenido que cayó sobre la mezcla de piedras y pasto de la orilla del río, a horcajadas se apretó ella contra él, abrazándolo casi como si tuviera temor de que desapareciera y sólo fuera imagen de sus deseos.
Y el aludido no supo qué hacer.
Muchas sensaciones de nuevo. Más aún que sensaciones: emociones. Entre un incipiente pánico por sentir que la sangre corría como poseída por su cuerpo y un ímpetu distinto en que quiso tomarla con firmeza e imponerse, también rodearla, abrazarla; apretarla para evitar que volviera a irse, en caso de que también estuviera imaginando todo. En caso de que estuviera tocando a alguien en su imaginación y no a la real.
Hubo un suspiro silencioso de alivio, ante todo.
También tenía reclamos.
El agarre a su cintura y el giro de las posiciones le tomó a Akali con más sorpresa también. Hasta entonces el muchacho no había sido precisamente la imagen de alguien que buscara cercanías. La apretó contra el suelo, presionando con ganas el agarre en su cintura, bajándolo hasta sus caderas, soltándose de un brazo para apoyarlo sobre el suelo, a un lado de la chica.
Akali se impresionó, tanto del tosco agarre —que no imaginaba distinto a ésto, convengamos: rasposo, bruto—, como de la presión repentina sobre su cabeza. Kayn le había dado casi un cabezazo al pegar sus frentes.
Eso era detalle inmenso.
No cerró los ojos en ningún momento luego del pequeño golpe; él sí los tenía así.
Un entrecejo más arrugado, como si sufrir fuera su plan actual. Y ella respiraba con bastante agitación, sin amedrentarse. Tenía las piernas a cada lado de él, lo tenía entre sus piernas, mejor dicho. Sus brazos aún le rodeaban por encima de los hombros, aunque en un agarre menos firme y ahora más bien tranquilo, permitiéndose estar bien atenta a cualquier acción que siguiera de parte del muchacho.
La respiración de Akali cerca de su rostro le era caliente al punto de ardor. Estaba agitada y dejando pasar un torrencial de cosas sin mediciones a través de sí misma.
—No entiendo. No iba a venir —masculló él, contrariado y un poco sobrecargado por lo mismo. Ella se sintió enriquecida en cuestión de segundos con esa confesión, con lo perdido que él estaba. La realidad que traían esas simples frases eran inmensas.
—Me alegra que lo hicieras —susurró.
Kayn abrió los ojos, con pereza; despegando ligeramente su frente de la suya para verla desde más arriba. Una vitalidad hermosa, ojos rojizos brillantes, un pecho suave que subía y bajaba en respiraciones aceleradas, debajo de una tela tan simple que no le había dado necesidad de imaginar un momento atrás. No la vio correr tanto, entendía que no podía ser por sólo trotar desde el agua hasta él el sentido de su respiración.
Apenas iba a abrir la boca para hablar, soltó el aliento.
Akali atrapó ese jadeo con sus labios.
Se fue encima de él para volver a subirse encima y tomar la iniciativa de un beso torpe y sin más experiencia que esa: la del deseo por el gesto. Había fantaseado con ello más de una vez y, lejos del inicial desagrado y extrañeza, pronto del primer intervalo fue el mismo Kayn quien le tomó la boca con aún más ímpetu. Una mirada quieta y de aparente análisis, luego un impulso de adrenalina que le buscó con hambre.
Mordió su labio inferior, en un toque rudo que menguó a suave cuando notó lo blando de éstos. Y todavía con el pinchazo, Akali continuó moviendo sus labios encima de los suyos, tomándole del rostro, abrazándole de nuevo con las piernas la cintura, sentándose encima del regazo del muchacho.
Esto definitivamente sí que era querer besar a una chica, no solo eso: era poder besarla, después de desearlo un buen tiempo. Después de sentir la necesidad excesiva de hacerlo.
Un gusto explosivo.
Mismo gusto de quien prueba un dulce nuevo e inesperado. Ni sabían cómo hacerlo, pero parecía estar todo cronometrado (o realmente no les importaba mientras se sintieran saciados de esta novedad). Copiaron cada idea que el otro impartió para degustar, sintiendo que si detenían todo ahora, iba a ser un golpe brutal.
No querían, lo deseaban. Y mierda que sí lo sentían.
El peso de la chica sobre su pelvis hacía que todo diera más vueltas y, de nuevo, rodó para invertir las situaciones. Y, de nuevo, pudo sentir el roce del agua al notar que ella otra vez les hizo girar. Y es que claro, ella encima de él podía sentir ese calor inundando sus entrepiernas mucho mejor que estando debajo. Porque debajo, él intentaba no presionarla, y encima podía hacerlo libremente, contra una excitación incipiente que Kayn intentaba controlar.
Akali parecía saber mejor qué hacer.
Incluso predijo el siguiente movimiento de Kayn, por lo que pasó sus piernas a rodearle las caderas y aprovecharse de calzarlas en su espalda baja, ajustándolas para cuando el chico otra vez la dejó encima del pasto, debajo de sí. Y ella le impidió con todas las ganas y sus fuerzas que no despegara su cuerpo.
Kayn no pudo más que lanzarle una mirada, cuando sus rodillas habían caído en el juego y ahora estaba prácticamente aplastándola; ella la tomó servida y sonrió con aparente diversión.
—Te extrañé —canturreó Akali, en ese mismo tono donde se insinuaba cada vez y le hacía rabiar.
A medio camino a dar su siguiente reproche, ella le apretó contra sí y resopló con suavidad, entreabriendo los labios. Un gesto que el muchacho se concentró en ver, porque pareció disfrutarlo bastante. No que él no lo hiciera, pero la verdad era que el cuerpo de una mujer estaba completamente fuera de sus conocimientos, y por su parte nada más podía sentir que su miembro empezaba a endurecer.
A pedirle mayor fricción.
Movió las caderas entonces, acompañando el nuevo apretón de las piernas femeninas, Akali soltó un suspiro y apretó sus brazos, el agarre de sus dedos en los músculos del mismo.
—Me alegra saber que tú igual.
Una nota de resignación a su modo de comprobarlo, el muchacho pareció dejarse envolver de lo mismo y optar por caer. Porque dejarse caer hasta ese momento ya había sido imposible, así que ahora nada más seguía dejarse llevar; se inclinó a besarla otra vez, de repente parecía mucho más interesante hacer eso con su boca en lugar de dejar que siga soltándole comentarios absurdos.
La calidez era inmensa, fue como un baño de instinto comiéndolos por completo, para hacerlos explotar. Esa sensación de no acabar de sentirse llenos.
Akali tenía conocimientos sobre lo que era su cuerpo, como digna hija de la libertad, jamás le habían dejado incompleto el punto de información. Apenas la madurez llegó a su vida, ya sabía por su madre cómo arreglárselas, lo que significaba y lo que podía acarrear a partir de entonces. Tampoco había tenido muchos tapujos para comprender los placeres que podía encontrar en esos recorridos de reconocimiento.
Kayn, por su parte, era todo lo contrario.
No sabía cómo funcionaba, directamente. Más allá de comentarios soeces entre personas de baja posición en su templo y las hormonas, que le despertaban a veces con la entrepierna dura —lo que naturalmente le derivaba a la solución mundana y a conocer aquello que su cuerpo hacía, una vez liberado el problema—. Para él era un problema, uno del que nadie se tenía que enterar que padecía, en parte por no mostrarse más humano, vulnerable… en parte porque nunca se lo mencionaron enteramente y, por ende, se calló.
A fin de cuentas, si podía solucionarlo por su cuenta, habría sido un comentario innecesario.
Esto, sin embargo, no se le parecía en nada. El que ahora esa parte de sí se presionara contra el calor que expedía Akali estaba siendo tan placentero como consternante, como demandante. Tan placentero e instintivo que su lado temperamental no quería detenerse, aún si todo estuviera intentando sonar en alarmas por su cabeza.
¿Cómo podía estar haciendo algo tan descarado?
¿Cómo podía estar cayendo en esos deseos tan bajos?
¿Cómo podía estar disfrutándolo?
Ni ella parecía querer que se detuviera, las alarmas eran inútiles.
Los pechos de la chica se presionaban sobre su torso en el vaivén y en los besos, que iban desesperados y agitados en medio de las respiraciones ansiosas. Les dolían los labios cuando se separaban para respirar, la agitación de Akali bajo su cuerpo, bajo el roce de la dureza de su erección contra el calor blando de la entrepierna femenina, era inclusive mucho más excitante que la simpleza de estar duro.
La presión sobre su sexo hacía que Akali entrara casi en frenesí. Sus piernas rodeaban a Kayn para mantenerlo lo más pegado que pudiera a sí misma, sus brazos le apresaban como raíces milenarias. Que no dejara de moverse, que no dejara de rozar justo ahí, por encima de donde sentía la humedad natural de su cuerpo apareciendo. Sabía a qué punto podía llegar, no sabía pensar demasiado justo ahora.
Porque era muy diferente sólo tocarse a sí mismos que sentir que otro lo hacía. Era mil veces mejor el calor de Kayn sofocándola a besos y vaivenes cada vez más rítmicos y apurados.
Y es que él mismo notaba distinto todo en comparación a lo que conocía.
La fricción deliciosa y la propia emoción les hacía jadear. Le hizo a Akali alzar el mentón cuando Kayn recargó su boca en el mismo, sintiendo el calor de su aliento tocarle el cuello y por ende crisparle toda la piel.
La chica no sabía del todo cómo era el cuerpo de un hombre tampoco, más allá de la teoría de su madre, no había pasado. Tenía quince años, lo que menos esperaría alguno de ellos probablemente fuera que estuviera ahora con un chico entre sus piernas. Al mismo que apresó con mucha más fuerza e instó a que se mueva con mayor velocidad cuando notó que la cúspide conocida llegaba a ella.
Los jadeos de ambos reinaban sin parar, en especial continuaron cuando Akali hundió las uñas en los hombros del muchacho y tembló estrepitosamente; un suave gemido de placer, haciendo que se detenga lentamente, por la novedad. Permitió que el orgasmo, con nuevas sensaciones muchísimo más a tope, le recorriera hasta la punta de los pies.
—No quiero detenerme ahora.
¿Ese era Kayn?
Claro que sí lo era, sobre su mejilla, hablando rasposo y ronco cerca de su oreja, con su miembro firme contra ella. Esperó a respirar un par de veces y le tomó del rostro para verle a la cara. Los ojos vidriosos de ambos eran bastante evidentes y la mención de las palabras del muchacho fueron parecidas a las de un niño. No lo demandó, lo pidió casi como ruego.
Y ella derritió sus defensas en seguida.
—Es la primera vez que hago esto —confesó Akali, y no necesitaba respuesta para saber que Kayn tampoco lo hizo antes—. ¿Cómo es tu…?
Creyó que debería obligarlo más o que apagaría toda la chispa encendida. Pero eran niños con un montón de hormonas, un montón de curiosidades y gustos nuevos adquiridos. Las mejillas del muchacho se tornaron rojas junto a sus orejas, copiando la imagen que Akali tenía sólo por la excitación reciente. Su entrepierna hormigueaba en el post orgasmo y estaba completamente mojada. Podía sentir esa humedad floreciendo de ella con ganas, incluso de más.
También era llamativo oír las palabras del muchacho, bajo esa voz.
—Es duro, un poco mojado… y duele.
¿Dolía? Kayn continuó.
—Esto se siente bien —alegó, removiéndose contra la chica, que respiró con mayor profundidad en el alargue a su propio gusto—, pero sí duele cuando está tan así.
Akali pestañeó un par de veces, regresando a sí misma. —¿Tan?
—No suele, ya sabes…
Oh. Era diferente.
La chica fue sentándose y él pasó a sentarse hacia atrás. La distancia les dejó un halo de frialdad alrededor, que pronto se comportó mejor. Akali no estaba dispuesta a tomar mucha distancia y se lo dejó claro cuando se sentó casi pegada a él, aún con sus piernas a cada lado de su cuerpo. De esa forma quedó en evidencia, escondido entre los dos, la situación del chico.
Llevó las manos sobre lo mismo, a lo que la tensión del muchacho se contempló en todo su sistema. Podía notar la erección arriba y marcándose cuando la tela de los pantalones la tocaba. Y pudo verla con facilidad de sólo desatar las tiras del cinturón de tela y bajarlo un poco. Era la primera vez que veía un hombre con todo a relucir.
Voló con rapidez al asunto de la erección, rodeada en la base por un poco de vello oscuro y alzándose, hinchada. Sí comprendía ahora por qué podía doler.
—¿Cómo lo solucionas? —indagó. Él pareció salir del estupor de su vergüenza para mirarse y volver a mirarla.
—Tocando —respondió tal cual fuera obviedad.
—Sí, idiota, pero ¿cómo? —Incluso hablándole así, le notó con mayor suavidad en sus palabras. Lo que fuera que Akali sintió cinco segundos atrás debió de sentirse muy bien.
—Pues… —Kayn llevó una de sus manos a sostener su miembro. Fue mismo instante donde Akali llevó una de las suyas encima de la de él. Subió y bajó, con lentitud y dudas en su simple agarre. La presión de ella para incentivarlo fue lo que le dio más pie a hacerlo con la confianza que tenía.
No supo en qué momento tuvo los labios de Akali sobre los suyos de nuevo, en son de la mano femenina dejando de presionarle la propia, para quitarla y seguir por su cuenta. Era más pequeña y no la podía controlar a gusto. Pero la simpleza de ser tocado por otra persona ya hacía todo un eco diferente. Los besos de Akali le silenciaban las dudas y hacían que su corazón retumbara desde su pecho contra todas las partes de su cuerpo.
Ella pudo notar las manos de él sujetándole los muslos, volviendo a su cintura. Con ansiedad notable. Frotó su piel en unos cuantos vaivenes, casi a son y canto de cómo ella iba moviendo su mano encima de su miembro. Lo hacía despacio y buscando reconocer. Kayn sentía una incipiente impaciencia que le desinhibió por completo.
El muchacho habló sobre sus labios, los llevó al punto más crítico.
—¿Y tú? ¿Cómo eres?
Akali menguó el toqueteo y sintió su entrepierna hormiguear. Recordó casi de súbito lo reciente.
—Es mojado y caliente —Alzó los hombros..
No encontró otras explicaciones posibles. Ese lugar era muy caliente y se volvía cada vez más mojado conforme se tocó todas sus veces, ahora mismo incluso parecía ser copioso en medio de la ropa ya húmeda por el agua del río, podía diferenciarlo.
—Puedes también… si quieres —invitó, con la vergüenza enrojeciendo un poco su rostro también.
Y Kayn dudó muchísimo.
Al menos hasta que ella se levantó sutilmente y se quitó toda la ropa.
Él no lo haría si ella no colaboraba de primera mano, así que sólo se dedicó a enseñarse.
No sabía de fantasías esa mente masculina, pero tuvo una en vivo y en directo con la chica espantando sus dudas sobre las acciones que hacía, mientras se bajaba los pantalones con todo y hacía que todo se fuera de su cerebro. Cuando volvió con él, a la misma posición de antes en que abrió las piernas y se dejó expuesta en frente de sus ojos, fue también cuando pareció recordar algo, y sus manos fueron a la parte trasera de su cuello y a su espalda, haciendo que el top cayera.
Sus senos redondos, con los pezones pequeños y duros.
Se le secó la boca en lo que ella se mostraba. Un poco abochornada. También había vello alrededor de su pubis, débil y oscuro. Se notaba la humedad diferente a la del agua un poco más abajo del monte en donde se perdía más la visión. El muchacho notó que su mano estaba empezando a tocarla, porque ella la llevó encima de su intimidad.
Y sí, estaba caliente. Le hizo deslizar la palma desde el bajo vientre hasta la curva de su intimidad, donde le presionó dos de sus dedos para que fueran los únicos que siguieran bajando.
—Ahí es donde se siente bien —Ella explicaba, él notaba bajo sus dedos la carne blanda del clítoris, más abajo los labios vaginales y la humedad que se cargaba todo ahí. Era casi chistoso cómo el muchacho agachaba la cabeza en distintos ángulos para verle mejor, pero ella estaba muy ocupada en acercarse para poder abrir un poquito más sus piernas y dejarle espacio—. Lo tuyo es más fácil de ver.
—También más fácil de tocar —corroboró, muy metido en la inspección.
—¿Nunca te dijeron sobre ésto? —cuestionó. La voz no le tembló, pero quiso hacerlo. Los dedos de Kayn viajaban por sus labios inferiores, contorneando alrededor de su clítoris ya hinchado por el faje previo. Apretó sus labios cuando él tocó con mayor presión e hizo fricción con su pulgar alrededor de ello, haciéndole tensarse y provocando que se ganara una mirada de interés por parte del chico—. Justo ahí es, sí.
Lo masculló, casi en un hilo de voz.
El muchacho fue deslizándose hasta el centro de la humedad, donde Akali dio un respingo y pasó saliva. Se le notó muy ansiosa y eso ya era una actitud más o menos extraña de su parte. Normalmente su seguridad era mayor como para hacer cualquier cosa, incluso lo anterior.
Era bastante nuevo verla un poco inquieta en este punto.
—¿Es por dónde se puede entrar?
Menuda conversación ingenua, pero sí. Ella misma no estaba sintiendo mucho más que pena en este momento, y la conversación en general ayudaba a estar llevándolos con calma sobre todo. La curiosidad de los niños podía volverse salvaje cuando sus instintos bajaban sobre sus acciones. La humanidad estaba dispuesta a que todo fuera tan sencillo como esto.
—Sí.
Los dos se quedaron callados después de la respuesta de la chica, se miraron con complicidad y un poco de miedo. Ese temor que esperaba por correspondencia y por una invitación a superar. Como quienes esperan a que otra persona les diga de saltar juntos al abismo. La consulta en los ojos de ambos estaba muy patente.
Él deslizó su toque hacia arriba otra vez, bajó la vista y notó sus dedos relucir, de fondo los pechos de Akali con la piel crispada y la tensión en su vientre marcada. Su rostro rosa y expectante.
Se inclinó hacia ella, a besarle los labios… dubitativo.
Ella permitió el beso, correspondiendo con una suavidad que ni el primero de los dados tuvo. Kayn buscó hasta encontrar la entrada húmeda de la chica, rozó las puertas del lugar virgen en donde parecía todo apretado y caluroso. Uno de sus dedos entró y observó a la chica contener el aire, descender una de sus propias manos y mantenerla alerta sobre la zona erógena que catalogó antes.
Kayn lo movió y Akai resopló.
Para sorpresa de la chica, el muchacho la volvió a besar, perdiendo dos de sus dedos hacia dentro y volviendo a moverlos hacia afuera. Notó la presión caliente alrededor de los mismos dígitos y dedujo con facilidad cómo podía llegar a sentirse él ahí dentro, o su miembro erecto, más bien.
Akali gimoteó con pereza cuando los quitó.
Y ya estaba asintiendo antes de que preguntara concretamente.
—¿Puedo?
—Sí, sí puedes.
Un giro de encuentro, en que el chico le tomó de la cintura y se fue encima de ella, recostándola en el pasto. Se presentó frente a las piernas abiertas de la muchacha y volvió a guiarse con sus dedos. Akali observaba todo el trayecto del chico: en lo que retiraba su mano y después volvía torpemente con la misma a buscar por dónde ir guiando su erección.
Ella pareció titubear, pero sólo un instante después ya notó la presión dentro de su cuerpo. En ese momento le tomó de los brazos, levantándose un poco para arrastrarlo consigo, le miró a la cara con una expresión de ruego a la vez.
—Despacio.
Muy despacio.
Era la primera vez que le pedía ser suave con ella de alguna forma. Y se adentró a su cuerpo lentamente, cuidando las acciones en concordancia con lo que Akali expresaba. Cada vez que molestó tuvo que detenerse un instante, pero la lentitud de la acción en sí les hizo llegar a unirse por completo. Y fue sofocante.
Akali definitivamente era una chispa terrible que se metió en su vida para revolverla.
Hacía con ella cosas que nunca pensó hacer con nadie. Esto inclusive.
Sus paredes internas presionándose en contracciones sobre su miembro, calientes y mojadas, una presión enriquecedora y tan palpable que no se comparaba a ninguno de sus días anteriores en busca de sucumbir. En esos momentos, acabar era lo necesario para que todo terminara; ahora acabar era imperioso sólo para poder sentir más placer del que sentía en ello.
Los gemidos de Akali le llevaron a la ruina misma de sus primeras contenciones. Puesto que al paso corto de unos segundos dentro había comenzado a moverse con lentitud. En algún punto, su ímpetu comenzaba a aumentar y la necesidad se volvía más patente. Probar y engañar.
La voz de ella en suspiros y sus brazos apretándole calurosos. La entrega que estaba dando a su cuerpo, porque nunca había pensado en poder tenerla sometida de alguna forma y ahora era ella misma quien lo arrastró a eso.
Un palpar más firme, el acuoso sonido entre los dos, el cuerpo de la chica moviéndose a cada entrada y salida, su aliento tibio dispersándose al aire. Perdida ella en mirarlo y buscar en su rostro la complacencia. Porque Akali acababa de ser complacida, y que él lo disfrutara tanto como ella estaba siendo un punto a buscar. Quitando que la sensación era extraña y apenas de a poco iba volviendo a recordarle el gusto.
Cuando le notó cerrar los ojos supo que no tardaría en terminar, permitiéndose a sí misma un relajo. De hecho, le dolió más el último embiste de Kayn antes de correrse que los anteriores. Le hizo soltar un gritito sorpresivo y agarrársele como garrapata con todas sus extremidades.
Akali bajó de ese gritito en un gemido, después en un jadeo, hasta que suspiró para recibir mayor relajación aún. Una de sus piernas pronto cayó a un lado de él y la chica se dejó ir hacia atrás. El césped rocoso recibió su espalda y cerró los ojos para tratar de volver a su cuerpo en estado estable.
Kayn tembló un instante, antes de dejarse caer un poco derrotado de su culminación. Sobre ella, le cubrió un rato con su cuerpo, sosteniéndose para no aplastarla.
Sus jadeos estaban siendo como los de quien corre cien carreras sin parar. Un tacto brusco, pero definitivamente una actividad muy ensordecedora. Porque se quedó mudo y sin hablar, se quedó sordo del universo por estar en su interior atravesando un orgasmo como nunca tuvo, y sintiéndola a fondo por el placer que ambos se llevaron a encontrar.
Akali no dejaba de ser un significado de cosas buenas.
Una de sus manos se arrastró hasta tomarle de la parte trasera del cuello, sus dedos rozando el cabello de la muchacha. Ladeó un poco la cabeza para ver de reojo su rostro, encontrarla con los ojos cerrados y tratando de recuperar la respiración fueron como leña al fuego. En un fugaz momento, otra vez ella le recibió cuando se lanzó a besarla.
Le abrazó el cuello mientras correspondía, lo hizo como quien temiese perderlo. También como quien sólo alentaba la simpleza de permanecer en eso por todo el tiempo que creyeran necesario, hasta cansarse, hasta un tope más. En medio de los besos que volvían a ponerse feroces, ella dejó de rodearle con sus brazos y fue a tomarle del rostro, para detenerse y verle a los ojos.
Febriles. Los dos.
—No quiero dejarte —masculló Akali.
Notó que Kayn se removía en respuesta; aún estaba en su interior, apenas un poco más lánguido. Creyó que tendría la idea de salir, fue una sorpresa verle echarse un poco hacia atrás —agachando la mirada para ver su erección salir, mojada por sí misma, mojada de Akali— y volver a calzarse de un empujón.
¿Le estaba notando endurecer otra vez? ¿Se podía? Ella sentía que ardía un poco su interior, casi lo mismo en que le quedaban resquicios de placer. Soltó un jadeo en respuesta, instintivo.
Ni que Kayn volviera a robarle el aliento en un beso se esperaba. Verlo desde abajo, cuando él se alzó finalizando el mismo, fue un show espléndido. La seguridad en la mirada del muchacho fue bastante avasallante. Lo que dijo en voz alta acababa de dejarle marcado, hecho sentir demasiado.
—No podrás —dijo primero, envuelto en su soberbia reconocida. Con la voz ronca y casi entonando reproche—. No voy a dejarte ir.
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