Que tal publico conocedor! Después de un par de meses les traigo otra historia de Sono Hanabira, esta vez estelarizado por la tsundere pigmea y la baka, más bien conocidas como Reo y Mai.

Decidí que esta historia seria en partes en vez de un one-shot. Uno, para la conveniencia de aquellos que no puedan leerlo en una sola sesión, y dos, para no tener a mis(inexistentes) fans esperando. En fin, disfrútenlo.


El tren avanzaba plácidamente por las vías mientras pasaba por hogares y edificios. El traqueteo de sus ruedas se contraponía contra la calma a los dentro del vagón para mujeres. Desde oficinistas, amas de casa, hasta estudiantes, estas llenaban los asientos y pasillos. Entre estas se encontraban dos jóvenes vistiendo sus uniformes de escuela, ó por lo que se llegaba a ver, una chica y una montaña de bolsas sobre un asiento.

"Disfrutando el viaje Reo?" bromeó Mai parada frente a esta.

"Grrr!" un gruñido ácido se filtró entre un hueco en la pila. Un par de orbes verdes brillaban desde sus confines.

La pareja volvía de una tarde de compras en el centro comercial. Debido a las recientes buenas notas de Reo, sus padres la recompensaron dándole un bono a su mesada. Mai resoplo. Aún sin ese regalo, su mesada ya era más de lo que sus padres ganaban en un mes.

De cualquier manera, Reo no aguantaba las ansias de despilfarrar ese dinero en lo que ella quisiera. Por su parte Mai quería enseñarle una lección en moderación. A pesar de la condición puesta, la pequeña no dudó en arrastrar a su novia por todo el extenso edificio varias veces. Mai deseaba que pusiera ese mismo entusiasmo para el aseo o en sus tardes de ejercicio. Visitando tienda tras tienda, comprando cualquier cosa que captará su atención. Ropa, peluches, algún que otro aparato electrónico y videojuego, sin dejar de mencionar lencería, ó trozos de encaje que se que asemejaban a una prenda según Mai, que hacía Reo sonreír maliciosamente. Al final del día, Reo parecía un perchero ambulante de tantas bolsas que colgaban de sus manos, brazos e incluso su boca.

"Oye que hay con esa actitud? Llegamos a un acuerdo: podrías comprar todo lo que quieras mientras que lo puedas cargar"

"Pero no dijiste nada de hacerme quedar como una montaña de basura!"

Mai entrecerró los ojos "Que te sirva de lección, la próxima vez no compres en exceso"

"Me importa un bledo tu lección! Ayúdame!"

"No lo sé...me gusta ese look" Mai sonrió coqueta "Ayuda a ocultar lo enana que eres ja ja"

"Grrrrrr!"

"De acuerdo Reo, te ayudare"

Un brillo de esperanza se despertó en sus ojos "Lo-Lo dices en serio?"

"Claro que sí!"

Mai cubrió el espacio descubierto con otra bolsa y se dio la vuelta.

"Mai! Qué clase de ayuda es esta!"

"Ahora nadie sabrá que hay una chica oculta entre tantas bolsas, así que se buena niña y mantente calladita" canturreo la joven.

Aún cubierta de pies a cabeza de cosas, un resplandor maligno emanaba del cuerpo de Reo "Mira cabeza hueca, compre un mini cactus y no tengo miedo de clavartelo en la-!"

De la nada, un estruendoso chirrido erupcionó desde el fondo del tren y sacudió a los pasajeros del vagón.

"Wah! Aaaah!" Mai se tambaleo y agitó sus brazos tratando de recobrar su balance.

"Ah! Mai! Cuidado vas a-!"

Sin poder terminar su oración, el repentino sacudón empujó a la pelinegro hacia Reo y la hizo chocar contra ella. Varias bolsas y sus contenidos volaron y se desparramaron cerca de ellas.

"Ouch…" gimio Mai mientras se recuperaba.

Entre la conmoción, el timbre del tren sonó "Queridos pasajeros debemos informarles que el viaje se verá demorado por una obstrucción en las vías…"

Más adelante en las vías, varios ayudantes y policías estaban estupefactos e intercambiaban miradas llenas de confusión.

"Como rayos llego un sillón en medio de las vías!?"

"La gente hoy en dia piensa que puede dejar su basura por cualquier lado"

Un tercero pescó algo en la esquina de su vista. Una niña, no tan mayor que una estudiante de primaria promedio, de cabello rubio atado en dos largas y sedosas coletas alejándose del lugar "Oye tu, por casualidad no sabrías quien dejó este sillón aquí, cierto?"

Miró a ambos lados, cuentas de sudor frío corrían por su rostro "Uuuh, claro que no! Y ustedes no pueden probar nada! Y si pueden, tengo excelentes abogados!" chilló la niña y escapó a toda velocidad de la escena.

Volviendo al tren, el conductor continuó el comunicado ".. .por favor mantengan la calma hasta que encontremos una solución, muchas gracias por su paciencia" y sonando la misma tonada, el mensaje concluyo.

Mai miró al resto de los pasajeras, no parecía haber heridos, la mayoría sólo recobraban su balance mientras que otros ya estaban de pie y asegurándose que el resto estuvieran bien o arreglando su apariencia. La joven soltó un suspiro de alivio, no fue nada grave. Ahora solo era cuestión de relajarse y esperar.

Y hablando de sentarse, el lugar donde Mai se sentaba se sentía muy cómodo, y no solo eso, también bastante cálido. La pelinegro movió un poco sus caderas y se acomodó en el asiento. Un leve gemido se escapó de sus labios, sus posaderas parecían moldearse a los contornos de este, nunca pensó que el transporte público fuera tan lujoso, aunque algo pequeño y duro se frotaba contra su trasero, se sentía rico.

"Mmmfffmm!"

Y hasta hacía sonidos… los asientos no hacen sonidos.

El corazón de Mai se detuvo por un segundo. Había pasado un rato desde que escuchó la aguda voz de su novia. Hizo un rápido escaneo del vagón, ni un rastro de ella…lo que significaba. Giró su cabeza lentamente hacia atrás. Un flequillo, ondulado y rubio descansaba sobre sus posaderas cubiertas por la falda de su uniforme.

"Ya vali madre!"

Mai se disparó de su asiento en menos de un parpadeo y aterrizó perfectamente recta sobre sus pies. No solo se había sentado sobre Reo, pero también la mini-leona ya estaba molesta con ella por las bromas que le había hecho unos momentos atrás. Debía rezarle a todos los santos que conocía e implorar que Reo no estallara de furia.

"Maaiiii~…"

"Eh?"

Mai espero un rostro hirviendo de enojo y dientes a la vista, listos para clavarselos tal fiera salvaje.

"Qu-Queee!?"

La expresión de Reo no era una simple felicidad, sino más bien experimentar una especie de embriaguez. Una amplia sonrisa se extendía por su cara mientras que un sonrojo pintaba sus mejillas. Sus brillantes ojos verdes perdidos en la nada mientras que pequeños corazones rosados palpitaban dentro de sus pupilas.

"R-Reo? Te encuentras bien?" Mai agito su mano enfrente del rostro de la pequeña, nunca la había visto así, completamente embobada pero a la vez feliz "Hola? Tierra llamando a Reo" la joven se preocupó, el sentón le habrá quebrado el cerebro.

La rubia parpadeó varias veces "Eh? Que paso?" rasco su cabeza mientras recuperaba la consciencia.

"Estás bien Reo? No estás lastimada?" preguntó Mai mirándola directo a los ojos.

"Si, estoy bien" murmuró mientras se sonrojaba ante la preocupación de su novia.

"Ah, que alivio! Por un momento pensé que te lastimé!"

"Lastim-de que estás hablando Mai? Que paso?"

"Verás, cuando el tren frenó de repente perdí mi balance y terminé cayendo hacia atrás" Reo asintió, recordando que hasta ese punto está conciente "Por suerte no me lastimé pero por accidente yo…je je" las mejillas de Mai se enrojecieron "Me senté en tu cara…"

Reo ensanchó sus ojos de par en par, el rubor en su mejillas explotando por toda su cara y orejas.

"En fin, me di cuenta de lo que pasó y me preocupé, pensé que te había lastimado pero no, en realidad…" Mai levantó una ceja "Parecía que lo habías disfrutado, estabas sonriendo como si te hubiera puesto un pastel de primera clase en frente tuyo… te molestaria explic-Mmmfff!?"

Reo empujó su mano contra la boca de la pelinegro y esbozo una mueca de enojo "No hay nada que explicar, solo considerate suertuda de que no me haya lastimado o te hubiera pateado el trasero"

Mai forcejeo la mano fuera de sus labios "Okey gruñona, no tienes porque actuar así!"

La rubia refunfuño "Como sea, ahora ayúdame a juntar mis compras!"

Mai rodó los ojos, la Reo que conoce y quiere se encontraba bien "Como usted diga mi ama"


Desde ese incidente, los días transcurrieron tranquilamente.

Domingo. Mai subía las escaleras que dirigían al piso donde se encontraba el departamento de Reo, la mochila colgando de su hombro botaba con cada peldaño que pisaba. Aun si ese momento se quedó atrás, la duda detrás de la misteriosa expresión de felicidad de su novia no dejaba su cabeza. Era raro ver a la enana así de feliz y mucho más cuando Mai metía la pata de esa manera.

En cualquier caso, Mai dejó esos pensamientos de un lado y se acercó a la puerta principal. Toco varias veces en la lustrosa y dura madera, haciendo su presencia notar "Reo, ya llegue"

Espero unos momentos pero no llegó respuesta alguna.

"Hmm?" Mai ladeo su cabeza a un lado. Golpeo de nuevo la puerta, esta vez un poco más fuerte "Reo, estás ahí?"

Estaría ocupada? La pelinegro suspiró. Conociéndola de seguro estaría durmiendo o jugando con un algún aparatejo que compró el otro día "Si me está ignorando para no salir a correr conmigo le espera otro tipo de actividad para que sudemos" murmuró Mai para sí misma.

No conseguiría nada parada ahí inventando escenarios en su cabeza. Tomó la llave extra del departamento que Reo le hizo del bolsillo de su chaleco y abrió la puerta. Adentrandose al lugar, fue recibida por una sala de estar y cocina vacíos junto con un silencio casi inquietante. Ni un rastro de Reo holgazaneando en el sofá o buscando algo para comer en el refrigerador.

"Reo!" llamo Mai, su voz resonando por el vasto lugar "Donde se pudo haber metido?"

Las cosas se pusieron raras. Primero su extraña actitud en el tren, y ahora desaparecida de su propio hogar. "Reo donde estás? Si esto es una broma, creeme, sere la que ría a lo ultimo" camino por el pasillo y se dirigió a la habitación de su novia. Presionó su oreja contra la puerta y golpeó sus nudillos contra la superficie "Reo?"

Desde donde se encontraba, un ahogado chillido se escuchó desde adentro, esa voz aguda e inmadura, si Reo estaba ahí. Después del chillido lo siguió una conmoción de sonidos indescifrables, y por último, unos agitados pasos que se volvían más fuertes y cercanos.

Mai se alejó de la puerta y mantuvo la calma, sea lo que Reo estuviera haciendo, lo último que quería era que sepa que jugaba a la espía con ella.

El seguro de la puerta sonó y esta se abrió violentamente, revelando a la adorable mini-leona. Reo soltaba unos leves jadeos mientras sostenía el pomo de la puerta, un hilo de transpiración se escurría por su frente y pasaba por una de sus enrojecidas mejillas "Hola Mai…" suspiro la rubia.

La pelinegra levantó sus cejas "Hola… Reo? Te encuentras bien?"

Reo limpio el sudor corriendo por su frente con el revés de su mano "S-Si, porque no habría de estarlo?"

"Mmmm…" Mai frunció sus labios. Mientras una se ocupaba en deshacerse del sudor, la otra quedó quieta al lado de sus caderas, casi congelada, sus dedos doblados como garras escondiendo algo en el interior de su puño. "Es que estas sudando y te veo roja"

La pequeña figura de la rubia dio un salto como si una descarga eléctrica corriera por ella "Y-Yo, yo estaba…. Estaba calentando para nuestra tarde de ejercicio, si eso es!"

"Reo, normalmente uno hace calentamiento antes de empezar, tu ni siquiera estás vestida para la ocasión" Mai señaló al vestido casual que llevaba su novia.

"Hmm! Yo hago las cosas a mi manera"

"Si lo que tu digas, solo dúchate y cámbiate a algo apropiado"

Reo dio un gruñido, regresó a su cuarto y poco después salió con un pequeño bolso colgando de su mano libre. Antes de cerrar la puerta, le disparó una mirada agria a su novia "No entres mientes que yo no estoy"

Mai ladeo la cabeza "Entendido..?"

Sin decir nada más, Reo se retiró y entró en el baño, dejando a Mai sola y más confundida que nunca. Estoy ya se estaba saliendo de control. Ahora no quería que entrara a su pequeño nido de amor. Reo ocultaba algo, y no se quedaría con la duda. Como buena novia que es, debía llegar al fondo de este misterio cuanto antes.

Esperó a que el ruido de la ducha corriendo llegara a sus oídos, y empezó su plan. Mai curveo sus dedos por el picaporte de la habitación de Reo y poco a poco giro esté, procurando no hacer ni el más mínimo ruido, Dios sabe el tenebre final que le esperaba si Reo la atrapara en el acto. Torno la puerta, calculando en su cabeza el espacio justo y necesario para poder pasar, esta era una de las situaciones donde tener pechos grandes le jugaba en contra. Una vez abierto, Mai se deslizó tal seda por la brecha. Lenta y calmada pero sin descartar que contaba con un tiempo límite antes de que Reo terminara de ducharse. Sentía que esto sólo podría ponerse más de suspenso si hubiera un tema de fondo. Escabullendo su otro pie dentro del lugar, Mai entro en el territorio enemigo, pero no era momento de celebrar, el tiempo valía oro.

Miro de lado a lado, buscando alguna pista que la ayudara, Reo no era ninguna mente maestra después de todo.

"Lotería!" Mai susurro. La laptop que Reo compro ese día yacía sobre la absurdamente larga cama. Camino de puntitas tal escurridizo ladrón, se recostó sobre el mullido colchón y avanzó gateando, nunca perdiendo de vista su objetivo.

Llegando a su meta, Mai pauso por un momento, era correcto invadir la privacidad de su novia solo para satisfacer su curiosidad? Lo que estuviera escondiendo Reo no ha de ser algo serio para no hablarlo con ella. Mai solo se preocupaba y lo que fuera lo que encontrase ahí de seguro no era nada que no se resolviera con una charla de novia a novia. La pelinegro tronó sus dedos y se preparó para la investigación. La pantalla mostraba el escritorio, con fondo de unos leones durmiendo en un prado, y un par de iconos en la barra de tareas, lo que fuera que Reo hacía, tenía el sentido común para ocultar sus huellas, pero Mai no sería tan fácil de engañar. Mai clickeo en uno de los iconos, pero nada la preparó cuando la ventana se ensanchó y reveló su contenido.

Las brillantes gemas púrpura de los ojos de Mai amenazaban con salirse de sus órbitas de lo grandes que se pusieron. LeZ-Hub era el nombre de la página en la esquina de la pantalla, y si el nombre no levantaba sospechas, el resto no dejaba duda alguna. El reproductor de video mostraba una imagen pausada de una mujer pelimorada de cuerpo bien dotado sentada de espaldas sobre el rostro de una castaño, ambas desnudas.

Mai tapo su boca con su mano, ahogando las risitas que anhelaban salir. Su sonrisa se extendía de oreja a oreja, con que era esto por lo que Reo estaba roja y sudando, y lo que sostenía en la mano era ella ocultando la 'evidencia' del acto. No sabía si encontrar el hecho que Reo descubriese una de las 'funciones' del Internet adorable ó un objeto de risa. Le recordaba a ella misma hace años, cuando accidentalmente cliqueo un anuncio en una página y la llevó a un video de dos chicas haciéndolo, y desde ahí descubrió su pasión por lo safico.

Mai chequeo que el sonido estuviera apagado, no había daño en 'investigar' un poco más y, para la suerte de Mai, el video contaba con subtítulos.

"Mmmm~ Te gusta esto lindura?" arrullo la pelimorada a la vez que mecía sus caderas suciamente sobre la peliverde.

"Siiiii~" contesto febrilmente entre lamidas.

"Ah! Te gusta este culo gordo frotandose sobre tu linda carita, hmmm?"

"Si! Lo amo! Ah! Dame más!" grito la chica y hundió su rostro en el estrecho espacio entre sus gordas nalgas.

Mai se abanico con la mano, para ser dos actrices realmente le daban todo su empeño. Mentiría si no admitiera que la escena la prendia. "Oh?" al tope de la ventana del explorador había más pestañas con el mismo logo de la página "Je je…" al parecer su investigación estaba lejos de terminar.

Pauso el video y clickeo en la siguiente, dos mujeres de cabello negro posaban sus manos contra un muro, vestidas de una camiseta que llegaban hasta sus pechos y unas tangas, ó a los ojos de Mai un hilo dental con un triángulo de diminuta tela. Las chichas meneaban sus caderas como si un carnaval se realizará en el fondo. Sus jugosas y redondas nalgas se movían de lado a lado y giraban en sus ejes mientras la luz del sol rebotaba en sus lustrosas complexiones de caramelo. Entre las rebotantes nalgas se encontraba una chica de pelo castaño arrodillada, sus sonrientes labios temblaban mientras hilos de sudor corrían por su enrojecido rostro.

"You think our Japanese friend is alright? She looks like she's about to faint" dijo la chica de la izquierda, Mai no entendía el lenguaje que hablaba.

"Hmm~" gimio la de la derecha "I think she just can't wait for our big, brown booties to rub all over her"

La de la de izquierda levantó sus cejas mientras su sonrisa se ensanchaba "No way! You think she's ready for our thick, chocolate bon-bons?"

"I'll ask her" la de la derecha miro a la chica temblando entre ellas "Mi amiga quiere saber si ya quieres divertirte con estos deliciosos culitos" ronroneo.

La tercera temblaba casi tanto como las nalgas a su lado "M-Me, Me encantaría"

Por mucho que le hubiera gustado ver como seguía este épico cuento, la investigación debía continuar.

Siguiente. Una chica un poco rellenita de cabellos lila postrada boca abajo y cola arriba, detrás de ella se arrodillaba una esbelta joven de cabello rojo. La pelirroja cerraba sus ojos mientras lamia y apretaba las esponjosas nalgas de su acompañante, la forma en que su lengua dibujaba círculos sobre cada centímetro de estas, que los hiciera brillar bajo la luz de la habitación, pareciera que idolatraba ese rechoncho culo.

"Te amo, eres una diosa…" suspiro la chica y planto un beso en uno de sus cachetes.

"Kyaa!" su compañera gritó y se aferró a las sábanas mientras la pelirroja continuaba glaseando su culo.

A pesar que los videos eran bastante candentes, Mai no podía evitar un extraño hormigueando en los confines de su cabeza, los tres videos hasta el momento compartían algo en común más allá de ser lesbicos. Ahora si debía tomar en serio el rol de investigadora. Cliqueo en el siguiente, una rubia dando sentones sobre la cara de otra. Siguiente. Dos chicas doblaban sus rodillas y sacudían sus jugosos culos, Mai escucho que eso se llamaba 'twerking', mientras una tercera tiraba billetes sobre estas. Siguiente. Una masajista trabajando sus bien cuidadas manos en las cremosas nalgas de una chica. Y seguían y seguían.

Algo andaba mal.

Ya no podía descartar la posibilidad de una mera coincidencia pero a la vez faltaba una última pieza de evidencia antes de llegar a una conclusión. El icono al lado del explorador era una carpeta, quizás encontraría lo que necesitaba ahí, Mai minimizo la ventana y cliqueo en este.

Cuando la ventana emergió, la mandíbula de la pelinegra se abrió por sí misma. Fila tras fila de fotos de ella, aunque en realidad seis de cada diez quedaron borrosas, y no solo simples fotos que una novia guarda de su pareja. Imágenes de ella cuando agachaba para tomar algo o limpiaba, de su bikini en sus visitas a la playa, de esa vez que usó unos shorts de jean que se encogieron en la lavadora y abrazaban sus caderas, entre otros. Todas ellas compartían algo en común: todas fueron tomadas cuando ella estaba de espalda, más específico, apuntando a su cola.

Y de repente, sucedio.

Los engranajes en el cerebro de Mai se tornaron, los secretos del universo se revelaban ante ella, la llave maestra abrió las puertas del máximo conocimiento. El tiempo parecía detenerse mientras juntaba las piezas de este rompecabezas. El incidente, los videos, la particular colección de fotos de ella. Tal misma manzana que llevó a Isaac Newton descubrir la gravedad, el mismo momento de inspiración se le otorgó a Mai. Su extraño comportamiento y repulsión hacia los senos grandes no era producto de envidia(bueno, quizás un poco) sino…

"A Reo… le gustan los culos…" susurro.


Si.

Así decidí terminar este primer capitulo. Aún así es mejor cliffhanger que los de Boruto.

De cualquier modo, espero que lo hayan disfrutado, el próximo(quizás ultimo?) capitulo esta siendo escrito así que no se preocupen. Hasta entonces!

PD: el cameo de Runa es para una historia futura, que relación tiene un sillón con ella y como llego ahí, eso aún lo estoy pensando.