A vísperas de una gran navidad
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N/A: Hola a todos! ¿Cómo están? ¿Felices por el nuevo y sorprendente especial de navidad de este año?…
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N/C: ¡Escrito en colaboración conmigo! ¡Si! ¡Conmigo! ¡MUA! ¡Su buen amigo StarcoFantasma…! Je je je… ¿Qué les pareció la forma en la que me metí al escrito? XD… Ok, fuera de bromas, ahora si vayamos con la historia. De corazón esperamos la disfruten mucho :3
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¡Riiiiiing…!
La chicharra anunció la hora de salida, con lo que todos los niños de la escuela media de Royal Woods salieron entusiasmados a gozar de las vacaciones navideñas.
–Felices fiestas– despidió la directora Ramirez a los jóvenes en las puertas de la institución, mientras todos ellos echaban a correr muy contentos a sus casas.
Entre ellos Lincoln Loud quien, invadido por el espíritu festivo, empezó a cantar:
–Parece que será una gran navidad…–
A él se sumaron sus amigos: Clyde, Liam, Zach, Rusty y Stella, y también sus demás compañeros de la escuela media, quienes lo acompañaron cantando en coro:
–No es una cosa de todos los días…–
Todos menos Chandler McCann, quien de por sí ya era miserable. Al margen de los demás, verde de la envidia, este último canturreó en solitario:
–Ese tonto ya empezó con su cancioncita gay…
Alguien debería ponerlo en su lugar…–
Sin hacer caso a sus refunfuños, el peliblanco y los otros chicos siguieron marchando y cantando muy contentos:
–El mundo parece lleno de amor…–
A lo que Chandler tomó un rumbo diferente al de todos ellos y canturreó gruñendo entre dientes:
–Cállense la boca ya, o sabrán lo que es dolor…–
Pero los otros chicos siguieron sin hacerle caso.
–Esta navidad será una gran navidad para mi…–
Corearon, en conjunto con los demás habitantes de Royal Woods y los pueblos aledaños.
Dado que todos estaban contagiados del espíritu festivo de la época. De modo que un sin fin de gente se sumó al número musical.
–Hay regalos, lindos adornos y mucha nieve…–
Cantaron todos, desde el poblado de Royal Woods hasta la urbanización de Great Lake City.
Lugar donde, en lo que ayudaban a sus padres a poner la decoración, Sid le picó las costillas a su pequeña hermana y entre risillas señaló al chiquillo de cejas pobladas que se asomó a la puerta abierta de su apartamento.
–Hey, Adelaide, mira quien está debajo de ese muérdago…–
–¡¿Qué?! ¡¿Quién?! ¡¿Yo?!…–
Aterrado, y al mismo tiempo abochornado, Carl se alejó en retroceso cuando vio a su amiga aproximarse a él… ¡Al tiempo que esta procedía a aplicarse un poco de brillo labial!
–¡No tengo tiempo, me debo ir…!–
Y echó a correr. calle abajo.
De vuelta en Royal Woods, el señor Quejón también cantaba mientras terminaba de colgar las luces navideñas por afuera de su casa.
–Todos nos volvemos mucho más tolerantes…–
En eso, el señor Loud se acercó a regalarle un pastel de frutas que él mismo preparó con mucho amor.
–Tenga un bocadillo, querido vecino…–
Sin embargo, en cuanto el señor Lynn regresó a su casa, el anciano arrojó el pastel sin mas a un tacho, repleto hasta el tope de más pasteles de fruta enteros.
Puesto que eso formaba parte de las muchas tradiciones navideñas no escritas. Por lo general son muy pocos a los que les gusta el pastel de frutas y es por eso que casi nadie se los come al recibirlos, y al final se endurecen y no queda más remedio que tirarlos.
Ahí, Lana se asomó de entre el montón de pasteles desperdiciados y canturreó:
–Hasta la basura en navidad huele muy dulce aquí…–
Tras lo cual ella, su padre y el señor Quejón cantaron en coro:
–Esta navidad será una gran navidad para mi…–
A lo que, entre graciosos bailoteos, Luan salió a recorrer el pueblo dando saltos y arrojando caramelos que iba sacando de un costal, al tiempo que tarareaba:
–Tra lala lala lalala…
Tra lala lala lalala…
Tra lala lala lalala…
Tra lala lala lalala…–
Entretanto, Flip salió de su establecimiento a encontrarse con Cheryl y Meryl, quienes lo llamaron desde la entrada.
–¿Qué es lo que quieren?, yo estoy ocupado…–
Ante si, las dos gemelas bailotearon con elegancia, a la par que cada una de ellas maniobraba un bastón gigante de caramelo como si un bastón de bailarín de tap se tratase.
–Sal con nosotras, para que veas algo…–
Corearon en sincronía.
Cuando salió a contemplar el modo que habían decorado su negocio por fuera, el viejo se conmovió.
–Hay, que bonito–
Caso contrario al de Chandler, quien casualmente pasó por ahí. En si, toda la alegría que invadía al pueblo le amargaba la existencia.
–¡Rayos! ¡Que alguien detenga esto ahora!–
Canturreó entre más gruñidos y refunfuños.
Así mismo, en el campamento Mastodonte, el abuelo Leonard Loud y sus campistas celebraban asando castañas; pero al probarlas los muy torpes se quemaban la lengua por lo que, acorde a esto, entre gritos de dolor cantaron:
–¡Castañas asadas, quemaduras graves…!–
De igual modo, todos en Royal Woods corearon en plan festivo:
–Esta noche es la mejor de todas…–
Mientras se ocupaba de desempacar los adornos para decorar la casa Loud, Rita levantó a Lily en brazos y le hizo cosquillas en la barriga, cantando igual de emocionada:
–Habrá una estrella para coronar el árbol…–
–Esta navidad ¡Será una gran navidad para mi!…–
Coreó todo mundo con mayor entusiasmo, salvo el miserable pelirrojo que acabó por ir a encerrarse en su habitación.
–Esta navidad ¡SERÁ UNA GRAN NAVIDAD PARA MI!…–
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¡Navidad en Royal Woods! Una época cálida y hermosa, en un pueblo especial. Y esta sería una navidad muy especial para cierto jovencito perteneciente a una gran familia de este pueblo. Un pequeño de gran corazón dispuesto a hacer de esta la mejor navidad de todas.
Varios días después que tuviera lugar el segmento musical ya mostrado, este muchachito de nombre Lincoln Loud cogió su mochila, bajó las escaleras y empezó por darle los buenos días a cada miembro de su numerosa familia conforme se los iba encontrando en el camino.
–Lindo vestido, Leni–
–Gracias, lo usaré para la inauguración…– contestó esta mientras posaba modelando; lo que hizo que el vestido se descosiera un poco – Aunque le faltan algunos ajustes–
Después se topó con Luna, a la que vio ensayando con su guitarra.
–Buen ritmo, hermana– la saludó.
–Gracias, hermano– correspondió la rockera revolviéndole el cabello de forma juguetona –Es lo que vamos a tocar en la inauguración–
Al darse la vuelta, recibió un pastelazo en plena cara: ¡Splash!
–¡Luan!– chilló tras tragar un poco de crema de banana –¡¿Otra vez?!–
–¡Ho ho ho…!– rió su hermana la comediante –Esa fue la número tres. Nueve más y serán las doce bromas de navidad–
Lincoln caminó a la cocina a ciegas, en busca de un paño con agua con que limpiarse la crema, cuando sin querer chocó con Lynn y cayó al suelo de espaldas.
–¡Cuidado, apestoso!– le recriminó su hermana mayor inmediata, quien por poco y deja caer el refrigerador encima de Lucy.
–Nada– informó la gótica tras apartarse de la esquina en la que había estado buscando, con lo que la castaña volvió a poner la refri en su lugar.
–Hola, Lynn. Hola, Lucy– las saludó su hermano, que seguía tumbado en el piso de la cocina –¿Buscando los regalos?–
–Claro que si– asintió la mayor haciendo alarde de su gran fuerza.
Esto divirtió mucho a Lincoln. Le hizo recordar la época en que los tres hacían eso cada año, hasta que él lo dejó al nunca haber encontrado nada. Sus hermanas, por el contrario, se lo tomaron como un desafío y eso las encaminó a perseverar en su búsqueda.
–Ouh, Linky– Lola acudió presurosa a tenderle la mano para ayudarlo a levantarse y pasarle algo con que limpiarse la crema –¿Qué haces en el suelo? Déjame ayudarte–
–¿Necesitas atención médica, hermano mayor?– preguntó Lisa a continuación –De ser ese el caso, estaré feliz de dártela, desde atención hospitalaria, hasta…–
Con lo último que dijo se puso roja de lo tonta y melosa que sonaba. Pero se suponía que hacía eso porque era una niña buena… ¿Cierto?
–Besito para hacerte sentir mejor–
–Lisa, Lola– luego de limpiarse la crema con el paño, el peliblanco les dedicó una mirada sospechosa –¿Qué están haciendo ustedes dos?–
–Nada, Linky– contestó Lola, forzando una amplia sonrisa –Sólo queremos ayudar, eso es todo–
–Para asegurarnos de estar en la lista de los niños buenos de Santa– añadió la genio.
–¡Lisa, no digas eso!– le reclamó su hermana –Nos harás ver egoístas y Santa no nos pondrá en la lista de los niños buenos–
–Pero no decirlo sería mentir y eso nos costaría estar en la lista de niños malos– le discutió la otra chiquilla, lo cual preocupó a la princesita de la casa.
Tal escena conmovió e hizo reír a Lincoln, sobre todo por el modo de actuar de Lisa. Desde el año pasado que había conseguido una foto de "Santa", la pequeña sabelotodo ya no dudaba de su existencia. El verla tan ilusionada se antojaba enternecedor. Todos los momentos en que Lisa se dejaba llevar y actuaba más acorde a su edad eran bastante tiernos.
–Bueno, no deberían preocuparse tanto– les sonrió Lincoln, y les guiñó un ojo –Estoy seguro que ambas estarán en la lista de los niños buenos–
–Ja, es fácil para ti decirlo– le replicó Lola un tanto celosa –Con lo de tu gran inauguración debes estar en el lugar de honor en la lista de niños buenos de Santa–
–¿Necesitas ayuda con eso?– se le ocurrió preguntar a Lisa, quien además juntó las manos para suplicar –Seguro que eso nos ayuda a ganar muchos puntos con Santa–
–¿Quieren ayudar?– Lincoln sacó algunos folletos de la mochila que llevaba colgada a su espalda –Si, claro. Si pudieran repartir unos cuantos de estos por las casas vecinas sería…–
—¡Dalo por echo!–
Antes que pudiera acabar, Lola y Lisa le arrebataron los folletos y salieron con ellos a la calle. Ante lo cual sonrió complacido.
Segundos después se escucharon ruidos de golpes afuera de la casa, seguidos por los gritos de protesta de ambas chiquillas.
–¡Lana!–
–Sácanos de aquí!–
Al asomarse por la ventana, Lincoln vio a ambas colgando dentro de una red.
–¡Lo siento!– se disculpó la otra gemela, en lo que se apresuraba a librarlas de la trampa que había plantado en el jardín delantero.
–¡Deja de intentar capturar un reno de Santa!– se quejo Lola.
–¡Si!– secundó Lisa –¡Si haces eso es probable que ponga a toda nuestra familia en la lista de niños malos por siempre!–
Lincoln sólo se echó a reír y se dispuso a salir para ayudar a sus hermanitas, cuando alguien lo retuvo desde atrás y lo forzó a girarse.
–Ahí está mi campeón– lo saludó su padre, y en el acto le metió una cucharada de relleno en la boca sin preguntarle de antemano –¿Qué opinas? ¿Bien? ¿Mucha carne? ¿Muy seco? ¿Mucha sazón?–
Lincoln tosió al atragantarse momentáneamente por el modo brusco en que le dio a probar el relleno del pavo. Sin embargo, la molestia por eso se le pasó tan pronto saboreó el rico guisado.
–¡Está delicioso, papá!–
–¡¿De verdad?!– exclamó emocionado el señor Lynn –Por fin he logrado perfeccionar mi receta para el pavo de navidad. Con este platillo, sin duda esta será la mejor navidad de todas–
–No sólo eso– añadió su esposa, quien en ese instante llegó cargando otra caja de adornos navideños –Estoy segura que este año tendremos el árbol más hermoso de todos–
–¡Estella!… ¡Estella!– balbuceó una vocecita.
–Si, claro, Lily– su madre dejó la caja de adornos encima de la mesa de centro y tomó a la pequeña en brazos –Tú vas a poner la estrella en el árbol–
–¡Shi!– la bebita aplaudió muy contenta –¡Estella!–
–Bueno, si me disculpan…–
Lincoln se dispuso a salir una vez más, pero esta vez fue detenido por sus dos padres.
–Espera un segundo–
–Antes queremos hablar contigo sobre lo que hiciste–
El muchacho tembló un poco, dado que esas palabras casi nunca daban pie a cosas buenas. De repente empezó a sospechar de alguna de sus travesuras de las que sus padres no estaban enterados. Alguna mala que lo habría hecho merecedor de algún regaño o… Lo que era más común en la casa Loud: Que alguna de sus hermanas necesitara su ayuda con algo y no tuviera más remedio que asistirla sin importar que, en ese preciso día que tenía mucho que acarrear.
Ante esta idea se limitó a aguardar lo peor… Cuando su madre lo sorprendió al plantarle un tierno beso en la frente. Seguido a esto, su padre le puso una mano en el hombro y le dedicó una sonrisa llena de orgullo.
–¡¿Qué pasa?– preguntó algo confundido.
–Pasa que estamos muy orgullosos de ti por lo de tu gran inauguración– contestó Rita. De ahí le plantó un segundo beso, pero en la mejilla.
–Oh, eso…– su hijo suspiró aliviado y se sonrojó al ser consciente de lo que estaban hablando en retrospectiva. Y aunque era algo de lo que él mismo estaba orgulloso, respondió con falsa modestia –No es la gran cosa. Todos han ayudado. Yo sólo…–
–Claro que lo es, hijo– lo interrumpió su padre –Sabemos que no lo hiciste todo tú solo, nadie puede, pero eso no quita lo grande del acto–
–¿A qué se refieren?–
–Significa que aun si no lo hiciste todo solo, si lo iniciaste, tienes un papel muchos más importante del que crees en todo esto hijo– explicó su madre volviendo a depositar a la bebita en el suelo –Trabajaste muy duro, los animaste a todos y los guiaste para hacerlo posible, y eso es algo muy grande–
–Dincoln hédoe– balbuceó Lily, quien pasó a hacerle entrega de un dibujo que había hecho de él luciendo su traje de Ace Savvy.
Cosa por la que no pudo evitar que se le humedecieran los ojos. Tal muestra de cariño no ameritaba menos. Lincoln sostuvo el dibujo contra su pecho y suspiró enternecido. Realmente se sentía bien y, pese a que prefería no demostrarlo abiertamente, estaba muy orgulloso de todo lo que habían logrado.
–Quieren saber que pasó, ¿verdad?– preguntó dirigiéndose a los lectores –Bueno, dejen que les muestre…–
Cogió el control remoto y encendió la televisión. En la pantalla apareció la repetición de un reportaje del equipo de "Noticias en acción" transmitido días atrás. Allí, Lincoln adelantó hasta la despedida, sólo que esta no era la de siempre.
–Y bien, chicos, eso es todo por hoy– dijo Clyde dando por finalizado el segmento –Esperamos la pasen bien en sus vacaciones y les deseamos una feliz navidad–
–Pero, antes de despedirnos– avisó Lincoln en la grabación –El equipo de "Noticias en acción" tiene un mensaje importante para todos ustedes–
Con esto se dio paso a una secuencia de videos en los que se mostraba a personas menos afortunadas pasando hambre y frío en las calles, familias de escasos recursos pasándola muy mal y teniendo dificultades para llegar a fin de mes, vagabundos durmiendo bajo los puentes, entre más escenas desgarradoras.
–Sé que nuestro pueblo es pequeño y estas cosas no son muy comunes en todos lados– dijo Stella mirando a la cámara con un gesto emotivo –Pero, aun así, están ahí afuera, gente que realmente la pasa mal–
–¡Y no está bien que simplemente miremos a otro lado!– sentenció Liam azotando la superficie de su escritorio con la palma para enfatizar.
–Es por ello que hemos decidido poner nuestro granito de arena– informó el Lincoln de la grabación –y organizar una pequeña colecta para el albergue de Royal Woods. Cualquier cosa sirve: comida, ropa, dinero. Por favor, si alguien quiere ayudar, contacte con nosotros o con la directora–
–Todos podemos ayudar– dijo Clyde muy animado –Ahora mismo tenemos a Zach y a Rusty recolectando fondos–
El siguiente video mostró a ambos pelirrojos en esta labor. Rusty lucía un traje de Santa a juego con una barba postiza y hacia sonar una campana, en tanto Zach, en traje de duende, pedía a los transeúntes que depositaran dinero en una olla de cobre.
Por su expresión era evidente que lo de disfrazarse de duende no le hacía mucha gracia a Zach. Era obvio que le habían asignado a interpretar ese papel por ser el más bajito del grupo. De todas formas estaba dispuesto a hacerlo por una buena causa.
Después de esto, el Lincoln en tiempo real apagó la tele y terminó su explicación para con los lectores.
–¡Y salió mucho mejor de lo que esperábamos! Leni se lo dijo a la alcaldesa Davis y la alcaldesa quiso ayudar y animó a mucha más gente a que lo hiciera. Ahora hemos logrado reunir muchas cosas y mucho dinero. Limpiamos el viejo albergue, lo pintamos y arreglamos, tanto que lo van a reinaugurar. Es increíble lo que se puede lograr cuando todos ayudamos y nos esforzamos por los demás– miró sus manos, maltratadas por todo el trabajo que tuvo que hacer para dejar el viejo albergue como nuevo; aunque, de momento, su buena cara cambió a una expresión molesta –Bueno… Casi todos… ¡Pero no importa!–
El peliblanco hubiera querido seguir presumiendo sus logros. No obstante, el sonido de las gemelas gritando y peleándose indicaron que su ayuda era requerida en otro lugar.
Si señor. El pequeño Lincoln había hecho algo muy especial, y con ello ganado el respeto y la admiración de muchos. No sólo en su casa, claro que no, en todo el pueblo… Y un poco más lejos.
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En la tarde, cuando regresó a su casa, recibió una video llamada… De una amiguita muy especial, de ese tipo de amiguitas que con una sola llamada te alegran él día y te hacen sonreír… Ju ju ju ju ju…
–Hola, patético– lo saludó una niña morenita desde la pantalla de su laptop –¿Cómo estás?–
–Hola, perdedora– contestó el chico con una enorme sonrisa –Muy bien. Perdón por no haberte llamado antes, pero es que he estado algo ocupado estos días–
Dijo esto intentando sonar misterioso, con intención de animar la curiosidad de la niña para que le preguntara.
–Si, ya lo sé– dijo ella.
–¡¿Espera?!– exclamó Lincoln, algo extrañado. En principio no había querido contarle a Ronnie Anne lo que estaba haciendo al considerar que su colecta no era la gran cosa, pero cuando esta creció, su motivación cambió. Si seguía sin contarle nada era porque esperaba el gran día para sorprenderla –¿Lo sabes? ¿Qué es lo que sabes?–
–Todo, Link. ¿En serio pensaste que si le decías a Lori ella no se lo diría a Bobby y Bobby no me lo diría a mi?–
El chico se ruborizó y se palmeó la frente, en reprimenda por no haber tomado en cuenta ese contratiempo tan obvio en su plan.
–No querías decirme nada, ¿eh?– la niña en la pantalla pretendió hacerse la indignada –¿Qué acaso no te agrado? ¿No confías en mi?–
Lo que puso nervioso y avergonzó a su amigo, siendo esa justo la reacción que ella esperaba.
–Claro que iba a decirte pero… es que… yo…– tartamudeó él apartando la mirada, siendo esto algo muy divertido y adorable para ella. Cuando se trataba de Lincoln Loud, Ronnie Anne Santiago en verdad sabía cómo jugar sus cartas para obtener las reacciones que quería –Es que… yo…–
–Descuida– lo tranquilizó entre risillas –Sólo estaba jugando–
–Es que quería impresionarte–
Esta vez fue Ronnie Anne la que se sonrojó, tanto que se vio en necesidad de apartar su vista de la pantalla.
–Impresionarme, ¿dices?–
Hubo un breve momento de silencio incómodo, en el que ambos procuraron no mirarse a la cara para no dejar en evidencia el intenso rubor en sus mejillas. Después de un rato, Ronnie Anne reanudó la charla queriendo hacer de cuenta que nada había pasado.
–¿Y de aquí a cuando te dio por ayudar a los necesitados?–
–Pues… La verdad…– a Lincoln ya no le bastó con tener la vista apartada de la pantalla, sino que tuvo que cubrirse las mejillas con ambas manos ya que ambas estaban tan coloradas que parecían dos jugosas manzanas maduras. Además que tenía la frente perlada en sudor –Es que…T-t-tú me inspiraste–
–¡¿Yo?!–
La hispana tragó saliva, sintiendo que algo en su pecho daba un vuelco. Con arduo trabajo, mientras se forzaba a recobrar la compostura y esclarecer su habla, el albino procedió a explicarse.
–Recordé el día de gracias pasado… –balbuceó –Cuando tú y tu familia vinieron de visita… Tu primo y tú estaban recolectando comida para los pobres y… Eso me hizo pensar que yo también debería poner de mi parte alguna vez y…–
–En ese caso…– su amiga lo interrumpió y giró la cámara para mostrarle algo (y de paso ocultar el rubor de sus mejillas. Je je) –Tengo algo que creo te pondrá de buen humor–
Lincoln finalmente recobró la compostura al ver aquello que se enfocó en la pantalla: un carrito de compras repleto de latas de comida en conserva. Su rostro se iluminó ante el gesto que su preciada amiga había tenido con él. Aunque no lo admitiera abiertamente, aquel era uno de los muchos aspectos que le gustaba de ella, tan amable y cariñosa.
–¿Hiciste eso… Por mi?– otro leve rubor coloreó sus mejillas, al tiempo que una pequeña sonrisa temblante se formaba en sus labios.
–Yo… Bueno…– a Ronnie Anne no le gustaba ponerse sentimental. De hecho solía huir de ese tipo de situaciones. Sin darse cuenta empezó a juguetear con su cabello –¡No te emociones!… Sin mi ayuda seguro que no lograrías la gran cosa, perdedor–
A pesar de sus excusas falsas, a Lincoln esto no le importó. Estaba muy contento con el detalle que Ronnie Anne había tenido con él.
Así, los dos siguieron hablando (cof, coqueteando, cof) hasta quedarse dormidos.
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En definitiva aquella iba a ser una navidad muy especial e importante para nuestro protagonista de blancos cabellos… Aunque tal vez no por las razones que él mismo estaba imaginando… Pero me estoy adelantando.
Lincoln siguió con su labor de preparar todo para la inauguración del albergue que se celebraría en noche buena. Esa noche iba a ser muy especial y por ello estaba cada vez más emocionado, en especial por el pequeño plan que se traía entre manos. Nada del otro mundo. Sólo algo que se le ocurrió a último momento.
En la mañana viajaría con su madre a la gran ciudad. La idea era ir a recoger a Lori en la universidad para que esta pudiera pasar las fiestas con la familia. Sin embargo pidió sumarse y acordaron hacer una breve escala en Great Lake City para: 1) pasar por las latas que Ronnie Anne había reunido para él. 2) Claro que no iba a perder la oportunidad de estar un rato con su amiguita, y tal vez invitarla a su evento… Pero sabía que sería bastante difícil. Su familia no la dejaría irse en noche buena así nada más, pero, ¡hey!, no perdía nada con intentarlo.
Vaya que estaba feliz y emocionado. Esperaba pasar una de las mejores navidades de su vida… Salvo que… Hay veces que las cosas no pasan como las planeas. Para Lincoln Loud, raras veces las cosas son así.
Llegaron a la ciudad, donde Lori y Bobby se saludaron con palabras melosas, coqueteos y un beso apasionado. Llegó un punto en que Lincoln y Ronnie Anne giraron los ojos en señal de fastidio ante la cursilería de ese par. ¡Jo jo jo jo…! Aunque el par de niños también podían serlo a su propio modo. En particular ese tierno sonrojo y las miraditas nerviosas que se dedicaron el uno al otro cuando la tía Frida se refirió a Lincoln como el novio de Ronnie Anne, seguido por el típico reclamo de ambos al unísono: "¡No somos novios!". Con todo, Lincoln estaba muy agradecido con Ronnie Anne. Sin lugar a duda sería mucha su ayuda.
Sacaron el carrito de compras a la calle y lo pusieron junto a "Vanzilla", El problema vino cuando, a la espera de Rita y Lori, los dos niños se distrajeron conversando un rato. Después de todo no tenían tanta prisa de subir todo a la van.
Pasó tan rápido, que ninguno de ellos se hubiera dado cuenta de no ser por el fuerte chirrido de las ruedas del carrito al ser movido con brusquedad. Cuando se voltearon a mirar, avistaron sobresaltados a un sujeto de aspecto andrajoso que había cogido el carrito y se alejaba con él calle abajo.
–¡Ladrón, Bobby, Ladrón!– gritó Ronnie Anne para llamar a su hermano. Recordó que en su tiempo había ejercido de guardia de seguridad en el centro comercial.
–¡¿Qué?! ¡Yo no he robado nada!– se lo oyó replicar en el mercado.
–Sólo mi corazón, osito Boo boo– se oyó decir a Lori en tono empalagoso.
–¡No, Bobby!– gritó Ronnie Anne –¡Un ladrón se acaba de robar el carrito con las latas!–
Tras esa pequeña aclaración, Bobby salió del mercado a bordo de un segway con el que se puso en persecución del ladrón, en tanto gritaba y soplaba un silbato empleando toda su capacidad pulmonar en ello.
–¡Alto, ladrón! ¡No me obligues a perseguirte!–
Parecía que lograría alcanzarlo… Hasta que llegaron a una cuesta empinada y el ladrón aprovechó para subirse al carrito y dejar que la gravedad lo impulsara calle abajo. A su vez, y para su mala suerte, Bobby maniobró mal el segway y resbaló, cayó a la banqueta despatarrado y su vehículo fue a chocar contra un poste de luz.
–¡Osito Boo boo!– chilló Lori en lo que corría a auxiliarlo.
–¡Oh no! ¡No se escapará! ¡Vamos, perdedor!–
–¡Espera! ¡¿Yo qué…?!–
Agarrando bruscamente por el brazo a su amigo, Ronnie Anne se apuró a ir en busca de su patineta. Lincoln no se sentía muy valiente que digamos para perseguir a un ladrón por la ciudad. Sin embargo esas latas eran importantes y tampoco podían dejar que se las robaran como si nada.
Fue por ello que tampoco opuso resistencia cuando Ronnie Anne lo hizo subir con ella a la patineta para salir en persecución del ladrón. La cual no duró mucho más allá del final de la cuesta. El andrajoso sujeto entró a un parque, donde siguió deslizando el carrito por el camino encementado. De todos modos confiaba en que podría escapar con la velocidad que había ganado. Mas cuando avistó a los niños en la patineta yendo directo hacia él, en su desesperación tomó un rumbo equivocado y las ruedas del carrito se hundieron en la tierra y se enredaron con el césped.
–¡Maldición!– gritó mientras forcejeaba por desatascarlo.
En breve, Ronnie Anne frenó su patineta a la entrada del parque, seguida al instante por Bobby sacó las esposas de su antiguo trabajo en el centro comercial.
Dado que el ladrón fue muy insistente en desatascar el carrito, la niña hispana no tardó mucho en alcanzarlo y derribarlo con una tacleada. Acto seguido, su hermano mayor procedió a ficharlo con las esposas.
–Estás… estás… – jadeó Bobby, culpa de lo tanto que había agotado sus fuerzas en la persecución, por lo que le costaba trabajo hablar –Arrestado…–
Los otros chicos rieron triunfantes. ¡Lo habían conseguido! ¡Habían recuperado las latas!… Amen de que el ladrón no había intentado defenderse con una navaja o una cachiporra… Por desgracia, su momento de victoria no les duraría.
Rita fue la siguiente en llegar al volante de "Vanzilla", de donde Lori y los demás miembros de la familia Casagrande bajaron en estampida.
–¡Ouh, osito boo boo!– la muchacha corrió a abrazar y besar a su novio –¡Atrapaste al ladrón! ¡Eres un héroe!–
–¡M'ja!– la abuela Rosa, en cambio, corrió a estrechar en brazos a su nieta. Después se dedicó a regañarla y con toda razón –¡¿Pero cómo pudiste hacer algo tan peligroso?! ¡¿Y si hubiera estado armado?!–
Lincoln río por lo bajo ante tal escena. Lo más divertido allí era el bochorno de Ronnie Anne al ser reprendida y al mismo tiempo consolada por su igual de numerosa familia. En cambio Lori seguía felicitando a su novio (aunque este no hizo nada aparte de esposar al ladrón) y asegurándose de que estuviera bien además de coquetearle un poco más.
Pasada la conmoción, su madre marcó a la policía en lo que Carlota y CJ desatascaban el carrito y lo dejaban en el camino de cemento frente a Lincoln.
Este estaba por empujarlo y seguir a los demás a la salida del parque a esperar a la patrulla, cuando en esas se detuvo mirar al ladrón. Lo que llamó su atención en ese momento era… Que el tipo se había echado a llorar, y ver llorar a un hombre adulto era algo muy extraño para un niño (a no ser que ese adulto fuese su papá o el señor Howard McBride; pero esas eran excepciones aparte). Fue algo que lo hizo sentir incómodo. Y es que, al ver detenidamente al sujeto, reparó que no se veía como los delincuentes que aparecían en los programas policiales. No era un sujeto grande ni amenazante con mirada malvada. Más bien era un hombre muy flaco, con una edad aproximada a la de su padre. Su ropa vieja y gastada lo hacía verse miserable.
–Eh… ¿Está usted bien?– se sintió como tonto al preguntar eso. Acababan de atraparlo, obviamente no estaba bien.
Se sintió algo temeroso cuando el sujeto le devolvió la mirada. Esperaba encontrarse con una cara llena de furia, deseosa de venganza. En su lugar se topó con la mirada triste y cansada del hombre. A todo esto, ¿para qué había querido robar latas de comida?
–¡Lo siento!– se disculpó entre lágrimas.
Aun a sabiendas que aquel sujeto acababa de intentar robarlo, y que si podría ser peligroso, Lincoln no pudo evitar compadecerse con sus disculpas. Menos con lo que dijo a continuación.
–¡Lo siento! ¡En serio, lo siento mucho!– sollozó –Es sólo que… ¡Yo ya no sé que hacer!… ¡Estoy desesperado!… Me quedé sin trabajo y no tengo para alimentar a mi familia. Tengo tres hijos, ¿sabes? ¡Todos con hambre!… Vivimos en un apartamento muy chico. No nos alcanza el dinero… No sé que voy a hacer… Es mi familia y… Y ya no puedo más… ¡No puedo más!… tú no sabes lo difícil que es mantener una familia ¡es imposible!–
–En mi familia somos trece– contesto Lincoln.
El sujeto de aspecto andrajoso se sobresaltó y parpadeó de lo más asombrado.
–Wooow… Eso sí que es una familia grande… De todas formas lamento mucho lo que hice… Estoy tan desesperado que no he comido en dos días para que mis hijos coman algo… Y… Cuando vi todo eso, yo… No lo pensé y sólo lo tomé… lo siento–
El demacrado hombre reanudó su llanto, el cual se fue intensificando cada vez más. Al final sus palabras habían roto el corazón del chico. Se veía tan mal y sonaba tan sincero, que no pudo dudar de él. Su conciencia le dictaba que debía ayudarlo, pues no había hecho algo tan malo, a decir verdad… Es decir, robar si era malo, pero robar comida por hambre… y se suponía que la comida que robó, era para gente necesitada como él.
–… Si de verdad las necesitas tanto…– dijo Lincoln tras meditarlo un poco –Puedes llevártelas–
El sujeto levantó la cara y le devolvió una expresión que denotaba total gratitud. Tanto que hasta intentó abrazarlo, sólo para darse cuenta que seguía esposado.
–Deja que te ayude con eso–
Lincoln pasó sus manos por encima de las esposas. Tocó un poco el seguro y efectuó un pase agraciado. Por último, con un sólo chasquido de sus dedos, las esposas se abrieron por sí solas. El sujeto estaba anonadado.
–¿Cómo hiciste para…?–
–Un gran mago jamás revela sus secretos– rió el peliblanco –Anda, vete ya–
Y fue allí que todo se torció.
–¡Lincoln!–
Ronnie Anne llegó del otro lado del parque a zancadas, vuelta una fiera al atestiguar lo que su "no novio" acababa de hacer.
–¡¿Pero qué hiciste, grandísimo tonto?!–
Después de ella vio llegar a su madre, su hermana y a los Casagrande. Para entonces el sujeto ya había cruzado la entrada opuesta del parque y echado a correr con el carrito de latas.
–¡Yo lo atraparé!– clamó Bobby en tono heroico para impresionar a su novia.
Así mismo, todos estaban dispuestos a volver a salir en persecución del sujeto, pero…
–¿Cómo rayos se soltó?– inquirió el abuelo Hector.
–¡Fue Lincoln!– contestó Ronnie Anne enfurecida.
Esta acusación saco a todos de sus pensamientos. Ahí, Bobby tropezó con sus propios pies, sin poder creer lo que acababa de oír.
–¡¿Qué?!–
–¡Si!– reafirmó su hermana a gritos –¡Yo lo vi!–
Y apuntó con su dedo al chico, que se encogió asustado ante las miradas incrédulas de los demás. Todos esperaban que dijera que no era verdad. Sin embargo su cara, marcada por una sonrisa nerviosa, dejaba en claro que lo dicho por Ronnie Anne era cierto.
–Es que…–
A continuación, procedió a contar la historia del sujeto de aspecto demacrado. Esperaba con ello convencer a todos que hizo lo correcto al dejarlo ir. Por desgracia pasó lo contrario.
–Oh, Lincoln– con una mezcla de decepción, enfado y vergüenza ajena, Lori se sobó la frente y le dedicó una mirada inquisidora –Hubiera esperado esto de Leni, pero de ti…–
–¡¿Lo dejaste ir sólo por eso?!– inquirió Ronnie Anne tapándose la cara y soltando un quejido ahogado. Completamente roja del enfado… y también un poco por lo tierno que le resultaba la inocencia de Lincoln –¡¿Sólo por que te contó una historia triste tú le creíste?!–
–¿Acaso eres tonto o qué?– CJ negó con la cabeza.
–¡Si!– bramó Carl furibundo –¡La ciudad esta llena de estafadores!–
–¡Y nosotros trabajamos muy duro para reunir muchas de esas latas!– le reclamó Carlota igual de enfadada –¡La mitad las puso el abuelo de su tienda! ¡¿Y tú sólo dejas que se las lleven?!–
Durante un buen rato siguió recibiendo regaños de la familia Casagrande que lo hicieron sentir mal consigo mismo, hasta que su madre intervino y pidió que se detuvieran. Sin embargo, tampoco es como si ella tuviera palabras de animo que darle o estuviera de acuerdo en que había echo bien al creerle a ese hombre.
El ambiente tampoco mejoró cuando se presentó la policía. Uno de los oficiales, incluso, se le rió en su propia cara por crédulo.
Total, que cuando regresaron al edificio, los Casagrande se despidieron de los Loud con desanimo. En eso, Lincoln recordó que quería invitar a su amiga al evento.
–Ronnie…–
–¡¿Qué quieres?!–
Mas la mirada de furia que le devolvió esta otra mató los deseos del chico.
–No… Nada–
Al final se dio por vencido y se resignó a subir a "Vanzilla".
—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—
No se dijo mucho durante el viaje de regreso. Lincoln estaba muy deprimido para hablar, y tanto su madre como su hermana concordaron que ya lo habían regañado lo suficiente. Aunque en un viaje tan largo en total silencio sólo hizo que se sintiera peor, como un tonto por haberse dejado engañar, había molestado a todos.
A la llegada a su casa la cosa no mejoró mucho. Sus hermanas esperaban en el jardín para recibir a Lori, y con ellas también estaban los amigos de Lincoln, quienes querían verificar si había logrado convencer a la familia de Ronnie Anne de dejarla venir con él.
–¡Ja!– rió Rusty triunfante –No viene en el auto, paguen–
Y extendió la mano para recibir el dinero que Liam y Zach le entregaron de mala gana.
En cuanto bajaron del auto, las chicas acudieron a recibir a Lori muy contentas; pero cuando vieron bajar a Lincoln con el animo decaído, tanto ellas y sus amigos de la pandilla fueron con él.
–¿Estás bien?…– le preguntó Clyde poniéndole una mano en el hombro para animarlo –Lamento que no dejaran venir a Ronnie Anne; pero tranquilo, no pasa nada, ya tendrás otras oportunidades–
–No es eso– respondió con mayor desanimo y apartándose de su lado –Yo… no quiero hablar de eso–
Lejos de lograr que lo dejaran tranquilo, la negativa de Lincoln preocupó más a sus hermanas y amigos. Ante su insistencia, Lori accedió a contarles un breve resumen de lo sucedido para disgusto del peliblanco.
–Ouh, eso fue muy lindo– dijo Leni dándole un abrazo y un beso a su hermanito.
–Pero muy tonto– reiteró Lola.
–Si, hermano– la apoyó Luna –¿Cómo pudiste ser tan ingenuo?–
–¡YA SÉ! ¡Ya lo sé! ¡Ya me lo dijeron muchas veces! ¡No necesito que ustedes también lo hagan!–
Lincoln sólo quería que lo dejaran tranquilo. Sin embargo su pequeño estallido molestó a sus amigos y hermanas.
–Viejo…– empezó a decir Zach.
–Ya sé…– se disculpó, sintiéndose mal por lo ocurrido.
–Sólo dime, por favor, que sólo dejaste que se llevara las latas y no le diste el dinero que hemos estado recaudando– rogó Stella bastante nerviosa, haciendo que los chicos se pusieran igual al imaginarse algo así.
–¡Claro que no!– contestó Lincoln, indignado de que pensaran que hubiera echo una imprudencia de semejante magnitud –¡El sobre con todo el dinero está seguro en mi mochila, como siempre!–
Dijo esto fuerte y claro para asegurarles que todo estaba bien. Sin embargo no se dio cuenta que al hacerlo acababa de abrir una caja de Pandora, pues alguien más lo había escuchado todo desde su escondite en unos arbustos cercanos.
—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—
De regresó en su habitación, Lincoln se echó en su cama bocabajo y se quedó mucho tiempo así.
Cuando estaba a punto de quedarse dormido, sus padres ingresaron a la habitación para hablar con él.
–¿Estas bien, cariño?– preguntó su madre sentándose en su cama y acariciando gentilmente su cabello.
–Si, mamá– contestó con desgano.
En realidad se sentía bastante mal, y no era por no haber podido invitar a Ronnie Anne como quería. Recordar todos los regaños y criticas que le hicieron, la forma en que lo miraron, el haber quedado como un tonto que se había dejado engañar, todo eso le hizo sentir que lo había echado a perder en grande.
–Oye, ¿quieres ir al centro comercial?– sugirió Rita en un tono muy dulce y tierno, al recordar lo lindo que era llevar a todos sus hijos en esas fechas y ver sus caras llenas de ilusión, incluyendo Lisa que esperaba Santa le trajera algo especial –Necesitamos comprar unas ultimas cosas y, además, estoy segura que a tus hermanitas les gustara ir a ver a Santa Claus. ¿No quieres ir a verlo tú también y pedirle tu regalo en persona?–
Pero Lincoln ya no lo veía del mismo modo. A diferencia de sus hermanas, a él no le gustaba tanto el centro comercial. Además ya se sentía grande para eso de visitar a Santa a sabiendas que era un tipo disfrazado con una barba postiza y almohadones bajo el traje para verse más gordo.
–Gracias, mamá; pero no estoy de humor. Mejor me quedó en casa a descansar para, ya sabes, estar más fresco en la inauguración de esta noche–
Aun ante la cara decepcionada de su madre, decidió no echarse para atrás en su decisión.
–Hijo– habló su padre entonces –¿crees poder hacerme un pequeño favor? Yo me iba a quedar para sacar el pavo del horno pero, ya que vas a estar aquí, ¿podrías hacerlo tú? Así yo podría ir a ayudar a tu mamá con las compras y aprovecho para buscar unos ingredientes que necesito–
–Si, claro– dijo sin prestar mucha atención.
Así, el señor Lynn comenzó con un largo listado de instrucciones que le dejó anotado en un papel para asegurarse que la cena saliera perfecta.
–Una ultima cosa– pidió su madre –¿Puedes sacar los regalos de navidad y ponerlos bajo el árbol?–
Esto tomó por sorpresa a Lincoln. Su madre nunca les había revelado el escondite secreto de los regalos y él sería el primero en saberlo.
–Te diré mi escondite secreto, pero no se lo digas a nadie y tampoco espíes el tuyo. ¿De acuerdo?–
Rita comentó esto deliberadamente, con la idea de que su hijo no aguantara la tentación y echara un vistazo de todos modos. Esperaba con ello subirle un poco el animo. Sin darle tiempo a responder, se inclinó a susurrarle la ubicación al oído antes de retirarse.
En cuanto se quedó a solas, Lincoln corrió a revisar. En efecto, estaban todos ahí, un montón de paquetes envueltos en papel y adornados con listones de colores vistosos. El del papel anaranjado con listón blanco tenía prendida una tarjeta con su nombre. Las demás, asumió, estaban dedicadas a sus hermanas.
–Vamos, será sólo un vistazo– se dijo entre risillas. La caja del suyo parecía ser la de una nueva y flamante consola de juegos portátil –y he sido un buen chico, me lo merezco. ¿Después de todo lo que he hecho que tanto daño hará echar un pequeño vistazo?… ¿Después de todo lo que he hecho?–
Un fuerte sentimiento de culpa lo golpeó. Recordar de nuevo como echo todo a perder en casa de Ronnie Anne le hizo sentir que no se lo merecía, menos considerando que su madre le confió su escondite secreto y lo primero que hizo fue querer aprovecharse.
Así que sólo sacó los paquetes. El ultimo de ellos era un tanque cilíndrico adornado con un listón amarillo y una tarjeta de navidad prendida a un lado. Si no fuera por estos detalles se lo hubiera dejado en el escondite al no identificarlo como otro regalo más. Sin fijarse en este o en cualquiera de los otros paquetes, los distribuyó al azar bajo el árbol decorado y nada más.
Después de eso vio la hora en el reloj de su teléfono. Aun faltaba un rato antes de tener que sacar el pavo del horno, por lo que volvió a acostarse en su cama. Al menos tendrían una buena cena de navidad. Podía oler desde su cuarto un aroma delicioso y cálido. Realmente ayudaba a calmarlo. Comenzó a fantasear con eso. Tal vez el día no comenzó muy bien pero dentro de poco comerían todos juntos, irían a la gran inauguración y a la mañana siguiente abrirían sus obsequios. Si, a pesar de todo pasaría una buena navidad con su familia.
Con esta idea en mente, bostezó y cerró sus ojos para seguir en sus fantasías y ensoñaciones.
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Lincoln no sabía que tanto había dormido, pero sintió que había sido bastante y muy probablemente hubiera seguido así de no ser por ese horrible olor a quemado.
Salió inmediatamente de su cuarto a seguir el rastro de humo negro que invadía su casa hasta la cocina, que fue de donde lo vio emerger de entre las rendijas del horno.
–¡Oh, rayos!–
Desesperado, Lincoln se abrió paso entre la cortina de humo e intentó abrir el horno cuanto antes. Al instante retiró la mano y dejó escapar un grito de dolor, dado que hasta la manija estaba caliente al tacto.
Intentó entonces hacer lo que en un principio no hizo en su desesperación: ponerse los guantes de cocina. La situación no mejoró del todo al sacar la bandeja con el ave envuelta en llamas. Por lo que a toda prisa salió a la sala en busca de algo con que apagar el fuego.
–¡Oh, rayos! ¡¿Qué hago?! ¡¿Qué hago?! ¡¿Qué hago?! ¡¿Qué hago?!…–
De pronto, ¡que suerte!, entre los regalos había un extintor de incendios, el tanque cilíndrico con el listón amarillo. En esas se preguntó quien en su familia habría pedido eso para navidad… Pero, bah, ¡¿qué importaba?! Sin perder más tiempo regresó con él a la cocina, apuntó la boquilla al pavo incendiándose y apretó el gatillo a fondo.
La situación siguió empeorando antes de mejorar. Varias serpientes de papel y puñados de confeti salieron disparados de la boquilla y, al entrar en contacto con las llamas, montones de chispas candentes rebotaron en diferentes direcciones. Una por poco lo alcanza, de no ser porque consiguió agacharse y evadirla a tiempo.
Fue así que la chispa atravesó el umbral que daba al comedor y aterrizó sobre la alfombra. Entonces, una nueva flama roja y candente se alzó en medio del comedor y se extendió hasta la sala donde tocó una de las ramas bajas del verde árbol que se tornó rojo. Ahora, en lugar de un árbol de navidad, parecía una gigantesca antorcha que desprendía luces de colores variados. En sólo cuestión de segundos el fuego alcanzó los regalos y estos también estallaron en llamas.
En panico, Lincoln examinó la tarjeta de regalo que iba dedicada a Luan de parte de mamá y papá. Luego giró el tanque para leer con claridad lo que rezaba la etiqueta con el logo del Imperio de bromas de Fanny. Decía en letras grandes:
–"Extintor de broma"… ¡LUAN!–
–¡LOUD! ¡Por el amor de Dios, Loud!–
En eso vio al señor Quejón golpeando exasperadamente la ventana de la sala. Su vecino había llamado a los bomberos tan pronto vio salir el humo de la casa de al lado. Luego decidió esperar a que llegaran, hasta que escuchó el primer grito de Lincoln. Si bien en un principio no pensó en hacer nada al creer que la casa estaba vacía, si había alguien dentro eso cambiaba todo.
El anciano envolvió su mano con su abrigó y abrió la ventana de un puñetazo, para así poder entrar e ir hacia Lincoln. Saltando por entre las llamas llegó a él, lo haló del brazo y trató de guiarlo hasta la puerta. El chico, aun aturdido por lo que estaba pasando, no estaba cooperando mucho.
–¡El extintor!– reaccionó de pronto –¡Tengo que buscar el extintor de verdad!–
–¡¿Estás loco?!– replicó el viejo mientras lo sacaba a fuerza al porche– ¡Deja que los bomberos se encarguen!–
Pero el chico se seguía resistiendo a escucharlo… Hasta que, en medio del forcejeo, el señor Quejón pisó mal el primer escalón del porche, perdió el equilibrio y se fue de espaldas, voló por encima de los otros escalones de madera y aterrizó violentamente sobre el camino encementado. A esto siguió el crujir de algo frágil al romperse: ¡CRAC! Lo que bastó para que Lincoln desistiera en sus intentos y se concentrara en ayudar a su vecino.
–¡Señor Quejón! ¡¿Se encuentra bien?!–
–No… – se aquejó el anciano –Esto duele más de lo que parece–
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A la hora que regresaron de sus compras, los Loud hallaron el camión de bomberos aparcado frente a su casa, junto a una ambulancia en la que se estaban llevando al señor Quejón en camilla.
Luego que estacionarán la van atrás del camión de bomberos, los padres y hermanas de Lincoln bajaron corriendo y se aproximaron a la casa Loud a averiguar que había sucedido.
Los bomberos, entonces, les contaron lo ocurrido, enfatizando que habían corrido con mucha suerte de que lograran apagar el fuego antes que este se extendiera y consumiera la casa en su totalidad. Por desgracia, buena parte de lo que abarcaba el primer piso, la sala, el comedor y la cocina, entre todo esto contando el adornado, la cena navideña y los obsequios, todo eso se había perdido.
El drama no se hizo esperar, comenzando por el mismo señor Loud quien, al contemplar el ave chamuscada en la bandeja, se soltó en llanto.
–¡El pavo! ¡Mi obra maestra!…–
Luego le siguió su esposa, quien se echó a llorar desconsoladamente al encontrarse con un árbol negro, marchito y con las ramas secas.
–¡Mi árbol!…–
Así mismo, sus hijas quedaron devastadas ante el deprimente panorama. La muñeca Malibu de Lola ahora parecía un cadáver calcinado en su ataúd; la nueva caja de herramientas de Lana pasó a ser chatarra inservible; la edición especial de compilado de cuentos de Lovecraft para Lucy reducido a cenizas. Todos sus obsequios que habían anhelado con tanta ilusión durante todo el año completamente destruidos.
–¡No!–
–¡Nuestros obsequios!–
Pronto, los lloriqueos dieron paso a las quejas y en consecuencia la búsqueda de con quien desahogar su frustración y echarle la culpa de todo. En este caso: Lincoln.
–¡¿COMO PUDISTE SER TAN TORPE?!–
–¡MIRA LO QUE HAS HECHO!–
–¡TODO ESTO ES TU CULPA!–
–¡LO ARRUINASTE TODO!–
Lily señaló la punta del árbol marchito.
–¿No habá Estella?–
–No, Lily– gruñó Lynn, y golpeo a Lincoln en la brazo –No habrá estrella por culpa de este tonto–
Sus hermanas le gritaron y avasallaron por un buen rato. Viéndose rodeado y sin escapatoria, el pobre se encogió y se agazapó en medio de ellas. Cuando sintió que ya no podía más, su madre les puso un alto tras advertir algo que la escandalizó.
–¡Basta todas! ¡Suficiente!–
Luego pasó a revisar la palma hinchada y enrojecida de su hijo. Hasta entonces el propio Lincoln reparó en la quemadura que se había hecho al coger la manija caliente. Lo que tenía allí era un recordatorio de todo el mal que había provocado con su descuido. Su casa por poco se quema, el señor Quejón iba camino al hospital y había dejado a su familia sin obsequios, cena y adornos con que celebrar la navidad. ¡Lo había arruinado todo!
Tan absorto estaba en su culpa, que no notó el repentino cambio de actitud de su familia. Sus hermanas ya no estaban enojadas con él. En su lugar lo miraban preocupadas. Pudiera que muchas de sus cosas se hubieran echado a perder, cierto, mas no requerían palabra para concordar que su hermano era más importante. Por lo cual todas guardaron silencio y retrocedieron.
–Hay que llevarte a que revisen esto– sentenció la señora Loud.
Su esposo asintió mostrándose de acuerdo con ella y sacó las llaves de la van.
–¿Lincoln ya no podrá ir a su inauguración?– preguntó Leni preocupada.
–La inauguración... ¡EL DINERO!–
Aterrado, el peliblanco se apartó de su madre con brusquedad y echó a correr escaleras arriba evadiendo a los bomberos en su carrera. Entró a prisa a su recamara y buscó desesperadamente su mochila. Sólo hasta que la encontró y halló el sobre intacto dentro de esta misma, se tranquilizó. Olía un poco mal por todo el humo que invadió la casa, pero no era la gran cosa.
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Horas después fue dado de alta en el hospital. La quemadura de su mano se veía mal, pero no era tan grave. Sanaría en un par de semanas. Razón por la cual decidieron acudir a la inauguración del albergue como tenían planeado. Esperaban al menos que un momento agradable como ese pudiera levantarles un poco el animo.
Al llegar, Lincoln se encontró con los chicos de la pandilla quienes, si bien al inicio lo recibieron muy felices, rápidamente notaron que algo estaba mal, muy mal. Su preciado amigo intentó sonreír en vano y decirles que todo estaba bien. Pero nunca había sido un buen mentiroso. Ante sus constantes insistencias, finalmente se derrumbó y acabó por contarles todo.
–Ouh, Linc– Stella lo abrazó esperando que con eso se sintiera mejor.
–Ehm… ¿Por qué no vienen a cenar a mi casa?– sugirió Clyde con la buena intención de apoyar a su amigo –Estoy seguro que mis padres pueden ingeniárselas para que alcance para todos–
–En mi casa siempre sobra mucha comida– mencionó Liam –¿Quieren algo de nuestro pan de maíz? Mi tía siempre nos envía suficiente para un mes–
–Si, hermano, lo que necesites– dijo Rusty dándole una amistosa palmada en la espalda.
–Somos amigos. Todo en lo que podamos ayudar– concluyó Zach.
–Gracias, chicos, pero… ¡No tiene caso! Lo arruiné todo y no puedo arreglarlo–
–Vamos– insistió Clyde –todo en esta vida tiene solución–
–No es verdad. Reponer todo lo que se perdió costaría una fortuna–
Aun con todo, aquel fue un lindo momento con sus amigos. Al menos ellos lo apoyaban.
–¡Oh, miren a quienes tenemos aquí!– los saludó contenta la alcaldesa Davis cuando acudió a recibirlos –¡Nuestros invitados de Honor! Síganme–
Ellos fueron quienes iniciaron la colecta, y cuando esta fue creciendo y creciendo todos se emocionaron más y más. Tanto que la inauguración iba a ser televisada a nivel estatal y ellos, claro, iban a ser las grandes estrellas del momento.
–Pueden dejar aquí sus cosas y prepararse para cuando comencemos con la ceremonia de inauguración– indicó la alcaldesa una vez los guio a un área situada junto al escenario custodiada por un guardia de seguridad. La zona contaba con media docena de sillas y dos mesas. Aunque era pequeña, se veía muy cómoda.
–Muchas gracias, alcaldesa– dijo Clyde de forma educada.
–Bien, a trabajar– le siguió Rusty, quien saco una video cámara de su mochila, comenzando a gravar todo para el noticiero escolar.
–¿Qué haces?– le preguntó en tono cordial la alcaldesa.
–Es nuestro trabajo, ¿no?– se ocupó Stella de responder a su pregunta –Somos el equipo de "Noticias en acción"–
–Oh, eso no es necesario– sonrió la alcaldesa –La televisora ya esta filmando todo. No, tranquilos, ustedes ya hicieron mucho. Por ahora sólo pónganse cómodos, descansen o, si quieren, pueden ir por unos bocadillos–
Terminado de mencionar esto ultimo señaló una larga mesa en otra área, en la que tenían servidos montones de sandwiches, cajas con rosquillas, panecillos, bolsas de frituras, latas de soda y jugos de fruta en caja de diferentes sabores, entre muchas otras cosas.
Rusty, al ver eso, dejó la cámara en una mesa, casi lanzándola al estar tan apresurado, mientras se frotaba las manos con entusiasmo.
–¡Que bien! ¡Comida!–
–¡Hey, ten más cuidado con eso!– lo reprendió Liam al ir tras él en compañía de los demás miembros del equipo.
–¡Si, esa cámara es propiedad de la escuela!– le siguió Zach.
Con lo que su área de descanso con sus cosas quedó vacía. Segura bajo el cuidado del guardia de seguridad, o al menos eso pensaban…
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Verán, sucede que no todos los niños tienen un corazón tan noble. Algunos pueden ser bastante crueles. Tanto así que su nombre esta escrito y subrayado con tinta permanente en la lista de los niños malos de Santa; y ese era el caso de, quien sino, Chandler McCann.
Mientras que Lincoln y sus amigos trabajaron duro por sacar adelante su pequeña obra de beneficencia, este niño malcriado se la pasó burlándose de ellos en cada oportunidad.
–¿Por qué te importan tanto los vagabundos, Clyde? ¿Te preocupa tu futuro?–
–Uf, se nota que haz trabajado muy duro en eso. ¿Cierto, Liam? Creo que hasta se te pegó algo de la peste de los vagabundos… Ah, no, espera, esa es tu peste de establo de siempre–
–Te agradan los locos de la calle. ¿No es así, Zach? Creo que suenas casi tan loco como ellos. Casi–
–¿te gusta el comedor de beneficencia Stella? Era el restaurante favorita de tu familia cuando llegaron a nuestro país ¿verdad?—
–Vaya que has reunido mucha comida para el comedor de beneficencia, ¿eh?, Lincoln-lelo. ¿O es acaso para tu cena de navidad?–
Y esos fueron sólo algunos de los insultos más leves. Sin embargo, conforme pasaban los días, y cada vez se iba colectando más dinero, ropa, comida y demás, y todo se volvía más grande e importante, el grupo de amigos iba consiguiendo más y más admiración y respeto por lo que hacían. Por otro lado, las bromas del insufrible pelirrojo no eran festejadas por nadie. Todo lo contrario. Más veces eran las que era callado y abucheado cuando intentaba burlarse de ellos.
Un mejor chico hubiese entendido que lo que estaba haciendo no estaba bien, y tarde o temprano se habría disculpado. Mas no fue ese el caso de Chandler, cuyo enojo fue incrementando al sentir que lo estaban haciendo a un lado. En particular contra Lincoln que fue quien lo comenzó todo. Y para la desgracia del joven Loud, McCann había maquinado su propio plan cuando lo escuchó confesar que guardaba todo el dinero en su mochila.
Con toda confianza se encaminó hasta el área donde el equipo de "Noticias en acción" se habían dejado sus cosas. En su camino fue interceptado por el guardia de seguridad. Aunque ese no iba a representar un mayor inconveniente para él.
–¡No puedes pasar!–
–Oiga, pero soy miembro del equipo de "Noticias en acción"– mintió con descaro– Vamos, amigo, déjame entrar que ya llego tarde–
Ante la cara de desconfianza del guardia, Chandler optó por sacar su celular y mostrarle un viejo video y algunas fotos viejas del corto periodo en el que formó parte del noticiero escolar. Tristemente bastó sólo con esto para que el guardia se disculpara y lo dejara pasar.
Al llegar al área de descanso vacía sustrajo el sobre con dinero de la mochila de Lincoln. Por un momento se sintió tentado a robarlo, pero tenía contemplado algo mucho mejor.
–Si…– rió con malicia –Ahora lo vas a sufrir, "Lincoln-lelo"…–
—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—
Pasó un buen rato en que la pandilla paseó por todo el lugar sin rumbo fijo, durante el cual los amigos de Lincoln siguieron tratando de subirle los ánimos.
Fue entonces que comenzaron a llamar a todos para la gran inauguración y el grupo de niños tuvo que prepararse para subir al escenario. Cuando todo estuvo listo, la alcaldesa dio inicio al evento con un discurso muy conmovedor, aunque algo cursi, sobre el lindo y noble acto que habían comenzado unos niños, lo importante que fue eso y como ellos servían de ejemplo a toda la comunidad. Acto seguido los invitó a pasar con una gran ovación de pie.
Un poco más animado, Lincoln sacó el sobre de su mochila, la dejó a un lado e invitó a sus amigos a que entraran con él en escena para entregar el dinero todos juntos. Sin embargo estos no se movieron. Simplemente le hicieron una seña indicándole que saliera él solo y entre los cinco comenzaron a aclamarlo.
–¡Lincoln! ¡Lincoln! ¡Lincoln! ¡Lincoln!…–
Pronto entendió lo que estaban haciendo sus amigos, le estaban cediendo todo el crédito para animarlo después de todo lo que le paso ese día. Entendió que hacían esto para hacerlo sentir mejor, como un ganador.
Conmovido, Lincoln los abrazo a todos, en agradecimiento por este noble gesto para con él. Luego cogió el sobre y avanzó hacia la alcaldesa que esperaba recibirlo para de ahí cortar el listón. Esperó ansioso a ver las caras de todos cuando vieran la cantidad que habían logrado reunir. No obstante, tan pronto la alcaldesa abrió el sobre, la expresión que mostró fue muy distinta a la esperada.
–¿Es esto una broma?– inquirió frunciendo el ceño. Acto seguido le pasó un fajo de billetes falsos. Se trataban sólo de unos recortes irregulares de papel periódico pintados a mano con acuarela verde y mal dibujados con crayón negro para simular un dólar. Algo digno de un niño de 7 años.
–¡¿Qué?!–
A Lincoln casi le da un ataque al ver eso. Tomó el sobre y lo abrió como si esperase que de alguna manera el dinero real pudiera estar escondido adentro.
Así, todo mundo empezó a entrar en pánico sin entender que había sucedido; y entre toda la confusión que hubo alguien de entre el publico arrojó una pelota hacia el área de descanso y fue a dar contra la mochila de Lincoln, la cual cayó de su mesa con el lado de uno de sus bolsillos abiertos para adelante. En breve, el dinero perdido se dispersó por el suelo de la tarima y quedó expuesto ante la muchedumbre.
–¡ESE NIÑO TUVO EL DINERO TODO EL TIEMPO!– gritó el que había arrojado la pelota.
Quién no, el mismísimo Chandler que lanzó su acusación en alto mediante una voz falsa de hombre adulto, pero procurando mantenerse bien oculto bajo las tribunas para no ser visto. Sus palabras hicieron que las demás personas fijaran su vista en el peliblanco y empezaran a murmurar entre ellos. De ahí corrió hasta el otro lado de las tribunas y simuló una voz de mujer para lanzar otra acusación.
–¡TENÍA EL DINERO ESCONDIDO! ¡SE LO QUERÍA ROBAR!–
Luego corrió hasta la parte de en medio de las tribunas y gritó usando un falso acento campirano.
–¡CREO QUE SE BURLÓ DE TODOS NOSOTROS!–
Después fue al extremo del que partió e hizo lo mismo con una voz ronca y profunda para sonar como un anciano.
–¡MIREN, TODOS, ESE NIÑO ES UN LADRÓN!–
Su plan no tardó mucho en surtir efecto. Dentro de poco la gente empezó a abuchear furiosamente a Lincoln, quien no sabía cómo explicarse.
Finalmente, dos oficiales de policía subieron al escenario. Uno de ellos se le aproximó con mala cara.
–Creo que tienes que venir con nosotros, jovencito–
El chico estaba aterrorizado como nunca en su vida. Por suerte, alguien más se plantó ante los oficiales para sacar la cara por él. Era el padre Tom, el hombre a cargo del albergue.
–¡Esperen un momento! ¡Este niño no es capaz de algo así! Él fue quien reunió el dinero para el albergue y vino por semanas para ayudar en todo lo que podía. Limpió los pisos, repintó las paredes, trabajó hasta sudar, siendo muchos días el primero en llegar y el ultimo en irse. ¡Él nunca haría algo así!–
Las firmes palabras del párroco sirvieron para aplacar de momento la furia del publico, aunque no dejaban de sospechar del pobre Lincoln.
–¿Entonces quien pudo ser?– indagó la alcaldesa –¿Alguien más entró a su espacio?–
–No, señora– contestó el guardia de seguridad –Sólo los chicos del equipo de "Noticias en acción"–
Lo que aumentó las sospechas de los demás presentes.
–Vamos, él es un buen niño– siguió insistiendo el padre Tom –Nunca haría algo así. Además es un niño de buena familia, no es como que necesitara tanto dinero–
Sin embargo, las palabras bien intencionadas del párroco causaron que los amigos de Lincoln se encogieran haciendo un sonoro gesto de incomodidad; mismo que no pasó desapercibido para los testigos. Entre ellos el oficial que les lanzó una mirada amenazante.
–¡Más vale que digan lo que saben y que digan la verdad! ¡Sólo la verdad y nada más que la verdad!–
–¡LINCOLN SI NECESITABA EL DINERO! –gritó Clyde, derrotado por su fuerte instinto de honestidad que le hacía doler el estómago siempre que sentía que estaba mintiendo u ocultando algo.
–¡¿Qué?!– Lincoln se sobresaltó con ello –¡¿Ustedes creen que lo hice?!–
–¡No!– aclaró Stella en primer lugar.
–¡Claro que no!– secundó Liam.
–¡Confiamos en ti!– dijo Rusty, incomodo por tener que mencionar lo siguiente –Pero….–
–Bueno, tú dijiste que necesitabas mucho dinero– acabó de decir Zach con la misma incomodidad.
–Para reponer las cosas en tu casa que se echaron a perder en el incendio– concretó Clyde avergonzado.
El oír eso hizo sentir a Lincoln que su corazón se rompía en un millar de pedazos.
–¡Aja! ¡Ahora tenemos motivo, medio y oportunidad!– sentenció el policía, quien sin demora lo agarró del brazo y lo condujo hasta la patrulla.
Sus amigos corrieron inmediatamente a rodearlos y abogar a su favor, repitiéndole las veces necesarias lo buen chico que era su amigo y que nunca sería capaz de algo semejante. Sin embargo el oficial hacia oídos sordos a todo lo que le decían, pero claramente molesto con su actitud.
–¡Cállense!– gritó amenazante –¡Tienen suerte que no me los lleve también como posibles cómplices!–
Igual, que los amigos de Lincoln siguieron tratando de defenderlo a pesar de las amenazas del oficial. Pero esto hizo que la gente empezara a abuchearlos también y acusarlos de ladrones.
–¡Basta, chicos!– gritó entonces –¡Déjenlo así!
Tras conseguir que sus amigos no se involucraran más en el asunto para no meterlos en problemas, cuanto menos, los policías lo subieron a la parte de atrás de la patrulla y se lo llevaron a la estación.
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N/A: Oh párese que nuestro pobre niño se a metido en un gran problema
Pero bueno eso es todo por hoy, pero es solo el comienzo de este especial
así que díganme...
¿que opinan?
¿creen que Lincoln pueda salir de esta?
¿se podrá arreglar todo?
¿Lincoln hizo bien al dejar que se llevaran la comida?
y como siempre la pregunta más importante ¿les gusto el capitulo?
oh y si se preguntan por que para este use a Lincoln y no a Linka como siempre...
aaaaaaaaaah la idea original fue del bueno de Starcofantasma y para cuando se me ocurrio hacerlo mejor con Linka ya estabamos muy avanzados para cambiarlo...
pero bueno espero que todos disfruten este nuevo especial, y sobre todo que tengan una feliz navidad.
