Aquí esta! El segundo capitulo de esta trilogía.

Si, al parecer la historia se extendió más de lo que tenia planeado, lo que es bueno para ustedes. En fin, disfrútenlo.


Justo cuando el misterio se resolvió, el chirrido de la llave de la ducha hizo eco por el lugar y llegó a los oídos de Mai.

Agua fría recorrió sus venas "Diablos!" solo era cuestión de tiempo para que Reo salga del baño y descubra que entró en su habitación. Minimizo todas las ventanas, salto de la cama y, mandando toda cautela por la borda, escapó a toda velocidad de ahí. Mai se recostó contra la pared, el corazón corriendo a mil kilómetros por hora.

"Mai" llamó una voz.

"Ah!" la chica torno su mirada hacia esta.

Reo salió del baño, su larga y ondulada melena brillaba más de lo normal, intercambio su vestido por unos shorts verde de tela que combinaban con sus ojos y una camiseta amarilla con un patito de goma en el medio "Estás lista?"

"Y-Yo…" Mai titubeo, como suponía ver a su novia del mismo modo después de tal hallazgo? Tenia que guardar la calma y no levantar sospechas "V-Voy a darme una ducha rápida y saldremos de acuerdo?"

La pequeña bajo los hombros "Como sea, solo no tardes tant-"

"Muy bien! Muchas gracias, con tu permiso!" Mai tomó su mochila y empujó a su novia del camino.

"Oye tonta! Fíjate en lo que haces!" las palabras de su novia se volvieron distantes a la vez que corrió de la escena y se encerró en el baño.

Mai se recargo contra esta. El hecho que si necesitaba una ducha le sirvió para escabullirse. Nunca pensó que por una vez su curiosidad le jugaría en contra. Su prioridad ahora era excavar una salida de esa avalancha de información. Quizás una ducha caliente era lo que necesitaba para desenredar ese nudo dentro de su cabeza. Se desvistió por completo, abrió la llave y entró. Mai suspiro, la cálida agua bañaba su cuerpo y corría por cada centímetro de su piel, relajando sus músculos. En ese momento, su mente se aclaró.

Reo tiene una fascinación por cierta parte de su cuerpo…

Y que?

No era nada extraño, ni desagradable, perfectamente normal en una chica explorando su sexualidad. Si Reo era feliz con eso y no dañaba a nadie, como buena novia no podía imponer límites a su felicidad. De hecho, que Reo encontrará algo que la hiciera feliz, la hacía feliz a ella al ser sincera consigo misma. Tomando el jabón y formando espuma, pasó sus manos por su figura, recorriendo sus esbeltos brazos, esparciendolo por sus grandes senos, su vientre plano, sus largas y bien formadas piernas, su…

Paro por un segundo, no era algo que alguna vez llegaría a debatir con sí misma pero, de verdad tenía unas posaderas suficientemente buenas para que Reo desarrollara una atracción hacía ellas? Llevó sus manos a sus propias nalgas. De arriba a abajo, rozo sus palmas y dedos sobre estas, deslizándose sobre su amplio contorno. Presionó sus manos hacia abajo, experimentandolas de primera mano, un leve choque de placer recorrió su espina mientras su culo se moldeaba bajo sus manos. Miro por su hombro y apretó sus dedos sobre un cachete, hundiendose en la superficie casi instantáneamente. Gimió para sus interiores. Estaba explorandose a sí misma o manoseandose suciamente por simple morbo?

Quizás Mai no le prestaba mucha atención pero debía admitirlo: tenía un culo bastante suculento. Yuuna y Eris le habían dado cumplidos por este hecho las veces que compartían vestuarios, en ese momento lo tomo como simples chistes entre amigas, pero ahora tenían toda la razón. No solo era gordo, pero a la vez firme, no solo firme pero también esponjoso. Meneó sus caderas un poco, sus nalgas se tambaleaban energéticamente como las de las chicas en esos videos. Mai dio una risita, además de esponjoso, también lleno de vigor. La pelinegro sonrió pícaramente. Esto abría un nuevo mundo de oportunidades para juguetear con Reo.

En los días de verano, en vez de pasearse en sus bragas por el departamento podría vestir una tanga ajustada que muestre su culazo para Reo. Llevar minifaldas que le den pequeños vistazos cuando subieran escaleras o que fuera levantado por un viento traicionero. Mai cerró sus ojos y dejó que su imaginación diera rienda suelta. Reo entrando de improviso al ver que tardaba mucho en la ducha, su enojo se desvanecería el momento que la imagen del agua cayendo por su figura desnuda dominara su visión. Mai solo le mostraría una sonrisa, dejando que su cuerpo responda por ella.

Una de sus manos se escabulló hacia el sur, deslizándose por su vientre.

Se daría vuelta, lenta y sensualmente, quedando de espaldas y dándole una vista perfecta de ese par que tanto llamaba su atención. La expresión de su novia perfectamente se dibujaba en su mente a la vez que pasaba por la delgada franja de vello del mismo color que su pelo. Un vibrante color rojo se apoderaría de sus mejillas, sus orbes verdes brillando al ver como las gotas saltaban por todos lados al impactar sus gruesas y húmedas pompas, como el agua corría por la curvatura de su espalda y se deslizaba, perdiéndose, por el valle de sus nalgas.

Sus dedos rozaron su clítoris, palpitando levemente contra las puntas de estas, y dejo salir un profundo gemido. Sus fantasías tomaban control de su cuerpo al punto de no le importaba masturbarse en la ducha de Reo, aunque no sería la primera vez que lo hiciera.

Con sus manos apoyadas contra los finos azulejos de la pared, Mai le regalaría una mirada lasciva por su hombro, observando como su novia temblaba tal guijarro en un terremoto, lujuria escrita por toda su cara. Y entonces, el tiro de gracia. Daría pequeños saltos sobre sus los dedos de sus pies, su jugoso culo rebotando para el deleite de su novia. Pequeños golpes húmedos harían eco por las paredes mientras sus nalgas chocaban entre sí, esparciendo gotitas de agua por el suelo.

La pelinegro mordió su labio a la vez que dibujaba circulitos en su hinchado botón, su entrepierna mojándose con algo ajeno a la ducha. Aun si fuera una fantasía, podía escuchar el chillido de sorpresa mezclado con excitación de Reo al ver tal indecente espectáculo. Su novia no podría soportar la lasciva imagen frente ella y se abalanzaria sobre ella, y entonces-

BAM BAM BAM

"Mai! Que tanto tardas ahí!?"

Mai se sacudió, el estruendoso golpeteo de Reo sobre la puerta trayendola a la realidad, sintiendo un poco de vergüenza al dejarse llevar por el momento. Retiró su mano de su entrepierna. Una delgada capa de sus jugos cubrían sus dedos. Realmente ansiaba que Reo entrara y volveria las fantasías de ambas realidad, pero debía medir su tiempo. No podía presionarla tan rápido o despertaría sospechas. Es en ese entonces que una lamparita se prendió arriba de su cabeza(ignorando el peligro de mezclar agua con electricidad).

"En un momento, Reo!" canturreo Mai.

Apago la ducha, tomo una toalla y seco su cuerpo. Ser directa y preguntarle era, para evitar palabras más serias, arrojarse a las fauces de la bestia, y conociendo a Reo, esperar que ella le sea sincera sobre su pequeño fetiche era poco probable. Mai abrió su mochila y hurgó su interior "Debe estar por aquí" susurro para si misma "Lo tengo!"

Tomó una prenda de su interior y la sostuvo enfrente de ella. Mai rió entre dientes. Si no podía presionar o esperar a Reo, probaría con tentarla al punto que ella misma se confiese .

La puerta se abrió y reveló a su novia ya vestida con una nueva muda de ropa "Estoy lista! Disculpa la demora" anuncio Mai con una mano en el aire.

La mini-leona descansaba contra la pared, golpeando su piel contra el suelo y la mirada enfocada en otra parte "Ya era hora" respondió seca "Vámonos de una vez Mai, que quiero volver para el almuer-!?" sus palabras pisaron el freno en ese momento.

Un top de tirantes verde claro abrazaba su esbelta cintura y presionaba contra su amplio busto, pero eso no era lo importante para Reo ya que su mirada se disparó al sur. Unos shorts de compresión negros prácticamente gritaban por su atención. La prenda se extendía desde sus anchas caderas, pasando por sus bien formados muslos hasta rozar sus rodillas. La tela, si se podía llamar así, abrazaba cada contorno y curva de su piel como si fuera pintada sobre esta.

Las comisuras de Mai se sacudieron, poniendo todo su empeño en que estas no se ensancharan de oreja a oreja "Oh? Qué sucede Reo?" pregunto poniendo un tono dulce.

"Q-Que paso con los shorts que usas siempre" murmuró Reo, sus pálidas mejillas teñidas de rojo.

"Eeeeeh? Oh, esos shorts! Debí haberlos olvidado en mi casa cuando me preparaba, que tonta soy" explico Mai y sacó su lengua.

"En serio… En serio vas a ir de esa forma?"

La pelinegro levantó una ceja y sonrió coqueta "Uuh si? No veo por que no pueda?" su sonrisa creció "A no ser… que haya algo sobre estos que te molesten"

Reo gruñó y frunció el ceño "C-Claro que no! Me importa un comino como te vistas, solo te advierto que si un policía te detiene por andar así, tu y yo no nos conocemos!"

Mai suspiro y ajustó su mochila sobre su hombro "Si tu lo dices, muy bien, nos vamos?"

La pareja caminó hacia la entrada, Mai tomando la delantera. La pelinegro torció sus labios en una traviesa sonrisa "Ups, que despistada soy! Olvide de atarme las agujetas!" se detuvo frente a la puerta principal y se inclinó grácilmente hacia adelante.

Reo dio un respiro agudo.

Esa era la reacción que esperaba. Aun si estaba fuera de su visión, Reo de seguro tenía sus ojos apuntados en su carnoso culo, admirando su curvatura, amasando toda su voluntad para no lanzar sus manos y agarrar un puñado de sus nalgas. Empujó sus caderas hacía atrás, haciéndolas botar ligeramente, dándole una mejor vista.

"Ah, ya está, todo listo" Mai anunció mientras se enderezaba "Tu que dices Reo?"

Un furioso sonrojo cubría el rostro de la pequeña rubia, sus manos cerradas en unos tensos puños, uñas clavadas en sus palmas.

"Sucede algo Reo?"

Su novia quedó tiesa en el lugar, solo se mantuvo callada y sacudió la cabeza.

"De acuerdo, vámonos"

Hoy sería un día divertido.


Después de un tranquilo y corto viaje a pie, la pareja llegó al parque. El sol brillaba en lo alto, ni una nube en el cielo. Por donde miraras gente se encontraba disfrutando del plácido lugar, familias compartiendo un picnic, parejas sentadas bajo un árbol, jóvenes jugando con sus mascotas, o como Mai y Reo habian planeado, ejercitando y trotando por los senderos del lugar. Usar este sitio para sus cachondas travesuras hacía sentir a la pelinegro casi culpable…casi.

"Hasta que por fin llegamos!" suspiro Reo y se desplomó en una banqueta cercana.

Mai puso sus manos en sus caderas "Vamos Reo, no me digas que te canso el viaje hasta aquí"

"No, pero preferiría pasar el día sentada y cómoda" la rubia cerró sus ojos y se relajo en el asiento.

Mai bajo los hombros, la pereza de su novia a veces era difícil de creer. Una luz de picardía destello en sus orbes violetas, si Reo quería holgazanear, ella también haría lo mismo "Tienes razón Reo, es un día demasiado hermoso para desperdiciarlo corriendo como pollos sin cabeza"

"Hasta que por fin dices algo inteligente"

"Esta enana…" gruño la pelinegro entre dientes y respiró profundo "Te parece si me siento contigo?"

"Adelante"

Mai sonrió divertida "Con tu permiso!" sin dudarlo dos veces, se dio vuelta y cayó sobre el regazo de Reo de un senton.

"Gah!" las gemas verdes de la rubia se abrieron bruscamente.

"Ah, qué comodidad~" suspiro Mai.

"I-Idiota! Qué rayos crees que haces?"

Mai pestañeo inocentemente "Umm, sentándome?"

"Grrr! Cabeza hueca, sabes a lo que me refiero!" la rubia empujó sus brazos contra la espalda de Mai.

"No, en realidad no" dijo Mai con voz aguda, ignorando los patéticos intentos de la rubia de tirarla.

"No crees que hay suficiente banca para que me estés usando de asiento!?"

"Oh? Pero Reo es tan suave" Mai meneó sus caderas, frotando sus nalgas contra el regazo de su novia "Mmm~, y cálida tan bien"

Reo trago saliva, el rubor cubría sus mejillas por milésima vez hoy.

Mai bajo sus párpados, no podía creer que estaba haciendo esto, en pleno aire libre además frente un público presente, pero jugar con Reo de esta forma no solo le divertía sino también servía como venganza por todas las veces que su actitud la sacaba de quicio, ahora era su turno de enloquecer a Reo, pero de una forma mucho más deliciosa.

"M-Mai" susurro Reo.

"Si Reo?" la tersa y pálida piel de su novia frotaba contra la delgada tela de sus shorts, tela tan delgada que no habría mucha diferencia con estar desnuda.

"P-Podrías…"

"Podría que?" arrullo Mai presionando su cola contra el vientre de la rubia.

"Podrías quitarte, por favor?"

"Hmmm?" Mai sonrió, estaba tan cerca de que Reo cediera "Acaso te molesta algo sobre esto?"

"Y-Yo… es que tu… tu..!"

"Mi 'que', Reo?" preguntó con un dulce susurro.

Reo cerró los ojos, rostro un solo tono de rojo "Tu…!"

Mai dejó salir una risita, ya tenía esto en la bolsa.

"TU… TU ESTAS MUY PESADA!" la rubia empujó a su novia con una fuerza sobrehumana y la lanzó a lo lejos.

"AAAAAAH!" grito Mai mientras volaba por los aires.

"Maldición!" refunfuño Reo "Prefiero hacer ejercicio a que me estés usando de mueble, vamos de una vez!"

La pelinegro aterrizó sobre su trasero no muy lejos de la banqueta "Ouch..ouch…ouch!" se lamentó Mai, agradeciendo que contaba con un parachoques natural.

Reo se acercó a ella "No sé cual es tu problema hoy, pero solo levántate y comencemos!"

Mai frunció el ceño y sobó su adolorida retaguardia, tan cerca y a la vez tan lejos pero jamás derrotada.

Poco después de una sesión de calentamiento, y otra más de tentar a Reo, la pareja comenzó con su ejercicio.

"Muy bien Reo, hoy daremos diez vueltas por el parque, pasando por el sendero que da la entrada hasta el de la salida" explicó Mai mientras terminaba de estirar sus piernas.

"Ah! Díez!? Quieres matarme o algo!?"

"Por favor Reo no exageres, veras que lo terminaremos en menos de lo que piensas" aseguro Mai. Reo no contestó y en vez dio un suspiro. "Qué te parece esto? Después de correr vamos por un helado?"

Los ojos de Reo brillaron el segundo que la palabra 'helado' llegó a sus oídos "De veras!?"

"Claro, considéralo como un premio"

"Hmph, supongo que diez vueltas no es mucho después de todo" dijo Reo y ató su larga melena en una coleta.

Dejando sus bolsas sobre la banqueta donde se sentaron, la pareja comenzó con su trote. Ambas recorrieron los lados del parque, pasando por multitudes de gente. Reo jadeaba y sudaba como si estuviera en una maratón, el mecer de sus brazos mientras se movía era casi bizarro, por su parte Mai llevaba un buen ritmo pero prefirió contenerse y mantenerse a la par de su novia. La pelinegro pensó, cómo sacarle provecho a esto y juguetear con su mini-leona, es ahí cuando un rayo de ingenio iluminó su mente. Mai esbozo una sonrisa y poco a poco acelero su paso, quedando delante de su novia.

"Mai… Ah! Espera que yo… no puedo ir tan rápido!" se quejó Reo entre jadeos.

"Descuida Reo, no me iré muy lejos, solo pensé en hacer las cosas un poco más… interesantes" rió entre dientes.

"A qué… te refieres boba?"

"Digamos si alcanzas mi ritmo, habrá una 'recompensa' más para ti además del helado"

"Cabeza hueca… estoy ya es una tortura para mi y tu quieres que…!?" la mirada de Reo hizo una pequeña desviación, fue un segundo, pero en ese segundo que enfocó su atención en algo más, algo dentro de ella despertó.

El energético rebote en los pasos de Mai no era lo único que era constante en su trote. Cada firme paso que la pelinegro daba, era otro suave sacudón de sus orbes posteriores bajo el short, brillando como codiciado trofeo bajo la radiante luz del sol. Sus jugosas nalgas parecían burlarse de ellas con su apetitoso meneo, no importaba lo mucho que corría, estas solo se alejaban de su alcance.

"Que dices Reo, te interesa saber que es?"

Reo suspiro, su mirada enganchada en su cola, y apresuró su paso. Las palabras sobraban para la rubia.

"Sabía que aceptarías" murmuró Mai, el reto comenzó.

Con el paso de los minutos, las chicas entraron en una rutina. Reo, a pesar de su delgada figura, aumentaría su ritmo con la mirada fija en el 'premio' que su mente le aseguro que recibiría mientras que Mai le contestaría al incrementar el suyo, confiando en su superior condición física dándole la ventaja, al escuchar como los pasos se volvían más cercanos. Sentirse tan deseada por su novia, en especial de una chica tan retraída con sus sentimientos como Reo, no tenía comparación. La intensa mirada de Reo era como pequeñas caricias sobre sus nalgas, una ligera picazón crecía en su entrepierna, los asuntos inconclusos en la ducha volvían para molestarla.

"Mai…" gruño Reo con voz ronca.

"Qué pasa Reo?" la joven dio un vistazo hacia atrás "Acaso no quieres saber cual es la recompensa?" respondió con tono burlón.

"Grrr!" la pequeña rubia gruñó entre dientes y, una vez más, aceleró su paso.

Dos cosas pasaron por la cabeza de Mai en ese momento. La primera, debería sentirse culpable por explotar el interés oculto de su novia para su diversión? Y la segunda, acaso su mirada la engañaba o las lagunas verdes de los ojos de Reo por un momento se habían vuelto rubíes furiosos?

Y continuaron así. Reo incrementó su ritmo solo para que Mai le copiara. Las diez vueltas planeadas quedaron en el olvido, si alguien estuviera tomando contando a este punto se aproximaban por la quinceava. Una gota gorda de sudor se escurrio por una ceja de Mai, sus rutinas jamás se habían acercado al nivel que ejercía ahora, y si ella lidiaba con esto no quería pensar en Reo, la mini-leona se ha de estar sobreexigiendo más allá de su límite, quién sabe si su corazón no reventaría de la presión, divertirse estaba bien pero no al coste de la salud de su novia.

"Reo… creo que esto es… suficiente… que tal si ya vamos por el helad-!" jadeo Mai y miró por su hombro, su corazón frenó en ese momento.

Sus inocentes gemas verdes, reemplazadas por un furioso carmesí que dominaba toda el área de sus ojos. Su boca abierta y jadeando salvajemente. Saliva corría por sus comisuras y labio inferior, no había una chica frente a ella, sino un suculento pedazo de carne listo para ser devorado. Y sus bipedos pasos que cualquier humano desarrollado compartiría? Descartados. La rubia galopaba en sus manos y pies tan naturalmente como si hubiera rechazado su humanidad. Reo, la mini-leona, honraba su nombre.

"Mai… Mai… Mai! MAI!" repetía Reo entre alientos.

La susodicha volteo la cabeza, se enfocó en el camino y aceleró lo más rápido que su cuerpo le era capaz y un poco más.

Al demonio con la seguridad de Reo, la de ella corría aún más peligro. Un sentimiento en el fondo de su cabeza le decía que si Reo la alcanzaba, no tendría piedad alguna. Reo se abalanzaría sobre ella, completamente a su merced, y con un solo zarpazo su ropa se vería reducida a inútiles retazos, desnudándola a los ojos de todos a su alrededor. Su humillación no terminaría ahí, Reo la daría vuelta sobre su pecho y le levantaría sus anchas caderas en alto, el sol resplandeciendo sobre su piel descubierta, y como victoriosa cazadora frente un montón de atemorizados animales que yacían un peldaño abajo en la cadena alimenticia, se dedicaría a divertirse con su jugoso culo por horas.

Mai sacudió su cabeza, no era momento de tener pensamientos cachondos sino de cómo salir de este embrollo antes de que se volvieran realidad. No podía contar con la ayuda de alguien del parque, después de todo quien en su sana mente intervendría en la cacería de una bestia salvaje ósea Reo. Solo tenía un camino y una dirección que tomar, pero cuánto más resistirá era la pregunta. Los frenéticos galopes de Reo se volvían más fuertes, por cada uno de sus pasos, Mai tendría que compensarlos con tres más de los suyos.

Su corazón latía furiosamente, sus músculos ardían como si estuviera siendo golpeada por carbón ardiente. Era una lucha en vano, lo que sea que haya poseído Reo, era mucho más de lo que Mai podía combatir.

"Mai!" grito Reo y dio un salvaje brinco hacia adelante.

"Mier…coles!" los segundos eran preciados en ese instante que Reo se lanzó hacia ella, debía ingeniarse algo, cualquier cosa. Juntando las últimas de sus fuerzas, la pelinegro salto a un lado del sendero en un desesperado intento de escapar. Aterrizando sobre el corto césped, Mai cerró los ojos y espero lo peor.

CLANG

El sonido metálico se extendió por los alrededores. Mai esperó la pequeña figura de su novia sobre ella pero nada llegó. Espio por un ojo. Ningún rastro de su novia. Acaso todo eso fue un acto? O quizás Reo no se dio cuenta de su maniobra y seguía corriendo por el parque en busca de su presa?

"Ay no…"

Tanto Mai como varias otras personas presenciaron como la mini-leona yacía con su cara y cuerpo estrellado contra un poste de luz al lado del sendero.

"Maiiiiii…" lloriqueo Reo y se desplomó en el suelo.


Algún día sabre como terminar capítulos? Solo el tiempo lo dirá.

Manténganse atentos para la (sukulenta) conclusion muy pronto!