Un milagro inesperado

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Hola a todos otra vez! Aquí estamos de regreso con la segunda parte de este especial de navidad.

Si quieren saber que hará nuestro peliblanco protagonista ahora que está con el agua hasta el cuello… O si la intervención de un milagro navideño lo salvará de esta como insinúa el título… O puede que no… Pues no se diga más y lean la segunda parte que escribimos con mucho cariño para todos ustedes y esperamos de corazón que la disfruten ; )

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Horas después, Lincoln salió de la comisaría en custodia de sus padres. No obstante el problema seguía sin resolverse, se había metido en un lío terrible. Después de las fiestas estaba citado a presentarse en el juzgado de menores y, en caso que lo declararan culpable –que era el escenario más posible dada la evidencia en su contra–, pues… Quizás esos serían sus últimos momentos en libertad por un buen tiempo.

De regresó en casa se encerró en su cuarto y se desplomó en su cama con la cara hundida en su almohada, frustrado ante la duda de cómo todo pudo haber salido tan mal. ¡Lo había arruinado todo! Había dejado ir al ladrón con las latas y echo enojar a Ronnie Anne, quemó la mitad de su casa, arruinó la decoración, dejó a su familia sin cena y obsequios, el señor Quejón se había lastimado la cadera por su culpa y… Lo que era peor…

Siguió repasando todo en su cabeza, una y otra vez, pensando en que momento pudo haber cambiado el dinero de lugar. Estaba consciente que había pretendido sacar los billetes del sobre para ventilarlos y dejar que se les quitara el olor del humo, pero creía recordar que al final no lo hizo. Entonces…

El caso es que todos en el pueblo lo odiaban, a él y a su familia y amigos. En retrospectiva todo había sido culpa suya.

–¡Rayos!– oyó protestar a Lola de pronto afuera de su habitación –¡Esto es terrible!–

–¿Qué haremos ahora?– oyó quejarse a Lynn.

–¡Literalmente, esta será la peor navidad de todas!– oyó declarar a Lori.

–¿Peor que la noche de brujas pasada?– mencionó Lana –¿Cuando Lincoln mandó a esos rufianes con máscara de bebé al vecindario?–

–No, esto es mucho peor que eso– sentenció Luan con desanimo.

Con todas sus emociones a flor de piel, Lincoln no pudo soportarlo más, así que optó por huir. Para ello se valió del sistema de salida de emergencia que Lisa integró a su habitación, la vez que sus hermanas lo quisieron ayudar a evitar que Luna lo acompañase a su primer concierto.

Bastó con halar una manija que hizo que bajo su ventana se desenrollara un tobogán inflable, por medio del cual se pudo deslizar fuera de casa y escapar en plena noche sin que nadie lo viera.

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No sabía a donde iba ni le importaba. Lo único que quería en ese momento era alejarse de todo. Así que sólo corrió mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, hasta que ya no pudo más.

Pronto se dio cuenta que estaba en una parte muy profunda del parque Árboles altos, donde se sentó en una banca a tallarse sus ojos llorosos. No le importaba el frío ni la soledad ni nada. Lo único que le quedaba era seguir lamentándose… Al menos hasta que sintió una mano cálida posándose sobre su hombro.

Al levantar la mirada, Lincoln se topó con un hombre mayor de complexión robusta, con una frondosa barba blanca poblando casi todo su rostro colorado. Vestía un abrigo marrón muy grueso –que apenas y si alcanzaba a cubrir la inmensa barriga que se cargaba–, a juego con un sombrero de ala corta de la misma tonalidad. Recordaba un poco al señor Quejón, salvo que no mantenía el ceño fruncido en todo momento. Por el contrario, su mirada gentil lo tranquilizó al instante y le hizo saber que no tenía nada que temer.

–¿Estas bien, hijo?– preguntó mientras se sentaba juntó a él en la banca y le pasaba un pañuelo con que secarse las lagrimas –Te estaba buscando–

–¿Quién es usted?– preguntó el chico, de pronto confundido con la afirmación de aquel extraño –¿Le conozco?–

–Soy el Obispo Nicolas– se presentó el hombre –Pero puedes decirme padre Nick, o solo Nick, si así lo prefieres–

–¿Por qué me estaba buscando?–

–Después de lo que pasó, el padre Tom se quedó muy preocupado. Escuché como rezaba por ti. Sé que hay muchas personas que se preocupan por ti y te aman. Por eso vine a ayudarte–

Lincoln refunfuñó en tanto subía los pies a la banca y hundía la cara entre sus rodillas.

–Gracias; pero estoy metido en un gran problema y dudo que usted pueda hacer mucho por mi–

–Animo, chico. Para empezar, tú no robaste nada, ¿cierto?–

–¡Por supuesto que no!–

–Ahí está, no tienes nada de que avergonzarte. Adelante, puedes volver a tu casa con la frente en alto–

El tal Nick intentó ponerle la mano en el hombro otra vez, pero Lincoln lo evadió al ponerse en pie de un salto.

–¡Nha, no tiene caso…! – refunfuñó apretando los dientes y soltando una patada al suelo. Se sentía bastante mal, estaba molesto y no podía pensar bien. Todas sus emociones brotaban con fuerza e ira desde lo más profundo de su corazón –¡Lo arruiné todo con todos y ahora todo el pueblo me odia!… Debería… No sé… ¡Quizá debería meterme en un agujero y morirme!–

–Vamos, niño– lo reprendió el anciano, pero manteniendo un tono de voz apacible –No debes decir esas cosas. He escuchado mucho de ti y sé que eres un buen chico y se lo mucho que siempre te esfuerzas en ayudar a los demás–

–¡No es verdad! ¡Yo sólo causo problemas! ¡Cuando intenté ayudar a Leni a sacar su permiso casi termina teniendo más de un accidente! ¡Cuando intenté quedarme a cargo de la casa sólo empeoré todo y Lori lo tuvo que arreglar! ¡Cuando intenté quedarme cuidando a Lily casi la pierdo! ¡Cuando intenté que fuéramos a un mejor lugar de vacaciones sólo causé una gran pelea entre mis hermanas! ¡Y cuando quise darle un mejor regalo de aniversario a mis padres las hice sentir mal! ¡YO SÓLO LO HECHO TODO A PERDER!–

–Lincoln, eso no es verdad– Nick se levantó con dificultad y, con mayor trabajo, se hincó en una rodilla para poder estar a su altura y mirarlo directamente a los ojos –Si, has cometido errores, todos lo hacemos, pero nunca ha sido con malas intenciones, y siempre has dado lo mejor de ti para enmendarlos. De hecho, estoy seguro que has mejorado la vida de muchas más personas de las que crees–

–¡NO ES VERDAD!– estalló lleno de furia –¡¿Qué va a saber usted de mi?!…Y… Aunque así fuera… ¡¿DE QUE ME A SERVIDO?! ¡Todo el pueblo me cree un ladrón, arruiné la navidad de todos y ahora iré a la cárcel por intentar ayudar a las personas! ¡Desearía nunca haber ayudado a nadie! ¡Desearía nunca haber nacido!–

Ante lo cual el anciano levantó sus frondosas cejas.

–¿Qué has dicho?–

–¡HE DICHO QUE DESEARÍA NUNCA HABER NACIDO!– vociferó el chico con todas sus fuerzas, y acabó por apartarse bruscamente de su lado. Estaba muy frustrado y harto de todo. No quería escuchar a nadie. Menos a un desconocido.

–Lincoln, ven…–

El peliblanco respondió a su llamado mosqueándolo con un ademán, se dio media vuelta y corrió a internarse en lo más profundo del bosque. Dada su condición física supo que a aquel hombre le costaría mucho reincorporarse. Para entonces ya se habría alejado lo suficiente para que no alcanzara a seguirle el paso.

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A medio camino, una gélida ráfaga de viento sopló en su contra y levantó una gran cantidad de nieve que se arremolinó a su alrededor nublando su vista.

El viento siguió soplando con fuerza con cada paso que daba, hasta que finalmente se las arregló para salir del terreno boscoso a pasos torpes. En ese instante que la ventisca paró, Lincoln encontró la entrada a la cueva que él y los chicos convirtieron en su guarida secreta para emergencias.

No estaba seguro de haber ido en esa dirección, pero tampoco era como si se hubiera estado fijando por donde iba. En realidad se alegraba de haber llegado hasta allí, un lugar seguro y tranquilo donde podría estar solo, y tal vez calmar su hambre con algunos de los bocadillos que tenían guardados ahí. Por lo que simple y sencillamente movió la maleza que camuflaba la entrada y entró como lo había hecho otras veces.

Con sólo colgarse de una rama grande que tenían clavada en la boca de la cueva y moverla a modo de palanca, la gran piedra que obstruía la entrada se movió lo suficiente para dejar una abertura por la que pudo pasar sin ningún problema.

El problema vino, sin embargo, una vez estuvo dentro y no encontró las bolsas de dormir, las repisas con sus cómics, la radio, los walkie talkies ni los bocadillos, siendo eso ultimo lo que más lamentó no hallar. Ninguna de sus cosas estaban ahí. En su lugar habían varias cajas con herramientas, refacciones de bicicletas y algunos posters de BMX colgando de las paredes más lisas de la cueva. Era claro que alguien había saqueado su escondite y lo había adecuado como una especie de taller.

–¡DATE PRISA, INUTIL!–

Lincoln brincó del susto cuando escuchó gritar una voz conocida, seguida por varios pasos que se aproximaban. Fue ahí que vio entrar a uno de los chicos de la pandilla quien iba arrastrando su bicicleta consigo.

–¿Quién eres tú?– preguntó Rusty extrañado al ver a Lincoln ahí. Después de él entraron otros dos chicos que también arrastraban sus bicicletas.

Al topárselo en la cueva, el más grande de ellos, quien respondía al apodo de "Papá ruedas", primero le dedicó una mirada de enojo a Lincoln. Después le soltó un zape en la nuca a Rusty.

–¡Te dije que cerraras bien la entrada!–

–Eso hice– se disculpó el desdichado pelirrojo mientras se sobaba la parte de atrás de su cabeza.

–Si, claro– le recriminó el segundo chico que lo acompañaba. A este Lincoln sólo lo conocía como "Llanta ponchada", pues tampoco sabía cómo se llamaba en realidad –¿Y este tonto de aquí qué?–

Tras decir esto derribó a Rusty de un empujón.

–¡Ay!–

Pese a que no terminaba de entender que estaba pasando, menos porque volvió a verlo en compañía de ese par, Lincoln salió en defensa de su amigo.

–¡Hey, déjenlo en paz!–

Él no solía ser tan valiente a la hora de confrontar a los bravucones, pero conocía bien a aquellos dos chicos de la pandilla de ciclistas, tanto para saber que su compañía jamás le había hecho ningún bien a Rusty. Cuando se juntaba con ellos este ultimo se hacía llamar "Rayos oxidados"; pero ya hacía mucho de eso.

–¿Y quién rayos eres tú, pequeño ladrón?– inquirió "Llanta ponchada".

Lo que hizo retroceder a Lincoln, en parte amedrentado, en parte herido en su orgullo. Sabía que después de lo ocurrido en el refugio muchos en el pueblo pensaban eso de él.

–¡Si! ¿Qué haces tú aquí?– inquirió seguidamente "Papá ruedas" –Esta es nuestra guarida–

–¿Su guarida?– repitió Lincoln el doble de extrañado –Claro que no. Esta es nuestra guarida–

–¿Ah si?– lo desafió "Llanta ponchada" levantando los puños.

–¿Según tú y que ejercito?– lo imitó "Papá ruedas".

Esto asustó bastante a Lincoln, quien tampoco estaba con ánimos de meterse en discusiones.

–Va… Vamos, chicos, sean razonables– balbuceó, al tiempo que buscaba el apoyo de su amigo –Saben que nosotros encontramos este lugar primero. Diles, Rusty.–

Lo que valió que "Llanta ponchada" y "Papá ruedas" se plantaran amenazantes ante el pelirrojo que se encogió asustado ante su presencia.

–¿Conoces a este tonto?–

–¿Le contaste de nuestro escondite secreto?–

–¡¿QUÉ?! ¡No! ¡Claro que no!– negó en su defensa –¡Ni siquiera sé quién es!–

–Rusty, ¿de que estas hablando?– replicó Lincoln –Somos amigos, y… ¿Por qué estás con esos dos, si sabes que siempre te tratan mal?–

–¡Eso no es verdad!– siguió negando Rusty, principalmente intimidado por las miradas fulminantes que le dedicaron "Papá ruedas" y "Llanta ponchada".

–Con que si, ¿eh?– gruñó el uno.

–Dejaste entrar a un desconocido a nuestro escondite– gruñó el otro.

–¿Como que desconocido?– volvió a replicar el peliblanco –Pero si ustedes si me conocen, soy Lincoln, el hermano de Lynn. Estuve en su grupo un tiempo–

Explicó esto como si fuera lo más obvio del mundo. Sin embargo, ninguno de los tres dio crédito a lo que decía.

–Claro que no– negó "Papá ruedas"–Nosotros no te conocemos de nada, rarito, y nunca dejaríamos que un rarito como tú se uniera a nuestro grupo–

–¡Eres un mentiroso!– lo acusó "Llanta ponchada".

–¿Lo ven?– dijo Rusty –Yo no lo metí aquí. Nunca he visto a este chico en toda mi vida, es un mentiroso–

–Pero, Rusty…–

–Basta– bramó "Papá ruedas" mientras empezaba por tronarse los nudillos –No sé cómo encontraste nuestra guarida, pero me aseguraré de que no vuelvas–

Al rato se escucharon varios gritos y golpes en el interior de la cueva, segundos antes que Lincoln fuera arrojado con violencia fuera de ella y aterrizara de cara sobre la nieve: ¡Plaf!

–¡Y QUEDATE AFUERA!– oyó que le gritaba "Llanta ponchada".

Tras ponerse en pie y sacudirse la nieve de su abrigo echó a andar a paso acelerado. Esperaba alejarse cuanto antes de la cueva. Lo que acababa de pasar había sido muy extraño. Podía entender si en ese momento hubiera quienes pensaran tan mal de él como para fingir que no lo conocían, pero esa no era razón suficiente para que Rusty se volviera a juntar con ese par de malos amigos que tuvo una vez. ¿Y cómo rayos pudieron cambiar todo en la guarida tan rápido? Aparte… Los tres parecieron genuinamente extrañados de verlo.

Tan absorto estaba en su confusión, que no se fijó por donde andaba y terminó por chocar con alguien más.

–Lo siento– dijo para disculparse.

–Está bien, niño, no pasa nada… Oh, pero si eres tú, te estaba buscando–

–Oh, es usted otra vez–

Lincoln se mostró un tanto incomodo de reencontrarse con aquel viejo barbón. Es decir, a simple vista se notaba que era una buena persona, pero también alguien… Bastante peculiar. Además, tampoco tenía ánimos para seguir siendo consolado y sermoneado.

–¿Se encuentra bien?– preguntó por mera cortesía.

La gran barriga del anciano se empezó a bambolear de arriba para abajo al compas de la sonora y vivaracha risotada que este soltó en contestación.

¡HO HO HO HO HO…! Si, no te preocupes. Estoy en mucha mejor forma de lo que aparento. Pero ahora tengo algo muy importante que decirte. Después de perderte en el otro lado del parque volví un rato al pueblo y, ¿qué crees?, ya nadie recuerda lo que sucedió en el albergue–

–¡¿Qué?!– con todo y lo raro que sonó, Lincoln vio en eso un pequeño destello de esperanza de que las cosas se hubieran calmado –Pero si eso pasó hace apenas unas horas. ¿Me está diciendo que ya se olvidaron de eso tan rápido? ¿Ya no les importa?–

–Exacto– asintió Nick –Como si nunca hubiese pasado. ¿No fue eso lo que deseaste?, ¿nunca haber nacido?–

–Si– aseguró Lincoln, algo confundido –Eso dije, pero…–

–Bueno, si no has nacido no existes y por tanto no hubo inauguración ni dinero perdido ni la policía buscándote–

El chico rodó los ojos conforme ese destello esperanzador se extinguía en un periquete. Empezó a hacerse a la idea que en realidad estaba tratando con un viejo chiflado y senil… Cuando, como un rayo, le vino a la cabeza la forma en que Rusty y los otros chicos lo trataron recién que entró a la cueva. Cuando conoció a Rusty y comenzó a frecuentarlo fue que él se dio cuenta lo malos amigos que eran "Papá ruedas" y "Llanta ponchada" y dejó de juntarse con ellos; pero…

–Eso es imposible– dijo para si negando con la cabeza.

–No me lo digas a mí– repuso Nick encogiéndose de hombros –Sólo te digo lo que he visto… Oye, ¿que tienes en la mano?

Entonces Lincoln notó que el vendaje de su quemadura se había aflojado. Cuando quiso acomodarlo, se dio cuenta con asombro que la palma ya no le ardía en absoluto. Curioso, retiró el vendaje con cuidado, sólo para descubrir que la tenía intacta. La marca que se había hecho ahí había desaparecido por completo.

–¿Lo ves?– la actitud del anciano barrigón era despreocupada y su expresión muy risueña; pero al mismo tiempo se percibía una fuerte acusación en su habla –Supongo que si nunca naciste tampoco te llegaste a lastimar–

–¿Pero qué… ?– exclamó Lincoln asombrado –¿Cómo es qué…?–

En ese momento vio a otro de sus amigos llegar a la cima de una colina cercana.

–¡Eh, Zach!…– lo llamó –¡Zach!–

Pero este no le hizo caso. Por lo que se lanzó colina arriba para ir a su encuentro y ver si le ayudaba a aclarar todo.

Cuando llegó con él, lo vio operando una suerte de radio con una antena hechas enteramente de chatarra.

–¡Eh, Zach!– lo llamó otra vez, y se preocupó al instante ante el aspecto descuidado y la inmediata reacción desmedida de su amigo, quien además llevaba puesto un gorro de papel aluminio en su cabeza –Zach… ¿Zach?… ¿Estás bien?… ¿Qué estás haciendo?–

–¡¿QUE TE IMPORTA?!– chilló dando un efusivo salto para atrás, tras lo cual su ojo derecho se puso a temblar mientras lo miraba fijamente. Sus dos ojos tenían círculos negros a su alrededor y su roja cabellera estaba hecha una mugre –¡¿QUIÉN ERES?! ¡¿CÓMO SABES MI NOMBRE?! ¡¿QUIÉN TE ENVIÓ?!–

–Zach, soy yo, Lincoln– respondió el albino intentando sonar lo más tranquilo que podía –Somos amigos–

–¡Mentira!– replicó este otro pelirrojo. Su cuerpo no dejaba de estremecerse y su vista de apuntar a todos lados –¡Yo no tengo amigos, y menos sería amigo de un rarito de pelo teñido como tú!

–¿Teñido? Zach, este es mi cabello natural, lo sabes, siempre ha sido así–

Eso llamó la atención de Zach.

–¿De verdad? –preguntó asombrado mientras caminaba rodeándolo –¿Tu cabello siempre ha sido blanco?–

–Si, siempre–

–¡ENTONCES ERES UN ALIEN!–

–¡¿Que yo qué?!–

Lincoln apenas y si tuvo ocasión de evadir a Zach cuando este se lanzó agresivamente sobre él.

–¡¿Pero que rayos te sucede?!–

–¡A mi no me engañas, alienígena, te atraparé!–

–¡PERO SI NO SOY UN ALIEN!–

–Eso lo descubriré yo en la mesa de operaciones. Si eres un alíen tendré pruebas. Si eres humano iré preso–

–¡Zach, esto es una locura! ¿Por qué no te calmas y…?–

–¡Me calmaré cuando haya podido ver que escondes bajo tu piel!–

Eso fue lo ultimo que gritó Zach antes de arrojarse contra Lincoln, quien no tuvo de otra que salir corriendo despavorido.

A la salida del parque, Zach pasó junto a una banca en la que halló a un hombre corpulento que leía un periódico. Justo cuando estaba por preguntarle, el sujeto señaló en una dirección.

–Se fue por allá–

–Gracias–

Una vez se perdió de vista, Nick dejó de fingir que leía y se giró a susurrarle al cesto de basura situado junto a la banca.

–Ya se fue–

A lo que Lincoln asomó la cabeza fuera del bote y suspiró aliviado.

–¡Cielos! ¿Qué mosca le picó?–

–Será mejor que te acostumbres– dijo Nick mientras lo ayudaba a salir del bote –Porque algo me dice que desde ahora verás cosas mucho más extrañas–

–¿Pero qué rayos le pasa a Zach?– exigió saber el peliblanco de todas formas –¿Se ha vuelto loco?–

–Parece que no tiene en que pensar más que en sus conspiraciones– comentó el viejo barrigón –No ha de tener a nadie con quien pasar el rato y dedicarse a otras cosas, ningún amigo en el mundo–

–Eso no es cierto– replicó Lincoln en respuesta –Zach y Rusty son mejores amigos desde que iban al jardín de niños–

–Si, así fue hasta que Rusty se unió a la pandilla de ciclistas. Desde entonces Zach ha sido el chico raro al que todos evitan… Si tan sólo… No sé… Hubiera habido otro chico que… Digamos formara parte de una familia grande, algo alocada. Alguien que les hiciera saber a los demás que ser un poco raro no era tan malo, quizá las cosas hubieran sido diferentes–

–¿Qué está diciendo?… – fue entonces que Lincoln miró en derredor y reparó lo muy cambiado que estaba el pueblo. Había montones de basura en las calles y el aire despedía un fuerte hedor a suciedad; las paredes aparecían llenas de grafitis, las ventanas rotas y las puertas selladas con tablas y clavos. Todo se veía mal –¿Y… Y por qué veo todos estos sitios tan raros?–

–Ha de ser porque estamos en navidad y la navidad es la época de los milagros. Deseaste con todo tu ser nunca haber nacido y seguro eso fue lo que pasó–

Todo esto puso en alerta al peliblanco.

–Ok… Usted es un viejo muy raro…– dijo, en tanto se pasaba una mano por su frente sudorosa –Y yo… O estoy soñando o me estoy volviendo loco… Nos olemos luego, señor. Me voy a casa–

–¿A qué casa?–

–¡Ya estuvo bueno!– reclamó Lincoln –Todo esto está muy raro y usted… Seguro usted debe ser producto de mi imaginación. Si, eso es, estoy imaginándome cosas, eso es todo. Me voy a casa y me voy a casa solo, así que ya deje de seguirme–

Nick ni siquiera intentó ir tras él. Sólo se acomodó en la banca con las manos entrelazadas, sonriendo satisfecho de que todo estuviese saliendo a pedir de boca.

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Pasó un buen rato que Lincoln estuvo dando vueltas, yendo y viniendo de un lado para otro; pero por mucho que lo intentaba no conseguía orientarse, no del todo. Era como si se hubiese perdido en una de las zonas más peligrosas de las grandes ciudades como Nueva York o la propia Great Lake City. A donde quiera que mirara encontraba casas abandonadas, negocios en la ruina o una que otra gente con mala pinta deambulando de aquí para allá.

Pero se suponía que aquel seguía siendo el humilde poblado de Royal Woods en el que se crió toda su vida. Así lo anunciaba un enorme cartel desgastado que daba la bienvenida a los viajeros. Amén que el arcade, la heladería de la tía Pam, la tienda de cómics, la plaza comercial y muchos otros lugares que frecuentaba seguían donde siempre habían estado, pero en condiciones más que lamentables. Eso ultimo era lo que no cuadraba.

–¡¿Pero dónde rayos estoy?!– se cuestionó en dado momento.

Su sorpresa fue todavía más desagradable cuando llegó a donde se alzaba el albergue, y en su lugar encontró las ruinas de otro edificio abandonado. Pero hasta hacía poco lo habían dejado como nuevo. Podía dar fe de ello.

En un callejón anexo vio a un grupo de vagabundos calentándose en torno a una hoguera encendida dentro de un bote de lamina.

–Oiga… ¡Oiga!– llamó a uno de los vagabundos –¿Dónde está el albergue?–

El desamparado ni regresó a verlo al contestarle.

–¿Cuál albergue?

–El albergue del padre Tom– Lincoln señaló el edificio en ruinas –El que estaba aquí–

–Ese lugar cerró hace como seis meses –contestó otro de los desamparados.

–Creo que llegaste un poco tarde– dijo un tercero.

Al oír eso, el chico se abofeteó con ambas manos y se pellizcó los brazos, esperando con ello despertar en su cama de lo que parecía tratarse de una pesadilla muy vivida… Más no pasó así, seguía estando frente al mismo edificio en ruinas en el mismo pueblo en decadencia.

–Aquí estás–

Al volverse volvió a encontrarse con el tal Nick. En absoluto parecía cansado, visto y considerando lo mucho que le habría costado alcanzarle siendo un hombre de su talla y su edad.

–Este lugar se ve algo peligroso, ¿no lo crees?– comentó el anciano –No me parece apropiado que un niño como tú deba estar andando solo por aquí–

Esta vez Lincoln no le replicó ni le cuestionó nada. Tampoco trató de huir de él.

–¿Qué opinas si damos una vuelta?–

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Nick llevó a Lincoln hasta una zona a las afueras del pueblo, por la que luego tuvieron que coger rumbo por un camino sin pavimentar y algo accidentado que condujo a ambos hasta un área algo apartada del resto de la civilización.

Lincoln no tardó mucho en darse cuenta hacia donde se dirigían. Después de todo él iba con mucha frecuencia a ese lugar.

–Aquí estamos– dijo el anciano en cuanto llegaron a su destino –Creo que aquí estaremos más seguros–

–Es la granja de Liam– señaló Lincoln lo evidente.

–Oh, hola, forasteros –los saludó el susodicho, a quien toparon tras un kiosco de ventas –Feliz navidad. ¿Desean comprar algo? Tenemos una oferta en nuestro pan de maíz.

Su buen recibimiento alegró a Lincoln sacándole una sonrisa.

–¡Liam, soy yo!– se aproximó a saludarlo, esperanzado de que si lo recordara.

El chico granjero se lo quedó mirando de arriba para abajo tratando de hacer memoria.

–Mmm… ¿Ya han venido antes?–

–Liam, ¿no me recuerdas?– volvió el peliblanco a insistir –Soy yo, Lincoln, somos amigos, he estado aquí muchas veces–

–Lo siento– se disculpó el muchacho campirano –Por lo general soy bueno recordando a los clientes, pero… A ti no recuerdo haberte visto antes por aquí–

Lincoln bajó la cabeza triste al saber que Liam tampoco lo recordaba. A esas alturas podía comprenderlo, sin embargo, y… Bueno, por lo visto su amigo estaba bien, como siempre. Así que pensó en retirarse sin hacer mayor escándalo, cuando…

¡Rrrrrrr…!

El rugir de su estomago le recordó que no había comido nada desde el atardecer que la cena se quemó.

Je je je je… Bueno, creo que puedo ayudarles con eso –rió Liam señalando las cajas cargadas con los productos de su granja –Aun si no quieren pan de maíz tenemos muchas más cosas que ofrecerles: mantequilla recién hecha, mermelada casera, verduras y frutas recién cosechadas, yogurt, salchichas, bacon, huevos frescos, chocolates de leche de cabra. Ustedes escojan–

–Lamento decirlo– se disculpó Nick –Pero estamos algo cortos de efectivo–

–Oh, ¿son pobres?– dedujo Liam con tristeza –¿No tienen casa?–

–Yo… –

Antes que Lincoln pudiera decir algo más, Liam comenzó a empujarlo y guiarlo hasta su casa.

–Se supone que no debo seguir haciendo esto, pero… No puedo dejar a dos personas con hambre en vísperas de navidad–

Así, pues, Liam los invitó a pasar a su cocina indicándoles que no hicieran ruido para no alertar a su padre. Luego que Lincoln y Nick se sentaran a la mesa les sirvió un vaso de leche y un pan de maíz entero a cada uno.

–Muchas gracias, jovencito– agradeció el anciano –Dios te bendiga–

Lincoln apenas y probó bocado mientras repasaba con tristeza lo sucedido esa noche.

–Liam… ¿En serio no te acuerdas de mi?– volvió a insistir.

El otro negó con la cabeza.

–En la escuela, tú, yo y…–

–¿Ibamos juntos a la escuela?– lo interrumpió entonces –Eso lo explica. No recuerdo mucho de la escuela desde que la dejé–

–¡¿DEJASTE LA ESCUELA?!–

Preocupado y escandalizado, Lincoln se levantó de su lugar de golpe. A su vez, Liam se lanzó a taparle la boca y aguardó un rato hasta verificar que nadie en su casa los hubiese oído.

Chssst… No hagas ruido le reclamó en susurros –Ya te lo dije, se supone que no debería meter extraños a la casa–

Se mantuvo así por unos segundos, tras los cuales suspiró aliviado al corroborar que su padre no escuchó nada.

–¿Pero cómo está eso de que dejaste la escuela?– le cuestiono Lincoln en cuanto le destaparon la boca y volvió a ocupar su lugar –Eres sólo un niño–

–No pasa nada– dijo Liam –No me iba bien en la escuela de todos modos y, bueno, tampoco tenía amigos ahí. Por eso mi papá decidió sacarme y dejar que estudiara en casa para que así pudiera ocuparme más de la granja; y, la verdad, creo que así estoy mejor–

–¿Cómo que no tenías amig…? ¡Hey!–

Nick le soltó un leve puntapié a Lincoln por abajo de la mesa para que se detuviera. Lincoln estaba por protestar, pero se abstuvo al comprender que tocar el tema había puesto triste a Liam.

Decidió no decir más y simplemente se limitó a aceptar la comida que les había regalado.

A la salida se despidieron de él deseándole una feliz navidad. Pero antes de marcharse Lincoln lo sorprendió con un breve abrazo, siendo esto un momento bastante extraño e incómodo para el otro chico.

–¿Y bien?– preguntó Nick camino de regreso al pueblo –¿Qué opinas?–

–Bueno…– igual, Lincoln no estaba muy convencido de lo que decía –Él dijo que estaba bien–

–¿Y realmente crees que es así?–

–No–

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–¡Nada de esto tiene sentido! ¡¿Cómo es que Rusty, Liam y Zach terminaron así?! Ellos eran amigos y se apoyaban en todo–

–Si, lo eran– convino Nick –Gracias a ti. Aunque no lo creas tú eras importante para ellos, como su líder y ese amigo leal que siempre estaba dispuesto a ayudarlos en todo lo que necesitaran. Tú eras el pilar que mantenía al grupo unido–

–Eso no puede ser verdad– se negó Lincoln a creer.

–¿Ah no? Me parece haber escuchado lo perdidos que estaban sin ti cuando te fuiste a estudiar de intercambio por unas semanas–

Lincoln recordó eso; pero sabía que aun si sus amigos pudieron sentirse algo perdidos sin él bien podrían habérselas arreglado solos. Ellos eran buenos chicos, sobre todo…

–¿Y Clyde? Él es el chico más gentil y confiable que conozco. Estoy seguro que él habría sido un gran líder que mantendría al grupo unido, incluso mejor que yo. Él siempre ha sido mucho más considerado y menos egoísta e impulsivo de lo que yo he sido–

–Si, he escuchado buenas cosas de él, pero… No sé. Tal vez simplemente conoció a un grupo diferente de amigos–

–Tengo que verlo–

–Pues, ya que lo mencionas…– Nick detuvo su pasó y señaló un sendero que se desviaba del camino –Justo ahora me pareció verlo ir por allá. Pero no creo que sea buena idea…–

Sólo con oír eso, Lincoln salió corriendo a seguir el sendero, el cual lo condujo a la orilla de un río que conocía. Era un pequeño río que pasaba por el pueblo. Sin embargo, al llegar notó que este estaba contaminado de basura y olía mal.

Sumado a esto, ahí donde llegó se alzaba un intento de choza hecha de troncos y neumáticos viejos. Misma que no habría tomado en cuenta de no ser por lo que en ese instante escuchó gritar a alguien desde allí adentro.

–¡Llegas tarde, Clyde!–

–¡Clyde!–

Feliz y emocionado, Lincoln no dudó en irrumpir en la choza, sin saber que al hacerlo se estaba metiendo a la boca del lobo.

–¡Clyde!–

En seguida supo que las cosas no estaban bien. No estaban para nada bien.

–¡¿Quién rayos eres y qué haces aquí?!– inquirió Chandler, a quien vio sentado en un sillón al fondo del lugar.

–Yo…– Lincoln no supo que decir. El interior de la choza, iluminado por la luz tenue de una lámpara de pie conectada a un generador portátil, se veía horrible, y no sólo por lo sucio que estaba, sino por el ambiente que despedía. Se sentía como un lugar peligroso y prohibido a donde un niño no debería entrar.

En una esquina estaban Trent y Richie jugando cartas, apostando dinero. En otra había una pila de tapones de gasolina y adornos de parrilla; lo que le daba al lugar un aire bastante ilegal por como las tenían ahí. Pero, sin duda, lo que más le escandalizó, no fue ver a Chandler y a sus amigos en ese sitio, sino a las personas que estaban con ellos.

–¿¡Clyde?!… ¡¿Stella?!–

Si, ahí estaban ambos, pero muy cambiados. A Clyde por poco no lo reconoce. Vestía completamente de negro y tenía su cabello pintado de un purpura oscuro, con los laterales de su cabeza rapados y una calavera tatuada en estos. Se veía bastante nervioso mientras entregaba una bolsa de comida a Chandler y se apartaba a otra esquina con la cabeza gacha.

Sentada en uno de los brazos del sillón estaba Stella. Ella… ¡ELLA SI QUE ESTABA COMPLETAMENTE DIFERENTE! Tanto que a Lincoln se le cayó la mandíbula al verla. No traía su habitual camiseta blanca con una estrella, sino que, a pesar del frío, traía puesta sólo su vieja blusa anaranjada, misma que Lincoln la vio usar el día que la conoció. La mitad de abajo estaba rasgada dejando su ombligo al descubierto y le habían arrancado las mangas. Su falda negra de siempre también había sido recortada de modo que no dejaba nada a la imaginación. Una vestimenta nada apropiada para una niña de su edad.

–¿Nos conocemos? –preguntó la chica que se levantó y lo repasó con la mirada, extrañada ante el hecho que la llamara por su nombre mientras ella no sabía nada de él.

–¡Tú no hables! –le gritó Chandler. Acto seguido, le soltó una nalgada.

La cara de Lincoln se puso roja de furia. Odió ver a Chandler tomarse tal atrevimiento con su amiga aun si esta no lo recordaba. Esperó que Stella le respondiera con una bofetada por lo que había hecho, pero no lo hizo. Sólo bajó la cabeza con la misma timidez que Clyde y se volvió a sentar.

–¡NO LA TRATES ASÍ!– protestó entonces, a voz en grito. Podía ser un chico algo miedoso, pero ante todo alguien con principios.

–¿Qué dijiste?– lo desafió Chandler en respuesta.

–Tú… Tú…– por muy intimidado que se sintió, Lincoln iba a defender sus ideales –¡Tu no puedes tratarla de ese modo, no está bien!–

Los amigos de Chandler se levantaron a plantarse amenazantes entre el intruso y su líder.

–¿Y quién eres tú para decirme como tratar a mi novia?– preguntó Chandler bastante molesto.

–¿Nov…? ¡¿NOVIA?!–

–¡Si! Ahora, te lo preguntaré una última vez antes de que te den tu merecido. ¿Quién rayos eres y qué haces aquí?–

Lincoln no supo qué contestar. No entendía qué estaba pasando. Sólo podía centrarse en la pobre Stella, preguntándose cómo terminó dejándose tratar así, grave error.

En cuanto Chandler se dio cuenta que la estaba viendo tuvo un fuerte ataque de celos que lo impulsó a agarrarla por el cuello de su blusa y sacudirla con brusquedad.

–¡¿Quién es él y por qué te está viendo?! ¡¿Me has estado engañando?!–

–¡No! ¡NO!–

Stella no se defendía, simplemente se dejaba zarandear mientras insistía aterrada que no había hecho tal cosa.

Lincoln intentó saltar en su defensa, pero fue detenido por Trent y Richie quienes lo empujaron hasta la puerta.

–¡Clyde, haz algo!– gritó tras caer al piso despatarrado.

–¿Clyde?– a lo que Chandler soltó a Stella y miró un tanto confundido a sus compinches –Aquí no hay ningún Clyde. ¿Alguien aquí conoce a algún Clyde?–

En respuesta, el mencionado levantó una mano con timidez.

–Y… Yo–

–¿Tú conoces a ese tal Clyde, Mac?– preguntó Chandler con el ceño fruncido. Cosa que pareció dolerle mucho al chico quien bajó la mirada entristecido.

–Jefe, Clyde es el primer nombre de Mac– aclaró Richie.

–Ah… Lo que sea –gruñó el pelirrojo, quien pasó a mirar a Clyde de forma amenazante –¿Mac, tú trajiste aquí a este tonto?–

Lo que provocó que Clyde se dejará caer al piso de rodillas y se pusiera a temblar de miedo.

–¡No, Chandler, claro que no! ¡Eres mi mejor amigo y nunca haría algo que te molestara!–

–Pero… – Lincoln se estremeció de la angustia al verlo así –Vamos, Clyde, sabes que esto no está nada bien, tú no eres así–

Chandler miró a Clyde con enojo pensando que siempre si le estaba ocultando algo. Luego se levantó de su sillón con una mano en el bolsillo.

–Está bien. Luego me encargaré de ti, Mac. Pero primero le enseñaré a nuestro invitado lo que pasa cuando alguien se mete en nuestro territorio–

Con esto dicho, Trent y Richie se apartaron para darle espacio a Chandler quien echó a andar con aire acechante hacia Lincoln. Todo esto al tiempo que Clyde permanecía acurrucado en su esquina como un cobarde y Stella entraba en pánico a sabiendas de lo que su novio pretendía hacer.

En eso, por el rabillo del ojo, la chica avistó el enchufe de la lampara.

A su vez, el peliblanco se paró firme frente a Chandler para demostrarle que no le tenía miedo… Al menos hasta que lo vio sacar y desenchufar una navaja de muelles: ¡Clic!

–¡Hey! ¡¿Quién apagó la luz?!–

De repente el lugar se quedó a oscuras. Seguido a esto, Lincoln sintió que unas manos firmes lo agarraban de los hombros y lo empujaban afuera de la choza. En el ultimo instante escuchó la voz de Stella susurrarle al oído.

–¡Corre, niño, corre!–

Fuera escuchó golpes de tropiezos y gritos. Ocasión que Lincoln aprovechó para escapar.

–¡VAYAN TRAS ÉL, TONTOS! ¡QUE NO ESCAPE!

O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—

–Oh… Hola, chico, ahí estás…–

Fue todo lo que Nick alcanzó a decir, poco antes que Lincoln lo rebasara, fugaz como una flecha.

–¡CORRE!…–

Por lo que el viejo hombre se puso a correr a su lado, sin exaltarse a diferencia suya.

Tuvieron que correr como dos kilómetros de carretera sin detenerse, y otro más cuando estuvieron de regreso en el pueblo, hasta que finalmente Nick dio con un sitio en el que pudieron ocultarse. Era un establecimiento abandonado con una ventana rota, lo bastante grande para que pudieran entrar por allí.

–¡AHÍ!

Sin dudarlo un segundo, Lincoln saltó allí adentro seguido por Nick. Se ocultaron bajo una mesa grande y permanecieron echados pecho tierra, en absoluto silencio, hasta que escucharon el corretear de sus perseguidores pasar por el local y luego alejarse.

–¡Por allá!

Ho ho ho ho ho… Bueno, jovencito– rió el anciano una vez pasó el peligro y pudieron salir de debajo de la mesa –No es que me moleste hacer algo de ejercicio, ¿pero puedes decirme lo que pasó?–

–¡¿Que qué pasó?! ¡Eso es lo que quiero saber yo! ¡¿QUE RAYOS PASÓ AQUÍ?! ¡TODO ESTÁ MAL!

Y procedió a contarle lo que había sido de Clyde y Stella, manifestándole repetidas veces que no podía creer que hubieran acabado así.

–Es una lastima, hijo, sé que eran tus amigos–

–¡Pero es que no lo entiendo!… Clyde siempre ha sido el chico más honesto y justo que he conocido. Él nunca se juntaría con alguien como Chandler–

–Bueno, según tengo entendido, él siempre ha sido un chico muy sensible y… Con el tipo de familia que tiene… Pues, algo dependiente de los demás. Todo eso lo habrá vuelto blanco fácil para algunas malas personas que sólo buscan dominar a los más débiles. Quizá lo que necesitaba era un amigo de verdad que le brindara apoyo y lo ayudará mantenerse firme. De otro modo creo que alguien así podría acabar juntándose con malas compañías–

Lincoln recordó que ese era uno de los más grandes miedos de Clyde, alejarse de él y juntarse con malas influencias que lo orillaran a convertirse en un vándalo. Pero no creyó que eso pudiera pasar tal cual se lo imaginó. Recordó además las veces que su amigo no deseaba hacer algo pero lo hizo de todos modos sólo por apoyarlo; la magia, prestarle su juego nuevo y tantas más.

–¿Qué hay de Stella? Ella… –

–Ser la nueva en el pueblo nunca es fácil, chico– explicó Nick –Según sé sus primeros días aquí tú le brindaste las palabras amables que necesitaba para hacerle sentir que todo estaba bien. Sin eso… La soledad le hace cosas a la gente, puede hasta sacar lo peor de uno, y una niña que se siente necesitada de compañía puede incluso aceptar los malos tratos de alguien que se quiera aprovechar de ella con tal de no estar sola–

Lincoln se dejó caer en una de las sillas del establecimiento con la cabeza entre ambas manos y los codos apoyados encima de la mesa. Se agachó para que Nick no lo viera llorar… y se sobresaltó en el instante preciso que vio un menú polvoriento que rezaba: "La mesa de Lynn".

–¡¿Pero qué…?!–

Luego miró en derredor. En efecto ese era el restaurante de su padre, pero estaba en la ruina, todo sucio y abandonado.

–¿Y ahora qué?– se aquejó –Este es el restaurante de papá…

–¿El restaurante de tu papá?… Hum… Nunca vine, no voy mucho a restaurantes, pero escuché que era un buen lugar… Era…–

–¿Pero qué ha pasado?–

–Tal vez tenga que ver con esto–

Nick sacó el periódico de su bolsillo, lo desenrolló y le mostró la primera plana a Lincoln. Resultó ser un periódico del año pasado, en cuyo encabezado se leía: "Fracaso de Inauguración".

Lincoln le arrebató el periódico y se puso a leerlo. En resumen, el artículo contaba que aquel día todo salió mal cuando las promociones que sus hermanas idearon se salieron de control. Si, recordaba que eso sucedió al principio, pero después todo se arregló cuando… Cuando él ayudó a calmar a la gente. Era él quien había salvado el día en esa ocasión. ¿Pero cómo era posible que sin él todo hubiese podido salir tan mal?

–No puede ser… Este era el sueño de mi papá… No pudo haber fracasado sólo así… ¿Dónde esta mi papá?–

–Tengo una idea de donde podría estar– dijo Nick.

O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—

Llegaron a su siguiente parada, un edificio de oficinas que Lincoln ya conocía.

–¿Aquí?–

–Si– asintió Nick – Era donde tu padre trabajaba antes, ¿no?–

–Si… Pero… Son vísperas de navidad. Aun si volviera a trabajar aquí no creo que este trabajando a estas horas–

–No perdemos nada con echar un vistazo. Aun si no está ahora podemos buscar su nombre en un cubículo. Así sabremos si está trabajando aquí o no–

–Supongo–

Con lo que los dos entraron al edificio. Y aunque fueron detenidos por el guardia de seguridad bastó, con decir que venían a buscar al señor Lynn Loud padre para que los dejara pasar.

–Tal vez no sea tan malo– comenzó a decir Lincoln, más tratando de convencerse a sí mismo que al anciano que lo acompañaba –A papá tampoco es que le disgustara su viejo trabajo y…–

Pero se retractó tan pronto lo vio trabajando en un cubículo estrecho, con la cara completamente desecha por el cansancio.

–¿Papá?–

El señor Loud lucía y estaba tan agotado que ni siquiera reaccionó. Sólo siguió trabajando en la computadora.

–¿Pero qué está haciendo aquí? –preguntó Lincoln a Nick –Es navidad, debería estar en casa–

–Si, eso es lo normal– contestó el viejo apenado –Pero… Aunque es triste, se paga más si se trabaja en navidad y hay personas que necesitan mucho él dinero y no les queda otra que aceptar hacer horas extra en estas fechas–

–Pero eso no tiene sentido– objetó el peliblanco –Nunca hemos tenido mucho dinero, pero tampoco hemos estado tan mal para que papá se pierda las fiestas por algo así–

–Tal vez. Pero abrir un restaurante es muy costoso, ¿sabes?–

–Si, pero papá tenía un inversor y…–

Lincoln se detuvo al recordar lo sucedido durante la visita de Timothy McCole. Su papá le había preparado una comida exótica esa vez… Misma que el propio Timothy admitió que seguramente hubiera odiado si se la hubiera servido, pero no pudo servírsela, porque… Porque fue Lincoln quien inició una pelea con sus hermanas por la comida del refrigerador e indirectamente echado todo a perder, pero para bien, pues papá había servido una genuina comida casera que agradó al inversor. ¿Significaba eso que de no haber sido así, si él no hubiera estado ahí para echarlo todo a perder… Todo hubiera salido tan mal?

Volvió a mirar a su padre, allí en ese cubículo estrecho situado junto a la puerta del baño. En ese momento que otro guardia de seguridad salió de allí con un periódico enrollado en la mano, el desdichado hombre dejó de teclear, roció el aire con un poco de aromatizante en spray y luego siguió tecleando.

Se podía notar como el estrés y el cansancio lo estaban desgastando. Hubo otro momento que dejó de teclear, cogió una foto enmarcada de su escritorio, se quedó mirándola un rato con añoranza y después comenzó a llorar.

Lincoln quiso acercarse para consolarlo, pero fue detenido por Nick quien lo sujetó del hombro con suavidad y lo guió para afuera.

–No es un buen momento, y tampoco te habría reconocido de todos modos–

–Lo sé…– suspiró cabizbajo –Nick… Aun si no me reconocen, ¿puedo ir a ver a mi familia? Quiero ver como están–

–Esta bien. Vamos–

O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—O—

Caminaron un largo tramo hasta llegar a la casa Loud.

–¿Qué pasa, chico?– preguntó Nick a Lincoln cuando este detuvo su paso en la banqueta frente a la casa vecina, pues tenía miedo de ver que pudo haber pasado allí –Creí que querías ver a tu familia–

–Si… Pero… Yo… No sé si ellos…–

Sin embargo, en ese momento fue interrumpido por un fuerte alboroto, cuando la puerta del señor Quejón se abrió de golpe y este comenzó a gritarles.

–¡ALEJENSE DE MI PROPIEDAD, VAGOS!–

Tan furioso estaba el hombre de verlos que hasta se puso a lanzarles guijarros y puñados de tierra obligándolos así a correr en busca de refugio.

Por costumbre Lincoln corrió a la casa Loud sin pensarlo y Nick lo siguió hasta allí al no contar con otra opción.

–¡Eh! ¡¿Quienes son ustedes?! –inquirió Rita al toparse con el par de extraños que habían irrumpido en su hogar y cruzado hasta el comedor. Todo esto al tiempo que agarraba una silla y se escudaba con ella. Internamente se enfadó con sus hijas por repetir ese mal hábito de no haber puesto seguro a la puerta.

–Yo… Yo…– jadeó Lincoln. Le incomodaba y alteraba mucho la idea de que su propia madre tampoco lo reconociera –Ma… ¡Mamá!

–¿Mamá?–

–Perdónelo– lo excusó Nick –Ha tenido un día difícil. Somos… Un par de caminantes, por así decirlo. No queríamos molestar, pero es que al pasar frente a la casa de su vecino este comenzó a arrojarnos cosas y buscábamos donde escondernos… Ho ho ho… El hombre tiene buen brazo para su edad–

Esta explicación bastó para que Rita se tranquilizara y bajara la silla. En cuanto la puso en su lugar fue a asomarse a la ventana del comedor.

–¡VIEJO MEZQUINO!– gritó a la casa de junto. Le enfadó mucho que a su vecino le diera por atacar a un simple niño y a un hombre aparentemente más viejo que él, sólo por haber pasado frente a su casa. Luego cerró la ventana y se dirigió con amabilidad al par de invitados sorpresa –¿Desean quedarse un momento? Hace mucho frío afuera y parece que necesitan un descanso–

–Será un placer, buena señora– agradeció Nick mientras se sentaba en una silla y se preparaba para entrar en calor.

–¿Les puedo ofrecer algo?– preguntó Rita –Una taza de chocolate caliente, ponche de huevo, tal vez, o quizá usted prefiera algo más fuerte para la garganta, señor…

–Nicolas, pero puede decirme Nick. Leche y galletas para mi estaría bien, si no es mucha molestia. Son mis favoritas–

–Chocolate para mi está bien– dijo Lincoln con desanimo –Gracias–

–No es nada, corazón– le sonrió la mujer –Tu abuelo y tú se deben estar helando en una noche como esta–

Ho ho ho ho ho…– Nick se carcajeó con otra risa vivaracha –No, querida señora, este pequeño no es mi nieto, sólo un niño que huyó de casa que me encontré por ahí al que acompaño para asegurarme que no se meta en problemas por ahora–

Lincoln lo miró ligeramente molesto, aunque tuvo que reconocer que lo que decía en parte era verdad. Su situación era muy rara y complicada para sólo decir que había huido de casa.

Por su parte, Rita perdió la sonrisa de su cara y le dedicó una mirada ligeramente molesta al anciano tras oírlo decir eso.

–Si ese es el caso, creo que debería llevarlo a su casa. Su familia debe estar preocupada–

Ho ho ho ho ho… Eso fue lo que yo le dije; pero no me pareció correcto sólo llevarlo por la fuerza. Así que por ahora sólo vigilo que esté bien–

–Ya veo– dijo Rita entrecerrando los ojos. En lo que a ella respectaba tenía ante si a un hombre irresponsable. Se enfadaría mucho en el hipotético caso que alguna de sus hijas huyera de casa y quien la encontrara no se la trajera inmediatamente –Bien, pueden quedarse aquí un momento–

Más cuando se dispuso a ir por las bebidas fue detenida por Lincoln.

–Oiga… Hum… ¿Puedo preguntarle algo?… ¿Está usted escribiendo un libro?–

Rita se extrañó mucho con la pregunta del pequeño de cabello blanco.

–No. ¿Por qué?–

–No, por nada– dijo Lincoln. A esas alturas no le sorprendió obtener una respuesta como esa, siendo él quien había animado a su madre a escribir un nuevo libro. Cuando por accidente destruyó el viejo le hizo ver que lo que estaba escribiendo no era tan bueno. Sin él probablemente seguiría siendo asistente dental –Es que usted me recuerda mucho a una gran escritora que conocí una vez… O… Algo así–

Al retirarse a la cocina, Rita tomó esto como un gran cumplido que hasta le sacó una sonrisa triste.

Desde dentro, su casa no se veía particularmente diferente. Seguía estando hecha un desastre, pero eso era lo normal. Estaba hermosamente decorada, se podía oler la cena en el horno y al entrar a la carrera había visto regalos bajo el árbol. Lo que tranquilizó un poco a Lincoln al hacerse la idea que al menos en casa su familia seguiría estando bien sin que él echara todo a perder.

–¿En que piensas, niño?– preguntó Nick al verlo tan pensativo.

–Bueno… Al menos parece que aquí todo va bien… –

–¡CALLENSE!– se oyó gritar al señor Quejón desde afuera –¡Hasta acá los oigo!

–¿Por qué esta de tan mal humor?– preguntó Lincoln a Nick.

–Pues, supe que este señor malhumorado tenía por vecino a un chico que le alegró la vida una vez que lo ayudó a reunirse con su familia en navidad; pero ya no está aquí. ¿Sabes tú quién pudo haber sido ese chico?–

–¿Yo? –respondió Lincoln al captar la indirecta –Entonces si yo no hubiera echo eso por él… –

–Se hubiera quedado solo y triste– acabó de decir Nick –No sólo porque se pudo ver con su familia, sino porque también lo invitaron a pasar la navidad con ustedes para que sintiera que tenía una familia cerca de casa. Todo gracias a ti–

Lincoln miró a través de la ventana del comedor con tristeza. Como desearía poder cruzar el patio e invitar a su vecino a su casa nuevamente para que no se sintiera solo. Pero ya no podía hacerlo, no en ese mundo donde no era nadie.

Al rato, Rita regresó con las bebidas. Antes de regresar a la cocina los invitó a sentirse como en casa.

Lincoln tomó la oferta y comenzó por explorar el estar, donde vio a las más mayores de sus hermanas. Lori y Leni estaban echadas en el sofá viendo televisión y atiborrándose de comida chatarra.

–Ho… Hola– las saludó con timidez al no saber muy bien que decirles.

–Hola –contestó Lori con apatía sin desviar su atención de la tele.

–Hola– igual hizo Leni.

–Y… ¿Cómo va la escuela?– preguntó Lincoln a continuación.

–Que te importa– le respondió Lori con hosquedad.

–¡NIÑAS!– oyeron gritar a Rita desde la cocina –¡Sean amables con nuestros invitados!–

–Pues… Está bien– dijo Leni con desgano.

Lincoln ya se estaba volviendo a preocupar. Leni nunca había sido muy fan de la escuela, pero incluso cuando le hablaban de ello mostraba una actitud más optimista. No era normal que se mostrara así, tan triste y desanimada.

–Oye, ¿estás bien? Te ves triste–

–Yo… Uhm… Como que… No sé…–

Entonces Lincoln tuvo una idea. Se aproximó a donde estaban ambas y se puso delante de ellas tapándoles la vista del televisor.

–Bueno– dijo abriendo los brazos –Yo hacía esto con mi hermana cuando se sentía mal. Simplemente me abrazaba y frotaba mi cabeza mientras hablaba y dejaba salir todo para sentirse mejor–

Lori lo miró con enfado y sospecha; y aunque Lincoln se extrañó por su reacción, rápidamente cayó en cuenta que para ella no era su hermanito, sólo un extraño que básicamente le dijo a una chica desconocida que lo abrazara. Esto lo hizo sonrojarse al comprender el malentendido que pudo haber causado.

Caso contrario a Leni que no sobre analizaba las cosas y si aceptó su ofrecimiento, lo trajo hacia ella y lo abrazó frotando su blanca cabecita mientras comenzaba a hablar.

Le contó muchas cosas y no tardó mucho en llegar a la parte que realmente la molestaba. La habían despedido de su trabajo en la tienda departamental cuando la acusaron de robar mascadas, y al tener eso en su historial ninguna otra tienda quiso aceptarla. Peor aun, incluso llegaron a verla mal sólo por entrar al centro comercial y ya no pudo seguir yendo de compras con sus amigas. En consecuencia poco a poco se fue distanciando de ellas y al final se quedó en casa triste y sin nada que hacer.

Lincoln escuchó todo con el corazón en un puño, mientras recordaba con tristeza lo sucedido en aquella ocasión que Leni tuvo problemas. Había sido él quien había resuelto el misterio y limpiado el nombre de su hermana. Olvidó que a ella también la había ayudado bastante esa vez. ¿Pero tanto así que de no ser por él ella…?

–… Y eso no fue lo peor…

La chica no pudo soportarlo más y salió corriendo escaleras arriba para irse a llorar en su habitación.

–¡Mira lo que hiciste!– le reclamó Lori a Lincoln, soltándole un fuerte golpe en el brazo.

–Lo siento– se excusó apenado –Yo sólo quería ayudar–

–Pues sólo lo empeoraste–

Si, estaba muy familiarizado con ese sentimiento.

Lori se levantó y se dispuso a ir tras su hermana, pero Lincoln la detuvo halándola de la blusa, aun a pesar de la cara enojada que le dedicó.

–¿Tú si estás bien?– se atrevió a preguntar –Quiero decir, ¿tú no tienes problemas en la universidad o algo?–

No supo porqué, pero sabía que había cometido un gran error al mencionarlo dada la cara que puso Lori. Esta no se dignó a responderle, sólo lo empujó y se alejó dando pisotones.

–Lori dejó la universidad, según tengo entendido– explicó Nick, en ese instante que apareció a espaldas de Lincoln sin avisar haciendo que se sobresaltara, recordándole así a cierta persona –Creo haber escuchado que esta chica estaba teniendo problemas para adaptarse a los dormitorios del campus. Claro, hasta que obtuvo el valor y la dedicación que necesitaba gracias a su hermano que la inspiró a no rendirse–

Lincoln apenas consiguió discernir lo que insinuaba el viejo. Esa vez Lori regresó a casa de imprevisto y se fue ese mismo día dandole las gracias por ayudarla a entender algunas cosas. ¿Pero realmente había hecho algo importante por ella? No estaba del todo seguro ya que esa vez estaba más centrado en lidiar con sus propios problemas cuando lo mandaron a estudiar a Canadá.

A sabiendas que Lori y Leni ya no querrían verlo decidió subir a ver como estaban el resto de sus hermanas, empezando por el cuarto de Luna y Luan.

A esta ultima la encontró sentada frente a su computadora, pero no había rastro alguno de Luna o de sus instrumentos. Todo estaba diferente allí. Luan tenía una expresión seria y sus cosas de comedia tampoco asomaban por ninguna parte.

–¿Quién eres? –preguntó al verlo pasar.

–Soy Lincoln… –se anunció el peliblanco –Yo… Estoy de visita y… Pasé a saludar–

–Soy Luan– se presentó ella, con poco o nada de animo, y siguió en lo suyo.

–Oye… Tú… ¿Has escuchado un buen chiste últimamente?–

Esperaba que esto le levantara los ánimos. Después de todo nada hacía más feliz a Luan que le dieran pie para soltarse un buen chascarrillo, por tan pésimo o insufrible que resultara para los demás.

–Ya no cuento chistes–

–¿Tú…? ¡¿Tú qué?!–

–Ni tampoco hago bromas. Dejé la comedia hace tiempo–

–¿Pero por qué?– Lincoln simplemente no lo podía creer –¿Por qué abandonaste lo que más amas?

–¿Cómo sabes eso? –le preguntó Luan. Lo que lo puso un tanto nervioso al no saber que responder –¿Eres uno de los que veían mi viejo sitio web?–

–Eh… ¡Si!– mintió Lincoln –Eso mismo. Tú eres una excelente cómica. ¿Cómo pudiste sólo dejarlo?–

Luan sonrió por lo bajo al oír eso. Le contentaba saber que todavía hubiera alguien que admirara su trabajo, había pasado mucho tiempo desde la ultima vez que… Pero rápidamente esa sonrisa desapareció.

–No era divertida, era molesta–

A Lincoln se le formó un nudo en la garganta al volver a oír esa frase salir de boca de Luan. La vez que los escuchó a él y sus hermanas quejarse de lo fastidiosa que estaba siendo con sus chistes se sintió tan insegura de si misma, al punto que se precipitó a dejar aquello que tanto le apasionaba. Si no fuera por… ¿Otra vez él? Tenía que ser una broma. ¿Nadie más que no fuera él hubiera podido ayudarla en esa ocasión? ¿Fue el unico que no se rindió sin importar cuántas veces fracasaran sus planes por motivar a su hermana?

–¡No puedes dejar la comedia!– insistió –Eres muy buena en lo que haces. Estoy seguro que si te esfuerzas podrías…–

–¡NO!– saltó Luan –Las bromas son malas y sólo hacen daño–

–¿Por qué dices eso?–

Lincoln no recibió respuesta. Una lagrima resbaló por la mejilla de Luan, quien acabó por molestarse con él y echarlo de su cuarto.

–¡Esto es una locura! –clamó en su exasperación.

A esto llegó el gritó de Lynn desde la recamara que sabía compartía con Lucy.

–¡HEY, QUE ALGUIEN ME AYUDE!

Guiado por su instinto de hermano, Lincoln acudió presuroso en su ayuda. Casi vomita del espanto cuando la vio en silla de ruedas con una pierna enyesada, un brazo en un cabestrillo y un cuello ortopédico. Eso sin contar los múltiples vendajes que envolvían casi todo su cuerpo maltrecho.

–¡¿Estás bien?!–

–Si…– asintió Lynn –Oye, ¿podrías rascarme la espalda? Creéme que lo he intentado, pero esta comezón me está matando–

–Claro–

Lincoln acató su petición sin dudar. En breve, la castaña exhaló un reconfortante suspiro de alivio.

–Muchas gracias, eres muy gentil–

–No es nada… ¿Pero qué te pasó?

–Un accidente de derby en patines– contestó como si nada –No es la gran cosa–

Lincoln sabía que aquel deporte que tanto gustaba a Lynn podía ser algo peligroso, pero nunca antes ella se había lastimado tanto.

–¿Y tú quién eres?– le preguntó la castaña a continuación.

–Yo… Sólo estoy de visita y pensé en pasar a saludar… Pero creo que mejor me voy–

–Ok… Oye, ¿cuándo bajes podrías decirle a mi mamá que envíe a alguien para que me ayude a bajar a cenar?–

–Si… Si, claro–

Al salir de la habitación, Lincoln se topó nuevamente con Nick.

–¿Qué fue todo eso?– exigió saber de inmediato –¿Qué le pasó a Lynn?–

–Supongo que nunca tuvo un compañero de juegos ideal que le enseñara a medirse– explicó el anciano –Pero eso no importa ahora. Hay algo en la televisión que creo que deberías ver–

Lincoln llegó a mitad de los escalones y desde allí miró a la tele de la sala que seguía encendida.

Y ahora las mejores historias de la noche– reportó Katherine Mulligan –La ex ayudante de Mick Swagger, Luna Loud, fue echada de su gira hoy y puesta en arresto por intentar entrar a una cantina con identificación falsa–

A esto siguió la toma de su hermana siendo fichada y obligada a subir a la patrulla.

–¡¿Luna?!–

–Si, tú tampoco estabas ahí para hacerle entender a Luna que debía controlarse si quería acompañarlos a sus conciertos– explicó Nick –Supongo que por eso se peleó con la familia y… Con todos los problemas que han habido en casa… Tal vez prefirió irse a hacer su vida–

Lincoln ya había visto toda la vida de sus hermanas mayores torcida. ¿Y las menores? Tenía que saber que había sido de ellas.

Así que volvió a subir al segundo piso y cogió rumbo a la habitación de las gemelas.

–¡Lola!–

Casi se fue de espaldas cuando la vio aplastada en su trono de princesa.

–Oh– la niña, al verlo, lo saludó con un ademán agraciado –Debes ser uno de mis antiguos admiradores. Lo siento, pero ya no doy autógrafos–

Cogió cinco galletas con chispas de chocolate de una bandeja que tenía a un lado y las engulló de un solo bocado tras arrojarlas a su bocaza.

–¿Y… Y a ti qué te pasó?…– balbuceó Lincoln. Estaba horrorizado a más no poder, pero no podía dejar de repasarla con la mirada de arriba para abajo y de lado a lado –Estás…–

En este punto algunos dirían que sería más fácil saltar por encima de Lola que intentar rodearla. Estaba grande, enorme, pero no porque estuviera creciendo a lo alto, sino a lo ancho, lo menos apropiado para una niña sana de su edad.

–Te ves…–

–¿Como si me hubiera descuidado después que mi carrera en los desfiles se acabó?–

–¡¿Ya no desfilas?!–

–Es tan lamentable que me veas así… –dijo Lola efectuando una pose melodramática–. Pero te contaré mi triste historia… ¡LANA, LUCES!–

Obediente a su mandato, del otro lado del habitación llegó… ¿Lola?... No, era Lana. Lincoln si podía distinguir a una de la otra. Lo que pasaba era que Lana llevaba puesto el mismo vestido rosa a juego con una tiara similar a la de su gemela.

Ella apagó las luces y cogió una lampara de pie con la que, a modo de reflector, iluminó a Lola quien empezó a contarle otra anécdota que ya conocía pero que había terminado de otra forma.

–Yo era una hermosa niña con un brillante futuro por delante…¡Hasta que el tonto entrenador de nuestra escuela fue puesto a cargo del anuario y arruinó mi vida!– conforme relataba todo su tono alternaba entre chillidos histéricos, voz calma y gemidos ahogados –Tomó la peor foto de mi que se haya visto. Le pedí gentilmente que lo arreglara pero se negó a cambiarla. Dijo que tenía "demasiado trabajo". ¡PUES DEBÍAS CONTRATAR MÁS PERSONAL, CABEZA HUECA!… En fin, hice cuanto estaba a mi alcance, pero cuando esa horrible toma se quedó allí supe que todo había terminado y con ello mis esperanzas, mis sueños y mi razón para vivir–

Lincoln no lo podía creer. ¿Lola renunció sólo por eso? Aun si él no hubiera arreglado la foto ella debió seguir compitiendo, no debió haber dejado que una sola foto la derrumbara, él nunca hubiera permitido que se diera por vencida tan fácil, él… Pero él no estuvo ahí, ¿verdad?

–¿Y ella?– preguntó señalando a Lana.

–Nha, es mi gemela. No es tan linda como yo pero hace su mejor esfuerzo–

Lana se veía bastante incómoda con la indumentaria de princesa. Lincoln no entendía cómo es que simplemente aceptaba esas cosas y se dejaba dominar así.

–Y… ¿Realmente te gusta esto?– preguntó a Lana con disimulo –¿No preferirías hacer otras cosas como…? No sé, ¿jugar en el lodo o con los animales?–

Por un segundo el rostro de Lana se iluminó al pensar en las cosas que Lincoln sabía realmente le gustaba hacer. Sólo por un segundo.

–¡IUH!– chilló Lola con disgusto –Esas cosas son desagradables. Ninguna niña bien haría eso. ¿Cierto, Lana?–

–… Si, Lola –asintió Lana cabizbaja –Es verdad–

Lincoln salió de la habitación frustrado, sin entender cómo había podido pasar eso con Lana. Ella…

–Lana es de esas niñas con gustos peculiares– dijo Nick, quien nuevamente lo sorprendió apareciendo a sus espaldas como esa persona –Gustos que la alejan de otras niñas para jugar. Tal vez si hubiera tenido un hermano varón que la hubiera echo sentir segura con esas cosas… –

Lincoln se resignó a aceptar esa respuesta y procedió a ir a ver cómo estaban Lily y Lisa, siendo esta ultima a la que halló echada en su cama perdida en lo que veía en su celular.

El cuarto de las pequeñas también estaba cambiado. No estaban ni el equipo científico de Lisa, ni la cuna de Lily, ni… ¿Nada de Lily?

–Hum… ¿Lisa?–

–¿Quién eres, extraño?–

–Eh… Sólo una visita–

–Ajá, ¿y cómo sabes mi nombre?–

–Eh… He oído hablar de ti de donde vengo– se excusó Lincoln de improviso, siguiendo el ejemplo de Nick –Eres Lisa Marie Loud, una genio certificada–

–¿Qué?… Ah si… Se supone que soy más inteligente que el promedio– dijo la chiquilla con actitud despreocupada. Ni siquiera tuvo la decencia de dejar de mirar su celular –Pero descubrí que ser lista daba muchos problemas. Mis hermanas siempre se frustraban cuando intentaba corregirlas en algo, los demás me llamaban sabionda, no tenía amigos, muchos regaños cuando alguno de mis inventos salía mal, etcétera, etcétera, etcétera… Así que opté por mi plan B–

–¿Y ese cuál es?–

Lisa estiró una mano para coger una lata de crema batida que tenía en su cómoda, la agitó y acercó el disparador a su boca.

–La bendita ignorancia– respondió, y en el acto se llenó la boca de crema mientras seguía viendo videos en su celular.

–¡¿Estas bromeando?!– le recriminó Lincoln que sentía que ya no podía más –Eres la persona más lista que conozco. Podrías hacer muchas cosas grandiosas para beneficio de la humanidad, ¿y tu plan es quedarte echada en cama viendo tu celular por siempre?–

Nick entró a la habitación y se acercó para hablarle a Lincoln, pero este lo silenció con un brusco movimiento de su mano. Ya sabía lo que iba a decir: que sin él ahí para animarla y decirle lo genial que era y lo orgulloso que estaba de sus logros Lisa simplemente se había desmotivado y renunciado a su ciencia y a ser lista en favor de una vida más fácil y bla, bla, bla…

–Meh…– comentó la niña tras tragar la crema batida –A veces salgo a Jugar con Darcy. Después de todo tengo mucho tiempo libre. No es como que tenga muchos deberes después de todo. Supongo que esos son los beneficios de ser la bebé de la casa–

–¿"La bebé de la casa"? –repitió el peliblanco entre balbuceos –¿Y Lily?–

–¿Quién es Lily?–

A Lincoln se le cayó el alma a los pies al intuir por donde iban los tiros con esa negativa. Esperó estar equivocado, rotundamente equivocado, haber escuchado mal, pero…

Salió corriendo de la habitación de Lisa y regresó a los escalones donde se puso a mirar todos y cada uno de los retratos familiares que colgaban de la pared. Contó a una, dos, tres… Siete, ocho… Nueve… ¡Sólo a nueve de sus hermanas!

–Lo siento, chico– se acercó a hablarle Nick una vez más –Pero tener una familia grande es mucho trabajo y, aunque no lo creas, tú eras de gran ayuda para tus padres. Sin ti… Puede que con nueve hijas tuvieran más que suficiente.

–¿Todas ellas están tan mal?– gimió Lincoln –¿En serio?…¿Sin mi mi familia se está desmoronando?… ¿Y Lily ni siquiera existe?... ¿Y Lucy?–

Era verdad. Cuando fue con Lynn no vio a Lucy en su habitación. En realidad no la había visto desde que entró a la casa, pero eso no era de extrañarse. A Lucy siempre le había gustado esconderse en los rincones más apartados de la casa. Decidió buscarla y verificar que al menos ella estuviera bien.

–Lincoln, creo que mejor nos vamos– advirtió Nick no obstante.

–¿Por qué?–

El anciano no tuvo necesidad de responder a su pregunta, en ese instante que Rita permitió la entrada a un par de policías.

–Lo siento, pero si el niño huyó de casa es mejor que las autoridades se encarguen de él–

El pánico se apoderó de Lincoln. ¿Otra vez? ¿Otra vez lo iban a subir a una patrulla esa misma noche? Sin saber que hacer se quedó congelado a mitad de las escaleras mientras los oficiales se acercaban… Al menos hasta que la vivaracha risotada de Nick lo sacó de su trance.

¡HO HO HO HO HO…! Si, si, claro, supongo que esto es mi culpa, oficiales. ¿Pueden darme un segundo para explicarles todo?–

Al ir bajando, el anciano barbón se volvió hacia Lincoln y le guiñó un ojo en discreción, para luego ir a atravesarse en el camino de los policías bloqueándoles el paso a las escaleras con su voluminoso cuerpo.

El chico lo entendió a la primera. Con Nick ahí los oficiales no podían alcanzarlo. Era ese el momento de aplicar la vieja confiable… ¡CORRER!

Regresó presuroso al piso de arriba y corrió directamente a su cuarto. Tenía planeado usar el tobogán de escape por el que se valió para huir de casa esa misma noche. Pero al abrir la puerta se encontró con un armario de blancos común y corriente. Obviamente si él no existía su cuarto tampoco y por lo tanto no había tobogán de escape.

–¡Rayos!– gruñó dándose una palmada en la frente.

Sin embargo no era momento de protestar. Necesitaba un método de escape y lo necesitaba rápido.

–¡Ya sé! ¡Ya sé!–

Por segunda vez irrumpió en el cuarto de Lisa y corrió a abrir su ventana. Pero al mirar para abajo se echó para atrás.

–¡No! ¡No sé!–

¿Mas que otra opción tenía? A no ser que prefiriera dejar que la policía le echara el guante y probablemente acabar en un orfanato.

A falta de una mejor opción a su alcance, Lincoln tragó saliva, se armó de valor y saltó por la ventana. Lo que hizo a Lisa salir de su sopor y dejar su celular.

Al asomarse por la ventana, la chiquilla con asombro lo vio caminar de puntillas sobre el tejado. Luego deslizarse por el poste del porche para por ultimo aterrizar y rodar bruscamente sobre la hierba del jardín de en frente.

–Vaya… ¡Eso es otra onda! –

Antes de echar a correr como alma que llevaba el diablo, aquel chico de pelo blanco se volvió hacia ella y le advirtió con la voz autoritaria de un hermano mayor:

–¡NI SE TE OCURRA INTENTARLO!–

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N/A: Bueno párese que esto a terminado igual que el capitulo anterior... con la policía persiguiendo a nuestro querido protagonista.

Bien dicen que tienes que tener cuidado con lo que desea ¿no? Ahora Lincoln esta atrapado en un mundo donde nunca nació, donde nunca existió, sin idea de que hacer o de como volver a casa.

y puede que Lincoln no tenga respuestas... pero espero que ustedes si.

¿Se esperaban que la trama fuera por este rumbo?

¿Creen que Lincoln pueda escapar de la policia? ¿o que termine otra vez en la patrulla?

¿Que opinan de este mundo?

¿Se imaginaron que así seria la vida de todos de no ser por Lincoln?

Y como siempre la pregunta más importante ¿Les gusto el capito?

Sin más empero que les gustara este capitulo y que todos tengan una feliz navidad.

Mencion especial a J0nas Nagera por ser el unico que adivino más menos por donde iria la trama.