N/C: (cantando) Ya pasó nochebuena… Ya pasó Navidad… y hace un buen que comenzó… Un año más…

Si, nos retrasamos un poco, pero ya estamos aquí de regreso con la ultima entrega de este especial navideño.

Al menos donde yo vivo siguen habiendo decoraciones en los escaparates, así que supongo que aun cuenta : P

Como sea, esperamos de corazón que lo disfruten tanto como nosotros al escribirlo ; )

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Bien, a esto había llegado Lincoln, a un segundo encuentro con la policía en noche buena. Podía escuchar a los oficiales correr tras él. No podía dejar que lo atraparan, no existía en este mundo y no tendría forma de explicar lo sucedido.

Cruzó arbustos, trepó cercas y efectuó cuanta maniobra le ayudara a ganar distancia… Sin duda lamentaba no haber entrenado más con Lynn cuando tuvo la oportunidad. De haberlo echo seguramente todo aquello resultaría más fácil.

Sin embargo logró ganar suficiente ventaja para perderlos de vista por algunos segundos. Mas tan pequeña ventaja no le serviría de nada y no podría seguir a ese paso por mucho tiempo. En cualquier momento lo encontrarían a no ser que hallara un buen… ¡ESCONDITE!

¡Era perfecto! De casualidad había llegado a la antigua casa de Ronnie Anne de cuando ella aun vivía en el pueblo. En alguna salida de "amigos" Lincoln se había enterado de una pequeña "entrada secreta" que usaba su amiga para no ser atrapada si alguna vez llegaba tarde a su casa.

Así que optó por correr hasta allí y, tal como Ronnie Anne le había mostrado aquella vez, dio unos golpecitos a la puerta trasera y movió el picaporte casi como si fuera la combinación de una caja fuerte, logrando que con esto se abriera.

Una vez dentro Lincoln cerró la puerta tras de sí esperando que los policías no lo hubiesen visto. Aquel lugar era su mejor opción por el momento. Al menos tendría un techo sobre su cabeza y la casa era agradable. Estaba… ¿Cálida? ¿Impregnada del aroma de la cena?

–¡¿QUIEN ESTA AHÍ?!–

De pronto Ronnie Anne apareció armada con una escoba. La niña había escuchado el sonido de alguien irrumpiendo por la puerta de atrás, y aunque le aterraba hizo lo primero que le dictaron sus instintos: intentar plantar pelea.

Fue grande su sorpresa cuando se topó con que el intruso no era ningún sujeto aterrador, sino un niño como de su edad que respiraba agitado y se veía mucho más asustado que ella.

–¿Quién e…?–

Antes que pudiera completar su pregunta, unas voces desde afuera de la casa llamaron su atención.

–¿A dónde fue?–

–No pudo ir muy lejos–

Ronnie Anne se asomó a través del pasillo a mirar por la ventana delantera, a travez de la cual vio pasar a los dos oficiales. Justo cuando se dispuso a llamarlos…

–¡Por favor, no digas que estoy aquí!– rogó aquel extraño niño de pelo blanco poniendose de rodillas y mostrando la cara de miedo más sincera que Ronnie Anne en su vida hubiese visto –Por favor, creéme… Yo no hice nada malo–

La muchacha hispana entrecerró los ojos y lo miró con dureza.

–Pues, que yo sepa, los policías no suelen perseguir a personas que "no hicieron nada malo"–

–Es que… Yo… –

¡Ding dong…!

Lincoln no pudo decir más. En ese momento el timbre de la casa sonó y no necesitaba ser un genio para saber de quien se trataba.

–Quieto– lo amenazó Ronnie Anne en voz baja apuntándole con el palo de la escoba, lista para golpearlo en caso de que intentara algo. De ahí se volvió hacia la puerta –¿Quién es?–

–Somos la policía. ¿Puedes abrir?–

–Yo… –Ronnie Anne pensó un segundo en hacerlo, pero al ver la cara suplicante de Lincoln… –Se supone que no debo abrir la puerta a desconocidos. ¿Qué necesitan?–

–Sólo queremos saber si viste pasar por aquí a un niño de pelo blanco–

–¿Por qué? ¿Qué hizo? ¿Es peligroso?–

–No, sólo huyó de casa y tenemos que regresarlo a su hogar–

Lincoln cerró los ojos aterrado a la espera que Ronnie Anne lo delatara.

–Yo… No lo he visto– fue lo que dijo –Pero si lo veo les llamaré–

A Lincoln se le iluminaron los ojos. Estaba muy agradecido con Ronnie Anne por lo que había hecho por él. En cuanto los policías se fueron se lanzó hacia ella para abrazarla… ¡Pow!… Sólo para ser correspondido con un escobazo en la boca del estómago.

–¡Quieto, rarito, que aun puedo cambiar de opinión!–

–Lo siento… – se disculpó Lincoln mientras intentaba recobrar el aire perdido por el golpe.

–Y ni creas que será tan fácil– advirtió Ronnie Anne –Como intentes hacer algo raro te aviso que mi hermano mayor era guardia de seguridad y es muy rudo–

Lincoln lo dudó por un segundo. ¿Bobby rudo?... Pensándolo bien… No estaba seguro si Ronnie Anne estaba blofeando o si en ese extraño y loco mundo donde él nunca nació Bobby si era rudo.

–¿Por qué entraste a mi casa?–

–Es que… Pensé que estaba abandonada y… –la cara que puso Ronnie Anne no tardo en avisarle que había escogido las palabras incorrectas –¡No! No es que tu casa tenga algo malo, es que… De donde yo vengo mi mejor amiga vivía en una casa igual a esta… Pero ella se mudó muy lejos y desde entonces la casa a estado vacía. Así que… Ni siquiera lo pensé, entré como un reflejo, lo siento–

Esa explicación pareció calmar a Ronnie Anne que bajó la escoba y la dejó en su lugar.

–Bueno… Creo que será mejor que me vaya. Lamento haber molestado–

–Está bien, puedes quedarte un rato si quieres hasta que las cosas se calmen. Anda, siéntate un momento y cuéntame: ¿por qué huiste de casa? ¿Acaso tus padres te tratan mal?–

Lincoln sabía que Ronnie Anne en el fondo era una chica muy dulce y amable, aun si la mayoría de las veces solía ser ruda con él. Si bien aparentaba estar interesada sólo en el chisme, el brillo de sus ojos y la expresión en su rostro dejaban en claro que en realidad se preocupaba por él.

Como no tenía nada más que hacer acepto su oferta. Se sentó con ella a la mesa a tomar una taza de ponche y se dedicó a contarle lo que podía. Era claro que no podía decirle toda la verdad sin quedar como un loco frente a ella, pero… Tal vez cambiando un poco el contexto de todo…

Le dijo que solía tener una gran familia, lo mucho que la amaba y, aunque no quería llegar a esa parte, le contó que él mismo se terminó sintiendo como una carga para todos ellos y que estarían mejor sin él. Lo que terminó conduciéndolo hasta allí.

–¡¿Estas loco?!– un fuerte golpe en el brazo lo hizo callar –Es tu familia, deben estar muy preocupados. Rayos, debí dejar que la policía te llevara a rastras con ellos–

–No podrían– se lamentó Lincoln.

–¿Qué?– replicó Ronnie Anne –¿Por qué no?–

–Ya no están… Yo… Ya no tengo una familia con la que volver–

Lincoln no sabía cómo explicarle que su familia… Ya no era su familia. Él ya no existía y no era como que la policía pudiera regresarlo con ellos. En realidad no tenía a donde ir.

Aparentemente Ronnie Anne había sacado alguna conclusión; pues tras dejar escapar una exclamación de profunda pena se disculpó con Lincoln dedicándole una mirada triste.

–No te preocupes, yo… Sólo… ¿A quien quiero engañar? Esto es una porquería. Y… ¿Qué tal tu familia?–

Aun si no dijo nada, la cara de Ronnie Anne le hizo saber a Lincoln que haber preguntado eso había abierto una vieja herida.

–Yo… Tal vez yo si debí haber huido de casa– fue lo que dijo –Yo si que lo arruiné todo para mi familia. Yo…–

Lincoln no pudo creer lo que Ronnie Anne decía. Quería tomarla de la mano para animarla y decirle que no era verdad, pero…

–Hola, Nini– se escuchó una voz triste y lastimosa arrastrándose hacia la cocina –¿Hay ponche?–

–Si, Bobby– con la mirada, Ronnie Anne señaló la nevera.

Bobby se veía bastante mal. Estaba deprimido, con los ojos llorosos, y muy decaído. Arrastrándose como alma en pena por la cocina, tomó lo que fue a buscar y regresó por donde vino.

–¿Ese es tu hermano?– aunque a Lincoln le dolió ver a su amigo así… No pudo evitar hacerle una pullita a Ronnie Anne –¿El guardia de seguridad tan rudo?

Ambos niños se echaron a reír después de eso, sobre todo Lincoln que por primera vez desde que inició esta extraña aventura sintió que podía relajarse, aunque fuera un poco.

–Y… ¿Qué pasó con tu familia?–

Con pesar, Ronnie Anne le contó que su madre planeó mudarse a la ciudad con sus abuelos, sus tíos y primos… Pero al final ella no lo aceptó al no saber como sobrellevar a una familia tan grande como esa y convenció a su madre de quedarse en Royal Woods, lo que había sido un gran error.

–Yo si lo arruiné todo. Si nos hubiéramos quedado en la ciudad Bobby hubiera podido ir a la universidad ahí y… Incluso cuando su novia no encontraba dormitorio… *No sé, hubiera podido quedarse con nosotros y tal vez así no se habrían distanciado y terminado su relación–

*(N/A: Que yo siempre insistiré que esa hubiera sido una gran mejora a los Casagrande)

–¡¿Ellos rompieron?!– interrumpió Lincoln sorprendido. Era verdad que no sería la primera vez que Lori y Bobby peleaban, incluso que rompían. Sin embargo Lincoln pensó que al final ellos siempre terminarían juntos.

–Si– asintió Ronnie Anne –Desde entonces mi hermano está… Así, y hasta lo echaron de la universidad porque no podía concentrarse y yo… yo causé esto, así que por lo menos trato de cuidarlo; y como mi mamá terminó renovando su contrato aquí, ahora no nos podemos ir. Estamos atrapados en un pueblo sin futuro–

La historia de Ronnie Anne rompió el corazón de Lincoln. Esto también era su culpa, si él hubiera estado allí… Nada de esto hubiera pasado. Hubiera convencido y animado a su amiga de darle una oportunidad a una gran familia como la de él, la hubiera aconsejado, la hubiera ayudado, pero… Más que nada fue lo ultimo que dijo Ronnie Anne lo que sumado a todo lo que había visto del pueblo llamó más su atención.

–Cierto… ¿Qué pasó aquí?… Digo… Se supone que este era un pueblo lindo y tranquilo, pero ahora…–

–¿No lo sabes?– Lincoln negó con la cabeza y Ronnie Anne resopló mientras pensaba en ello –Y yo que pensaba que todos sabrían lo que le pasó al pueblo… Supongo que a fin de cuentas no fuimos una noticia tan grande.¿Quieres saber que pasó? ¡Ella fue lo que pasó!–

Impulsada por su furia, la niña tomó un tenedor y lo lanzó dando justo en el centro de una diana con una foto, la foto de Joyce Crandall, la mujer que había intentado inundar Royal Woods.

–¡¿ELLA?!– saltó Lincoln –¡Estaba intentando destruir Royal Woods!… ¿Cierto?–

–Con que si sabes la historia, ¿eh? Pero lamento decirte que estás un poco desactualizado. Ella ya lo intentó y todo lo que viste fue por culpa de eso–

–Pero ella planeaba destruir la presa para inundar toda la ciudad y crear un sexto gran lago. Si el pueblo sigue aquí es por que pudieron detenerla, ¿verdad?–

La cara de Ronnie Anne era un claro no.

–No sabes cómo funciona una presa, ¿verdad? Si, ella destruyó la presa, y cuando lo hizo el agua salió e inundó la ciudad, pero sólo por unos días. Después el agua corrió hasta los lagos–

*(N/A: Lo siento, pero no pude evitar señalar ese enorme hueco en el argumento de ese episodio. Las presas crean lagos… ¡Cuando las construyen! Destruir una presa causa una inundación, si, pero esta pasa y deja sólo la tierra)

–Pero… Entonces el pueblo se salvó, ¿no? Todo está bien– dijo Lincoln haciéndose a la idea que al menos eso no había cambiado. Al menos el pueblo se salvó aun sin él; no era otra cosa que hubiera destrozado con su deseo.

–¡¿Ya viste el pueblo?! ¡¿Te parece que está bien?! Este solía ser un pueblo bonito y tranquilo pero… Después de la inundación muchas casas quedaron destruidas o muy dañadas, la corriente arrastró montones de basura por todo el lugar y mucha gente simplemente se fue sin mirar atrás y, para colmo, la Subsecretaría de ocio del agua no nos dio el dinero que habían prometido porque aun podíamos vivir aquí. Apenas dieron una miseria para reconstruir el pueblo; somos el pueblo que intentaron destruir y que ahora se acerca cada vez más a ser un pueblo fantasma; si tan sólo alguien hubiera seguido peleando para detenerla–

Lincoln sólo pudo apoyar su cabeza en la mesa al escuchar eso. Esto también era su culpa, fue él quien insistió a todo el pueblo que lucharan, que no se rindieran y que dieran todo por salvar sus casas. No sólo había destruido la vida de sus amigos o la de su familia, había arruinado al pueblo entero.

–¿Estás bien?– preguntó Ronnie Anne al ver lo decaído que estaba, poniendo su mano en su hombro en señal de apoyo.

–Si, yo sólo… Gracias, eres muy amable–

Lincoln se extrañó un poco pensando en eso. Sabía que la Ronnie Anne que conocía era una chica muy dulce y cariñosa… En el fondo; pero llegar a conocer esa faceta suya le había costado mucho, y aunque esta Ronnie Anne se notaba algo deprimida por la desesperanzadora situación de su familia, y el echo que se culpaba de todo eso… Ella era realmente muy amable.

Pensó en decirle algo más, cuando un sonido fuera de la casa llamó la atención de ambos niños, ¿cascabeles?, y al asomarse…

¡Ho ho ho…!–

–¡¿NICK?!–

En plena calle había un trineo para la nieve tirado por nueve… ¿Nueve perros?… Adornado con tiras de cascabeles a ambos lados y lamparas de aceite colgando de cada costado trasero; y sobre este venía montado Nick con su enorme presencia. Aparentemente logró escuchar la exclamación del chico, dado que volteó hacia él cuando se asomó a mirar por la ventana y sacudió las riendas para detenerse.

–¿Nick?… –Lincoln salió de la casa seguido por Ronnie Anne. Los dos miraron el trineo sorprendidos –¿De donde sacaste eso?–

–Se lo pedí prestado a un amigo– respondió el anciano mientras se acomodaba abriendo un espacio para Lincoln –Tú eres el que no existe, no yo–

–¿No existe?– repitió Ronnie Anne confundida.

–Si, yo… Bueno, como no tengo familia ni registros ni nada ni nadie me conoce, yo sólo…– Lincoln intentó usar eso como excusa, pero pareciera que Ronnie Anne no se lo tomó a bien.

–¡HEY!– le reclamó con indignación al anciano barrigón –¡No puede hablarle así! ¡¿Quién se cree que es?!–

–Tranquila– dijo Lincoln para calmarla –No pasa nada, lo dijo sin mala intención–

–Así es, pequeña –afirmó Nick– Aunque supongo que mis palabras sonaran un poco rudas, lo siento, sólo trato de ayudar; y bien, chico, ¿vienes? Mientras te buscaba encontré muchas cosas que creo tienes que ver–

–Um… ¿Seguro quieres ir con él?– le advirtió Ronnie Anne a Lincoln en susurros –Es un tipo raro–

–Bueno, sí, no tengo más que hacer y me a estado ayudando y… Gracias… Pudiste entregarme a la policía o sólo golpearme y sacarme de tu casa a patadas, pero me dejaste quedar para calentarme. Eres muy dulce–

Esbozando una gran sonrisa, Lincoln le dio un rápido abrazo a Ronnie Anne. Mismo que la niña no logró evitar esta vez, sonrojándose mucho al sentir los brazos del chico alrededor de su cuerpo.

–¡Aléjate de mi, rarito!– chilló apartándolo con un golpe en el brazo –¿Quién te dijo que podías abrazarme? Mejor vete antes que llame a la policía–

Refunfuñante, Ronnie Anne regresó a su casa a paso firme. No obstante dejó la puerta entreabierta para seguir observando a Lincoln hasta que se fue.

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–No lo entiendo, Nick, pensé que la Ronnie de este mundo era más suave. Si era algo ruda, pero… No sé… Estaba siendo muy linda conmigo hasta ahora–

Ho ho ho ho ho… Niño, para haber crecido con tantas hermanas realmente no entiendes a las chicas–

Nick sacudió las riendas y el trineo cruzó la ciudad cuál centella.

–¡Más despacio!–

–Tranquilo, hijo, e conducido trineos desde mucho antes que nacieras… Aunque normalmente no de perros–

A Nick le divirtió el modo que a Lincoln le costaba mantenerse en su lugar por la velocidad.

En fin, que continuaron por un largo rato. Lincoln sabía que ya debían ser más de las once de la noche, cuando el trineo frenó con brusquedad.

–¡Nick!– se quejó Lincoln por su forma de frenar.

–Sólo mira, niño–

Estaban frente a la gasolinera de Flip. El lugar no había cambiado mucho más allá que las paredes de los baños estaban grafiteadas y los contenedores de basura aparecían más repletos de lo que deberían estar.

–¡Fuera, largo de mi tienda, borracho!

En ese momento que pararon allí, el viejo Flip terminó de echar de su establecimiento a un indigente que salió tambaleándose, tropezó torpemente con el bordillo de la banqueta y acabó cayendo despatarrado en el asfalto junto a la boca de una alcantarilla.

–¡Te dije que no quería verte más por aquí! –terminó de amenazar el viejo, para luego azotar la puerta del mini super.

Lincoln se quedó mirando al desdichado hombre que yacía tumbado en la calle. A este lo pudo reconocer a la primera, con todo y su mugrienta cara y sus ropas harapientas.

–… ¿Entrenador Pacowski?–

–¿Quién eres tú?– balbuceó en respuesta con voz briaga. Realmente se veía muy mal. Tenía los ojos enrojecidos y lagañosos y los dientes amarillos; parecía que no podía sostenerse por si solo y apestaba a tabaco y alcohol.

Lincoln no tuvo que preguntarlo. De algún modo sabía que esto también era su culpa, y Nick no tardó en confirmárselo.

–Si, tampoco estuviste allí para ayudar al entrenador Pacowski a acercarse a la enfermera Patti y por eso siguió desquitándose con sus alumnos, hasta que finalmente alguien salió lastimado y perdió su trabajo. ¿Eso te parece poco?–

Sin dejar que Lincoln le respondiera, Nick volvió a acelerar el trineo encaminándolo a un destino fijo. En el camino Lincoln siguió observando el estado decadente de su pequeño y querido pueblo, porque él no estuvo ahí para protegerlo.

–Nick… ¿Por qué presiento que se acerca el momento de que nos separemos?–

Tenía un mal presentimiento, que sólo aumentó con el silencio del anciano.

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–Tienes que ver una ultima cosa, antes de que termine este día– dijo fríamente cuando pararon frente a unas puertas de reja que se abrieron por si solas con un chirrido. Cogió una de las linternas y le indicó al chico que lo siguiera a adentrarse en aquel lugar –Tenemos que cruzar por aquí–

–Yo… No quiero, Nick– gimió Lincoln temeroso –¿No podemos ir a otro lado? … ¿Nick?–

Pero Nick no parecía escuchar sus suplicas. Simplemente siguió avanzando mientras el brillo de la linterna le marcaba el camino a Lincoln. Mientras se adentraba aun más en aquel lugar sombrío sintió que se le estaba helando la sangre. El cementerio.

–¡NICK, ESPERA!…–

Aun con todo el temor que lo invadía, Lincoln no sabía a donde más ir; por lo que optó por seguir el tenue brillo de la linterna mientras le gritaba y suplicaba a Nick que volviera, que fuera lo que fuera no quería verlo si estaba en un lugar como ese.

Sus temores parecieron no ser en vano. Cuando el anciano se detuvo junto a una lapida, Lincoln se estremeció. Pensó en su abuelo, a quien ayudó a librarse de las reglas tiránicas del asilo y que tal vez con reglas así de duras, casi sin poder moverse, él pudo haber… O en Myrtle, su nueva abuela, quien tal vez en este mundo ni siquiera se casó con Pop-pop y terminó muriendo sola y triste.

Esos pensamientos obligaron a Lincoln a cerrar los ojos con fuerza y darle la espalda a la tumba que Nick señalaba con tanta insistencia.

–Mira… Lincoln… Mira bien… Mira… ¡Mira!– le exigía conforme alzaba la voz. En esto azotó la linterna ante la tumba y se produjo un destello que brilló con gran intensidad –¡AQUÍ ESTÁ! ¡MIRA!–

Finalmente Lincoln se volteó a leer lo que rezaba la inscripción en la lapida sepulcral. Decía: Aquí yace Lucy M. Loud.

–No… ¡No!... ¡NO!… ¡LUCY!–

Cuando leyó la inscripción, Lincoln sintió que se le partía el corazón. Se arrojó al suelo, rompió a llorar y permaneció tendido ante la lapida sollozando amargamente.

–¡LUCY!… – gemía –¡NO!… ¡LUCY!… ¡HERMANITA!…–

–¡¿DÓNDE ESTABAS?!– inquirió Nick. Su voz sonó como un trueno, tan potente que hizo callar a Lincoln –¡¿DÓNDE ESTABAS CUANDO ELLA TE NECESITABA?!–

–¿Qué pasó?– preguntó el peliblanco sollozante.

–¡¿No lo recuerdas?!– bramó el anciano –¡Ella tenía un secreto, un secreto que la avergonzaba y que tú descubriste y la ayudaste a ocultar!–

–¡La princesa pony!–

–¡SI! ¡¿Y DÓNDE ESTABAS?! ¡No estuviste ahí para ayudarla a ocultar su secreto! ¡No estuviste para defenderla! ¡No estuviste para animarla! Tus hermanas se enteraron y la torturaron con sus burlas mucho más de lo que te habrían torturado a ti. Tal vez tú hubieras podido tolerarlo pero ella no; y a medida que esas burlas crecían más, más gente se enteró, más burlas, más acoso. ¡MÁS Y MÁS! Hasta que la depresión llegó… y con ella la falta de apetito… y con ella la debilidad… y con ella la enfermedad… y con ella…–

–¡NO, NO SIGAS!– chilló Lincoln– ¡Esto no puede estar pasando! ¡Esto no puede ser!–

–¡¿Y QUÉ ESPERABAS?!– gritó Nick, con tal intensidad que se desató una ventisca fría y violenta que golpeó a Lincoln aplastándolo contra el suelo impidiéndole levantarse –¡¿QUÉ ESPERABAS QUE PASARA?! ¡¿QUÉ CREES QUE PASA CUANDO LAS PERSONAS BUENAS NO ESTÁN?! ¡¿DECÍAS QUE ERAS UNA CARGA PARA TU FAMILIA?! ¡PUES ESA CARGA SE A SOLTADO Y ESTE ES EL RESULTADO! ¡¿ES ESTO LO QUE QUERÍAS?! ¡PUES YA LO TIENES!–

–¡NO, NICK!– aulló Lincoln, mientras empleaba todas sus fuerzas en luchar contra la ventisca que no lo dejaba ver con claridad –¡DETENTE, NICK!… ¡TÚ HICISTE ESTO!—

Ya había visto suficiente, más que suficiente. Con trabajo consiguió ponerse de pie y buscó a tientas al anciano; no más que este… Había desaparecido, como si se hubiese esfumado en el aire que soplaba en su contra con tal intensidad, lo único que podía escuchar a su alrededor era el rugir de la ventisca, y el sonar de las campanas de media noche, primera campanada, segunda campanada, tercera campanada.

–¡TE LO SUPLICO, NICK!… ¡HAZ QUE TODO VUELVA A SER COMO ANTES!— cuarta capada, quinta campanada, sexta campanada.

Lincoln se arrastró trabajosamente por la nieve, se las arregló para llegar hasta la salida del cementerio y siguió arrastrándose sin rumbo fijo contra la ventisca conforme esta iba en aumento sin dejarle ver más que la blancura de la nieve misma; séptima campanada, octava campanada, novena campanada.

–¡NO ME IMPORTA LO QUE ME PASE, SÓLO DEVUELVEME A MI FAMILIA!… –rogó a gritos–. ¡DEVUELVEMELOS POR FAVOR!… ¡POR FAVOR!… ¡QUIERO VOLVER A VIVIR!… ¡QUIERO VOLVER A VIVIR!… ¡Quiero volver a vivir!… Dios mio, Nick, por favor… Hazme vivir…—

Lincoln finalmente se siento caer, cayendo sobre la nueve… sin mas campanadas.

–¡Eh!… ¡Ahí estás!–

Fue entonces que la ventisca cesó de golpe, a la vez que Lincoln escuchó la voz conocida de alguien más. Al levantar la vista, sus ojos enrojecidos por el llanto vislumbraron de a poco la imagen de Zach venir aproximándose hacia él a paso acelerado.

–Menos mal que te encontré–

Apenas estaba a unos pocos pasos de llegar a él, y que Lincoln dio un brinco para atrás y se armó con un palo que halló tirado cerca.

–¡Atrás!– advirtió empuñándolo de modo amenazante –¡Aléjate de mi, loco!–

–¡Wow! Tranquilo, amigo– Zach detuvo su paso y lo miró preocupado, pero con un dejo de alivio en su expresión–. Tienes que calmarte, estás muy alterado, Linc.

El peliblanco bajó la guardia al oír que lo llamaba por su nombre. Ahora que su vista se había vuelto a esclarecer, notó que Zach lucía calmado y sereno y no presentaba el mismo aspecto descuidado de hasta hacía rato. Ni siquiera llevaba puesto el gorro de papel aluminio; a la luz del día podía verlo que siempre lo había visto… ¿luz del dia?

–¿Linc?… ¿Dijiste Linc?… ¿Me conoces?—

–Claro que te conozco– aseguró el pelirrojo sin dudarlo un segundo –Te hemos estado buscando por horas, nos tenías muy preocupados a todos y… Oye, se te cayó la venda de la mano. ¿Estás bien?—

En el acto, Lincoln soltó el palo y se apuró a examinar la palma de la misma mano con la que lo había tenido sujeto, la cual súbitamente le había vuelto a arder. La marca ampollada de su quemadura estaba de regreso, rosada e hinchada tal cual había estado antes de…

–Tengo la mano quemada…– exclamó, al tiempo que sus ojos se abrían como platos y sus labios temblantes se curvaban en una gran sonrisa –¡Tengo la mano quemada!… ¡¿Te das cuenta, Zach?!… ¿Te das cuenta?… ¡FELIZ NAVIDAD!–

Entre frenéticas risotadas abrazó a su amigo, contento de que lo hubiera vuelto a reconocer, contento como nunca que en su mano hubiese vuelto a aparecer la herida que se había hecho por su descuido. Luego de esto lo soltó y echó a correr a toda velocidad, dejando tras de si a un muy extrañado Zach.

–Feliz navidad –dijo este rascándose la cabeza algo confundido, pero feliz de haber encontrado a su amigo sano y salvo –Supongo–

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Primero regresó al restaurante de su padre. Si bien a esa hora de la mañana estaba cerrado tal cual indicaba el rotulo de la entrada, el negocio estaba en optimas condiciones. Nada que ver con el establecimiento en ruinas a donde había ido a ocultarse hacía rato.

–¡HURRA!–

Tras alzar las manos al cielo en señal de victoria y soltar un triunfal grito de jubilo, Lincoln echó a correr por las calles para seguir verificando con sus propios ojos que todo hubiese vuelto a la normalidad.

Y así fue. No sólo el restaurante de su padre, todo el pueblo a su alrededor había dejado de estar en la ruina. Las casas, las tiendas, los edificios, los negocios grandes y pequeños aparecían pulcros y hermosamente decorados para las fiestas, como siempre debió ser.

–¡FELIZ NAVIDAD, CENTRO COMERCIAL!… ¡FELIZ NAVIDAD, ESCUELA SECUNDARIA!… ¡FELIZ NAVIDAD, JUEGOS Y COMIDA GUS!… ¡FELIZ NAVIDAD, FLIP: COMIDA Y COMBUSTIBLE!…

Su dicha de que todo hubiese vuelto a ser como antes era tal, que en su carrera le deseaba felices fiestas a todos y a todo aquello con lo que se cruzaba en su camino.

–¡FELIZ NAVIDAD, CHERYL, MERYL!– saludó a las gemelas que ejercían de secretarias del director Huggins y la directora Ramirez.

–Feliz navidad– le devolvieron el saludo al unísono.

Al pasar junto a la puerta del hospital, se detuvo de golpe cuando, por el rabillo del ojo, vio salir de allí a su vecino siendo empujado en silla de ruedas por una mujer igual de mayor a él.

–Feliz navidad, señor quejón— se aproximó a saludarlo y abrazarlo, tomándolo así por sorpresa —¿Cómo está su cadera?—

–Eh… Si, ya estoy mejor –respondió el anciano, en parte confuso, pero sonriente –Gracias por preguntar–

–Ese pelo blanco… ¿Es este el chico del que me hablaste?– preguntó de pronto la mujer mayor que empujaba la silla de ruedas –¿Al que le salvaste la vida?–

–Si, es él– respondió el viejo hinchando el pecho de orgullo –¿Verdad que si, Loud?–

–¿Ah?… ¡Si, si, él me salvó!– afirmó Lincoln con sinceridad –¡Es un héroe!—

–Ella es la señora Molestosa– presentó el señor Quejón a la mujer que lo acompañaba. En verdad estaba de muy buen humor –Nos conocimos en la sala de urgencias. Su familia vive lejos así que acordamos ir a cenar juntos esta noche buena—

El peliblanco soltó la risotada. ¡Otra vez! Al parecer, otra vez lo había arruinado todo… ¡Pero para bien! Los dos no dejaban de mirarse a los ojos, completamente embelesados.

–Ja ja… Viejo pícaro– río dándole una amistosa palmada en el hombro a su estimado vecino –Pero, eso si, quedan invitados a acompañarnos a la cena de año nuevo, y no aceptaré un no por respuesta. Le diré a papá que prepare la lasaña que tanto le gusta–

Y diciendo esto se alejó saltando de alegría, a seguir expresando su incesante felicidad a los cuatro vientos.

–¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!–

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Imaginad su dicha cuando estuvo de regreso en la casa Loud y se topó de nuevo con el árbol chamuscado y su sala vuelta un desastre.

–¡Mamá, papá, chicas, estoy en casa!–

En principio nadie lo tomó en cuenta, dado que en ese momento se estaba desatando un alboroto, pero no como los que se desataban generalmente en la casa Loud.

–¡¿Qué es esa tontería de que tengo que esperar doce horas?!— le gritó Rita al auricular del teléfono de la sala. Con ella estaban las gemelas dando vueltas a su alrededor —¡Le estoy diciendo que mi hijo se perdió y quiero que la policía vaya a buscarlo de inmediato!—

En esas, Lola dio un salto y le arrebató el auricular a su madre para gritarle ella también.

–¡Y no vuelva a decir eso que escapó porque es culpable! ¡¿Me escuchó, cerdo?!–

–¡Si!– la apoyó Lana que fue la siguiente en tomar el auricular –¡Ya dejé de decir que nuestro hermano es un ladrón! ¡Él es inocente y punto!–

Justo, en eso, Lori y Leni bajaron corriendo las escaleras cargadas con resmas de volantes, los cuales inmediatamente entregaron al señor Lynn quien en ese mismo instante llegó desde el comedor para ir a su encuentro. Todo mundo se veía bastante agitado. Tanto, que en su exaltación siguieron todavía sin advertir la presencia del pequeño de cabello blanco.

–¡Terminamos los volantes, papá! –avisó Lori con un hilillo de voz.

–Fantástico, ¡FANTÁSTICO! –dijo el hombre tras coger uno y revisarlo. Al igual que todos tenía adjuntada la foto de Lincoln junto a los respectivos números de contacto bajo el enunciado escrito en mayúsculas de: DESAPARECIDO –Vayan ahora mismo a colocarlos en cada poste telefónico del pueblo–

–¡Sólo esperamos que no sea demasiado tarde! –sollozó Leni, que tenía la cara manchada por el rímel corrido, y se echó a llorar.

Después del señor Lynn llegó el más confiable de los robots de Lisa, con quien cargaba en una cesta que llevaba colgada a su espalda.

–¡Todd y yo saldremos a buscarlo! –avisó con gran determinación la niña, que además llevaba puesto un casco militar –Y no regresaremos hasta encontrarlo–

Con esto dicho, Lisa terminó de digitar unos mandos en el control maestro de su robot, tras lo cual este giró su cabeza de hojalata hacia Lincoln y los bombillos de sus ojos se encendieron.

¡Objetivo localizado!

Ni bien todos escucharon la electrónica voz de Todd, el alboroto cesó.

–¡Hijo!

–¡Linky!

–¡Hermanito!

Su padre y hermanas mayores soltaron los volantes y corrieron en estampida a apresarlo en un abrazo grupal.

–¡Hermano varón!–

–¡Mi bebé!–

Después de ellos Lisa saltó de la cesta, Rita colgó el teléfono y junto con las gemelas corrieron a sumarse al abrazo.

–¡Hermano!–

De igual forma, Lincoln correspondió con el mismo afecto a su amada familia.

–¡Oh, niñas, vengan acá!–

–¡Estás a salvo!– exclamó su padre – ¡Es un milagro!–

–¡Estábamos muy preocupados por ti!– gimió su madre.

–¡Cuánto las quiero!– reiteró Lincoln entre cada beso y abrazo que repartía a las pequeñas –¡Cuánto las quiero!–

En breve bajaron Luan y Luna; esta ultima cargando en brazos a Lily. Estas tres corrieron a abrazarlo también.

–¡Hermano, estás a salvo! –

–¡Estábamos muy preocupados por ti!–

–¡Dincon!–

–Oh, Lily, si eres tú. Ven aquí–

Al ver de nuevo a la pequeña, el peliblanco la abrazó como si nunca más la fuera a soltar.

–¡Estoy tan contenta de que estés en casa! –sollozó Leni tras estamparle un gran y empalagoso beso en la mejilla a su hermanito –¡Tenía tanto miedo, pero ahora estoy tan feliz!–

–De acuerdo– río el chico enjugándose una lagrima –Pero sólo me fui un par de horas… Creo…–

Sólo necesitaba corroborar una cosa más para poder estar tranquilo.

–¿Dónde está Lu…?

No pudo terminar de preguntar, en ese momento que escuchó a un vehículo frenando bruscamente atrás suyo. En cuanto se regresó a mirar, frente a su casa vio aparcado el mini camión del mercado Casagrande, de donde primeramente bajó una niña hispana de sudadera purpura, a la que corrió a abrazar sin pensárselo dos veces.

–¡Ronnie, eres tú! ¡Que sorpresa! ¿Viniste a verme?–

Pese a la confusión del momento, su amiga correspondió felizmente al abrazó.

–Claro que sí, grandísimo tonto. Lo vimos todo en televisión y vinimos en cuanto supimos que estabas en problemas–

Lo que Ronnie Anne si no se esperaba, para nada, era que Lincoln la levantara y le diera unas tres vueltas en el aire, que fue exactamente lo que hizo después. Pero es que así de dichoso estaba de que ella también hubiera vuelto a ser la de antes.

–¡Hey!… ¡¿Qué estás haciendo?!… ¡Bájame!…–

En cuanto la soltó, la chica se apartó unos pocos pasos de él y lo miró con una mezcla de extrañeza y molestia. Sin embargo no pudo simular su sonrojo ni la sutil sonrisa que se dibujó en su cara. Seguidamente le soltó dos buenos golpes consecutivos en el brazo a su amigo, quien de todas formas no dejó de reír.

¡Auch!–

–Eso por atrevido, y ese otro por haberme preocupad… ¡Por habernos preocupado a todos! Nos dijeron que habías huido de casa y no aparecías por ningún lado. ¿Dónde rayos estabas?–

Ouh, Ronnie– rió Lincoln que no cabía en si de gozo –No tienes idea de lo que me ha pasado–

–Está bien– concedió la hispana –No importa lo que haya pasado. Lo importante es que ya estás aquí conmig… ¡Que ya estás bien!–

Sus padres y hermanas salieron a contemplar desde el porche tan conmovedora escena. Después de esto, Lincoln vio bajar del camión a Bobby y al resto de la familia Casagrande. Inmediatamente fue con intención de saludarlos a todos, empezando por el abuelo de Ronnie Anne.

–¡Señor Casagrande, que bueno que lo veo!– lo saludó estrechando efusivamente su mano –Escuche, lamento mucho haber perdido todas esas latas. Si quiere, yo lo compensare, lo prometo, yo…–

–No, eso ya no será necesario– interrumpió alguien más que bajó de la parte de atrás del camión. Resultó ser el mismo sujeto andrajoso que había intentado robar las latas y al que posteriormente Lincoln dejó ir con ellas –Yo al pasar frente a la tienda escuche que tenías problemas por algo de un robo y… Como pensé que era por las latas fui a regresar todo–

Después de él bajaron su esposa, su hija mayor una chica mayor aproximadamente de la misma edad que Lori y una pareja de mellizos, niño y niña, no mayores a Lana y Lola. Todos ellos con el mismo aspecto andrajoso.

–Es él, niños– el sujeto de la gran ciudad señaló al peliblanco–. Ese es el chico que nos dio las latas de comida–

Con lo que su esposa e hijos fueron a darle las gracias a Lincoln. La mujer le revolvió el cabello, los mellizos se abrazaron a una de sus piernas cada uno y la chica mayor se inclinó a besarlo en la mejilla.

–Dejamos que se quedaran con las latas cuando nos enteramos que lo que dijiste era verdad– terminó de explicarse Ronnie Anne que agachó la cabeza avergonzada –Tuviste razón todo este tiempo, lo siento… ¡Pero igualmente no deberías ser tan confiado!—

–Claro que si– rió su amigo que volvió a abrazarla, haciendo que con esto se sonrojara más –No hay nada que perdonar–

Muy bonito y todo, pero la sirena de una patrulla que llegó del lado contrario de la calle rompió el momento.

En cuanto vio bajar de esta a los mismos oficiales que se lo llevaron detenido durante el incidente en el albergue, Lincoln se puso tenso y nervioso al recordar el tremendo lío en el que estaba metido. Igual decidió afrontarlo como un hombre con la frente en alto, como le dijo Nick en principio. Después de todo sabía que era inocente y el que nada debe nada teme.

–¡Eh, ustedes!– se adelantó Ronnie Anne a confrontar a los policías –¡No pueden llevárselo!–

A ella se sumaron el resto de los Casagrande, los Loud y la familia de gente pobre de la gran ciudad. Todos ellos rodearon a los oficiales y empezaron a subyugarlos a fuerza de protestas y reclamos en favor de Lincoln.

–¡Eso sobre mi cadáver!–

–¡Él no robó nada y nunca lo haría!–

–¡Si, él es inocente!–

Y cuantas cosas más dijeron en su defensa.

Lincoln estaba tan feliz. Feliz de haber vuelto, feliz que todo hubiera vuelto a ser como antes, que hubiera gente que lo apreciaba como su propia familia y aquel otro par de familias que estaban sacando la cara por él…

–Lincoln–

De repente pegó un salto y un grito de espanto al oír un rasposo susurrar a sus espaldas. Al volverse, en efecto, se topó con la pálida cara de la dueña de aquella voz rasposa que le había dado un susto mortal… A quien sorprendió todavía más al instante cuando se lanzó a abrazarla y surtirla de besos en ambas mejillas y en la punta de la nariz.

–¡Lucy!– sollozó Lincoln mientras también acariciaba sus negros cabellos –¡Eres tú! ¡Oh, Lucy, mi vampirita hermosa! ¡Que bueno que estás aquí con nosotros!–

–¡Lincoln, basta!– la niña forcejeó por soltarse, al tiempo que sus blancas mejillas se coloreaban de rubor. A pesar de sus constantes protestas, en su rasposo hablar, muy sutil, se percibieron unas cuantas risillas infantiles –¡No hagas eso!–

Los agradables reencuentros de la mañana no acabaron allí. Después de reencontrarse con Lucy vio la camioneta de los McBribe aparcando atrás de la patrulla, de la cual a su vez vio bajar de la parte de atrás a… ¡¿Lynn?!…

A pesar que no entendió que estaba pasando, Lincoln no le prestó tanta importancia a este detalle. Antes soltó a Lucy y corrió a abrazar a su hermana la deportista, a la que antes sorprendió con un beso en la frente.

–¡Lynn! ¡Que bueno que estás bien!–

–Si, si, apestoso– rió la castaña –Pero deja los sentimentalismos para después –

Luego acudió al encuentro de sus amigos de la pandilla quienes acababan de bajar de la camioneta de los McBride junto a los señores Harold y Howard. Todos ellos lucían bastante agitados, pero muy contentos.

–¡Clyde!– primero abrazó a su camarada de toda la vida con gran entusiasmo –¡Si, eres tú!…–

Luego abrazó a sus amigos faltantes en conjunto.

–¡Chicos! ¡Si, son ustedes! ¡Liam! ¡Rusty! ¡Stella!–

–Se los dije– informó Zach a los demás –Les dije que estaba bien… aun que actúa algo raro… –

–¡Buenas noticias, amigo!– avisó Liam –¡Ya no iras preso!–

–¡Es un milagro!– exclamó Stella igual de euforica.

—Entonces ya no necesitarems estos…— Dijo Bobby que procedio a tirar a la basura un bigote postizo, una peluca, una identificación falsa de Milton Sanchez y un pase de autobús para México.

–¿Cuál milagro?– reclamó Lucy que la asustó al aparecérsele sin avisar.

–Esto fue gracias a nuestro trabajo detectivesco– igual hizo Lynn.

–¿De qué hablan?– preguntó Lincoln, cuyos ánimos se mantenían en lo alto pese a su confusión.

–Han sido Lynn y Lucy– terminó de explicarle Clyde –Ellas resolvieron el caso. Después que desapareciste nos llamaron a mi y a los chicos y fuimos al albergue con el padre Tom para organizarnos. Les dijimos a los desamparados que estabas en un apuro y se dispersaron por todo el pueblo para ayudarnos a seguir las pistas. Ninguno preguntó nada. Dijeron: "Si Lincoln está en problemas, cuenta conmigo".

Por ultimo llegó la alcaldesa Davis en su auto en compañía del padre Tom, con lo que cesó el acoso de los defensores de Lincoln hacia los policías. Resultó que en realidad habían venido a pedir disculpas al peliblanco en persona.

Cuando Lincoln preguntó de nuevo que estaba pasando, Lucy guió a todos a la sala y puso a reproducir la videocinta con la que ella y Lynn se habían hecho durante su investigación.

¡Que bien! ¡Comida!–

¡Hey, ten más cuidado con eso!– reprendió Liam a Rusty en la grabación mientras se alejaban del área de descanso rumbo a la mesa de los bocadillos.

¡Si, esa cámara es propiedad de la escuela!– le siguió Zach.

Adelantando la grabación unos minutos lo siguiente que mostró fue a Chandler colándose en el área de descanso y cambiando el dinero.

–¡Se los dije!– exclamó el padre Tom cuando el verdadero culpable apareció en pantalla –Les dije que Lincoln no sería capaz de robar nada–

Ni a las hermanas de Lincoln ni a ninguno de sus amigos les sorprendió tanto ver a Chandler cambiando el dinero de lugar y llenando el sobre con los billetes falsos. Pero si les provocó una inmensa rabia y unas tenaces ganas de hacerlo pagar por lo que hizo.

Sin embargo Lincoln no se lo tomó tan a mal. Más bien, en lugar de gastar energías en hacer corajes, volvió a abrazar a Lynn y Lucy en agradecimiento por haberlo salvado.

–Gracias, chicas, son las mejores–

–No tienes que agradecerlo, hermano– dijo Lynn –Nosotras sabíamos que eres inocente–

–Cualquiera en nuestro lugar habría hecho lo mismo –añadió Lucy.

–Y a ti también, Rusty– se dirigió el peliblanco a su amigo pelirrojo –Si no fuera por tu descuido quizá no habría salido de esta–

–Y por eso ya no te vamos a regañar por como manejas el equipo de la escuela– le dijo Liam –Pero todo lo que queda del año–

–Hey, pero si ya no vamos a grabar más por lo que quedan de las vacaciones– señaló Rusty.

–Exacto–

A lo que todos se echaron a reír.

Seguido a esto, Luna hizo acto de presencia con su teclado portátil, lista para tocar.

–¡Esto hay que celebrarlo!–

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Resueltos todos los malentendidos y limadas las asperezas se improvisó a una breve celebración de navidad en la casa Loud en la que participaron los Casagrande, la familia de gente pobre de la gran ciudad, los McBride, los chicos de la pandilla, la alcaldesa Davis y los policías.

Durante la celebración pasaron muchas cosas. Luna amenizó el ambiente tocando sonatas navideñas y el señor Lynn improvisó una cena para sus invitados a base de sandwiches de jamón y queso acompañados con papitas enchiladas de bolsa y refrescos de cola servidos en vasos desechables.

También se dio la ocasión en que Lori y Bobby se dieron el tradicional beso bajo el muérdago que colgaba del umbral de la cocina. Tras lo cual sus hermanos menores se acercaron ahí mismo, se miraron mutuamente y en el acto se apartaron tomando cada uno por su lado, con sus caras rojas y acaloradas por el bochorno.

En otro momento recibieron la visita inesperada del señor McCann y Chandler, a quien su padre obligó a ingresar halándolo de la oreja.

Lo primero que el hombre hizo fue llevar a su hijo ante Lincoln y sus padres y, apretando una de sus callosas manos contra su roja cabellera, lo forzó a inclinar la cabeza frente a ellos.

–Anda, pídele perdón a tu amigo por lo que le hiciste– ordenó el señor McCann.

–Pero si el no es mi ami…– empezó a replicar Chandler; lo que valió que su padre le soltara un buen coscorrón –¡Ay!–

–¡Que le pidas perdón he dicho!–

–¡Perdón, perdón!– se disculpó a regañadientes.

Después de esto, el padre de Chandler se disculpó personalmente con los de Lincoln.

–Lamento mucho que mi muchacho le causara tantos problemas al suyo, señor y señora Loud. Su hija… La de negro que está por allá… Ella vino a nuestra casa a mostrarme la grabación. La culpa es mía por consentirlo demasiado; pero se acabó. A partir de ahora ya no seré tan permisivo con él y me aseguraré que no vuelva a hacer de las suyas–

–Temo que no es así de fácil –intervino de pronto la alcaldesa Davis quien se aproximó en escolta de los policías –La pequeña broma de su hijo fue algo muy grave, nos hizo quedar como tontos a todos y ahora el joven Lincoln tiene pruebas y testigos suficientes para denunciarlo por difamación. Si decide presentar cargos, y estoy segura que lo hará, su hijo podría ir preso por un buen tiempo–

–Si decido presentar cargos, ¿Eh?–

Lincoln se rascó la barbilla pensativo, conforme una maliciosa sonrisa se iba dibujando de a poco en su cara. Ante lo cual Chandler se abrazó temeroso a su padre como buscando que lo protegiera de los policías.

–No, está bien– rió el peliblanco encogiéndose de hombros –Después de todo, es navidad–

Ante estas palabras todos los presentes se quedaron sin habla, incluido el mismísimo Chandler. ¡Que noble era Lincoln al haber perdonado a quien lo había metido en problemas en primer lugar.

–Chandler– el señor McCann volvió a apretar la cabeza de su hijo para forzarlo a inclinarse como gesto de humildad –Agradécele a tu amigo por haberte salvado el trasero–

–Qué él no es mi… Bha, tienes razón– tras quedar libre del agarre firme de su padre, el pelirrojo le dedicó una mirada de arrepentimiento al peliblanco –Hey… Lincoln… Yo… Supongo que gracias, y… tampoco hubiera dejado que te metieran a la cárcel a ti… no pensé que llegara a tanto, solo era una broma… ¿Tregua?–

–Tregua– concedió el otro estrechando su mano –Y gracias a ti por tu ayuda–

–¿Cuál ayuda?–

–La ayuda que le vas a dar al padre Tom en el albergue todas las tardes después de clases del siguiente año–

–¡¿Que yo qué?!

Chandler soltó la mano de Lincoln y se echó para atrás, con creciente espanto al entender que no iba a librarla de a gratis. Así lo leyó en la picara sonrisa que le dedicó. Desde ya podía dar por perdidas todas las tardes del siguiente año jugando videojuegos y demás actividades de ocio, más o menos hasta las próximas fiestas. Igual eso era mejor alternativa a ir a la correccional.

–Eso sería maravilloso –exclamó el párroco.

–Me parece justo –concedió el señor McCann a quien también le quedaron claras las condiciones de Lincoln.

Después se dirigió a Rita y al señor Lynn una vez más.

–Su hijo es un buen muchacho– dijo, en tanto repasaba con la mirada los rastros del incendio, desde los muebles echados a perder hasta las cenizas al pie del árbol chamuscado –Y él y toda su familia merecen tener una feliz navidad como es debido. Con mucho gusto pagaré las reparaciones de su sala y también les compraré nuevos regalos a sus hijas para reponer los que se perdieron–

–Oh, pues… Muchas gracias, señor McCann– contestó Rita, cuyo rostro se iluminó al igual que el de su esposo e hijos.

Por tercera vez, el señor McCann forzó a su hijo a agachar la cabeza.

–Es lo menos que puedo hacer para compensar las tonterías de este bruto– dicho esto volvió con Lincoln– Y en cuanto a ti, pequeño, en verdad aprecio mucho lo que hiciste por nosotros. Puedes pedirme lo que quieras para esta navidad–

–¿Lo que quiera?–

Fue entonces que Lincoln tuvo una idea. Luego que le susurrara algo al oído, el señor McCann se aproximó a hablar con el hombre pobre de la gran ciudad.

–¿Sabe?… Yo… Estoy buscando un capataz… Con una familia numerosa… Así como la suya. ¿Le gustaría trabajar en la planta de aguas residuales?–

–¿En serio?–

–Claro que sí– sonrió el hombre, señalando al chico de blancos cabellos– Este muchacho me ha dado el buen ejemplo–

Así, en el confort del momento, el padre Tom levantó su vaso de refresco y oró en voz alta:

–¡Atención! Brindo por Lincoln Loud, el chico más especial de todo Royal Woods–

Y todos en la sala aplaudieron.

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Pronto se hizo tarde y los invitados tuvieron que regresar a sus casas, siendo los McBride y los chicos de la pandilla los últimos en quedarse. Para ese entonces Rita redecoró lo que quedaba del árbol con unos pocos adornos y Lily por fin pudo cumplir su ilusión de poner la estrella en la punta.

Mas cuando puso a la bebita en el suelo, esta señaló algo que sobresalía de entre el reguero de cenizas al pie del árbol. Por lo que Rita se agachó a recogerlo y sacudirle las cenizas de encima.

–Parece que uno de los obsequios sobrevivió al incendio… – avisó a los demás tras ver que se trataba de un paquete envuelto en papel brillante color naranja con un flamante listón blanco y una tarjeta prendida –Y es para Lincoln–

Quien tras recibírselo vaciló un poco. No sabía si debía. Aun sentía algo de culpa por lo del incendio y no le sentaba bien ser el unico en su familia en tener un regalo en nochebuena. Sin embargo sus hermanas parecieron tomárselo a bien.

Así, tras recordar lo que aprendió esa nochebuena, desenvolvió su obsequio con cuidado, al tiempo que sus amigos y hermanas lo rodeaban para ver que era.

–¿Qué es eso?– preguntó Leni que era la menos entendida en el tema.

Para los demás no fue extraño que Lincoln recibiera una historieta nueva de Ace Savvy para su colección. Más sorprendente fue el hecho que se conmoviera hasta las lagrimas, ni bien echó un vistazo a las primeras paginas del cómic.

–El regalo de navidad de un amigo muy querido– respondió con una cálida sonrisa.

Lo que confundió todavía más a sus padres y hermanas, quienes miraron a los chicos de la pandilla como cuestionándoles cuál de todos ellos le había dejado ese obsequio bajo el árbol. A su vez, los amigos de Lincoln se miraron entre si como haciéndose la misma pregunta.

La única excepción ahí fue Rusty, que en su entusiasmo le arrebató el cómic para hojearlo el mismo.

–¡Wow! ¡Que genial! ¡Es la edición limitada de navidad con la variante en la portada! ¡Bien por ti, amigo!…– no obstante se desanimó y devolvió el cómic tras ver el reverso de la portada –Oh, que mal, está rayado, así ya perdió su valor. Lo siento–

Pero para Lincoln representaría la más valiosa de sus posesiones que atesoraría de ahí en más, como el fidedigno recordatorio de la hermosa vida que le había tocado.

Y es que en la contraportada del cómic venía escrita una dedicatoria en pluma fuente con brillantinas doradas que decía:

Recuerda que nadie está solo si tiene a sus seres queridos apoyándole.

Menos cuando formas parte de una familia tan grande como la tuya.

Tu amigo: Nick

En medio de todo esto, Lisa levantó la cabeza cuando le pareció escuchar un sonido de lo más peculiar. Si mal no se equivocaba… Era el ruido de unos cascabeles alejándose.

En cuanto miró por la ventana de la sala saltó de felicidad y se apresuró a coger a Lily y sacarla al porche, donde le indicó que se apurara a mirar para arriba.

–¡Mira, Lily, ahí va! ¡Es él! ¡Es él! ¡Lo sabía! ¡Lo sabía!–

La bebita también sonrió encantada al levantar la vista en dirección hacia donde señalaba su hermana mayor. Casi se lo pierde, pero con las justas consiguió avistarlo a lo lejos en el ultimo instante mientras se alejaba volando: un flamante trineo rojo tirado por nueve perros… No, por nueve renos… Y al que lo conducía sacudiendo la mano para despedirse deseando a todos felices fiestas entre vivarachas risotadas.

¡Ho Ho Ho…!–

–¡Sabía que existía!–

FIN

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N/A: Ha un nuevo proyecto que termina… si hubiera sido mejor que terminara en navidad pero no se pudo… ¡POR CULPA DE STACOFANTASMA!...

Na es broma, fue mi culpa, tuve que salir y no pude terminar este capitulo a tiempo.

Sin embargo espero que igualmente lo disfruten muchos, y que todos hayan tenido una linda navidad este año.

Pero ahora bien damas y caballeros, creo que llego el tiempo de la despedida… y las preguntas-

¿Qué opinan de mi idea de poner a Lori a vivir con los Casagrande? Yo digo que puede que no hubiera salvado la serie, pero hubiera sido interesante.

¿Ya viendo todo que le pareció el mundo sin Lincoln?

¿se habían dado cuenta de ese error en "sabe royal woods"?

¿Creen que el plan de Bobby para salvar a Lincoln hubiera funcionado? ¿creen que a Lincoln le hubiera gustado México? Muajaja muajaja muajajajajaja

¿Qué sintieron la lo que le paso a Lucy sin Lincoln?

¿Qué opinan del regalo final de Nick?

Y por ultimo pero siempre la más importante… ¿les gusto el capitulo? ¿y la historia? ¿Qué les parecio?

Y... creditos y agradecimientos.

"Que bello es ser un Loud"
Basado en "que Bello es vivir"

Traido a ustedes por idea de StarcoFantasma.

Escrito y producido por LunaPlataZ

Dirigido y supervisado por StarcoFantasma.

Con agradecimiento especial a todos los que dejaron sus comentarios:

Juanlo26

Ace

Luis Carlos (Alarcon)

J0nas Nagera

Sylar Diaz

y a "Eltrastero de Demian"

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Feliz navidad y un feliz año nuevo atrasados de parte de LunaPlataZ y su buen amigo StarcoFantasma!