Había ocasiones en las que Adrien sentía que su vida había comenzado el día en que conoció a Ladybug y otras en las que sentía que su destino era estar a su lado, que pasara lo que pasara nunca podría dejar de amarla. Solía fantasear con el hecho de que ambos estaban unidos por el hilo rojo del destino y que ambos estaban hechos el uno para el otro.
Sabía que no era el único que lo pensaba. Adrien había visto numerosas páginas web en las que los fans compartían sus opiniones sobre los héroes parisinos y muchos de ellos aseguraban que Ladybug y Chat Noir hacían una pareja encantadora. Incluso había leído uno que otro fanfic, ninguno de contenido erótico. La edad no era lo único que lo detenía, Adrien solía leer libros para adultos como acto de rebeldía, sino su propia vergüenza. Lo había intentado, pero era incapaz de avanzar más allá de los besos.
El joven Agreste estaba feliz de poder usar un antifaz, con él podía decirle libremente a la superheroína lo que sentía por ella, incluso si era rechazado. Confiaba en que era cuestión de tiempo para que fuera correspondido y era feliz solo con estar a su lado.
Chat Noir estaba cansado de las reglas. Como Adrien solía estar sujeto a un estricto horario y a las exigencias de sus padres. Tomaba varias clases además de las que indicaba el plan escolar y tenía un trabajo como modelo que era muy demandante.
Adrien amaba a sus padres, pero había ocasiones en que sentía que todo lo sobrepasaba. Emilie y Gabriel solían ser muy sobreprotectores y también estrictos. Ellos habían hecho que tomara clases particulares y solo lo dejaban salir de la mansión para ir a sus sesiones de modelaje. Su madre desapareció, su padre se encerró en su dolor y él sentía como su mundo se rompía en mil pedazos.
Adrien quería que las cosas volvieran a ser lo que eran antes, quería ver a su padre sonreír y extrañaba la dulzura de su madre, sus abrazos y la forma en que despeinaba su cabello de forma afectuosa.
Gabriel Agreste era un hombre severo, pero antes sonreía ocasionalmente, especialmente cuando se trataba de su familia. Nathalie y Gorila se convirtieron en su única compañía hasta el día en que se le permitió poder asistir a una escuela.
Para el joven Agreste poder convertirse en un superhéroe era un sueño hecho realidad. Plagg le dio la oportunidad de poder romper las cadenas que lo ataban y de ayudar a los demás. Adrien se sentía libre cada vez que saltaba por los tejados y la máscara le daba la confianza necesaria para poder reírse, hacer chistes y jugar todo lo que quisiera.
Ladybug apareció cuando su compañero, Ivan, se convirtió en un monstruo. Ella mostró un valor que hizo que su corazón se acelerara. Salvó la vida de Alya, elaboró un plan en minutos y logró que Ivan volviera a la normalidad y Chat Noir pensó, esas eran cosas que solo podría hacer una persona extraordinaria.
El amor que Adrien sentía por Ladybug aumentaba cada vez que se enfrentaban a un akumatizado. No pudo dejar de verla cuando apareció Clima Tempestuosa o de maravillarse de su ingenio cuando Demoilustrador intentó secuestrar a Chloe y tener una cita con Marinette. No supo cómo sentirse cuando Alya acusó a Chloe de ser Ladybug. Él la quería, durante años había sido su única amiga, pero Ladybug era una heroína y Chloe, había provocado que varios de sus compañeros fueran akumatizados. Sabía que fue la responsable de que Rose se convirtiera en Princesa Fragancia, que Kim fuera Cupido Negro y era consciente de todo lo que hizo para que Juleka no fuera incluida en la fotografía de la clase, aunque no los motivos por los que Chloe quería estar a su lado.
Adrien recordó su pasado al lado de Chloe, los juegos que compartieron y los disfraces que usaban. Chloe siempre solía elegir el rol de heroína. Él solía ser el príncipe en apuros y Jean el Big Mustachio que lo mantenía prisionero. Recordar eso le hizo pensar que su amiga tenía potencial de heroína y que sería lindo que ella también pudiera vivir su sueño.
Al final del día, él y Alya tuvieron la certeza de que Chloe no era Ladybug.
Luego ocurrió el incidente de Antibug. Chloe quiso ayudar, pero Ladybug se negó a escucharla. Ella quiso pelear a pesar de no tener poderes, pero la superheroína no dejó de tratarla como si fuera un peligro.
—¿Por qué no escuchaste a Chloe? Ella solo quería ayudar.
Chat Noir no lo entendía. Si bien era cierto que no era la primera vez que veía a Ladybug molesta, ella solía regañarlo cuando no se tomaba en serio sus responsabilidades como superhéroe, también lo era que nunca la había visto así de molesta. Por unos instantes tuvo la sensación de que odiaba a Chloe.
—Porque ella nos mintió y yo no escucho a una mentirosa.
Y esas palabras lo confirmaron.
Para Adrien, cada vez era más habitual escuchar esa clase de comentarios sobre su amiga. Varios de sus compañeros habían asegurado que Chloe era la responsable de la mayoría de las akumatizaciones y él, por más que lo quisiera, no podía negarlo. Era algo que había comprobado como superhéroe.
El joven Agreste quería creer que había algo bueno en Chloe, que su amiga de la infancia no era el monstruo que todos aseguraban. Si bien era cierto que no hablaban con tanta frecuencia como lo hacían en el pasado, seguía sintiendo cierto aprecio por ella y disfrutando de escucharla conversar.
Chat Noir no se sorprendió al ver a la prensa fuera del hotel. Chloe era la hija de André Burgeois, dueño del hotel más importante de París y alcalde, ambos eran superhéroes por lo que no era de extrañar que la gente quisiera enterarse de lo que pasaba.
Ladybug accedió a dar una entrevista y Chat Noir se hizo a un lado. A él no le gustaba llamar la atención y prefería escuchar a su compañera. Amaba la forma en que se desenvolvía frente a los medios y la elocuencia con la que hablaba.
Chat Noir luchó contra Antibug en lo que su compañera recuperaba energías sólo para ser derrotado de inmediato. Antibug era fuerte, mucho más de lo que el superhéroe había imaginado. La mujer akumatizada lo dejó colgando del techo, usándolo como carnada, algo que encontró molesto.
Chat Noir no perdió la esperanza en ningún momento. Una sonrisa se dibujó en su rostro en el momento en que su compañera purificó su akuma. Ambos chocaron sus puños, un ritual que solían hacer después de cada batalla.
—Chloe, yo lamento lo que pasó. Hubiera derrotado a Desvanecida si te hubiera escuchado.
Chat Noir se sintió feliz al saber que su consejo fue escuchado, le alegraba poder ser de ayuda, especialmente si era un ser querido quien lo necesitaba.
Días después, Chat Noir se declaró una vez más. Él le obsequió una rosa roja a Ladybug, pero su compañera la rechazó, diciéndole las palabras que menos quería escuchar. Ella estaba enamorada de alguien más y no podía corresponder sus sentimientos.
Ese rechazo fue el que más le dolió y se vio reflejado en su desempeño. Kagami lo notó por lo que él optó por sincerarse.
—¿Qué está pasando, Adrien? Por lo general me gusta vencerte, pero no es divertido si es tan fácil.
Adrien no se sintió ofendido. Kagami había sido dura, pero él era consciente de que ella no había mentido y que sus intenciones eran las mejores.
—¿Alguna vez te has sentido estancada, Kagami? ¿Qué sin importar las cosas que hagas nada va a cambiar?
Ladybug lo había rechazado. No fue grosera, solo sincera. La determinación con la que hablaba le hicieron sentir, por primera vez, que ese futuro a su lado con el que había soñado tantas veces solo existía en su imaginación y que de seguir aferrándose a ella solo saldría lastimado.
Adrien estaba molesto. Le enfadaba saber que sin importar lo que hiciera, Ladybug solo lo veía como un amigo, que sin importar cuantas veces se sacrificara a sí mismo, ella seguía enamorada de alguien más.
—Adrien, el error más grande de un esgrimista no es usar la técnica incorrecta, sino elegir el blanco incorrecto —Kagami acarició su mejilla y Adrien pudo sentir cómo su corazón se aceleraba —. Cambia el blanco.
Amaba a Ladybug a pesar de que ella lo había rechazado, pero la idea de cambiar el blanco no le parecía tan mala, especialmente si ese blanco era Kagami. Ella le gustaba, tal vez sus sentimientos no eran tan intensos, pero estaban allí y Adrien tenía la esperanza de que pudieran convertirse en algo más.
El joven Agreste decidió hablar con Marinette. Ella era su amiga así que confiaba en su criterio. Pudo notar lo nerviosa que estaba y eso le pareció tierno, aunque en más de una ocasión se sintió un tanto confundido ¿Acaso Marinette había insinuado que Kagami era la reina del hielo? Descartó esa idea de inmediato, la Marinette que él conocía era dulce, torpe y gentil por lo le parecía absurdo el que insinuara algo así.
La idea de tener una cita con Kagami le pareció agradable. No estaba seguro de que pudiera ser el ambiente más romántico para una cita, pero le parecía que pudiera funcionar. No obstante, eso no hacía que se sintiera menos nervioso.
Adrien se alegró en cuanto vio a Marinette acompañada de Luka. Si bien era cierto que una parte de él deseaba estar a solas con Kagami, también lo era que temía que sus nervios lo delataran. Luka era su amigo y él le agradaba por lo que tenía la certeza de que todo estaría bien.
El joven Agreste buscó a Marinette una vez más en busca de consejo y una vez más notó algo inusual en ella. No fue que tartamudeara, Marinette siempre lo hacía, fue la insinuación de que dejara caer a Kagami. Ese comentario le pareció malintencionado e impropio de ella.
Luka evitó que su amiga cayera y él regresó al lado de Kagami. Ella ataba sus patines y se veía tan calmada y hermosa en la opinión de Adrien.
—No tengas miedo, no le diré a nadie.
Adrien estaba confundido. Él no estaba ocultando nada y Kagami parecía estarse divirtiendo por lo que no creía que fuera algo malo.
—Decir ¿qué?
—Que no sabes atar tus agujetas.
Adrien se sorprendió cuando Kagami ató sus patines y se dejó llevar a la pista de patinaje. Disfrutaba estar a su lado, pero le era inevitable sentirse nervioso. Buscó a Marinette y a Luka con la mirada, ambos se veían tan confiados y tan cómodos con el otro. Adrien quería lo mismo para él y para Kagami, pero también para él y Ladybug. Pensar en eso le provocó tristeza. Quería olvidarse de la heroína, pero sus sentimientos eran intensos.
—¿Los invitaste porque te da miedo estar a solas conmigo?
— No, es que le pedí ayuda con algo a Marinette.
El nerviosismo de Adrien se hizo mayor y eso hizo que ella sospechara. Adrien le agradaba y no quería pensar que él se sintiera incómodo a su lado, que ella fuera el problema.
—Ayuda con qué.
—Perfeccionar mi patinaje sobre hielo.
—Pero no la necesitarás.
Adrien observó embobado la forma en que Kagami se movía. Sus movimientos poseían cierta elegancia y gracia que no podía ignorar. Él no era el único que pensaba de ese modo. Philippe acudió a ella, ofreciéndose a convertirla en una estrella sobre el patinaje sobre hielo.
—Tienes lo necesario para ser campeona, estilo, talento. Déjame ser tu entrenador.
—Sólo practico artes nobles como tiro con arte y esgrima.
Kagami se alejó.
—Esto es por diversión.
Adrien no dijo nada. Si bien era cierto que él no estaba de acuerdo con lo que Kagami había dicho, también lo era que él no estaba interesado en dedicarse al patinaje profesional. Su agenda estaba muy ocupada y no deseaba adquirir un compromiso más.
Adrien vio cuando Marinette dejó la pista y temió que estuviera lastimada. La había visto caer y sabía lo torpe que podía llegar a ser por lo que temía lo peor. No pudo llegar a ella, Helador apareció y con ello supo que debía convertirse en Chat Noir y salvar el día.
El superhéroe no disimuló su enojo cuando vio a Ladybug. Ella lo había rechazado y seguía dolido, más al ver que no aceptaba sus ideas.
El enojo que sentía desapareció cuando su compañera le dijo que hacían un buen equipo. Chat Noir sintió como el amor que sentía por ella resurgía junto a algo más, esperanza.
Adrien se acercó a Philippe. No quería dedicarse profesionalmente a su equipo, pero finalmente entendía su insistencia y se sintió identificado con él. Era famoso por lo que confiaba que publicar su experiencia en ese sitio le ayudaría a conseguir muchos clientes.
—¿Por qué sigues haciendo lo que los demás quieren que hagas?
Adrien sonrió al escuchar la pregunta de Kagami, corrió y le abrió la puerta del carro.
—No, sólo quiero que sea feliz y no voy a cambiar de blanco, aunque tenga que fallar una y otra vez.
—Ya verás.
—Cuando te des cuenta que es el blanco incorrecto, aquí estaré.
Adrien llevó su mano hasta la mejilla que Kagami había besado. Podía sentir cierta calidez en su mejilla. La culpa invadió su mente en ese momento. Él amaba a Ladybug, se había propuesto seguir en la lucha por su corazón, pero tenía sentimientos por Kagami y sentía que la estaba traicionando, que ella no se merecía que jugaran con sus sentimientos.
El joven Agreste se dirigió a su limosina y se dejó llevar hasta la mansión. Tenía que practicar sus lecciones de piano y tenía tarea pendiente, pero aún así no podía concentrarse en nada que no fueran las dos mujeres que le gustaban.
"Creo que debería hablar con Marinette"
