CAPÍTULO 10
Para Sakura, los siguientes ocho días fueron mágicos: Sasuke era un hombre tierno y amoroso. También era muy considerado hacia los sentimientos de la muchacha, y tenía una habilidad particular para detectar los estados de ánimo de Sakura, antes que ella misma. Lo que más le gustaban eran las veladas compartidas. Jūgo encendía el fuego en el hogar del estudio de Sasuke, y los tres se sentaban a leer en cómodo silencio.
A lo largo de los años, Jūgo se había convertido en un padre sustituto para Sasuke. Sakura se enteró de que el criado estaba en la familia desde el nacimiento de Sasuke.
Cuando este fijó su residencia, Jūgo se fue con él. Jūgo le reveló que ya conocía el nuevo acuerdo acerca de dormir: juntos, y Sakura se ruborizó, pero el mayordomo le aclaró que no la juzgaba. También le dijo que hacía mucho tiempo que no veía a Sasuke tan despreocupado. Sakura había sido la que le levantara el ánimo, determinó el mayordomo.
Llegó un mensajero de la madre de Sasuke, pidiendo la ayuda de este para sacar al padre del ánimo lamentable en que se encontraba.
De inmediato, Sasuke fue a visitar al padre, pero, cuando regresó, dos horas después, estaba de pésimo humor. De la conversación con el padre no había resultado nada bueno.
Esa noche, cuando Sasuke se durmió, Sakura se encontró con Darui y Omoi, y les dio órdenes.
Darui la esperaba a escasos centímetros, al abrigo de los árboles. Era un marino alto, muy delgado y tenía la piel oscura, el cabello blanco y una personalidad magnífica, pero era una pantera sólo cuando se enfadaba. Por otra parte, cuando estaba de buen humor, tenía una sonrisa encantadora.
En ese momento, no sonreía. Con los brazos sobre el pecho, miraba a Sakura con el entrecejo fruncido, como un sujeto que hubiese sorprendido a un ladrón revolviendo sus cajones.
—Darui, ¿por qué tienes esa expresión? –le preguntó la muchacha, en un susurro quedo.
—La otra noche, lo vi a él de pie ante la ventana contigo, muchacha —refunfuñó Darui—. ¿Acaso ese dandi estuvo tocándote?
Si bien Sakura no quería mentir, tampoco estaba dispuesta a compartir esa verdad con su amigo.
—Estaba herida —replicó—. No me mires así, Darui. Recibí un tiro de pistola en el costado; fue una herida leve. Sasuke estaba... preocupado y esa noche se quedó en mi habitación, cuidándome.
—Cuando Killer B se entere, va a alimentar a los tiburones con mi trasero...
—Darui, no le dirás nada a Killer B —lo cortó la joven.
El tono irritado de Sakura no impresionó al marino.
—Tienes una boca atrevida —repuso—. Vi a ese hombre rodearte con el brazo cuando entraste caminando por la puerta principal, el primer día, se lo diré a Killer B. Y ya puedes empezar a asustarte. Omoi quería clavarle un cuchillo en la espalda la única razón fue que tú te enfadarías con él.
—Sí, me habría enfadado —respondió la muchacha—. Si alguien le toca un cabello a Sasuke, las verá conmigo. Deja ya de enfurruñarte, Darui. Tenemos que hablar de un tema importante.
Darui no quería cambiar de tema.
—¿Pero te molesta en serio?
—No, no me molesta, en realidad —respondió la muchacha—. Darui, sabes que puedo cuidarme sola. Por favor, tenme más confianza.
De inmediato, Darui se mostró triste, pues no quería que la señorita se decepcionara de él.
—Claro que sabes cuidarte sola —se apresuró a decir—. Pero no tienes conciencia de tu propio atractivo. Eres demasiado bonita para tu bien. En este momento, se me ocurre que Omoi y Killer B tenían razón: tendríamos que haberte cortado la cara cuando eras pequeña.
El brillo de los hermosos ojos castaños le reveló que estaba bromeando.
—Ninguno de vosotros se habría animado a hacerme daño —replicó—. Somos una familia, Darui, y tú me quieres tanto como yo a ti.
—No eres más que una pequeña rapaza –dijo otra voz profunda.
Sakura se volvió al oír la voz y vio a su amigo Omoi que avanzaba en silencio hacia ella.
El tamaño de Omoi armonizaba con lo atemorizante de su ceño. Como Darui, estaba vestido del mismo castaño descolorido que los campesinos, pues los colores brillantes se habrían distinguido entre los árboles. A la luz de la luna, el semblante de Omoi parecía feroz.
—Darui me dijo que ese dandi te tocó. Sólo por eso, lo mataría. Nadie...
—Apuesto a que es tan menudo como Itachi —arguyó Omoi.
Sakura no le ocultó que estaba irritada.
—Hace un buen tiempo que no ves a Itachi, y, en aquel momento, estaba aturdido por las heridas recibidas. Quizás ahora esté muy bien. Además, si crees que alguno de los hermanos es débil, te equivocas. Omoi, no olvides que yo fui la que leyó el archivo de Sasuke. Sé de qué hablo.
—Si tiene sangre en las venas, el tipo sangrará —afirmó Darui.
Al parecer, a ninguno de los dos le afectó el entrecejo fruncido de Sakura, que lanzó un suspiro de irritación.
Se volvió hacia Darui, y dijo:
—Tengo que ir a conversar con el padre de Sasuke. Mientras yo estoy fuera, tú tienes que mantener ocupado a Sasuke, distraerlo con algo.
—No veo qué necesidad hay de que hables con el padre de Sasuke —protestó Omoi—. Itachi y Deidara regresarán en cualquier momento.
—¿Con lo que están demorándose? No, no me atrevo a esperar más. El padre de Sasuke ya podría estar en su lecho de muerte. No come ni duerme: no puedo permitir que muera.
—Ya veo que estás decidida —murmuró Darui—. ¿Qué clase de distracción pensaste?
—Lo dejo en tus manos —repuso Sakura.
—¿Cuándo quieres que lo haga? —preguntó Omoi.
—Mañana, lo más temprano posible.
Por fin, Sakura volvió a la cama, contenta de saber que Darui y Omoi no la abandonarían.
La diversión comenzó escasos minutos antes del amanecer siguiente.
Entonces comprendió que tendría que haber dado instrucciones más específicas. Y cuando todo terminara, desollaría a Darui. ¡Dejarlo en sus manos...! ¡Había incendiado el establo! Por fortuna, al menos había tenido el sentido común suficiente para sacar primero a los caballos.
Lo que no podía negar, era que Sasuke estaba ocupado: los caballos corrían, desbocados. Tres yeguas estaban a punto de dar a luz sus crías, y se necesitó a todos los trabajadores para apagar el fuego y recoger a los animales.
Fingió estar dormida hasta que Sasuke salió del cuarto. Luego, se vistió rápidamente y salió a hurtadillas por la puerta trasera. Sasuke había apostado guardias en todo el perímetro, pero, en medio del caos, no tuvo dificultades para escurrirse.
—Omoi acaba de salir para Shallow's Wharf —le dijo Darui a Sakura, al tiempo que la ayudaba a montar el caballo que había elegido para ella—. Mañana al atardecer, estará de regreso, con noticias para nosotros. Si soplan vientos intensos, ¿no crees que Deidara regresará pronto? ¿Estás segura de que no quieres que cabalgue contigo?
—De lo que estoy segura es de que quiero que le cuides las espaldas a Sasuke —contestó—. Es él quien está en peligro. Volveré en una hora. Otra cosa, Darui: no enciendas ningún fuego mientras yo no estoy.
Darui le dirigió una amplia sonrisa.
—Resultó, ¿verdad?
—Sí, Darui —respondió la joven, pues no quería herir el orgullo del hombre—. Resultó.
Darui quedó sonriendo, y Sakura llegó a su destino media hora después. Dejó el caballo en el bosque vecino al límite de la casa y se encaminó con paso rápido hacia la puerta principal. Aunque la casa era monstruosa para las normas de una ladrona, la cerradura era pequeña, y Sakura la abrió en escasos minutos. Por las ventanas entraba suficiente luz para que la joven pudiese ver el camino hasta la escalera de caracol. Desde el fondo de la casa, llegaban ruidos que denotaban que el personal de cocina ya estaba trabajando.
Silenciosa coma un gato, Sakura espió dentro de cada uno de los numerosos dormitorios, pero no encontró al duque Uchiha de Williamshire en ninguno de ellos. Había supuesto que estaría en el más grande, pero el gigantesco cuarto estaba vacío. El dormitorio contiguo estaba ocupado por una mujer madura, atractiva, morena, que roncaba como un marinero, y Sakura adivinó que era la duquesa.
Al final del largo corredor, en el ala sur, encontró la biblioteca. Estaba alejada, en una situación poco común para una sala semejante. Ahí estaba el padre de Sasuke, profundamente dormido en una silla, tras el escritorio de caoba.
Después de cerrar la puerta con llave para evitar a los intrusos, Sakura contempló al apuesto hombre largo rato. Tenía un aspecto muy distinguido, con el cabello canoso, los altos pómulos patricios y un rostro angular, muy parecido al de Sasuke. Tenía hondas ojeras y la piel amarillenta. Hasta en sueños, se percibía su angustia.
Sakura no sabía si regañarlo con una severa admonición o pedirle perdón por haberle causado tanta pena innecesaria.
Sintió compasión. Claro, le recordaba a Sasuke, aunque el padre no era tan musculoso, pero sí alto. Al tocarle el hombro, se despertó sobresaltado y saltó de la silla con una rapidez que la sorprendió.
—Por favor, señor, no se alarme —murmuró—. No quise asustarlo.
—¿No? —Se burló el hombre.
Poco a poco, el duque Uchiha de Williamshire recobró la compostura. Se pasó los dedos por el pelo y sacudió la cabeza para aclararse la mente.
—¿Quién es usted?
—No importa quién soy, señor —respondió—. Por favor, siéntese, pues tengo que darle una información muy importante.
Esperó, paciente, que el hombre la obedeciera y se: inclinó contra el borde del escritorio, cerca de él.
—Este duelo tiene que terminar, ya que usted está enfermo.
—¿Qué?
El hombre parecía confundido. Sakura notó que tenía ojos negros, del mismo tono que los de Sasuke. También su ceño era parecido.
—Dije que tiene que dejar de sufrir —repitió—. Sir Genzō considera que hasta puede estar muriéndose. Si no termina con este absurdo...
—Vamos, jovencita...
—No me levante la voz —lo interrumpió.
—En nombre de Dios, ¿quién es usted? ¿Y cómo entro...?
La bravata se esfumó, y movió lentamente la cabeza. Para Sakura, pareció más incrédulo que enfadado y eso le resultó un buen comienzo.
—Señor, sucede que no tengo tiempo para discutir. Primero tiene que prometerme que no le contará nunca a nadie esta conversación. ¿Me da su palabra?
—La tiene —contestó el hombre.
—Bien. Ahora tengo que pedirle perdón aunque, a decir verdad, no soy buena para hacerlo. Odio disculparme ante cualquiera. —Se encogió de hombros y agregó—: Lamento no haber venido antes. Le causé una pena innecesaria, y en realidad podría habérsela evitado. ¿Me perdona?
—No tengo idea de a qué se refiere, pero si eso la pone contenta la perdonaré. Y ahora dígame qué es lo que pretende de mí.
—Señor, su ladrido es tan exasperante como el de su hijo.
—¿A qué hijo se refiere? —preguntó, con un atisbo de sonrisa en la mirada.
—Sasuke.
—¿Esta visita tiene que ver con Sasuke? ¿Acaso hizo algo que pudiera ofenderla? Debería saber que Sasuke hace lo que quiere. Yo no intervendré, a menos que haya un motivo real.
— No —respondió Sakura—. No se trata de Sasuke, aunque me alegra saber que tiene tanta confianza en la capacidad de su hijo mayor para tomar decisiones. Al no intervenir, demuestra que está orgulloso de él.
—¿Y de quién quiere hablar?
—Soy amiga de Itachi.
—¿Lo conoció?
Sakura asintió.
—Sí, lo conozco. ¿Sabe? Él está...
—Muerto —interrumpió el duque, en tono áspero—. Pagan lo mató.
Sakura le puso la mano en el hombro.
—Míreme, por favor —le ordenó en un susurro quedo, al ver que el hombre dirigía la mirada hacia la ventana.
El padre de Sasuke le obedeció, y Sakura asintió.
—Lo que voy a decirle le resultará difícil de creer. En primer lugar, entienda esto: tengo pruebas.
Sakura asintió otra vez.
—Pagan no mató a Itachi.
—Sí, lo hizo.
—Estoy harta de oír hablar de los crímenes de Pagan — murmuró Sakura—. Itachi.
—¿Acaso Pagan la envió?
—Por favor, baje la voz —respondió la muchacha—. Pagan no mató a su hijo —repitió—. Lo salvó: Itachi está vivito y coleando.
Pasó largo rato antes de que el duque pudiese reaccionar. Sin que apartara la vista de Sakura, el rostro del duque se llenó de manchones rojos. Los ojos adquirieron una expresión tan helada que era capaz de congelar.
Antes de que volviese a gritarle, la joven dijo:
—Le dije que tengo pruebas. ¿Está dispuesto a escucharme o está tan empecinado que...?
—La escucharé —respondió el hombre—. Pero, si es una broma cruel, le juro que perseguiré a Pagan y lo mataré con mis propias manos.
—Me parecería justo que lo hiciera por semejante crueldad —aceptó Sakura—. ¿Recuerda la ocasión en que Itachi había trepado a ese gran árbol y no podía bajar? Tenía cuatro o cinco años. Como lloraba y se sentía un cobarde, usted le prometió que nunca se lo contaría a nadie. Además, lo convenció de que no tenía nada de malo estar asustado, que el miedo no era un pecado, que...
—Lo recuerdo —dijo el duque—. Nunca se lo dije a nadie. ¿Cómo es que usted...?
—Como le dije, fue Itachi el que me contó esa anécdota y también muchas otras.
—Pudo haberle contado esas anécdotas antes de morir —afirmó el duque.
—Sí, pero no fue así. Pagan sacó a Itachi del mar. Su hijo estaba en condiciones lamentables. ¿Conoce a sir Bansai, el médico?
—Es mi médico personal —musitó el duque.
—¿No le parece extraño que haya desaparecido?
El enfado iba borrándose lentamente del rostro del hombre.
—En efecto, lo creo extraño —admitió.
—Nosotros lo secuestramos —confesó Sakura—. Lo necesitábamos para que atendiese a Itachi. Consideré importante que su hijo tuviese a su lado al médico de la familia para atenderlo. Sufría mucho, señor, y quería que tuviese todo el consuelo posible.
Sakura se mordió el labio inferior, al tiempo que pensaba en otro modo de convencerlo. El duque todavía parecía escéptico.
—Itachi tiene una marca de nacimiento en el trasero — soltó, de pronto—. Lo sé, porque yo lo cuidé hasta que Omoi y Darui tomaron cautivo a Bansai. ¡Eso! ¿Le basta con esa prueba?
En respuesta, el duque se apoyó en el respaldo de la silla.
—Recibí una prueba de la muerte de Itachi.
—¿Quién se la envió?
—La Oficina de Guerra.
—Exacto.
—No entiendo.
—Se lo explicaré después de que Itachi regrese — respondió Sakura—. Antes de que siga intentando convencerlo, ¿me explicará usted algo a mí?
—¿De qué se trata? —preguntó el duque, en tono cauteloso.
—¿Sabe por qué Itachi me hizo prometer que no le diría a Sasuke que estaba vivo? Llegué a cobrar confianza en su hijo mayor y no comprendo el motivo de esa exigencia. De cualquier modo, en aquel momento estaba desorientado y quizá lo que farfullaba acerca de los hermanos Maboroshi no era...
El padre de Sasuke volvió a saltar de la silla.
—Itachi está vivo.
—Por favor, baje la voz —ordenó la joven—. Nadie debe saberlo.
—¿Por qué? Quisiera gritárselo a los cielos. ¡Mi hijo está vivo!
—Veo que, por fin, lo convencí —afirmó Sakura, sonriendo—. Por favor, señor, siéntese. Tengo la impresión de que fuera a desmayarse.
Esperó hasta que el duque se sentó y luego preguntó:
—¿Qué lo convenció de que yo decía la verdad?
—Cuando dijo que Itachi no quería que Sasuke supiera... —Tartamudeó, hasta quedar callado, y luego dijo—: ¡Señor, los hermanos Maboroshi! Había olvidado ese incidente.
Fue el turno de Sakura de parecer confundida.
—¿Por qué? —preguntó, sin disimular la preocupació—. ¿No confía en su propio hermano?
—Oh, no, usted lo interpretó mal —repuso el duque—. Itachi idolatraba a Sasuke. Quise decir, lo idolatra. ¡Mi Dios, es difícil aceptarlo!
El duque Uchiha de Wtlliamshire soltó una risita.
—Cuando Itachi tenía ocho o nueve años, vino corriendo a casa con la nariz sangrando y el labio cortado. Sucedía que Sasuke estaba en casa y quiso saber quién lo había lastimado. En cuanto Itachi dijo que habían sido los hermanos Maboroshi, Sasuke salió corriendo por la puerta, aunque Itachi intentó detenerlo. No le había dicho cuántos eran los hermanos, ¿entiende? Media hora después, Sasuke volvió a casa tan ensangrentado como el hermano.
—¿Cuántos hermanos eran? —preguntó Sakura.
—Ocho.
—¡Cielos! ¿Eso quiere decir que los ocho hermanos atacaron a Itachi, y que...?
—No, sólo uno atacó a Itachi: Kisuke, si no recuerdo mal. De cualquier modo, Kisuke debió de haber sabido que Sasuke se vengaría y corrió a su casa a buscar refuerzos.
—Podrían haber matado a Sasuke —murmuró.
—En realidad, querida mía, tendría que reservar su compasión para los hermanos Maboroshi. Lo único que pretendía Sasuke era asustar al muchacho que había lastimado a Itachi, pero... ¡cuando aparecieron todos juntos, les dio su merecido! Mi muchacho les dio lo que merecían.
Sakura movió la cabeza; para ella, la historia no tenía nada de divertido. ¡Pero el duque sonreía como un padre orgulloso!
—Y ya ve, querida, que no es por desconfianza que Itachi la obligó a hacer esa promesa. Lo que sucede es que Itachi conoce muy bien a Sasuke. Sin duda, pensaba en proteger a Sasuke, hasta poder explicarle la situación. No quiere que el hermano vuelva a atacar a otro grupo de Maboroshi. Itachi siempre fue el más precavido de los dos. Sasuke no sabía que Itachi trabajaba para el gobierno. Y; ya que estamos, yo tampoco lo sabía. Jamás lo habría permitido, en especial cuando supe que sir Morino no era su superior.
—Morino —susurró Sakura—. Sí, era el superior directo de Sasuke, ¿no es cierto?
La afirmación sorprendió al padre de Sasuke.
—Consiguió usted bastante información, ¿no es así? No puedo menos que preguntarme cómo lo logró. ¿Me dirá quién le pasó esos secretos?
La pregunta ofendió un poco a la joven.
—Nadie me dio nada —dijo—. Los descubrí sola. Tengo muchos recursos, señor. Mi hermano Deidara ayudaba a Itachi a resolver un problema complicado para el gobierno, pero había alguien que no quería que tuviesen éxito. Les tendieron una trampa. Si aún están vivos es porque... Pagan comenzó a sospechar y pudo intervenir a tiempo.
—¿Sabe Itachi quién está detrás de esa trampa?
Sakura negó con la cabeza.
—Sólo sabemos que es una persona de un nivel elevado en la Oficina de Guerra. Deidara y Itachi están a salvo en tanto se los crea muertos. No puedo decirle nada más: Cuando Itachi regrese...
—¿Me llevará a verlo?
—Espero que esté de regreso en pocos días más, señor. Claro que no puede quedarse aquí, a menos que usted haya echado a todos los criados... de los detalles hablaremos luego. —Hizo una pausa y le sonrió—. Me pregunto si sería usted capaz de reconocer a su hijo: tiene el cabello largo hasta los hombros. Tanto él como Deidara ahora parecen verdaderos piratas.
—Eso debe de complacer a Pagan.
—Oh, sí, le complace mucho.
—¿Las heridas eran graves?
—Los ataron, amordazaron, les dispararon y por último los arrojaron al agua. Y, aun así, los enemigos sabían que todavía no estaban muertos.
—Los arrojaron para que se ahogaran.
—No: los arrojaron a los tiburones. Las aguas estaban infestadas de ellos, y la sangre fresca... los atrajo.
—¡Dios mío!
—Sin embargo, los tiburones no los atraparon, aunque admito que estuvieron cerca. Durante el rescate, Pagan perdió a uno de sus mejores hombres.
—¿Pagan se metió al agua con ese hombre?
—Sí. Pagan es el mejor nadador. Además, el pirata jamás ordena a otros... lo que no es capaz de hacer por sí mismo.
Sakura se encaminó hacia la puerta pero otra pregunta del duque la detuvo:
—¿Está usted enamorada de mi Itachi?
—¡Oh, no! —respondió la joven. Abrió la puerta, y se volvió hacia su flamante confidente—: Cuando volvamos a encontrarnos, usted debe fingir que no me conoce. En este momento, mantengo ocupado a Sasuke. La persecución lo puso en riesgo, pero eso no tardará en resolverse.
—Pero Pagan no...
—Pagan protege a Sasuke —dijo Sakura—. Culparon al pirata por la muerte de Deidara y Itachi, y vuestro gobierno le puso precio a su cabeza. Como sin duda usted ya sabrá, Sasuke duplicó esa suma. Piense lo que ocurriría si Sasuke pudiese hallar a Pagan y hablar con él antes de que...
—Pagan lograría convencer a Sasuke de que no mató a Itachi.
—Exacto —respondió la muchacha—. ¿Comprende? Cualquiera que sea el responsable de la trampa, querrá asegurarse de que Pagan no sea hallado.
—O de matar a Sasuke antes de que averigüe la verdad.
—Sí.
—¡Dios mío, ahora Sasuke está en peligro! ¡Tengo que...!
—No tiene que hacer nada, señor —le aseguró Sakura—. Le repito que Pagan está vigilando a Sasuke.
—¡Buen Dios, Pagan no es nuestro enemigo! —susurró el duque—. Contraje una deuda con ese individuo que nunca podré pagar. Querida señora, ¿hay algo que pueda hacer por usted?
—Ahora tengo que irme a cuidar a Sasuke —respondió Sakura—. Y, si bien es muy terco, también es protector por naturaleza. En este momento, está ocupado, pensando que se hace cargo de mis problemas. Cuando regrese, ustedes tres tendrán que decidir qué hacer.
—Entonces ¿Pagan la envió a cuidar de Sasuke?
—Sí —contestó la muchacha, sonriendo.
—Sasuke no se rendirá —dijo el hombre—. ¡Ojalá Itachi regrese pronto!
—No se preocupe tanto —dijo Sakura—. Si le dijera a Sasuke que abandonase la persecución, lo único que lograría es que se empecinara más. Ya está demasiado resuelto como para detenerse.
—En ese caso, tiene que confiar en él.
—No puedo, señor, pues le di mi palabra a Itachi. Además, faltan pocos días para que se descubra la verdad.
—¿Y si Itachi y su hermano se retrasan?
—Tendremos que trazar otro plan –afirmó Sakura, asintiendo.
—¿En particular, qué...?
—Tendremos que hallar una forma de apartar a la presa del cazador: Sasuke se pondría furioso, pero seguiría vivo. Tengo que pensar en esto con mucho cuidado — agregó, al tiempo que abría la puerta.
—¿Cuándo volveré a verla? Usted dijo que tenía que fingir que no la conozco, pero...
—Oh, estoy segura de que volverá a verme. Y hay algo con lo que podría recompensarme. ¿Dijo usted que haría cualquier cosa? —le recordó Sakura.
—Sí, cualquier cosa.
—Como Sasuke es su hijo mayor, si hubiese un preferido, tendría que ser él.
El comentario de la muchacha dejó atónito al duque.
—Yo amo a todos mis hijos. No sabía que prefiriese a uno de ellos.
—Según sir Genzō, Itachi es su preferido —dijo Sakura —. También dice que Sasuke se aparta de la familia. Señor, no permita que eso continúe, Sasuke necesita su cariño: asegúrese de que lo obtenga.
La puerta se cerró.
El duque Uchiha de Williamshire permaneció largo tiempo sentado al escritorio antes de confiar que las piernas lo sostuviesen. Por las mejillas del hombre corrían lágrimas de dicha y pronunció una plegaria de agradecimiento por el milagro que acababa de recibir.
¡Su Itachi estaba vivo!
De pronto, Fugaku se sintió famélico y fue en busca del desayuno. Sería difícil, pues el duque no estaba habituado al engaño, pero tendría que disimular las sonrisas: ninguno de los criados tendría que sospechar la verdadera razón de su recuperación.
Se sintió renacido: fue como si alguien hubiese bajado al negro abismo de desesperación en que el duque se debatía y lo hubiese elevado a las estrellas.
La joven dama a la que consideraba su salvadora tenía unos ojos verdes poco comunes. Sin duda Pagan le habría puesto el nombre a su barco en homenaje a ella. El Emerald. «Sí —se dijo el duque, con gesto enfático—. También estoy seguro de la verdadera identidad del pirata, pero juro que moriré antes que revelar a nadie esa verdad.»
No obstante, se preguntó qué diría Sasuke cuando supiera que la mujer a la que albergaba era en realidad, la hermanita de Pagan.
Por cierto, habría cantidades de fuegos artificiales, y el duque rogaba estar presente para proteger a la muchacha cuando Sasuke explotara.
El duque Uchiha de Williamshire estaba seguro de haberlo adivinado todo.
Se servía una segunda porción de huevos y tocino, cuando Mikoto, su esposa, entró corriendo en el comedor.
—La cocinera me dijo que estabas comiendo —balbuceó la mujer.
El duque se volvió hacia la esposa con una sonrisa en el rostro: la pobre Mikoto parecía aturdida. Tenía el corto cabello negro enmarañado y no acertaba a anudarse el cinturón de la bata.
—¿Por qué, Fugaku? —le preguntó, mirándolo con fijeza.
—Es la costumbre de todas las mañanas —respondió el hombre—. Y tenía hambre.
Los ojos negros de la mujer se llenaron de lágrimas.
—¿Tenías hambre? —murmuró.
Fugaku colocó el plato sobre el bar, a un costado, y se acercó a la esposa. La abrazó y le besó la coronilla.
—En los últimos tiempos, te causé muchas preocupaciones, ¿no es así, mi amor?
—¿Y ahora te sientes mejor? —preguntó la esposa.
—Me aconsejaron que dejara de lado el duelo —afirmó el duque.
—¿Quién?
—Mi conciencia —mintió el duque—. Mikoto, a su debido tiempo, te explicaré este cambio repentino. Pero, por ahora, sólo puedo decirte que lamento toda la aflicción que te causé a ti y a los niños. Ya sufrí suficiente.
—Es un milagro —murmuró la esposa.
«Sí —pensó el duque—, un milagro de hechiceros ojos verdes.»
—Ven a comer algo, querida. Te veo un tanto demacrada.
—¿Yo te parezco demacrada?
La mujer lanzó una risa temblorosa.
—Querido, tú eres el que parece un muerto.
El hombre la besó con ternura y la llevó hacia la mesa.
—Creo que cuando termine iré a la casa de Sasuke.
—Tu recuperación lo sorprenderá —afirmó Mikoto—. Oh, Fugaku, es magnífico tenerte de nuevo con nosotros.
—¿Quieres cabalgar conmigo hasta la propiedad de Sasuke?
—Oh, sí, me encantaría —respondió la mujer con un brillo decidido en los ojos—. Aunque no es correcto tener invitados, creo que invitaré a lady Amaru y a su querida madre a pasar un largo fin de semana. Tienes que decirle a Sasuke que esperamos que... ¿por qué sacudes la cabeza?
—Mikoto, será mejor que te ahorres el esfuerzo. Date por vencida. Sasuke no se casará con lady Amaru.
—Es un buen casamiento, Fugaku —arguyó la esposa—. Dame dos buenos motivos para no alentar esta unión.
—Muy bien una, no tiene el cabello rosa.
—Claro que no tiene cabello rojo. Tiene un hermoso cabello rubio, lo sabes.
—Y dos —prosiguió el hombre, sin hacer caso de la mirada confundida de la esposa—, no tiene ojos verdes.
—Fugaku, ya no te sientes bien, ¿verdad?
La risa de Fugaku resonó en todo el comedor.
—Lo que Sasuke necesita es una hechicera: tendrás que aceptarlo, querida mía.
—¿Aceptar qué cosa?
El guiño perezoso del duque la confundió más todavía.
—Mikoto, creo que tu desayuno tendrá que esperar un poco más. Tienes que volver a la cama de inmediato.
—¿Tengo? —se extrañó la mujer—. ¿Por qué?
El duque se inclinó y susurró algo al oído de la esposa. Cuando terminó, la mujer estaba sonrojada.
—Oh, Fugaku —murmuró—. En verdad, te sientes mejor.
