CAPÍTULO 13

—Pagan debe morir —dijo Sasuke, en voz baja pero enfática—. Es el único modo.

Mientras lo decía, observó a Deidara, y vio que el hermano de Sakura se apresuraba a asentir.

Sakura saltó de la silla.

—No quiero morir —exclamó—. No lo aceptaré, Sasuke.

—Vamos, Sakura... —comenzó Deidara.

—Se refiere al pirata —explicó Sasuke—. No piensa matarte a ti, mi amor.

Sakura le lanzó una mirada furibunda.

—Sé exactamente a qué se refiere —le espetó—. Y no lo acepto. ¿Tenéis una idea de los años que me llevó construir mi reputación? Cuando recuerdo...

Los hombres no le hacían caso. A decir verdad, Deidara y Itachi sonreían. Sakura se dio por vencida, se sentó otra vez y dedicó a Sasuke una mirada ceñuda:

—Si no te hubieses lanzado a la caza de Pagan, nada de esto sería necesario. Es tu culpa, Sasuke.

—Sakura, no hay otra manera —argumentó Deidara—. Si Pagan muere o, más bien, si todos creen que ha muerto, Sasuke tendrá que desistir de la persecución, ¿no es cierto? El Tribunal sabe que, para él, Pagan es el responsable de la muerte de su hermano, ¿recuerdas?

Aunque a desgana, Sakura asintió.

—Luego, dejarán a Sasuke en paz, ¿no es cierto? Estará otra vez a salvo.

Deidara sonrió y se dirigió a Sasuke.

—Tu plan resuelve varios problemas –señaló lanzando a la hermana una mirada significativa.

Sasuke asintió.

—Sakura, tú tendrás que cambiar ciertas costumbres. Cuando Pagan muera, ya no podrás...

—Es mi trabajo —exclamó la muchacha—. Es lo que mejor sé hacer.

Sasuke cerró los ojos.

—¿Qué es exactamente lo que sabes hacer bien?

El que respondió fue Deidara:

—Killer B era el que ejercía la piratería —explicó—. Sakura siempre estaba a bordo, pero él era el jefe. Mi hermana estaba a cargo de los ataques en tierra. Tiene un talento especial, Sasuke: no existe una caja fuerte o una cerradura que no pueda abrir.

—En otras palabras, era una perfecta ladronzuela —dijo Sasuke, entre dientes.

Mientras lo pronunciaba, miraba a Sakura. Tanto la opinión como la expresión de Sasuke disgustaron a Sakura:

—No me importa lo que opines de mí, Sasuke. El engaño terminó, y no volverás a verme, de modo que en realidad no tiene importancia que...

Al oír el bramido de Killer B, Sakura se interrumpió. Luego se oyó un grito de mujer, y supuso que el tío estaba aterrorizando a una de las criadas.

—Disculpadme un instante —pidió.

No esperó a que la dispensaran, y salió corriendo de la habitación. En cuanto cerró la puerta tras de sí, Sasuke se volvió hacia Deidara:

—Pronto se hará a la idea —afirmó—. Y espero que, para entonces, hayamos fingido la muerte de Pagan y sea demasiado tarde.

Itachi asintió.

—Sí, tendrá que comprender que ellos saben que está contigo, y que matar a Pagan ya no les servirá de nada. Aún estáis ambos en peligro. Qué extraño, por lo general Sakura es mucho más rápida. ¿Cuánto tiempo crees que le llevará asimilar esto?

Fue Deidara el que respondió:

—Ya lo asimiló, Itachi. ¿No viste en sus ojos el alivio? Fue fugaz, pero cierto. Creo que, en el fondo, quiere que eso se termine.

—¿Y tú? —le preguntó Sasuke a Itachi—. ¿Cómo es posible que ninguno de vosotros desee volver al océano? En este preciso momento, Sakura no puede pensar con demasiada lucidez. Cree que tiene que reasumir sus... sus anteriores deberes —murmuró—. Quizá sea una manera de probarse a sí misma, aunque ya no importan sus motivos. Necesita que alguien le quite esa posibilidad, y le exija que se retire.

—¿Y ese eres tú, Sasuke?

—Sí.

En ese instante, Sakura volvió al salón, y Deidara se dirigió a ella:

—Sakura, creo que todavía no tendrías que irte con Omoi y Darui. Espera hasta que resolvamos este problema.

—¿Quieres decir que espere hasta que encontréis al Tribunal? —dijo, en tono atribulado—. No puedo quedarme aquí, después de que...

Sasuke la miró con severidad, para que dejase de protestar. Sakura se acercó a la silla que él ocupaba y se quedó ahí, con las manos unidas en el frente.

—¿Y qué me dices de Killer B? —preguntó Sasuke a Deidara—. ¿Crees que nos causará problemas?

—¿Por qué? —preguntó Itachi, bostezando otra vez—. Ya está retirado. Sin duda habrás advertido que hace tiempo que ningún barco sufre ataques piratas.

—Lo advertí —respondió Sasuke—. No obstante, quizá se enfade si le queman el barco.

—¡No!

La propuesta apabulló a Sakura de tal modo que tuvo que sentarse: se acercó a la silla y se dejó caer. Deidara expresó su simpatía:

—Para Sakura, el Emerad fue un hogar —dijo—. Quizá pudiésemos usar otro buque, pintarlo para que parezca el Emerald e incendiarlo. Killer B guardaría el auténtico en lugar seguro.

Sasuke asintió.

—¿Podrá ocuparse de esa tarea? Tiene que haber testigos del hundimiento del buque que aseguren que vieron morir a Pagan.

—Si se lo explicamos bien, sí —admitió Deidara.

—Si usa las gafas –intervino Itachi, sonriendo.

—Iré a hablar con él ya mismo —afirmó Sasuke.

Deidara se puso de pie antes que Sasuke.

—Itachi, es hora de que descanses.

Antes de que Sasuke o el hermano comprendieran la intención de Deidara, alzó a Itachi en brazos y, tambaleándose bajo el peso del amigo, se irguió y comenzó a salir de la habitación. Itachi protestó.

—Deidara, por el amor de Dios, bájame: no soy un niñito.

—No se nota —replicó Deidara.

Sakura observó a los amigos desaparecer tras la esquina y murmuró:

—Deidara cuidó bien a tu hermano, Sasuke.

Éste se volvió hacia ella, que se contemplaba el regazo:

—Tú también, Sakura —le dijo.

La muchacha no hizo caso del cumplido.

—Mi hermano es muy bondadoso, aunque lo disimula tras una expresión malhumorada casi todo el tiempo. Sasuke, tiene la espalda llena de cicatrices, por los latigazos que recibió. No siempre estaba en la escuela, aunque no quiere hablar de ese lapso prolongado en que estuvo ausente, no quiere decirme dónde estuvo. Sólo sé que había una mujer involucrada en el sufrimiento de mi hermano. Pienso que tiene que haberla amado mucho, y que ella debe de haberlo traicionado, y por ese motivo él se finge siempre frío y cínico. Pero Itachi fue el que logró conmoverlo, pues tu hermano le brinda su amistad sin restricciones. Él también salvó a Deidara más de una vez. Mi hermano no confía en muchas personas, pero Itachi es una excepción.

—¿Tu hermano confía en ti?

La pregunta la sorprendió.

—Oh, sí —se apresuró a decir.

Alzó la vista y lo miró, vio la ternura en los ojos del hombre y se preguntó por qué.

—Itachi no hubiese podido subir las escaleras, y Deidara lo sabía. Mi hermano no le dio tiempo a que sufriera el orgullo de tu hermano.

—Quizás haya sufrido un poquito —dijo Sasuke, remarcando las palabras.

Todavía se oían los gritos de protesta de Itachi. Sakura esbozó una sonrisa vacilante. Se levantó, y se tomó las manos a la espalda, sin dejar de mirar a Sasuke.

—Como todavía no puedo partir de Inglaterra, creo que le enviaré una nota a lady Utatane, pidiéndole que me invite a quedarme con ella.

—No

—¿No? ¿Por qué?

—Sakura, en realidad, estoy cansado de repetirlo: te quedas conmigo.

—Lady Utatane me recibirá con mucho agrado. Sería mucho más fácil para ti si yo me marchara.

—¿Por qué?

—Porque tendrás ocasión de reconsiderar todo con esa mente lógica que tienes, y llegarás a la conclusión de que nunca podrás perdonarme. Por eso.

—¿Tú quieres que te perdone?

—No demasiado.

—Mientes otra vez.

—¿Acaso importa?

—Sí, Sakura, importa. Te dije que te amaba. ¿Acaso eso no importa?

Sasuke avanzó un paso, y Sakura se alejó de la silla y Comenzó a retroceder hacia las puertas. La preocupaba la expresión de Sasuke, y la retirada le pareció lo más sensato en ese instante.

—¿Por qué me miras de ese modo?

—Me engañaste, me manipulaste, me hiciste correr en círculos, pero todo será distinto ahora, ¿no es así?

—De modo que al fin lo comprendes, ¿no es cierto? —Sakura retrocedió otro paso—. Cuando apliques la lógica, comprenderás que todo lo que hice lo hice para protegeros a ti y a tu hermano. Pero antes tendrás que sobreponerte al enfado... y al orgullo.

—¿Te parece bien eso?

—Sasuke, pronto, algún día, creo que en realidad estarás agradecido por este engaño. Además, ya terminó, acabó.

Sasuke movió con lentitud la cabeza y sonrió. Sakura no entendió ese gesto. Como no se atrevía a despegar la mirada de él, no miró para atrás y, de pronto, se encontró con la espalda contra un rincón. Falló por varios centímetros la distancia a la entrada.

Estaba atrapada. La sonrisa de Sasuke se amplió, revelando que tenía conciencia de lo complicado de la situación de Sakura, y lo disfrutaba.

—Está acabado —tartamudeó la joven.

—No, más bien acaba de comenzar, cariño.

Estampó las manos contra la pared, a ambos lados del rostro de la muchacha.

—Te refieres a la persecución del Tribunal, ¿verdad?

Sasuke se inclinó sin prisa.

—No, me refiero a ti y a mí. ¿Acaso dejaste que te tocara porque estabas protegiéndome?

—Qué pregunta tan ridícula.

—Respóndeme.

—No, claro que no —murmuró Sakura, con la vista fija en el pecho de Sasuke.

—¿Fue por la culpa que te provocaba engañarme?

—¡No! —exclamó Sakura, comprendiendo que así revelaba el temor, y cambió de tono de inmediato—: Nunca me sentí culpable por mentir. Lo hago muy bien. Me siento orgullosa de mi talento, no culpable.

Sasuke cerró los ojos y elevó una plegaria pidiendo paciencia.

—Entonces ¿por qué me dejaste que te tocara?

—Tú sabes por qué.

—Dímelo.

—Porque quería que lo hicieras –susurró Sakura.

—¿Por qué?

Sakura movió la cabeza y trató de apartarle la mano, pero Sasuke no se movió.

—No te irás de esta habitación hasta que me hayas dicho toda la verdad. Basta de mentiras, Sakura.

Sakura fijó la vista en el mentón del hombre.

—Me pides demasiado.

—Pido sólo lo que estoy dispuesto a dar —replicó Sasuke—. Y nos quedaremos todo el día aquí, hasta que...

—Oh, está bien —dijo Sakura—. Quería que me tocaras porque eres un hombre bondadoso, gentil y comprendí que me... que me importas mucho.

Lo miró a los ojos, pues quería saber si Sasuke se reiría. Si exhibía al menos un atisbo de diversión, le daría un puñetazo.

Sasuke no reía. Si bien tenía una expresión complacida por la admisión de Sakura, y también arrogante, Sakura admitió para sí que tenía derecho.

—Sasuke, no te pareces en absoluto al hombre acerca del cual leí en el archivo. Ni el director te conoce como eres en realidad.

—¿Leíste mi archivo?

Sakura supo que no tendría que habérselo dicho, al ver que Sasuke la aferraba de los hombros y la apretaba, creándole nuevas magulladuras.

—Sí, leí tu archivo —afirmó—. Me llevó toda la noche, pues tienes una historia bastante larga.

Sasuke sacudió la cabeza, más atónito que enfadado.

—Sakura, el archivo tendría que haber estado sellado... bajo llave, tendrían que haber borrado el nombre.

—Oh, lo estaba, Sasuke. Sí, en verdad la seguridad es bastante eficaz. Todas las puertas tenían buenos pasadores, las cerraduras de los gabinetes eran todas sólidas...

—Es obvio que la seguridad no era suficiente —musitó Sasuke—. Tú pudiste entrar, hallaste mi archivo y lo leíste. ¡Dios mío, ni yo lo leí!

—¿Por qué querías leerlo? —preguntó la muchacha—. Tú viviste cada suceso. En el archivo sólo figuraban las tareas que te asignaron. No se decía mucho acerca de tu vida personal. Ni siquiera se mencionaba el incidente con los hermanos Maboroshi. Sasuke, ¿por qué te alteras así? —preguntó.

Creyó que en ese momento era capaz de quebrarle los huesos.

—¿Lo leíste todo? ¿Sabes todo lo que hice?

Sakura asintió.

—Sasuke, estás lastimándome. Por favor, suéltame.

El hombre volvió a apoyar las manos contra la pared, reteniendo a Sakura ahí.

—Y aun sabiendo todo eso... fuiste a buscarme. ¿No tenías miedo?

—Un poco —confesó—. Tu historia es muy...pintoresca. Y, además, estaba preocupada, pero, después que te conocí, dudé de la precisión de...

—No dudes —la interrumpió Sasuke—. No había la menor exageración.

La vivacidad del tono de Sasuke hizo estremecer a Sakura.

—Hiciste lo que tenías que hacer —murmuró.

Sasuke todavía no estaba del todo seguro de creerle.

—¿Cuál era mi nombre operativo?

—Cazador.

—¡Diablos!

—Sasuke, intenta entender mi profesión. Yo necesitaba averiguar todo lo posible sobre ti.

—¿Para qué lo necesitabas?

—Estabas en peligro.

—¿No se te ocurrió que yo podía ocuparme de las amenazas contra mí?

— Sí —respondió la joven—. Se me ocurrió. Pero le había hecho una promesa a tu hermano, y el honor me obligaba a cumplirla.

—La palabra empeñada es muy importante para ti, ¿no es así, Sakura?

—Claro que lo es.

—Todavía no entiendo por qué creías que tenías que leer mi archivo.

—Necesitaba descubrir tu... punto débil. No me mires así, Sasuke. Todos tenemos nuestro talón de Aquiles, hasta tú.

—¿Y qué averiguaste? ¿Sabes cuál es mi punto débil?

—Tienes la reputación de ser el protector de los débiles, como tu padre, No es que eso constituya una debilidad, pero yo utilicé esa característica tuya en mi favor.

—¿Fingiendo estar en peligro? Sakura: estabas en peligro. Esos hechos sucedieron. Tú...

—Yo podría haberme ocupado de eso —se jactó—. Cuando pude salir del coche de Deidara, fui a Shallow's Wharf, donde Omoi y Darui estaban esperándome. Entre los tres, podríamos habernos hecho cargo del problema.

—Quizá —dijo Sasuke.

Al ver que estaba en tan buena disposición, y distraído, Sakura intentó pasar por debajo del brazo del hombre, pero Sasuke se limitó a acercarse más para no dejarla pasar.

—Creíste que era más débil de lo que en realidad soy, y por eso te convertiste en mi protector, en mi ángel guardián —concluyó.

—Y resultó que tú también fuiste mi ángel guardián — dijo Sasuke.

—¿Acaso eso hiere tu orgullo?

—No —respondió el hombre—. Ya perjudicó bastante a mi orgullo el hecho de haber sido manipulado.

—Tu enorme arrogancia te permitirá soportar un daño tan insignificante —murmuró Sakura, con un atisbo de risa en la voz—. Habrías dado tu vida por mantenerme a salvo. Te oí susurrarlo cuando creíste que estaba dormida.

—Maldición, Sakura, ¿hubo algún momento en que no estuvieras engañándome?

Sakura no respondió.

—Sakura, te di mi protección. ¿Sabes qué es lo que tú me diste a mí?

—Mentiras.

—Sí, mentiras, pero también otra cosa.

El rubor de la muchacha le reveló que sabía a qué se refería.

—¿Qué otra cosa me diste?

—Bueno, fue... eso –susurró—. Yo era virgen.

—Me diste tu amor, Sakura.

La mujer negó con la cabeza. El hombre asintió.

—No te lo di, Sasuke.

—Sí —insistió Sasuke— . ¿Recuerdas lo que te dije la primera noche que hicimos el amor?

Sakura lo recordaba palabra por palabra.

—No —dijo.

—Eso también es mentira, Sakura. Tienes una destreza especial para recordar todo lo que lees u oyes.

—Sólo lo que leo —murmuró.

Comenzó a forcejear para alejarse de Sasuke: de pronto, se sentía desbordada por el pánico.

Sasuke se acercó más, hasta que sus muslos rozaron los de la muchacha.

—Déjame recordarte, mi pequeña mentirosa, que yo te dije que me pertenecerías. Ahora, y para siempre, Sakura.

—No lo dijiste en serio —exclamó—. No te obligaré a cumplir una promesa tan tonta.

Cerró los ojos, eludiendo el recuerdo del amor compartido.

—Ya es tiempo de... Sasuke, basta — dijo precipitadamente, al sentir que el hombre se inclinaba hacia ella y le besaba la frente—. Te engañé, te mentí. Además, tú no sabías que yo era Pagan. Tenemos que olvidar todo lo que dijiste esa noche.

—No quiero olvidarlo.

—Sasuke, es imposible que me quede contigo. Ni siquiera te agrado. No olvides que soy una ladrona.

—No, mi amor: lo eras. Pero eso se terminó. Se producirán ciertos cambios, Sakura.

—Imposible. Nunca serás capaz de hacer tantos cambios, Sasuke: eres demasiado rígido.

—¡Me refería a ti! —gritó Sasuke—. Tú serás la que cambiará.

—No lo haré.

—Lo harás. Dejarás todo eso de lado, Sakura.

—¿Por qué?

—Porque yo no lo toleraré: por eso.

Sakura no quería entender.

—Lo que yo haga no es asunto tuyo —argumentó—. Mis hombres dependen de mí, Sasuke, y no pienso abandonarlos.

—En ese caso, tendrán que depender de alguna otra persona —vociferó—. Tus días de ladrona acabaron.

A Sakura le zumbaron los oídos, pero de pronto se sintió demasiado irritada y asustada para preocuparse.

—Cuando me marche, no me verás nunca más. No te preocupes no regresaré para robarte.

Decidió dar por terminada la conversación, se apartó de Sasuke y vio a Deidara y a Killer B que la observaban. Supuso que habían oído gran parte de la conversación y entonces comprendió que había gritado casi tanto como Sasuke. Y, de todos modos, esa fue la perdición de Sasuke, pues la había convertido en una arpía gritona.

—¿Qué te importa lo que ella haga? —preguntó Deidara.

En honor a Sakura, Sasuke mantuvo una expresión controlada.

—Deidara, creo que ya es hora de que tú y yo tengamos una pequeña conversación. Sakura, espera en el comedor, con B. Jūgo —agregó Sasuke, al ver que aparecía el mayordomo—. Encárgate de que no nos molesten.

Killer B era el único que comprendía lo que estaba a punto de suceder.

—Espera un momento, muchacho —le dijo a Sasuke, pasando junto a Deidara.

Se precipitó al salón, arrebató el tazón de plata que estaba sobre la chimenea y volvió a la entrada.

—Sería una pena que se arruinara, ¿no os parece? Lo llevaré conmigo —agregó, al ver que Sakura estaba a punto de protestar—. Sasuke quiere dármelo, de modo que deja de fruncir el entrecejo.

Deidara entró en el salón. Jūgo le murmuró sus deseos de buena suerte, arrastró a Sakura fuera de la habitación y cerró las puertas.

—¿De qué tenéis que conversar? —le preguntó Sakura a Killer B—. Si ni os conocéis...

Un crujido le aclaró las dudas.

—¡Dios mío, van a matarse! —exclamó—. ¡B, haz algo!

Mientras lo decía, intentaba empujar a Jūgo fuera del paso.

Killer B se acercó de prisa y rodeó los hombros de Sakura con un brazo.

—Vamos, chica, estaban ansiosos de pelearse desde el instante en que se conocieron. Déjalos tranquilos. Ven conmigo al comedor. La cocinera va a servir el postre.

La muchacha comenzó a gritar, y el tío desistió de intentar que fuese con él al comedor. Y, teniendo en cuenta el barullo que venía del salón, el que hacía Sakura no le molestaba demasiado.

—Siempre fuiste un poco terca, muchacha —murmuró el tío, volviendo al comedor.

Llevaba el precioso tazón de plata metido bajo el brazo. En la puerta principal comenzaron a oírse golpes, en el mismo instante en que B cerró tras él las puertas del comedor, y Jūgo se sintió desgarrado entre dos deberes.

—Milady, por favor, ¿puede ir a ver quién golpea? — gritó, para que lo oyese por encima del estrépito.

Jūgo tenía los brazos cruzados sobre el pecho y la espalda apoyada contra las puertas. Sakura se acercó a él e imitó la postura.

—Milady vigilará estas puertas mientras usted va a ver quién es.

El mayordomo negó con la cabeza.

—No intente engañarme, lady Sakura. Quiere entrar donde está el marqués.

—Claro que quiero entrar —arguyó la joven— Sasuke está peleando con mi hermano. Uno de los dos puede matar al otro.

Otra fuerte sacudida hizo temblar los muros, y Jūgo supuso que uno de los dos había arrojado el sofá contra la pared. Se lo comentó a Sakura, y ella movió la cabeza.

—Más bien suena como si un cadáver hubiese dado contra la pared, Jūgo. Oh, por favor...

Al ver que el mayordomo movía la cabeza, no continuó. De súbito, se abrió la puerta principal, y Sakura y Jūgo miraron quiénes eran los dos invitados que acababan de entrar.

—Son el duque y la duquesa Uchiha de Williamshire — musitó Jūgo, consternado.

De inmediato, la actitud de Sakura se transformó.

—Jūgo, no se atreva a moverse de aquí.

Atravesó corriendo el vestíbulo e hizo una reverencia ante los padres de Sasuke. El duque Uchiha de Williamshire le sonrió. La duquesa casi no le prestaba atención, pues sólo miraba la entrada al salón. Por las puertas se filtró otra injuria en voz muy alta. La madrastra de Sasuke ahogó una exclamación.

—¡Le arrebataste la inocencia, miserable!

El bramido de Deidara resonó en todo el vestíbulo, y Sakura sintió ganas de gritar. En ese instante, deseó que Sasuke asesinara al hermano. Luego recordó a los invitados.

—Buenos días —barbotó.

Gritó para que los duques la oyesen, y se sintió como una tonta.

—¿Qué está sucediendo aquí? —quiso saber la duquesa —. Jūgo, ¿quién es esta dama?

—Mi nombre es lady Sakura —balbuceó la muchacha—. Mi hermano y yo somos amigos de Sasuke.

—Pero ¿qué sucede en el salón? —insistió la duquesa.

—Una pequeña disputa —dijo Sakura—. Sasuke y Deidara, mi hermano, sostienen un debate un tanto acalorado acerca de...

Echó una mirada a Jūgo en busca de ayuda, al tiempo que pensaba desesperada en una explicación razonable.

—Las cosechas —gritó Jūgo.

—¿Las cosechas?

El duque Uchiha de Williamshire pareció confundido.

—Qué absurdo —exclamó la duquesa.

Cuando sacudió la cabeza, su cabellera se balanceó.

—Sí, las cosechas —aseguró Sakura—. Sasuke opina que el centeno y el trigo deben plantarse en años alternados, y Deidara, en cambio, no cree que haya que dejar los campos en barbecho. ¿No es así, Jūgo?

—Sí, milady —vociferó Jūgo, haciendo una mueca cuando llegó hasta ellos el estrépito de cristales rotos—. Mi señor es muy terminante en esta cuestión.

—Sí —confirmó Sakura—. Muy terminante.

El duque y la duquesa los miraban, atónitos. Debían de suponer que Sakura estaba loca, y la muchacha, derrotada, dejó caer los hombros.

—Subamos al piso alto, por favor.

—¿Cómo dice? —preguntó la duquesa.

—Por favor, vayamos arriba —repitió Sakura.

—¿Quiere subir? —preguntó la duquesa.

—Sí —respondió la joven—. Hay alguien esperándolos. Creo que está en el segundo dormitorio, a la derecha, aunque no estoy muy segura.

Como el barullo subía de punto, tuvo que gritar las últimas palabras. El duque salió de su estupor, y aferró las manos de Sakura.

—Que Dios te bendiga, querida mía. Me alegra volver a verte. Cumpliste tu palabra: nunca lo dudé.

Al comprender que estaba divagando, hizo esfuerzos para calmarse.

—Vamos, Sakura quiere que subamos, ahora.

—Fugaku, ¿tú conoces a esta mujer?

—Oh, ¿te descubrí?

Sakura movió la cabeza.

—Ya le dije a Sasuke que había ido a verle.

El duque hizo un gesto afirmativo y se volvió hacia la esposa.

—Esta mañana, temprano, conocí a esta joven encantadora.

—¿Dónde? —preguntó, sin permitir que el esposo la arrastrara hacia la escalera—, quiero oír tu explicación ya mismo.

—Vino a verme a mi estudio —dijo—. Tú aún dormías. Vamos, ya, mi cielo. Lo entenderás cuando hayas...

—¡Fugaku, es pelirosa!

—Sí, querida —admitió, impulsándola hacia la escalera.

El duque rompió a reír.

—Y tiene ojos verdes, —gritó, para que el marido la oyese—. De inmediato vi que tenía ojos verdes.

—Qué perspicaz eres.

Sakura observó a los padres de Sasuke hasta que llegaron al pasillo del piso alto.

—Las cartas están echadas, ¿no es eso cierto, Jūgo?

—Creo que es una manera muy exacta de decirlo, milady —afirmó Jūgo—. ¿Se dio cuenta de que al fin acabó el barullo?

—Sí —repuso la muchacha—. Se mataron entre sí.

Jūgo negó con la cabeza.

—Mi patrón no sería capaz de matar a su hermano —dijo—. Creo que iré a buscar el botellón de coñac para los dos caballeros. Estoy seguro de que deben de estar bastante sedientos.

—Sedientos, no, Jūgo —gimió Sakura—. Muertos. Están los dos muertos.

—Vamos, milady. Uno siempre tiene que buscar el lado bueno de las cosas.

—Ése es el lado bueno —musitó la joven—. Oh, vaya a buscar el coñac. Yo cuidaré las puertas.

—Confío en que mantendrá su palabra —afirmó el mayordomo.

Sakura no entró. Estaba furiosa con Sasuke y con el hermano y se sentía tan humillada porque el duque y la duquesa hubiesen entrado en mitad de la refriega que tenía ganas de llorar.

Y, a fin de cuentas, ¿qué le importaba lo que opinaran de ella los padres de Sasuke? Se marcharía, y eso era todo. Tendría que ir arriba a empacar el bolso, en ese mismo instante, pero no quería toparse otra vez con los duques.

Cuando Jūgo regresó con el botellón de cristal y dos copas, Sakura le abrió las puertas. Al ver la destrucción, tanto la muchacha como el mayordomo se quedaron inmóviles. El hermoso cuarto estaba en ruinas. Por lo que Sakura veía, no debía de quedar un solo mueble intacto.

Jūgo encontró a los dos hombres antes que Sakura. También su sorpresa inicial se disipó más rápidamente. El mayordomo irguió los hombros y se encaminó a la pared opuesta, donde Sasuke y Deidara estaban sentados en el suelo, lado a lado, con las espaldas apoyadas contra la pared.

Sakura siguió al mayordomo y, al ver a los dos guerreros, se apresuró a cubrirse la boca. Ninguno parecía vencedor. Sasuke tenía un corte desgarrado en la frente, encima de la ceja izquierda, y le chorreaba sangre por ese costado de la cara, pero no parecía preocupado por la herida. A decir verdad, sonreía como un imbécil.

Deidara también tenía un aspecto atroz. Tenía un corte profundo en la comisura de la boca. Sostenía el pañuelo contra la herida y ¡él también sonreía! La zona que rodeaba al ojo izquierdo ya comenzaba a hincharse. Sakura sintió tal alivio al ver que ni Sasuke ni Deidara estaban a las puertas de la muerte que comenzó a temblar. Luego, en el lapso de un relámpago, la oleada de alivio se convirtió en furia total y absoluta.

—Caballeros, ¿han resuelto la disputa? —preguntó Jūgo.

—Así es —afirmó Sasuke, girando hacia Deidara y asestándole un puñetazo en la mandíbula—. ¿No es así, Deidara?

Deidara le devolvió el golpe y luego respondió:

—Sí, la resolvimos.

El tono alegre del joven erizaba los nervios.

—Chicos, tendría que enviaros a vuestras habitaciones respectivas –les espetó Sakura, en voz temblorosa.

Los dos la miraron y luego se miraron entre sí. Sin duda, el insulto de Sakura les pareció muy divertido, pues los dos estallaron en carcajadas.

—Tu hermano sí que golpea como un chico —dijo Sasuke, marcando las palabras.

—Para nada —replicó Deidara—. Dame el coñac, Jūgo.

El mayordomo se apoyó sobre una rodilla y entregó un vaso a cada hombre. Luego les escanció dos buenas dosis.

—Jūgo, ¿acaso se propone embriagarlos? —preguntó Sakura.

—Sería un notable progreso, milady —replicó Jūgo, con sequedad.

El mayordomo se incorporó, hizo una reverencia e inspeccionó las ruinas.

—Creo que yo tenía razón, lady Sakura: fue el sofá lo que golpeó contra la pared.

Sakura contempló en silencio los restos de lo que fuera un carrito para servir el té.

—Jūgo, deja la botella —ordenó Sasuke.

—Como guste, milord. Antes de irme, ¿quiere que lo ayude a ponerse de pie?

—¿Siempre es tan correcto? —preguntó Deidara.

Sasuke rió.

—¿Correcto? Jūgo nunca lo es. Si llego un minuto tarde a la cena, se come mi porción.

—La puntualidad es una cualidad que todavía tengo que enseñarle, milord —dijo Jūgo.

—Será mejor que lo ayude a levantarse –dijo Deidara—. Está débil... como un chico.

Los dos hombres rieron otra vez.

—Mejor, ayúdelo a él, Jūgo —dijo Sasuke—. Recibió más golpes que yo.

—Nunca te das por vencido, ¿verdad, Sasuke? —dijo Deidara—. Sabes bien que yo gané la pelea.

—Para nada —arguyó Sasuke, usando la expresión preferida de Deidara—. Apenas me arañaste.

Sakura se hartó. Se giró, decidida a alejarse lo más posible de ese par de imbéciles, pero Sasuke la sujetó por el ruedo del vestido.

—Siéntate, Sakura.

—¿Dónde? –gritó—. ¡Si destruisteis todas las sillas que había en la habitación!

—Sakura, nosotros dos vamos a sostener una pequeña conversación. Deidara y yo hemos llegado a un acuerdo.

Sasuke se volvió hacia Deidara:

—Tu hermana se pondrá difícil.

Deidara hizo un gesto afirmativo:

—Siempre lo es.

Sasuke apoyó la copa en el suelo y se levantó sin prisa.

—Deidara —dijo, sin quitar la vista de la mujer que lo miraba, ceñuda—: ¿crees que estás en condiciones de arrastrarte fuera de aquí y concedernos unos minutos de intimidad?

—¡Arrastrarme, jamás! —refunfuñó Deidara, poniéndose en pie con dificultad.

—No quiero quedarme sola contigo –protestó Sakura.

—Lo lamento —repuso Sasuke.

—Tus padres están arriba —dijo, cuando el hombre intentó tomarla entre sus brazos.

La joven esperó que la información causara una reacción adecuada, pero tuvo la desdicha de comprobar que Sasuke ni se inmutaba.

—Oyeron todo el barullo —dijo luego—. Jūgo les dijo que estabais discutiendo el tema de las cosechas.

—¿EI tema de las cosechas? —le preguntó Sasuke a Jūgo.

El mayordomo asintió y se dio la vuelta, para salir del salón junto con Deidara.

—Para ser más precisos, la rotación de las cosechas, milord. Dadas las circunstancias, fue lo mejor que se me ocurrió.

—No le creyeron —murmuró Sakura, como quien confiesa un pecado grave.

—Me imagino —respondió Sasuke, con sequedad.

Advirtió que, de pronto, Sakura estaba al borde de las lágrimas.

—Sakura, ¿eso te angustió?

—No, no fue eso —exclamó la muchacha.

Estaba tan furiosa con él que no se le ocurrió un insulto suficiente.

—Me iré arriba, a mi habitación —murmuró—. Necesito unos minutos de intimidad.

Pero no mencionó que pensaba empacar sus cosas, pues estaba segura de que Sasuke o Deidara intentarían disuadirla. Sencillamente no se sentía capaz de enfrentar otra discusión.

Sin una mínima señal de despedida, Sakura se volvió y salió corriendo de la habitación. ¡Señor, cuánto deseaba llorar! Claro que no podía hacerlo hasta no haber tenido una larga conversación con el tío. Era necesario que Killer B comprendiese, pues no quería que el tío se afligiera por ella.

Encontró a B en el comedor, examinando con minuciosidad la colección de plata. Cuando Sakura lo llamó, metió un tenedor en su mochila, y luego giró y le sonrió.

—Me llevo toda la plata, muchacha. Sasuke querrá que la tenga, para formar mi colección.

—Sí —respondió la joven—. Estoy segura de que Sasuke querrá que la tengas. Tío, necesito hablar contigo a solas, por favor.

De inmediato, los hombres salieron en fila hacia el vestíbulo. Sakura se sentó cerca del tío, le tomó la mano y le dijo en voz queda lo que pensaba hacer. También le contó lo sucedido las últimas dos semanas, aunque omitió las pesadillas y su intimidad con Sasuke, pues las dos cosas habrían inquietado a Killer B. Por otra parte, tampoco podía hacer nada al respecto, en los dos casos. No, no podía librarla de las pesadillas, ni hacer que dejara de querer a Sasuke.

Durante el relato, el tío refunfuñó varias veces, pero al fin asintió. No tenía la menor duda de que Sakura sería capaz de cuidar de sí misma. A fin de cuentas, era su protegida y estaba entre los mejores.

—Te esperaré en la cabaña —le prometió. Le dio un beso en la mejilla y agregó—: Cuídate la espalda, chica. A los gusanos les gusta sorprender a las personas: acuérdate de Orochimaru.

Sakura asintió. Killer B se refería al pirata que había marcado la espalda de Sakura con el látigo, y al tío le gustaba recordárselo, a modo de lección.

—Lo recordaré —prometió la muchacha.

Sakura dejó al tío haciendo el inventario de las posesiones de Sasuke y fue arriba, a empacar. De camino hacia su cuarto, pasó ante el de Itachi: la puerta estaba cerrada, pero se oía la risa resonante del duque, mezclada con los poco elegantes sollozos de su esposa. Era evidente que la mamá de Itachi estaba desbordada por la emoción y debía de estar llorando por el reencuentro con el hijo.

Ya no tenía que preocuparse por la seguridad de Itachi. «Terminé mi tarea —se dijo—. Está concluida.»

Omoi y Darui la esperaban en el pasillo. Omoi le dio el regalo de despedida que Sakura le había pedido a Killer B que enviara a buscar.

—Nos iremos contigo, ¿verdad? –preguntó Darui, en un susurro quedo.

Sakura asintió.

—Nos encontraremos fuera, atrás.

—Prepararé los caballos de Sasuke para cabalgar — murmuró Omoi.

—Te pueden colgar por robar un caballo —comentó Darui. Pero, como sonreía, fue evidente que, de todos modos, le parecía bien.

—Sasuke no se lo dirá a nadie –argumentó Omoi.

Tomó el bolso de Sakura y siguió al amigo.

—Es una pena. Así, ¿cómo se pueden mantener las apariencias?

La frase se perdió cuando dobló en la esquina. Sakura fue al dormitorio de Sasuke y colocó una rosa blanca de tallo largo sobre la colcha.

—Yo soy Pagan —murmuró.

Ya estaba. Giró para marcharse y vio la bata negra de Sasuke sobre el respaldo de una silla, cerca de la ventana. Obedeciendo a un impulso, plegó la prenda y se la metió bajo el brazo. La bata tenía el aroma de él, débil pero inconfundible, y Sakura quiso conservar algo que la sostuviese en las noches por venir, cuando tuviese esas siniestras pesadillas, para consolarse.

Era hora de partir.

Sasuke y Deidara supusieron que Sakura estaba descansando en su cuarto. Sasuke quiso ir a buscarla, pero Deidara lo convenció de que la hermana necesitaba estar un tiempo a solas para calmarse.

—Tal vez aún no lo hayas advertido, Sasuke, pero Sakura no acepta las órdenes con facilidad –le explicó Deidara.

Sasuke no le respondió, pues por cierto que sí lo había advertido.

La conversación viró hacia los problemas que tenían por delante. Sacaron a Killer B del inventario para que aportara sus sugerencias. El tío de Sakura tenía mente rápida. Sasuke lo observó con atención y llegó a la curiosa conclusión de que Killer B era civilizado. Por supuesto, se guardó la conclusión para sí mismo, pues supuso que a B le molestaría mucho que lo obligasen a enfrentar la verdad.

El tío B protestó por tener que quemar un barco:

—Es un desperdicio de buena leña —murmuró—. Aunque podría ser peor: tendría que haber quemado mi encantador Emerald —agregó—. Sí, podría ser peor. Preferiría clavarme una estaca en el corazón que dañar a mi adorado barco. Para Sakura y para mí, el Emerald fue un hogar todos estos años.

Antes de que Sasuke pudiese hacer algún comentario sobre las afirmaciones de Killer B, el tío lo sorprendió agregando que estaba de acuerdo en que su niña quedara al margen del tipo de tarea que había hecho hasta el momento.

Hasta que los planes quedaron organizados a satisfacción de todos pasaron más de dos horas. Killer B volvió al, comedor.

—El tío B está dispuesto a despojarte de todo lo que hay en tu casa —dijo Deidara, marcando las palabras—. Te dejará sin nada —agregó, riendo entre dientes—. A Killer B le agrada mantener las apariencias.

—Puede llevarse lo que quiera —repuso Sasuke—. Sakura ya tuvo tiempo suficiente para calmarse, Deidara. Ya es hora de que tu hermana y yo sostengamos nuestra conversación.

—Si la sermoneas, sólo lograrás...

—No pienso sermonearla —lo interrumpió Sasuke—. Sólo le diré cuáles son mis expectativas.

—A mí me parece un sermón —dijo Deidara, con tono significativo.

Los dos entraron en el vestíbulo en el mismo momento en que la duquesa bajaba la escalera. Los dos hombres se detuvieron a mirarla. La madrastra de Sasuke sonreía pero, al mismo tiempo, se enjugaba las comisuras de los ojos con el pañuelo de encaje. No cabía duda de que había disfrutado de un buen llanto.

Al ver a Deidara, Mikoto casi perdió el equilibrio: se aferró del barandal y lanzó una exclamación de sorpresa. Pero pronto recobró la compostura y siguió bajando la escalera. Cuando llegó al vestíbulo, se acercó a Sasuke.

—¿Él es el pirata amigo de Itachi? —murmuró.

Deidara la oyó:

—No soy el pirata Pagan, señora, soy amigo de su hijo.

Al ver que la dama se aferraba al brazo de Sasuke y se acercaba más a él, Deidara comprendió que había hablado en un tono algo áspero. También los ojos negros de la mujer se dilataron, pero mantuvo la sonrisa, en un alarde de valor.

—Pues tiene aspecto de pirata —afirmó.

Esperando respuesta, la dama se acomodó los pliegues del vestido rosado.

—¿Vio usted muchos, señora? —le preguntó Sasuke.

—No, nunca vi a ningún pirata —confesó la mujer—. Pero sin duda este caballero se ajusta a la imagen que tengo de ellos. Debe de ser por el cabello largo —explicó, después de girar otra vez hacia Deidara—. Y por la cicatriz en el brazo, desde luego.

—Además, está cubierto de sangre —dijo Sasuke, remarcando las palabras.

—También —admitió la madrastra.

Sasuke tuvo la intención de bromear, pero al ver la expresión solemne de la mujer, supo que no la había captado.

—A los piratas les agrada reñir —agregó la mujer, con gesto enfático.

—Madam, ¿acaso Itachi no le explicó que...? —comenzó Sasuke.

—Mi hijo insiste en mantener secreta la verdadera identidad de Pagan —lo interrumpió—. Pero yo no soy ninguna tonta —agregó, lanzando a Deidara una mirada significativa—. Tengo cierta experiencia en la vida. Sé quién es Pagan. Fugaku también lo sabe.

—¿Fugaku? —preguntó Deidara.

—Mi padre —aclaró Sasuke.

—Querido, Fugaku nunca se equivoca.

Esa afirmación fue dirigida a Deidara, que respondió con un gesto de asentimiento.

—En ese caso, yo debo de ser Pagan —anunció, sonriente—. Si Fugaku nunca se equivoca...

La rápida aquiescencia del joven la hizo sonreír:

—No se preocupe, señor, pues guardaré el secreto. Sasuke, ¿dónde está esa joven encantadora con la que fui tan grosera?

—Usted jamás es grosera, señora —dijo Sasuke.

—No me presenté –arguyó la dama—. ¿Dónde está?

—Arriba, descansando —respondió Deidara—. ¿Por qué lo pregunta?

—Sabe bien por qué —dijo la mujer, con evidente irritación.

—¿Sí?

—Debo disculparme por mi comportamiento, pero también tengo que agradecerle lo que hizo por esta familia.

—Deidara es el hermano de Sakura —dijo Sasuke.

—Lo sabía: sus ojos verdes lo delataron.

La duquesa caminó hasta el hombre que, según ella, era el infame pirata.

—Inclínese, querido muchacho. Quiero darle un beso por ser un amigo tan leal.

Deidara quedó un tanto desconcertado. La madrastra de Sasuke habló como un jefe que da una orden. De súbito, se sintió como un escolar, sin tener idea del motivo. Sin embargo, hizo lo que le pedía. La duquesa besó a Deidara en ambas mejillas.

—Querido mío, tiene que lavarse la sangre. Luego, Fugaku le dará la bienvenida a la familia.

—¿Mi padre también lo besará? —dijo Sasuke, disfrutando de la incomodidad de Deidara.

—Claro que no —respondió la madrastra.

—¿Por qué quiere darme la bienvenida a la familia? — preguntó Deidara.

La duquesa sonrió, pero no dio explicaciones.

Se volvió hacia Sasuke:

—Tendría que haber sabido que lo de lady Amaru no resultaría.

—¿Quién es lady Amaru? —preguntó Deidara, tratando de captar el giro de la conversación.

—Una mujercita hueca —respondió Sasuke.

La duquesa no hizo caso de la ofensa.

—Fugaku lo comprendió bien. Fue por los ojos verdes, ¿sabe? y también por el cabello rosa, claro.

Se tocó los mechones negros y miró a Deidara sobre el hombro:

—Fugaku nunca se equivoca.

Para su propia sorpresa, Deidara volvió a asentir. No tenía idea de qué parloteaba la mujer, pero la lealtad hacia el esposo le pareció admirable.

—Fugaku es infalible —dijo Sasuke, reflejando el pensamiento de Deidara.

—Mi niñito está muy débil —señaló la duquesa—. Y delgado como un junco. —Se encaminó hacia el comedor —. Iré a buscar a Jūgo, pues Itachi necesita una buena comida caliente.

Como Sasuke estaba ansioso por buscar a Sakura, olvidó todo lo concerniente a Killer B y sus hombres. Deidara, en cambio, fue más precavido. Pensó en advertirle a Sasuke, o en mencionárselo a la madre, pero resolvió esperar a ver qué pasaría. Además, Sasuke ya estaba en la mitad de las escaleras, y la duquesa había doblado la esquina.

Deidara comenzó a contar: sólo había llegado a cinco cuando se escuchó un grito agudo que rasgó el aire. El grito detuvo a Sasuke, que se volvió y vio a Deidara apoyado en el marco de la puerta, con una amplia sonrisa en el rostro.

—¿Qué diablos...? —comenzó a decir Sasuke.

—Killer B —dijo Deidara.

—Demonios —exclamó Sasuke, bajando otra vez la escalera—. ¡Killer B!

La duquesa gritaba como una salvaje.

—¡Maldición, Deidara! —vociferó Sasuke—. Podrías habérmelo recordado.

—Sí —le dijo Deidara—. Podría haberlo hecho.

En el instante en que Sasuke llegaba al último escalón, el padre apareció en lo alto de la escalera.

—¡Por Dios!, ¿qué está pasando? —gritó—. ¿Quién hace tanto barullo?

Deidara se apresuró a contestar:

—Su esposa, señor.

Sasuke dirigió a Deidara una mirada ceñuda, y se volvió hacia el padre. Estaba indeciso entre ir a auxiliar a la madrastra o evitar que el padre cometiese un crimen.,

La expresión helada de los ojos del padre lo convenció de que tenía que ocuparse primero de él. Por otra parte, si bien Killer B era capaz de enloquecer de susto a la duquesa, Sasuke sabía que en realidad no le haría el menor daño.

Sasuke aferró el brazo del padre.

—Padre, en verdad, no pasa nada.

Fugaku no pareció convencido.

—Sucede que su esposa acaba de conocer a Killer B —intervino Deidara.

El padre de Sasuke se libró de la mano del hijo en el mismo momento en que las puertas del comedor se abrían de golpe. Todos se dieron la vuelta y vieron a una fila de sujetos de aspecto desagradable que salían. Killer B era el último y arrastraba consigo a la duquesa.

Deidara rompió a reír, y Sasuke, en cambio, movió la cabeza. Pero la atención del duque estaba centrada en el gigante del diente de oro, que caminaba con torpeza hacia la puerta. Bajo el brazo llevaba un gran tazón de plata.

Fugaku lanzó un rugido y se abalanzó hacia él, pero Deidara y Sasuke le obstruyeron el paso.

—Padre, deja que yo me ocupe de esto, por favor —le pidió Sasuke.

—¡Dile que quite las manos de encima a mi esposa! — vociferó el padre.

—Fugaku, haz algo —gimió Mikoto—. Este...hombre está convencido de que me iré con él.

Deidara se adelantó.

—Vamos, B, no es posible que te lleves a...

—Hijo, sal de mi camino —gritó el padre de Sasuke.

—Padre, Killer B es amigo —repuso Sasuke—. Es el tío de Sakura. Estás en deuda con este hombre por ayudar a Itachi.

Fugaku dirigió al hijo una mirada estupefacta:

—¿Y Mikoto es el pago de esa deuda?

—Deja que yo me encargue de esto –insistió Sasuke.

Antes de que el padre pudiese discutirle, Sasuke se volvió:

—Killer B —exclamó.

B giró y alzó a la duquesa contra su costado. Si bien Sasuke vio la expresión adusta del hombre, también distinguió la chispa divertida de los ojos. «Las apariencias —pensó—. Y también el orgullo, que hay que preservar.»

—Me la llevaré conmigo —anunció Killer B a los presentes, obteniendo el asentimiento de sus hombres—. Sasuke quiere que me la lleve.

—No —replicó Sasuke—. No quiero que te la lleves.

—Muchacho, ¿te atreves a ser tan poco hospitalario?

—Killer B, es imposible que te la lleves.

—Es un intercambio justo —afirmó B—. Tú estás resuelto a quedarte con mi chica, ¿no es así?

Sasuke asintió.

—En efecto.

—Entonces, yo me llevo a esta otra –replicó Killer B.

—B, ella ya tiene dueño —arguyó Sasuke, volviéndose hacia la madrastra—. Señora, por favor, deje de gritar. Ya es bastante difícil negociar con este pirata tan obstinado. Deidara: si no dejas de reírte, te haré sangrar otra vez la nariz.

—Sasuke, ¿qué significa esta mujer para ti? —preguntó Killer B—. La llamaste «señora». ¿Eso qué diablos significa?

—Es la esposa de mi padre.

—¿Y no es tu mamá?

—Es mi madrastra —precisó Sasuke.

—Entonces no te importará si me la llevo.

Sasuke se preguntó cuál sería el juego de Killer B.

—Fue como una madre para mí.

B frunció el entrecejo y se volvió hacia su bella cautiva:

—¿Lo llama usted «hijo»?

La duquesa abandonó la expresión ultrajada y movió la cabeza lentamente.

—Creo que no le gustaría que lo llamase hijo.

—No es el preferido de usted —afirmó B.

El duque Uchiha de Williamshire dejó de intentar que Sasuke se apartara de su camino y adoptó una postura más relajada. En su rostro asomó un atisbo de sonrisa: al fin comprendía a qué apuntaba la escena, pues recordó las indicaciones de Sakura con respecto a amar a sus hijos por igual. Sin duda, le habría comentado a Killer B esa preocupación.

—No tengo un hijo preferido —chilló Mikoto—. Los amo a todos ellos.

—Pero él no es hijo de usted.

—Por supuesto que es mío —exclamó la mujer.

La duquesa ya no parecía asustada, sino furiosa.

—Cómo se atreve a insinuar...

—Bueno, si lo llama hijo —dijo B, remarcando las palabras— y si él la llama «madre», yo no puedo llevármela.

—¡Mikoto, por el amor de Dios, llámalo hijo! —bramó Fugaku, fingiendo ira.

En realidad, estaba tan dichoso por lo sorpresivo de los hechos que quería reír.

—Hijo —barbotó Mikoto.

—¿Qué, madre? —respondió Sasuke.

Miró a Killer B, esperando la siguiente negativa. Killer B soltó a la señora, y lanzó unas profundas carcajadas, mientras se volvía y caminaba hacia la salida. Mientras Mikoto se arrojaba en brazos del esposo, Sasuke salió junto con B.

—Muy bien, B, ¿a qué venía todo esto?

—Fue por mi reputación —afirmó B con énfasis, después que sus hombres se marcharon—. No olvides que soy pirata.

—¿Y qué más? —insistió Sasuke, percibiendo que había algo más.

—A mi chica le preocupaba que Itachi fuese el preferido —admitió al fin Killer B.

La afirmación dejó atónito a Sasuke.

—¿De dónde sacó semejante idea?

Killer B se encogió de hombros:

—No importa de dónde la sacó —repuso—. No quiero que se preocupe, sea por el motivo que fuere. Tendrás que pedirme su mano a mí, ¿sabes? Y lo harás como corresponde, frente a mis hombres. Hijo, ese es el único modo en que la obtendrás. —Dirigió a Sasuke una sonrisa, y añadió—: Claro que antes tendrás que hallarla.

Sasuke sintió que lo calaba hasta los huesos una sensación de pánico.

—¿Cómo, Killer B, no está arriba?

B negó con la cabeza.

—¿Dónde está?

—No es necesario que grites, hijo —respondió B—. Además, no puedo decirte dónde está.

Al ver que sus hombres se acercaban, les hizo señas de que se fueran, y dijo:

—Sería desleal de mi parte.

—¡Dios mío! ¿No habrás...?

—No sé cómo no advertiste que Omoi y Darui no están –lo interrumpió el tío—. Eso es significativo, ¿no crees?

—Sakura aún está en peligro.

—No tendrá problemas.

—Dime dónde está —exigió Sasuke.

—Supongo que está huyendo de ti.

Sasuke no quiso perder más tiempo discutiendo con Killer B. Giró y entró con tal violencia que casi arrancó la puerta de sus goznes.

—¿Adónde vas, muchacho? —le gritó B.

En el tono del anciano había un intenso matiz de burla, y Sasuke sintió deseos de matarlo.

—A rastrearla, B.

—¿Eres bueno para eso?

Sasuke no se preocupó en responderle.

—Te obligó a perseguirla con su pequeño engaño, ¿no es cierto? Yo diría que logró impresionarte —dijo Killer B, hacia la espalda de Sasuke.

Sasuke se volvió.

—¿De qué se trata, B?

—Bien, estaba pensando que ya sería tiempo de que tú hicieras algo para impresionarla, suponiendo que te interese, por supuesto.

Sasuke subió las escaleras de dos en dos. Cuando Deidara lo alcanzó, estaba quitándose la camisa.

—¿Y ahora qué sucede? —preguntó Deidara.

—Sakura se fue.

—Maldición —musitó el joven—. ¿Vas a buscarla?

—Sí.

—Voy contigo.

—No.

—Mi ayuda te vendría bien.

—No —dijo Sasuke, con firmeza—. Yo la hallaré.

Aunque a desgana, Deidara asintió.

—¿Eres bueno para rastrear?

Sasuke asintió.

—Lo soy.

—Te dejó un mensaje.

—Ya lo vi.

Deidara caminó hasta el costado de la cama de Sasuke y alzó la rosa blanca de tallo largo que estaba sobre la almohada. Inhaló la dulce fragancia, y se acercó a la ventana para mirar afuera.

—¿Está enamorada de ti? —preguntó Deidara.

—Sí —respondió Sasuke, dulcificando el tono—. Pero todavía lo ignora.

Deidara arrojó la rosa otra vez sobre la cama.

—Yo diría que, al dejarte la rosa, Sakura estaba despidiéndose de ti.

—No.

—Quizá quiera recordarte quién es, Sasuke.

—En parte —dijo Sasuke.

Terminó de cambiarse, se calzó las botas y se encaminó hacia la puerta.

—¿Y lo demás? —preguntó Deidara, siguiéndolo.

—Killer B tiene razón —murmuró Sasuke.

—¿Qué?

—Sakura trata de impresionarme.

Deidara rió.

—Eso también –concordó.

Mientras bajaba la escalera, Sasuke llamó a gritos a Jūgo, y el criado apareció en la entrada del salón.

—Naruto encontrará a Morino —dijo Sasuke—. Cuando lleguen, que esperen hasta que yo regrese, sea lo que fuere lo que haga que me retrase.

—¿Y si tu amigo no puede encontrar a Morino? — preguntó Deidara.

—Lo encontrará —respondió Sasuke—. Es probable que yo regrese antes de mañana a la mañana. Cuida todo mientras esté ausente, Jūgo. Ya sabes lo que tienes que hacer.

—Milord, ¿se refiere a los guardias?

Sasuke asintió y se dirigió hacia la puerta, pero Jūgo lo detuvo.

—Milord, ¿a dónde va?

—De caza.

Salió, cerrando de un portazo.