Capítulo 2: Problemas Iniciales.
Lo que podía haber sido una pacífica bienvenida se convirtió rápidamente en una pelea bastante absurda e innecesaria. Pero ella no podía negar que era una de las mejores bienvenidas que ha tenido en su corta vida.
El conflicto había iniciado durante el viaje a la academia, Yang se había preocupado de sobremanera al no poder encontrar a su hermana y se reprochaba a si misma por no perseguirla en el momento exacto en el que salió corriendo como un cachorrito hambriento por las galletas.
Por lo que (A diferencia de su hermana) en el momento en el que entró a aquel avión empezó a empujar violentamente a los demás buscando a su hermanita, la mayoría se enfadaron con ella, pero casi nadie se atrevió a encararla por su expresión determinada y por la gran cantidad de fuerza que poseía en sus manos.
Cuando la rubia se dió por vencida en su búsqueda, empezo a escuchar una serie de improperios que rápidamente adivino que se dirigían a su persona.
Aquel individuo se encontraba muy enojada y le dedicaba unas hermosas palabras a cada rato, lo más suave que le dijo es que le parecía una ramera. Ya uno se puede imaginar lo demás dicho.
La muchacha, en vez de ir por la cabeza de aquel chico, empezó a reírse de lo que decía y empezó a responderle, continuando la cadena de insultos e incomodando a los demás pasajeros que no sabían que hacer en esa situación y rezaban que ninguno de los dos fuesen directo a lo físico.
No ayudaba el hecho de que ambas partes se encontraban muy alejadas una de la otra, lo que hacía que todos los pasajeros escucharan cada uno de los poemas que se dedicaban.
Uno pensaría que se aburrirían en algún momento y pararían, pero no.
Estuvieron así durante todo el viaje.
Tanto así que hasta llegaron a insultarse de las cosas más insignificantes, como si gustaban de determinada comida o música, buscaban hasta lo más mínimo para hacer sentir mal al otro.
En todo momento Yang se lo tomó a broma y pensaba que aquel joven pensaba lo mismo, pero estaba sumamente equivocada.
Solo aumentaba el grado de odio y ganas de sangre de su compañero de viaje.
Cuando llegó el tan ansiado momento de salir del avión, rápidamente todos salieron de ahí como si sus vidas dependerían de ello. Para nadie resultaba raro que ambos esperarán a estar en tierra para luchar con más comodidad.
Yang en ningún momento busco pelea, desde primera instancia se interesó únicamente en buscar a Ruby. Lastima que la otra parte fue directo a golpearla.
Y así están las cosas actualmente, con ambas partes dispuestas a pasar un rato tratando de matarse.
Ahora mismo Yang había logrado doblegar al muchacho agarrándolo del cuello y tratandolo cuál mocoso, porque había una gran diferencia en la altura de ambos.
—Oye pequeñín, creo que no nos presentamos con propiedad. Mi nombre es Yang Xiao Long ¿Y el tuyo?— Preguntó burlonamente mientras aumentaba la fuerza de su agarre, el otro chico luchaba por tratar de liberarse con todas sus fuerzas y dando movimientos erráticos a una velocidad que daba la impresión de que estaba sufriendo un ataque epiléptico.
—¡Yang! ¡¿Qué estas haciendo?!— Grito la recién llegada Ruby contemplando decepcionada a su hermana, pensaba que finalmente había abandonado esa actitud pendenciera.
Por un segundo, Yang bajo la guardia, solo un segundo. Y ese segundo fue bien aprovechado por el muchacho que hizo lo único que pudo hacer, morder el brazo de ella tan fuerte como pudo.
—¡Auch!— El dolor repentino hizo que su agarre se volvería debil y el aprovecho para finalmente liberarse, no sin antes darle un codazo directo a su cabeza para evitar que pudiera volver a atacar.
—¡Alto ahí ustedes dos!— Grito autoritaria Ruby mientras que detrás de ella se encontraba Lupín que había llegado tarde al show y no entendía ni jota de lo que pasaba.
—Ruby...Por favor no te metas.— Yang se había hartado, ahora era personal y nadie mordía a Yang Xiao Long y se salía con la suya.
—Bueno idiota. Tienes razón en algo...— Hablo el chico con un tono amenazante y provocativo, la rubia se sorprendió al darse cuenta de lo alejado que estaba de ella ahora ¿En qué momento tuvo la velocidad para hacer eso?
—...La presentación es importante ¡Mi nombre es Maxwell Thawne y prepárate para la mayor humillación de tu vida!— Se presentó Max con una sonrisa socarrona y confiada.
Aquel chico portaba una vestimenta bastante típica para los matones como él según Yang, constando de una gabardina negra que dejaba ver una remera roja, guantes entrecortados negros, un vaquero marrón y zapatillas rojas deportivas.
Lo más destacable era su capucha que no dejaba ver ni una pizca del rostro del muchacho, solo siendo visibles su sonrisa y ojos, los cuales inusualmente eran rojos en su totalidad, algo que aterró bastante a Ruby.
—Bueno pequeñín. Espero que estés a la talla de tu declaración y no seas solo un saco de boxeo.— Respondió Yang imitando el tono del chico y también sonriendo aunque no de manera burlesca.
—Muchachos, estoy seguro de que podemos arreglar nuestras diferencias de manera que no implique la violencia.— Lupín trato de apaciguar la situación pero lamentablemente fue ignorado por ambos chicos que estaban muy entusiasmados por las ansias de lucha.
—...Bueno, hice lo que pude.— Se resigno Lupín y dejo que las cosas fluyeran, después de todo no quería involucrarse en una pelea tan rápido en su primer día.
El primero en atacar fue Max, el cual aplico un puñetazo directo a la cara de Yang antes de que la susodicha pudiese contraatacar, acto seguido dió una patada en el abdomen de la joven bastante impreciso y antes de que volviese a atacar, recibió un golpe de Yang a la cara que lo hizo retroceder a un metro.
—...Mierda.— Susurro Max tratando de mantener la compostura ¿De que estaban hechos los puños de aquella chica? Un solo golpe ya lo había dejado bastante malherido y mareado. Y dudaba que pudiera resistir otro golpe suyo, simplemente la diferencia de fuerza era abismal (Pero ella no tenía porque saberlo).
Y Yang tampoco estaba en mejor posición. Por primera vez en su vida se sentía sumamente intrigada y sorprendida por la velocidad de alguien que no fuese Ruby o su tío Qrow.
Es que era inaudito, supo que el logro darle dos golpes, pero en ningún momento logro verlos.
Nada, sencillamente nada, ese tipo no era normal y para su pesar, veía que el combate sería muy difícil de ganar.
Así que supo que debía de cambiar de estrategia y adoptar una vieja técnica enseñada por su padre.
—Sabes, te subestimé, realmente eres rápido chico.— Expreso Yang sacando de onda a Max. —Supongo que en algo tienes que compensar tu tamaño ¿No?
Si ya de por sí Max estaba furioso, de alguna manera ahora estaba aún más furioso. Nunca antes se había molestado por comentarios con respecto a su estatura (Midiendo unos 1,61 metros) pero por alguna razón que eso saliera de la boca de la rubia lo enfurecía como un toro al ver algo rojo.
No se iría de ahí hasta no haber roto cada hueso de esa tal Yang.
Y nuevamente empezaron a luchar. Siendo observados por los demás alumnos (A una distancia considerable cabe aclarar) y nadie se atrevía a parar la pelea, ni siquiera la propia Ruby y Lupín.
Y siendo totalmente honestos ¿Quién se metería ahí de todos modos? Lo peor que lidiar con un tipo enojado es lidiar con dos tipos enojados.
—Oye pendejo.
—¿Tengo un nombre sabes?
—Si si si, cómo sea, ¿En qué momento llegará ese estúpido cuatro ojos?— Hablaba con un desinterés tal que lo contagiaba al hombre cercano a él, y con una pizca de aburrimiento que delataba que había estado esperando por horas en ese lugar.
—Es Ozpin y no sé, está muy ocupado, solo se paciente.
—Me llevas diciendo eso desde que llegué a este condenado lugar.— Concluyó furioso y con cierto desden.
Estaba un pasillo normal en dirección a la sala del director, por lo que no había excusa para que ese miserable no sacase el culo de la silla y fuese directamente hacía el, tampoco aquel joven estaba con las ganas de caminar hacia la dirección.
Sentado de mala gana en una banca y rascándose su parte íntima sin ningún tipo de vergüenza, Artyom Krauser estaba brutalmente aburrido.
Con una complexión que denotaba que se entrenaba diariamente y una vestimenta que denotaba una devoción por todo lo verde (Una chaqueta negra con una raya verde recta en el pecho, zapatos verdes y pantalones de igual color, además del uso de guantes blancos) y el hecho de que ocultaba cualquier rastro de piel de los demás seres humanos, eso último a petición del propio Ozpin.
Artyom realmente no entendía el porqué.
¿Qué tan raro era tener la piel completamente negra como la noche misma? "Ese Ozpin y sus cosas raras" Pensaba Artyom sumergiéndose más y más en su aburrimiento.
Una academia de futuros cazadores era el lugar en el que menos esperaba estar tan aburrido.
Todo estaba hecho para matarlo de aburrimiento, nada de gente alrededor, ningún tipo de juego en algún lado, ni siquiera un tacho de basura al cual tirarle cosas para pasar el rato.
Solo un pasillo común y corriente. Y lo odiaba, odiaba cada parte de ese pasillo con toda su alma.
Ni siquiera podía imaginar cosas para mantenerse entretenido porque su mente había decidido evitar cualquier tipo de pensamiento y solamente era una hoja en blanco.
¿Para qué Ozpin lo había llamado en primer lugar? Artyom estaba tan entretenido viendo el pasto crecer en Vale hasta que llego aquella rubia dominatrix con sus parloteos incesantes sobre que tenía potencial y cualquier otra cosa irrelevante para el.
Después de mandarla a comer mierda como dos veces seguidas y ser amarrado y traído en contra de su voluntad a Beacon, Ozpin le contó nuevamente que estaba interesado en sus habilidades y su particular habilidad inusual. Y que debido a su actitud muy poco cooperativa lo obligaría a asistir a Beacon, además de considerarlo un peligro potencial para la sociedad si no lograba controlar sus habilidades.
Y seguía sin entender porqué de llamarlo así.
Artyom solo había cometido como siete asesinatos a varios miembros del White Fang, dejar paralítico a un cazador en un bar y luchar contra otros bandidos en todo Vale, con resultados bastantes sanguinarios. Fallaba en ver qué había de malo en todas esas acciones.
En fin, Ozpin y sus justificaciones para hacerlo venir a perder su valioso tiempo.
Artyom miro por unos momentos la ventana detrás de el para observar el paisaje que le daba el lugar.
Lo único bueno hasta ahora. Los pájaros volando en paz, el agua cayendo de la cascada, el sol en su máximo punto y dos tipos luchando entre si. Nada interesante pero era bonito de ver.
—Un momento...— Exclamó Artyom para mirar más de cerca y asegurarse de no estar alucinando.
Y era exactamente lo que veía, dos chicos bastante jóvenes en una lucha que parecía a muerte. Vino buscando cobre y encontró oro en su estado más puro.
—Jojojo finalmente algo de diversión.— Expreso sonriente, mirando detenidamente la pelea, eso llamo la atención del hombre que actuaba como su guardaespaldas y se sumó a el.
—¿Pero qué carajos? ¿Dónde están los profesores cuando se los necesita?
—Parece que están muy ocupados rascándose lo de abajo.
—Diablos, tengo que comunicárselo a Glynda.
—Ahorrate eso Jerry, de esto yo me encargo.— Hablo Artyom sonriendo como un total maníaco y sacando sus dos armas, dos hoces metálicas muy bien afiladas de color verde.
—No no y no, no te lo permitire.— Y justamente Artyom ya estaba preparado para saltar por la ventana.
¿Se iba a tomar la molestia de abrirla? Por supuesto que no, la destruiría en el proceso sin ningún tipo de reflexión o respeto a la propiedad privada.
¿Iba a hacerlo sin autorización? Pero claro que sí. Era lo que menos le importaba en esos momentos.
¿Iba a detener la pelea? Obviamente Artyom no tenía ni la más mínima intención de detener el caos, quería sumarse a el.
Y así el joven lunático salto por la ventana gritando como un desquiciado, mientras su guardaespaldas miraba impotente la acción.
—Ozpin me va a matar.— Expreso melancólico Jerry.
Reeditado para quitar errores gramaticales y escribir más párrafos, más que nada para mejorar algunas oraciones que parecían medio inconexas entre si. Perdonen.
Recuerden dejar review y compartir con sus amigos (Si es que están interesados en el fandom de RWBY claro está), gracias por leer.
