Capítulo 3

–¿Podemos salir al jardín?– la pregunta de Adhara le saco una lágrima a la rubia

–Estos niños no tienen permitido salir– se quejó la encargada al ver como la rubia le asentía a la pequeña y la tomaba de la mano.

–Vamos a salir– refuto Brittany –Si intenta prohibirlo tendrá aquí a toda la prensa en menos de cinco minutos y a Hermione Granger usando sus influencias para clausurar este lugar hoy mismo.

–Pero ustedes deben respetar las reglas– contradecía la mujer totalmente ofuscada –No pueden llegar aquí y querer hacer lo que se les dé la gana

–Es muy sencillo– amenazó Ginny –Si no permite a Brittany salir con esta niña nos iremos de aquí y volveremos con nuestros abogados… Si eso pasa obviamente olvídese del generoso donativo que le íbamos a entregar.

Antes de que la mujer pudiera aceptar, Brittany y Adhara cruzaron las puertas del salón, con la niña muy cerca de la rubia, pero sin hacer contacto físico, y el resto de los niños viendo asombrados como su compañerita estaba por salir.

–Vamos niños– ánimo Ginny –Todos pueden salir al jardín.

Ante la alegría de los niños, la pelirroja llamó a sus elfos domésticos para que llevaran comida, helado y postres suficientes para que los niños tuvieran un picnic en el jardín de el lugar.

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–¿Cuántos años tienes?– preguntaba Brittany a Adhara, quien a su lado comía en silencio

–6 años– la voz de la niña era apenas un susurro –Los acabo de cumplir

–¿Dónde están sus papás?– preguntó Brittany a la chica que ahora vigilaba y que se mostraba mucho más amable que la encargada del lugar.

–Su mamá era mortifaga– respondió con pesar –Supongo que la encerraron o murió… Un auror la trajo a medianoche después de una de las tantas redadas que se hacían en ese tiempo.

–¿Recibían niños sin saber qué había sucedido en verdad con sus familias?– La voz de Brittany era de incredulidad pura.

–La mayoría del tiempo averiguamos– se justificó la chica –Adhara fue un caso especial… La trajo un auror muy importante, así que nadie hizo preguntas… Al inicio lloraba y llamaba a su mamá hasta que eventualmente creemos que la olvido.

–Esto es una porquería– Brittany trataba de controlar su mal humor.

–¿Tú puedes llevarme al parque?– la pregunta de Adhara, la desconcertó –Los demás niños van los domingos, pero nosotros no tenemos permiso de ir.

–El domingo vendré por ti– afirmó Brittany –Hermione Granger se encargará directamente de tramitar el permiso- agregó dirigiéndose a la chica del orfanato, la cual al escuchar el nombre de una de las integrantes del Trío de Oro asintió de inmediato –¿Te gusta el quidditch?- el tono de Brittany cambiaba al dirigirse a la niña

–No sé que es eso– respondio con vergüenza la niña

–Es un deporte mágico y yo soy jugadora– contó Brittany y rió al ver a la niña abrir los ojos con sorpresa –¿Te gustaría ir a verme a un partido el domingo? ¿Podemos llevar al resto de tus amiguitos si quieres?

–No tengo amigos– la respuesta de la niña fue un susurro apenas, pero Brittany la alcanzó a escuchar –Me tienen miedo.

–Creemos que Adhara viene de una familia de magos oscuros muy poderosa– explicó la chica que las acompañaba –Desde los 3 años tiene explosiones de magia muy poderosas que no hemos podido controlar… El resto de los niños se asustan cuando ella pierde el control y eso ha causado que la niña sea distante y tímida.

Brittany movio la cabeza con tristeza, y se enfocó en la pequeña, era difícil sacarle las palabras, pero parecía muy receptiva a su compañía.

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Sam Evans revisaba con insistencia los cajones de uno de los escritorios de la oficina de su primo, sabía que lo buscaba, debía estar por ahí, después de todo había revisado a gran detalle el estudio de Harry en su casa sin encontrar lo que tanto necesitaba.

Las deudas de juego abrumaban al chico, y aunque sabía que podía pedirle el dinero a su primo, Ginny y el resto de los Weasley no le permiten abusar de la amabilidad de Potter.

–¿Qué haces aquí?– la voz de Santana sacó al chico de sus pensamientos –No eres parte del escuadrón y no deberías estar husmeando en asuntos privados del ministerio.

–Harry me envió por unos papeles que olvido- aseguro son autosuficiencia el chico –Soy Sam Evans, su primo y alguien de su completa confianza

–¿Por qué Potter te enviaría a buscar en mi escritorio?– el chico palideció ante lo dicho por la chica morena –Soy su nueva compañera y él sabe perfectamente que ese es mi escritorio… Creo que tendré que llamar al ministro para decirle que están violando mi privacidad y que tu primo reciba la suspensión que se ha ganado.

–No es para tanto morena– agregó Sam tratando de sonar coqueto –No podemos meter en problemas al Niño que Vivió por un error que yo cometí… Seguro él me explico cuál era su escritorio, pero yo me confundí.

–En tu vida vuelvas a llamarme con confianza– soltó la chica y de un movimiento de varita inmovilizo al chico -Samuel Evans queda arrestado por robo al ministerio… Tiene derecho a un abogado.

Evans palideció, no podía creer lo que acababa de pasar, la mayoría de las personas al escuchar que era primo de Harry Potter hacían de la vista gorda e ignoraban su comportamiento inaceptable, pero esta chica parecía que simplemente no había quedado impresionada o atemorizada ni por un minuto.

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Harry y Ginny cenaban juntos como cada martes, era un ritual entre ambos desde su primer año de noviazgo el dedicarse un día para ellos solos a la semana, cuando James había llegado a sus vidas los primeros meses fue un poco difícil organizarse, pero ahora que el niño había crecido era más fácil, y más gracias a los grandes amigos que tenían, esa noche en particular el niño estaba con Brittany, la rubia se había ido a casa de la pelirroja a comer después de su visita al orfanato y de ahí había decidido llevarse al pequeño a su casa, más tarde Harry se aparecería y se lo llevaría.

–¿Ginny te encuentras bien?– preguntó el chico preocupado de ver a la pelirroja tan perdida en sus pensamientos –En nuestras citas siempre pasas más de la mitad del tiempo hablando y hoy te he tenido que sacar las palabras a la fuerza.

–Hoy decidí acompañar a Brittany al orfanato– el chico asintió con pesar entiendo el porqué el mutismo de la chica –Las condiciones en las que los hijos de los mortifagos viven es inhumana… Los mantienen encerrados y ni siquiera les permiten salir a los jardines.

–La gente tiene ideas muy estúpidas– aceptó el chico –Pero estos niños tienen sangre mortifaga en sus venas y de algún modo debemos mantener un ojo sobre ellos… No podemos permitir que en un futuro inicien una guerra y terminen con nuestra paz.

–¿Guerra? ¿Paz?- se exaltó Ginny –Esos niños no tienen una gota de maldad y si un día comienzan a odiar al mundo mágico será nuestra culpa, será por la forma en la que hemos permitido que los traten… Los elfos domésticos son más felices que estos pequeños y me avergüenza ser como toda esa gente llena de prejuicios que mira hacia el otro lado y no hace nada por defenderlos.

–Ginny no podemos empezar una revolución solos– se quejó Harry –Es mejor vivir nuestra vida tranquilos, enfocarnos en hacer felices a James y cuidar de nuestra familia.

–¿Acaso te estás escuchando?– Ginny se levantó perdiendo la poca paciencia que le quedaba, afortunadamente estaban en un restaurante muggle y las personas que ahora los observaban no eran capaces de reconocerlos –¿Dónde quedó el chico que luchaba contra las injusticias del que me enamore?- a cada reclamo de la chica Harry palidecía más – ¿Qué paso con el adolescente que defendía a todos los indefensos? ¿Cómo puedes darle la espalda a niños huérfanos? Son niños que perdieron a sus padres igual que tú.

–No compares a mis padres con los de esos niños– gritó con furia Harry –Mis padres me amaban y se sacrificaron por mí.

–¿Y qué te hace creer que sus padres no los amaban a ellos?– refuto Ginny – Esos niños ni siquiera habían nacido en la Primera Guerra… ¿Nunca has pensado que cuando Voldemort volvió esos padres no le dieron la espalda por miedo a que lastimara a sus hijos?

–¿Qué pretendes Ginny?– preguntó el chico tratando de tranquilizarse –¿De verdad quieres que me ponga en el ojo de la prensa por defender a esos niños?

–Quiero que James se sienta orgulloso de su padre– respondio la chica encogiéndose de hombros –No quiero que en un futuro conozca a uno de estos niños en Hogwarts y al saber su historia te reproche no haber hecho nada por ayudar a esos pequeños… Harry, ellos son inocentes y ser huérfanos ya es difícil… Lo mínimo que podemos hacer es que crezcan rodeados de respeto y de personas que se preocupen por ellos.

–¿Tú ya no estás orgulloso de mí?– las palabras del chico estaban llenas de dolor

–Te amo Harry– la pelirroja media sus palabras –Pero desde esa misión en Madrid no eres la misma persona… Perdiste la pasión en tu mirada y tal vez luchar por esos niños te pueda devolver esa luz en tus ojos.

Harry respiraba con dificultad, cerraba los ojos y de golpe todas las imágenes de esa misión en Madrid comenzaron a llenar su mente, sonrío irónicamente, quien le hubiera dicho que sus pesadillas ni siquiera tendrían que ver con un enfrentamiento contra Voldemort, los horrores de su pasado, por el contrario, tomaban forma de niños asustados y madres rogando por no ser separadas de sus pequeños, en especial aquella pequeña rubia que lo había mirado atemorizada y que era la causante de una de las decisiones que más se arrepentiría toda su vida.

Antes de que el chico pudiera responder algo, el ruido de su teléfono, si porque como todo mago moderno, Potter había adoptado algunas tecnologías muggles, lo sacó de sus pensamientos.

–Lo siento Ginny– se disculpó el chico –Sam está en problemas en el ministerio y debo ir a ayudarlo… No me esperes despierta.

Tras esas palabras el chico desapareció, mientras una lágrima rebelde corría por la mejilla de la pelirroja, tras un par de suspiros decidió irse también, ir a visitar a Brittany parecía buena idea.

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Brittany reía mientras veía a James disfrutar un baño, el pequeño adoraba jugar en la tina y su lugar favorito para una ducha siempre era en casa de la rubia, y es que esta le llenaba la bañera de patitos de hule.

Pero a pesar de sonreír los pensamientos de la rubia estaban muy lejos de su casa, no podía sacarse de la cabeza su visita al orfanato, pero sobre todo a la pequeña Adhara.

Las horas de la tarde se le habían pasado sin darse cuenta, Ginny se fue del orfanato y ella decidió quedarse un rato más, por primera vez en años, incluso había faltado a su clase de baile sin sentirse mal por ello.

Despedirse de Adhara había sido difícil, la pequeña la veía con tristeza y solo le había susurrado que no se olvidara de ir por ella el fin de semana.

Por supuesto que no se olvidaría, incluso la rubia ya había hablado con Hermione, almorzaría con ella al siguiente día y le pediría ayuda para poder visitar seguido a Adhara y sacarla un par de días a la semana del orfanato.

–Tus papás deberían adoptar una pequeña así– soltó Brittany al pequeño James, quien seguía jugando con el agua de su bañera. –No James, yo no sabría cómo ser madre…

Después de decir eso la chica se perdió de nuevo en sus pensamientos, podía imaginarse perfectamente con una niña como Adhara, pero Sam jamás estaría de acuerdo, y las leyes del ministerio mágico impedían que una mujer soltera pudiera adoptar a un niño.

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Ginny caminaba hacia el parque más cercano para poder desaparecer y no alertar a las personas del Londres muggle.

Hacía frío y la chica no sabía si temblaba por la baja temperatura o lo hacía por el dolor en el pecho que sentía, no podía entender el porqué del comportamiento de Harry, poco quedaba en el del chico con el que se había casado, y no deseaba que James creciera con ese ejemplo.

Además, estaba molesta porque el chico la hubiera dejado en medio de la discusión, todo por culpa de Evans, el chico rubio jamás le había dado confianza, además sabia que al siguiente día discutiría de nuevo cuando le dijera que pensaba apoyar a Brittany en su idea de demandar al orfanato y exigir mejores condiciones de vida para los pequeños que ahí vivían, pero no le importaba, por supuesto que deseaba que Harry la apoyara, pero si no lo hacía de igual modo ella continuará con su idea, sabía que Hermione, sus padres, Ron y el resto de sus hermanos estarían de su lado, excepto por supuesto por Percy, él jamás se pondría en contra de una institución avalada por el ministerio.

La chica se envolvió más en su abrigo, la temperatura había descendido drásticamente, de repente escucho como alguien se acercaba por detrás a ella, quiso girar rápidamente, pero al hacerlo solo pudo ver como la luz de una varita se dirigía hacia ella.

–Harry– fue lo único que la pelirroja pudo susurrar antes de que todo se nublara y perdiera el conocimiento.

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–¿Qué pasa aquí?– preguntaba Harry molesto al llegar al ministerio –¿Me pueden explicar por qué demonios mi primo está arrestado?

–Santana López– explicaba Kingsley derrotado al saber que las pocas oportunidades de que Harry se llevará bien con su compañera se estaban esfumando –Levantó cargos contra él.

–¿De qué demonios lo puede acusar?– el chico pasó de la molestia a la incredulidad, que le pasaba a esa española loca que se metía con su primo.

–Encontré a Evans revolviendo mi escritorio en la oficina que compartimos– explicó Santana entrando a la oficina del ministro –No sé cómo se manejan aquí las cosas… Pero de donde yo vengo revisar el escritorio de un auror se considera un atentado contra la seguridad nacional.

–¿Evans hizo eso?– Harry no salía de la incredulidad –No tiene sentido que él hiciera algo así.

–Sam confesó que buscaba algo de tu escritorio, pero se confundió al no saber que ahora ese era el escritorio de López– explicó Kingsley –¿Tú lo enviaste a recoger algún documento personal o algo así?

–No– acepto con pesar el chico mientras la furia lo recorría –Creo que tendrá que darme algunas explicaciones… ¿Pero no podemos arreglar esto de manera privada? Él no es un criminal.

–López debería retirar los cargos– explicó el ministro –La denuncia se hizo y de otro modo no podemos dejarlo en libertad.

–¿Puedes ayudarme López?– pidió Harry teniendo que aguantar el coraje que sentía por lo que su primo había hecho

–Somos los encargados de hacer que la ley se respete y debemos dar el ejemplo– la chica no tenía la menor intención de dejar que alguien así se saliera con la suya.

–Es mi familia y soy tu compañero– replicó molesto Potter –Si alguien de tu familia estuviera en esa situación yo lo ayudaría

–No tengo familia– fue la última frase de Santana antes de que se diera la vuelta y saliera del despacho.

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Ginny abrió los ojos y pudo notar como no podía ver nada, seguramente le habían lanzado un hechizo que le anulaba la vista.

–¿Dónde estoy? ¿Qué buscan de mí?– preguntaba con nerviosismo la pelirroja.

–Digamos que queremos mandarle un mensaje a Potter– sonó una voz ronca y que se notaba distorsionada.

–¿Son mortifagos?– la voz de la pelirroja temblaba, no podía entender como podían haberla tomado tan desprevenida –¿Le pedirán un rescate?

–Potter no solo lastimó a mortifagos– replicó la voz y a pesar de la distorsión, la pelirroja pudo percibir furia en esta –El gran salvador del mundo mágico lastimó a muchos inocentes

–No es verdad– a pesar del miedo Ginny no dejaría que hablaran más de su esposo –Él jamás cometió una injusticia

–¿Tan rápido olvidaron Madrid?– rio sarcásticamente la voz –Potter en esa misión lastimó a mujeres y niños inocentes

–No sé qué pasó en Madrid– Ginny soltó un suspiro… Madrid siempre había sido un tema tabú para el chico Potter –Pero si tú no lástimas inocentes no me lastimarás a mí

–¿Te consideras alguien inocente Weasley?– Ginny medito bien su respuesta antes de suspirar y abrir la boca de nuevo.

–No sé si yo soy inocente– suspiró Ginny –Pero si me haces algo a mí estarás lastimando a alguien que no tiene culpa de nada… Estoy embarazada

Un silencio sepulcral se apoderó del lugar ante la confesión de la chica pelirroja.