Era una noche tranquila, y en un bar se encontraba una mujer de exuberante figura, pelo de un extraño tono azulado, ojos de color blanco con ligeros matices de color violeta y carácter algo oscuro y sombrío. ¿Su nombre? Hinata Uzumaki. Sí, ella era la esposa del gran Naruto Uzumaki, uno de los empresarios más importantes del país. Pero su cónyuge estaba muy ocupado dirigiendo la empresa, por eso se encontraba ahogando sus penas en aquel antro.
En ese momento, entró al bar un hombre con gabardina, aire misterioso, cuerpo bien formado y pelo de color negro. El hombre miró atentamente por todo el local, como si estuviera buscando a alguien en concreto. Cuando vio a alguien en particular, sonrió como un león preparado para devorar a su presa. Se acercó a esa persona y empezó a hablar.
- Hola, preciosa. – dijo el hombre, que nada más verla, se quedó prendado de su hermosa figura. - ¿Qué te pasa? Te noto deprimida...
Hinata sintió una ligera molestia por aquel inesperado ser que se acercó a ella, pero eso le daba igual, necesitaba desahogarse.
- Mi marido no me hace caso... - dijo Hinata, mirando a la copa que tenía entre sus manos como si fuese lo más interesante del mundo, removiéndola ligeramente. – Hace mucho tiempo que no hacemos el amor, que no pasa por casa ni se preocupa por mí. Creo que ya no me ama...
- ¿Cómo puede ser eso posible? – dijo el hombre, posando sus manos sobre los hombros y acercándose ligeramente a su oído. – Si yo fuese su esposo, le aseguro que nunca jamás me separaría de usted, la colmaría de regalos y le haría el amor una y mil veces.
Las palabras del hombre la hicieron sentirse mejor, y el roce de su aliento con su piel hizo que Hinata se estremeciera y se le pusiera la piel de gallina. Si él fuera ese hombre, seguro que ella sería mucho más feliz. ¿Quién la mandó a enamorarse perdidamente de Naruto?
- Es usted encantador... Me llamo Hinata.
- ¿Acaso es usted Hinata Uzumaki? ¿La esposa del presidente de Konoha Corporation? – dijo él bastante sorprendido al conocer la identidad de la mujer que estaba en ese bar.
- Por poco tiempo... - dijo Hinata, levantando la cabeza y mostrando una ligera sonrisa. – Me planteo pedirle el divorcio.
- Es una pena, parecían un matrimonio bien avenido. – dijo él con honestidad, mostrando un gesto de sorpresa ante la confesión de Hinata. - Yo me llamo Menma Namikaze.
Hinata y Menma siguieron hablando un rato de muchos temas. Sólo con Naruto se había sentido así de tranquila, sintiendo que podía hablar de cualquier cosa sin preocuparse de nada. Llegado cierto momento, Menma miró su reloj, sabía que debía irse, pero no quería separarse de Hinata en ese instante. Se le pasó una idea por la cabeza y se la comentó a su acompañante.
- Hinata... Mañana me marcho de la ciudad muy temprano, y la verdad es que lo mejor que me ha pasado en mi estancia aquí es hablar con usted. ¿Le molestaría que la invitara a pasar la noche en la habitación del hotel en el que me hospedo?
La atrevida invitación sorprendió a Hinata. Ella era perfectamente consciente de la química que había surgido entre ellos, aunque pasar la noche con otro hombre le parecía demasiado castigo para Naruto, pero si él no la cuidaba, otro tendría que encargarse de ella...
- No me trates de usted, me haces sentir demasiado mayor. Y sí, me encantaría pasar la noche contigo.
Menma sonrió ante la respuesta afirmativa de ella a su petición. Ya había decidido que sería suya, aunque sólo fuese esa vez.
- Muy bien, Hinata. ¿Vamos?
Hinata asintió, sonriente, agarrando la mano que le ofreció Menma y se dispusieron a caminar hacia el hotel, que no quedaba muy lejos del bar en el que estaban anteriormente. Ambos sabían que ese sería el inicio de una noche muy larga.
Al llegar a la habitación, Hinata se metió en el baño para refrescarse un poco y a prepararse para la acción que ella sabía que deseaba. Esa noche era para disfrutar, sin pensar en lo que pasaría al día siguiente.
Entraron a la habitación besándose con pasión. Cualquiera que hubiera conocido a Hinata en el pasado reiría de incredulidad si supiera que estaba siendo tan exageradamente candente con otro hombre que no fuese Naruto. Menma respondía con la misma intensidad que ella le mostraba, era más fuerte la necesidad y el ardor que la razón.
La ropa fue cayendo mientras ellos seguían tocándose y mirándose, como si en vez de una simple noche de sexo extramarital fuese una pareja de enamorados preparándose para hacer el amor. No en vano, Menma tenía mucha experiencia en complacer a mujeres como Hinata, pero algo en los ojos de Hinata hacía que todo se removiera en su interior, como si supiera que, al día siguiente, iba a necesitar más de ella.
La pasión y el fuego que causaba en ellos el momento eran tales que ya los juegos previos no eran suficientes ni para Hinata, que sentía cómo renacía su pasión interna, ni para él, que ya estaba totalmente extasiado con el contacto de Hinata.
- Ya no puedo más... Te quiero dentro de mí... - dijo Hinata, con su voz ligeramente apagada por la lujuria de lo prohibido.
- Espera un momento, que me pongo un preservativo. – dijo Menma, sacando de su cartera un envase que dentro contenía el condón.
- ¿Para qué? Estoy sana y quiero sentirte dentro de mí sin barreras... - dijo Hinata, impidiendo que Menma lo abriera, agarrando su mano y acercando el cuerpo de Menma al suyo, posicionándolo justo en su entrada. – Ven aquí y házmelo de una vez...
La razón de Menma se apagó, la visión de esa mujer, llamándolo e incitándolo era demasiado fuerte para su cerebro. Volteó el cuerpo de Hinata, lo que hizo que gimiera de sorpresa y deseo, se posicionó tras ella y, de una estocada, la penetró hasta el final, sacándole gritos de placer a Hinata. No le costó mucho entrar, a pesar de lo tremendamente apretada que estaba debido a que se encontraba muy mojada.
- ¡DIOS, MENMA! Eres muy grande... - dijo Hinata, sintiéndose débil. Sus piernas y brazos temblaban por el creciente deseo que envolvía su cuerpo. – Sigue, por favor...
Esa era la frase que necesitaba Menma para seguir adelante con ese encuentro prohibido. Menma inició el baile erótico con un profundo bamboleo de caderas que hizo que Hinata viera las estrellas cada vez que el ariete de su amante fuese cada vez más y más dentro de ella.
Menma se apoyó ligeramente sobre la espalda de Hinata y agarró sus pechos, masajeándolos sin dejar de penetrarla. Hinata sentía que se iba a partir en dos del placer tan intenso que le estaba dando Menma, que mientras profundizaba en su cavidad y amasaba sus senos, iba dejando un reguero de besos por toda la espalda de ella.
Menma nunca había estado con una mujer como Hinata, y ese juego que tenían ambos era tan placentero y erótico que encendió algo dormido dentro de él y de ella: una necesidad de cumplir con aquello nacía en ambos, nada iba a poder pararlos. Y estuvieron juntos toda la noche, dándose promesas de amor.
Tras despertarse, Hinata vio cómo a su lado no había nadie ni nada, simplemente una breve carta de su amante.
Querida Hinata:
Gracias por regalarme esta noche de placer tan impresionante. Atesoraré todas las visiones que tengo de anoche, sobre ti y sobre nuestro romance prohibido como si fueran oro. Eres una entre un millón, y espero que, si alguna vez vuelvo a la ciudad, pueda volver a tener otro encuentro contigo.
Tuyo para siempre, Menma.
Hinata sonrió ante la carta de Menma. Se sintió sexy y deseada, sentimientos que sólo Naruto le había hecho sentir anteriormente. Por algo sería que se había sentido de esa forma. Se vistió, salió del hotel y se fue a la vivienda que compartía con Naruto.
Hinata llegó a su casa a las ocho de la mañana. Ella pensó, rápidamente, que su marido aún estaría durmiendo, ya que era domingo y solía descansar más tiempo. Craso error. En la cocina, preparando el desayuno para ambos, se encontraba el rubio.
- ¿Dónde estuviste anoche? – ligeramente indignado con su esposa.
- Bebí de más y un amigo me pagó una habitación en un hotel para que estuviera segura y pudiera descansar con tranquilidad. – dijo Hinata, con absoluta tranquilidad.
- ¿Estás segura de que no hiciste nada más que pasar la noche? – dijo Naruto, con una sonrisa pícara en su rostro.
- ¿Cómo puedes dudar de mí? – dijo Hinata, fingiendo indignación, pero mostrando una sonrisa en la cara.
- Hinata, se te nota en la cara que te han dado una buena ración de sexo... - dijo Naruto, que seguía con la misma sonrisa.
- ¿Y quién es el responsable de ello? – dijo Hinata, aferrándose al brazo de su esposo, mientras delineaba con sus dedos el torso de Naruto.
- Culpable, mi amor... - dijo Naruto, levantando una mano mientras esbozaba una sonrisa aún mayor, observando desde arriba todos los entresijos de la figura de su mujer. Ambos se rieron ante lo sucedido la noche anterior. – La verdad es que ha sido una experiencia bastante excitante y divertida.
- Sí... Me lo pasé muy bien.
- Se nota... Las marcas de tus arañazos tardarán en desaparecer de mi espalda, mi leona... - dijo Naruto, que acariciaba con suavidad el pelo de su esposa.
- Sabes que soy tremendamente pasional y que me dejo llevar cuando estoy excitada. – dijo Hinata, que observaba con atención las marcas que había dejado en su esposo durante esa noche de pasión. - Aunque eso dice más de ti que de mí. Estuviste impresionante...
- Todo por mi mujercita... - dijo Naruto antes de cerrar el espacio que había entre sus labios. – Y bien... ¿Qué fantasía le gustaría completar a mi reina otro día?
Hinata se quedó pensativa, su mente tenía muchísimas ideas, al igual que la de él. Pero ya se encargaría ella en otro momento de cumplir todas y cada una de sus fantasías sexuales. De repente, recordó algo que siempre había querido probar.
- ¿Qué te parecería hacerlo en tu despacho?
- ¿Y que puedan descubrirnos? – dijo Naruto, a lo que Hinata asintió, haciendo que Naruto riera ligeramente. - Eres una chica muy mala...
- ¿Y me vas a castigar por serlo?
Naruto no contestó, simplemente la agarró, la cargó en sus dos brazos mientras ella se aferraba a su cuello y se la llevó a la habitación que compartían ambos, donde le daría el castigo que ella quería por tener una mente tan acalorada. Aunque algo le decía que ella no sufriría, más bien todo lo contrario.
Porque, al final, esos pequeños juegos y esas noches locas permitían que la llama de su pasión no se apagara nunca.
A ver, seamos sinceros, ¿quién de todos los maravillosos lectores de este one-shot pensaba que, realmente, Hinata estaba engañando a Naruto?
Digamos que me apetece jugar un poco con ellos, experimentar cosas nuevas, probarme como escritor... Y esto, que ya estaba medio encaminado como un boceto desde hace tiempo, me ha servido para darles otra forma de entender su amor.
Por algo dije que no existirían tabús de ninguna clase. Y mi loca cabecita sigue pensando...
¡Nos vemos!
