Lala Lulu: Hola! Bienvenidos a otro Domingo sagrado. Aquí pasará mucho, pero mucho de NappAmi. Ami vuelve a Tokio y se preocupa por lo "salvaje" que se ven los novios de sus amigas. Jojojo, el SaiyaTeam se pone manos a la obra y le prueban vestiditos al Jefe, pa' que vaya coqueto ¿El mal paso de Nappa? ¿Estará todo perdido? Ami huye al bosque, escondiéndose de la bestia ¬¬ ¡A leer se ha dicho!

¡Advertencia! Si ya has leído mi historia anterior sabrás que yo no escribo Lemon, sino Smut, mucho Smut. Smut es sabrosura primero, explicaciones después. Así que esto es para adultos ¡Porque soy una maldita pervertida!

No me pertenecen los personajes, son Creaciones de Akira Toriyama y Naoko Takeuchi. Hecho por un fan, para algún otro fan que ande dando vueltas por la Vía Láctea…

Capítulo 2

Las chicas ya se habían puesto de acuerdo, en especial, para darles una mano a sus novios con su obra caritativa. También opinaban que esto, puede ayudar a Ami en su estado de ánimo. Esperan a Ami bien temprano en el aeropuerto, se tomó ésa misma noche el avión a Tokio, un vuelo de casi siete horas. Toma sus valijas y al doblar en la esquina, el cartel que dice "BIENVENIDA A CASA AMI" la recibe, sonríe enorme, y por primera vez se da cuenta que hace meses no tenía ganas auténticas de sonreír. — ¡Chicas!

—¡Ami! —Todas saltan sobre ella, la alegría sigue ahí. La azotan con miles de preguntas, y ella les ofrece ir a tomar un café.

—Ami ¿Estás segura que no necesitas dormir? —Mina se sienta junto a ella, le acomoda el cabello detrás de su oreja. —Puedes instalarte a tu gusto y luego—

—No, de verdad. —Ami ondea sus manos y sacude la cabeza. —Siento que hace tiempo no duermo realmente, me hace bien estar así con ustedes.

— ¿Puedes contarnos mejor o necesitas más tiempo? —Lita recibe la bandeja con los lattes, y agradece a la mesera.

Ami gira su taza en la mano, ve las decoraciones en la crema, hay pequeñas galletas navideñas. —Pues me había postulado para Jefe De Cardiología, éramos varios ahí, haciendo la residencia pero. —Toma aire, sus amigas la abrazan, siente al fin la fortaleza para decirlo en voz alta y no quebrarse. —Me enviaron a casa, me pagaron todo, siempre fueron muy cumplidos en eso. Sin embargo, me desarmé, hacía más de un año que sólo iba y venía del trabajo. Tomaba un turno detrás del otro, hacía méritos, estudiaba, asistía en las cirugías. Estuve tan cerca. —Frunce el ceño, presiona su puño, quiere azotarlo, pero reprime su ira.

Serena toma su mano presionada. —Ami, ya verás. No es el único lugar donde puedes trabajar. Eres inteligente, sólo lo ves así porque estás desgastada. —Serena la recuerda, Ami sacrificó tanto, toda su juventud y ahora no quería que ella se sintiera que no valió la pena. —Tómate un tiempo con nosotras, eres una brillante Doctora. Ya llegará tu oportunidad.

Ami se sacude un poco, frota su rostro. —Bueno, basta de mí. Cuéntenme ustedes. Aaah, estuve repasando un poco los mensajes.

— ¡Hmp! Ya sabíamos nosotras que sólo nos apuñalabas con un visto. —Serena se cruza de brazos y le reclama. —Jajaja, pero no hay nada mejor que ponerse al día así. —Bebe su Latte y devora sus panecillos.

Ami las escucha, parpadea grande. —… Oh, así que son Ex Militares, que se hicieron bomberos. —Queda con las cejas en alto al ver las fotos, los tipos parecen mafiosos. —Se ven…Rudos. —Lo dice como un halago.

—Jajaja, ay querida. Mira ésta. —Mina le muestra una foto de Broly, durmiendo con la espalda desnuda.

— ¡Ay Mina! ¡Tú no cambias! —Ami cierra los ojos y aleja el teléfono.

—Jojojo, pero mira lo roja que estás. —Mina se burla de ella, la abanica. —No lo voy a negar, mi novio tiene el cuerpo tallado en mármol.

Lita aclara fuerte su garganta. —Jeje, es que tienen que estar en forma para salvar vidas. Sé que son muy distintos, a los muchachos que nos gustaban antes. —Lita se ruboriza. — Pero no debes preocuparte, nos cuidan mucho. Aaahh… Bardock me hace sentir tan bien…

— ¿Dijiste que su hijo se casó? —Ami mira con atención la foto de Bardock, en pleno casamiento.

—Sí, y tiene un hijo más grande. —Mina comenta y le da un par de codazos. —Pero ya tiene novia, picarona.

— ¿Pero cuantos años tiene? —Ami no lo puede creer.

—Jajaja, pues fue un padre muy joven, tenía 16 cuando conoció a su difunta esposa en el secundario. —Lita le cuenta. —Pero es un hombre de honor, se hizo cargo. Su hijo mayor va a cumplir 33 al igual que Vegeta y Broly. Bardock está por arriba de los cincuentas, Jajaj su estado físico es impresionante. Su hijo Kakarotto tiene nuestra edad.

— ¿Y no te molesta que sea mayor? —Ami pregunta sin pensar y se corrige. —Eh, o sea, lo que quiero decir es si no es mucha diferencia.

—Mmm, al principio, superficialmente. Pero al estar juntos, somos tan felices. Eso es lo de menos. —Lita suspira, y sólo sueña con hacer sudar el cuerpo de Bardock en la cama.

—Oh, sí. Eso es lo importante. Jaja. —Ami bosteza. —Quiero ver el restaurante antes de instalarme…

— ¡Mmh! Terminamos el desayuno y te mostramos el restaurante. —Serena le avisa, todas asienten.

El Restaurante de las chicas se llamaba "Reino de la Luna", las tres habían juntado sus ahorros y apoyado a Lita en su proyecto hasta el punto de formar parte. Tienen una barra de cervezas, que se llena en horarios after-office y varias mesas donde se puede hacer reserva en familia o en grupos. —Chicas, en verdad que las felicito. —Ami gira mirando, los detalles en bambú y las luces. Todo es mucho más cálido, incluso a donde vivía.

Llegando a la casa de Mina… —Ouh, ya me envía invitaciones a cenar… —Mina frunce los labios y les muestra un mensaje de Broly.

— ¿No te parece algo… Intenso? —Ami se encoje de hombros, en parte se preocupa que los tipos sean demasiado controladores.

— ¿Intenso? Ami… —Mina cruza un brazo sobre el hombro de Ami. — Él es una fuerza de la naturaleza por sí solo, no tienes idea.

Ami escucha a todas sonreírse entre sí, frunce los labios y levanta una ceja. — ¿Qué? ¿Acaso les gusta que las controlen? ¿O que se comporten como si fueran dueños y ustedes objetos? —Las puede ver confundidas, como si no entendieran lo que ella dice. La ayudan a sacar su ropa de las valijas e instalarse en la habitación de huéspedes.

Las chicas se miran entre ellas, no van a negar que ellos tienen un aire dominante, pero ¿Cómo explicarle que ellos son devotos a ellas? —Sabes qué Ami. —Serena toma la palabra, — creo que sería bueno que los conozcas. Que veas por ti misma como nos tratan, es que es difícil de explicar con palabras.

—Sí, son rudos y fuertes, pero al mismo tiempo, tan delicados. — Lita intercambia mirada con sus amigas.

Serena reprime una risita. —La cena será en mi casa y de Vegeta, estamos viviendo hace poco y queremos organizar las fiestas navideñas con amigos ¡Voy a hacer curry! ¡He estado practicando mucho!

Ami escuchaba a todas bromear con que Serena iba a envenenarlos. Luego tomaba un baño. Mina se despedía, iba muy bonita a su cita con su novio. Luego Ami se arrastraba al sillón, pedía por teléfono algo de comida. Luego volvía a arrastrarse a su cama, cuando el sol descendía. Mina pasaba a cambiarse para trabajar y le consultaba como seguía.

Ami trataba una noche más de dormir, escucha su teléfono, se endereza como si la llamaran para una guardia. Pero es Mina avisando que se quedará a dormir con Broly. Revisa el grupo de mensajes y todas le enviaron un "Buenas noches Ami." —Buenas noches chicas… —Envía un audio.

Otro amanecer aletargada, con dolor de cabeza de tanto dar vueltas para dormir. Mira por la ventana, la nieve que se acumuló anoche. Estuvo analizando si rechazar ésa cena, no quiere ser el alma en pena ahí. Pero debe intentarlo, hacerlo por sus amigas, aprovechar cualquier ocasión para salir de su encierro y recuperarse. Toma su teléfono, pero justo entra Mina. —Mina, buenos días…Oye ¿La cena es el fin de semana?

—Buenos días. Y sí, es el fin de semana. —Mina escanea y es como si nadie hubiera estado usando su departamento, la observa y recuerda la ropa que desempacó. Ella no ha cambiado su guardarropa desde que se fue.

—Mina me recomiendas un peluquero o alguien que me arregle las uñas. —Se mira y están higienizadas, pero no pulidas.

— ¡Sí, podemos ver algo de ropa! — Mina sonríe y se la lleva a cambiarse y estar lista. No va a desaprovechar ahora que Ami bajó la guardia.

Ami modelaba un par de sacos largos de invierno, Mina estaba muy concentrada en ella. —Mira, ponte ésta blusa, con tul blanco, realza tus ojos y tu escote, Jajaja—La consiente un poco, revisa sus ojeras, está pálida. —Tomarás sol y tus ojos se recuperaran.

Ami se prueba la blusa. —Mmm… Mejor para otra ocasión. Para la cena llevaré el vestidito azul, con la chaqueta de hilo. Qué extraño, no te has comprado nada…

—Ah, yo tengo mucha ropa, ya me compré algo para el fin de semana. —Mina se ríe traviesa, avisa a sus amigas que está preparando a Ami para presentarle a su pretendiente. —Además, ya tengo novio. Quién sabe y puedas conocer a alguien en la reunión.

Ami pone los ojos en blanco. —Jajaja ¿Ahora soy una roba novios?

—Bueno, si quieres un trío…Puedo negociar con Broly, es muy celoso ¡Auch! —Mina se queja, Ami le tiró un zapato por la cabeza.

— ¡Cállate y pásame las botas que me recomendaste!

Mientras tanto los compañeros de Nappa, quisieran tener un Jefe un poco más dócil. — ¡El único día que alguien va a vestirme o elegirme ropa, será el día que esté muerto! — Nappa se interpone. De solo haber sospechado que el cuento de que querían entrenar en el bosque, era nada más que un cuento; no hubiera contestado jamás el teléfono o la puerta.

— ¡Sólo queremos que des buena impresión a nuestras novias! —Bardock intenta pasar de nuevo pero nada, Nappa lo empuja con una mano.

— ¡De acuerdo, de acuerdo! —Vegeta se interpone e intenta negociar. —No se vistió tan mal en la boda del Idiota. Puede que mostrar un poco de su mal gusto, le dé un toque de honestidad. —Vegeta le guiña un ojo a Raditz.

Nappa se acerca a Vegeta lo arrincona contra la pared y se inclina con el ceño fruncido. —Yo me visto de manera apropiada siempre, más respeto a quien les enseñó todo lo que saben.

Vegeta pone las manos en rendición, de pronto lo ven irse y cerrar la puerta de la habitación, lo escuchan revolver. Al rato sale, cambiado de pantalones y con una camisa.

—Tengo hasta para combinar. —Nappa les muestra la ropa. —Colores oscuros y todo bien pulido, casi nada de uso.

—Hmmm… —Vegeta levanta un poco el abrigo. —Esto es casi dos tallas más grande…

—No les molestó cuando lo usé en la boda de Kakarotto. —Nappa se lo zamarrea, pero sí, al probarlo le queda más grande que en la boda. —Grrr… Es que he estado más concentrado en mi atletismo que en la fuerza.

—Lástima, la ropa se ve bien y está nueva. —Bardock piensa con un dedo en el mentón.

— ¡Un sastre y una modista! —Raditz muestra triunfal en su teléfono. —Queda a pocas manzanas de aquí.

— ¡Vamos, vamos! —Bardock lo tironea y ve que se resiste, se acerca a hablarle. —Anda ¿Qué pensará la novia de Vegeta? —Ven a Nappa poner los ojos en blanco y seguirlos.

Serena estaba desde temprano preparando todo para la cena, escuchaba a Vegeta refunfuñar, porque ésos idiotas la tenían a su novia obsesionada con la limpieza. —¡Basta! —Serena le arroja un almohadón a la cara. Vegeta lo atrapa en el aire. —Dijiste que era una buena idea ésta cena. Te puede ayudar, aunque sea en época de fiestas, a controlar ése lado tan huraño y agrio que tienes.

Vegeta rechista y se va a la cocina, revisa la cantidad de cervezas, y prepara nachos. Mira un poco en la encimera, los ingredientes para el Curry y se decide a ayudarla. —No sea cosa que se corte un dedo, se queme o algo así. —Musita enojado, la siente acercarse y regañarlo porque no tiene puesto el delantal. Le pone uno a él y se pone uno ella. Terminan preparando todo juntos.

A Ami y Mina las pasaba a buscar Broly, se presentaban. Ami se sentía muy intimidada, el novio de Mina era de más de dos metros y tenía una cicatriz en la cara. Mina no paraba de mostrarse cariñosa con él y alardear de su amiga la doctora.

—Mina… Basta, ya te dije que no estamos solos. Respeta a tu amiga. —Broly la aleja, está rojo de la pena.

—No te preocupes, ella ha sido así desde que la conozco. —Ami sonríe, en parte agradece que el sujeto con el que está su amiga, no sea un salvaje como parece.

Llegaban en el taxi, casi todos al mismo tiempo. — ¡Ja! ¡Puntuales! —Bardock alardea, mira su reloj, ayuda a bajar a Lita. — ¿Nappa quieres que te baje? —Sólo lo escucha gruñir y bajar del taxi que compartieron.

— ¡Siempre a tiempo, la mejor Unidad de bomberos! —Raditz fanfarronea un poco, lleva a Rei de la mano.

—Hm, parece que ahora sí te importa llegar a horario. —Rei larga unas risitas, todos esperan que Raditz ponga la clave de la puerta en la entrada.

Ami queda con los ojos redondos al ver dónde vive Serena, es un barrio residencial, muy cercano a la costa. Le sorprende que un Bombero se pueda costear un lugar así. Al entrar es una casa con patio delantero, donde las paredes de la entrada dan privacidad al hogar en el fondo.

— ¡Bienvenidos! —Serena sale a la puerta antes que nadie. Está con un vestido con volados, hasta las rodillas, con medias largas y su delantal. Su cabello recogido en un solo moño.

Todos empiezan a saludarse, Ami se va a acercar, pero se intimida con la figura de mirada asesina que aparece detrás de Serena. — ¿Qu-Qué tal? —Se encoge y vuelve a poner las manos en su saco.

—Mucho gusto, soy Vegeta. Por favor, siéntanse como en su casa.

—Hola Vegeta. Buen trabajo limpiando la nieve. —Broly le comenta porque la entrada estaba impecable.

Muy presumido, Vegeta sonríe de lado, se cruza de brazos. — ¡Por supuesto! ¡No hay necesidad de una máquina! —Se arremanga y muestra el músculo de su brazo.

Ami se sienta en el sillón, está asombrada por el espacio. Su amiga viene corriendo al verla sentarse. —Ami, dame tu abrigo. —Serena muy contenta la ayuda.

—Serena, no debes preocuparte. —Ami se pone de pie, y cuelga su propio saco y cartera en la entrada de la casa. —Tu casa es enorme.

Serena se ríe. —Bueno, antes se veía más grande, apenas tenía muebles cuando Vegeta vivía solo aquí. —La ve con un vestidito azul y una pequeña chaqueta. —Oh ¡Qué lindo vestido! —Serena la halaga. —Tu saco es nuevo, me encanta el color. —Se gira sobre sus pies. — ¿Alguien más quiere que guarde su saco o que le sirva algo de beber?

Ami la escucha hablar así ¿Acaso su novio la tiene de sirvienta o algo así? Quizás la invitó a vivir con él, para controlarla mejor. Está muy intimidada, la actitud entre ellos es demasiado tosca. La sospecha de que son dominantes con ellas, de una manera insalubre, parece casi confirmarse.

—No, tú no eres su mesera ni nada de eso. —Vegeta se acerca y la toma de los hombros, la aleja de sus compañeros de Unidad. —Eres dueña de la casa, ellos son grandes, que se sirvan solos. Siéntate… —Vegeta la deja en la barra de la cocina, empieza a preparar los nachos y las patatas para acompañar la cerveza.

—Jajaja, tranquilo. —Lita se acerca y pide permiso para servir unas cervezas. —Debe estar preocupada por dar una buena impresión.

Ami se relaja al escuchar eso, vuelve al sillón. Lita se sienta junto a ella, del otro lado, en el sillón de enfrente está la morena que vino con el pelilargo.

— ¡Hola! ¿Rei verdad? —Mina le hace conversación.

—Sí, mucho gusto. —Rei da un salto, le pasa la mano.

— ¿Te puedo llamar Rei? —Bardock pregunta, quiere que vea que su suegro es un caballero.

— ¡Oh, sí! ¡Sí Señor! —Rei se endereza y se inclina en reverencia.

—Llámame Bardock, por favor ¿Bebes cerveza o…?

— ¡Yo bebo, pero le juro que es con moderación! ¡Prefiero agua o algo sin alcohol! —Rei no sabe cómo dejar de gritar, pero los nervios le oprimen todas las entrañas.

—Rei, cálmate… —Raditz la toma de las muñecas y la sientan junto a él. Frota las manos de Rei para tranquilizarla.

Por su parte, Ami se alegraba que no era la más nerviosa o incomoda ahí. Aunque más que eso, empieza a sentirse aislada y fuera de lugar. No sabe bien cómo iniciar conversación.

Bardock dibuja una mueca de sonrisa, le gusta ver a su hijo mayor tan atento. —Sí Rei. —Bardock le da una cerveza. —Quien debe estar nervioso es Raditz, porque todas mis preguntas serán sobre cómo se ha portado. —Guiña un ojo, le ofrece de comer unas patatas, puede verla reírse con él. La mujer parece muy decente, espera que su hijo la imite en mucho.

Sentado en la barra, Nappa estaba con la novia de Vegeta, se preguntaba ¿Qué mierda hizo ése enano de los cojones para estar con una mujercita tan adorable? Lo inunda con preguntas de cómo era Vegeta de joven, y compara información.

—…Oh, así que no miente cuando fanfarronea de haber sido el mejor y el líder de su escuadrón. — Serena dice en voz alta, al sentir pasar a Vegeta por detrás.

—Para nada, fue un verdadero gusto, haberle enseñado y que me haya superado. —Nappa afirma, come unos nachos.

—Oye, podemos hacernos amigas. —Mina le habla a Rei. —Ellos siempre comparten el turno en la Estación de Bomberos, es importante mantener su Unidad "unida", Jajaja.

—Bueno, la vida en mi Templo, a veces es muy aislada. Al ser la Sacerdotisa a cargo, hay días festivos que me demanda mucho. —Rei sonríe, ésta rubia y la otra, parecen muy amenas. También la castaña que está con el Padre de Raditz. Pero puede notar a la peli-azul, algo tensa y decaída.

Raditz le acomoda un mechón de su cabello. —No debes preocuparte, no estarás sola.

Lita veía todo, se sentaba en la barra y preparaba otro plato de nachos. —Tu hijo es tan tierno. —Le dice a Bardock, que se acercaba a buscar servilletas…Miraba a Nappa conversando en la punta de la barra con Serena, Broly y Vegeta. —Oye… —Lita le susurra. — ¿No era la idea? —Le apunta con la vista a Nappa y a Ami.

Entonces Bardock le guiña un ojo a Vegeta, Serena también lo ve y entiende. —Oye Nappa ¿Serías tan amable de llevar éste plato con nachos? —Serena usa su sonrisa de oro. A Nappa no le queda de otra que hacer caso.

Bardock apunta a Raditz, él asiente con los ojos. Raditz había sentido algo nerviosa a la chica que era la Candidata para Nappa. —Oh, disculpe ¿Señorita… Ami? —Quizás una conversación la relaje.

—Sí, con Ami está bien. —Ami dibuja la mejor sonrisa que puede, sigue girando la cerveza en su mano.

—Es Doctora… —Raditz le habla. —La mujer de mi padre y sus amigas, hablan muy bien de usted. Que es muy inteligente y capaz.

Ami traga saliva. —No es para tanto. —Bebe con una sonrisa. Luego le empiezan a preguntar por sus estudios, sus logros académicos. Mina alardea de ella, la hace reír, porque en el fondo Ami no se siente para nada ésa "brillante Doctora", menos ahora. — ¿Y ustedes se conocieron en el ejército? —Ami quiere ser amable e intercambiar un poco.

—Sólo nosotros tres. —Bardock toma del hombro a Vegeta y a Nappa. Los hace sentarse en el sillón de enfrente. Raditz se une junto a ellos.

—Cierto, cuando gradué, me convertí en Jefe de Nuestro Equipo. —Vegeta alardea y señala a la repisa donde tiene fotos e insignias.

—Sí, nunca creí ver a alguien así. —Nappa dice. —Para mí fue un honor servir bajo tus órdenes.

Raditz aclara la garganta. —Pero tú les enseñaste primero, a mi padre y a Vegeta, eras Instructor. —Raditz intenta que la conversación gire alrededor de Nappa, le frunce el ceño a Vegeta, para que deje de andar de engreído. Deben halagar a Nappa.

— ¡Eso es cierto! —Bardock capta de inmediato. —Creo que en ésa época, el que te tuviera de Instructor, sabía que saldría siendo el mejor. Eras duro, pero justo. Porque según recuerdo, ni Vegeta se salvó de un castigo.

Nappa larga una risita. —Recuerdo como si fuera ayer, cuando llegaste a ver a los nuevos. Tú estabas de Teniente Segundo. —Señala a Bardock con la cerveza en la mano. —Te partiste de la risa al verlo corriendo en la costa, con el agua a la mitad del cuerpo.

—Siempre creí que serías tú el Jefe de algún escuadrón, era muy capaz… —Bardock lo dice muy honesto.

—Hmp, no se dio y ya. Vegeta se lo merecía. —Nappa come unas patatas con queso. —No soy de muchos sesos, también se requiere inteligencia.

Vegeta se cruza de brazos. —No creo que pusieran a un tonto a entrenar a los nuevos, mucho menos tomar su criterio para elegir un Líder. —Recuerda que fue él quien lo recomendó. —Pero ahora eres tú nuestro Jefe en la Estación de Bomberos…

—Es mucho más tranquilo a lo que hacíamos antes. —Nappa bebe un poco.

Raditz lo abraza del hombro a Nappa y lo señala. — ¡Ay Señorita! ¡No le haga caso, es mera modestia!

— ¡Cierto nos enseñó mucho! —Bardock le afirma. —Por ejemplo, la primera vez que hice la pista de obstáculos, llegué último. Él se quedó hasta que terminé, en la lluvia me forzó a terminarla. Recuerdo que me dijo, que era importante que aprendiera a terminar lo que inicio, sin importarme cuanto tarden los demás.

—Hm, admito que yo… —Vegeta se rasca la nuca. —Pues era muy rebelde y cerrado. No me gustaba trabajar en grupo, o depender de los demás. Me hizo comprender, el rol importante en cada uno al ser un equipo, a confiar en los demás.

Las chicas se iban y nadie lo notaba, dejaban a Ami muy entretenida intercambiando historias con sus novios y el "candidato". —Jummm… Parecen ser buenos "hombres ala" —Serena comenta al aire. —Pero Ami de a ratos se sigue viendo mal.

—Apenas pasaron unos días desde que está aquí. —Mina lleva las jarras de cervezas, sirve más para los muchachos.

Ami se ríe de algunas historias, pero en especial por como bromean entre ellos. No le parecen tan rudos o intimidantes, más bien parecen perros grandes mordiéndose entre ellos. —Oh, disculpen, voy al baño. —Ami se levanta, recién ahí se da cuenta que la habían dejado sola con ellos. Mira a las chicas, hablando con Rei y conociéndola. Se le hace raro.

— ¿Y qué opinas? —Raditz se le acerca a Nappa.

Nappa frunce el ceño, está algo confundido. — ¿De qué?

—De la mujer, es Doctora, es muy linda además… —Raditz le da un codazo.

La mirada de Nappa se llena de planes y fantasías de asesinato con éstos idiotas. Señala con el pulgar la dirección en que la mujer se fue al baño. — ¿Ami? —Pregunta incrédulo, cómo no pudo oler ésta trampa. —Es joven ¡Tiene la edad de sus novias! ¡Podría ser su padre!

— ¿Y qué? ¿Eso te acompleja? —Bardock lo siente como indirecta. —Mi mujer, tiene la edad de la novia de mi hijo mayor. Pero lo que siento, está muy lejos de algo paternal. No es mi hija. —Termina con énfasis.

—Bueno, como le dije a Bardock. —Broly opina. —La edad es lo de menos. Si sienten lo mismo.

—Oh, oh, oh. Alto ahí ¿Si sentimos lo mismo? —Nappa los aleja. — ¿Acaso ella pidió conocerme? —Le parece imposible, menos si le mostraron una foto suya.

—Estaba sonriendo y escuchando tus historias… —Vegeta se encoge de hombros.

—Puede que lo haya hecho por simple amabilidad. —Nappa argumenta. — ¡Pobre muchacha! Seguro la trajeron con mentiras o algo así.

—O sea que no te gusta. —Vegeta le afirma. — ¿Prefieres mayores o menos bajitas?

—No, no tiene nada que ver eso. —Nappa no le estaba prestando verdadera atención al aspecto de la mujer. —Me parece una buena muchacha, pero no es sólo lo generacional. No quiero que crean que lo que digo, es porque ella no es linda, porque lo es y se ve que es buena, inteligente.

— ¡Caso cerrado! —Raditz golpea el puño en la mesa. — ¡Te gustó!

— ¡El problema! —Nappa golpea a Raditz en la cabeza. —El problema, es que una muchacha así nunca querría salir conmigo.

— ¿Cómo lo sabes? —Vegeta no se rinde fácilmente. —Pregúntale, invítala a salir. Aunque sea, dale la oportunidad de rechazarte como se debe.

Nappa se frota el rostro, sí la mujercita estaba muy callada, hasta se divertía de las cosas que contaba. De acuerdo… Sí le gustó, aunque la veía muy seria y meditabunda. Puede que ella sea muy introvertida. —Bien, cuando me diga que no. Les conviene comprarme algo lindo en navidad. —Dice en chiste, con una pizca de optimismo.

A la salida del baño, Ami era emboscada por sus amigas. Al parecer usaron como excusa, acompañar a Rei al baño. —Ah, yo… ¿Sucede algo? —Ami les pregunta.

Serena se la lleva a un rincón, con risitas traviesas le susurra. — ¿Qué te parece?

Ami mira a sus amigas, tienen la expresión exacta de quien se ha comido al ratón. —No entiendo ¿Por sus novios? Pues, parecen buenas personas. —Abre y cierra la boca. —Me parecían muy opuestos a ustedes, pero se quieren mucho.

—No, no. —Mina le explica. —Nuestros novios, están bien para nosotras pero… ¿Nappa su Jefe qué te pareció?

—Sí, es muy fuerte y valiente. —Lita le muestra sus brazos, presionando los puños.

Ami da un paso atrás. — ¿Cómo? ¿Ése tipo? —Hace gesto de asco. — ¿Me trajeron para presentarme a ése Señor?

— ¡Oye! —Lita se cruza de brazos. —No lo digas con ésa cara, porque pareces asqueada ¿Es por la diferencia de edad?

Serena intenta persuadir a su amiga, la ve en negativa total. —Ami, es por una buena causa. Verás, ellos quieren hacer 12 fotos, para un almanaque de bomberos y recaudar fondos.

— ¡Sí! Quieren hacer una ellos y otra en pareja, él es el único que está soltero. —Mina la presiona, porque sabe que así ayuda a Broly en una buena causa. —No te estamos pidiendo que te cases con él, sólo un par de citas, las fotos… ¡Es para ayudar al Departamento de Bomberos! ¡Es una causa noble!

Rei sale del baño, las ve reunidas. —Oh, lo siento ¿Tardé mucho?

—Mira, ella es sacerdotisa y está de acuerdo con el Almanaque ¿No? —Mina la toma del brazo.

—Oh, bueno. Sí, es más, creo que yo di la idea. —Rei se ruboriza, quiere entender en qué conversación la han metido.

—… Las mujeres fueron todas al baño. —Nappa comenta. —Vegeta ¿Puedo usar el baño de huéspedes?

—Las escucho murmurar por ahí. —Bardock le dice. —Seguro están recorriendo la casa.

Ami abre grande los ojos, niega con la cabeza. — ¡Basta, les agradezco mucho que me ayuden! —Resopla por la nariz, está muy enojada que se le impongan así. — ¡Pero no voy a hacer eso! No estoy para relacionarme con nadie, vine para no hacer un desaire, para sacarme un poco el estrés y me ponen en ésta situación incómoda. —Se cruza de brazos. — ¡Además no es sólo por la edad! ¡Parece un horrendo gorila!

Nappa escucha eso, se frota la frente, ya sabía que esto era para nada. Se gira sobre sus pies y se va, se pone su saco. —Me voy.

Lo escuchan decir con el tono normal, pero firme en su decisión. — ¡Oye no! ¿Qué pasó? —Raditz le pregunta y los demás intentan convencerlo de quedarse.

Nappa inhala y exhala bien fuerte. —Pasa que no sé con qué mentiras trajeron a ésa pobre mujer. No la quiero hacer sentir incómoda. Esto no tiene sentido, ya se los dije ¡Búsquense a otro y ya! —Está tan decidido, que no le presta atención a las mujeres que vuelven detrás de él. La verdad es que ahora, le da pena verlas a la cara.

—Ami, por favor. —Serena le ruega en voz baja, antes de que sus novios la vean irse.

—Serena, chicas, ya basta. —Busca su saco, está de espalda al grupo de hombres y se abriga.

Nappa da un paso hacia atrás, baja un escalón, del nivel cerca de la barra. Siente que choca con algo y al pisar levanta de inmediato el pie.

—¡Aaaaah! —Ami cae al suelo, casi en seco. Le acaban de pisar el pie ¡Mierda como le duele! Como si se le hubiera caído un bloque de acero puro.

Nappa se asusta, se acerca a ayudarla. — ¡Señorita! ¡¿Está bien?! —La pisó, se siente un imbécil, un bruto de primera.

Ami lo golpea en el hombro con el puño cerrado, pero no le hace ni cosquillas. — ¡Claro que no! ¡Me acabas de pisar maldito idiota! —Ruge con todas las fuerzas de su garganta.

Los demás no saben cómo reaccionar, se miran en ésta situación incómoda y vergonzosa. Nappa no parpadea, todo queda en silencio. —No se preocupe. Yo la ayudo. —Habla rápido, la levanta en brazos y se la lleva a atenderse. Mira a los lados, la sostiene de un brazo y saca su teléfono. —Hola, por favor, es urgente. Un Uber a la zona residencial…

Ami está petrificada, no alcanzó a negarse que ya estaba siendo cargada en brazos hacia afuera. La carga sin problemas, como si ella no pesara nada, hasta lo ve pedir un transporte mientras la sigue cargando con una sola mano. Se hace pelota en sus brazos, siente pena de haberle gritado así. Cree que nunca ha sido así de agresiva con nadie.

La siente encogerse en sus brazos, rechista pensando que no tomó en cuenta el frío que hace afuera. —Abríguese Señorita, no se preocupe… —Mira a los lados de la calle.

Ami asiente, traga saliva, ahí se da cuenta que él no se ha abrochado su saco, su camisa azul oscuro, su corbata está bien planchada y pulida. Mira con pena en dirección a su rostro, él está en verdad con culpa. Ella se empieza a sentir una imbécil, una grosera por gritarle así, es obvio que fue un accidente.

Se meten al auto, Nappa la acomoda y le pone el cinturón. — ¿Duele mucho si deja el pie abajo?

—Más o menos. —Ami frunce los gestos, y se queja.

Nappa mira su reloj. —Bien a ésta hora, en éste día, el tránsito es bajo pero el hospital cercano estará lleno. Llévenos por favor a la clínica de Traumatología, en la zona oeste, yo lo guío por las calles. —El conductor asiente. Nappa tiene práctica, todos los días, debe aprenderse los mapas y trazar rutas rápidas por cualquier emergencia que deban atender en la estación de Bomberos, así sea que les ahorra un segundo, puede ser crucial para salvar una vida.

Llegan y de nuevo la carga en brazos. Ami se avergüenza, parece que es una clínica donde él conoce a la gente. La acuesta en la camilla, el Doctor es un señor Anciano, pero muy amable. —Buenas Nappa. Señorita, mi nombre es Doctor Roshi. —Entra y se acomoda llenando una planilla. —Por favor si puede quitarse la bota.

Ami acerca su pie para bajar el cierre, pero le duele el esfuerzo. — ¡Auch! —Estira de nuevo, resopla. Pero inhala de nuevo, como tragando un suspiro, Nappa toma su pie, baja muy delicadamente el cierre.

— ¿Así? ¿Duele mucho? —Nappa le consulta, ella niega con la cabeza. Quita el calzado, su pie se había inflamado. Muy despacio quita la media, la piel es tan blanca, parece una muñeca de porcelana. Pero no fría, sino suave y delicada. Sacude el hilo de sus pensamientos.

La mano del hombre es enorme, pero la acaba de tocar con tanta delicadeza, como si ella estuviera hecha de vidrio. Sintió el calor de la yema de sus dedos en su tobillo, pudo sentir que los escalofríos subían por su pierna. Desvía la mirada, a un punto en el rincón de la sala donde la atendían.

—Parece un esguince moderado. —Nappa mira con atención. — No parece haber signos de una fractura, al menos a simple vista.

Ami lo escucha, frunce el ceño ¿Cómo puede saber algo así sólo con la mirada? Él no es un Doctor, justo que iba a comentar algo, el Doctor los interrumpe.

—Cierto, pero por rutina, haremos la radiografía. —Mira la ficha. —Oh, Doctora Mizuno. Jejeje, guapa e inteligente. —Se ríe un poco, y se va, pudo notar el gesto enojado de Nappa.

Sí, todo resultó en un esguince moderado, debe hacer reposo por una semana y cinco días con el pie levantado, sin apoyarlo en el suelo. Le dieron medicamentos para el dolor y la inflamación, también hielo para ayudar a recuperarse. De nuevo era cargada en brazos de Nappa a la casa de Mina. Ami estaba curiosa, nunca ha podido diagnosticar a alguien tan rápido en sus guardias como lo hizo él, sólo se confiaba al tener las radiografías a mano. —Fue impresionante… —Ami rompe el silencio. —Hasta a mí me cuesta saber a simple vista si es un esguince o fractura.

Nappa toca el botón del ascensor, no importa donde sea, él siempre toma las escaleras, pero ahora, mientras más rápido la deje descansar mejor. —En mi trabajo, con los paramédicos lo hacemos todo el tiempo. En caso de sacar a alguien, atrapado en un derrumbe o un accidente de tránsito. Debemos actuar rápido, pero también con cuidado.

—Oh… —Ami hace algo sin darse cuenta, se acaba de recostar contra el pecho de Nappa, cae en cuenta cuando empieza a sentir su perfume. El olor a su jabón, parece mentolado y cítrico… Es muy refrescante.

Nappa traga duro, seguro ella está cansada de que la cargue, sus brazos deben sentirse muy toscos o incómodos. —El Doctor Roshi, es mi traumatólogo, lo visito cuando tengo alguna lesión. Si él dijo que se recuperará…

—Pues parece que te vas a lesionar tú de tanto cargarme.

—Hmp, no lo creo. Usted no pesa nada, y quiero que se recupere lo más pronto posible.

—No, no me hables de "usted"… —Ami se acurruca, pero lo hace para ocultar su vergüenza, porque sabe que él lo hace porque lo trató con la punta del pie. —Per-Perdóname por el grito y el insulto…

Baja un poco la vista, le gusta sentirla tan pegada a su cuerpo, pero supone que lo hace para ocultar la pena por lo que hizo. —Señorita, no se pr- —Aclara su garganta. —No te preocupes, lo entiendo. —Ding, el ascensor se abre. —Perdóname a mí por ser tan…Bruto.

—Yo me siento como la bruta. —Ami suspira, le señala la entrada del piso de Mina. —Bájame, pongo la clave.

—No, no. Yo te cargo. —Se inclina, la deja poner la clave. —Te ayudaré en todo lo que pueda, así descansas y te recuperas lo más pronto posible. Déjame enmendarme.

Ami asiente, muy suave, cuando la deja en la cama, pudo sentir como le falta su calor, quería seguir sintiendo sus brazos, su agarre firme. Sacude ésos pensamientos, no sabe de dónde salen. Pero no puede negar que más que en la cama, quiere recostarse sobre su pecho.

Como si una parte de su cuerpo hubiera sido arrancada, así se siente Nappa, recién ahora pudo notar que su perfume femenino lo rodeaba, su aroma lo hace pensar en flores azules. La tibieza de su agarre aún se siente en sus pectorales.

Le pide que le pase la ropa para cambiarse y así dormir. —Gracias. —Ami le sonríe.

—De nada. —Nappa sale hasta el marco de la puerta, así le da privacidad. No quiere irse, quizás es porque se preocupa por ella. —Vendré mañana a ayudarla. —Ella le levanta la vista. —A ayudarte, vendré a ayudarte.

—Ami, mi nombre es Ami…Nappa. —Le sonríe brillante.

—Ami… Hasta mañana. —Nappa se despide, camina como si un nudo estuviera en su pecho. Cuando sale a la calle, exhala fuerte, el nudo se desata. — ¿Qué? ¿Qué es esto? —Frunce el ceño, siente que una ola de calor lo está por hacer sudar. Mira sus manos, ahí recuerda que se olvidó sus guantes en casa de Vegeta. Mira su teléfono, y estalla de mensajes y llamadas perdidas. En su desesperación, se fueron sin decir nada más. Otra llamada entra al teléfono, es Vegeta. No sabe de dónde viene ésta agitación, pero respira varias veces, bien fuerte, empieza a caminar y responde la llamada.

Ami escucha la puerta cerrarse, después de que le dijo hasta mañana. Exhala tan fuerte que le bajan los hombros. Se derriba en las almohadas, rebotando un poco. Se toca el pecho, su corazón está acelerado. Piensa que es por los nervios de toda ésta situación incómoda. Su teléfono suena, lo busca entre su saco. —Hola…

—¡Hola Ami! ¡Ya estás en casa! —Mina y las demás gritan casi rompiendo los parlantes de su teléfono. Cuando los vieron irse, quedaron consternados, tampoco supieron donde se fueron y quedaron esperando noticias, junto a sus novios, que le aseguraban que si Nappa quería ayudarla, no había peligro.

— ¡Dame eso! —Serena le quita el teléfono. — ¡¿Cómo no nos contestas el teléfono maldita desconsiderada?!

— ¡Ay Serena! ¡Me estaban atendiendo! —Ami le grita, aunque entiende su preocupación. — Ya estoy en casa de Mina, estoy bien debo hacer reposo. Nappa me ayudo… —Su tono se endulza, le hubiera gustado que nada de esto pasara tan fugaz como lo sintió.

— ¡Ya mismo vamos para allá! —Mina le afirma.

—Sshhh, no griten… —Broly les hace señas con las manos, de que están intentando dar con Nappa.

—Hola Nappa ¿Qué pasó? —Vegeta le habla.

—Está todo bien. —Contesta Nappa en el teléfono. —Es un esguince, le pedí disculpas, la ayudé y quiero que se recupere pronto.

Serena le preguntaba a Ami. —Ami ¿Segura que no quieres que vayamos?

Ami fruncía los labios. —No, quiero dormir, ahora me estoy cambiando. —Estaba sentada en la cama, acomodaba un almohadón debajo de su pie. —Creo que fue demasiado pronto para socializar. —Resopla como un caballo. —Estaba alterada, le pedí disculpas por ser tan grosera. —Se acuesta, pero deja su abrigo cerca, el aroma relajante de Nappa se pegó en él. Sospecha que puede ser la época navideña, lo que hace que le guste tanto éste olor amaderado y fresco.

Vegeta sigue indagando. — ¿Y…? ¿Quedaron en buenos términos?

Nappa se sube a su transporte. —Sí, quedó todo saldado. Voy a ayudarla, no quiero que piense que soy un bruto o algo así. Ella es buena persona.

—Aaah…—Vegeta dice con tono irónico, en especial por el tono de Nappa.

—Grrr… No es lo que crees, en verdad es buena persona. —El silencio acusador de Vegeta se escucha, ya se lo imagina haciendo caras. —Hasta luego Vegeta. —Corta en seco, apoya su codo en el costado de la ventanilla, se frota la sien y baja por su mejilla, por su nariz. El perfume de Ami se le ha pegado, huele sus dedos, recuerda su cabello. En especial ésos ojos azules, que brillaban como su sonrisa al despedirlo. Toca sus labios y recuerda la boca de Ami suspirando contra su pecho.

Duele, su pie da punzadas a cada paso. Es casi un dolor eléctrico cuando intenta acelerar, pero intentan escapar, no sabe en qué momento se perdió en éste enorme bosque, de un momento a otro la noche había llegado y la copa frondosa de los árboles dejaban todo en la máxima oscuridad. El barro hace pesar su huida y las ramas secas la lastiman. Lamentablemente no sólo los sonidos de su respiración agitada la delatan. Se esconde inútilmente detrás de un árbol. El vaho sale de su boca, la garganta le duele de tanto estar expuesta al frío. Las lágrimas corren como cascadas, no hay manera de que pueda salvarse. Toma carrera de nuevo, pero no hace ni diez metros y cae en seco, ya no puede levantarse.

Se queja del dolor, de pronto queda paralizada, siente los pasos pesados de la bestia que la seguía. Con temblores puede ver la enorme figura de un oso de ojos brillantes, en un instante está sobre ella dejándola fija contra el suelo.

— ¡No! ¡Aléjate! ¡Aaah! —Grita cuando con una garra la deja vestida en harapos. —No, te lo ruego, por favor. —Solloza desesperada. Se le eriza la piel al sentir sus garras recorriendo su figura.

—Grrr… Ami. —La bestia murmura con la respiración caliente.

—Por favor Nappa, no lo hagas. —Ami ruega, se siente vulnerable ante su fuerza, está rodeada por el aliento que sale de su boca. De pronto lo tiene frente a frente, mirándola a los ojos, acercando su boca. Parece que va a besarla, en cambio, lame sus ojos. La lengua es tan grande, escurre saliva como un perro. Cierra los ojos, hace gesto de asco. Pero es mucho más agradable el calor que él transmite, que el suelo lodoso y helado sobre el que está acostada. Su respiración vuelve a acelerar, su corazón late fuerte por el pánico. Presiona los dientes, siente su lengua y el filo de sus dientes sobre el cuello. Con otro tirón de sus ropas, queda con los pechos descubiertos, el frío hace que sus pezones estén tan duros que duele. —¡Mmm! —Nappa lame sus pechos, tira sus puntas endurecidas entre sus dientes. Presiona su boca contra sus labios, técnicamente mordiéndoselos. Sus rodillas tiemblan cuando lo ve irse a su entrepierna. — ¡No!

La abre de piernas y levanta su pelvis hasta su boca. —Ya no puedo esperar más. — Sale casi como un gruñido y lame completa su vagina, la envuelve completa con su boca.

—¡Oh Dios! ¡AH! —Ami convulsiona entre sus manos, a merced de ésa lengua enorme que da giros dentro de ella, de sus dedos ásperos, que presionan su clítoris al punto del dolor. — ¡Ya basta!—Grita con rabia, lo ve alejarse dejando una cortina de saliva entre su boca y su centro. Es tanta, que puede sentir cómo escurre de su orificio. Nappa se toma una pausa, una pausa que la hace tener otro pico de pánico. Ami niega con la cabeza, intenta defenderse con sus puños o con patadas. Pero es inútil, el enorme cuerpo de éste hombre la inmoviliza, con fuerza le sostiene las manos por arriba de su cabeza. Y como una especie de acero caliente, su miembro entra en ella, quitándole el aire, quitándole la fuerza para luchar. Ahoga el llanto y los sollozos en la garganta cuando empieza las arremetidas. Cada empuje salvaje, desarma su cuerpo. Se escuchan los fluidos en cada choque de sus pelvis unidas.

El rostro de Ami está a la altura de sus pectorales, son tan grandes, ahora no sólo escucha los gruñidos y los jadeos animales de Nappa, escucha el pecho del hombre, bombeando duro, como si su corazón fuera tan grande como él. Ella misma empieza a sentirse como una pulsación sola, se siente como un solo órgano, una sola vena que late, transportando cantidades masivas de sangre. Toda ésa sangre se acumula en un punto, intenta respirar, se ahoga en ésta ola que parece estar por salir entre sus piernas. Ahora jadean al unísono, todo se acelera, se hace borroso, se siente caer a un precipicio. El orgasmo es inevitable.

— ¡Es demasiado! ¡Demasiado rápido! ¡Ah, ah! ¡Por favor! ¡NAPPA! —Pega un salto, abre los ojos del susto. Está boca abajo, tenía la cara enterrada en su saco nuevo, siente que recupera el aire, como si se hubiera estado ahogando sola. Lo olfatea algo discreta, le echa la culpa al olor de Nappa por haberle hecho tener ése sueño. —Au, Au… —Con cuidado se mueve boca arriba, movió su pie y le duele. Se sienta, toma su saco y lo arroja en un rincón de la habitación, como el culpable de todo. Pero parpadea, mira la ventana, el sol está en un punto alto. — ¡Imposible! —Toma su teléfono, mira el reloj en la mesita de noche. Jadea hacia afuera, ha dormido diez horas. Mira los mensajes de las chicas, en especial el de Mina.

De: Mina

Hola Ami, buenos días. Hoy teníamos que ir a recibir a los proveedores. Cuando llegué estabas dormida. Y por la mañana, parecías por el séptimo sueño. Escríbeme si necesitas algo, iré con las chicas apenas armemos los itinerarios de la semana.

Abre el mensaje de Serena…

De: Serena

Ami, descansa tranquila. Nosotras iremos a ayudarte a la hora del té (con pasteles por supuesto (✿ *‿*)) Tómate tu tiempo, siempre te lo digo ¡No todo es trabajar y estudiar!

Larga unas risitas, cree que están exagerando, pero también, ella nunca se ha recordado tan fuera de su centro y tan vulnerable, menos enojarse así e insultar en casa ajena a nadie. Es como haber tenido la cabeza llena de humo y de pronto, ver claramente y enfrentarse a las consecuencias. Se estira, no está para nada tensa, al menos físicamente. Es extraño se siente demasiado bien. Y ahí lo nota, ahí siente algo raro, levanta las sábanas. Está incrédula y llena de vergüenza. —"¡Ay no, le oriné la cama a Mina!" — Toca un poco y no, no huele a orina, es viscoso, transparente. Exhala fuerte, queda con la boca abierta. — ¿Tuve un sueño mojado?—Traga duro, niega con la cabeza. Da un salto del susto al escuchar el timbre. — ¡Ya voy! Auch, Auch… —Mira la hora y sería bueno tomar su medicina, pero también sería bueno comer antes. Se cambia rápido, en especial el pantalón de pijamas, se pone el saco que había arrojado. Tironea las sábanas y suspira de alivio al ver que el colchón se ha salvado. Deja todo bien tapado y da saltitos hasta la puerta. Escucha de nuevo el timbre. —¡Ya va! —Se lava la cara rápido y se acomoda el cabello.

En lo único que pudo pensar Nappa desde que se levantó, es si Ami necesitaría ayuda para moverse. Era una suerte que su rutina fuera tan repetitiva, ya que hacía todo en automático. Entraba a su casa, atendía a sus plantas. —"Anoche no nevó, y parece que no tendré que limpiar la entrada…" —Golpetea los dedos en su teléfono, qué lástima que no le pidió el teléfono. No quiere pedírselo a la mujer de Vegeta ni Bardock, le parece un poco grosero. Quiere que ella se lo dé. —Bueno, le dije que la iba a ayudar en todo… —Se cruza de brazos, se apoya en la barra de la cocina, ahí está el limonero. Lo mira de lado, levantando una ceja, como si le pidiera su opinión.

Creyó que era bueno ir cerca del mediodía, le llevaba algo para preparar el almuerzo. No es que él esperara que lo invite a almorzar, pero no quería que a ella se le ocurriera pararse para cocinar. —"Además la comida casera es lo mejor."—Mira las escaleras, mira el ascensor. Como rutina diaria, los bomberos siempre usan las escaleras. Mira el reloj. —"Se hará tarde para el almuerzo… Y no sé si le gustará lo que llevo para cocinar, y si debo salir a comprar otra cosa." —Su fuero interno se decide por el ascensor. La puerta está por cerrarse, una señora en bastón, camina lento tratando de llegar. Detiene el cierre de la puerta con una mano. — Señora, venga tranquila. Yo la ayudo. —Sostiene la puerta con una mano, e intenta asistirla con la otra.

La anciana acomoda sus lentes para ver bien. — ¡No, para nada! ¡No se preocupe! ¡Espero el siguiente ascensor! —Mira las escaleras. —Voy por las escaleras. —La Señora quiere negarse, pero ante la insistencia del gigante, acepta. Queda dura como una estatua de piedra, lo espía con un ojo, el tipo da miedo. Se ve serio pensando, tanto que, el aire se vicia de un aura pesada. Empieza a escuchar los gruñidos de la fiera.

—"¿Cómo hago para pedirle su número? —La mente de Nappa analiza. —No quiero que se sienta presionada ¿Es mejor si espero a que ella me lo dé por iniciativa propia? Pero… Puedo explicarle que es sólo porque quiero ayudarla con lo de su pie. Puede hasta bloquearme si quiere después." —Empieza a gruñir sin darse cuenta. Siente la campana del ascensor, deja a la Señora en su piso. Toca el timbre de la casa de Mina, espera… Quizás está dormida, los medicamentos que le dieron eran relajantes y des-inflamatorios. Ahora se preocupa un poco si estará sola, escucha movimiento.

— ¡Hola! —Ami abre y está con la vista a la altura de abdomen de Nappa. Parpadea grande por la sorpresa, levanta la vista.

—Buenos días. —Nappa aclara su garganta. "Ésa mirada azul se ve hermosa." —Perdón no sabía si—Sacude un poco la cabeza. — ¡Deberías estar en cama! —Le señala el pie.

—Oh, sí. Es que si no, nadie te hubiera abierto la puerta, estoy sola ¡Ah!

La levanta en sus brazos de nuevo. —Tienes razón, perdóname, no lo pensé bien. —Nappa rechista duro. —Nunca pienso bien las cosas, soy un bruto. —Se regaña.

Ami lo escucha, pone una mano en su pecho. —No, perdóname a mí. No pienses ésas cosas de ti mismo. —Lo dice con una sonrisa, de pronto ve que van a la habitación. —"¡No! ¡Todavía no cambié las sábanas!" —Abre los ojos en pánico. — ¡No, la habitación no!

Nappa se detiene en seco. Por Dios, qué va a creer la mujer de él, que vino a aprovecharse de ella. —Es sólo para que descanses. No tengo intenciones raras o—La ve nerviosa, quiere hacerle saber que él no es un degenerado.

—Eh, sí, descansé mucho. —Ami está asustada, no quiere que él vea la evidencia de lo que soñó anoche. —Lo que quiero decir es, estoy harta de estar en la cama. Me gustaría estar en el sillón, recostada, ponerme hielo…

Nappa asiente. —Sí, correcto. —Se la lleva de nuevo a la sala, la deja en el sillón largo frente a la televisión. Le pone una almohada, y un almohadón para su pie. — ¿Ya te cambiaste el vendaje? Yo traje, a veces uso las bandas neuromusculares, pero también traje vendas comunes.

Lo ve hurgar en las bolsas que se trajo. —Trajiste de comer… —Ami comenta señalando una de las bolsas.

Nappa aclara su garganta. —Traje para cocinar, pero no sé si te gusta. Traje para hacer ensalada de pavo Teriyaki.

—Hm, sí me gusta. Jaja. Desde que me había ido de Japón, no probaba la comida casera. La extrañaba tanto, que hasta lo que me ha cocinado Mina, me ha encantado.

—Broly me asegura que ha mejorado mucho, a cuando recién se conocieron.

—Sí, es increíble. —Ami se está por reír de nuevo, pero su estómago gruñe furioso. Traga saliva y se da cuenta del apetito voraz que se la ha despertado. —R-Recién me levanto, no he comido nada… —Le da pena ¿Qué pensará de ella al saber que se levanta tan tarde?

—Ya me pongo a cocinar. —Nappa está feliz de saber que lo que trajo es de su paladar. —Primero veamos el pie… —Le pide permiso, lo desenvuelve y está inflamado, un poco rojo, pero nada grave, aun no pasaron ni 24 horas del incidente.

De nuevo sus dedos gruesos, tocándola tan delicadamente. Las imágenes de su sueño vuelven a ella, lo compara con la realidad y no, no tienen nada que ver ¿Habrá sido un castigo divino por haberlo visto como una bestia al igual que los novios de sus amigas?

La siente en silencio, mirando muy fijo lo que hace. Trata de concentrarse, así no la daña sin querer por algún toque brusco. Su piel, es tan blanca y suave, le recuerda a la crema. Se imagina que es una crema dulce, fresca ¿Se le está haciendo agua la boca? Frunce el ceño, no quiere que piense que hace todo esto para propasarse. —Podemos probar con las vendas que te decía… —Saca un par y las prepara para ponerlas. Las venas de Ami resaltan en su pie, puede sentir su pulso mientras pega las cintas con la punta de sus dedos, apenas haciendo presión.

Las venas de su pie están inflamadas, sensibles a su toque. Mira fijamente el recorrido de sus dedos en su pie, es tan metódico y suave. Puede sentir su respiración acelerarse, al verlo revisar cada ángulo de su pie desnudo en sus manos. Pega las cintas, hay un poco más de contacto y presión. Una especie de energía se dispara, culmina en su clítoris y sus pezones. —Mmh…—Ami se muerde la lengua de inmediato ¡¿Qué mierda fue eso?!

—Oh, lo siento, debo dejarlas ajustadas. —Nappa cree que fue una expresión de dolor. — ¿Así? ¿Qué tal? —Parpadea al verla tapándose la boca.

Ami quita la mano de su boca. —Oh, sí… Se siente mejor. —Disimula, frota sus mejillas, esperando que no se hayan ruborizado.

—Si prefieres las otras vendas. —Nappa le ofrece, pero ella dice que está bien. Le pide permiso para buscar hielo, le trae varias compresas. —Bien, voy a cocinar ¿Prefieres comer antes de las medicinas?

—Sí, primero es mejor comer ¡Oh, oh! ¡Auuu! —Ami infla sus mejillas al sentir el hielo, resopla como un caballo. Lo ve disculparse. —Está bien gracias, Jaja es normal.

Si no le parecía adorable cuando sonreía, verla con las mejillas infladas y resoplando le aceleraron el corazón, siente la cara ardiendo. La deja con el hielo y huye a cocinar.

Ami intenta distraerse, busca el control remoto, pone algo de música en la radio del televisor. Ahora sólo se escucha a Nappa removiendo cosas, y cada tanto se asoma y pregunta si puede usar algún ingrediente u olla de la cocina. Ella le dice que sí, que no hay problemas. Ami se imagina el lío que debe estar haciendo, y cómo explicarle a Mina que va a tener que limpiar. Le daría pena decirle a Nappa que, además de cocinar, tiene que asear todo. De pronto le da pena haberlo recibido así, con pantalones de algodón, descalza y sin brasier. Se cubre bien con el saco. —"Hm, tampoco tengo tantos pechos que mostrar." —Hace un puchero. —"Mierda, ni siquiera estoy peinada."—Busca el teléfono para verse en el reflejo.

Temía que le quedara muy picante, así que modera la pimienta y la sal. Por las dudas, puede echarle cada quien en su plato. Iba limpiando, a medida que iba desocupando todo. Algo que le enseñaron en el Ejército y que valoró toda su vida, ha sido la pulcritud en los quehaceres del hogar. Todos los días, era limpiar la cocina, los baños, tener la cama hecha… Trataba de recordar ésos tiempo, para quitarse las ideas raras, mejor dicho, para quitarse éste sentimiento extraño que lo pone tan nervioso.

Comían en silencio, cuando uno volteaba a la ventana, o algún punto en la sala, que no fuera quien tenían al lado; el otro lo miraba de reojo. Para los dos era un silencio extraño, no era incómodo, pero tampoco sabían de qué hablar. Ami sólo abría la boca para pedirle la sal o la pimienta, pero luego se quedaban en total silencio.

Ami termina de comer, bebe su soda. Siente que hace ratos no come así, a gusto, sin sentir sus entrañas rechazando el bocado. Toma sus medicinas, ve a Nappa juntando los platos. —Ay no, déjalos aquí…Yo después veo cómo limpio.

—Para nada. —Nappa frunce el ceño. —Sólo quedan nuestros platos, ya limpié lo demás. —Se acerca con la mirada ennegrecida. —No se te ocurra hacer esfuerzo.

Ami quedó chiquita ante lo que parecía un gesto amable, pero dicho de manera amenazante e intimidante. —Sí. Gracias. —Lo veía en la cocina de espaldas, ella estiraba el cuello, podía notar que estaba lavando y secando todo.

Siente que lo espían, se detiene y voltea sobre su hombro. La hizo pegar un salto y esconderse. Cree que le da miedo, por ése comentario de que parece un horrendo Gorila. Se mira un poco en el reflejo de plato y por primera vez le gustaría ser un poquito diferente. De un plumazo, ésas tontas ideas y ésa sensación extraña se borran, porque una mujer como ella, jamás querría estar con alguien como él. Se resigna y es mejor, hasta se siente más tranquilo.

Ami está sorprendida, él no es lo que se imaginaba. Hasta lo ve traer ensalada de frutas de postre. —Ay, gracias… Por favor, has hecho demasiado, de verdad. —Se cubre la cara y niega con la cabeza.

Nappa se sienta junto a ella, se ríe al verla ruborizada. —Ya te dije, éste horrendo Gorila quiere enmendarse por casi romperte un pie. —Lo dice sin pensarlo ni un segundo.

Ami queda fría, una ola de culpa y vergüenza la atraviesan como una enorme lanza. Baja su vaso con ensalada y baja la vista. —Lo siento. No sabía que escuchaste eso y…—Muerde el interior de su mejilla, siente que va a llorar. —Y sé que no hay justificación para lo que hice, pero… Te juro que no soy así. Creo que, estoy pasando por tan mal momento que, no puedo controlar bien mis emociones y exagero ante la primera tontería.

Estira la mano, no le ve los ojos, pero puede escucharla al borde del llanto y de verdad afligida. Pero baja la mano, no se anima a tocarla. —Ya, no hay problemas. Dijiste la verdad… —Le da consuelo. —Acepto tus disculpas, si aceptas que yo te ayude mientras te recuperas.

Ami frota sus ojos y le asiente con una mueca de sonrisa. Quiere decirle que no es así, que no es un horrendo gorila, pero le da pena. Luego recuerda. —Oh, debería darte mi número… —Busca su teléfono, no quiere dejarlo parado afuera. —Así me avisas y nos organizamos mejor. Jaja, ésta es casa de Mina después de todo. —Intercambian contactos.

Nappa choca los cinco consigo mismo en su mente, agenda su número. Siguen comiendo la ensalada de frutas. —No te preocupes, sólo enviaré mensajes para lo necesario y en horarios decentes.

—Jajaja, sí. Tampoco te preocupes por mí, solo te enviaré mensajes por algo importante. Soy muy aburrida en verdad. —Mira alrededor. —Lo habrás notado estando aquí, te habré aburrido muchísimo.

—No creo que seas aburrida. En la "casi cena" de ayer hablaste mucho, se notaba que te gusta hablar de tu trabajo y tus estudios.

—Hm, es porque Mina me picaba con preguntas todo el tiempo. Ahora que lo pienso, todo el parloteo fue de ella.

—Eres Doctora, eres inteligente, bonita ¿Quién se aburriría de ti? —Nappa la mira a los ojos por una respuesta. —En cambio yo... —"Además de feo, aburrido." Piensa para sus adentros.

Ami se ríe, se tapa la boca coqueta. Le gustó que le dijera Bonita. Deja su vaso vacío, toma el de Nappa, en un intento un poco tonto de "hacer su parte en el orden". Deja todo de lado, y sin estar consciente, Ami le había dejado una mano sobre la suya. Aprieta un poco sus minúsculos dedos, sobre ésa mano gigante. —No me has aburrido ni un segundo, Nappa… —Dice exactamente lo que piensa y siente. Se queda esperando una reacción, de ésos ojos tan negros como el bosque en su sueño.

De nuevo ésos ojos azules están sobre él, pegados a su mirada. Hay anhelo, por primera vez siente que es mutuo. Y es tan visible que, mientras se acercan, ésa emoción es cada vez más palpable. Se inclina un poco, ella levanta la cabeza para alcanzarlo, se inclina un poco más bajando la cabeza. Los labios de Ami se tocan con los suyos.

Un beso, un beso que parece pequeño, y que sólo mantiene la boca del otro calmando las ansias. Los latidos de Ami son tan estruendosos, que parecen hacer estallar sus oídos. Él no la toca, ella tampoco. Sólo en sus bocas y alrededor de sus labios hacen contacto. No lo mueven más que para abrirlos y acoplar bien sus rostros. Nappa se aleja. Ami pestañea, quiere más. — ¿Eso fue un beso?— Pregunta, con una idea traviesa en su mente.

—Sí. —Nappa musita apenas audible, respira agitado. El sabor frutal de la boca de la mujer, lo hace querer mucho más.

—Quiero otro… Para estar segura. —Ami se aferra al pecho de su camisa, él la abraza. La posición es incómoda. Pero Nappa la acomoda sobre él, dejando las piernas de lado y su pie en horizontal. Se sorprende, hizo todo esto con tanta agilidad. Se relame, quiere probar la agilidad de su boca. Con la mirada entreabierta, vuelven a iniciar el beso, abren sus labios, degustan los sabores frutales y un poco de canela que espolvoreaba el postre. No sólo Nappa le quitaba el aire, ella también. Las succiones de sus labios resuenan, se sienten tan bien.

...

Jajaja lo sé, los dejé en otro cliffhanger NappAmi, ésta semana estuve telible XD ¡Hasta el Próximo Domingo!

Saluditos…

JA. LanMing: me imagino tu cara estilo ¡Daaamn! Pero sí, siempre advierto, esto no es lemon, es smut, y aquí vas a entender la diferencia. Es obsceno y explícito, erótico es el juego previo, así para mojarte rico y luego pum! En toda tu cara. Es como ir un paso más y mostrar que el sexo realista puede ser tan bueno como uno quiera. Yo entrego carne desde el cap 1, así que a gozar mi ciela, cierra las cortinas ¬¬.

Nita-chan84: No pues, parece que todo salió bien, a ver si avanzan en el próximo cap, y se entregan a la zabrozura. Muchas gracias! Qué bueno que te alegre, los especiales son como un recreo para mí, la comedia me sale casi sola; pero no tanto como toda la zabrozura que me exuda ;)

DesertRose000: ¡Aaaaaaahhh! *Gritos_de_fangirl chuuuulaaa, como extrañaba tus rws, espero que te guste, le des una probadita, aunque tú ya estás instruida en el NappAmi. Así que vienes a probar y juzgar *no_soy_digna. Cada vez que me dicen que se les hace tierno NappAmi, yo sólo pienso en el meme del hámster y la banana, jajjaj sí soy…

OhaioIzumikun: Nappa, tiene su encanto, es el Betty la fea aquí, hay que darle unos embecelledores a Ami y que le entre al mostrete, Jajaja. Sino yo le entro al viejo zabrozo, cuando quiera. Aunque aquí ya le entraron al beso y sin inspirador. Uno suele sentirse muy solo, después de estar luchando para conseguir un puesto soñado. Pero es necesario, alguien que nos de aliento o su cariño cuando nos va mal. Creo que por eso es importante el Hogar, ése lugar donde está la gente que uno más confía.

Alexandraaa417: Jejeje ¿Primera vez? Ufff y además empiezas con NappAmi, te debe gustar el peligro. Por eso advierto que yo escribo Smut no Lemon y bueno, se "lee" la diferencia XD. Mi ciela, espero te guste y seguir leyendo tus rws y por cualquier crítica que quieras hacer. Estoy hace apenas un año y no puedo creer hasta dónde he caído con mi mente perversa y cuantos he corrompido, Ahora tomaré tu alma para el Dios de la zabrozura :v Ya no tienes salvación, ni lavándote los ojos con agua bendita te salvará, Jajaja.