La pequeña ciudad de Konoha tenía muchos misterios. ¿Por qué las formaciones rocosas que abundaban allí parecían tener caras? ¿Por qué se decidió construir la ciudad en un valle? ¿Por qué se decidió que las fuerzas militares tuvieran una sede ahí, en una ciudad alejada de la mano de Dios? Pero prácticamente ninguno de sus habitantes se planteaba esas cuestiones, vivían el momento sin pararse a pensar en por qué pasaban algunas cosas. Vivir así les hacía mucho bien porque los problemas del pasado se quedaban, precisamente, ahí, en tiempos pretéritos. Y todos tenían sus propias preguntas sobre el pasado, aunque casi nadie vivía cuestionándose por qué las cosas habían sido así y no de otra forma.
Todos, salvo Naruto Uzumaki, que se encontraba en una cafetería tomándose un chocolate caliente para combatir el frío propio del invierno nipón. Él era la única persona que sí que vivía anclada en un pasado que, sin duda alguna, para él era mucho mejor. Vivía pensando en por qué nada le salía bien: estaba atascado en un trabajo que le forzaba a hacer turnos casi extenuantes, sus amigos estaban absolutamente todos emparejados y felices, algunos hasta con hijos; mientras que él sólo había mantenido una relación que acabó por romper la armonía en el grupo. La mayoría del grupo se puso de parte de Hinata y solo los más allegados a él se colocaron a su lado, pero si era totalmente sincero, ya ni recordaba el por qué todo se quebró de una forma prácticamente irreparable, él tan solo recordaba unas palabras que terminaron de hundirle por completo y que le borraron aquella sonrisa por la que se le conocía.
"Conocerte y amarte han sido los mayores errores de mi vida."
Desde ese mismo instante, se prometió dos cosas a sí mismo: que nunca volvería a dejar entrar nadie de una forma tan profunda en su vida y que se daría el tiempo necesario para conocerse a sí mismo. Y lo hizo.
Renunciar al amor fue la parte fácil de todo: nunca había sido un chico que hubiera atraído a las mujeres ni con un historial amoroso extenso; en realidad era todo lo contrario: una vez amó a su mejor amiga, Sakura, pero ella amaba a su mejor amigo, Sasuke. Y luego había estado su amor verdadero, Hinata Hyuga, aquella con la que había vivido un romance tórrido e intenso que le destrozó por completo cuando se acabó. Empezó a evitar cualquier lugar que hubiera frecuentado con ella, o bien que ella fuese habitualmente, lo cual era complicado porque Konoha era una ciudad modesta. Hasta ese día había tenido éxito en su intención de no ver jamás a Hinata.
Esa cafetería era uno de sus lugares favoritos porque estaba tan a las afueras de la ciudad que las posibilidades de cruzarse con Hinata era mínimas, puesto que ella solía frecuentar otras zonas más céntricas.
Pero mínimas no siginifica "posibilidad cero".
Porque en ese instante sonó la campana de la puerta, indicando la entrada de un nuevo cliente a aquel local. El rubio ni siquiera levantó la cabeza, estaba más atento a su bebida caliente y a los dulces que estaba comiendo que a todo lo que le rodeaba. Era un hábito que había adquirido tras la ruptura: centrarse más en sí mismo que en lo que le rodeaba, era una forma de autoprotegerse.
— Cuánto tiempo sin verte, Naruto...
La voz de Hinata hizo que se le pusieran los pelos de punta, llevaba tanto tiempo sin oírla que pensaba que había sido producto de su imaginación, pero el verla acercarse activó todas sus defensas de forma automática.
— No ha sido el suficiente, esperaba no volver a verte más. — dijo Naruto, sin un ápice de delicadeza.
A Hinata le dolió el desdén con el que la trataba Naruto, pero no se lo podía reprochar, después de todo, fue ella la que le hirió de tal manera que hizo que se encontrara en este momento, despreciándola. Hizo caso omiso e intentó sentarse con él, idea que no fue bien recibida por el rubio.
— ¿Te he dicho que te puedes sentar aquí?
— No, pero pensaba que... — intentó replicar Hinata, siendo interrumpida por Naruto.
— ¿Qué pensabas? — dijo Naruto, con toda la ira contenida del paso del tiempo. — ¿Que iba a recibir con los brazos abiertos a una persona que dijo de mí que había sido "el mayor error de su vida"? ¿Que iba a estar contento de volver a ver a la persona que me destrozó por completo? ¿Que te iba a aceptar de nuevo en mi vida como si no tuviera una pizca de amor propio? No, Hinata, te pido que te vayas por donde has venido y que te olvides de que una vez me conociste, tú que puedes hacerlo.
Una lágrima cayó por el rostro de Hinata, cosa que Naruto vio a la perfección, pero a él le daba igual. Ya no tenía las ganas de hacerla sentirse mejor ni de consolarla mínimamente, tan solo tenía la necesidad de devolverle una mínima parte del daño que le había hecho en su momento. No se sintió feliz de haber conseguido su objetivo, pero sí que sintió cierto alivio al ver que le había dolido el desplante que le había hecho.
— Te he estado buscando todo este tiempo... Pero simplemente parecía que te habías desvanecido... — dijo Hinata, entristecida por el trato que le daba Naruto.
— Y, por desgracia para ti, me has encontrado... — Naruto tenía tan interiorizado aquellas palabras que, simplemente, asumió que eran ciertas y se dedicaba a evitarla a toda costa. — ¿Qué pasa, necesitas restregarme lo feliz que eres ahora que no estás conmigo?
Hinata estaba en shock. Lo que ella había provocado en Naruto había sido devastador, había cambiado por completo su personalidad y le hacía ser una persona más huraña y tosca. Había vuelto a la oscuridad de la que ella misma le sacó tras el rechazo de Sakura, aunque ella podía ver que la actitud que mostraba Naruto era aún peor que la que tuvo en ese momento. Ella misma se dió cuenta de que nadie, jamás, podría hacerle tanto daño como ella le hizo.
— No sabes cuánto lamento lo que pasó aquel día... — musitó Hinata, en un tono de voz que sólo él podía oír. — Yo... — Hinata no sabía como empezar la charla que debieron tener en su momento, la que podría haber evitado que estuvieran en ese momento. — No sé por qué reaccioné como lo hice, Naruto...
Hinata intentó agarrar la mano de Naruto en un gesto de complicidad, tanteando al rubio y viendo si con un perdón sincero podía arreglar algo. Pero él, simplemente, apartó la mano con rapidez y se cruzó de brazos, marcando una clara distancia, no solo física, sino también emocional con su ex.
— Sabes que estaba sometida a mucha presión, Naruto... — intentó argumentar Hinata. Naruto bufó, pero dejó que siguiera hablando. Al menos le concedía la posibilidad de escuchar sus argumentos. — Era una época personal malísima, mi padre estaba con cuidados paliativos por su enfermedad, Hanabi estaba con depresión y yo tenía que hacerme la fuerte, intentando mantener a flote la familia. Por si fuera poco, tenía que hacer frente a la devolución de la beca y no tenía trabajo y todo lo que había era muy precario... Estaba totalmente desesperada, no sabía qué hacer para salir adelante, nadie parecía poder ayudarme en nada.
Naruto hizo memoria y recordaba que, un par de meses antes de su quiebre, Hinata estaba cada vez más malhumorada, arisca, no hablaba con él, y cuando lo hacía, era a gritos. Era cierto que igual no había interpretado bien las señales que estaba dando ella, pero él tampoco tenía culpa de absolutamente nada de lo que ella padecía.
— ¿Por qué tuviste que pagarlo conmigo? — reclamó Naruto, sin entender a dónde llevaba todo aquello. — Yo te hubiera ayudado encantado de la vida, pero te encerraste en tu dolor y no me dijiste nada. ¡No confiaste en mí como para comentarme que lo estabas pasando mal! Y no solo no me contaste nada, sino que encima me atormentaste haciéndome creer que todo era culpa mía.
No sólo no estaba solucionando nada, sino que cada palabra que Hinata decía alejaba la posibilidad de retomar, aunque fuese, una amistad. Hinata comenzaba a creer de verdad que aquello no tenía remedio.
— Contigo era feliz. Estaba bien, eras mi vía de escape a lo que tenía. — confesó Hinata, resignada. — ¿Cómo iba a contarte que mi vida se desmoronaba sin que te afectara?
— Claro, y se supone que todo lo hiciste por protegerme, por cuidarme... — apostilló Naruto mientras contenía una risa sarcástica que amenazaba con salir. — A mí no me hubiera importado apoyarte de la forma que fuese, estar a tu lado cuidando a tu padre o apoyándote económicamente para que pudieras salir del bache cuanto antes. Hubiera hecho cualquier cosa, yo solo quería que tú fueses feliz a cualquier precio.
«Incluso a costa de perder mi propia felicidad y a mí mismo», pensó Naruto con amargura. Porque si era plenamente sincero con él mismo, estuvo bastante cansado de los continuos desplantes y cambios de humor de Hinata, si bien no conocía el por qué de esos vaivenes en su relación, pero él hubiera dado todo por ver de nuevo a Hinata sonreír. Y en lo más profundo de su corazón, en ese momento, seguía queriendo ver a Hinata sonriendo y siendo feliz, aunque no fuese con él.
— Ahora me doy cuenta de que ocultártelo todo fue lo que mató cualquier posibilidad de seguir...
— No, no fue eso. — la cortó Naruto de raíz. — Realmente me dolió que no confiases en mí y que no me dijeras lo que estabas sufriendo, como también lo hacía las constantes discusiones, me sentía muy confundido porque no sabía qué pasaba. Te preguntaba y volvías a estar normal, pero sabía que algo raro sucedía.
Naruto suspiró y miró hacia el techo. Esa era la conversación más larga que había tenido con Hinata y con cualquiera que no fuese Sasuke, Sakura y Shikamaru desde la ruptura, y para él estaba siendo algo liberador. El poder decirle libremente y sin problemas todo. Si hubiera sabido antes que encarándola hubiera solventado todo, se hubiera ahorrado todo el malestar acumulado durante esos meses.
— Lo que de verdad me dolió fueron dos cosas: que no te costara nada echarme de tu vida y que consideres que he sido el peor error de tu vida. — Naruto agachó la cabeza y fue bajando paulatinamente su tono de voz, aún le dolía hablar de todo aquello. — Yo lo hice lo mejor que pude para hacerte feliz, de lo único que me arrepiento es de no haber sabido leer nuestra situación real. Pero...
El silencio se hizo patente entre ellos. Ninguno sabía qué comentar al respecto: Naruto porque ya se había quitado esa losa de encima y Hinata porque no sabía qué decir. Ninguno de los dos negaría que seguía sintiendo algo muy fuerte por el otro, pero tampoco estaban preparados para revivir algo que les dejó muy tocados.
— Naruto, si te he estado buscando todo este tiempo no es para culpabilizarte de nada. Tú... — para Hinata tampoco era sencilla la situación. Se sentía como la única responsable de la ruptura, y en cierta forma lo era, por eso necesitaba explicarse bien. — Eras demasiado bueno para ser real, y estaba en un momento en el que solo pensaba en cuánto ibas a tardar en irte de mi lado, porque todo en mi vida estaba yendo a peor... Todo lo que dije eran estupideces, no lo pensaba de verdad, hablaba el agobio y el pesimismo por mí. Por supuesto que no fue un error conocerte y amarte como lo hago, y si alguna vez creíste en eso como lo hiciste con mi amor... Te pido perdón por todo, llevo arrepintiéndome de todo desde que saliste por la puerta de mi casa.
Naruto no supo cómo reaccionar ante esa confesión de Hinata, por una parte entendía que ella estaba pasándolo mal y que no era ella misma la que hablaba, sino todo lo que la rodeaba. Pero por otro lado, él no debía culpa de nada, por lo que no tenía que haberlo pagado con él; además, aunque no iba a negar que seguía sintiendo cosas por ella... El que hubiera reaccionado así contra él le había hecho ver que quizá se había preocupado demasiado por ella y poco por él. Pero lo menos que podía hacer por ella, era hacerle saber que aquella charla había sido productiva para ambos.
— Si lo que quieres es que te perdone, te perdono, creo que te he guardado rencor durante demasiado tiempo. — dijo Naruto, que en ese instante sintió como la carga emocional que sentía sobre sus hombros se había aliviado. Al final, no había mejor remedio que el perdón para los males que padecía. — Por lo que fuimos, creo que no mereces que te desprecie, por eso también te quiero pedir disculpas por cómo te traté cuando viniste a hablar conmigo.
Hinata sonrió. Veía cómo una pequeña ventana se abría de cara al futuro.
— Entonces...
— Sin embargo, creo que lo nuestro no volverá a ser, no por el momento. — sentenció de forma clara el rubio.
Hinata se quedó con cara de circunstancia, la puerta que se abrió con el perdón que le había proporcionado Naruto se había cerrado casi por completo. No negaba que pudiera pasar en el futuro, pero realmente le dolía saber que, en ese instante, el daño que le hizo era mayor que el amor que él sentía por ella. Y, sabiendo esto, no pudo evitar pensar que su error fue otro muy diferente al que ella le había dicho aquella vez.
— Gracias, Naruto. — dijo Hinata de forma sincera. — Si te sirve de algo... Mi mayor error no fue conocerte ni amarte como sigo haciéndolo... Fue intentar echarte y dejar que te fueras.
Hinata se levantó y salió por la puerta de la cafetería. De nuevo, el tintineo de la campana sonó, señalando la salida de ella. Naruto la siguió con la mirada, y cuando la perdió de vista, tomó su taza de chocolate y la degustó. Ya estaba frío. La dejó en la mesa, suspiró y miró hacia el techo, con un único pensamiento en mente.
— He hecho lo correcto, ¿verdad?
Si hay algo que me ha enseñado la vida, y créanme cuando digo que la vida me ha dado hostias hasta en el carnet de conducir... Es que el perdón es la mejor de las curas para los males que te hacen los demás.
Por mucho daño que te haya hecho una persona, perdonar es lo normal. Luego es decisión de cada uno si quiere retomar algo o no, pero el perdón no se le niega a nadie. Esa es mi opinión y lo que quiero reflejar en esta historia. No hay que guardar rencor a nadie, porque el rencor envenena el alma de uno mismo y hace que dejemos de ser nosotros mismos.
Y es que, a veces, tanto en las historias como en la vida misma, los finales felices no existen o no llegan tan fácilmente. ¡Nos vemos!
