El omegaverse sólo aplica a los demonios, pero se respetarán las personalidades propias de los personajes. El resto seguirá siendo igual.
Las dinámicas alfa-omega se irán explicando según avance la historia. Aunque menciono que fue necesario adaptar al omegaverse a la especie de los demonios, por lo que habrá cambios.
Esta historia comienza con Shinpachi.
No soy un espadachín, pero puedo ser tu espada.
"Las deudas son insostenibles, ni en mil años podrías pagarlas."
"No tienes nada que nos interese."
"Por favor, denme más tiempo... tengo un hijo, tengo un hijo."
La impotencia y la angustia lo carcomieron por dentro, no tuvo el coraje de seguir escuchando por más tiempo sin lastimarse así mismo. Y por su bien, salió en puntillas por la puerta trasera sin que nadie supiera de su presencia.
El padre los estaba hundiendo cada vez más y el negocio familiar caía en bancarrota.
Pero las cosas tomaron un giro inesperado cuando en la noche anterior Shinpachi lo encontró haciendo las maletas.
"Intentaré canjear esta ropa por algunas monedas." Explicó nervioso. Shinpachi supo que pronto lo abandonaría.
Su padre era un cobarde, pero por más que lo repitiera mil veces en su cabeza, no podía dejar de quererlo en el fondo de su corazón.
Las nubes grises en el cielo y el viento fresco del invierno fueron a penas un breve consuelo. El mundo se había vuelto irreconocible para él.
En la soledad, extrajo una espada oculta dentro de un árbol hueco y al contemplarla recordó cómo en el pasado su padre fue reconocido como un excelente espadachín, y sin embargo fue por tan corto tiempo que pareció un sueño.
"Debes ser fuerte hijo mío, algún día podrás heredar mi puesto."
Sí, un sueño tan lejano al igual que su padre. Retuvo las lágrimas con fuerza, prefería sentir rencor y no tristeza, prefería culparlo y no tenerle lástima.
Blandiendo su espada, se deslizó sobre la fina capa de nieve, reeplicando los movimientos de ataque que alguna vez pudo llegar a visualizar. Imaginando, sintiendo y escapando de su realidad.
Ante el inevitable provenir, Shinpachi se preparaba para comenzar una vida en soledad. Había estado ahorrando y tenía reservas de comida escondidas; su único objetivo era poder pagarse los estudios, entonces todo marcharía bien.
Al caer la noche regresó a la casa esperando a que la situación se hubiera calmado; pero de imprevisto su padre le informa que los cobradores regresarían una vez más para la cena, según decía estaban por llegar a un buen acuerdo y quería que todo saliera bien.
- Shin-boy...- Su padre lo llamó con cariño. - Las cosas pronto volverán a la normalidad, pero necesito que confíes en mi... ¡La solución de todo esto podría estar en alguno de nosotros!
- ¿¡De qué estás hablando, padre!? ¿Qué fue lo que te dijeron?- Preguntó desconfiado, nunca lo había visto tan esperanzado.
- Sólo una posibilidad y una muy simple, hijo mío. Están buscando voluntarios que tengan un tipo de sangre especial. Y necesito que estés dispuesto a realizarte el análisis conmigo. Si alguno de los dos da positivo, ¡nuestra deuda estará cubierta!
- Por favor... No quiero quedar involucrado en esto.- Intentó negarse, aunque en el fondo quería poder ayudar a su padre.- ¿Comprobaste la legalidad de esto? ¿Investigaste a la institución que lo promueve? ¿Será riesgoso para la salud? ¿cuánta cantidad necesitan con exactitud?
- ¡Basta, no quiero oir más! ¡No tenemos opción, te quiero aquí para la cena!
Shinpachi quería ser razonable y evitar más problemas, pero era inútil frente a la ceguera de su padre.
En silencio esperó el momento crucial frente a la entrada principal, mientras que su padre le dio una última advertencia silenciosa antes de recibir a los invitados.
Era la primera vez que Shinpachi vería las caras de estos hombres, pues siempre se mantuvo al margen escuchando a través de las paredes. Pero en cuanto traspasaron el umbral se sintió intimidado: hombres con sonrisas vacías, de ojos saltones y vidriosos, con pieles resecas y pegada a los huesos; destilaban olor a hospital.
Y tal como lo imaginó, no fueron cordiales ni muy amistosos.
- Sólo hemos venido a nuestro asunto.
- No nos quedaremos para la cena.
- Oh, entiendo...- Su padre se notó nervioso y un poco desorientado. - Entonces, pasemos a la sala y comencemos... por favor.- Agarró a su hijo por los hombros y lo forzó a caminar junto a ellos.
Shinpachi resignado a penas habló para saludar y sólo observó, dejando que los adultos conversaran.
- El procedimiento es simple, sólo deben verter unas pocas gotas de sangre en el contenedor.- Explicó inexpresivo, y a continuación preparó el contenedor con un líquido transparente como el agua.
- Simple... muy simple.- Repitió su padre con su corazón expectante mientras aceptó la aguja que le ofrecieron.
Las primeras gotas cayeron y se dispersaron en el agua hasta diluirse. Sólo los hombres supieron qué observar.
- Estrella de Canopus, no sirve.-
Shinpachi apretó los puños, sintiendo cómo el corazón de su padre se estrujaba en la desesperación.
- Espero que esto no haya sido una completa pérdida de tiempo, señor Shimura.- Se mofó el segundo hombre mirando a su hijo, sin muchas expectativas.
Shinpachi con firmeza se acercó y pinchó el dedo, las gotas cayeron y esperó el milagro. Sin embargo, la sangre se disolvió sin ninguna diferencia con la anterior.
- ¡Estrella de Sirius! Es al que estamos buscando.- Levantó de repente la vista, mirando con sus ojos saltones y llenos de avaricia a su hijo.
¿Qué era exactamente lo que buscaban en la sangre? Eso no importaba cuando el alivio y aliento de vida regresaron al alma de su padre, quien ahora vio a su hijo como si fuera su billetera andante.
- Al parecer sí tenías algo de valor en esta casa.- Se burló el acompañante mientras agarró a Shinpachi por el brazo.
- Considera la deuda pagada, señor Shimura. Fue un gusto hacer negocios con usted.- La repentina despedida sobresaltó a su padre ensimismado y a penas pudo procesar lo que estaba ocurriendo, cuando su hijo fue arrastrado por los cobradores.
- ¿¡Qué...!? ¡Sueltenme!- Gritó Shinpachi cuando comenzaron a empujarlo y arrastrarlo hasta la salida. - ¡Dejenme ir! ¿qué están hacien...- Una repentina inyección en su brazo comenzó a adormecer su cuerpo.
- Padre... por favor...- La imagen de su padre parado en la sala sin hacer nada, fue lo último que se le grabó en la memoria.
"Una espada no es para llevarla en la funda, es algo que se guarda en el alma."
Aquella noche, por primera vez en mucho tiempo, el Sr Shimura pudo cenar sin preocuparse más por sus deudas ni responsabilidades.
Despertó gritando de rabia y cólera en una jaula, el corazón traicionado dolía más que su pánico.
Shinpachi era apenas un joven adolescente de 14 años, con lentes y de apariencia desapercibida, para nada ambicioso y muy hogareño. Su único rasgo destacable fue su constancia y determinación en todo aquello que se proponía.
Y cuando despertó en la jaula, en una habitación desconocida y rodeada por otros niños secuestrados, no tuvo esperanzas en sobrevivir. Especialmente al ver a los niños todos delgados y pálidos, debilitados y con sus pieles resecas.
Había cuatro jaulas, cada una con un nombre: estrella de Canopus, de Vega, de Polaris y de Sirius.
En la jaula de Sirius sólo estaba él.
- Oigan, ¿Qué es esto? ¿Qué está pasando?- Ninguno se movió ni respondió.
Por fuera comenzaron a escucharse voces, alguien se acercaba. Y asustado, se alejó de los barrotes... No había dónde esconderse.
Entró un niño rubio y de ojos celestes, con ropas elegantes y anillo prominente en sus manos enguantadas. Detrás de él un alto y delgado mayordomo de ojos amarillos radiantes, en sus hombros cargó el cuerpo desvanecido y pálido de una joven.
- Ponela junto a los demás de su tipo, dudo que nos siga sirviendo.
- Entendido, maestro.
- Habrá que hacer una limpieza antes del festín. Oooh...- Expresó de repente con asombro y entusiasmo tras detenerse frente a la jaula de Shinpachi. - ¡Finalmente encontraron un buen obsequio para Lord Sirius!, con esto el banquete quedará completo.
- No sería un banquete sin el platillo principal, my lord. Lo mantendremos fresco y en buen estado para el gran día.- Le informó con una reverencia.
- ¡Jajaja, como un cerdito! JAJAJA- Siguió riéndose, asustando por completo a Shinpachi.
- ¡Eres un maldito desgraciado! ¡Déjame salir!- Arremetió de repente, queriendo golpearlo en la cara. Pero no lo alcanzó.
- No lo toques, Claude.- Advirtió a su mayordomo. - Sólo asegurate que esté bien gordo para el festín, Jajaja...- Se rió fuertememte mientras se alejaban de ahí.
¿Festín, cerdito, sangre, obsequio?
El miedo fue tan abrumador que se olvidó por completo del mundo exterior.
¿Quiénes eran estas personas?
Pasaron días sin encontrar respuestas ni escapatoria a su desesperación. En su prisión observó cómo los niños eran descartados y reemplazados con facilidad.
"Te van a devorar, ¿estás de acuerdo con eso?"
"¡Por supuesto que no!
"No recibirás nada a cambio, ¿Te parece bien?"
"¡Por supuesto que no!"
"Te van a drenar la vida, ¿estás de acuerdo?"
"¡No, no estoy de acuerdo!"
Cerró con fuerza sus ojos mientras fue trasladado hasta el gran salón. El pánico nublando su juicio.
Gritó y resistió todo lo que pudo cuando conectaron largos tubos de maquinaria a sus venas.
"¿Aceptarías si ellos te ofrecen algo a cambio?"
"¡Jamás aceptaría nada de ellos, que no sea sus muertes!"
Una gran mesa larga fue preparada para los invitados que no tardarían en llegar. La figura de un fénix adornaba el evento como temática principal, y diferentes niños encadenados fueron seleccionados para la ocasión.
Sin poder gritar, tan sólo deseó su libertad. Y alzó su vista hasta una gran ventana por encima de la entrada: tragaluz circular y decorado con una estrella de siete puntas.
"Si ninguno de ustedes está de acuerdo con esto, declaro transgredidas las leyes. Serán liberados a cambio de sus almas."
La sangre comenzó a ser extraída por los múltiples tubos y su visión empezó a oscurecerse.
"¡No me basta con ser libre! Mi alma será tu espada, para que los enemigos caigan a nuestros pies."
Una silueta blanca y brillante comenzó a materializarse en su mente, sonrisa serena y ojos negros sin fondo.
"A mi lado estarás por siempre... Acepta el sello y déjame salir."
Los candelabros ardieron en fuego azul y el gran tragaluz estrellado giró con ruido espantoso hasta quedar invertido. Y entonces, el salón ardió en blanco.
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Siguiente capítulo: "No te precipites en aceptar un trato que no te favorece."
