I
Desliz
01.
Recogió el sudor que le goteaba del mentón con el dorso de la mano, en un intento de frenar su agitada respiración. A la vez, luchaba contra el letargo, tratando con todas sus fuerzas que no se le cerraran los ojos, intentando enfocar algo, cualquier cosa, con tal de parar el mareo. Claramente, ninguno de sus intentos funcionaba realmente, si aún sentía que se desvanecería en cualquier momento. Mierda. Kirino intentó con todas sus fuerzas no ceder a la sensación.
Era consciente de que sus compañeros de equipo lo rodeaban, aunque no fuera capaz de ubicar a ninguno de ellos. Shindo le apretó el brazo, sabía que era Shindo porque lo había ayudado a sentarse, mientras se arrodillaba al frente suyo. Le hablaba, pero Kirino no era capaz de entender las palabras, los oídos le pitaban sin parar.
Más sudor le recorrió la cara, haciéndole cosquillas y se enfocó en esa sensación para aferrarse de algo que lo devolviera al presente. El agarre de Shindo era firme, y de a poco, eso lo ayudó a volver a sentir el suelo bajo sus pies y las manchas negras se esfumaron de su campo de visión. En algún momento el entrenador Endo se había arrodillado al lado de Shindo y sostenía una botella de agua abierta, ofreciéndosela. La tomó entre sus temblorosas manos y se la llevó a la boca, tenía la garganta seca y la lengua pastosa.
-... Lo siento -dijo una vez que fue capaz de hablar- no volverá a pasar. Enserio.- Inhala y exhala, respira maldita sea.
-... No es eso lo que me preocupa Kirino.- le expresó el entrenador. ¿Era eso preocupación o reproche? se sentía demasiado cansado como para intentar descifrarlo.
Por su parte Shindo sólo lo observaba, con esa mirada que parecía fijarse en todo detalle, para archivarlo en algún lugar de su mente y reanalizarlo después. Conociendo a Shindo, probablemente su mente funcionara así.
-Bebe más agua- Dijo después del escrutinio. Eso significaba que hablarían más tarde. Joder. Triple joder. Le hizo caso y en el proceso, observó por primera vez al resto del equipo, todos le miraban con distintos grados de preocupación. Al ver que por fin tenían su atención, todos comenzaron a moverse y a hablar a la vez.
-Kirino, ¡¿Estás bien?! ¡tío, te desmayaste de la nada! Joder ¿Qué ha pasado?- Le dijo Hamano llevándose las manos a la cabeza en total histeria.
-Si no te sentías bien no deberías haber entrenado- Le dijo Sangoku en reproche, desprendiendo un tono paternal. El resto de sus compañeros expresó distintos grados de preocupación, tan mezcladamente que no fue capaz de descifrar lo que decían.
Minamisawa se puso a su lado y le siguió Kurama. Ya podía imaginarse el reproche que le echarían los tres, una vez estuviesen solos.
-Sería mejor si vas a enfermería a descansar, pareciera que vas a caerte de bruces en cualquier momento- Frunció el ceño cuando escuchó a Minamisawa. No le den más importancia de la necesaria ¿Cómo me saco ahora a todos de encima? Por su parte Kurama le echó la chaqueta por los hombros, lo que le ayudó con el temblor y se lo hubiera agradecido de no ser porque agregó: -Luces como el desastre. Venga tío, que te ayudo-.
Shindo se hizo a un lado en ese momento y el entrenador también se puso de pie. Minamisawa y Kurama lo tomaron de los brazos y lo ayudaron a alzarse, sin embargo, en el momento en que se puso de pie, su visión volvió a oscurecerse por completo y sintió como se le doblaban las rodillas. Minamisawa alcanzó a tomarlo de la cintura y volvió a sentarlo en el banco, y Kirino intentó con su vida respirar lo suficientemente hondo para capear la falta de oxígeno. Sus compañeros se movieron a su alrededor, pero Kirino ya no entendía nada.
-Kido, pásame uno de los ice-pad- escuchó al entrenador decir, para luego sentir el shock de temperatura en la base del cuello. De a poco volvió a recobrar los sentidos y se percató de que se encontraba afirmado a la manga del entrenador, quien lo observaba arrodillado desde el suelo con preocupación. Retiró la mano enseguida e intentó incorporarse, pero el entrenador Kido lo frenó poniéndole la mano en el hombro. Mierda, ¿por qué no podía ponerse bien de una vez? ¿Cómo iba a explicarle esto a los mayores? Sintió su respiración apresurarse de nuevo y buscó a Shindo con la mirada, rogándole ayuda. Éste pareció comprender muy bien, porque se dirigió al equipo diciéndoles algo hasta que todos se apartaron. Sólo quedaron Minamisawa, Kurama y Shindo con él.
-Entrenador, quizás algo de azúcar le siente bien.- Dijo alguna de las chicas, y acto seguido encontró en su boca un caramelo, dulce como el almíbar. Puaj. Sólo esperó que le sirviera de algo y no empeorara las náuseas que ya sentía.
Se enjuagó el sudor otra vez, y de a poco comenzó a sentir el cuerpo. La visión se le aclaró y fue capaz de enfocar la mirada en el entrenador, quien le insistía en que lo hiciera.
-Perdón.- Logró decir por fín. Y su voz sonó más débil de lo que pensaba. Los escalofríos le hacían castañetear los dientes.
-¿Quieres por favor dejar de disculparte y preocuparte de una buena vez por tu salud?- Explotó Kurama a su lado. El tono tan brusco lo sobresaltó y pegó un respingo. Estuvo a punto de disculparse otra vez, pero se mordió la lengua a tiempo. Como empezaba a sentirse mejor, también comenzó a ser consciente de que todos estaban pendientes de él. La vergüenza lo abrumó.
-Sube, te llevaré a enfermería yo.- Miró confundido a Shindo, pues en un principio no le entendió. Cuando lo vió darse vuelta y esperar a que se subiera a su espalda, sintió como su cara se volvía roja de la vergüenza. Eso lo terminó de espabilar.
-Ni de coña, no necesito que me lleves, soy perfectamente capaz de ir yo.- Dijo entrecortadamente.
-Si no te subes ahora a su espalda, te subiré yo, y no estarás consciente para quejarte.- Le advirtió Kurama. Kirino lo observó, y obedientemente inició el proceso de subirse a espaldas de Shindo, con el cuerpo pesándole como el plomo. Shindo irónicamente, lo alzó sin ningún esfuerzo.
Decidió que lo mejor era ignorar las miradas de todo el equipo mientras salían de la cancha y emprendían el camino a enfermería. A mitad del trayecto se mordió la lengua por el coraje, dándose cuenta que había dejado que lo arrastraran a enfermería sin oponer resistencia o mejor aún, haberse negado con alguna excusa de que ya se sentía bien y -lo que era verdad- haberse quedado en las bancas recuperando el aliento hasta estar confiado que no se desplomaría una vez empezara a correr. Posiblemente por el enojo, se asió con más fuerza a Shindo, pues éste le comentó:
-¿Qué tal vas?- Era inmaduro, pero no le quedaba mucha dignidad teniendo en cuenta que iba en la espalda de su amigo como si fuera un crío. Lo ignoró.
- … Kirino enserio, ¿Qué tal vas?- El tono de preocupación que percibió en Shindo lo hizo cambiar de parecer.
- ¿Qué voy a hacer ahora?- dijo, quizás siendo honesto por primera vez en toda la tarde. Andar apresurado todo el día, correr después de clase a buscar a su hermana o para ir al trabajo eran actitudes de las que podía alejar la atención de los mayores con una mentira o disfrazar con la responsabilidad típica por la que todos lo conocían. Pero desmayarse en pleno entrenamiento no era algo que podría arreglar con una simple mentira.
-Lo primero es descansar. No, te lo digo enserio Kirino. No me explico cómo esto no pasó antes, y quizás es culpa mía, pero debes descansar. Después hablaremos con el entrenador.-
-No es tu culpa Shindo. ¿De qué hablas siquiera? Lo único que has hecho tú junto con Minamisawa y Kurama es taparme las espaldas para que nadie sepa. No sé qué haría sin ustedes.
-... De eso hablo. "Taparte las espaldas" no es ayudar en el sentido estricto. Es ayudarte a fingir que nada pasa y que nada de esto está mal.-
-... No se te ha ocurrido pensar que es justamente eso el tipo de ayuda que necesito.- Al no recibir respuesta, Kirino comenzó a rebullirse para bajarse.
- Para, te vas a caer ¿Qué haces?
- Para, enserio Shindo para.- Una vez en el suelo, miró de frente a su mejor amigo. Si tenía que repetirle mil veces la situación, lo haría, era lo menos que podía hacer. - Shindo, ni tú ni nadie puede hacer algo por mí. En parte, porque si hubiera una forma de cambiar mi situación ya lo hubiese hecho yo, y en parte - dijo mirándolo fijamente- yo tampoco te dejaría hacer más. No escucha - dijo cuando el castaño iba a replicar- no corresponde que hagas más, es mi vida, y es caótica y atípica y disfuncional, pero es lo que me tocó. Honestamente Shindo, si no sintiera que el resto va a intervenir en ella de enterarse, no me andaría con mentiras todo el día. Pero hasta que sepa que nadie va a darle mayor importancia de la que requiere, voy a seguir encontrando una excusa para todo. Y eso implica encontrar una excusa para lo que acaba de pasar. Acepto sugerencias…- terminó en un tono relajado, para quitarle seriedad al asunto.
Shindo lo siguió después de unos instantes, aún procesando todo. Kirino se mantuvo callado dándole el espacio que necesitaba. Eso, hasta que alcanzaron la puerta de la enfermería porque Kirino no iba a darse por vencido.
-¿Es realmente necesario? Podemos decir que vine y te juro que voy a la sala de reuniones y me quedo quieto por el resto del entrenamiento.- La mirada sombría de Shindo fue suficiente respuesta. Abrió la puerta sintiendo cómo todas las alarmas saltaban en su cabeza y le decían que diera marcha atrás.
-¿Qué puedo hacer por ustedes? Dijo la enfermera de la escuela.
-Un mareo, debe haber sido el entrenamiento. ¿Puedo descansar aquí?- por favor Shindo, no agregues más y préstame ropa por una vez (más) en la vida.
-Dado que no luce muy bien, creímos que lo mejor sería que descansará aquí y tuviéramos su opinión- Gracias Shindo.
-Adelante. A simple vista concuerdo, ¿los temblores comenzaron cuando?- Kirino se acercó a la camilla bajo la indicación de la enfermera.
-Desde el momento en que comenzó a sentirse mal- contestó Shindo antes de que Kirino pudiera hacerlo.
La enfermera por su parte, tomó su presión, indicando que estaba baja y se cercioró de que no tuviese fiebre. Luego le indicó una serie de preguntas; que sí, había dormido lo suficiente. Sí, había desayunado y almorzado. No, nunca le había pasado. Sí, descansaría nada más llegar a su casa. Nada de eso era verdad, pero la enfermera no tenía que saberlo. De paso también ignoró la mirada acusatoria de Shindo.
-Bien, es todo lo que puedo hacer por tí. Si es solo un mareo, descansando y comiendo algo cuando llegues a tu casa deberías estar bien. Si alguno de tus compañeros pudiese acompañarte a casa en caso de que esto se repita, sería lo ideal.
-Por supuesto. Vendré apenas acabe el entrenamiento y traeré tus cosas. Muchas gracias por su ayuda.- se despidió Shindo. En su mente, Kirino se preguntó si realmente pretendía hacerlo. Kirino corría a la rivera del río después de cada entrenamiento a buscar a su hermana del suyo, y ambos iban a casa. Una vez allí, Kirino corría por la casa haciendo las mil y una cosas que había que hacer. Ordenar, porque la limpieza tocaba los sábados, cocinar, ayudar a Kaori con sus tareas, hacer las propias, pensar cómo pagar las cuentas. Que Kaori comiera y dejara listo el uniforme para el día siguiente porque Kirino llegaba tarde del trabajo. Decirle a Kosako, su vecina, que por favor tuviera un ojo puesto en Kaori por cualquier cosa.
Mientras miraba el techo de la enfermería, su cabeza dió vueltas en todas las cosas que tenía por hacer, y en la excusa que tendría que darle al entrenador…
Cuando despertó, fue porque escuchó un murmullo de voces y se sentó sobresaltado pensando que se había quedado dormido y llegaría tarde al trabajo, a buscar a Kaori, a clases, a cualquiera de las cosas que se supone, debería estar haciendo. La chaqueta anaranjada del entrenador casi le hizo querer volver a cerrar los ojos. Endo, Kido y Shindo lo miraban, habiendo interrumpido su conversación con el sobresalto que había dado al despertar.
-¿Cómo te sientes?- fue Kido el primero en acercarse. Kirino trago saliva, intentando mojar su garganta para poder hablar. Se sentía embotado y no era capaz de pensar con claridad. La alarma en su cabeza le gritó que necesitaba una mentira para cubrir su desliz en la práctica.
-Bien. Cansado, pero bien.- agregó cuando lo miraron con reproche. Kido ni siquiera disimuló su incredulidad.
-Kirino, no queremos que te sientas presionado, pero creo que hay que cosas que debemos hablar sobre lo que ocurrió.- Dijo Endo, acercándose también. Shindo se había desmayado una vez en la práctica, y nadie le había pintado un discurso después. Se mordió la lengua para no decirlo en voz alta.
-¿Qué cosa en específico entrenador? Lamento mi desempeño, les prometo que no volverá a ocurrir.- se esforzó por pronunciar todas las palabras. Sentía el cuerpo hecho de plomo.
-Eso por ejemplo. Me preocupa el hecho de que pareces darle mayor importancia a haber interrumpido la práctica, que a tu propia salud.-
Kirino lo miró de vuelta sin contestar. Se mordió el labio, pensando qué se suponía que debía decir. Por como lo hacía sonar el entrenador, responder que "sí" lo metería en más problemas. Vio cómo el entrenador fruncía más el ceño y se sintió fuera de control buscando cualquier respuesta en su cabeza.
-Kirino, nos preocupa que no estés descansando lo suficiente. Tengo entendido que trabajas después de clases.- dijo Kido formulando lo último como una pregunta - sólo queremos asegurarnos de que las clases, los entrenamientos y el trabajo no está siendo demasiado para tí.
-¿Van a echarme del equipo?- fue lo primero que se le escapó de los labios. Y odió lo desesperado que sonó. El semblante de ambos entrenadores se suavizó y fue reemplazado por algo que Kirino no supo descifrar. Endo dio un suspiro y se sentó en una silla al lado de la camilla.
-No, por supuesto que no. No haría algo como eso con nadie, no importan las circunstancias. Lo que queremos decir Kirino, es que si necesitas unos días de descanso, o retirarte antes de las prácticas, o lo que sea que necesites, puedes decirnos. Lo entenderemos y buscaremos una solución que funcione para todos.- Joder. Kirino no sabía lidiar con tanta amabilidad. Se tomó unos segundos para ordenar sus ideas, y esperó que no se notara lo vulnerable que se sentía.
-Ya veo. Realmente agradezco la comprensión, pero no es necesario. Ayer, bueno, he estado practicando una nueva técnica y, quizás no debí haberme excedido tanto está semana, así qué, en realidad, probablemente el cansancio sea eso. No tiene nada que ver con que trabaje o con las clases. Por eso lo lamento mucho, es mi responsabilidad dar el ejemplo a los de primero y no es el tipo de actitud que deberían tener.- dejó que un poco de vergüenza se reflejara en sus palabras para darle credibilidad, y esperó.
-Si es eso… pues entonces, concuerdo contigo. No es el tipo de actitud que ni tú ni nadie debería tener. El descanso es tan importante como el entrenamiento, pero ya sé que uno a veces se deja llevar por la diversión… jaja.- Kirino lo miró, intentando descifrar si se había tragado la mentira. Mentirle a sus entrenadores se sentía como un nudo frío en el estómago. No sólo habían sido quizás los adultos más amables que Kirino hubiera conocido jamás, sino que los admiraba desde crío. Estaba mintiéndoles en la cara a sus ídolos de toda la vida. Casi se disculpó sin pensarlo una vez más.
Miró a Kido, quien parecía no fiarse completamente. Honestamente, Endo parecía no creerle del todo, aunque no tuviese la intención de reprocharle, probablemente prefería que Kirino le dijera la verdad por sí mismo. Joder, triple joder.
-Bien, si ya está todo arreglado… aún así Kirino, mantengo mis palabras. Si tienes algún problema, no dudes en acudir a nosotros. ¿Entendido?
- Sí entrenador. Muchas gracias.
-Bien, vámonos Kido. Shindo, puedes entregar tus papeles mañana, no te preocupes. No hay prisa la verdad.-
-Los tendré a primera hora, no sé preocupe entrenador. Muchas gracias.- dijo Shindo, haciendo una reverencia. Endo simplemente hizo un ademán con la mano restándole importancia. Una vez solos, Kirino se preparó mentalmente para lo que vendría. Sentía que el día no acababa nunca y lo único que quería era que el fin de semana llegara pronto para que todos se olvidaran de esto de una vez.
-¿Hay alguna forma de que te reemplace alguien en el trabajo hoy?- le preguntó su mejor amigo, sin mucha esperanza en la voz.
-No.
- Ok. Toma, termina el agua y come eso. En cuanto termines nos podemos ir de aquí.- Kirino miró el agua y la barra proteica que tenía en sus manos. Sintió su cuerpo acalorarse por el enfado que le produjo, frustrado de que todos parecieran querer reparar lo que había hecho. Pero el cansancio fue mayor, y antes de que comenzara a crecer el fuego en su interior, prefirió abrir la botella y beber el agua a toda prisa. Contó hasta diez en su mente, e ignoró el sentimiento de enfado. Para otro día.
Callado, se terminó el agua. Callado se comió la barra proteica. Callado se puso la chaqueta del equipo, se ató los zapatos y salió de enfermería. Emprendieron el camino juntos; Shindo le llevó la mochila junto con la patineta cuando fue a buscarlo, y Kirino evitó echarse a correr en la patineta para llegar con Kaori a tiempo.
02.
-¿De qué hablaron? Con los entrenadores, me refiero.- preguntó Kirino. Shindo lo miró de soslayo y suspiró mientras ponía en orden sus ideas.
-Comentaron que te veías cansado. Cansado, fatigado, exhausto. El entrenador Endo mencionó que parecías incluso enfermo. Les dije que estábamos en periodo de exámenes, cosa que no es verdad, pero espero que no ahonden en el tema. Que entre eso, las prácticas y el trabajo la semana se había vuelto un poco difícil.-
-¿Te preguntaron directamente si trabajaba?-
-¿No es más un secreto a voces?-
-Sí, pero igual quiero saber si te preguntaron.- Shindo suspiró.
-Fue Kido. Él me preguntó. Dijo que quería confirmarlo. Me preguntó en qué trabajabas y le dije que en el conbini.- Respondió Shindo. Se veía culpable.
-Shindo, espera un minuto- Ambos frenaron la marcha- Sé que es difícil mentir por mi. De hecho, es hipócrita de mi parte, pero aunque te lo agradezco, no quiero que lo hagas si de verdad significa tanto para tí. Ya me las arreglaré e inventaré algo, pero no tienes que seguir mintiendo, no directamente al menos. Lo siento, enserio.
-Kirino… Gracias. Supongo- Shindo se debatió, sin saber qué decir o qué pensar- Kirino, es verdad que no me gusta mentir, creo que la forma de lograr las cosas es honestamente, pero aún así, eres mi mejor amigo. Aún no entiendo cuál es el problema con que se enteren de tus cosas los entrenadores. Ellos mismos ofrecieron comprensión.- Obvio que Shindo no entendía, Shindo, aún siendo su mejor amigo, probablemente jamás llegara a entender del todo la situación. Habían crecido en mundos completamente distintos.
-No. Ya sabes que no. Los adultos sólo intentarían inmiscuirse, reparar algo que no tienen que reparar. Además, ya te lo he dicho, no quiero al Departamento de Familia ni a mi padre en la puerta de mi casa por un simple rumor. Hablando de eso, necesito apresurarme y recoger a Kaori. Te llamo apenas llegue a casa, te lo prometo. Gracias por todo Shindo, te debo una.-
-Kirino, espera, no deberías subirte a esa cosa. ¿Acaso se te olvidó lo que pasó?- Krino rodó la vista en un gesto exasperado y una sonrisa asomó en su rostro.
-Dios Shindo, calma ¿Quieres?. No va a pasar nada. Gracias por todo de nuevo. ¡Bye! - Se despidió para apresurar la marcha arriba de la patineta. Shindo lo contempló con preocupación, viendo como su amigo se alejaba cada vez más.
03.
Había recogido a Kaori de la rivera del río. Diez minutos más tarde de lo habitual. Se había disculpado profundamente con el entrenador, y habían vuelto ambos a casa. Kirino asintiendo ausentemente a todo lo que su hermana le contaba. Las dos tazas de café que se había clavado lo despertaron lo suficiente para comenzar la cena y planchar la falda del uniforme de su hermana. Mientras, Kaori terminaba sus tareas en la mesa de la cocina. Si Kirino se sintió fatigado, o tuvo que afirmarse de la encimera más de una vez, nadie tenía por qué saberlo.
- ¡Mierda Shindo!- dijo de pronto, mientras terminaba de servir el arroz.
-¡Hermano!- Le recriminó Kaori, a lo que Kirino la ignoró y fue corriendo a buscar su celular, recordando que no le había mandado el mensaje a Shindo que había prometido.
2 llamadas perdidas: Shindo.
1 mensaje sin leer.
Shindo: Dime que no tengo que decirle a Kaori que sufriste un accidente por irresponsable.
Tú: Auch. La próxima vez no pienso contestar. Llegamos bien. Se me olvidó avisar.
Revisó rápidamente el resto de mensajes que aguardaban en su aplicación de chat. La mayoría eran del Raimon, preguntando en el grupo cómo estaba. Pensó en ignorarlo, así quizás se olvidaban antes del asunto, pero cuando le llegó un mensaje por interno de Sangoku, y automáticamente otro de Kuramada, escribió rápidamente: Bien. Falsa alarma. No esperen que mañana se los deje fácil.
Rápidamente llegó la respuesta del equipo, todos recriminándole en mayor o menor grado lo altanero que podía llegar a ser. Se rió y volvió con Kaori para cenar de una buena vez. El trabajo lo esperaba, y al día siguiente tendría que levantarse temprano nuevamente para ir a la escuela.
