Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 1

Lágrimas resbalan y recorren mis pómulos. Mi corazón esperó diez años para poder tocar su manita y conocerla.

Sacudo la cabeza mientras un suspiro se escapa de mis labios.

No puedo quitar los ojos de su pequeño rostro sonrojado; de apreciar su perfecta nariz y observar con ternura su diminuta boca rosa.

Ella es perfecta en todos los sentidos.

Ni en mis sueños más hermosos, así como mi imaginación pudieron hacerle justicia.

— ¿Sigue dormida? —mi esposo pregunta.

Miro los profundos orbes verdes por el espejo retrovisor. Tiene círculos oscuros alrededor de sus ojos y una sonrisa auténtica bailando en sus labios.

— Lo está —aseguro sin soltar la pequeña mano de mi hija.

Caroline hace un puchero con sus labios y se estira con suma naturalidad dentro del portabebé. Primero alarga sus cortos brazos dejando sus manos en puños y luego extiende por unos segundos sus piernas para volver a la posición en la que ha estado desde que nació, hecha una pequeña bolita dentro de la gran silla.

— ¿Cómo te sientes preciosa?

— Estoy bien. Me han contado que el parto natural es así, te duele todo en unas horas y sientes que no puedes más, pero todo mejora después de dar a luz —le explico.

— Fuiste tan valiente mi amor.

— Nunca soltaste mi mano —le recuerdo.

— Jamás lo haré.

Hago un asentimiento mientras esbozo una sonrisa al traer recuerdos a mi mente. Nos conocimos en la universidad. Era la chica de nuevo ingreso que no lograba llegar a la cafetería, en eso un chico tímido en su segundo año de ingeniería fue tan amable de guiarme. Así fue el inicio de nuestro romance donde empezó nuestra historia.

Edward ha sido el mejor hombre que pude conocer, mi mejor amigo y un amante por demás atrevido.

No oculto mi sonrisa.

El auto estaciona en la cochera y la cortina se cierra lentamente detrás de nosotros. Todo es tan diferente, incluso el ambiente parece haber cambiado en un par de días.

Edward me ayuda a bajar de la mano y se hace cargo de sacar el portabebé. Mis pies siguen su camino hacia la puerta; apenas abro y el olor a Navidad se filtra por mis fosas nasales.

Hay dos tazas de chocolate caliente sobre la encimera. Nuestros padres han estado aquí y han dejado comida calentita. Estamos agradecidos con ellos por su amor y ayuda incondicional.

— Milo —le hablo a nuestro peludo. Un golden retriever.

Mi esposo ha dejado el portabebé en el piso, se arrodilla frente a Caroline. La observa con tanto amor mientras le hace cariños y le dice palabras dulces.

Milo asoma la cabeza desconfiado detrás del sofá; tan solo nos observa y mira hacia el portabebé.

— Mira quien llegó —dice Edward—. Ven a conocerla, amigo.

Milo camina lentamente como si en cada paso dudara; me mira con ojos tristes cuando llega conmigo y sé que piensa que lo habíamos abandonado.

Hay dolor en sus ojos, pero también esperanza.

Me acuclillo y froto mis dedos en su pelaje color miel haciéndole sentir mi amor.

Le doy a oler la manta rosa de Caroline y él lo hace moviendo su nariz, está olfateando y también extasiado porque su cola se mueve.

Edward tiene a Caroline en sus brazos y Milo la ve; se mantiene quieto al principio y temeroso porque no se acerca.

— Ella es Caroline —dice mi esposo— tu nueva amiga.

Al principio da dos pasos y pega su nariz en los pies de nuestra bebé, está reconociendo el olor.

— Es la bebé que vivía en mi panza —digo, en un acto por alentarlo.

Y es ahí donde Milo da el primer lengüetazo.


Olvidé decirles que los capítulos son cortitos, pero no se preocupen que probablemente haya más de uno al día. En esta ocasión no pondré nombres de ustedes como normalmente lo hago, debido a lo antes mencionado. De igual forma saben que agradezco enormemente su interés y apoyo.

No olviden unirse a mi grupo de Facebook: Historias por Lau

Gracias totales por leer 🐾