Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 3
— Nada ha funcionado, mamá —respondo preocupada.
Llevo diez minutos al teléfono explicándole a mi madre que Caroline no deja de llorar. No ha funcionado el baño con esencias de lavanda ni las gotas de manzanilla, no, nada. Mi hija sigue llorando fuertemente y sin consuelo.
— Iré para allá, cielo.
Son las 2 am. Es vergonzoso que a mis treinta y cinco años no pueda lidiar con una situación sobre mi bebé, se supone que estoy preparada porque he leído infinidad de libros, sin embargo debo admitir que no existen libros que te preparen para ser madre y menos en estos momentos que lo único que necesito es el cobijo de mi madre.
— Por favor, no tardes —susurro.
Edward vestido en su pijama de cuadros sigue caminando de un lado a otro sin dejar de arrullar a Caroline mientras ella sigue llorando desconsolada.
— ¿Y si vamos al hospital? —Inquiere—. No es normal que su llanto no cese. ¿Quizá esté con dolor abdominal o qué tal si es algo grave?
Mi angustia se acrecenta y mi corazón siente dar un vuelco. Estoy llena de nervios de solo pensar que pueda tener dolor.
Los arañazos en la puerta de la habitación me alertan. Es Milo que llora por entrar.
Camino hacia la puerta de nuestra habitación. Él está ahí y trae en su hocico la manta color rosa de Caroline, la ofrece dejándola en mi mano.
Acarició su cabeza. Sus grandes ojos me miran como si pudiera ver mi alma a través de ellos, quizá es su manera de ayudar a mitigar nuestra angustia.
— Todo está bien —le digo, aunque él sepa que no es verdad.
Es tan inteligente y noble que sabe perfectamente que algo nos sucede, no es inmune a nuestras preocupaciones y él intenta ayudar. Por ello deja su cabeza reposando en mi mano y hay tanta ternura en su mirada.
— Mis padres también están por venir —mi esposo comenta.
Hay preocupación en su semblante y eso me angustia más.
El timbre suena y Milo sale corriendo como buen jefe de la manada.
Edward y yo nos encaminamos hacia la estancia. Abro la puerta y mi suegra me abraza después de despojarse de su abrigo. Carlisle, mi suegro, acaricia la cabeza de Milo y deja un beso en mi frente.
Estoy avergonzada por preocupar a todos.
— ¿Desde a qué horas comió? —pregunta Esme.
— Hace dos horas —responde Edward—. Desde entonces no ha parado de llorar, mamá.
Mi suegra con tanta seguridad toma en brazos a Caroline, empieza a tararear alguna canción de cuna. Mi hija en segundos relaja sus brazos y empieza a hipar.
Es un tipo de milagro que se haya calmado. Edward y yo compartimos miradas, no podemos creerlo.
De nuevo el timbre rompe la tensión. Esta vez Edward abre y mis padres lo saludan con un gran abrazo.
Mamá me observa con ese gesto maternal tan lleno de amor que mis hombros se hunden.
— ¿Qué ha ocurrido? —indaga.
— No había parado de llorar —explico de nuevo—. Sin embargo, apenas Esme la sostuvo en brazos y ella se relajó.
Mi suegra sonríe cómplice y mamá asiente.
— Vayamos a la habitación —mamá me guía— necesitas un baño de tina y relajarte un poco, nena.
Diez minutos después; la gran tina está llena de espuma y velas aromáticas. No me da vergüenza desnudarme frente a mi madre, ella toma mi mano y me ayuda a entrar. El agua está calentita y mi cuerpo de inmediato se vuelve liviano mientras me hundo en la espuma.
— Te traje un té de manzanilla —mi suegra deja una taza en mi mano.
— ¿Y mi bebé?
— Está dormida plácidamente en los brazos de su abuelo Carlisle —me dice Esme.
Mamá empieza a mojar mi cabello con sus manos, cierro mis párpados al contacto sintiendo toda la ternura que emana de ella.
— Caroline estaba nerviosa porque ustedes lo estaban —susurra mientras empieza a lavar mi cabello—. Los bebés son así, nena. Ellos necesitan un ambiente tranquilo para poder estar pacíficos.
— Tengo tanto miedo a no ser suficiente —musito.
Esme toma mi mano, justo donde tengo la taza de té. Ella me sonríe y no dudo en devolverle la sonrisa.
— Deja que tu instinto te ayude, Bella —dice—. Nadie nace sabiendo ser padre, ni siquiera un libro te puede decir. Es cuestión de instinto, déjalo salir y que te vaya guiando.
Inspiro.
Quiero hacerlo bien.
Bueno, ¿quien no pasó una noche de angustia con sus hijos? Cuéntenme. Si no me equivoco este es el único capítulo con un poco de drama, los demás serán dulces y Milo será más participativo.
Gracias totales por leer 🐾
