Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 4
— Milo, vamos.
Edward intenta que nuestro peludo salga a caminar como cada tarde. Incluso la correa está puesta alrededor del cuello y las bolsas plásticas están en la mano de mi esposo. En cambio, Milo sigue tendido sobre el piso sin ganas de moverse.
Edward me mira. No sabemos qué tiene; lleva tres días sin querer abandonar la casa, apenas sale a hacer sus necesidades y vuelve sin perder tiempo.
Encojo mis hombros.
Milo lanza una exhalación de fastidio y corre a refugiarse detrás de mis piernas, aprovecho para acariciar su melenuda cabeza mientras abre su hocico y suelta un bostezo.
— Tal vez quiere que lo haga yo.
— No es tiempo para que puedas salir, amor. Tienes cuatro días de haber dado a luz —me explica.
— Entonces déjalo, quizá no le apetece salir con este frío.
Edward se rinde y cierra la puerta detrás de él luego de que el viento sopla, me abrazo en un intento fallido por cubrirme del frío. Al darse cuenta se refugia en casa frotando sus manos entre sí para darse calor, camina hacia mí rodeándome con sus brazos. Necesito su calor y él el mío.
Besa mis labios y todo mejora.
— Te amo —murmura.
— Mmm… —me aferro a su cuerpo— te amo más.
Abro lentamente los ojos y lo primero que veo: Milo a los pies del cunero de Caroline, olfateando las mantas.
Edward también lo ve; ambos sonreímos.
Milo necesita esa confianza con nuestra bebé, me alegro que esté sucediendo.
No deja de observar y cuando la ve extender su cortas extremidades empieza a mover la cola de un lado a otro. Luego camina alrededor de la pequeña cuna y da varias vueltas hasta tenderse sobre el piso.
Es su manera de cuidarla. Lo sé porque ahí pasa el resto de la tarde.
Después de la cena estamos en la habitación. Caroline dormirá con nosotros el primer mes, ella tiene una cuna desplegable que nos facilita los días. Podemos llevar y traer su pequeño cunero por toda la casa mientras ella duerme plácidamente sin sobresaltos teniendo la oportunidad de ser vigilada por nosotros.
No ha vuelto a llorar de esa forma incontrolable. Estamos tratando de mantenernos relajados y solo disfrutando de su compañía, por ahora nuestros amigos y demás familia han prometido darnos nuestro tiempo lo que realmente agradecemos.
— ¿Qué pasa contigo, amigo?
Edward habla con Milo que se niega a abandonar nuestra alcoba. Le muestra su juguete en forma de hueso y le señala la puerta. La cama de Milo está en el cuarto de lavandería, ahí ha dormido desde hace tres años, digamos que es su habitación.
— Milo no puedes dormir aquí —dice— nunca lo haces.
Mi esposo suspira al ver a Milo llorar porque no quiere irse.
— ¿Y si lo dejamos aquí? —inquiero—. Puedo traer su cama y dejarlo que duerma con nosotros.
— Nos está chantajeando, Bella.
Edward finge que está enfurecido, conozco cada gesto y lo hace para que Milo se vaya, lo cual no pasará porque nuestro cachorro sabe que es consentido en casa y que mi esposo lo adora.
Aprieto mis labios cuando Milo cierra los ojos y empieza a dormir ignorando las palabras de mi esposo.
Él ha ganado y lo hace durmiendo a los pies de la cuna de Caroline.
Sé que empezará a velar sus sueños.
Bella y Edward empezarán a descubrir que tienen ayuda extra para cuidar de su bebé. Infinitas gracias por su apoyo, nos leemos más tarde con Santa is Coming.
Gracias totales por leer 🐾
