Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 6
Milo tiene terror al agua.
Es complicado lidiar con él cada que tiene un baño, por ello decidimos acudir a un spa canino donde recibe el mejor trato. Es la única forma en que puede bañarse, incluso siempre se gana una croqueta de premio por saberse comportar. En cambio, por hoy no es posible, no quiere alejarse de casa por más de dos minutos.
Extiendo la toalla afelpada, esperándolo para que escape de la puerta.
Edward tiene diez minutos intentando bañarlo en la tina del baño. El jabón está rebasado y creo que mi esposo es quien está detrás de toda esa espuma blanca junto con Milo.
Rio. La escena es divertida y digna de una foto infraganti.
— Estoy lista —aviso.
Mi esposo empieza a pasar la ducha de mano por el gran cuerpo de Milo, el jabón cae y la espuma se desvanece por el desagüe.
Milo se sacude. Y el agua cae hacia todos lados.
Me acerco. Empiezo a secarlo con la toalla mientras su cuerpo peludo tiembla, tiene frío y parece molesto por haber sido engañado.
Edward le dio crema de cacahuate, que casualmente estaba debajo de la ducha.
Fue un engaño cruel, pero no hubo otra forma de hacerlo entrar al baño.
— No seas gruñón —dice mi esposo— llevabas un mes sin bañarte, era necesario.
Milo resopla sin voltear a verlo. Está indignado y su cara es de enojo.
— Caroline también tuvo una ducha en la cocina —le explico.
Milo mueve la cola al escuchar el nombre de nuestra bebé. Hemos notado que lo hace cada vez que la nombramos o cuando tocamos cosas que le pertenecen a ella.
— Además debes estar listo para recibir Navidad estando limpio —agrega Edward saliendo de la ducha, se ha dado un baño rápido y está enredando sus caderas en la toalla color azul.
— Vamos a secarte.
Camino hacia la esquina del baño y enciendo el secador especial para su pelaje, nuestro peludo espera paciente hasta que queda listo y guapo. Sale corriendo.
Sé que va a encontrarse con Caroline quien sigue durmiendo desde su baño de esponja.
Al entrar en la alcoba Milo está ahí, bajo la cuna. Por cierto, el peluche en forma de ardilla continua en el pequeño colchón junto a mi bebé. No lo ha movido y no creo que lo haga.
— Amor, ¿terminaste de envolver los regalos? —pregunta Edward al entrar en la habitación.
Su atuendo favorito son los pijamas de cuadros.
— Por supuesto. Todos están bajo el pino. —Emito decir que el suyo sigue guardado en el closet.
Se tumba en la cama, junto a mí. Le sonrío cuando sus dedos se entrelazan en los míos.
— Si pudiera detener el tiempo, lo haría —exhala viendo hacia la cuna de Caroline— para quedarme con ustedes.
— Me harás mucha falta —reconozco sabiendo que en enero volverá a la oficina—. No me has dejado sola en nada, has estado conmigo sin importar hora y lugar.
Él suspira.
— Es parte de mi paternidad, amor. Es lo mínimo que puedo hacer por ustedes cuando fuiste tú quien cargaste a mi bebé por meses y estuviste horas en labor de parto.
Sé que algo bueno tuve qué hacer en la vida para tener conmigo al mejor hombre que pueda existir, al más entregado y mejor padre.
Estoy bendita con mi pequeña familia.
No hay duda.
Bueno, a muchos peludos no les gusta el baño, pues Milo es uno de ellos. Infinitas gracias con todo mi corazón por la oportunidad.
Gracias totales por leer 🐾
