Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 8

Estoy riendo.

— Milo, el refrigerador se abre así —explica Edward al mismo tiempo que abre la puerta cromada y la cierra; repite la acción varias veces mientras Milo está sentado frente a él, solo observando—. Amigo, es de suma importancia que te enseñes a abrir la puerta del refrigerador.

Milo no se mueve, pero lo hace cuando mi risa se materializa. Él corre hacia mí y verifica que no tenga nada, se pone en dos patas lamiendo mi cara y manos.

— Esto no funciona así —expreso—. Milo nunca podrá enseñarse a llevarte ninguna lata de cerveza, él solo quiere ayudar con Caroline y solo con ella.

Mi esposo sigue con gesto incrédulo cuando Milo vuelve a sentarse frente al cunero. Los cuarenta y dos minutos que llevaba practicando con él no funcionaron.

— Tienes razón —acepta derrotado—. Milo no está interesado en hacer favores.

Camino hacia Edward, lo abrazo rodeando su torso con mis manos y él me acerca a su costado. Besa mis labios en un beso profundo y apasionado.

— Te amo —susurro apoyando la cabeza en su pecho, él suspira—. ¿Trajiste lo que te pedí?

Mi vista está en las bolsas de papel color café que están sobre la encimera.

— Sí, amor. Elegí las mejores berenjenas y también una botella de vino. ¿Crees qué seria bueno cocinar desde hoy? Puedo ayudarte.

Niego.

— Solo somos nosotros dos, así que podemos cocinar mañana. Te aseguro que nuestros padres guardarán un poco de las sobras de la cena y nos traerán después de navidad.

— Será raro no asistir y convivir con todos.

— ¿Quieres ir? —pregunto, mirando sus ojos—. Aún podemos ir con ellos como cada año.

— No —responde rápido y sin dudas—. No expondremos a nuestra bebé a salir de casa con este clima. Por supuesto que prefiero pasarlo aquí, solo nosotros.

Asiento.

— No olvidaste la crema de cacahuate, ¿verdad? —inquiero, Milo gira su cabeza hacia mí al escuchar la palabra mágica "crema de cacahuate" su gran debilidad.

— No cariño —Edward rodea la encimera buscando entre las bolsas y muestra orgulloso el frasco de vidrio—. No lo olvidé.

Milo mueve la cola. Es tan inteligente que sabe el frasco de crema es para él, incluso reconoce el lugar dónde están sus bocadillos. Muchas veces lo he sorprendido infraganti en el cuarto de despensa, su vergüenza dura minutos, por supuesto. Después con una lamidas soluciona todo.

Él sabe que mi enojo pasará, sobre todo, cuando duerme en mis brazos.

— Alguien ha sido buen chico hoy —articulo— por eso merece un poco de crema de cacahuate —le muestro una cuchara con crema y en segundos Milo está frente a mí dándome una patita en muestra de agradecimiento.

Me acuclillo mientras él lame sin reservas la cuchara.

— Gracias por toda tu ayuda, Milo. —Dice Edward— ahora sé que ayudarás a mamá cuando yo deba volver al trabajo.

Milo sigue lamiendo sin inmutarse, pues sabe que Caroline duerme pacíficamente en la cuna.

Él está en su momento de aperitivo y no desea ser interrumpido.


Infinitas gracias por su apoyo, aún nos quedan dos capítulos más para finalizar esta pequeña historia.

Gracias totales por leer 🐾