Feliz Yuri-Navidad 2 – Capítulo 2. Aya y Ai
Solas en Casa
Casa de Aya y Ai – 5 Días para Navidad
Es una mañana soleada, las calles están repletas de nieve y ahora, nuestros padres se encuentran guardando las últimas maletas en la cajuela del auto para el viaje que realizarán fuera de la ciudad.
– Muy bien niñas, ya esta todo listo. Tienen suficiente comida para que sobrevivan estos cinco días, pero de todas maneras les he dejado dinero en la alacena por si desean comprar algo más antes de que volvamos.
– Lo sabemos, mamá – decimos al unísono.
– Regresaremos para pasar los cuatro juntos el día de navidad – nos dice nuestro padre, tras haber guardado la última maleta y cierra la cajuela.
Nuestra madre se acerca a darnos un beso en la frente a cada una y se despide.
– Cuídense mucho mis hijas, les encargamos mucho la casa.
– Por supuesto, mamá ¡Que tengan buen viaje!
Nos despedimos y saludamos a la distancia conforme se alejan.
Una vez los perdemos de vista, entramos a la casa y gritamos alegres al unísono.
– ¡Tenemos la casa sola!
Nos abrazamos y comenzamos a besarnos, al tiempo que nos quitamos la ropa y acostamos en el sillón de la sala, iniciando así una gran semana de pasión y sexo con la total seguridad de poder hacerlo donde queramos, cuando queramos y sin que nadie nos interrumpa.
Esta será la mejor víspera de navidad de nuestras vidas.
Tres Días Después – Noche
Han pasado tres días desde que nuestros padres se fueron de viaje y ahora, tras haber pasado el día desnudas y haber hecho el amor en la bañera, nos acostamos en la recámara de nuestros padres y preparamos para ver una película.
Esta ha sido nuestra rutina estos últimos días, nos levantamos, hacemos el amor, desayunamos, pasamos el día entero teniendo sexo en las distintas salas de la casa y por la noche después de cenar y bañarnos, nos acostamos en la cama matrimonial de nuestros padres para ver una película y hacerlo bajo las sábanas hasta quedarnos dormidas.
Últimamente nos la hemos pasado viendo puras películas navideñas, pero este día quiero probar algo nuevo.
– ¿Qué te parecería ver una película de terror el día de hoy, Ai? Hay una película de terror muy buena que me recomendó Manami-san el otro día ¿Te gustaría verla?
– Hmm…
Se ve insegura. Se nota que le da miedo pero no quiere decirlo al ser la "hermana mayor" entre las dos. Se ve tan tierna sonrojada.
Me acomodo con ella y pongo la película, abrazándola.
– Vamos, veamos la película y si te asusta mucho, te abrazaré fuertemente para protegerte.
– Aya.
Me abraza de vuelta bajo las sábanas y a los cinco minutos de que inicia, ya se encuentra fuertemente abrazada a mí y ocultando su rostro en mi pecho..
Río al verla apretarse tan fuerte conmigo y la abrazo más fuerte conforme la película continua.
Al terminar la película, ponemos algo de comedia de fondo y le pregunto.
– Y listo, eso fue todo ¿Qué te pareció la película? ¿Ai?
Pero la encuentro bajo las sábanas, todavía abrazada fuertemente a mí y temblando.
– Descuida Ai, no tienes de que preocuparte. Yo siempre te protegeré, sin importar lo que pase.
– ¿Toda la vida? ¿Lo prometes?
– Toda la vida, Ai.
La beso bajo las sábanas y a los pocos minutos, comenzamos a hacerlo una última vez antes de irnos a dormir.
Pero cuando terminamos y nos acomodamos, Ai apenas logra conciliar el sueño.
Me pregunto si realmente fue una buena idea ponerle esa película. Ya mañana lidiaría con eso.
A la Mañana Siguiente
A la mañana siguiente, la nevada matutina anuncia la llegada de la víspera de navidad a la ciudad.
Sonrío al ver la nieve caer desde la ventana de nuestros padres y me levanto lista para iniciar el día.
– Ai, levántate, ya es de mañana. ¿Ai?
Pero al voltear a verla, la noto con ojeras todavía profundamente dormida.
Debió de haberle costado mucho trabajo dormir anoche.
– Cielos, no pensé que fueras tan sensible a las películas de terror.
Una parte de mí se siente culpable por haber hecho que la viera. Como compensación, decido adelantarme y bajar a hacer el desayuno para las dos.
Pero al bajar a la cocina y abrir la alacena, noto que nos estamos empezando a quedar sin víveres.
– Rayos, tendremos que ir más tarde a la tienda para preparar la cena.
Preparo un ligero desayuno con lo que queda y cuando termino, Ai finalmente baja, vistiendo únicamente sus panties y camisa de la pijama al igual que yo.
– Buenos días, Ai. Veo que por fin despertaste ¿Cómo…?
– ¡AYA!
Ai corre conmigo y me abraza todavía llorando.
– Cielos, Ai ¿De verdad te dio tanto miedo esa película?
Intento ser considerada con ella, pero por otra parte, me desespera bastante ver lo necesitada que es, así que la alejo.
– Anda, ya eres una niña grande, límpiate esas lágrimas y vamos a desayunar.
Sorprendentemente en lugar de discutir conmigo, hace lo que le digo y así, las dos tenemos nuestro pequeño desayuno en silencio, muy diferente a los desayunos lujosos y amorosos que habíamos tenido estos últimos días.
Quiero hacer algo para que se anime, pero ¿Qué?
– Por cierto, ya casi se nos ha terminado la comida que dejó mamá, así que terminando de desayunar, iremos a la tienda a comprar más víveres para la cena y el desayuno de mañana.
– ¡¿Eh?! ¡¿Quieres ir allá afuera?!
– Bueno, no es exactamente que quiera – después de todo, aquí dentro está cómodo y caliente – pero tenemos que hacerlo si no nos queremos quedar sin cenar esta noche. Entonces que dices ¿me acompañas?
– No quiero.
– ¿Por qué no?
– Porqué… hmm…
Todavía no quiere admitir que tiene miedo. ¿Qué puedo hacer?
Hay algo que seguro la sacara de la casa, pero es algo arriesgado. Decido tomar el riesgo y le digo.
– Bueno, si no me acompañas, entonces compraré toda la comida chatarra que quiera y será lo único que comamos en estos días.
– ¡¿EH?!
– Ya lo verás, habrá papas fritas, chocolates, ramen precocido y…
– ¡No puedes! Esa comida es veneno, si almuerzas eso todos los días engordarás y morirás.
– ¿En serio? Y qué tal si en lugar de eso, solamente me crecen más las tetas que a ti ¿Eh?
– ¡Aya! ¡No debes comer veneno!
Se levanta y comienza a agitarme los hombros en berrinche.
– Muy bien, en ese caso si no quieres que compre esas cosas ¿Por qué no me acompañas? Y así compras los ingredientes que necesitas para prepararnos una buena cena balanceada y nutritiva ¿Qué dices?
– Hmmm…
Hace un puchero pensándolo y finalmente dice.
– Esta bien.
– ¡Genial!
– Pero cuando terminemos las compras ¿Regresaremos a casa? ¿No me dejarás sola en ningún momento?
– Por supuesto, Ai.
Le sonrío y nos sentamos para continuar nuestro desayuno.
– Muy bien, en ese caso terminemos para ir a la tienda.
Entre más pronto vayamos, más pronto regresaríamos a casa para seguir demostrándonos nuestro amor.
Tienda de Víveres – Más tarde ese día
Al terminar de desayunar, lavamos nuestros dientes y nos ponemos mucha ropa encima para afrontar el gélido clima de allá afuera.
Hacía días que no teníamos la necesidad de usar pantalones, por lo que usarlos ahora, se siente un poco extraño.
Al entrar a la tienda, nos sentimos aliviadas por el calor que hace ahí y nos quitamos los enormes abrigos que llevamos encima.
– ¡Wuah, que alivio! – exclama Ai al entrar – Hace demasiado frío allá afuera. Ya quiero regresar a mi casa.
Por una vez estoy de acuerdo con ella, así que nos apresuramos a comprar las cosas para la cena.
Ai escoge una selección de verduras y champiñones, así como un poco de carne para preparar un estofado con carne Salisbury, entre otras cosas.
Por mi parte, selecciono un par de bolsas de papás fritas para acompañar y unas cajas de ramen pre cocido, las cuales Ai me hace devolver aunque al final me da permiso de llevarme una sola caja siempre y cuando la coma en días separados.
Debo decir que estoy orgullosa de ella, por primera vez desde la mañana, la veo siendo ella misma y concentrada en lo que hace.
Al terminar, pagamos todo en la caja y estamos a punto de regresar a casa, pero justo cuando estamos por salir, escuchamos una conversación que me llama la atención.
– Entonces ¿Estás segura de que las gemelas Kimishima están solas en casa?
– ¡¿Eh?!
Al escucharlas decir eso, cubro la boca de Ai y la oculto conmigo detrás del pasillo para escuchar lo que están diciendo.
– Así es, han estado las dos solas toda esta semana y sus padres no regresarán hasta mañana.
– Excelente, en ese caso les daremos una visita esta noche a las 9.
– Sí, seguro se sorprenderán mucho cuando nos vean.
– Jamás verán venir lo que les espera.
Ai tiembla de miedo al escucharlas decir esto. Yo por otra parte, harta y asustada también por todo esto, salgo del pasillo donde nos ocultamos para afrontarlas.
– ¡Hey, ustedes dos! ¡¿De quienes creen que están hablando?! ¿Eh?
Pero cuando salgo, no encuentro a nadie en el pasillo. Está completamente vacío y la cajera me mira confundida por gritarle a la nada.
– Disculpe ¿Se encuentra bien?
En verdad no hay nadie, es como si hubieran sido unos fantasmas los que estuvieran hablando. O peor aún, unos espíritus malignos como los de la película que vimos Ai y yo anoche.
"Debo de estar volviéndome loca, no hay forma de que existan algo así como los espíritus malignos ¿O sí?" – Pero cuando pienso eso, un fuerte viento azota la puerta provocando que se cierre y las voces ya no se escuchan más.
Ahora sí asustada volteo a ver a Ai, quien parece estar petrificada del miedo y a punto de llorar.
Me parece que ahora sí estamos en serios problemas.
Casa de Aya y Ai – De regreso
Al recuperarnos, salimos corriendo a casa con nuestras compras y al entrar, de inmediato cerramos todas las puertas y ventanas en ella.
– Espera, pero si de verdad se tratan de unos espíritus malignos ¿Servirá de algo cerrar las puertas y ventanas? ¿Qué tal si pueden atravesarlas? ¿Deberíamos llamar a un exorcista?
Ai se me adelanta y empieza a marcar a la policía.
– ¿Hola, 911? ¡Esto es una emergencia! ¿Por qué no contestan?
– Ai, mira.
Afuera, hay unos trabajadores tratando de levantar un poste de luz caído.
Al parecer una fuerte ventisca lo había tumbado anoche y había dejado sin teléfono a toda la cuadra.
– ¡AH! ¡¿Eso quiere decir que no podemos llamar siquiera a nuestros padres?! – de inmediato saca su celular – Aya ¿Tienes señal en tu celular?
– Ninguna.
– ¡Esto es terrible! Tenemos… ¡Tenemos que huir de aquí!
De inmediato corre a nuestra habitación y saca una maleta del closet.
– Empaca tu maleta, Aya. Pasaremos la noche en un hotel y mañana veremos que hacemos con nuestros padres.
Pero antes de que pueda continuar, la detengo y cierro su maleta.
– ¡¿Qué haces?!
– Ai, no está bien que huyamos de nuestros problemas. Nuestros padres nos confiaron la casa, no podemos dejarla sin defender.
"Además de que si los supuestos espíritus que escuchamos son como los de anoche, podrían seguirnos a donde vayamos"
– ¡¿Qué estás diciendo?! Deja de decir tonterías y empaca ya. Si nos quedamos, esos fantasmas podrían hacernos daño o algo peor.
– No sabemos todavía que es lo que escuchamos en esa tienda.
Sigo tratando de encontrarle una explicación lógica a todo esto, pero por más que lo intento, no encuentro ninguna.
– ¿Entonces cuál es tu plan? ¿Quedarnos aquí indefensas y esperar que nos ataquen?
– Yo jamás dije que estaríamos indefensas.
Le dedico una sonrisa perversa y con mucha seguridad le digo.
– Ai, ve allá abajo y tráeme todo aquello que puedas considerar un arma. Vamos a convertir esta casa en una fortaleza impenetrable.
Preparando la Casa
Durante el resto de aquel día, nos dedicamos a juntar todo lo necesario para fortificar la casa y tender trampas que seguro exorcizarían a cualquier espíritu que intentara entrar en ella.
No tenemos idea de con que clase de demonio vamos a tratar, así que juntamos todo lo que conocemos que puede enfrentarlos. Agua bendita, ajos, monedas de plata, etc.
Empezamos con los preparativos dentro de la casa, comenzando por encerar el piso de la sala una y otra vez hasta dejarlo súper resbaloso si una no se anda con cuidado.
Después, juntamos todas las monedas y cosas de plata que tenemos en la casa, y las amarramos en una bolsa que colocamos sobre la puerta.
Terminado eso, pelamos todos los ajos que tenemos en la casa e igualmente, los amarramos en un morral y los atamos a una cuerda sobre el sótano.
También en la entrada del sótano a la casa, hacemos una resortera con la pelota de yoga de mamá como proyectil y al volver arriba, en la entrada principal colocamos unos petardos dentro de una cacerola para encenderlos cuando llegara el momento.
Cuando terminamos con las cosas adentro, salimos al patio donde cavamos un gran hoyo en la nieve, el cual posteriormente cubrimos con una lona delgada y colocamos más nieve encima de él para cubrirlo.
Una vez empieza a ser de noche, pasamos a regar las escaleras que dan al sótano con una manguera hasta que el agua se convierte en hielo y finalmente al terminar con la casa, nos dirigimos a la iglesia más cercana, donde llenamos bastantes globos con agua bendita e incluso nos llevamos un par de cubetas llenas por si acaso.
Al terminar, volvemos a casa y una vez verificamos que ya todo esta en su lugar, le pregunto.
– ¿Estás lista, Ai?
Me responde dándome un beso en los labios con determinación y dice.
– Lista. ¡Que vengan esos malditos espíritus!
Casa de Aya y Ai – Noche
La noche ha llegado y ahora nos encontramos en la azotea de nuestra casa, observando con binoculares nocturnos el momento en que los espíritus intenten entrar la casa.
Observo mi celular. Son las 8:55pm
– Ya casi son las 9 ¿Recuerdas cada parte del plan?
– ¡Por supuesto! Primero nos quedaremos aquí arriba hasta que lleguen los demonios. Una vez entren, les disparamos con estos globos llenos de agua bendita y si no se evaporan con eso, quiere decir que tienen forma física, por lo que habrá que pasar al plan B y guiarlos hacia nuestras trampas hasta que una de ellas funcione.
– Así es ¿Y si ninguna funciona?
– Atraparlos en la sala para darles el golpe final.
– Excelente, esa es mi hermana.
A pesar de su determinación, aún se ve preocupada, por lo que me acerco a darle un beso en los labios.
– Descuida, Ai. No lograran ponernos un dedo encima ni a nosotras ni a nuestra casa, te lo prometo.
– Aya.
Se sonroja cuando lo digo, pero somos interrumpidas cuando vemos cuatro siluetas en negro aproximándose a la casa.
– Deben ser ellos, aquí vienen.
Tomamos nuestros globos de agua y nos ocultamos para que no nos vean.
Las siluetas se acercan, parece que murmuran algo entre ellas y entonces, se empiezan a separar.
– Oh no ¿Qué están haciendo?
Al escucharme murmurar eso, Ai empieza a temblar y lanza el primer globo.
– ¡Ahí les va esto!
– ¡Ai, no!
A pesar de su tiro adelantado, el lanzamiento de Ai es perfecto y así, comenzamos a disparar los globos de agua hacia las figuras que corren despavoridas.
La mayoría de los globos que lanzamos impactan contra ellas, quienes no pueden con el frío del agua contra la temperatura en la que estamos y salen corriendo.
Dos de ellas corren en la misma dirección y mientras más globos les lanzamos.
– ¡Ayudaaaaaaa!
Pisan la lona que pusimos en la nieve y caen hasta el fondo de aquel hoyo.
– ¡Bien! – chocamos las manos al ver que nos habíamos desecho de dos de ellos. Ahora solo quedan otros dos.
– Pero ¿Dónde están?
– ¡Ahí! Ya vi a uno.
– También ya vi al otro, esta entrando por el sótano.
– Perfecto. Ai, tú encárgate del de la derecha y yo iré por el de la izquierda. Asegúrate de que caigan en todas las trampas y si ninguna funciona, los guiamos a la sala ¿Entendido?
– ¡Sí, capitana!
– Bien, mucha suerte, Ai.
Me acerco y le doy un beso en los labios antes de irme.
– Aya – se sonroja y vamos a nuestros puestos de batalla.
No permitiremos que logren su cometido.
Escaleras al sótano
Al lado izquierdo de la casa, uno de los espíritus busca cómo entrar a la casa, temblando de frío todavía por los globos con agua que le habían impactado.
– Que frío.
Finalmente, encuentra una entrada por las escaleras al sótano en el lado trasero de la casa.
– ¡Bingo!
Pero en el momento que pone pie en ellas…
– ¡Wuaaaaaaaaaaaaahhh!
No se da cuenta que éstas están congeladas debido al agua que habíamos regado en ellas y se resbala hasta llegar al fondo de ellas.
– ¡Auch!
Entrada Principal
En la entrada principal, el otro espíritu se encuentra bajo el pórtico de la entrada, refugiándose de los globos de agua que habíamos disparado.
Observa a sus otros dos acompañantes, noqueados y al fondo de aquel hoyo en la nieve.
– Esas malditas… pero no se preocupen, que yo me vengaré.
Pero en el momento que intenta abrir la puerta.
– ¡Allá va!
– ¡Kyaaaaaaaaaaaaa!
Enciendo los petardos que se encuentran dentro de la cacerola en la entrada de la casa, asustando al espíritu quien cree que son disparos y sale corriendo.
– ¡Y no vuelvas!
Le grito antes de cerrar la casa y preparar la siguiente trampa.
Sótano de la casa
A la entrada del sótano, el otro espíritu finalmente se recupera de la caída que sufrió y se levanta.
– Auch, creo que me disloque algo.
Pero ahora no es momento de lamentos, debía vengarse de nosotras dos.
Abre la puerta con determinación y se asegura mirando a los lados que no haya nada.
– A ver, una luz ¿Dónde está la luz?
Nota un foco e intenta encenderlo, pero en el momento que lo hace.
– ¿Uh? ¡Kyaaaaaaa!
Una gran bolsa cae desde arriba en lugar del foco, impactándola justo en la cara.
– ¡AUCH! Esto ¿Qué rayos es? ¡¿AJO?!
Descubre que lo que le impacto, es una bolsa llena con ajos pelados y concentrada con su olor.
– Wuah, huelo horrible ¡Ya verán esas dos cuando les ponga las manos encima!
Se levanta y sigue su camino. Más le vale a Ai estar lista cuando llegue.
Entrada Principal
El otro espíritu al descubrir que lo que había escuchado habían sido petardos y no disparos, se molesta aún más y vuelve a intentar entrar a la casa.
– Esas malditas… ¡Ahora verán con quien se están metiendo!
Vuelve a toda velocidad preparándose para abrir la puerta con un golpe, pero en el momento que entra.
– ¡Lo logré! ¡Aaaaaaaaaahhhh!
Abre una maleta llena de monedas y otras cosas de plata encima de ella, que impactan justo sobre su cabeza, dejándola tirada.
– Auch.
Sótano de la casa
En el sótano, el otro espíritu esta subiendo las escaleras, listo para entrar a la casa.
Ai la escucha subiendo las escaleras, preparándose para abrir la puerta, pero en el momento que lo hace
– ¡Fuera bomba!
– ¡KYAAAAAAAAAAAA!
Dispara la gran pelota de yoga en la resortera, la cual impacta contra el espíritu tumbándolo de vuelta escaleras abajo.
– Uhhh…
Al ver que se encuentra casi fuera de combate, Ai sea asoma y le grita desde la cima de las escaleras.
– ¿Eso es todo lo que tienes? Vamos ¡Levántate y ven por nosotras!
Sale corriendo una vez he llamado su atención y poco a poco se levanta.
– Esa maldita… ¡Espera a que te ponga las manos encima, tarada!
Sala Principal
El otro espíritu, se levanta del suelo sobándose la cabeza después de toda la plata que le había caído en la cabeza.
– Auch ¿Qué rayos? Acaso esto es… ¿Plata?
Se levanta y observa unos tenis detrás de la cortina de la ventana.
– Bingo – susurra – ya te atrape.
Se acerca lentamente a la cortina para atrapar a la gemela que estuviera detrás de ella, pero cuando llega con ella.
– ¡Te atrape! ¡Ahora verás maldita…! ¿Uh?
Pero al quitar la cortina, descubre un par de tenis solitarios y una ventana abierta frente a ella.
– ¿Pero qué rayos?
– ¡Aléjate de mi hermana, malvada!
– ¡Kyaaaaaaaaaa!
Le disparo con el extintor en mano, llenándola de ese humo blanco y mientras intenta cubrirse de ello, sale por la ventana y aterriza boca abajo en la nieve.
Se que esta salvo, ya que nos encontramos en la planta baja, así que me asomo y le grito.
– ¡Si tanto nos quieres, ven por nosotras!
Cierro la ventana y vuelvo corriendo para encontrarme con Ai en la sala.
– Ahora sí… ¡Ahora sí no tendré ningún tipo de compasión con ustedes!
Pasillo principal a las escaleras
Finalmente, Ai y yo nos reunimos en el pasillo principal frente a las escaleras y con cuidado, nos apresuramos a quitarnos los zapatos y calcetines para no resbalar antes de pisar.
– ¡Aya! ¿Funcionó la plata o el extintor contigo?
– No, no funcionó ¿Funcionó contigo el ajo o la fuerza?
– Tampoco.
– Rayos, entonces solo nos queda una opción.
Con cuidado caminamos descalzas hasta las escaleras y una vez ahí esperamos a que las ladronas lleguen.
– ¡Vuelvan aquí, taradas!
– Oh, oh. Aquí vienen.
Finalmente llegan al pasillo principal donde nos encontramos, aunque al verlas bajo la clara luz de la casa, notamos que en realidad parecen más bien un par de ladronas.
– ¡Ahí están!
– ¡Vamos por ellas!
Ambas corren hacia nosotras para atraparnos, pero en el momento que pisan el suelo del pasillo.
– ¿Uh? ¡Kyaaaaaaaaa!
– ¡Ayudaaaaaaaaa!
Se resbalan y terminan estrellándose una con la otra, chocando sus frentes y caen finalmente rendidas al suelo sin poder levantarse.
– Uhhh…
– ¡Las tenemos!
– ¡Rápido Ai! Hay que amarrarlas antes de que se escapen.
– ¡Entendido!
Tomamos la gran soga que teníamos con nosotras en la escalera y con ella amarramos a nuestras ladronas una a espaldas de la otra.
– ¡Listo! Ya están amarradas
– Y ahora para el toque final…
– ¿Uh? ¡Kyaaaaaaa!
Les echamos encima ambas cubetas de agua bendita, dejándolas totalmente empapadas y con las cubetas encima de sus cabezas.
– ¡Lo logramos! ¡Capturamos a nuestros espíritus! Quienes resulta no eran más que un par de viles bandidas mojadas ¿verdad?
Choco ambas cubetas en su cabeza a manera de venganza.
– ¡Auch! – gritan las dos.
– Ahora solo queda llamar a la policía y…
– ¡¿A quiénes estás llamando bandidas mojadas?! ¡¿Estúpidas, taradas desconsideradas?!
– ¡Sí! ¿Saben con quién se están metiendo? ¡Más bien nosotras vamos a llamar a la policía, plebeyas, salvajes y terroristas! ¡Las Demandaré!
– ¿Uh? Esa voz…
– ¿Acaso son…?
– ¡Aya-chan! ¡Ai-san!
En ese momento entran corriendo a la casa las otras dos ladronas, quienes revelan que no se trataban de ningunas ladronas, si no de…
– ¿Hazuki-chan? ¿Nagisa-chan? ¿Qué hacen...?
– ¡Aya-chan, escúchame, las ladronas… no son ladronas! Ellas son… ¡Aaaaaahhhh!
Se asusta y grita horrorizada al ver a las ladronas amarradas, mojadas y con cubetas sobre sus cabezas.
– ¿Uh? Pero que rayos…
Levanto la cubeta de una de las ladronas y Ai hace lo mismo con la suya, revelando a…
– ¡¿EEEEEEEEEEEEHHHHHH?! ¡¿Manami-san?!
– ¡¿Rina-san?!
Las dos nos observan súper molestas y con ganas de descuartizarnos apenas pudieran soltarse de esas cuerdas.
– ¿Qué…? ¡¿Qué está pasando aquí?!
Casa de Aya y Ai – Más tarde esa noche
Tras descubrir las verdaderas identidades de las ladronas, las desatamos y ahora, las cuatro se encuentran sentadas en el sillón de la sala junto a la chimenea.
Hazuki y Nagisa cubiertas con mantas tras haber estado largo tiempo afuera en el frío, mientras que Manami y Rina se encuentran en topless y cubriendo sus pechos desnudos con dos toallas cada una, debido a lo mojadas que terminaron sus ropas por los cubetazos de agua.
Ai regresa de la cocina con una bandeja y varias tazas con chocolate caliente para las chicas.
Reparte las tazas entre las seis y entonces comienzo a hablar.
– Bien, ahora que ya estamos todas más calmadas, les importaría explicarme ¿Qué hacían en nuestra casa esta noche? ¿Por qué llegaron de esa manera? Y ¿Por qué esos atuendos?
– Ah, bueno. Verás…
Nagisa intenta explicar, pero está muy nerviosa. En su lugar, Manami nos grita.
– ¡Vinimos aquí por ustedes, Idiotas!
– ¿Nosotras?
– Ah, permítanme explicar – dice Hazuki nerviosa – ¿Recuerdan la conversación que tuvimos el otro día en la escuela? Dijeron que sus padres saldrían de la ciudad y muy posiblemente no estarían de vuelta hasta navidad. La verdad, no queríamos que la pasaran solas, así que decidimos colarnos en la noche y tener una fiesta sorpresa.
– Una fiesta… ¿sorpresa?
– Así es, por eso no les avisamos.
– Hazuki…
– Pero aún si fueran a organizar una fiesta sorpresa ¿Por qué esos atuendos?
– Si bueno, parece que Manami-san vio en una película que este era el mejor atuendo para infiltrarse en una casa, así que…
– ¡Desde el principio le dije que era una estúpida idea! – le grita Rina.
– ¡¿Mi idea?! Pero si fuiste tú quien dijo que viniéramos esta noche y hasta estuviste espiándolas para ver que sus padres en verdad no estuvieran en casa. Incluso cuando te dije en aquella tienda que nuestras voces podrían escucharse hasta el otro lado de la tienda por la arquitectura y...
– Ya, ya, dejen de pelearse ustedes dos.
Hazuki y Nagisa calman a su respectiva novia y continúan explicando.
– De acuerdo, pero en todo caso, si solo querían sorprendernos para navidad ¿Por qué éstas dos intentaron atacarnos cuando quisieron entrar a la casa?
– ¡¿Y qué esperabas que hiciéramos?! – les grita Rina – Estábamos bajo ataque ¡Dejaron noqueada a mi Nagisa!
– En eso Rina-san tiene razón – continua Manami – después de ver lo que le hicieron a mi Hazuki tan pronto llegó a la puerta, por supuesto que buscamos vengarnos.
– Bueno, entonces es culpa suya lo que paso después.
– ¡¿EH?!
– De haberse explicado y gritado que eran ustedes, de inmediato las hubiéramos dejado y ayudado a recuperar a Hazuki-chan y Nagisa-san. Es su culpa por ser tan vengativas y torpes.
– ¡¿A quién llamas vengativa y torpe?!
En cualquier caso, también las entiendo un poco. Si alguien le hiciera algo a mi querida Ai… quizás también perdería la cabeza y buscaría vengarme.
De hecho lo había hecho esta misma noche. El solo hecho de pensar que alguien podría hacerle daño a Ai, me había hecho lastimar a nuestras amigas.
– En verdad, lamentamos mucho lo sucedido esta noche y esperamos nos puedan perdonar.
Ai y yo hacemos reverencia, realmente arrepentidas.
– Descuida Aya-san, esta bien – continua Nagisa – nosotras también lamentamos no haberles avisado nada antes y haberlas asustado de esa manera.
– Así es, supongo que… cualquiera había reaccionado igual de saber que intentarían robar su casa, jaja.
– Sí, sobre todo una sociopata maníaca con deseos de sangre.
– Manami…
Entre todas, Manami y Rina son las más molestas de todas. Aunque en gran parte fue su culpa por no avisarnos, les debemos una gran disculpa por lo que les hicimos.
– Independientemente de las razones, lamentamos todo por lo que las hicimos, Manami-san, Rina-san. Espero nos puedan perdonar y sigamos siendo amigas.
Manami y Rina no les dirigen la palabra, pero una simple vista de sus novias basta para que lo reflexionan y tras tragarse su orgullo, ambas nos dicen.
– Esta bien, quedan perdonadas ¡Pero más les vale que no vuelvan a hacer nada parecido! ¿De acuerdo?
– Avísenos la próxima vez que vayan a venir y en lugar de recibirlas con globos de agua, las recibiremos con chocolate y galletas. ¿Trato?
– Trato.
Hazuki se alegra de que todas hacemos las paces.
– Muy bien, entonces ahora…
Saca la gran bolsa que traía con ella al principio y dice.
– ¡Podemos abrir los regalos!
– ¡Hurra!
Así, después de que Manami y Rina salen de la ducha que les preparamos y les prestamos un par de camisas y suéteres navideños para que se cubran, comenzamos el intercambio de regalos, al tiempo que tomamos nuestro chocolate caliente, y unas cuantas aspirinas y pastillas para nuestras queridas invitadas.
A pesar de todo, había sido una navidad exitosa.
Casa de Aya y Ai – Medianoche
A la medianoche, después de que nuestras amigas se han retirado y pasan a sus casas a celebrar la navidad debidamente con su pareja, Ai y yo nos quedamos a recoger la casa y limpiar todo el desastre que habíamos hecho para fortificarla.
Nos toma un largo tiempo, pero para cuando finalmente hemos terminado, ahora nos falta únicamente lavar los platos antes de ir a dormir.
Para ser más rápidas, Ai se dedica a enjabonarlos mientras yo los enjuago, y mientras seguimos esta rutina, comenzamos a platicar.
– Y pensar que todo este tiempo, aquellos espíritus resultaron ser únicamente Manami y Rina ¿Puedes creer todo por lo que las hicimos pasar? Se veían muy enojadas – le digo entre riendo y tratando de ocultar mi vergüenza.
– Ellas se lo buscaron por intentar entrar a nuestra casa de esa manera – me contesta Ai de una manera más seria.
A pesar de que ya todo se había aclarado, debe seguir con un par de secuelas por el gran susto que nos habíamos llevado esta tarde.
Decido ser buena con ella y la abrazo por detrás de su espalda.
– Independientemente de que solo fueran nuestras amigas, demostraste ser muy valiente esta noche, Ai. Estoy muy orgullosa de ti.
– ¿En serio? A pesar de que soy la mayor, siempre he odiado no ser tan valiente como tú.
La volteo conmigo con una sonrisa cuando termina el último plato y hago a un lado su cabello para mirarla a los ojos.
– Eres muy valiente, Ai. Gracias por proteger la casa conmigo esta noche.
Cerramos nuestros idénticos ojos azules y le doy un cálido beso en los labios, insertando mi lengua tanto como puedo en sus labios y haciendo círculos en ella. Al separarnos, una fina linea de saliva aún une nuestros labios.
– Aya – me mira sonrojada y enamorada a los ojos – Ya que terminamos de arreglar la casa ¿Te gustaría hacerlo una vez más allá arriba?
– ¿A esta hora?
– Seguro, nuestros padres ya llegan mañana y sería una lastima que nuestra semana a solas fuera a terminar de esta manera. Entonces ¿Qué dices? ¿Lo hacemos?
– Ai, si me lo pides de esa manera, no hay forma en que te pueda decir que no.
Sonríe y nos comenzamos a besar de manera más intensa, dejando de lado todo y subimos las escaleras.
Nos acostamos en la cama de nuestros padres, recorriendo con nuestros dedos el cuerpo desnudo de la otra, y con la misma sonrisa y felicidad que envuelve nuestros corazones, le digo.
– Feliz Navidad, Ai.
– Feliz Navidad, Aya.
Comenzamos a hacerlo bajo las sábanas y así es como llega a su fin nuestra semana solas en casa.
FIN
