Feliz Yuri-Navidad 2 – Capítulo 3. Nagisa y Rina
El Regalo Perdido
Habitación de Rina – 2 días para Navidad
Es una noche nevada previa a la nochebuena y tras haber pasado todo el día juntas y haber hecho el amor en la bañera, Rina y yo nos ponemos nuestras pijamas y preparamos para dormir juntas en la cama matrimonial de su habitación.
– ¡Genial! Ya mañana es nochebuena y pasado mañana navidad ¡Será la mejor navidad de todas!
Rina esta muy emocionada ya que por primera vez en nuestras vidas, sus padres y los míos habían decidido pasar las fiestas juntos fuera de la ciudad, lo cual significaba que tendríamos toda su casa para nosotras solas.
– No puedo esperar a que sea mañana para que abras el regalo que te compré, Nagisa. Seguro que te va a fascinar.
– Si es un regalo tuyo, no dudo que así sea, Rina.
Aunque no lo digo tanto como ella, también estoy muy emocionada por mañana y que Rina abra el regalo que le compré.
No puedo esperar a ver su sonrisa cuando lo abra.
– Así es, el regalo que te compré es muy bueno, seguro que te va a encantar. Que bueno que lo fuiste a recoger a la paquetería hace meses ¿verdad, Nagisa?
– ¿Eh?
"¿De qué esta hablando? ¿Cuándo fui a recoger un regalo para mí en la paquetería?" Quiero preguntarle, pero cuando se trata de Rina, debo ser cuidadosa para no alterarla innecesariamente.
– Rina ¿De cuál regalo estás hablando? ¿No se supone que los regalos para tu pareja deben ser una sorpresa?
– Ash, Nagisa. Es OBVIO que estoy hablando del regalo que te compré hace meses en línea y te encargué que fueras a recoger a la paquetería, ya que queda mucho más cercana de tu casa que la mía.
– Ah… claro. Ese regalo – nerviosa.
"Oh no, esto es muy malo, no recuerdo para nada donde pude haber dejado ese regalo. Diablos, ni siquiera recuerdo haberlo recogido. Tengo que preguntárselo sutilmente para que me dé una pista sin que se dé cuenta."
– Rina, por pura casualidad… ¿Recuerdas cuando fue que lo recogí?
– ¿Ah? ¿Cómo que no te acuerdas cuando lo recogiste? A no ser que… no me digas que… ¡¿Lo Olvidaste?!
– ¡No, no, para nada! Claro que tengo el regalo, lo tengo guardado desde hace meses, jaja, jaja… – nerviosa – acaso… ¿no recuerdas cuando fue que te avisé que ya lo tenía?
– Hmmm – sospechosa.
Saca su celular para ver nuestras conversaciones en Line y descubre…
– ¡Ah, sí es cierto! Aquí esta.
Me muestra el mensaje que le mandé hace meses en el que confirmaba que ya tenía el regalo conmigo con una foto adjunta.
– ¿Lo ves? Fue el día en que saliste de compras con esas plebeyas.
Me enseña la foto adjunta en la cual, salen Hazuki y Aya en el fondo.
"¡Ah, es cierto! Ese día salí con ellas, me acompañaron a recoger el regalo y después salimos de compras".
Pero aun así, eso fue hace tantos meses ¿Dónde lo pude haber guardado?
Empiezo a temblar.
"Okay, no es momento de entrar en pánico. Si Rina se da cuenta que lo he olvidado será mi fin y no me dirigirá la palabra en todo el día de mañana. Tengo que resolver esto antes de la noche de mañana".
– Nagisa – no me doy cuenta cuando Rina ya esta frente a mí, trayéndome de vuelta a la tierra.
– ¡Ah! ¿Qué pasa, Rina?
– Te estoy preguntando ¿Dónde dejaste el paquete el día que lo recogiste? Sí lo recuerdas ¿verdad?
Me ve muy molesta, estoy segura que ya sospecha que lo he olvidado, así que para no iniciar una pelea, le contesto.
– ¡Por supuesto! Claro que lo recuerdo. Esta… ¡En mi casa! Sí, mañana iré por él antes de recoger el pastel de navidad que encargaste para que tengamos nuestro intercambio de regalos como lo habíamos planeado.
– Hmmm…
Rina no esta muy segura si creerme, y justo cuando pienso que me va a acusar…
– Okay.
– ¿Uh?
– Si dices que lo tienes, te creo. No tengo razones para sospechar de ti ¿verdad, Nagisa?
– No, claro que no, jaja.
– Que alivio, porque es un regalo muy especial el que te conseguí este año, y estoy segura que sería imposible tratar de conseguirlo mañana. Se me quebraría el corazón si no recibieras tu regalo mañana.
– Rina – determinada, pongo el pecho en mi corazón y le digo – descuida, tu regalo esta seguro. Mañana iré a recogerlo junto con el pastel de navidad y todo saldrá bien. Lo prometo.
La tomo en mis brazos y le doy un fuerte y profundo beso en los labios para calmarla.
– Nagisa.
Al separarnos, veo su rostro un poco rojo de la vergüenza y felicidad, y para recuperar la delantera, sonríe y me toma de los hombros para tumbarme sobre la cama y se sienta encima de mí.
– ¡Ah, Rina!
– Escucharte hablar de esa manera, hace que me excite demasiado, Nagisa. Tengamos una celebración de navidad adelantada.
– Rina ¡Aaaaaaahhhhh!
Nos ponemos a hacerlo en ese momento y al terminar, Rina me da un beso en los labios, lista para ir a dormir.
– Buenas noches, Nagisa.
– Descansa, Rina.
Al apagar las luces me pongo a temblar, pensando en el problema que me he metido.
Quizás debí ser honesta y decirle la verdad de que a pesar de que había recogido el regalo, no tenía idea de donde lo pude haber dejado.
Lo hubiera hecho de no ser porque tengo un ligero rayo de esperanza de recordar donde lo pude haber dejado. Pero para eso, necesitaría la ayuda de dos de mis mejores amigas.
Sí, seguro que ellas deben de recordar donde lo pude haber dejado.
Café del centro – Al día siguiente
Al terminar de desayunar y dejar la casa de Rina, me despido de ella con un beso y me reúno con mis amigas, Hazuki y Aya, en la cafetería donde a veces nos solemos reunir después de clases.
Al llegar, nos saludamos y voy directo al grano, preguntándoles sobre aquel día que salimos de compras y si recuerdan dónde pude haber dejado el regalo.
Pero cuando les pregunto…
– ¿Un regalo?
Al parecer, ninguna de los dos tiene idea de lo que estoy hablando.
Tengo que sacar mi celular, para mostrarles la foto de aquel día, conmigo sosteniendo el regado y ellas dos en el fondo.
– Ah, claro. Ahora lo recuerdo. Fue el día que salimos juntas de compras y luego fuimos al parque. Ese día fue muy divertido – dice Hazuki con una sonrisa.
– Pues yo no recuerdo nada.
– Eso es porque tienes muy mala memoria, Aya.
– ¡¿AH?!
Aya se ofende y Hazuki ríe, pero mientras ellas dos se están divirtiendo, yo me siento muy avergonzada y triste. Si tenía esperanzas de poder encontrar ese regalo, esperaba que alguna de ellas me las pudiera dar.
Al ver que me encuentro triste, ambas paran su discusión amistosa y voltean a verme.
– Lamentamos no poder ayudarte con tu situación, Nagisa.
– Descuiden, después de todo, eso ya fue hace unos meses. No las culpo por no acordarse.
– Nagisa – me ven algo triste.
– Lamento haberlas molestado para que vinieran el día antes de navidad.
– Descuida, no es ninguna molestia, para eso estamos las amigas.
– Sí, además el que nos invitaras, me dio la excusa perfecta para escapar de Ai. Tuve que salir corriendo para que me dejara.
– Si no consigo ese regalo, seguro que Rina se va a decepcionar y ya no me querrá hablar, y tendremos que pasar la navidad separadas de la otra.
Hazuki y Aya se miran, aunque no recuerdan nada de ese día, se preguntan si hay algo que puedan hacer para ayudar, y es entonces cuando Hazuki sugiere.
– ¡Ya sé! ¿Qué les parece si recreamos todo lo que hicimos ese día?
– ¿Uh?
– Sí, como… memoria fotogénica. Seguro que si recreamos todo lo que hicimos aquel día, algún recuerdo se nos vendrá a la mente y daremos con donde pudimos haber guardado ese regalo.
– ¡Es una brillante idea, Hazuki-chan! Sabía que podía contar con ustedes.
Me levanto y las abrazo. Aunque aún no tenía el regalo, ahora al menos tenía una ligera esperanza de poder encontrarlo. Y pensaba aferrarme a esa esperanza con todas mis fuerzas hasta encontrarlo.
– Muy bien ¡Volvamos a vivir ese día para encontrarlo!
Destino 1 – Tienda Departamental
Tras salir de la cafetería, nos dirigimos primero a la paquetería donde habíamos recogido el regalo que encargó Rina, después de salir de clases.
– Muy bien, ya estuvimos en la paquetería ¿A dónde fuimos después?
– De eso sí me acuerdo. Y estoy segura porque nuestro siguiente destino esta… ¡Ahí!
El centro comercial donde múltiples plazas y tiendas departamentales se encuentran.
– Vengan chicas ¡Vayamos a ver!
Entramos a la plaza y disfrutamos de las maravillosas luces y adornos navideños que decoran e iluminan el centro comercial, recordándonos la magia de aquella época.
Visitamos las tiendas, observamos juguetes, e incluso nos tomamos un momento para visitar a Santa y sus duendes en el centro de la plaza.
Sin embargo, parece que nos estamos desviando mucho de nuestro objetivo, así que reúno a las chicas para plantear nuestro siguiente objetivo.
– Bien chicas, ya estamos aquí en la plaza. Ahora ¿Alguna recuerda algo nuevo de ese día?
– Bueno… recuerdo que fuimos a aquella tienda al fondo de la plaza.
Aya apunta a aquella tienda al fondo y entonces el recuerdo viene a mi mente.
– ¡Eso es! Yo también lo recuerdo – les digo – después de recoger el regalo, nos dirigimos a aquella tienda para probarnos y modelar distintos conjuntos de ropa y mientras tanto, la encargada del lugar nos dijo que guardaría el paquete con ellas. ¡Seguro que lo debimos dejar ahí al salir de la tienda!
– Eso es brillante, vayamos a preguntar ahora.
– ¡De acuerdo!
Las tres entramos a la tienda, pero al entrar, Hazuki tiene un mal recuerdo.
– ¿Pasa algo, Hazuki-chan?
– No estoy segura, pero por alguna razón tengo el presentimiento de que quizás… no debería estar aquí.
– ¿Uh?
Pero para entonces, Aya ya se encuentra en la recepción de la tienda hablando con la gerente.
– ¡Hola buenas tardes! Mis amigas y yo vinimos aquí hace unos meses y pensamos que quizás pudimos haber dejado aquí un paquete ¿Cree que pueda revisar?
– Seguro, denme un segundo.
La encargada entra al área de guardado, mientras Hazuki sigue mirando alrededor con desconfianza.
Saca su celular y parece que esta escribiendo algo importante.
– ¿Qué pasa, Hazuki-chan?
– Este lugar me da muy mala espina. Le pregunto a Manami si acaso reconoce este lugar.
– ¿Uh?
En ese momento regresa la encargada de la bodega y al vernos.
– Lo lamento, pero parece que no… ¿Uh?
– ¡Aaaaaaahhhh! – Hazuki lee el mensaje de Manami y grita.
– ¿Qué pasa Hazuki?
– Ahora recuerdo por qué no debería estar aquí. Tenemos que salir de aquí ¡Ahora!
– Espera ¿Por qué…?
– ¡Esa chica! ¡Detente ahí!
– ¡Corre!
– ¡Kyaaaaaa!
Las tres salimos corriendo antes de que los guardias de seguridad lleguen y logramos salir de la plaza.
Una vez estamos lejos, nos detenemos a recuperar la respiración y Aya le pregunta gritando.
– ¡¿Qué rayos fue eso?! ¿Por qué esa señora te señaló y tuvimos que salir corriendo?
– Disculpen que no me acordara. La última vez que estuve ahí, fue cuando Manami me llevó a comprar ropa interior nueva con ella y… bueno, mientras nos la probábamos, una cosa llevo a la otra y… tuvimos que salir corriendo con la ropa interior nueva cuando nos descubrieron.
– Ustedes dos simplemente no pueden controlarse ¿verdad?
Hazuki bastante sonrojada y avergonzada, pero de cierta manera la entiendo. También Rina puede ser muy insistente con los lugares donde quiere hacerlo.
– En fin. En todo caso ya descubrimos que el regalo no estaba ahí, pero huir así de esa tienda, me hizo recordar que todavía lo llevábamos con nosotras cuando salimos de ahí.
– ¿En serio?
– Muy bien, en ese caso ¿A dónde fuimos después?
Destino 2 – Pista de Hielo
Tras salir de la plaza, caminamos unas cuadras adelante donde nos topamos con una gran pista de hielo.
– Aquella vez, vinimos a este lago que ahora esta convertido en una pista de hielo.
– Que mal. Al ser una actividad privada, no podemos acceder ahora a menos que vayamos a patinar ¿verdad?
– Vayamos.
– ¡¿Eh?!
Así, las tres rentamos nuestros patines y entramos juntas a la pista de hielo.
Con suerte, he patinado desde que era niña, por lo que no tengo ningún problema en hacerlo, por otra parte mis amigas…
– Muy bien ¿Alguna ve algo que les recuerde donde pudimos dejar el regalo? ¿Uh?
– ¡Waaaaaahhh!
Aya se aprieta fuertemente a Hazuki, quien apenas puede patinar.
– ¡¿Aya?! ¿Qué estás haciendo?
– ¿Qué esperas que haga? ¡No sé patinar!
– ¡¿Eh?! ¿Entonces cómo fue que patinaste la última vez que venimos?
– ¡¿Yo que sé?! No recuerdo cuando fue que…
– Chicas, intenten controlarse por favor y traten de pensar si no recuerdan…
– ¡Cuidado!
– ¡Kyaaaaaaa!
Al final, Aya termina desviando demasiado a Hazuki, quien intenta apoyarse en mí, pero al ir a gran velocidad con Aya a su lado, se termina estrellando conmigo y caemos las tres juntas contra el hielo.
– ¡AUCH!
Salimos de la pista de hielo, todas doloridas y con golpes.
– Bueno, pues eso fue una perdida de tiempo ¿Alguna otra idea?
– Solamente se me ocurre un lugar más al que fuimos aquel día.
Destino 3 – Parque de Renos
Finalmente, caminamos un poco más por el parque hasta que llegamos a una pequeña área reservada donde pasamos el resto de la tarde de aquel día.
Solo que ahora por las fiestas… esta convertida en un parque de renos.
– ¡Que lindos!
Hazuki los observa encantada mientras pastan y descansan sobre la nieve.
– Sin duda son muy bonitos, pero no vinimos aquí por esto ¿Alguna de ustedes recuerda algo de este lugar?
– Bueno… creo que nos sentamos bajo ese árbol para tomar un picnic y platicar antes de regresar a casa.
– ¿Ese árbol?
Señala el árbol que este justo al centro del parque de renos.
– De acuerdo, cúbranme para que nadie me vea, voy a entrar.
– ¡¿EH?! ¡Nagisa!
Mis amigas me detienen y me tumban sobre la nieve, antes de que pueda entrar.
– ¡¿Enloqueciste?! No puedes entrar con ellos.
– Aya tiene razón. Si bien es cierto que los renos son animales dóciles, no podemos asegurar que no harán nada inesperado.
– Además de que obviamente está prohibido y hay guardabosques pasando para vigilar de vez en cuando. Podrías meterte en serios problemas.
– ¡¿Y qué más esperan que haga?! Este lugar es el último donde estuvimos antes de volver a casa, es nuestra última oportunidad para encontrar el regalo que me encargó Rina. Se que quizás suene loco o desesperado, pero solo sé que si llego a casa con Rina y no tengo su regalo, no podrá verme a los ojos en toda la noche. Y la verdad, tampoco yo podré.
– Nagisa-chan.
– Si existe la más mínima oportunidad de encontrar ese regalo entrando con esos renos, entonces lo haré ¿Cuento con su apoyo?
Hazuki y Aya se voltean a ver algo preocupadas, pero entonces voltean conmigo y dicen.
– Por supuesto ¿Qué es lo que hay que hacer?
Entonces nos ponemos en nuestras posiciones de batalla, con Hazuki y Aya colocándose en la pequeña colina de nieve detrás de las personas que están viendo a los renos.
– ¿En verdad vamos a hacer esto?
– Por supuesto, tenemos que ayudar a Nagisa.
– Pues ya que.
Ambas agarran aire y empiezan a cantar villancicos.
– Noche de paz, noche de amor…
Al escucharlas cantar, las personas que estaban viendo a los renos se voltean a verlas y entonces, entro corriendo al parque, saltándome la barda y rodeando a los renos.
– Buenas tardes, lindos renitos. Por favor no me hagan caso y solo... sigan pastando o descansando, lo que más se les antoje.
Rodeo a los renos y llego al centro del encercado, donde se encuentra el árbol que me habían dicho.
– Muy bien, se supone que descansamos bajo este árbol después de las compras, solo que… ¡Un momento!
En ese momento me viene el recuerdo. Para cuando llegamos al parque, no llevábamos nada con nosotras. Compramos unas cosas para almorzar y nos sentamos en este árbol… pero no llevábamos ninguna bolsa de compras, ni ningún regalo.
– Eso quiere decir que… todo este tiempo ¡¿Hemos hecho todo esto para nada?!
En mi enojo, golpeo el árbol frente a mí, ocasionando que caiga nieve de él, la cual asusta a los renos y entonces…
– ¿Uh? ¡Kyaaaaaaa!
Tengo que correr a toda velocidad para que no me aplasten.
– ¡Lindos renos, no pasa nada, deténganse, por favor!
Corro a toda velocidad y finalmente al llegar a la cerca de madera, salto por encima de ella, aterrizando en la nieve y salvándome de la estampida.
– Fiuuu.
Gracias a Dios pertenezco al equipo de atletismo o si no, eso pudo haber terminado en tragedia.
– ¡Nagisa-chan!
Al ver lo sucedido, Hazuki y Aya corren conmigo a ayudarme.
– ¿Te lastimaste? ¿Estás bien?
– Sí, estoy bien. Descuiden, no pasó nada.
Me ayudan a levantarme y quitarme la nieve de la ropa y cabello.
– ¿Y bien? ¿Conseguiste algo?
Mi mirada triste y decepcionada es todo lo que necesitan para saber… que no conseguí nada.
– Fracasamos.
Pastelería central – Tarde
Al regresar de nuestra fallida búsqueda, nos dirigimos a la pastelería central, donde esperamos a que este listo el pastel de navidad que encargó Rina, antes de que tenga que volver a su casa… sin su regalo.
Me siento terrible, creo que jamás me he sentido tan mal como me siento ahora.
Aunque mis amigas también comparten mi dolor y se quedan conmigo en lo que espero, aprovechan que ya están ahí para comprar un pastel de navidad para su respectiva novia.
– Me disculparé con Ai con este pastel por lo de la mañana – dice Aya al tiempo que llegan y se sientan conmigo.
Me encuentran cabizbaja, con la cabeza recargada sobre la mesa y ganas de morir.
– Vamos, Nagisa, descuida. Estoy segura de que si le explicas lo que pasó y todo lo que hiciste por encontrarlo, seguro que lo tomará bien.
– Seguro, después de todo Rina-san es… ah…
– Ella es muy… Mmhh…
No se les ocurre ninguna cosa positiva que decir de ella.
– ¿Sabían que ayer estuvo muy emocionada platicándome de su regalo para mí? – las volteo a ver con varias lágrimas en mis ojos – Seguro que tenía mucha ilusión de que lo abriera. ¿Qué le voy a decir ahora?
– Nagisa – Hazuki y Aya me ven preocupadas.
Vuelvo a ocultar mi rostro en la mesa para que no vean, tratando de controlar mis lagrimas mientras Hazuki acaricia mi espalda para consolarme.
Nos quedamos en esta posición por un momento, hasta que el silencio es roto por la llegada de…
– ¡AYA!
Ai entra a la cafetería claramente enojada.
– Ai.
– ¿A dónde te fuiste? ¡Me dejaste! Un minuto estabas conmigo en la casa y al siguiente… ¿Uh? – Aya le entrega una caja cuando llega a su lado – ¿Qué es esto?
– Un pastel navideño. Lamento haber escapado en la mañana, Ai.
Se acerca y le planta un pequeño beso en la mejilla que la calma y sonroja.
– Bueno… no estoy molesta. Nada más… avísame la próxima vez que vayas a salir ¿Sí?
– Seguro, Ai.
La toma de la mano. Al parecer esto contenta a Ai, quien ya no vuelve a hacer escándalo.
– Bueno, será mejor que nos vayamos. Lamentamos mucho no haber sido de mucha ayuda, Nagisa-san.
– Descuida – aún con lagrimas y mocos en la nariz – muchas gracias por haberme ayudado hoy. Por favor, disfruten de su navidad.
Aya se siente muy incómoda, quiere hacer algo más para ayudarme, pero ya no hay nada que pueda hacer.
– Ven Ai, vayamos a casa – Ai asiente, pero antes de irse.
– Ah, espera.
Va con Nagisa quien sigue con la cabeza oculta, pero una vez llega Ai con ella.
– Ten, esto es tuyo.
– ¿Uh? Pero qué…
Nagisa abre los ojos y ve…
– ¡¿EEEEEEEEEHHHHH?! Acaso ¡¿Ese es el regalo que me compró Rina?!
– ¡Aaaaahh! – Al verlo, rápidamente lo tomo de sus manos, lo cual la asusta un poco, pero no me importa.
Lo observo con claridad, verificando que no sea solo un sueño y tras revisar que es verdad…
– ¡ESTE ES! ¡Es el regalo que me compró Rina!
– ¡¿De verdad?!
– ¡No lo puedo creer!
– ¡Es un milagro navideño!
Me levanto, abrazo y beso en la mejilla a Ai con todas mis fuerzas.
– ¡Gracias, gracias, gracias, gracias, GRACIAS!
– ¡Aaaaaahhh! Auxilio ¡AYA!
Finalmente la suelto, y Ai se limpia disgustada los pequeños rastros de mi saliva de su mejilla.
– Lo lamento, es solo que… estoy tan feliz – nuevas lagrimas caen por mis mejillas, pero esta vez ya no de tristeza, si no de felicidad – ¿De dónde lo sacaste?
– ¿No lo recuerdas? Lo tengo guardado desde el día que salimos juntas a la plaza y luego a la pista de hielo.
– ¡¿EEEEEEEEEEHHHHH?!
– Entonces Ai-san… ¿También estaba ahí? – Hazuki sorprendida.
– Por supuesto ¿Quién crees que estuvo ayudando a Aya a patinar para que no se cayera?
– ¡Ah! Eso… – Aya bastante avergonzada.
– ¿Pero porque lo tenías tú?
– Yo no lo tenía, lo tenía Aya
– ¡¿EEEEEEEEEEHHHHH?! – Aya grita sorprendida cuando escucha eso.
– ¿No lo recuerdas? Se lo encargaste a Aya ese día cuando se fue a la casa a descansar después de la pista de hielo y le pediste que no te lo devolviera hasta antes de navidad. Pero sabía que Aya es muy olvidadiza y como pensé, lo dejó en la mañana. Así que fui a buscarte a tu casa en la mañana para entregártelo, pero no estabas. Fue entonces cuando salí a buscar a Aya y me escribió para que las viera aquí.
– Entonces Aya-san… ¿Lo tenía?
– E-e-eso… ¡AI! Si ya sabías que soy muy olvidadiza ¡¿Por qué no me lo recordaste para que se lo diera en la mañana cuando salí?! ¡¿Tienes idea de todo por lo que pasamos este día?!
– ¡Si no te lo alcancé a dar, es porque saliste corriendo como siempre y me dejaste sin poder decirte que…!
– Todo este tiempo, Aya-san… ¡¿Lo tenía?!
No sé que tan enojada debo de estar con ella, que cuando Aya me ve a los ojos, de inmediato toma a su hermana gemela de la mano y ambas salen corriendo a toda velocidad de la tienda.
– ¡Huyamos, Ai!
– ¡Ah, espera, me lastimas!
Ambas gemelas salen corriendo a la calle junto con su pastel en mano, mientras las persigo y al llegar a la entrada, les lanzo mi tenis a lo lejos.
– ¡Mas te vale correr, Idiota!
– Sin duda… es la novia de Rina-san, jaja – Hazuki avergonzada, mientras observa toda la escena que armamos.
Pero nada de eso importa ahora. Lo importante ahora… es que por fin tengo el regalo de mi amada Rina.
– Volvamos a casa, Hazuki-chan.
– Seguro.
Casa de Rina – Noche
Finalmente, tras un largo día fuera y la gran odisea que tuve con mis amigas, regreso a casa con Rina, ya con el pastel de la tienda y el regalo que tanto trabajo me había costado conseguir.
Al llegar nos abrazamos, charlamos y tenemos una buena cena navideña las dos juntas bajo las luces navideñas.
Una cena verdaderamente romántica.
Al terminar, pasamos al sillón de su sala frente a la chimenea encendida y nos sentamos para intercambiar nuestros regalos.
– ¿Estás lista, Nagisa?
– Por supuesto.
Primero tomo el regalo que yo había comprado para Rina y se lo entrego con una sonrisa.
– ¡Feliz Navidad, Rina!
– ¡Gracias, Nagisa!
Lo toma contenta en sus manos y lo abre con mucha emoción, revelando…
– ¡No lo puedo creer! ¡Es la bufanda que te enseñé el otro día en aquella plaza! ¿De verdad me estabas escuchando cuando te la enseñé?
– Por supuesto. Aunque a veces no lo parezca, yo siempre te estoy escuchando.
– Nagisa – conmovida.
Se pone la bufanda y me mira muy agradecida.
– Muchísimas gracias, Nagisa.
– No hay de qué.
– Y ahora…
Rina toma el regalo que tanto trabajo y molestias nos había tomado conseguir, y me lo entrega emocionada.
– Este es tu regalo ¡Feliz Navidad!
– Gracias, Rina.
Lo abro ansiosa, me pregunto si en verdad quiero saber de que se trata.
Y cuando lo abro, descubro…
– Ehh… ¿Rina?
– ¿Sí, Nagisa?
– ¿Estos son…?
– Así es.
Son unos simples bastones de caramelo, de aquellos que se pueden conseguir en cualquier tienda.
– ¿No te encantan?
– Ah… sí, por supuesto que me gustan los dulces, pero… discúlpame, no entiendo ¿Por qué te tomarías la molestia de encargar unos bastones de caramelo por paquetería con tantos meses de anticipación? Los pudiste haber comprado este mismo día en cualquier tienda y no hubiera habido mucha diferencia.
– Ah, pero te equivocas. Hay una clara diferencia entre estos bastones y los de una tienda cualquiera.
– ¿Sí? Y ¿Cuál es?
– Que los tuyos fueron especialmente traídos por ti.
– ¡¿Eeeeeeeehhhh?!
Sonrisa malevola.
– Sabía que si te encargaba que recogieras un regalo con meses de anticipación, te olvidarías completamente de ello y te embarcarías en una búsqueda desesperada durante todo el día, moviendo tierra y cielo hasta encontrarlo.
– En otras palabras, querías ver que tan lejos estaba dispuesta a llegar ¿por ti?
– Así es, y veo que tuviste éxito. El que hayas hecho todo eso por mí, es el mejor regalo que me pudieras haber dado. Muchísimas gracias, Nagisa.
Me abraza, pero yo sigo en shock tratando de procesar lo que me dice.
– Rina… ¿Es en serio?
– Así es. Aunque no creas ni por un segundo que te dejaría sin regalo.
Rina se voltea y saca un segundo regalo debajo del sofá.
– Este es mi verdadero regalo para ti ¡Feliz Navidad, Nagisa!
– Oh, gracias – lo recibo nada emocionada, todavía procesando que todo lo que habíamos hecho en este día, había sido un plan maquiavélico de mi novia.
Abro su segundo regalo y de él saco.
– ¿Lo ves? ¡Es el nuevo dildo Turbo-Woman 3000! Con baterías ya incluidas, lubricante y todo ¿Acaso no soy la mejor novia en todo el mundo? Estoy segura que lo vas a disfrutar mucho cuando lo use contigo, aunque quizás, primero podríamos probar… ¡Kyaaaaaa, Nagisa!
Al escuchar todo lo que me había hecho pasar por su capricho, decido darle una probada de su medicina usando su bufanda que le acabo de regalar para amarrarla de ambas muñecas contra el sillón.
– ¡Kyaaaa, Nagisa! ¿Qué es lo que estás haciendo?
– ¿Qué es lo que parece que hago? Pongo a estrenar mi nuevo regalo.
Le digo al tiempo saco el dildo de la caja frente a sus ojos y lo empiezo a activar.
– ¡Aaaah! ¡Pero espera! Se supone que yo lo tengo que usar para ti.
– Olvídate de eso, Rina. Ya me usaste lo suficiente por un día. Ahora, yo voy a abusar de ti.
La tomo de su falda por ambos lados y la deslizo a lo largo de sus piernas junto con sus panties hasta dejarlas completamente fuera y entonces, abro sus piernas dejando al descubierto el punto donde debo insertarlo.
Acerco el dildo hacia su entrada y con una sonrisa le digo.
– Es hora de activar el turbo, Rina.
Lo enciendo al tiempo que lo meto dentro de ella y...
– Nagisa… ¡Nagisa! ¡Aaaaaaaaahhhhh!
Unas horas después
Tras haber terminado de hacerle el amor a Rina con aquel dildo una y otra vez, supuse que ya había recibido suficiente castigo por lo que hizo, así que decidí desamarrarla para seguir divirtiéndonos juntas y terminamos haciéndolo entre nosotras por toda la sala.
Ahora, tras terminar de hacerlo, nos encontramos descansando sobre la suave y cómoda alfombra de su sala, donde descansamos frente al calor de la chimenea.
Decidimos dormir aquí junto al fuego, por lo que Rina sube rápidamente a su cuarto para traer una cobija para las dos y con ella cubrir nuestros cuerpos desnudos.
Al volver, Rina se acuesta a mi lado y usa la cobija para cubrirnos.
– Listo ¿Cómo se siente, Nagisa?
– Muy cómodo, después del día que tuve, siento que podría quedarme dormida de inmediato.
– Me da mucho que la hayas pasado tan a gusto, Nagisa. Aún no puedo creer que tomaras esa clase de iniciativa conmigo. Si sabes que por la manera en que me amarraste y usaste ese dildo contra mí, podría acusarte de abuso ¿verdad?
– Tal vez, pero entonces ya no tendrías a nadie que te soporte y aguante tus locuras.
– Supongo que tendré que hacerte salir en más búsquedas absurdas para compensarlo.
– Hazlo y te volveré a castigar con más severidad.
– Lo estaré esperando, Nagisa.
Sonreímos y nos besamos bajo la cálida cobija sobre la alfombra.
Cielos, si no la conociera lo suficiente diría que planeó todo esto desde el principio, incluso el que termináramos de esta manera.
Aunque a decir verdad, el que me haga pasar por todas estas locuras y nunca saber que esperar de ella, es una de las tantas razones de que me haya enamorada de ella.
La amo y quiero compartir mi vida a su lado, y si eso significa que de vez en cuando me mande en una búsqueda fatal como la de hoy… bueno, es un pequeño precio a pagar con tal de ver ese bello rostro a mi lado cada noche al dormir y despertar.
Me acerco a darle un dulce beso en los labios y le digo.
– Buenas noches, Rina – observo el reloj de su sala. Ya pasa de la medianoche, así que con una sonrisa le digo – Y feliz navidad también.
– Nagisa – sonríe – Feliz navidad a ti también. Buenas noches.
– Descansa, Rina.
FIN
