Poda: Las flores se pueden usar como remedio para controlar el temperamento de un Come Flores.
Al día siguiente su maleta ya estaba preparada cuando despertó. Su padre únicamente le dio oportunidad de arreglarse y desayunar antes de poner el traslador en su mano y enviarlo a aquel lugar.
Era terrible lo que le estaba ocurriendo, por el repudio de la sociedad tenía que someterse a los caprichos de su padre y cumplir con un castigo que no merecía.
Antes de que el traslador se activara, su madre le dio un abrazo suave y un beso en la mejilla, después se alejó y Draco fue llevado hasta el castillo.
— Amo Draco. —Un elfo doméstico se apresuró a recibirlo—. Su padre ya ha indicado el trabajo que hará durante su estancia en Bamburgh.
Draco miró de reojo al elfo mientras lo escuchaba hablar, luego se dedicó a mirar el hotel, el cual estaba ubicado en el interior del castillo Bamburgh, famoso entre los turistas. Cuando los Malfoy adquirieron tal propiedad se encargaron de remodelarla de tal manera que los turistas se pudieran hospedar y organizar eventos allí mismo. Era un gran negocio, por eso su padre amaba aquella construcción.
— ¿Y qué es lo que dijo padre que voy a hacer?
El elfo lo condujo al interior, caminó por unos pasillos hasta que llegaron a la cocina.
Hizo aparecer un sobre el cual le entregó a Draco.
El rubio se apresuró a abrirlo y de inmediato reconoció la letra de su padre.
Draco
Me alegra que hayas llegado a salvo.
Recuerda que únicamente volverás a la mansión cuando empieces a tomar el rumbo de tu vida. Mientras tanto, lavarás todos y cada uno de los platos que aparecerán en la cocina del hotel.
Lucius M.
— ¿QUÉEEEEE? —Todos los elfos a cargo de la cocina voltearon a verlo con los ojos desenfocados por el susto.
» No, no, no, padre no puede hacerme esto. ─Murmuró mientras arrugaba el papel y miraba de un lugar a otro buscando una chimenea por donde escapar de vuelta a la mansión─. ¿Dónde carajos se encuentran las chimeneas? ─cuestionó enfadado.
─ Amo Draco, tengo que advertirle que… ─el elfo no alcanzó a explicar nada, Draco ya estaba afuera de la cocina y caminaba apresurado por el pasillo. Estaba seguro que en la recepción encontraría lo que buscaba así que se dirigió hacia allá─. Amo Draco, espere, usted no puede… ─nuevamente no lo dejó terminar de explicar. El rubio tomó un puñado de polvos flu y entró a la chimenea, dijo fuerte y claro «Mansión Malfoy» y soltó los polvos, pero lo único que logró fue ser lanzado hacia afuera con fuerza.
─ ¡Qué mier…! ─No terminó la oración, avergonzado al notar que una serie de visitantes lo observaban, se puso de pie y caminó hacia el elfo para exigir una explicación─. ¿Me puedes decir qué mierda ocurrió? ─susurró por lo bajo.
El elfo bajó la mirada para responder.
─ El amo Lucius bloqueó el acceso a la mansión y lugares cercanos a Londres. No quiere que escape, ya sabe.
El rubio soltó un bufido.
─ Y supongo que tampoco me puedo aparecer.
El elfo negó con la cabeza.
Draco por su parte, quería morir.
Seis años después…
Para ser honesto, fue más duro de lo que imaginó.
Muchas cosas habían cambiado desde su ausencia y aun cuando regresó con el alto título del mejor jugador de quidditch del último año, no se sentía para nada importante.
Suspiró cansado y al fin se decidió a levantarse del asiento y salir del avión.
Quiso viajar en un transporte muggle, porque a pesar de que el viaje fue más largo y agotador, prefería eso a ser acechado por la prensa mágica.
─ ¡Harry! ─gritó Hermione quien salió a su encuentro en cuanto llegó a la zona de pasajeros del aeropuerto.
El aludido sonrió y recibió el abrazo de su amiga con gusto.
─ Me alegra que hayas llegado a tiempo, Ginny todavía no te ha perdonado que faltaras a su fiesta de compromiso. Suplica porque tu presencia durante esta semana aminore su ira.
─ ¿Y por qué tengo que suplicar? ─cuestionó Harry en broma─. De hecho, estoy empezando a pensar que no es buena idea asistir.
Hermione negó con la cabeza.
─ No seas así, Gin quiere que TODOS convivamos con su novia antes de la boda, especialmente los que no han convivido con Parkinson ni un solo minuto. Desea que su boda sea perfecta, ¿y qué puede ser más perfecto que la presencia de todos los amigos cercanos?
Harry resopló y sonrió.
─ ¿Pansy Parkinson? Nunca me lo hubiera imaginado.
Hermione se encogió de hombros.
─ Si, yo también pensé que terminaría con Luna…
Continuaron su charla mientras se dirigían al departamento de Hermione ubicado en el barrio de Covent Garden, lugar donde se quedaría Harry hasta que Grinmauld Place fuera limpiada, ya que su amiga le había advertido que se encontraba inhabitable.
Harry desempacó sus cosas y tomó una ducha, después se vistió y esperó a que Hermione se arreglara. Después, se tomaron de las manos y aparecieron a las afueras de La Madriguera, lugar donde se llevaría a cabo una cena de los amigos más cercanos de la pareja.
─ ¿Estás bien? Pareces algo nervioso ─mencionó Hermione mientras esperaban a que les abrieran la puerta.
Harry asintió y le dirigió una sonrisa para reforzar su respuesta.
Un sonido en el interior de la casa hizo que ambos voltearan hacia el frente.
Sabía, o esperaba, que Malfoy estuviera allí, después de todo era gran amigo de Parkinson, lo que no anticipó es que el rubio sería quien les abriera la puerta de la casa.
─ ¡Malfoy, ya estás aquí! ─Exclamó Hermione, aparentemente igual de sorprendida que Harry, aunque por diferentes razones.
Malfoy no respondió nada, concentró su mirada en la de Harry y pareció igual de desconcertado que él, pero fue tan breve el desliz que Harry ni siquiera pudo saborear la interacción.
─ ¿Podemos pasar? ─La castaña volvió a hablar. Draco ya la estaba mirando, así que asintió y se hizo a un lado.
─ Adelante, la feliz pareja se encuentra en el jardín.
Al cruzar el umbral de la puerta, el moreno volteó a verlo, pero el otro mago giró rápidamente el rostro, obviamente con el objetivo de no volver a cruzar miradas.
Para ser honesto, Harry se sentía decepcionado. Desde hace seis años no había hecho otra cosa más que pensar en el reencuentro, cómo sería, qué diría o qué le diría Draco, en muchos de los escenarios el rubio lo insultaba e incluso llegaban a los golpes, pero en ninguno de ellos imaginó que sería ignorado de una manera tan dura.
Suspiró profundamente, resignándose a seguir a Hermione hacia el lugar que fue indicado por Malfoy con anterioridad.
Pronto el ambiente de convivencia se hizo presente y Harry se sintió frustrado porque todos los intentos que hizo para hablar con Malfoy fueron un fracaso. Era obvio que el rubio lo estaba evitando y él, tan necio como era, no quería ceder a la idea de que sus sentimientos jamás serían correspondidos.
Al menos le quedaba el consuelo de que pudo ver a Draco y admirar su tremendo atractivo. Además de descubrir que era un Floricultor. Las begonias que emergían de su pecho eran hermosas y a pesar de estar tan lejos, Harry podía percibir el intenso aroma dulce que emanaban.
─ Harry, no creí que tendría la suerte de encontrarte esta tarde.
Rita Skeeter.
¿Qué mierda estaba haciendo allí?
Lo comprendió en seguida al recordar que Ginny también era una figura importante del deporte.
─ ¡Ah, Skeeter! El sentimiento de esperar no encontrarte es mutuo. Estaba seguro de que la invitación con tu nombre fue incendiada accidentalmente. ─Si, fue altamente grosero, pero no quería darle a Rita ningún tipo de información que después pudiera tergiversar a su conveniencia.
Rita sonrió con tranquilidad, pareciendo compartir el humor sombrío de quien acabó con Voldemort, pero la realidad es que se había ofendido.
─ En realidad la señorita Weasley y Parkinson me dieron autorización de cubrir el gran acontecimiento que se llevará a cabo al final de la semana.
Harry dudaba que fuera así, Ginny sabía lo mucho que había perjudicado en su vida, nunca permitiría que la reportara pasara ni un segundo en la misma habitación que él.
─ Dudo que eso sea así, pero me reservaré la oportunidad de echarla de aquí únicamente con la condición de que se mantenga lejos de mí.
─ ¡Oh, Harry, no suenas como el chico dulce que conocí en 1994!
El pelinegro resopló.
─ Le aseguro que ya no soy ese chico estúpido, así que si me disculpa…
Harry iba a alejarse lo más que pudiera de Rita, pero la bruja quería saber, conocer algún jugoso chisme sobre lo que había estado haciendo Harry Potter durante su estadía en Canadá, algo privado.
─ ¿Y qué tal te ha tratado el amor? ¿Alguien especial en Canadá?
─ No hay nadie, ahora si me disculpas…
─ ¿Será que Anthony Goldstein aún persiste en tu corazón?
Harry pensó que Rita estaba tratando de pinchar viejas heridas.
─ Por supuesto que no, ahora solo lo veo como un amigo. ─Respondió a regañadientes.
─ Seguro el señor Goldstein se sorprendería de escuchar eso. Ya que la semana pasada, en una entrevista con su esposo, aseguró que le has escrito con bastante frecuencia.
Harry rodó los ojos internamente.
─ Estoy seguro de que no dijo tal cosa. Se te conoce muy bien la reputación, Rita, sé que mientes.
─ Bueno, tal vez entendí mal sus palabras, como sea, dime una cosa ¿cómo te sentiste cuando te dejó por un jugador esplendido, además de atractivo?, ¿sabías que fue catalogado como el hombre más guapo de Europa por tres años consecutivos?
─ Si, lo sé y sabes qué más sé, que si no te alejas de mí en este momento voy a convertirte en troll de jardín. ─Rita sonrió, seguramente pensando que Harry no se atrevería, por lo que el moreno sacó la varita y la expresión de la bruja cambió─. No estoy bromeando. ─Advirtió Harry.
Varios invitados notaron el enfrentamiento y se acercaron para ver lo que sucedía.
Rita se encogió de hombros decidiendo ceder.
─ Skeeter. ─Bramó Ginny─. Te advertí que no molestaras a mis invitados…
Que la menor de los Weasley interviniera no mejoró el humor de Harry, quien fue atraído por Hermione. Estaba enfadado, su ira lo carcomía porque una vez más tenía que reprimir sus impulsos.
Su mejor amiga notó entonces el moreno comenzó a tener un ataque de ansiedad, por lo que intentó tranquilizarlo con palabras suaves y un abrazo.
No funcionó.
─ Ron, ayúdame a llevarlo a la casa ─Pidió Hermione.
Ron asintió, volteó a ver a Theo quien le sonrió con aprensión y juntos llegaron hasta Harry.
─ Lo llevaremos a mi antigua habitación ─susurró el pelirrojo.
Mientras caminaban al interior, Hermione seguía intentando que Harry controlara su respiración.
Entraron a la casa e iban a subir las escaleras cuando escucharon a alguien pidiendo que se detuvieran.
─ Potter no está bien, necesita algo más que regular su respiración y permanecer en un lugar tranquilo.
Ron y Hermione se miraron confundidos, pero Theo comprendió inmediatamente por lo que sonrió a su amigo.
─ Draco tiene razón, Ron.
─ ¿Qué? ¿Acaso él va a…?
─ Si, Weasley, así que apártate ─dijo Draco mientras hacía a un lado al pelirrojo y se aproximaba a Harry.
Ron se movió sin rechistar.
─ ¿Qué vas a hacer? ─preguntó la castaña. Draco no le respondió con palabras. En su lugar, se desabrochó la camisa y una vez reveló las flores en su piel, arrancó algunas de las que acababan de brotar. Se las entregó para que Harry las comiera.
Harry se sentó en el sofá más cercano y esperaron unos minutos, poco a poco su respiración se fue regulando, su corazón también se desaceleró y el color volvió a sus mejillas.
Todo estaba bien.
