Esta es la tercera historia de una serie, para seguirla mejor conviene leer primero "Rubia" y "Modelo". Está escrita para celebrar el cumpleaños de Bill Weasley (el 29 de noviembre, siento el retraso). Aviso de que es hetero y uno de los personajes es trans, para las personas que no leen las etiquetas.

¡A disfrutar!


Ser el hermano mayor en una gran familia era una gran responsabilidad. Ayudar a su madre con los más pequeños, sobre todo en las comidas, ser un ejemplo en sus estudios y en su comportamiento, en general un tercer padre para todos ellos.

Bill era el hermano mayor, el razonable, aunque se sumara de vez en cuando a las bromas en las reuniones familiares. Tenía una gran relación con todos ellos, especialmente con Ron, que seguía o intentaba seguir su estela como estudiante y deportista.

¿Su debilidad? su hermano Charlie, la antítesis de todo lo que él había sido de adolescente: mal estudiante, juerguista, con una capacidad exagerada para escaquearse cada vez que su madre pedía ayuda. Y su confidente. Era con el que se descargaba cuando ser el hijo modelo se le hacía grande.

— ¿Qué te pasa hoy? No paras de mirar el móvil —le preguntó su hermano una tarde de final de verano mientras tomaban una cerveza al salir del trabajo.

Con un suspiro, guardó el móvil en la bandolera que solía llevar y trató de centrarse en Charlie.

— Disculpa, cosas del trabajo. ¿Qué me decías?

— Era una batallita sexual, ya no tiene gracia. ¿Seguro que estás bien? Pareces cansado.

— Tengo un compañero de baja y otra a punto de dar a luz. El jefe de área se comprometió a conseguirme ayuda hace una semana, pero mientras estoy trabajando por tres. Es el primer rato libre que me cojo en... —Pareció echar cuentas mentales, con el ceño un poco fruncido— he perdido la cuenta.

Charlie le pasó un brazo por los hombros y le dio un apretón.

— Tú y tu vicio de la responsabilidad.

— Un vicio feo que debería corregir. Venga va, dame envidia, cuéntame esa batallita sexual —le pidió, dando un largo sorbo a su cerveza.

— Es la cosa más loca en la que me he visto.

— Todas tus historias empiezan así.

— Chst, que pierdo el hilo. ¿Te acuerdas del local este que te comenté de intercambios? Pues había una pareja a la que le tenía echado el ojo desde hacía días...

Bill se puso cómodo en su silla, las historias de su hermano siempre eran largas y llenas de detalles. Muchas veces le decía que vivía a través de él, porque su propia vida sexual estaba siempre en el último lugar entre sus prioridades.

==o0o==

Unos nudillos golpearon con ímpetu el marco de la puerta de la sala de trabajo de los informáticos. En ese momento, Bill era el único trabajando, con las mangas subidas hasta los codos y un montón de papeles llenos de posits sobre la mesa. El jefe tuvo que tocar otras dos veces más antes de conseguir que el pelirrojo le hiciera caso.

— Weasley.

— Jefe — saludó, peinándose la melena con los dedos para parecer más presentable.

Estaba tan estresado que ni tan siquiera se había afeitado esa mañana. Si lo viera su madre le habría caído una buena bronca.

— Te traigo lo que me pediste.

El pelirrojo parpadeó confundido, sin entender. Hasta que su jefe directo entró a la sala y, tras él, entró una chica rubia.

— William Weasley, nuestro coordinador —le dijo el hombre a la chica—, Fleur Delacour, trasladada de la oficina de Tours —acabó la presentación volviéndose de nuevo hacia Bill—. Está muy preparada, viene recomendada por el coordinador de su departamento.

Bill se puso de pie y se acercó hasta su nueva compañera. Estiró la mano para saludarla y en ese momento la miró más atentamente. Llevaba unas gafas de montura de metal plateado y el pelo rubio cayendo en ondas sobre los hombros. Era alta, de hombros anchos y cintura estrecha, una silueta que le recordó a la de su hermana menor y le hizo pensar que se trataba de una deportista.

— Un placer. Espero que tengas ganas de trabajar mucho en tu primer día, estamos desbordados.

La francesa le sonrió de vuelta y se subió un poco las gafas mientras le estrechaba la mano con firmeza.

— Preparada para trabajar. ¿Dónde me siento?

==o0o==

Aquel domingo llegó a casa de sus padres para el almuerzo familiar antes que el resto de sus hermanos. Para ese entonces solo quedaban viviendo en la vieja casa los dos pequeños, que estaban en la secundaria todavía. Él vivía holgadamente, el banco era un jefe explotador, pero pagaba bien. Charlie compartía piso con Fred y George, y Percy se había independizado hacía poco para irse a vivir con Stan.

Después de saludar a sus padres, salió al jardín en busca del motivo de su temprana llegada. Allí se encontró a su hermano menor concentrado en golpear la pelota con saña contra la pared del pequeño cobertizo en el que su padre guardaba los aperos del jardín y el huerto.

— ¿Practicando para evitar que Ginny te quite la capitanía?

Escuchó perfectamente el bufido de Ron antes de que disparara con fuerza, haciendo que se desprendiera un polvillo de la pared. Se quitó la chaqueta, la dejó con cuidado en el alféizar de la ventana de la cocina y se acercó con calma hasta interceptar el balón. Pelearon un buen rato por el control del esférico, como hacían cuando Ron era un crío y su mayor empeño era poder medirse con sus hermanos mayores, pero en silencio.

Era inusual en él. Por lo general, cuando jugaban juntos al fútbol había comentarios jocosos e intercambios de insultos, Ron no era precisamente una persona callada y modosa, era un bravucón de los que andaba a voces por la vida.

— ¿Qué pasa, Ronnie? —le preguntó por fin al cabo de un rato cuando se sentaron los dos a recuperar el aliento en los escalones de la puerta de la casa— Si frunces más el ceño las cejas se te van a convertir en bigote.

— He tenido una semana de mierda.

— Lo supuse cuando me escribiste ayer para que viniera antes. ¿Y bien?

— ¿Cual es la probabilidad de que entre siete hermanos, dos sean gays?

Bill no supo qué contestar. Todos habían crecido sabiendo que a Percy le gustaban los chicos, había sido parte de la realidad de su familia, algo completamente natural salvo en las consecuencias que había tenido para su hermano. ¿Pero Ron? Le había pillado completamente por sorpresa.

— No lo sé —contestó por fin—. ¿Eso es lo que te tiene así? ¿Eres gay, Ron?

Su hermano pequeño, que ya de pequeño tenía poco porque era más grande que él, se limitó a bufar y encorvarse sobre el balón en su regazo.

— Es una puta mierda.

— ¿Te ha pasado algo? ¿alguien se ha metido contigo?

— Na.—Negó con la cabeza— Es Harry.

— Harry, ¿tu amigo Harry? ¿el delantero? ¿habéis peleado?

— Follamos, el fin de semana sé cómo pasó, íbamos los dos tan borrachos que aún no sé como acerté a metérsela. Joder... —soltó el balón y se sujetó la cabeza con las manos, los codos apoyados en los fuertes muslos.

— Ron... acostarte con un hombre no te hace gay, hay muchas más opciones.

— Qué va, esto ha sido la guinda nada más. Hace años que las paso putas en el vestuario, se me van los ojos. Y antes de que preguntes, sí lo he intentado con chicas. No me ponen nada de nada.

— Entonces si ya sabías que eres gay, ¿cuál es el problema con Harry?

— Que quiere repetir, sobrios a poder ser. Y a mi me gusta otra persona, y todos somos amigos y ahora mi mejor amigo no me habla, si se entera Ginny de lo que he hecho me va a matar, y si se entera Zabini...

— ¿Zabini es el que te gusta?

— Más que comer con las manos —contestó el chico, frotándose los ojos con los talones de las manos.

— Joder, Ron. —Le pasó el brazo por los hombros y apretó un poco para confortarlo— Esto es casi casi lo de "Donde tengas la olla, no metas la polla". ¿El polvo al menos estuvo bien?

— Claro que no. Mi primera vez con un tío fue una puta mierda porque los dos íbamos muy pasados y porque en realidad a mi Harry no me pone ni un poco. Puto alcohol, no vuelvo a beber.

Bill no pudo evitar reír un poco y relajarse. Su hermano era un adolescente con problemas de adolescente, pero él tenía activado el filtro protector después de Percy y enseguida se ponía en lo peor.

— Eso no te lo crees ni tú. Pero igual deberías hacerte un nudito en la polla cuando bebas. ¿Puedo ayudarte con algo?

Ron se puso en pie y recuperó el balón que había rodado unos metros.

— Necesitaba soltarlo, estas mierdas normalmente se las contaría a Harry o a Ginny.

— ¿Qué problema hay con Ginny? —le preguntó, intrigado porque sus hermanos menores estaban muy unidos, a pesar de su tendencia a discutir por todo—¿Le gusta a ella?

— No, que lleva tiempo avisándome de que a Harry le gusto y no le he hecho caso.

Ahí sí que Bill soltó una carcajada, mientras revolvía el pelo a Ron.

— Anda, ve a ducharte, que queda poco para comer. Y habla con Gin, ella te dará una colleja pero luego te ayudará, ya la conoces.

Recibió otro bufido por parte de su hermano mientras abría camino de vuelta al interior de la casa, sintiendo su estómago rugir por el apetitoso olor que lo inundaba todo.

==o0o==

— ¿Vienes?

Bill levantó los ojos de la pantalla lo justo para ver a su nueva compañera mirándole a medio metro, con el abrigo puesto. Bueno, ya no era tan nueva, llevaban trabajando los dos juntos, codo con codo, dos meses. Dos largos, larguísimos meses en los que se había recordado a sí mismo muchas veces el refrán que había usado con su hermano acerca de ollas y pollas.

La atracción por su compañera había sido una cosa que le había golpeado en toda la frente en la primera semana de trabajo. Le gustaba, le gustaba mucho, y era posible que fuera mutuo, pero no había querido comprobarlo nunca. La empresa tenía normas bastante estrictas acerca de las relaciones entre compañeros.

— Aún me queda un rato. Ve tú, no te preocupes, ya te has pasado casi una hora de tu horario.

La bonita cara de Fleur se oscureció un poco. Dejó el bolso sobre la mesa, cogió su silla y la acercó con un sisear de ruedas hasta acabar sentada muy cerca.

— Me han dicho que antes te unías a las copas de los viernes. Hasta que llegué yo. ¿Tienes algún problema conmigo, Bill?

— No tengo ningún problema, Fleur, lo que he tenido ha sido mucho trabajo —respondió, sin dejar de teclear.

— Ya. ¿Por qué será que no te creo?

Bill giró en su silla lo suficiente para poder mirarla a la cara. Estaba cruzada de brazos, mirándole con fijeza, los ojos azul hielo entornados como si escaneara su rostro en busca de lo que ocultaba.

— De verdad que no tengo ningún problema —insistió, obligándose a sostenerle la fiera mirada.

— Pues yo sí que lo tengo.

Enarcó las cejas pelirrojas, sin entender, pero no dijo nada, prefirió esperar a ver por donde salía y de paso dejarla soltar lo que parecía ser varios días de mosqueo acumulado.

— Creo que tenemos un asunto pendiente de resolver.

— ¿Qué asunto?

Por respuesta, Fleur se inclinó hacia delante, lo agarró por la camisa y tiró de él hasta que lo tuvo al alcance para besarlo con ferocidad. No pudo evitar gemir dentro del beso y devolverlo, pero entonces ella dejó de besarle y lo soltó, alejándose.

— Este asunto. Ven a tomar algo, Bill, no voy a abalanzarme sobre ti, no voy a perseguirte, aunque esté claro que nos gustamos, así que haz el favor de ser un adulto y apaga el ordenador. Te hace falta esa copa.

==o0o==

Hizo caso, ese viernes y los siguientes. Pero controlando, con la historia de su hermano Ron muy presente. Por su parte, Fleur cumplió, no volvió a hacer un acercamiento. Y todo bien, seguían trabajando juntos, más distantes, y todos tranquilos, hasta que el jefe le comunicó que su compañero volvería de la baja pronto y Fleur había pedido el traslado a otra oficina.

Después de esa reunión, volvió a la sala de trabajo y la miró desde la puerta. Trabajaba concentrada, canturreando, porque había conseguido que la autorizaran a trabajar con cascos unos días atrás. Antes de darse cuenta, estaba imitando su gesto de unas semanas atrás y arrastrando su silla hasta ponerse a su lado.

— Fleur.

Ella lo ignoró, como cabía esperar.

— Fleur —volvió a intentarlo, tocando con un dedo su hombro.

— ¿Qué? —preguntó ella con brusquedad, quitándose los cascos.

— Robert acaba de decirme que has pedido un traslado.

Su compañera dejó los cascos sobre el escritorio y se giró un poco hacia él.

— Y crees que lo he hecho porque no quiero trabajar contigo —adivinó ella—. Tienes un ego impresionante, Bill.

— Yo no...

— Hay un puesto que me interesa en la oficina central, aquí no tengo opciones de ascenso aunque consiguiera quedarme, los tres tenéis mucha antigüedad. ¿Puedo volver a trabajar?

— Disculpa. Debí darte una explicación.

— ¿Hay una explicación? estaré encantada de escucharla, pero ahora no, tengo que acabar esto.

Y volvió a ponerse los cascos y a teclear a toda velocidad.

Esperó, esperó y esperó. Y Fleur se recreó en hacerle esperar. Cuando por fin apagó el ordenador, bastante pasada la hora de salida, eran los únicos en esa parte de la planta. Era como un código no escrito que los frikis informáticos nunca acababan a su hora y que no tenían nada mejor que hacer, una vida en casa, así que no les importaba. En el caso de Bill era bastante correcto.

— ¿Quieres cenar? —preguntó mientras la veía ponerse el abrigo.

— Depende de lo que vayas a decirme, no me apetece desperdiciar una copa de vino tirándotela por encima.

Bill se levantó de la silla y cogió también su abrigo del perchero. Su compañera había parecido al principio una dulce florecita, pero a la vista estaba que tenía un carácter que podría competir con el de su hermana Ginny.

— Puedo decírtelo aquí y decides. En realidad es una estupidez, Fleur —comentó mientras se acercaba a ella.

Vio como su gesto cambiaba y se ponía rígida, como si esperara algo muy desagradable.

— Dilo, va, pongamos las cartas sobre la mesa y me voy a mi casa.

— Me gustas. Mucho, la verdad. El día que me besaste debería haberte dicho esto pero yo... soy tu jefe y la empresa tiene unas normas muy estrictas y ...

— Espera, —le detuvo ella, adelantando la mano abierta— ¿eso es todo? ¿por eso me evitabas?

— Sí.

Ella sonrió, de oreja a oreja, con una cara de alivio que realmente no entendió. Y, tal y como había hecho la vez anterior, lo agarró de la pechera de la camisa que asomaba por el abrigo sin abrochar y tiró hacia ella para volver a besarle.

==o0o==

Iba bien. Quizá demasiado bien, pensaría después. Tras la cena de esa noche y de que se hiciera efectivo el traslado de Fleur, comenzaron las citas. Nada demasiado aventurero, cenas, algún cine, un par de copas después del trabajo. Hasta aquella noche a final de mayo.

Habían cenado juntos, un asiático con mucho picante que había dado pie a un par de situaciones divertidas, y caminaban de la mano relajadamente, disfrutando de la noche primaveral, en dirección al pequeño piso de Fleur. Piso que él no conocía, porque sus citas nunca habían acabado compartiendo cama. Sin haberlo hablado, los dos daban por sentado que el otro necesitaba su tiempo y se conformaban con furiosos desahogos al volver a casa después de las largas despedidas llenas de besos.

Aquella noche parecía tener el mismo patrón. Llegaron al portal y, en un gesto que ya era costumbre, Fleur lo agarró para besarlo, pero con tanto impulso que acabaron contra la puerta, muy pegados. Sin querer, a Bill se le escapó un gemido bastante desesperado que hizo que Fleur pensara que ya era hora de dar un paso más.

— ¿Quieres subir? —preguntó sobre sus labios.

Lo vio abrir bastante los ojos antes de responder besándola. Apenas separaron los labios mientras abría la puerta y llegaban al ascensor. En cuanto entraron en el piso, Fleur los guió a los dos hasta el sofá, lo empujó para que cayera sentado y se trepó a sus rodillas para volver a atacar sus labios.

No se dio cuenta porque seguían besándose mientras Fleur se desabrochaba la blusa y se la quitaba. Lo descubrió cuando, tentativamente, acarició con delicadeza un pecho sobre el sujetador y el tacto no era el esperado. Se separó un poco, bajó la vista y se quedó mirando perplejo el pecho plano oculto tras la pieza de lencería negra con relleno.

— ¿Bill? —la voz de Fleur tenía un matiz afilado al decir su nombre— No son de verdad, estoy ahorrando.

Vio a Bill parpadear varias veces, como si estuviera absorbiendo la información, como si le pillara por sorpresa. Fleur tomó aire, le cogió una de sus manos y la puso sobre su entrepierna.

— Pensaba que lo sabías —dijo con un murmullo contenido.

Él negó con la cabeza, la melena pelirroja moviéndose de un lado a otro, sin mirarla a los ojos.

— Eras mi jefe, ¿no viste mi ficha con mi nombre de nacimiento? —inquirió Fleur mientras se bajaba de sus rodillas y volvía a abrocharse la blusa.

— No —murmuró, levantando por fin la vista para verla recolocarse la ropa— Yo no... Robert hizo el papeleo.

— Mierda. Cuando me evitabas creí que era por eso.

"¿Cómo se ha ido todo al traste en un momento?" Se preguntó mientras ella se alejaba y la escuchaba abrir el grifo en la cocina. Siguió el sonido y la vio bebiendo un vaso de agua apoyada en el mostrador junto al fregadero.

— Fleur...Yo no... no sé si puedo.

— ¿El qué no puedes?

Bill boqueó, buscando las palabras, pero no salía nada.

— No hace falta que digas nada, Bill. Me alegro de que haya pasado al menos cuando ya no trabajamos juntos. Cierra bien cuando te marches, por favor.

Y salió por la puerta, dejándolo allí de pie , plantado en su propia cocina.

==o0o==

Sentado en una caja de piezas, veía trabajar a Stan. Desde que su hermano se había ido a vivir con él, al apartamento que habían alquilado juntos cerca del taller, Bill solía ir a cenar una vez a la semana. Y si llegaba pronto, como ese día, hacía compañía a su cuñado mientras llegaba Percy del trabajo.

— ¿Puedo hacerte una pregunta? Personal —preguntó después de un rato en silencio.

Su cuñado se limpió las manos con un trapo y se incorporó para mirarle.

— Si vas a preguntarme algo de mi intimidad con tu hermano, creo que no —respondió con su estilo cortante.

— No. Pero igual un poco sí.

Rabastan se sentó en otra caja y lo miró con una media sonrisa, disfrutando de la incomodidad de su habitualmente sereno cuñado.

— Tu hazla, ya veré si te respondo.

— Cuando conociste a Percy pensaste que era una mujer.

— Sí.

— Y te gustó.

— Mucho.

— ¿Y cuando descubriste que no lo era?

Rabastan suspiró. Esa era LA PREGUNTA.

— La verdad es que la rubia desconocida del bar me ponía muchísimo. Pero me enamoré de tu hermano. No voy a ser hipócrita, al principio el sexo era un poco extraño, pero porque yo necesitaba aprender a disfrutar con otro hombre y tu hermano a relajarse conmigo. Hasta que de repente un día fue alucinante y ya dejé de comparar con el sexo con mujeres.

Bill asintió. Tenía sentido. Y si alguien como su cuñado había sido capaz de darle un giro así de loco a su vida, ¿por qué no podría él? Al fin y al cabo era un pene, él también tenía uno y conocía lo básico que le hacía disfrutar.

— ¿Puedo preguntar ahora yo si esto tiene que ver con esa chica con la que sales?

— Si. Me gusta mucho,pero... el otro día, la cosa se calentó un poco y... vamos, que la tiene más grande que yo. Y no puedo hablar de esto con Charlie, porque él le da a todo, necesito alguien que...

— Imagino que el conflicto no es por el tamaño —le cortó Stan, ya casi sintiendo pena por su sofoco y sus balbuceos.

— Es que me preocupa llegar a la cama y que... —respondió, subiendo un talón a la caja y abrazándose la pierna doblada.

— Que no te ponga. Lo entiendo.

— ¿Sí? ¿No crees que es tránsfobo?

Rabastan se puso de pie y le tendió la mano para tirar de él y levantarlo. Se puso a recoger la herramienta que había estado usando, mientras seguía hablando.

— Yo lo de las palabrejas estas no lo manejo, eso es cosa de tu hermano. Pero tío, yo puedo entender que te genere dudas. ¿Te la ponía dura antes de saber que tenía polla?

— Sí —contestó sin dudar—. Pero me bloqueé cuando lo descubrí y ahora no sé cómo arreglarlo.

— Pues tío, llevas meses hablando de ella, se nota que te gusta mucho; lo único que yo puedo aconsejarte es que hables con ella, con la verdad por delante. Es lo que yo hice, y aquí me tienes.

==o0o==

Aquella noche, acurrucado en su sofá, miraba fijamente su móvil. Llevaba un rato entrando y saliendo de wasap, tratando de decidirse a dar el paso. Por fin, con la imagen de Stan recibiendo a su hermano con un beso unas horas atrás todavía fresca en el cerebro, comenzó a teclear.

"¿Podemos hablar?"

Se quedó mirando el mensaje, con un dedo en el aire para borrarlo, porque le parecía que podría haberlo hecho mejor, pero entonces llegó la respuesta.

"Hola, Bill."

"Hola, Fleur. ¿Cómo estás?"

"¿De qué quieres hablar?"

Tomó aire y lo soltó.

"De nosotros. Te echo de menos."

"No hay nosotros ya"

"Lo siento. Me pilló por sorpresa, dame la oportunidad de enmendarlo, por favor"

"Todo este tiempo pensé que lo sabías y te gustaba igualmente. Lo siento, Bill, yo también reaccioné mal, pero creo que en el fondo es lo correcto."

"¿Por qué?" preguntó, con un nudo de angustia apretándose en su estómago.

"Porque ahora estarías conmigo a pesar de saberlo, con resignación. Reconócelo, se te pasó el calentón en segundos en que te diste cuenta de que no soy lo que esperabas."

"Ya he admitido que la sorpresa me bloqueó. Pero de verdad que me gustaría que siguiéramos quedando. Eres mucho más que lo que tienes entre las piernas, Fleur."

"Has tardado un mes en llegar a esa conclusión."

"Quería estar seguro de poder pedirte otra cita sin cagarla. En cualquier caso, no me contestes ahora, solo piénsalo. El sábado voy a una muestra de arte del instituto de mi hermana, me encantaría que vinieras. Te mando la info."

==o0o==

Cuando la vio entrar en la sala, le dio un saltito el corazón. Dejó el vaso que tenía en la mano y caminó directo hacia ella.

— Has venido —la saludó, conteniéndose para no hacerlo con un beso .

— Me invitaste — respondió ella con una pequeña sonrisa.

— Ya —fue lo único que le salió responder, mientras cambiaba el peso de una pierna a otra.

— ¿Estás incómodo?

— Estoy conteniéndome para no besarte —contestó, decidido a ser sincero tal y como le había aconsejado su cuñado, con las manos metidas en los bolsillos traseros de sus vaqueros.

La sonrisa de Fleur creció un poco. Ella se acercó un poco y le habló despacio, mirándole a los ojos.

— ¿Eres un caballero, William Weasley?

— Mis padres me enseñaron que robar un beso puede violentar a la otra persona.

Definitivamente, Fleur sonrió de oreja a oreja y sus ojos clarísimos brillaron. Se acercó más, hasta sujetar su camiseta entre los dedos.

— Puedes besar a la dama.

No lo dudó, puso una mano en una de sus caderas y la besó con suavidad. Al soltarla, apoyó un momento la frente en la de ella y habló en un susurro.

— ¿Quieres ver a mi hermana en ropa interior?

Fleur rio, pero asintió y caminó junto a él, dejándole apoderarse de una de sus manos para entrelazar sus dedos, hasta el dibujo en cuestión. Ella no entendía de arte, pero le gustó a primera vista.

— Tu hermana posa bien.

— ¡Gracias! —contestó tras ella una voz.

Se giró y se encontró de frente con la modelo, acompañada de una pequeña rubia.

— No hay de qué. Me parece un trabajo difícil, la verdad. ¿No te incomodó posar en ropa interior?

La musculosa pelirroja frente a ella sonrió.

— Fue más crítico dar con la ropa interior adecuada. Soy Ginny —se presentó, extendiendo una mano hacia ella.

— Fleur —le respondió estrechándola.

— Ella es la artista que me ha dibujado así de bien —le dijo con evidente orgullo la pelirroja, estrechando un poco el brazo que le pasaba por el hombro.

— Tienes un talento —saludó Fleur con una sonrisa amable mientras estrechaba con suavidad la pequeña mano.

— Solo cuando ella es la modelo —contestó con voz dulce.

— No le hagas caso, es la mejor. ¿Qué pasa, hermano? Mal sitio para una cita si no quieres presentar.

Bill fue consciente de que la cara de Fleur se nublaba un poco. Con delicadeza, le soltó la mano y la pasó por su cintura, pegándola a él, en un gesto que esperó que fuera reconfortante.

— No me has dado tiempo, te has echado sobre Fleur como un buitre, Gin. ¿Desde que te gustan las chicas te gustan todas?

Por un momento, Fleur se sintió muy incómoda con la dinámica entre los dos hermanos, pero enseguida ambos pelirrojos se echaron a reír e incluso Luna sonrió más amplio.

— Uuu, te sale el ramalazo territorial, Bill. Nosotras vamos a dar una vuelta, aún no me he metido bastante con Harry por su posado. Nos vemos, Fleur.

La rubia levantó una mano en señal de despedida y las vio alejarse hacia una pareja que parecía hacerse arrumacos al fondo de la sala.

— Siento eso —se disculpó Bill, todavía con la mano en su cintura.

— Tenéis una dinámica... curiosa.

— Es la pequeña de siete, y la única chica. Es más bruta que todos nosotros juntos.

En ese momento Fleur abrió un poco los ojos, cayendo de repente en la realidad de esa cita.

— ¿Me has invitado a un evento en el que hay gente de tu familia?

— No. Te he invitado a un evento al que ha venido toda mi familia, porque a Luna le han elegido tres trabajos. Mis padres y mis hermanos andan por ahí.

— Estoy un poco...sorprendida.

— Les he hablado de ti. De hecho si preguntas te dirán que he sido muy pesado estos últimos meses. En casa somos muy abiertos, lo habitual es que en la comida del domingo se hable no solo de nuestros trabajos, también de lo personal.

— Me da miedo preguntar hasta donde llega lo personal.

— ¿Qué? Oh, no, no, intimidades no. Las anécdotas sexuales son cosa de mi hermano Charlie y nunca al alcance del oído de mi madre. Ven, déjame que te presente a mi hermano Percy.

Aún aturdida, se dejó llevar hasta otra pareja que en ese momento hablaba entre ellos con un vaso en la mano. De primeras le llamó la atención el aspecto del mayor de los dos, un hombre grande y fuerte con pintas de motero.

— Chicos, quiero presentaros a Fleur —les interrumpió Bill sin inmutarse—. Fleur, mi hermano Percy y mi cuñado Stan.

Percy fue una sorpresa al girarse hacia ella. Nada que ver con la tosquedad de su novio, era todo rasgos delicados resaltados por un discreto maquillaje.

— Hola, es un placer —le besó en la mejilla—. Bill nos ha hablado de ti, trabajáis juntos, ¿no?

La cálida amabilidad de Percy le contrastó muchísimo con la brusquedad de Ginny.

— Sí, me trasladaron hace poco aquí.

Estrechó la mano del otro hombre, que se limitó a un cabeceo.

— Oh, nueva en la ciudad. ¿Y de todo lo que hay que ver te trae a la exposición del instituto? Bill, —se giró hacia su hermano con una sonrisa traviesa— llevas demasiado tiempo siendo solo trabajo y nada de diversión.

==o0o==

Charlaron con los demás miembros de la familia un rato, hasta que Bill, preocupado de que fuera demasiado para la primera vez, se ofreció a invitarla a cenar.

Salieron del instituto paseando con tranquilidad, cogidos de la mano.

— ¿Tú estudiaste aquí? —preguntó, mientras dejaban el edificio a sus espaldas.

A Fleur le había llamado la atención que entre los alumnos presentes había varias parejas que no se habrían visto en su instituto ni en broma. Incluso las obras seleccionadas daban a entender que era un centro en el que se alentaba la variedad y salirse de la norma no era un problema.

— No. Yo fui a un instituto católico, igual que Charlie y Percy al principio.

— Me ha gustado la exposición, y tu familia ¿Son siempre así?

— ¿Así como?

— No sé, naturales, acogedores —respondió, pensando en las invitaciones que había recibido de los padres a almorzar, de Percy para cenar y de los gemelos y Charlie para contarle todos los trapos sucios de Bill.

Bill rio mientras se hacía una coleta.

— A mi madre le molesta más mi pelo largo que el hecho de que Rabastan haya estado en la cárcel. Así que supongo que sí, lo son.

— ¿Rabastan?

— Stan. No es muy fan de su nombre y mi padre es experto en sacar diminutivos.

— ¿A tu cuñado no le gusta su nombre y le buscasteis uno a su gusto?

— ¿Te parece mal?

— No, Bill. ¿Estoy a tiempo de que me adopten tus padres?

Volvió a reír y se giró un momento para acercarla a él y besarla en la sien. Era consciente de lo afortunado que era por haber crecido en su familia.

— No has preguntado por qué fue a la cárcel —comentó al cabo de unos metros caminando en silencio.

Fleur se encogió de hombros, liberando su mano para pegarse a su cadera y meterla en el bolsillo trasero de su vaquero.

— Si a tus padres no les preocupa, imagínate a mí. Odio el cotilleo

— Mi madre le preguntó a Percy, a solas. Mi hermano ha pasado por mucho y ella es un poco sobre protectora.

— Percy tiene algo, no sé qué es.

Sin pensarlo, Bill le pasó el brazó por los hombros y la atrajo tanto hacia él que costaba caminar. Fleur sonrió.

— Tu hermana tiene razón, eres territorial, Bill.

— Será por toda la vida peleando con seis hermanos pequeños por mis cosas. O porque me gustas mucho y parece que te cae mejor mi familia que yo.

— No te pega nada ser inseguro.

— Disimulo bien.

Ella lo miró de refilón, era la primera vez que lo veía con el pelo recogido y también la primera vez que veía la larga cicatriz que tenía pegada a la línea del cabello desde la altura del ojo izquierdo hasta el cuello.

— Antes no he sido del todo sincero, sí le conté a alguien lo que pasó. A Stan.

— Vaya. Eso sí que no me lo esperaba —intervino, alzando las cejas con sorpresa.

— Cuando él conoció a Percy, pensó que era una chica. Porque mi hermano suele usar ropa femenina para salir. Él nunca había salido con un chico y pensé que...

— Que podría ayudarte hablarlo con él. Lo entiendo. ¿Puedo saber la conclusión de la conversación?

— Si te gusta, lánzate. Y sé sincero todo el tiempo. Dice que es lo que le funcionó a él.

— Ya veo que le estás haciendo caso.

Bill tomó aire y se puso más serio. Detuvo su paseo y la cogió de la cintura para hablarle mirándola a los ojos, queriendo transmitirle todo lo que sentía.

— No puedo negar que me da respeto, porque me he dado cuenta de que has tenido que pasar mucho.

— Un poco. Pero no tanto drama como crees.

— ¿Me contarás?

— Si eso te ayuda... no soy muy fan de recrearme en el pasado.

— En cuanto al sexo...

— Me gusta el sexo. —Le miró con ojos un poco duros, dispuesta a dejar clara su postura antes de seguir adelante— Mira Bill, ya he pasado por relaciones platónicas. Soy estupenda, soy maravillosa, pero los tíos hetero sois muy cerrados con esto de tocar otra polla.

— Yo tampoco quiero una relación platónica. Stan también me dijo que los primeros días fue todo muy tentativo, pero que en poco tiempo pasó a alucinante y ahí sigue. Adora a mi hermano.

— Yo adoro a tu hermano y lo acabo de conocer —contestó ella con una sonrisa traviesa.

— No vas a conseguir ponerme celoso, malvada —la apretó un poco más contra él y rozó sus narices..

— ¿Yo? —respondió con falsa inocencia— Jamás. ¿Salir contigo incluye a tu familia entonces? Porque ya sabes que me gustan más que tú.

— Eres... realmente cruel.

— Mi madre dice que desciendo de brujas. En la Edad Media me habrían quemado, no les gustaban tampoco las mujeres con rabo.

Bill rompió a reír y soltó su cintura para cogerle la cara con las dos manos.

— Sin duda eres una bruja, porque ser tan guapa es sobrenatural. Tienes unos ojos increíbles.

— Tú también, Weasley.

Se besaron, despacio, las lenguas acariciándose con delicadeza, un nuevo principio.

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Epílogo

— ¿Estás seguro? —preguntó por tercera vez.

— Cariño, por favor —suplicó Bill, que hacía rato que se retorcía sobre la cama con los dedos de Fleur en su interior.

Despacio, entró en él, sin dejar de mirarle a los ojos.

— Oh, dios — murmuró— ¿Esto es lo que sientes cuando me lo haces? Es... asombroso.

Con una sonrisa tensa, Bill le puso la mano en la nuca y tiró hacia ella para besarla.

— Muévete.

Fleur empezó un lento vaivén de caderas. Sus nuevos pechos se movían al compás, un movimiento que hipnotizaba a Bill.

— ¿Puedo? —estiró la mano sin llegar a tocar, las últimas semanas habían sido muy sensibles en esa zona y cabía la posibilidad de que solo el movimiento ya estuviera generando dolor.

Ella asintió, jadeante.

— Con cuidado —murmuró.

Despacio, sujetó uno de los pechos con una mano.

— Puedes... apretar un poco más. Joder, esto va a acabar muy pronto —gimió cuando un poco más de presión sobre su pecho le hizo estremecer.

Le habían avisado de que la sensibilidad cambiaba de unas personas a otras. En su caso, wow, tenía potencial para ser muy intenso. Bajó la mano para coger la erección de Bill, que seguía mirándola con intensidad, y la acarició como sabía que le gustaba. Dos años juntos. Dos años de Bill y su familia, que la había acogido con los brazos abiertos. Dos años de conocerse y explorarse, de amarse y de vez en cuando gritarse, que eran humanos los dos.

Habían celebrado los dos años en el hospital, porque Bill se había empeñado en pagarle una teta. Así lo había resumido su hermano Fred, con su habitual guasa. Y así era, más o menos. Después de mucho insistir, se había dejado convencer para permitir que Bill pagara la mitad de la cirugía y reservar lo que le sobraba de sus ahorros para lo operación para irse a vivir juntos. A cambio, ella solo había pedido hacer una vez lo que estaban haciendo en ese momento. Igual se tenia que plantear practicar un poco más, por aquello de alcanzar la perfección.

— Ohhh, joder. Mierda, joder, me corro, Bill, lo siento, no puedo no...

Mirándole aún de esa manera tan amorosa que tenía, Bill apretó los músculos de su ano y la ayudó a alcanzar un ruidoso orgasmo que la dejó fulminada tumbada sobre él.

— Dame un segundo y prometo devolverte el favor —murmuró contra su pecho, con los ojos cerrados.

— Estoy bien —le besó entre el pelo y los tapó a los dos con las sábanas descartadas un rato antes.

— Mi caballero Weasley —lo miró entre el pelo rubio revuelto, apoyando la barbilla en su pecho—. Te amo, ¿sabes?

— Lo sé, bruja con rabo —la provocó, haciéndole cosquillas en la cintura—. Yo también. Por eso deberíamos vivir juntos.

Fleur rompió a reir. Bill era tenaz.

— No tenía intención de volver a mi casa —respondió, con una sonrisa ladeada, aludiendo a que llevaba instalada en casa de Bill desde la operación, dejándose cuidar—. Pero no voy a casarme contigo, que te veo las intenciones.

Bill apretó los labios y la apretó más contra él mientras ella apoyaba la mejilla en su pecho de nuevo y cerraba los ojos. Tenía todo el tiempo del mundo para hacerla cambiar de opinión, total el anillo ya estaba guardado en el cajón.