Disclaimer: Los personajes y lugares de Harry Potter descritos pertenecen a J.K. Rowling. Tan sólo los que no reconozcáis son de mi total y absoluta propiedad. Todos los derechos reservados. Queda prohibida su copia, adaptación, traducción o distribución sin pedir permiso de la autora (y menos aún sin dar créditos).
Genre: Romance
Pairing: Draco Malfoy / Hermione Granger
Rating: M (contenido sexual explícito)
Resumen: Tenía que estar imaginándose lo que sus ojos veían, aunque no había bebido tanto como para estar alucinando. Pero no había otra explicación para el hecho de que tuviera delante a la protagonista de todos sus sueños húmedos, vestida en tan solo una camiseta gigante del equipo de Quidditch de Slytherin, que se resbalaba por uno de sus hombros y le hacía preguntarse qué había debajo.
AQUELLA NOCHE DE INVIERNO
Era una fría y nevada noche de invierno en la casa vacacional de los Potter, cerca de donde se encontraba La Madriguera, el hogar de la familia Weasley. Harry y Ginny Potter la compraron poco después de casarse para poder pasar las vacaciones cerca de su familia sin tener que dormir todos bajo el mismo techo; la familia Weasley era increíblemente numerosa y, en ocasiones, podía resultar agobiante, por no hablar de la falta de intimidad.
Era una casa grande, que con el tiempo comenzaron a utilizar para que sus amigos también durmieran ahí cuando iban de visita sin tener los ojos de Molly Weasley encima de ellos en todo momento. En ese momento, Hermione Granger era la única que se encontraba en la casa. Había llegado hacía tan solo unas horas, directa desde su oficina del Ministerio de Magia; estaba tan cansada que había rechazado unirse a sus amigos en el pub del pueblo. Harry, Ginny, Theo y Draco habían salido a celebrar que por fin habían llegado las esperadas vacaciones de navidad.
Ah, Draco Malfoy. Hermione no pudo evitar que se le dibujara una sonrisa tonta en la cara al pensar en él. Después de todo, él era el motivo por el que no había salido con ellos esa noche. Se quedaba a dormir en la casa de Harry y Ginny, al igual que Theo, y al igual que ella, porque todos eran parte del mismo grupo de amigos. Y los Weasley habían aprendido a aceptarles, pero no tanto como para acogerles en la Madriguera.
Cuando regresaron a Hogwarts para terminar sus estudios después de la guerra, todo era diferente. Las personas más odiadas de Slytherin ya no eran como antes; se disculparon públicamente y movieron cielo y tierra para demostrar que habían cambiado, que ya no eran los niños que un día fueron, que muchos habían hecho las cosas que habían hecho por obligación y no por deseo.
Por supuesto, no todo el mundo entraba en ese saco; había unos pocos, como Goyle, que no mostraron arrepentimiento ni intención por cambiar. Pero al menos se mantenían al margen, sin molestar a nadie.
Lo más sorprendente, en opinión de Hermione, fue como un pequeño grupo de Slytherins pasó a formar parte de su grupo de amigos más cercanos. Blaise Zabini, Theodore Nott, Pansy Parkinson, Daphne y Astoria Greengrass, y, increiblemente, Draco Malfoy. Incluso a día de hoy, cuando ya habían pasado 10 años desde el final de la guerra, Hermione seguía encontrando fascinante la amistad que habían creado.
No era perfecta, por supuesto. Siendo el grupo tan grande que eran, no todos tenían la mejor de las relaciones. Las hermanas Greengrass, por ejemplo; Hermione tenía muy buena relación con Daphne, puesto que trabajaban en el mismo departamento del Ministerio. Sin embargo, su relación con Astoria era bastante tensa – y todo por culpa de Malfoy.
Draco Malfoy, a quien Hermione no había podido sacarse de la cabeza desde que se enfrentó a Goyle por acorralarla en un pasillo desierto de Hogwarts y llamarla sangresucia mientras la amenazaba con su varita, culpándola de la muerte de Crabbe. Se había enfrentado al que había sido uno de sus mejores amigos de la infancia, y lo había hecho al estilo muggle: con un puñetazo que le había tirado al suelo.
Obviamente, la violencia no era algo que llamase la atención de Hermione, y tampoco había necesitado que nadie la defendiera de Goyle. Pero el simple hecho de que fuese Draco Malfoy quien la defendiera tan primitivamente hizo que abriera sus ojos y le empezara a prestar más atención. Comenzó a pasar más tiempo con él, y descubrió que tenía un maravilloso sentido del humor y que era lo suficientemente inteligente como para tener conversaciones que jamás habría podido tener con Harry o Ron. Y se portaba tan bien con ella, era un autentico caballero, siempre con una sonrisa – jamás habría pensado que Draco Malfoy tenía hoyuelos – para ella.
Fue inevitable que comenzara a sentirse atraída por él. Incluso aunque sabía que Malfoy estaba totalmente prendido de Astoria Greengrass, algo que nunca terminó de entender, pues la chica parecía incapaz de ver que Draco había cambiado y ya no era un purista, y le trataba bastante mal. Ni siquiera sabiendo que nunca sería correspondida podía dejar de pensar en él.
Ese era el segundo motivo por el que no había salido con sus amigos aquella noche. Daphne estaba saliendo con Ronald, por lo que las dos hermanas Greengrass se quedaban en la Madriguera. Habían pasado los años, las amistades habían cambiado, evolucionado – Dean Thomas había salido del armario hacía tres años, anunciando al mundo que estaba enamorado de Blaise Zabini –, y todo era diferente. Todo, excepto los sentimientos de Malfoy hacia Astoria, al parecer. Astoria, que por algún motivo nunca había terminado de encajar con Hermione y parecía no soportarla, se había dado cuenta de la fascinación que tenía por Malfoy, y trataba de molestarla continuamente cada vez que él estaba delante. Solía tontear descaradamente con Draco delante de ella, y por eso sabía que él seguía interesado en ella; se ponía increíblemente nervioso cada vez que Astoria se le acercaba.
Suficiente iba a sufrir ya Hermione viendo todos los días a Draco y tratando de ocultar cómo le afectaba su presencia como para soportar también ver como le ponía ojitos a Astoria. Aunque su relación con Draco sonara muy platónica, en realidad eran grandes amigos. Incluso tras acabar Hogwarts, seguían en contacto, aunque solo a través de lechuzas, pues él apenas tenía tiempo mientras se entrenaba como Auror, y ella tenía muchísimo que estudiar si quería conseguir su trabajo en el Ministerio. Al no verle tan a menudo, Hermione pensó que su crush con él había desaparecido finalmente. Un gran error, pues el día de su graduación fueron todos, incluido él, a felicitarla.
Verle ahí de pie junto a su familia y amigos, con una sonrisa tan grande que marcaba esos hoyuelos suyos que tanto le gustaban, vestido con su uniforme de Auror que resaltaba lo alto y fuerte que se había vuelto… Verle así hizo que Hermione se tropezara, literalmente, cuando corría hacia ellos. Su corazón dio un vuelco, y cuando Draco le agarró de la mano para ayudarla a levantarse y vio sus ojos color plata de nuevo, millones de mariposas comenzaron a aletear en su estómago. Porque ahora no sólo pensaba que Draco Malfoy era una persona increíble, motivo por el cual le gustaba tanto, sino que ahora Draco Malfoy hacía que su piel ardiera de lo atraída que se sentía por él.
Bebiendo de su taza de chocolate caliente y cogiendo una galleta de canela, se recolocó en el sofá frente a la tele, que colgaba de la pared justo encima de una enorme chimenea que calentaba la habitación. Aún no le había visto, pero sabía que había llegado a la casa aquella tarde, poco después de que ella llegara. Ella estaba en su habitación y había oído llegar a Nott y Malfoy, pero como ya le había dicho a su Harry y Ginny que no saldría esa noche, justo cuando iba a salir para saludar escuchó el pop que indicaba que se habían desaparecido.
Al no estar compartiendo techo con la familia Weasley, sus amigos tendían a traer visitas por las noches – casi siempre chicas que conocían en el pueblo por las noches. ¿Haría lo mismo Draco aquella noche? Esperaba que no; la habitación de invitados estaba junto a la suya, y no quería escuchar nada de lo que el hiciera con otras chicas… o con Astoria.
Oyó unos ruidos en la puerta de entrada y supo que sus amigos estaban de vuelta. Miró el reloj de la entrada y vio que ya era la una y media de la mañana; cuando veía las películas de Star Wars siempre perdía la noción del tiempo. Segundos después, la puerta se abrió, seguida de risas y pisadas fuertes. Vio pasar por delante de la puerta del salón primero a Harry y Ginny, que parecían tener mucha prisa por llegar a su habitación. Detrás de ellos pasó Nott, burlándose de sus amigos sin parar de reír.
― ¿No te acuestas, Draco? ― oyó la voz de Nott desde arriba, aun jadeando de la risa.
― Voy a beber agua ― escuchó su voz segundos antes de que Draco entrara por la puerta del salón.
Draco se quedó inmóvil en la puerta de entrada al salón de la casa de vacaciones de los Potter. Tenía que estar imaginándose lo que había ante sus ojos, aunque ni siquiera había bebido tanto como para alucinar. Pero no había otra explicación para el hecho de que la protagonista de todos sus sueños húmedos estuviera vestida en tan solo una camiseta gigante del equipo de Quidditch de Slytherin, que se resbalaba por uno de sus hombros y le hacía pensar en lo que había debajo de ese pedazo de tela.
Hermione Granger, la chica prohibida. No estaba prohibida porque fuera la chica de oro del mundo mágico, sino porque era su mejor amiga. Desde que la conoció, le pareció la chica más inteligente, dulce y buena, aunque con carácter, del mundo. Pese a que todo el mundo mágico les había dado la espalda tras la guerra, Hermione siempre estaba ahí con ellos. Se había ganado unos cuantos enemigos debido a su amistad en el colegio, y aun así, no les había dado la espalda – no como había hecho Astoria.
Durante el último año en Hogwarts, solo se había permitido ver a Granger como su amiga, decidiendo centrar su interés en alguien diferente para proteger su corazón. Así fue como terminó embelesado con Astoria, convenciéndose de que estaba enamorado de ella para no fijarse en otras personas. Cuando Astoria vio que el resto del colegio comenzaba a aceptarle, le hizo algo más de caso; incluso llegaron a tener una pequeña relación. Sin embargo, siempre le citaba en pasadizos secretos para que nadie los viera, y Draco se terminó cansando; Astoria se negó a que la vieran en público con él, reconociendo que nunca tendría una relación seria con él. Potter era el único que sabía lo que había ocurrido porque les había pillado discutiendo accidentalmente, y le pidió que no se lo contara a Hermione, alegando que esa información haría que la relación entre Granger y Astoria, que todos sabían que no era la mejor, se tensara más todavía.
A partir de entonces, Draco comenzó a fijarse en el resto de las chicas, dándose cuenta que nunca había estado realmente enamorado de Astoria. Sus cualidades le habían atraído, pero muchas otras chicas también las tenían y, además, eran más amables y no tenían miedo de ser vistas con él.
Recordaba perfectamente el momento en que había comenzado a mirar a Granger con otros ojos; fue el día de su graduación. Llevaba puesto un precioso vestido de seda verde esmeralda de tirantes finos color plata que se ajustaba a su pecho y caía suelto hasta sus pies, dejando ver que ese ya no era el cuerpo de la adolescente que había tenido que luchar en una guerra. La túnica que llevaba era negra y colgaba de sus hombros de forma elegante. Se había cortado el cabello desde la última vez que la había visto; lo tenía a la altura de la barbilla, rizos castaños que botaban alrededor de su rostro mientras corría hacia ellos. Oh, su rostro… Hermione se cayó, y cuando Draco le ayudó a levantarse y le miró la cara… Con pecas salpicando su nariz y pómulos, sus gruesos labios estirados en una sonrisa y sus ojos color miel brillando alegremente, sintió que cierta parte de su cuerpo reaccionaba a Granger con la misma alegría.
Le había costado admitir sus nuevos sentimientos hacia su mejor amiga, principalmente, porque se trataba de Hermione Granger, su mejor amiga. Por mucho que le atrajera no podía hacer nada sin destrozar su amistad, por lo que durante los siguientes años había hecho un gran esfuerzo cada vez que la veía. Por suerte, aunque se veían prácticamente todas las semanas, nunca estaban solos.
Nunca, hasta ese momento. La recorrió con la mirada lentamente; su pelo había crecido, caía largo y rizado sobre uno de sus hombros hasta rozar su codo. El otro hombro estaba al descubierto, pues la camiseta se había resbalado y, Draco se fijó, no veía el tirante del sujetador. Bajando más la mirada, notó el notable bulto de su pecho. Tragó fuerte, notando como su polla comenzaba a hincharse, y siguió bajando la mirada.
Joder. Esas piernas.
Tenia sus largas y tostadas piernas cruzadas y apoyadas sobre la mesita de café frente a ella, sus pies envueltos en unos horrorosos calcetines de lana, y Draco no pudo evitar imaginar el aspecto que tendrían alrededor de su cintura mientras…
― ¿Malfoy?
Mierda, reacciona. ¡Estás desnudando con la mirada a Granger!
Draco se aclaró la garganta y esbozó una sonrisa, caminando casualmente hacia ella y sentándose a su lado en el sofá.
Mala idea. Malísima idea.
Hermione encogió sus piernas para sentarse a lo indio en su dirección, dejándole a la vista el triángulo de algodón azul que tapaba su zona más íntima. Se forzó a levantar la vista y mirarle a los ojos.
― Hola, Granger ― le dedicó una sonrisa ladeada ―. Pensé que estarías acostada, Potter me dijo que estabas cansada y por eso no salías.
Hermione estaba bastante segura de que Draco acababa de desnudarla con la mirada; no podría haber imaginado esa mirada hambrienta que le había dedicado desde la puerta del salón. Además, sus ojos habían recorrido lentamente todo su cuerpo, y, cuando se sentó a su lado sus ojos se quedaron varios segundos con la mirada fija entre sus piernas, sin responder, como si no se acordase de que Hermione le había hablado.
Y oh-las-bragas-de-Morgana, la sonrisa con la que le había mirado cuando por fin le respondió. Agradecía estar sentada, pues sabía que una mirada y una sonrisa como esa de Malfoy haría que le temblaran las rodillas. Demonios, sí se había puesto cachonda solo de sentir sus ojos sobre ella.
― No podía dormir ― mintió Hermone ―. Y me encantan estas pelis ― señaló la tele con la cabeza ―. ¿Qué tal la noche?
― Nuestros amigos han bebido demasiado alcohol ― se pasó una mano por la cara y soltó una carcajada ―. Joder, yo he bebido demasiado alcohol.
Hermione sonrió y le ofreció la taza de chocolate.
― No pareces tan borracho como esos tres ― señaló ella observándole beber. ¿Cómo podía resultarle sexy la forma en que bebía?
― No lo estoy; arrastrarles hasta aquí ha hecho que se me pasara un poco. De hecho no creo que pueda dormir ahora mismo.
― Puedes quedarte a terminar de ver la peli conmigo, si quieres.
Draco bebió de nuevo del vaso antes de mirarla y asentir.
― Está bien. Pero primero voy a por una botella de agua ― sonrió levantándose ―. Con suerte evito tener que usar una poción para la resaca mañana.
Hermione le oyó trastear en la cocina y volvió a colocarse en dirección a la pantalla de televisión frente a ella. Cuando Malfoy volvió y se sentó junto a ella, esta vez tan cerca que sus muslos se rozaban, fue consciente de la poca ropa que llevaba. Sabia que las miradas que le había dedicado antes probablemente se debían a que era un chico y ella estaba prácticamente desnuda delante de él. Draco Malfoy nunca la había visto con tan poca ropa.
Veinte minutos después, estaban en la postura que solían tener cada vez que hacían tarde de películas: él con un brazo sobre sus hombros, ella ligeramente apoyada en él, su cabeza descansando contra su fuerte pecho. Sin embargo, estaba pasando algo fuera de lo común. La mano del brazo que la rodeaba había comenzado a acariciar la piel que la enorme camiseta que llevaba dejaba al descubierto; camiseta, por cierto, que pertenecía a Draco – aunque él no lo sabía. Los dedos de Malfoy trazaban círculos sobre su piel desde su hombro hasta su oreja, y Hermione no era inmune a su toque. Estaba haciendo todo lo posible por no gemir. ¿Por qué la estaba acariciando de esa manera?
En ese momento su mano bajó hasta su cintura, y sus dedos se colaron bajo la tela de la camiseta, subiendo lentamente por su piel hasta rozar la parte inferior de su pecho; se quedó inmóvil, y Hermione notó como sus latidos se aceleraban bajo su oreja. Decidió no decir nada, y cuando sus dedos bajaron más aún por debajo de la camiseta y pasaron por encima de su pezón, endureciéndolo, se mordió el labio para evitar gemir. De nuevo, no dijo nada, por miedo a que eso hiciera que Draco se diera cuenta de lo que estaba haciendo y parase. Probablemente nunca volviera a tocarla de esa manera, y no quería que se acabara tan pronto.
No se enteró de nada de lo que pasaba en la película, demasiado distraída por la mano de Malfoy, que alternaba ligeras caricias con pellizcos a su pezón. Conteniendo de nuevo un gemido, apretó la mano que tenía apoyada sobre el muslo de Draco.
¿Cuándo he apoyado mi mano ahí?
Hermione no recordaba haberla puesto ahí, pero de pronto fue muy consciente pues la palma de Draco apretó con fuerza su pecho en respuesta, y notó como su corazón comenzaba a latir rápido de nuevo.
Draco no podía creer lo que estaba ocurriendo. Granger le estaba dejando tocarla, y acababa de colocar su mano peligrosamente cerca de su polla. ¿Qué demonios estaban haciendo? No tenía ni la más remota idea, pero sí tenía claro que lo iba a disfrutar mientras durara.
― Esta parte es genial ― dijo mirando la tele.
― Ahá ― respondió ella algo agitada pues le acababa de dar otro pellizco a su pezón ―. Sí, es genial…
― ¿En serio? ― sonrió él al darse cuenta de que no estaba prestando atención a la peli ― Creía que odiabas la despedida de Anakin y Padma…
― ¿Qué? Oh, sí. La odio.
― ¿Estás atenta a la peli, Granger? ― Draco pasó sus dedos por su estómago, rozando el encaje de sus braguitas.
― Lo intento ― prácticamente jadeó ―. Pero hay muchas distracciones…
Notó que la mano de Granger comenzaba a acariciarle por encima del pantalón, y se mordió el labio sin ser capaz de contener un gemido.
― Ya veo a qué distracciones te refieres ― musitó él, mirando hacia abajo al tiempo que ella miraba hacia arriba.
Sus ojos le miraban cuestionándole que estaban haciendo, pero también había deseo brillando en su mirada. Hermione se quedó inmóvil, esperando a ver qué hacía Draco.
― No sé si est…
― ¡No! ― musitó ella interrumpiéndole, soltando el agarre que tenía en él para incorporarse y mirarle mejor ― Por favor, no digas lo que ibas a decir.
Su voz había sido un susurro, pero él lo había oído. Sonrió de medio lado.
― ¿Y qué es lo que iba a decir?
― O que esto es un error, o que no es buena idea ― desvió la mirada ―. Mira, no sé por qué has decidido hacer… esto. Sé que seguramente sea porque por culpa de Ron y Daphne no has podido irte con Astoria, pero quiero… quiero disfrutar esto mientras dure, y aunque sea lo que piensas, no quiero oírte decir que esto no está bien.
Draco se quedó en silencio unos segundos, procesando sus palabras. ¿Significaba eso que ella quería que ocurriera? ¿Realmente Granger se sentía atraída por él? Colocó su mano bajo su barbilla, forzándola a mirarle a los ojos.
― No iba a decir ninguna de esas cosas ― arqueó una ceja ―. Y, ¿por qué demonios iba a querer irme con Astoria?
― ¿Qué? ― ella parecía confusa, y arrugó su nariz, provocando una sonrisa en el rubio ― No… Espera, ¿no querías irte con ella?
― Eh, no ― él sonrió más todavía ―. No tengo ningún interés en Astoria desde que nos graduamos en Hogwarts.
― Espera, ¿qué? No, eso no es posible…
Granger le miraba ahora con el ceño fruncido, sus ojos cada vez más confusos.
― ¿Por qué no?
― Bueno, siempre que coincidís no os despegáis y tú te pones nervioso y…
Draco se rio a carcajada limpia, interrumpiéndola.
― No, no, no ― negó él ―. Ella no se despega de mi, y es batante molesto, la verdad. No me pongo nervioso, me enfado. En su día ella me dejó claro que nunca tendría nada más que una relación física conmigo, y yo me negué a ser utilizado. ¿De verdad pensabas que podría estar interesado en alguien como ella?
― Estabas enamorado de ella, Draco.
― Era un niño que acababa de sobrevivir una guerra y no sabía lo que quería, Hermione ― replicó él ―. La gente madura y aprende a valorar lo que realmente importa, ¿sabes?
La miró con intensidad al decir esas palabras, la mano que había sujetado su barbilla ahora acariciando su mejilla.
― ¿Oh?
Granger parecía haberse quedado sin palabras.
― Lo que iba a decir antes, Granger ― continuó él, moviendo su otra mano a su mentón para asegurarse de que no dejaba de mirarle ―, es que no sé si estamos en el sitio idóneo para hacer lo que estábamos haciendo ― le sonrió ampliamente.
― Oh ― respondió ella, distraída por las caricias de su mano en su mejilla ―. Uhm, y… ¿qué estábamos haciendo?
― Bueno, no sé tú, pero yo estaba intentando seducirte ― le guiñó un ojo él.
Ante esas palabras, ella pareció recuperarse del estado de confusión en el que estaba, y Draco se preguntó si tal vez ella también se había imaginado que esto pasase. ¿Había Granger soñado con eso? Por supuesto, no se estaba declarando; tal vez eso la asustaría. Pero eran amigos, y claramente estaban interesados físicamente el uno por el otro. ¿Por qué no disfrutar de eso?
― ¿A eso lo llamas tú seducción? Porque creo que te has saltado unos cuantos pasos…
― Bueno, estaba impaciente ― sonrió él antes de ponerse serio ―. Ahora en serio, Granger. Quiero que esto ― movió un dedo entre ellos ― pase. Pero no aquí; Nott, Potter o Weasley pueden entrar en cualquier momento…
Ella pareció comprenderlo y de pronto le sonrió seductoramente, poniéndose de pie frente a él e inclinándose sobre su cuerpo, apoyada en sus hombros. Acercó su boca su oído, rozando el lóbulo de su oreja con los labios antes de susurrar.
― De acuerdo, entonces… sígueme.
Draco notó como su cuerpo temblaba, y cerró los ojos al sentir su aliento en su cuello. Dejó de notar su calor sobre él y abrió los ojos de nuevo, viendo su nombre escrito en la espalda de la camiseta que llevaba puesta mientras caminaba hacia la puerta, donde se giró y se apoyó contra el marco, mirándole con una ceja alzada. En un parpadeo estaba junto a ella, agarrando su mano y arrastrándola hacia su habitación. Una vez dentro, cerró la puerta y la empujó contra ella, sus manos por todas partes.
Hermione estaba en el séptimo cielo. Las manos de Malfoy recorrían su cuerpo, una de sus piernas entre las suyas, presionando su centro y haciéndola contener un gemido. De pronto, su boca se cerró sobre uno de sus pezones por encima de la tela de la camiseta, y no pudo evitar jadear ante el latigazo de placer que viajó hasta su coño, mojando sus bragas.
― Oh, por Merlín ― exclamó ella, moviéndose contra su pierna, buscando algo de fricción. El llevó una de sus manos hasta su centro, encontrando ágilmente su hinchado clítoris y comenzando una serie de movimientos que la dejaron temblando de placer. Ella agarró su rostro en ese momento, guiándolo hasta ella y besándole con intensidad.
No era como había imaginado su primer beso con Draco, pues en sus fantasías siempre era romántico y dulce – aunque después siempre acababa calentándose. No, este beso fue intenso desde el principio; un beso desesperado con una perfecta combinación de dientes, labios y lenguas, con la mano de Draco alrededor de su garganta para dejarle claro que era él quien controlaba la situación. Fue beso que hizo que olvidaran todo a su alrededor, donde estaban, como se llamaban. Solo existía ese beso.
Draco mordió con fuerza su labio inferior y Hermione gimió alto en respuesta.
― Joder, Granger, no sabes cuantas veces he soñado con hacerte eso ― gruñó él contra su boca ―. Y esto ― sus dedos movieron a un lado la empapada tela de algodón de su ropa interior y recorrieron sus labios, esparciendo toda su humedad por su coño antes de meter dos dedos de golpe en su interior mientras su pulgar trazaba círculos sobre su clitoris ―. Mierda, estás empapada…
Hermione gimió de nuevo, buscando su boca y devorándole mientras él movía sus dedos dentro de ella, masajeando ese punto en su interior tan sensible. Sus dedos se movían con seguridad en su interior, a un ritmo constante; la palma de su mano presionaba su clítoris mientras sus dedos hacían magia.
― Quiero que gimas mi nombre en mi oído cuando te corras, Hermione ― sus palabras sorprendieron a la castaña, para nada acostumbrada a que le hablaran durante el sexo ―. Quiero oírte gemir mi nombre al mismo tiempo que tu dulce coño explota en mi mano.
El tono ronco, cadente, excitado con el que Malfoy susurró en su oído, unido a lo que sus dedos estaban haciendo con ella, y el dominante agarre que tenía alrededor de su garganta la llevaron al orgasmo más rápido e intenso de su vida sin necesidad de usar ningún juguete. Jadeó su nombre entre gemidos, temblando entre sus brazos.
Draco Malfoy acababa de hacerle dedos.
No era capaz de articular palabra, por lo que decidió actuar. Aprovechando que había aflojado el agarre sobre su cuello para acariciar su rostro, empujó a Malfoy hasta llegar junto a la cama. Le dio un suave beso en los labios antes de ponerse de rodillas frente a él y desabrochar sus pantalones, sorprendiéndose al ver que no llevaba ropa interior. Su polla salto ante ella, larga, dura y pesada; recorrió con la uña una vena que se hinchaba por toda su longitud, escuchando un grave gemido como respuesta. Una de sus manos la rodeó con fuerza, la otra ahuecó sus testículos, masajeándolos al tiempo que daba un beso en la punta. Notó como Draco retiraba su pelo de la cara agarrándolo firmemente con un pequeño tirón, y alzó la mirada justo en el momento en el que se metía su longitud en su húmeda boca.
Era la imagen más erótica que Draco había visto nunca; la protagonista de sus fantasías comiéndole la polla mientras le miraba a los ojos. Qué había hecho para merecer semejante regalo, no lo sabía, pero lo iba a disfrutar al máximo. Hermione Granger era un tesoro que no pretendía perder nunca. Sus labios, hinchados por los besos furiosos que se habían estado dando y que tantas veces había imaginado alrededor de su polla, se movían con precisión y le estaban volviendo loco. No quería pensar cómo había aprendido Granger a hacer eso, pero joder, menos mal que lo hacía bien.
Ella sacó su polla de la boca, su mano sustituyéndola, y se puso de pie de nuevo. Draco utilizó el agarre que aún tenía en su pelo para acercar sus rostros y la besó, girando sus cuerpos y haciendo que se recostara sobre la cama. Su erección quedó atrapada entre sus cuerpos, presionando contra sus bragas que estaban empapadas por el orgasmo que había tenido momentos antes. Él apartó a un lado la tela, observando como brillaban sus labios empapados de sus jugos; agarrando su polla, comenzó a frotar la cabeza a lo largo de su entrada hasta su clítoris, sin llegar a penetrarla nunca. Hermione jamás había estado tan excitada. Estaba desesperada por sentirle dentro, le necesitaba dentro… sin embargo, él nunca lo hacía, continuaba tentándola, presionando contra su entrada pero sin llegar a penetrarla. Impaciente, comenzó a alzar la cadera en ritmo con sus movimientos, logrando finalmente que sus cuerpos se unieran.
Draco jadeó ante la sensación de sus paredes presionando la cabeza de su polla, debatiéndose entre seguir con ese juego o dejarse llevar. Su cuerpo tomó la decisión por él cuando ella rodeó su cadera con sus piernas y le empujó contra ella, clavándose por completo en su interior de una sola estocada.
La miró, descompuesta por el placer: la espalda arqueada y la cabeza inclinada hacia atrás, sus ojos cerrados y su boca abierta, su pecho aún cubierto por la camiseta subía y bajaba con rapidez. Sin dejar de mirar su rostro, salió lentamente de ella para volver a penetrarla despacio; casi perdió el control al ver como Granger mordía su labio al tiempo que gemía. Movió una mano por su vientre, arrastrando la tela de la camiseta para revelar sus pechos, sus pezones completamente duros, llamándole a gritos. Sin dudarlo un segundo se introdujo primero uno, y después el otro en su boca, lamiendo, succionando y mordiendo lo suficientemente fuerte como para que le doliese, provocando que ella gimiera cada vez más fuerte.
― Abre los ojos, Granger. Abre los ojos y mira cómo te follo.
Hermione se apoyó sobre sus codos para incorporarse y mirar a Draco, que también se había incorporado y tenía la mirada fija en su rostro; alzó su mano hasta su cara, acariciando sus pómulos, sus labios… la bajó hasta llegar a su pecho y tiró de su camiseta para que se la quitara. Se mordió el labio cuando su plano y, sin duda, fuerte abdomen quedó a la vista. Le recorrió con la mirada, observando los tatuajes que subían desde su muñeca hasta su hombro, el suave y fino pelo rubio esparcido por su pecho y la línea de bello algo más oscura que bajaba desde su ombligo hasta desaparecer en el punto donde sus cuerpos se unían, y se quedó hipnotizada viendo como su polla entraba y salía de ella, empapada con la mezcla de sus jugos.
― ¿Has visto lo mojada que estás, Granger? Joder, estás chorreando ― gruñó él, y Hermione le miró de nuevo a la cara. Sus paredes se apretaron alrededor de su polla en respuesta a sus palabras, sorprendida por lo mucho que le excitaba ―. Dios, no voy a aguantar mucho más…
Hermione rodeó su cuello con sus brazos, acercando sus rostros y besándole desesperada. Notó una de sus manos meterse entre sus cuerpos y comenzar a masajear su clítoris, haciendo que mordiera con fuerza su cuello ante la tensión que empezaba a acumularse en su centro; estaba muy cerca de tener otro orgasmo. Siguió repartiendo besos y mordiscos por su cuello, hasta que de pronto él se incorporó ligeramente, colocando de nuevo una mano alrededor de su garganta. Hermione nunca había pensado que semejante gesto de dominancia la excitaría, pero la respuesta de su cuerpo era inmediata. Trató de alzar el rostro para besarle y él dejó de moverse, ejerciendo alfo más de fuerza alrededor de su garganta.
― ¿Dónde crees que vas? ― le dijo con media sonrisa.
Entendiendo que el control era únicamente de Draco, Hermione se dejó caer sobre el colchón, aferrándose con fuerza a las sábanas cuando él comenzó a moverse de nuevo. Nunca había sentido semejante placer. Nunca se había sentido tan conectada a alguien. La presión alrededor de su garganta aumentó de nuevo, y ella le miró a los ojos justo cuando el se acercó para besarla de nuevo. En esa posición su pelvis chocaba contra su clítoris cada vez que la penetraba, y el placer era indescriptible; necesitando estar más en contacto con él, arrastró sus uñas a lo largo de su fuerte espalda, clavándolas con fuerza. En ese instante, los movimientos de Draco se volvieron más erráticos. Sintió como su polla palpitaba en su interior, y supo que se había corrido. Sin embargo, no dejó de moverse dentro de ella hasta que su cuerpo explotó del placer, su visión en negro y su cuerpo temblando. Estaba segura de haber perdido la capacidad de caminar.
Malfoy, saliendo de ella, les recolocó en la cama hasta que estuvieron completamente tumbados, apoyando su cabeza en el pecho de Hermione y respirando agitadamente. Ella cerró los ojos, su respiración igual de agitada, y comenzó a acariciar el cabello sudoroso por el esfuerzo de Malfoy.
― Así que habías soñado con esto, ¿eh? ― Hermione rompió el silencio unos minutos después, sus respiraciones ya calmadas.
Notó como el pecho de Malfoy vibraba con su risa.
― Ah, no tiene sentido negarlo ahora. Cuando me excito… bueno, me emociono y hablo de más ― levantó el rosto para mirar a Hermione ―. Aunque, corrígeme si me equivoco, pero… te ha gustado que te hablara ― le guiñó un ojo y ella le dio una palmada en la espalda ―. Está bien, está bien… Llevo mucho tiempo queriendo que esto ocurra. Me daba miedo actuar, que me rechazaras y que la amistad que hemos creado se fuera a la mierda.
― ¿Cuánto tiempo? ― preguntó ella sin creer lo que oía ― Y, ¿a qué te refieres con esto?
Malfoy se incorporó, apoyándose sobre sus codos a cada lado del cuerpo de Hermione.
― El tiempo es irrelevante ― dijo apartando un mechón de pelo de su cara ―. Y con esto me refiero a nosotros. A que tú y yo seamos tú y yo, y no tú, yo y los demás. No los Gryffindor y los Slytherin…
― Yo también ― murmuró ella, mirándole a los ojos ―. También llevo un tiempo deseando que esto ocurriera.
Draco sonrió de oreja a oreja, de nuevo haciendo visibles sus adorables hoyuelos, antes de besar de nuevo sus labios. Esta vez el beso no era desesperado, no. Esta vez era ese primer beso que Hermione siempre había soñado, un beso lento y delicado en el que volcaron todos los sentimientos que no se atrevían a decir aún en voz alta. Aquella noche de invierno, Draco Malfoy y Hermione Granger ocurrieron.
