Arendelle había mantenido una buena relación con Jordfjell; su reino vecino, durante décadas enteras, sus dominios eran separados por las imponentes montañas, ambos reinos eran hasta cierto punto dependientes el uno del otro, una de las principales razones por las cuales el Rey Alvar de Jordfjell no tenía intenciones de dar fin a la paz que existía entre ambas naciones era el hecho de que su reino al verse rodeado de montañas no poseía su propio puerto, siendo el más cercano parte de los dominios de Arendelle, romper relaciones con su reino vecino resultaría en algo bastante perjudicial para la economía, así que les era importante contar con la aprobación de la Reina Elsa antes de tomar decisiones delicadas.

Algo que explicaba el porqué de la carta del tutor del Príncipe Hans Westergard. La rubia estaba al tanto de la situación actual de las Islas del Sur, si bien aún mantenían su reputación como una de las fuerzas militares más poderosas, algunos cuantos gobernantes aún se negaban a pactar algún tratado de cualquier tipo con el reino del sur debido a los hechos cometidos por el menor de los hijos de los Reyes Einar y Gardine, durante los festejos por la coronación de la Reina de Arendelle, eso sumado a diversos rumores producto de habladurías y malentendidos que muchos tendían a creer sin importar lo ridículos que muchos podían llegar a ser.

Según indicaba el contenido de la carta, el Rey de Jordfjell estaba dispuesto a otorgarle la mano en matrimonio de su hija; la Princesa Freya, al Príncipe Hans de las Islas del Sur, siempre y cuando la gobernante de Arendelle estuviese de acuerdo con ello. El señor Knudsen tomó el riesgo de contactar a la Reina antes de que cualquiera de los gobernantes de ambos reinos involucrados tuviese oportunidad de hacerlo, albergando una pequeña e ingenua esperanza de que él podría convencerla de acceder a darle una segunda oportunidad al mismo Príncipe que tiempo atrás atentó contra su vida.

—Debe de ser una broma, una de muy mal gusto—opinó Anna mientras tomaba un paseo por los jardines de palacio junto a su hermana, la rubia la miró con cierta desaprobación.

—No es propio hacer bromas con un tema así—mencionó Elsa—, además, de serlo, dudo mucho que alguien cometería el error de dejar una carta como evidencia de ello—era ingenuo pensar que alguien cercano a la realeza cometería tal imprudencia, mucho menos aquella persona que estuvo encargado de dar lecciones a uno de los Príncipes más manipuladores que tuvo la desdicha de conocer.

—No comprendo él porque involucrar a Arendelle en una boda que no nos compete—bufó la Princesa.

—Sabes bien que nuestro reino está involucrado en ese enlace matrimonial, nos guste o no—comentó la mayor—. Es política, y Jordfjell es un aliado importante, no debemos tomar decisiones a la ligera.

—¡Es el Rey Alvar quien debería reconsiderar sus decisiones!—exclamó la pelirroja, encontrándose evidentemente molesta—Si tanto le interesa estar en buenos términos con Arendelle, ni siquiera consideraría la opción de incluir a Hans Westergard en su árbol familiar—señaló.

—En ocasiones diversas circunstancias nos orillan a hacer cosas que no necesariamente son de nuestro agrado, Anna—dijo.

—Espero que pronto recibamos una explicación por parte del Rey Alvar—Anna se cruzó de brazos—, aunque dudo mucho que algo justifique algo tan descabellado como comprometer a su hija con un potencial asesino, traidor, doble cara, manipulador, una vil serpiente…

—Conozco a Hans, Anna—la Reina interrumpió a su hermana —, no es necesario nombrar cada adjetivo que asocies a su persona—sonrió levemente—. Creí que ya habías superado ese asunto.

—Es difícil superarlo cuando aún se murmura sobre ello en cada uno de los bailes a los que alguna de nosotras asiste—mencionó la menor de las hermanas— ¿Sabes? Si ese matrimonio se lleva a cabo, hablarán aún más de ello.

—O quizá daría un cierre definitivo al asunto—mencionó.

—No estarás pensando en…

—Anna—la cayó antes de que continuara—. Mis deseos de tener relación alguna con las Islas del Sur son incluso menores a los tuyos, y aunque admito que el hecho de que el tutor de Hans Westergard haya decidido enviar esa carta me parece algo demasiado atrevido, como dije, no hay que tomar decisiones a la ligera.

—Ni siquiera te atrevas a recibir a ese…¡A ese…! —titubeó.

—¡Anna! —exclamó Elsa—. Eres lo suficientemente inteligente como para saber que desafiar o ser grosera con una de las naciones más fuertes al momento del combate no es precisamente la mejor idea, es increíble que lo sucedido durante aquel julio no haya desatado una guerra entre las Islas del Sur y Arendelle, no pienso tentar a nuestra suerte.

—Creo que no hay nada que pueda decirte para hacerte desistir de aceptar escuchar a ese hombre—se dio por vencida (al menos por el momento) —, solo ten cuidado, si ese hombre fue el responsable de la educación de Hans, quien sabe que tan manipulador pueda llegar a ser.

—Espero que John Knudsen no sea tan tonto como para subestimarme—dijo ella—. No pienso caer en engaños que aseguren que Hans Westergard ha cambiado por arte de magia, limpiar establos por un par de semanas no hace que un hombre se arrepienta de casi matar a alguien; de hecho creo que provoca que el odio hacia esa persona se incremente—agregó.

—Y ahora estará más cerca de convertirse en Rey—comentó con una expresión de asco en su rostro.

—No en realidad—sus palabras desconcertaron a Anna—, si bien podría parecer que el desposar a la cuarta hija de un Rey es una evidente mejora al ser él el decimotercer hijo de los Reyes de las Islas del Sur, la Princesa Freya no puede portar la corona según las leyes de Jordfjell, solo un heredero varón puede ser coronado, y digamos que son exigentes con el asunto de mantener el apellido, así que sin importar que Hans la despose y por algún motivo los tres Príncipes fallecieran, él jamás tendría oportunidad alguna de portar la corona—le hizo saber—, sin mencionar que según las palabras del señor Knudsen…

—Al cual acabas de mencionar no le creerías tan fácil—canturreó la Princesa.

—Él asegura que el Rey Einar llegó a ese acuerdo sin consultarlo con Hans; quien no está precisamente emocionada con sus planes nupciales—dijo—, pero dado a que en opinión del consejo real de las islas, todo lo malo que ha atravesado el reino últimamente ha sido culpa de Hans, creen que es momento para que su matrimonio arregle todo.

—Dudo mucho que eso sea posible.

—También me es difícil de creerlo, Anna—suspiró—. Le daré la oportunidad de intentar convencerme de que Arendelle podría salir beneficiado de ese matrimonio, pero estaré atenta a cada uno de sus movimientos y palabras, en cuanto cometa un descuido, tendré razones suficientes para dar mi negativa sin arriesgarnos a afrontar consecuencias negativas, mientras eso ocurre, tendremos que ser buenas anfitrionas y tolerar ese hombre.

La Princesa desvió la mirada, tenía el presentimiento de que una vez que ese hombre pusiera un pie en Arendelle, nada volvería a ser igual.