Ella había pasado trece años encerrada en su habitación y si bien la mayoría de ese tiempo, un solo día parecía durar meses enteros, también recordaba que los últimos tres años de su encierro se escaparon en menos de un suspiro, sin embargo no se comparaba con el poco tiempo que pareció transcurrir entre la última carta enviada a las Islas del Sur y el momento en que el navío en el cual el señor John Knudsen viajaba llegó al puerto de Arendelle.

Aun si hubiese contado con meses para prepararse para ese momento; dudaba mucho el poder sentirse completamente preparada para conversar con el hombre, y en definitiva su hermana no había sido de mucha ayuda, mencionando en más de una ocasión que si el Sr. Knudsen estuvo involucrado en la educación del Príncipe Hans, podría haber sido la mente maestra detrás del plan de asesinarla una vez que el pelirrojo hubiese desposado a la Princesa de Arendelle, así que había sido incapaz de dormir por la última semana, mientras se cuestionaba si todo se trataba de un plan para obtener venganza y que John aprovecharía la oportunidad de encontrarse en el castillo para terminar con lo que Hans había empezado.

Intentaba mantenerse serena, aunque creía que era muy evidente que estaba nerviosa, había ordenado que se aumentase la seguridad en el castillo, así como también en el muelle, sin mencionar que en más de una ocasión había tenido que fingir que creó una pista de hielo o una pequeña nevada de manera intencional para no preocupar a nadie a su alrededor. Ya el consejo real la creía incompetente para lidiar con esa clase se situaciones, lo que menos necesitaba era darles una razón para confirmarlo.

—Majestad— la hasta entonces desconocida voz del señor Knudsen la devolvió a la realidad, miró al hombre realizando una reverencia mientras que Kristoff; quien había insistido (obligado por Anna, obviamente) en acompañarla la miraba extrañado; notando que algo le pasaba, mientras que Kai aguardaba a que ella dijera algo.

Elsa conocía el protocolo, así que deducía que Kai había anunciado al señor Knudsen y era su turno de hablar, cada mañana ensayó lo que diría frente al espejo; algo que en su opinión la hacía ver patética y agradecía que nadie fue testigo de ello.

—Bienvenido a Arendelle, Sr. Knudsen—dijo finalmente. Al menos los trece años de encierro le enseñaron a fingir indiferencia y a ocultar el pánico que la invadía —, espero que su viaje haya transcurrido sin contratiempos.

—El clima nos favoreció, fue un trayecto agradable, es usted muy amable por preguntar y recibirnos en su reino, Majestad—habló John—, debo agregar que es un gusto conocerla, Reina Elsa, espero que podamos conversar y…

—Ya habrá tiempo para conversar—se atrevió a interrumpirlo, deseando terminar con aquel encuentro, además al encontrarse en un lugar público estaba algo incomoda, igualmente presentía que al verse rodeados de otras personas, se sentiría obligada a decir o hacer cosas con tal de mantener las apariencias —, seguramente desea tomar un descanso, he de suponer que esta exhausto tras haber pasado semanas en altamar, Kai lo guiará hasta sus aposentos, sus pertenencias serán enviadas inmediatamente a su habitación.

—Le agradezco su hospitalidad…

—Vaya, no creí que volvería a presenciar los bellos paisajes de este reino—la voz de cierto pelirrojo la hizo desviar la vista rápidamente hasta la cima de la rampa, entonces lo vio —, tampoco pensé que tendría el placer de volver a ver la dulce sonrisa de la Reina de Arendelle—añadió con burla ante el ceño fruncido de la mujer.

Inmediatamente la Reina se giró hacia John.

—¿De qué se trata todo esto? —Cuestionó Elsa, mientras que por su mente pasaban todas las advertencias de Anna (incluso las más ridículas).

—Ma-majestad, yo le aseguro que…—titubeó el hombre sin saber que decir sin comprometer cualquier posibilidad de llegar a un buen acuerdo entre ambos reinos, si la Reina Elsa creía que él traicionó su confianza (algo que sí hizo), bien podría ordenarles que abandonaran Arendelle de inmediato y todo por lo que los Reyes de Las Islas del Sur habían trabajado, se echaría a perder —, no tenemos malas intenciones, se lo aseguro.

—Habla por ti John—intervino el Príncipe. Su amigo le dirigió una mirada para reprenderlo por sus palabras—, creo que su Majestad apreciara que dejemos de lado formalidades e hipocresías, ¿No es así, Elsa? —preguntó a la rubia.

—Reina Elsa—le corrigió la mencionada mirándole con enojo.

—Reina Elsa, yo puedo explicarlo; se lo aseguro—volvió a hablar John.

—Eso espero señor Knudsen, por el momento comprenderán que les pida que permanezcan en el barco mientras se llega a una decisión con respecto a esta situación—habló Elsa.

La gobernante dio instrucciones a los guardias de impedir que los recién llegados abandonasen el barco, además ordenar que se realizara una minuciosa inspección al navío; si bien era algo que ella antes consideraba necesario, ahora sentía que era imprescindible que la guardia real revisase por completo el barco, no le cabía ni la menor duda de que Hans Westergard era capaz de traer consigo más de un truco bajo la manga para llevar a cabo alguna clase de daño a su reino, a su familia o a su persona.

Mientras que Kristoff no demoró demasiado en acercarse a ella para decirle que debía ordenar que los sureños partieran inmediatamente devuelta a su patria, que cada segundo que les permitiera continuar en el puerto de Arendelle representaba un riesgo.

—Como le dije a Anna días atrás—lo interrumpió abruptamente, mirándole con severidad—; tomar decisiones apresuradas en esta situación podría repercutir negativamente en Arendelle.

—¡Dejar que Hans se quede en Arendelle…! —Exclamó el rubio.

—Señor Bjorgman, le agradezco su preocupación, pero le suplico de la manera más amable posible, que no intente interferir en mi decisión final —habló Elsa con firmeza —. Sé de los sentimientos de mi hermana hacia usted y sabe que no me opongo a ellos, tampoco rechazo la idea de que usted y yo seamos amigos, pero en lo que a gobernar Arendelle se refiere, le pediré que se mantenga al margen, si en alguna ocasión deseo conocer su opinión o recibir alguna clase de consejo; se lo pediré — Elsa no deseaba ser grosera, pero se encontraba demasiado estresada en ese momento como para permitir que el novio de su hermana contribuyera a llevarla al borde de una crisis.

El repartidor de hielo que Anna había conocido en su travesía hacía la montaña del norte había demostrado sus buenas intenciones, su preocupación y cariño hacía la pelirroja, así como también intentaba formar una relación cordial con la Reina de Arendelle, a pesar de que era evidente que de cierta manera le temía, no en el sentido de que ella poseía magia que bien podría convertirlo en una estatua de hielo si así ella lo deseaba, sino en que era la persona con el poder de impedirle seguir frecuentando a Anna.

Elsa sabía que Kristoff intentaba ganarse su aprecio y por ello trataba de bajar los muros que desde su infancia sus padres le forzaron a construir en primer lugar; aún le era difícil hacerlo incluso con Anna, pero su hermana le había suplicado que intentase ser amigable con Kristoff, así que eso resultaba en algunas incomodas interacciones entre ambos, ni siquiera ella se creía capaz de continuar pretendiendo que no se daba cuenta de que él la dejaba ganar en las noches de juegos.

Y sobre todo, temía que todo lo poco que habían construido a través de conversaciones cortas que muchas veces incluían comentarios respecto al clima y largos silencios, risas falsas y sonrisas incomodas, se vería derrumbado con las palabras que ella había dicho.

No deseaba ser esa clase de persona que hiciera sentir a los demás tontos o inútiles por no saber el cómo funcionaban las cosas en su vida, en realidad, parte de ella anhelaba ser como Kristoff o Anna que sin detenerse a considerarlo, echarían a Hans y John de inmediato; de hecho, ninguno de los dos habría permitido siquiera que navegaran en las aguas pertenecientes a los dominios de Arendelle, pero era consciente de que al hacer tal cosa tendría que lidiar con demasiadas consecuencias. Los miembros de su consejo ya ni siquiera de molestaban de susurrar a sus espaldas, sino que le decían directamente en cada reunión lo mucho que el reino necesitaba de un Rey, que una mujer era demasiado sentimental para tomar decisiones racionales, que ella misma había demostrado en el pasado lo inestables que podían llegar a ser sus emociones y que tarde o temprano éstos le jugarían en contra.

—Si me disculpa, debo informar inmediatamente a los miembros del consejo de la situación, si pudiera hablar con Anna se lo agradecería, pero por favor, no deseo que esto desencadene en un escándalo —habló con la mayor tranquilidad que le fue posible —. Asegúrese de que ella no se acerque al muelle, le repito que toda esto es muy delicado, hay asuntos políticos de por medio y créame, es mejor no hacer algo que pudiera provocar la furia de un Rey extranjero, ni hacer que uno de nuestros principales aliados decida romper toda clase de relación con Arendelle —agregó — ¿Puedo confiar en usted en esto? —preguntó la Reina.

—Claro, le doy mi palabra —dijo Kristoff, Elsa solo asintió levemente con la cabeza antes de que ambos caminasen en silencio hasta el palacio. La rubia intentaba concentrarse en no perder el control de sus poderes, mientras que el hombre solo podía pensar en que sin importar lo mucho que intentase formar una amistad con su cuñada; parecía que siempre sería el señor Bjorgman para ella.

Una vez en el castillo, la Princesa; quien ya se encontraba de pie en la entrada principal, se mostró desconcertada al ver a Kristoff y Elsa sin la compañía del recién llegado, estaba a punto de preguntar al respecto, su hermana mayor dijo que después hablarían y se alejó.

—Kristoff ¿Qué sucede? —le cuestionó, interponiéndose en su camino para dejar en claro que no pensaba dejarlo marchar hasta recibir alguna clase de explicación — ¿Hay algún problema?

—¿Problema? —Kristoff se llevó una de sus manos al cuello de su camisa, como si de pronto ésta le impidiese el respirar, si bien la Reina no le prohibió hablar de lo sucedido con Anna, si le pidió que no hubiese ninguna escena y si algo sabía de la Princesa de Arendelle, era que podía llegar a ser un torbellino que él era incapaz de contener.

—Kristoff Bjorgman ¡Tú sabes algo y no quieres decírmelo! —Elevó el volumen de su voz — ¿Elsa te ordenó que no me dijeras nada? —tomó un gran respiro intentando no dejar en evidencia lo mucho que aun temía que en cualquier momento su hermana volviese a apartarla y todo volviera a ser como era antes de la coronación de Elsa.

Anna sabía bien que Elsa nunca deseó ignorarla y que los trece años de encierro también fueron una tortura para ella, pero aun así, sabía que para Elsa le era mucho más complicado que a ella relacionarse con otras personas, que aunque intentaba ocultarlo, aún había veces en las cuales dudaba sobre si debía abrazarla o no, muchas veces insistía en que debían realizar cualquier tipo de actividad juntas, porque estaba convencida de que en cuestión de un simple pestañeo podría volver a perder a su hermana y cuando Elsa comenzaba a guardar secretos; Anna no podía evitar tener un mal presentimiento, sintiéndose aterrada e invadida por la necesidad de ir corriendo detrás de Elsa y evitar que volviese a encerrarse en su habitación por otros trece años; aun cuando su lado lógico le gritaba que eso no tenía ninguna clase de sentido.

—Elsa no me pidió que guardara ningún secreto, Anna —dijo Kristoff.

—Entonces ¿Qué es lo que pasa? —volvió a preguntar — Estas asustándome Kristoff — debía ser algo grave si Elsa ni siquiera se detuvo un segundo para hablar con ella.

—Estoy seguro de que tu hermana sabrá resolverlo —de eso no estaba del todo convencido, pero debía permanecer sereno sino quería contribuir a que la Princesa cometiera alguna locura —. Ha ido a reunirse con los miembros del consejo.

—Estas preocupándome Kristoff, ¿Por qué Elsa convocaría a una reunión con el consejo real ahora? — le cuestionó — Elsa detesta esas reuniones, y se suponía que los dos irían a recibir al tutor de Hans ¿Acaso hay algún problema?

—Anna, Hans ha regresado a Arendelle —le informó finalmente.


Nota de autor:

It´s me, hi!

I´m the problem, It´s me

¡Hola!

Ha pasado un tiempo y realmente no planeaba demorarme tanto en actualizar, pero diciembre e inicios de enero fueron caóticos, mi papá estuvo delicado de salud y pasó un mes internado en el hospital y bueno, aún se encuentra en recuperación, pero al menos ya esta en casa y esta mucho mejor, aun así, con eso y mi trabajo me ha sido difícil organizarme para encontrar el tiempo para sentarme a escribir, de hecho, tenía este capítulo empezado y hoy lo terminé, que por un momento consideré dejarlo a medias (de nuevo) para continuarlo otro día, pero desconozco si este fin de semana podré volver a encontrar el tiempo para hacerlo, así que mejor opté por terminarlo y publicarlo de una vez, más vale prevenir.

Bueno, John y Hans han arribado a Arendelle y bueno, supongo que ahora si viene lo bueno. No esta de más recordarles que este fic NO es Helsa, es un Elsa x OC así que, son libres de decidir si quieren seguir leyendo o no :D

Por el momento espero que hayan disfrutado del capítulo, enserio intentaré actualizar pronto, y bueno, creo que a pesar de que ya estamos en febrero, no es del todo tarde para desear que hayan tenido una feliz navidad, un feliz año nuevo, día de reyes, etc.

¡Nos leemos pronto!