Al borde de la locura, a eso estaba. Usopp recogió los guantes de la guantera y se los colocó con los dedos tiesos por el frío. Afuera la nieve parecía un escenario blanco, oculto bajo capas y capas de espesa blancura. Y si Chopper hubiese estado ahí, habría estado encantado de reírse de sus tensos pasos a través de la nieve. Pasitos de patito.
Ni siquiera las grandes botas negras que traía puestas hacían el camino más llevadero a la posada, adentro estaría Nami, eso seguro y todos los demás idiotas reunidos. Suspiró y ahuecó sus manos al soplar entre ellas, en búsqueda de una pizca de calor.
Bien fuese una mentira o no, la verdad es que la cagó desde la semana pasada cuando su mejor amigo, el amigo al que tanto quería y apreciaba, le llamó y gritó desde la línea telefónica.
—¿Vas a venir esta nochebuena?
Por supuesto, eso era algo que hacían todos los años, no hacía falta preguntarle. Usopp sabía que si preguntaba debía de tener un trasfondo, no de parte de Luffy, porque Luffy no hacía planes elaborados, sino de su amiga, Nami. Esa mujer era muy buena para armar increíbles y peligrosas tetras. No notó la trampa hasta que respondió.
—Nami pregunta si vas a traer a tu novio —dijo. Lo imaginó de cuclillas en la silla, la cabeza inclinada tratando de descifrar los mensajes en señas que le mandaba Nami. El estómago se le revolvió.
El novio.
Usopp se castigó mentalmente por su metida de pata. Si no hubiese estado tan desesperado, quizá esa mentira no hubiese escapado de sus labios, pero a Nami le preocupaba que estuviera cada día más estancado en su propio mundo luego de que decidiera viajar tan lejos devuelta a la Ciudad Syrup, en ese sentido quizá tenía razón.
Usopp no se dejó amedrentar, así que dijo una pequeña y minúscula mentira, que tenía pareja y que por eso estaba muy feliz en la ciudad.
—Por supuesto que lo traeré —les dijo y Usopp estaba seguro de que Nami se estaría riendo al otro lado de la sala, a la vez que Luffy la miraría, en busca de lo que le causaba tanta gracia.
Sus equivocaciones no paraban y comenzaba a arrepentirse de su idea a pocos pasos de la puerta. Los pies congelados entre pequeñas montañas de nieve, el agua se le filtraba a través de los jeans. De pronto escuchó otro sonido de pasos atrás de él, y un leve y suave suspiro.
—Pareces estar pasando por un mal momento —murmuró el hombre y al darse la vuelta, Usopp descubrió que se trataba de Sanji.
Los dos vivían en la Ciudad Syrup, habían elegido el lugar como destino por razones diferentes, y de una u otra manera terminaron asentándose ahí. La única diferencia es que Sanji seguro no necesitaba que Nami lo llamara cada tres días, lo cual en realidad sería algo que él agradecería. Todo un casanova a la vista.
No parecía hacer esfuerzo alguno al moverse, incluso con el enorme abrigo amarillo que llegaba puesto sobre su traje y la enorme bolsa de viaje que cargaba en su hombro. Él se alegró de verlo, y como cualquier otra ocasión, se aprovechó de su fortaleza para apoyarse en él mientras caminaban. Sanji no dijo nada.
—No te vi en mi vuelo —dijo Usopp y pateó una pequeña rama del camino, como si fuese a impedirle de alguna manera continuar su camino.
—No estuve en el vuelo de hoy, vine ayer por la tarde y me quedé en un motel en el camino, necesitaba ver a mi querida Robin-chwan cuánto antes, pero la nieve me lo impidió.
Usopp le dedicó un segundo a mirarle la cara y respiró aliviado en cuanto notó que era su forma usual de hablar, no había trasfondo alguno. Al igual que Nami, Robin contrajo matrimonio el año pasado y le preocupaba que Sanji de verdad estuviera enamorado de ella todavía.
—¿Cómo está Zeff-sama? —preguntó. Sanji le rodeó con más fuerza la cintura a medida que avanzaban.
—El viejo está bien, igual de insoportable, pero bien.
La puerta se abrió de golpe y Chopper salió a pasos rápidos, estaba apenas cobijado por la ropa y Usopp sintió el horror del frío en su propia piel, pese a estar bien abrigado. Detrás de Chopper estaba Nami quién se recostó en el marco de la puerta muy campante.
—¡Usopp! —saludó Chopper y le dio un fuerte abrazo, por lo que Sanji también se vio implicado.
—Hola, ¿cómo están? —preguntó y continuó su camino seguido por el pequeño Chopper—. ¿Viniste a recibirme?, ¿tanto así quieres a Usopp-sama? Feliz cumpleaños por cierto, ¿cuánto cumples hoy?, ¿doce?
Nami no pareció darle mucha importancia a su llegada, en cambio, dirigió su mirada a Sanji, que estaba sonriéndole con dulzura, igual que cada vez que la veía.
—No sabía que iban a venir juntos —dijo ella.
Sanji no soltó a Usopp, lo cual debió haber sido una sorpresa, pero apuró su paso para acercarse a la joven dama que amaba desde niño.
—No vinimos juntos, nos encontramos cuando salía del carro —dijo Usopp y soltó el brazo de Sanji para dejarlo avanzar. Los dos llegaron a la puerta sanos y salvos y dejaron los abrigos en el recibidor. Nami dejó que Sanji siguiera su curso, aunque él en cambio, hubiese preferido quedarse alrededor de ella.
—Muy bien, ahora tocas tú, ¿dónde está tu novio? —preguntó ella y se atrevió a cruzarse de brazos en una demostración obvia de espera.
Usopp sudó frío, y volvió a mirar hacia afuera, ¿sí se iba todavía alcanzaría a encontrar boletos de vuelta? La verdad es que estaba un poco avergonzado de la mentira y si decía la verdad estaría arruinado, lo peor que podía hacer en su vida era decir una verdad. Nami no dio signo alguno de retirada, así que Usopp se encargó de pensar en una excusa rápida sobre la ausencia de su novio, lo cual derivaría a más preguntas que respuestas y no tenía pruebas para justificar sus acciones. Usopp miró por encima de Nami. Sanji estaba apenas por subir las escaleras en ese momento, y llevaba la caja de cigarrillos en la mano. Sabía que se arrepentiría luego, ya de por sí había metido a Sanji en problemas antes por su defecto para mentir, esta vez necesitaría su ayuda de verdad.
—¡Es Sanji! ¡Sanji es mi novio!
Fue obvio que para todos las palabras fueron una sorpresa. Usopp enrojeció avergonzado y de inmediato miró a Sanji, el suplicio de su rostro fue evidente y si acaso se le ocurría negar lo que acababa de decir sería consumido hasta los límites. En esta navidad una mentira de ese tipo habría arruinado un poco los ánimos, al menos por un rato. Sanji lo sabía, él sonrió y se inclinó sobre la barandilla de las escaleras, en sus ojos azules se arreciaba una tormenta, pero se contuvo de hacer algún movimiento en su contra.
—Nami-swan, lo siento mucho, no queríamos ocultarlo tanto tiempo, supusimos que podría parecerles extraño —dijo. Tenía una naturaleza espléndida para mentir, muy superior a la de él, pero nunca fue fanático de las mentiras, que lo apoyara le agregaba mucho peso a lo que decía.
Usopp respiró aliviado y Nami, que dudó unos segundos sobre si creer o no, pareció aceptar por primera vez sus palabras. Chopper, en cambio, se emocionó igual que un niño tras la noticia y corrió adentro a la sala para decirle a Robin que sus queridos amigos estaban juntos. Así que la voz hizo eco en esa enorme casa con las mismas palabras.
—¡Robin! ¡Sanji y Usopp son novios!
«Maldita sea» pensó «Esta vez Sanji sí me va a matar». Usopp subió a rastras para reunirse con Sanji en medio de las escaleras. Trató de resistir el horror. Las piernas le temblaban como gelatina cuando llegó a su lado y Sanji le rodeó con el brazo los hombros, inclinado para hablarle al oído. Usopp buscó concentrarse nada más en el cosquilleo provocado por los mechones de cabello que le rozaron la mejilla, y no en el miedo que se asentaba en el fondo de su estómago.
—Tú y yo vamos a hablar de esto, después —advirtió. No tardó mucho en soltarlo y seguir su camino en el pasillo, era el único de los cuatro solteros en esa casa que no dormiría abajo, sobre todo por su defectuoso hábito de fumar antes de dormir. Las parejas habían tomado casi todas las habitaciones de arriba.
—¿No vas a dormir con él? —preguntó Nami. Aparentaba una dulce fachada y bien sabía Usopp que a lo mucho maquinaba el asunto que acababa de pasar frente a sus ojos. Lo más probable es que disfrutó mucho el show que acababa de hacer.
—Prefiero pasar tiempo con Chopper, seguiré dormido en donde siempre, hace mucho que no lo veía y a Sanji lo veo todos los días.
Esa podría ser otra de sus grandes mentiras esa noche. Que ambos decidieron vivir en la Ciudad Syrup no implicó de modo alguno que los dos tuvieran que verse frecuentemente. Usopp pasaba gran parte de sus días encargándose de hacer bien su trabajo y Sanji de mantener un restaurante a la par de su padre Zeff.
—¿Lo de venir los dos por separado entonces fue mentira? —preguntó ella.
—Sí, no creí que Sanji estuviera listo todavía para revelar nuestra relación.
Ella arqueó una de sus cejas. Lo sabía, era algo irónico que el romántico Sanji quisiera ocultar algo así.
Usopp bajó de nuevo las escaleras y llevó sus maletas a la habitación, y se echó sobre la cama. El viaje había sido largo y extenuante, por lo que no tardó mucho en cerrar los ojos y menos aún en dormirse.
Despertó quizá media o una hora más tarde, aún entre el estado medio del sueño y la vigilia. El sonido de los goznes de la puerta lo hicieron abrir los ojos, y vio a Sanji asomarse con una bandeja en mano. El olor del chocolate se percibía a través del aire, y fue obvia la razón de verlo entrar. Dejó el chocolate en la mesita de noche y aguardó a que estuviese por completo despierto para hablar.
—Vamos a decorar el árbol de navidad, ¿vas a hacerlo con nosotros o seguirás durmiendo? —Se acercó a la puerta, y lo miró antes de abrirla, en espera de su respuesta.
—Iré, déjame darme un baño antes.
Sanji se marchó y Usopp abandonó la habitación para ir a bañarse con agua caliente. Escuchó la voz de Nami por encima de todo el ruido y los villancicos de afuera.
—¡Quién sea que se esté bañando; el agua caliente no es eterna! —gritó.
Usopp tembló y salió de la ducha a paso rápido, no vaya a ser que el frío de afuera lo consumiera después de una ducha tan cálida y agradable. Cuando se reunió con todos en la sala, ya había olvidado por completo lo de ser pareja de Sanji y actuó con total normalidad. La preciosa Robin estaba sentada delante de la chimenea y vestía un abrigo tejido de color verde, no solo la hacía ver mucho más pequeña de lo que era, sino que también lució más indefensa de lo que realmente era. Así que Usopp olvidó lo perspicaz que podía ser al hablar.
—Nariz larga-kun, es algo tan lindo que hayas empezado una relación con el cocinero —comentó ella y tanto Brook como Franky voltearon a mirarlo.
—¡Me alegro mucho por ustedes dos! Una gran historia de amor —dijo Franky y aferró uno de sus enormes y musculosos brazos alrededor de sus hombros. Usopp sintió que el infierno era esa misma sala, pues el calor que sentía dentro de sí era insoportable.
—Yo ho ho, esto merece una canción de amor —sugirió Brook y sin esperar opinión de nadie se acercó al piano de cola a tocar «Can't Help Falling in Love» de Elvis Presley. Desde adentro de la cocina se escuchaba el tarareo de las voces de Sanji y de Luffy al son de la música.
—No hace falta tanta celebración —murmuró Usopp y suspiró.
Luego volvió a hacerse oír la voz de Sanji al gritar.
—¡Sal de aquí, pedazo de idiota!
De la cocina salió Luffy, y llevaba un frasco de galletas de las que se compraban en el supermercado en el brazo. Chopper, que estaba oculto alrededor del cuerpo de Robin, corrió hacia él para poder pedir galletas también. Pese a la tentación, Usopp no extendió la mano para quitarle unas cuantas.
—No creí que Usopp fuese a ser tan estúpido, salir con Sanji debe ser horrible. —Masticó la cabeza de Santa Claus con la misma tranquilidad de todos los días.
—¡Te escucho, Luffy, y si sigues hablando serás el último al que le serviré la comida!
Usopp volvió a suspirar.
Abajo del árbol de navidad estaban dos cajas llenas de decoraciones. Era una tradición decorarlo y Nami se encargaba de cuidarlos cada año o de reemplazarlos si ya no tenían arreglo. Franky se encargó rodear el árbol con la primera tanda de luces blancas, en ese momento Sanji salió de la cocina y les dejó un plato de galletas en la mesa, aparte de esas galletas les entregó unas especiales a Nami y a Robin y para su sorpresa, a él. Usopp trató de suprimir su asombro, por el bien de sostener la fachada, aunque lo que sucedía hacía el trabajo bastante difícil. Las galletas no eran más suaves ni mejores que las que les dio a los otros, Sanji jamás habría dejado que lo peor llegará a las manos de ninguno de ellos, pero de alguna manera se sintió… diferente.
Usopp fue el siguiente en poner las luces, está vez amarillas alrededor del árbol. Cuando acabó, el resto del grupo se reunió en torno al árbol para colgar las guirnaldas y las bolitas doradas y verdes. Entre las peleas de Luffy para alcanzar la cima y la suave risa de Robin al lograr colocar una de las guirnaldas, Usopp recordó por qué razón amaba tanto venir a verlos.
No siempre estaban juntos para el cumpleaños de Chopper o para las navidades, a veces Luffy decidía quedarse con Law, Nami iba a visitar a su hermana y Chopper amaba pasar una navidad junto a Kureha, una vieja señora que lo crió durante los primeros años de su niñez. Y él tomaba la osadía, en algunas ocasiones, de quedarse a pasar una navidad cálida junto a la mujer que más quería; Kaya. Si bien cada uno amaba estar en ese otro lugar, estar reunidos en ese momento era una experiencia que permanecía en los corazones de cada uno.
—Este año le toca a Sanji poner la estrella —dijo Usopp y señaló la estrella que Luffy agarró de adentro de la caja.
Sanji se apuró a quitarle la estrella a Luffy, no sin antes inclinarse sobre Usopp y darle un beso en la mejilla como agradecimiento. Chopper y Franky silbaron emocionados. Él, sin embargo, sintió la precipitación de la emoción, no lograba comprender que acababa de pasar. Una vez que dejó pasar el asombro inicial, Sanji ya había logrado poner la estrella en la cima. Él no tardó en volver a su lado y rodearlo con un brazo desde atrás, su actuación fue tan natural y distinguida que a Usopp se le revolvió un poco el estómago, se sintió como si tuviera luciérnagas revoloteando en el estómago y tal cosa más que emoción le causó nervios.
—¿Por qué hiciste eso? —murmuró entre dientes. Sanji acercó más la mejilla al costado de su rostro y aunque parecía que se acercaba para besarle la mejilla, solo sonrió.
—Soy un hombre amoroso, ¿crees que ellos no notarán algo extraño si no estoy encima de ti todo el tiempo?
—Apretó su agarre como para darle veracidad a sus palabras. Usopp reprimió un sonido de disgusto por el bien del teatro que montaron.
—Oye, Usopp, ¿y cómo se enamoraron? —Luffy preguntó.
Sanji revoloteo alrededor de él como un idiota hasta llegar a Luffy.
—Usopp se me declaró.
—Vaya, y yo creí que Sanji sería el primero.
—Yo igual lo creí —dijo Nami.
Y seguido de ellos una retahíla de parte de los demás con un «Yo también», incluyendo a Zoro que estaba medio dormido en el mueble, junto a Chopper y Robin. El tema se apartó un rato más cuando Sanji volvió a la cocina para verificar el pastel de cumpleaños. Quizá nochebuena fuese el día de mañana, pero todos reunidos ahí hacían que ya pareciese festivo. El fuego que crepitaba del otro lado dejó a todos un rato hipnotizados, Luffy fue el primero que acabó con el silencio y trajo consigo la caja del Monopolio. En medio de la trágica partida en donde Nami les estaba pateando el culo a todos, Sanji llamó a todos a cenar.
La mesa servida fue un auténtico arte, y los olores que se extendían en el aire alegraron a todos en un instante.
Necesitaba ese sentimiento hogareño que solo se obtiene a través de la navidad, Usopp no había tenido buenos días esos últimos meses de trabajo y la verdad es que pese a su desliz, todavía encontraba la felicidad que creía pérdida. Era a veces muy complejo mantenerse acorde al día a día sin problemas, y la ausencia y la distancia que lo separaba físicamente de sus amigos de vez en cuando se tornaba difícil. Usopp extrañaba los días en el orfanato cuando corrían por el patio bajo el escrutinio del viejo Jinbe.
A las siete, Usopp salió pese al frío a observar el gigantesco cielo azul. Seguido por Sanji quien se sentó junto a él en el patio, en el mueble columpio que Franky construyó ahí. Abrigado hasta el cuello, Usopp encontró increíble que Sanji pudiera ignorar el frío cuando notó que sin guantes, encendía su cigarrillo. El humo se alzó por encima de sus cabezas y notó cierta nostalgia en su reunión.
—¿Por qué Nami creía que tenías pareja? —preguntó Sanji por fin. Usopp miró al suelo relleno de nieve, algo avergonzado.
—Le mentí hace unos meses, no me acuerdo porque, sé que ha estado preocupada por mi vida, le dije que no hacía falta porque tenía un novio que me ayudaba. Fue mi error, lo sé, no sabía qué más decirle para que me dejara en paz.
»Y me pidió luego que lo trajera para navidad.
—Y tú dijiste que estaba bien.
—¡No creí que me tomara en serio! —Usopp alzó los brazos al aire y luego enredó sus dedos entre su gruesa mata de cabello negro.
Tenía la sensación de que comenzaría a volverse loco en cualquier momento. Si tuviese la oportunidad de cambiar sus palabras por supuesto que lo haría. Eso era algo que se decía cada vez que metía la pata mintiendo. Sanji no le dio más vueltas al asunto, aparte de un leve golpe en la nuca para recapacitar, ese fue su único castigo.
Estaba entre la espada y la pared, y ni siquiera sabía cómo saldrían de ese embrollo después de la navidad. Si acaso preguntaban después cómo iba la relación, ¿de qué forma mentiría de nuevo? Usopp no podía relajarse, a diferencia de Sanji, que muy recostado sobre el columpio continuó fumando su cigarrillo. El humo no era la cosa más maravillosa que a Usopp le gustara en el aire, tuvo que contenerse de decirle cualquier cosa, quizá esa fuese su forma de dejar atrás todo el estrés que le causaba la situación.
Al entrar de nuevo a la casa, el calor le caló desde adentro, encantado se encontró con los demás en la sala, y se sentó junto a Zoro a beber sake caliente, lo cual ayudó mucho a volver a la temperatura que necesitaba para dejar de temblar. Era sin duda un terrible bebedor, y sus probabilidades de salir ileso después de varios tragos de sake y ponche eran muy bajos. Estimaba que sería a las doce de la noche que ya estaba lo más borracho que se podía estar, pero de todas formas nadie lo detuvo de seguir bebiendo, Zoro en cambio lo alentó y Nami se sentó a beber con él mientras cantaban villancicos. La noche fue encantadora, aunque no lo recordara mucho en la mañana.
.
Poco después de las tres cuando todos fueron a dormir, Sanji escuchó el rechinar de la puerta. Los pasos pesados de un hombre se acercaron hacia él a la cama, confundido aunque no preocupado, encendió la lámpara para percibir el vestigio de quién se acercaba hacia él. Usopp se tambaleó y casi cae al suelo en su intento por llegar a la cama. Sanji trató de no reírse, más que nada por respeto. Tuvo que levantarse de la cama y sujetarlo, sus brazos le rodearon la cintura y encontró refugio en el hueco de su cuello.
—Perdón, Sanji, no quería causarte problemas —se disculpó. No percibió de modo alguno el movimiento de Sanji para llevarlo a la cama, y se quedó un poco desubicado, al verlo desde su posición abajo, sin comprender cómo había llegado ahí.
—Está bien, te perdono, duérmete —dijo. Y después de verificar que no tenía problema alguno, se movió para retirarse. Usopp, todavía borracho lo sujetó de la camisa obligándolo a caer junto a él.
—No me perdonas, si me perdonas te quedas.
Su voz era apenas entendible, por lo que Sanji tuvo que inclinarse para escucharlo. Su boca debía de saber a sake combinado con el dulce sabor de las galletas que se comió mientras bebía. Trató de resistir el impulso, eso solo habría formado una brecha más grande y aún más problemas de los que ya tenía Usopp. Nunca fue un hombre fácil y mucho menos comprensible. Escapaba cada vez que algo se tornaba peligroso, si había una razón para que estuviese a su lado es porque no estaba enamorado, no tenía nada que temer porque también creía que él no estaba enamorado.
—Todo para ti —admitió rendido.
Tomó espacio en torno a la cama, Usopp no se separó de él y se aferró bajo las continuas disculpas por su error. Recostado sobre él, Sanji percibió una sensación muy diferente a la que le dio estar con sus amigos, era diferente y mucho más cálida. El frío de afuera se convertía en un asunto insignificante dentro de sus brazos, firmes alrededor de su cintura con su cabeza sobre su pecho, justo encima de su corazón. Debía de ser un hombre demasiado fuerte para resistir a tocar, y Sanji la verdad es que siempre se trató de un hombre débil cuando se hablaba de amor. Sus dedos trazaron los bordes angulosos de su barbilla y la punta de su nariz larga, si hubiese sido por él lo habría besado ahí mismo. El único deseo de navidad que tenía, porque amaba a Usopp desde años atrás. Sí todavía fuese un niño habría dejado la carta debajo del árbol con la esperanza de que se hiciera realidad su deseo.
«Querido Santa:
Sí de verdad existieras (y tengo muy presente que no lo haces) me gustaría desearte una cosa. No he sido el hombre más bueno e impecable de este mundo, pero sé que ha habido peores niños a los que todavía les has regalado algo para navidad. Sí es así y todavía eres consciente de que me debes muchas cosas, concédeme la oportunidad de tener a Usopp para navidad, deja que sea mío. Solo da un empujón para que se dé la situación, prometo que ya después yo me encargo de que permanezca conmigo el resto de las navidades que nos quedan.
Con nada de amor, porque todavía recuerdo que no me dejaste tener mi cocina de juguete cuando tenía siete años, porque eso era muy –de niñas— para mí. Sin más nada que decir, y en espera de que cumplas al menos este deseo que tengo.
Feliz navidad, te manda, Vinsmoke Sanji.»
Una carta fatal, por supuesto. Sin embargo, si tal cosa pudiera suceder, si tener a Usopp todavía era posible no dudaría ni un segundo para hacerlo quedarse. Porque ya luchó con sus sentimientos demasiados años, segurísimo de que su alma le pertenecería a una mujer como Nami-san o como Robin-chan o Viola-san. ¿Quién sabía que al final estaría tan perdidamente enamorado de un hombre?
Usopp se dio la vuelta en medio del sueño, dándole la espalda. Sanji no lo abrazó, aunque lo deseara con todas sus fuerzas, aunque en su mente se formará el escenario. Sus brazos alrededor para tomarlo y no soltarlo jamás. Miró afuera, la oscuridad de la madrugada consumida por las festividades y la nieve que caía del cielo, copos que seguían su curso hasta encontrar sus puestos abajo. Fue hasta una hora más tarde que Sanji logró dormirse, los brazos de Usopp en medio del sueño volvieron a abrazarlo y los dos, sin percatarse, durmieron unidos el uno con el otro.
Nami los encontró a los dos así mismo, en la mañana y ante la vista se cubrió la boca con las manos, en un intento poco práctico de contener el grito que depositó desde el fondo de su garganta. El anillo de oro brilló sobre su mano, y Sanji recordó lo envidioso que estuvo con la mujer que le quitó su puesto.
—Vamos a abrir los regalos —susurró ella y trató de bajar aún más la voz cuando Usopp se removió en el brazo de Sanji, sus dedos extendidos en el pecho descubierto de él.
No tenía razón de ser, Usopp era un tipo que se movía mucho al dormir, habría hecho lo mismo con Luffy si estuviese durmiendo con él
—¿Van a bajar? —preguntó por si acaso ella.
Sanji se negó con cierta y particular timidez. Era un poco vergonzoso que lo encontrarán en esa posición con alguien y sobre todo que fuese Nami de entre todas las personas. Ella pensaría que la relación era cierta, y Sanji en cambio, solo quería pasar más tiempo del lado de Usopp, incluso si eso significase sacrificar la circulación sanguínea de su brazo, porque era su regalo de navidad. Con un poco de resistencia, Nami se despidió de ellos para avisarle a los demás que estaban demasiado ocupados para hacer del Santa secreto, y que quizá lo harían más tarde. Desde abajo, luego de un rato se escuchó el claro grito de decepción de Luffy.
La mañana fue larga, Sanji se levantó poco después de que Nami hubiese bajado, Usopp se movió de su lado y tuvo que razonar por primera en toda su vida sin el corazón. Si Usopp los encontraba a ambos unidos de esa manera, estaría tan espantado como para escapar del país y no volver a hablarle. Si el extremismo llegaba a ese punto, Sanji se sentiría demasiado rechazado para luchar y luchar era lo que más quería. Tenía que ser más lento, sutil y romántico, de lo cual era un gran experto.
—Oye, Sanji, ¿cuándo se despierta Usopp? Quiero abrir los regalos —gruñó Luffy y corrió hacia él, desdichado.
Zoro sonrió con diversión en cambio, y se estiró en el mueble tal cual una serpiente.
—Creí que serías un cobarde por siempre, cocinero —se burló.
—Cállate, marimo de mierda, por lo menos tengo novio.
La verdad es que la certeza con la que decía las cosas y con la que todos le creían el asunto podía haber sido su perdición. Se preguntó si acaso Usopp habría elegido con la misma facilidad a Zoro para acompañarlo en esa mentira, e imaginarlo a los dos fingiendo ser novios le removió las tripas lo suficiente para querer matar al idiota que se le cruzaba en frente. Era posible que demostrara una rabia desmedida e injustificada al maldito de pelo verde que tenía enfrente. Zoro solo sonrió.
Trató de desvanecer la imagen, por su propio bien, no iría entonces a matar a alguien por amor.
La mañana todavía era larga. En la noche no estarían sólo ellos, después de todo, Luffy había recibido una llamada de su esposo Law el día anterior cuando todos estaban jugando Monopolio porque iría a pasar la nochebuena con ellos. Su viaje a Dressrosa no le sentó bien, y Nami invitó a su hermana y a su esposa Tashigi también. Si a alguien se le ocurría invitar más gente, tendría que estar preparado. Así que se preparó para ir al supermercado, quedaba a tres kilómetros de ahí, pero con la nieve afuera lo mejor sería salir en auto.
Usopp salió de las escaleras en corrida, sus pies enfundados en pantuflas casi lo hacen resbalar. Sanji se tuvo que apurar a atraparlo en medio del percance. Podía sentir los latidos de su corazón disparados entre sus brazos y el rostro de horrorizado miedo de Usopp casi lo hace reírse a carcajadas.
—Feliz navidad —le dijo y Sanji, que sabía que todos los miraban, aprovechó la oportunidad para darle un beso en la frente.
—Feliz navidad a ti también.
El aliento matinal no le sentaba tan mal, y si la oportunidad hubiese sido mejor, Sanji se creía capaz de haberle dado un beso en los labios. Se resistió por el bien de su plan, y porque necesitaba ir a comprar algunas cosas al supermercado y si se quedaba un rato más seguro que no resistiría irse. Los dos se apartaron entonces muy lentamente, tanto Chopper como Nami fingieron no haber estado mirando, lo cual resultaba infructífero porque Chopper tenía las mejillas enrojecidas por la emoción. Y Brook, volvió a colocarse detrás del piano a tocar una extraña versión de «All I Want for Christmas Is You» de Mariah Carey, sin importar la opinión de ninguno de los involucrados.
Afuera hacía un frío terrible, pero después del cálido recibimiento de parte de Usopp ni se percató de que le faltaban los guantes y la bufanda. Estaba realmente enamorado.
.
Usopp creyó que ya se tornaba algo difícil mantener la actuación la noche anterior, el peso de la culpa era complejo. Lo que surgía cada vez que Sanji se le acercaba era algo mucho peor de lo acordado dentro su mente. Algo que se suponía que jamás debería de sentir, ni siquiera por asomo. Todavía tenía la sensación del beso caliente sobre su frente y los nervios en punta. Y si el asunto no fuera ya lo bastante grave, escuchar a Nami hablarle de lo que pasó en la mañana, al encontrarlos dormir juntos, consiguió marearlo.
Bien idiotizado, así lo tenía Sanji. Las calles estaban llenas de niños corriendo de un lado a otro estrenando sus regalos de navidad, y una pequeña se lanzaba desde una loma con un trineo nuevo. Usopp casi deseó ser un niño de nuevo por el bien de mantener la cordura esa nochebuena. Ni siquiera habían abierto los regalos de navidad por su irresponsable forma de beber la noche anterior. Tanto Nami como él anduvieron un rato, la música se escuchaba por varias casas y las chimeneas estaban encendidas en la mayoría de ellas. Las guirnaldas y decoraciones le recordaron por qué razón elegían pasar sus navidades ahí como centro de sus visitas cada año. Quizá porque se tornaba sumamente navideño (aunque la navidad fuese cosa de familia y no solo del lugar), y facilitó la relajación de todos. Se olvidaban de sus vidas en las ciudades centrales, de que pasaban gran parte separados. Ese lugar significaba mucho para ellos.
En su última parada, Nami entró a una de las tiendas de dulces, era pequeña y estaba decorada de arriba abajo con colores verdes y rojos. Al fondo había un enorme muñeco de cascanueces al cual saludaban casi todos los años con la misma emoción. No iba con la intención de comprar dulces para la cena. Usopp también miró por los alrededores buscando algo que darle a Kaya cuando regresara a la Ciudad Syrup, ella amaba los dulces que traía de Karakuri. Era un detalle que adoraba y atesoraba.
Volver a la ciudad le generaba cierta resistencia, antes no tenía posibilidad alguna de que se encontrara con Sanji. Durante cada año lo veía un par de veces y unas cuantas de ellas serían por accidente. Las únicas que podían contar sería cuando Sanji cumplía años y decidía ir a visitarlo al restaurante.
—La verdad es que no te creía mucho cuando dijiste que estabas saliendo con Sanji, pero viendo cómo se comportan ustedes dos, es imposible seguir pensando eso —dijo Nami. Llevó varias bolsas al mostrador, repletas. El viejo señor que la atendía y que la conocía bien, la saludó con amabilidad antes de cobrar.
Usopp no supo muy bien qué responderle.
—¿Por qué no nos contaste antes? —preguntó. Él abrió la puerta de la tienda y los dos volvieron a internarse en las blancas calles.
—Porque tenía miedo de que todo fuera mal, Sanji es…
—Está loco por ti. —Nami lo interrumpió con una sonrisa, hablaba con tanta seguridad que Usopp tuvo que morderse la lengua para no replicar—. Demasiado loco por ti, Usopp, de verdad, hasta me sorprendió a mí no haberme dado cuenta antes, es como si fueras su todo.
Demasiado esperanzador para una mentira que se montó en la mañana del día anterior. Los dos terminaron sentándose en torno al árbol de navidad en la plaza del pueblo, Nami llevaba los dulces con la intención de entregarlos a su hermana y que los repartiera entre los niños en el pueblo de dónde nació. Lo hacía todos los años. Ella deseaba darles todo lo que le faltó cuando era pequeña.
Usopp miró desde la lejanía a Sanji salir con una bella mujer del supermercado, aterrado ante la idea de que Nami pudiese verlo, y con un nudo que surgía de su estómago sin explicación, se levantó de repente.
—Oye, ¿sabes que anteriormente hacía los mejores chocolates calientes del mundo? En serio, de verdad, ¿no se te antoja volver para que te prepare uno?
No muy convencida de su fatal mentira, Nami se levantó para regresar por el mismo camino. Usopp trató de no dar miraditas hacia atrás para verificar si lo que creía ver era verdad. Por el bien de su mentira era mejor que se quedará quieto, levantar sospechas sería algo muy complejo de resolver. Estaba aliviado hasta cierto punto, sin embargo, no sabía cómo explicar el sentimiento. La verdad es que se sentía feliz de saber que Sanji no estaba enamorado, por alguna razón al igual que Nami, cuando veía esos ojos traslúcidos posar su mirada sobre él también tenía la terrible premonición de un amor que se gestaba desde hace mucho, un amor sin precedentes que podría destruir su mundo igual que un huracán. Verlo con esa mujer le daba una razón de alivio, significaba que todos esas cosas eran imaginaciones suyas.
En cuanto entraron a la casa, y poco después de que se hubiese puesto a hacer chocolate caliente para todos, Sanji regresó a la casa. Colocó las compras sobre el mesón y caminó hasta estar detrás de él y observar con evidente concentración lo que hacía. No lo tocaba, ni siquiera estaba demasiado cerca, quizá se tratara de la cercanía que ambos compartían desde la mañana anterior que la tensión que le generaba podía hacerlo derretirse como el chocolate que estaba preparando.
—Oye —lo llamó por lo bajo, Sanji arqueó una de sus cejas rizadas—. Sé que te gustan las mujeres y todo, ¿pero puedes tratar de no hacerlo esta navidad? Nami casi te descubre.
Usopp no se había dado la vuelta mientras revolvía el chocolate, de ser ese el caso habría descubierto que Sanji sonreía de oreja a oreja.
—No sé de qué me hablas —dijo, y pese a atentar contra su suerte probó la reacción de Usopp. Él se dio la vuelta, no escolarizado aunque sí algo alterado. Sanji deseó poder ver celos, que no se tratara de miedo por su mentira sino genuinos celos.
—No te hagas el idiota.
Sanji hizo exactamente eso y se inclinó para apagar la cocina detrás. Usopp se echó hacia atrás creyendo que lo besaría. Y tuvo que resistir la necesidad de hacerlo en serio.
—Saaaaanji, en serio, por favor, ayúdame, espera hasta mañana.
La puerta se abrió una vez más, Zoro asomó su cabellera verde y los miró.
—¿Compraste sake?
Sanji tuvo otro deseo repentino, uno donde matar a Zoro sería algo posible. Tomó una cuchara y la lanzó hacia su cabeza, Zoro la esquivó con la misma lamentable agilidad de siempre.
—¿De verdad se van a pelear? —dijo Usopp y entornó los ojos. Una vez que la situación acabó lo único que quedaba era servir el chocolate. Y Sanji se lamentó de que hubiese terminado tan pronto.
—No estaba coqueteando con nadie —confesó una vez que estuvieron solos—. Ella solo quería consejos de cocina.
Usopp solo asintió, en un estado de compresión silenciosa por sus palabras.
Volvieron a reunirse en la sala, Usopp trató de descartar cualquier acto anterior que lo pudiera instigar a pensar que Sanji podía estar enamorado de él. Tal cosa habría provocado una herida más que fatal a la amistad que tenían y eso era lo que menos quería hacer esta navidad.
Salió al patio detrás de Luffy para tener todo el espacio que fuese posible, si preguntaban por el cambio abrupto sería fácil decir que tuvieron una discusión. En el camino hacia el patio no tardó en seguirlos Chopper y Franky y cuando Usopp sintió el frío helado de la nieve contra su nuca, comenzó la batalla.
Usopp lanzó varias bolas mientras se escondía detrás de los árboles, Luffy tenía una puntería terrible pero una fuerza increíble, por lo que cada vez que daba un golpe se sentían como tres. Usopp lanzó una de sus bolas hacia uno de los que salía por la puerta, Sanji miró a cada uno de ellos en búsqueda de quién sea que le lanzó la bola, restos de nieve caían sobre su cuello sonrosado y Usopp aterrado se escondió al fondo de ellos, usando a Franky como escondite. Y a la vez, trató de reprimir la risa que surgía desde el fondo de su pecho. Una bola llegó a su pierna. Potente y violento, Usopp trastabilló sin caer.
—Eh, actúa como hombre, admite tu culpa —dijo Sanji y sonriente lanzó otra bola de nieve hacia él. Todos corrieron, y Usopp sonrió aliviado, nada cambiaba, todo seguía como siempre. Nami, que se asomó a ver de dónde provenía tanto escándalo también fue recibida por el espectáculo de las bolas de nieve que volaban de un lado a otro. Y ella se unió para vengarse de quién sea que le hubiese lanzado la primera.
Zoro se unió luego de que Usopp lo llamara cobarde y Robin pasó a hacer grupo con Franky y Chopper para ganar. Brook se apuró al lado de Luffy y la batalla habría continuado de no ser porque el frío les estaba calando fuerte y estaban ya demasiado empapados para moverse. Entraron en bandada hacia la sala, Nami se lamentó del desorden y Usopp se emocionó al darse una ducha rápida de agua caliente —se habría emocionado más con una ducha larga, pero eso era imposible con Nami ahí—.
.
Comenzaba a escaparse, Sanji ni siquiera tenía que verificar que fuera verdad, lo hacía. Afuera estaba el bullicio ensordecedor que caracterizaba a una turba de idiotas con las que pasaba su tiempo libre, mientras Robin le ayudaba con la cocina, el tibio calor de la navidad se enfriaba. Actuar como un caballero también se convertía en un trabajo complejo cuando tenía que evitar pensar que Usopp lo ayudaba en estas ocasiones. ¿A qué le temía?, ¿a enamorarse?, ¿a él? ¿No le gustaba como era? ¿Cuál fue la razón que lo motivó a temer? Sanji suspiró, y en cuanto Robin le dirigió una mirada fugaz él le sonrió, para bajar las sospechas y porque la belleza de ella era tal que uno debía de sonreír cada vez que se le miraba.
—¿Por qué no dijeron que son novios antes? —preguntó ella y cortó con agilidad los trozos de fresas para el pastel. Ella habría sido una gran cocinera sin duda.
Sanji pensó en una buena respuesta, pero al final se decidió por la verdad. La razón que seguro llevaría a Usopp, no a él, a ocultar una relación de ese tipo.
—Miedo, supongo, a que las cosas acabarán mal. —Él escuchó por encima del bullicio, la voz grave de Usopp entonando una dulce canción de navidad. Robin lo observó y sin que lo notara, sonrió de vuelta. Cuando Sanji volvió a mirarla, se encargó de dispersar la carga que generaban esas palabras—. No te preocupes, Robin-chwan, todavía hay un espacio en mi corazón para ti.
Robin se rio, sin embargo.
—Usopp casi nunca habla de sus parejas, de cierta manera es como Luffy. No sabes que está enamorado hasta que… bueno, hasta que realmente está enamorado.
»¿Todavía recuerdas cuando Luffy trajo a Law aquí?
¿Cómo no hacerlo? Pese a que vivieran separados y todo el asunto, trataban de hacer un esfuerzo sobrehumano para comunicarse siempre. No era desconocido el nombre de Law, todos lo interpretaron como un amigo en su momento. Un año después de que el nombre comenzará a circular Luffy lo trajo a la posada, lo cual significaba que debía de ser una persona más relevante de lo que creían. Y luego se enteraron de que en realidad eran novios.
—No le des tiempo a dudar, Sanji —de pronto dijo ella—. Usopp seguro tiene muchas cosas en mente, e ir lento sería lo mejor, pero si él duda, si piensa demasiado; tú pierdes.
El mensaje era obvio, por lo que por el bien de no confirmar sus sospechas, Sanji solo tarareo en una muestra de acuerdo. Ella salió luego de verificar que ya no había nada más en lo cual ayudarlo. Y Usopp entró, tenía una sonrisa brillante y recogió de la nevera una botella de vino. Se cambió luego de la lucha de nieve, por lo usaba un suéter verde con capucha y tenía los rizos recogidos en un moño. No mirarlo se volvía un asunto de gran dificultad a medida que pasaban los años, Usopp se detuvo en medio de su camino al notar que lo miraba.
—Lamento haberme comportado como un idiota temprano —se disculpó. Sanji deseó poder fumarse un cigarrillo entonces, para soportar las ganas que lo consumía por besarlo—. Me preguntaba cómo íbamos a resolver esto y yo decía que ya que mañana volvemos a casa deberíamos hacer como que peleamos…
¿De qué valía resistirse si lo que tenía era ganas de besarlo? Sanji se alegró de no haber fumado, porque ni siquiera el quejido de Usopp impidió que no continuara con lo que quería. A pasos veloces se acercó a él para rozar los labios con los suyos, el frío helado del vidrio le mojó el brazo, pero Sanji no soltó el rostro de Usopp, y siguió ahí.
—Dime que puedo —dijo porque aún debía de ser un caballero, todavía tenía que saber si podía dar un beso. Usopp tembló sobre sus brazos. Casi creyó que se escaparía.
—Sanji —lo llamó, los labios gruesos se movieron, brillantes de saliva y casi se sintió en el cielo.
—Tienes que decirme si puedo o no —le recordó.
—Sí puedes.
Los labios de Usopp sabían a crema batida, por lo que advirtió quién sería el que la robó de la nevera. Se enfrascó en ser lento, si era lento y paciente sería capaz de obtener algo bueno, porque besarlo se sentía como un fuego ardiente que le quemaba el rostro. Sanji mordió el labio cuando Usopp despertó en desesperación de repente. «Castígalo» pensó, «Castígalo, por ser tan sublime, tan encantador como para volverte loco» e intentó forzar a que actuará en respuesta, pero Usopp fue demasiado tímido para mostrar la misma pasión desenfrenada con la que lo besaba él.
—Oye, Sanji, huele a quemado —era la voz de Nami. Ella se quedó muda ante el beso y casi sale despavorida por la vergüenza, no es que no hubiese visto antes un beso, pero ese tipo de besos uno no querría verlos en todas partes, especialmente si pasaba entre sus amigos. Usopp aprovechó para salir con una botella de vino en mano. Y Sanji se apresuró hacia la cocina, quizá un poco enojado por la interrupción.
—Lo lamento, no pensé…
—Está bien, Nami-san, no tienes que disculparte, no fue nada, es poco apropiado que haya elegido ese momento para eso —dijo Sanji. Trató de ignorar el fuerte rubor que sabía que tenía.
.
Lo besó, ¿Sanji comprendía la magnitud de lo que hizo? Quizá para él no significaba mucho, quizá para él no fuera nada relevante. Usopp negó dentro de sí mismo, sabía que Sanji no era ese tipo de hombre. Usopp fingió una sonrisa mientras todos los demás comían, entre los otros invitados que se unieron a la cena, lo único que aportó a la conversación fueron unas pocas risitas. Quería borrarlo de su cabeza, la boca le sabía a Sanji y si no fuera ya mucho, Sanji estaba a su lado, muy metido en su teatro. Usopp ya no deseaba actuar. El brazo de él alrededor de sus hombros y el olor que provenía, ese fuerte perfume que usaba.
Casi corrió al acabar la cena e ignoró la voz de Nami pidiéndole que se detuviera. Necesitaba pensar en lo que sea, si ya no era Sanji sería algo muy fructífero. No percató ningún movimiento atrás hasta que estuvo lo suficientemente lejos de casa para escuchar algo más que la música, los pasos se detuvieron a la vez que se detenían los de él y Usopp miró a Sanji detrás. Aterrado, tembló sobre sí mismo.
—No debimos hacer esto —dijo. Él no respondió, tenía la cabeza cabizbaja y tomó el encendedor del bolsillo de su chaleco; el fuego atrajo su mirada perdida.
—¿Por qué?, ¿por qué no debimos? .—Sanji encendió y apagó el encendedor y entre sus palabras se contuvo de morder el cigarrillo.
—Oye, Sanji, somos amigos, ¿no te das cuenta? Llegamos muy lejos al besarnos, esto, esto, sé que fue mi culpa, está vez lo admito, yo lo sé. —Iba de un lado a otro, con las manos gesticulaba lo que no bastaba con sus palabras. Sanji solo sentía que le estaba desgarrando el pecho—. Iremos mañana a casa, dejemos que pase año nuevo y después hablamos.
Sanji tuvo que tragarse las maldiciones, sentía las miradas de todos desde adentro de la casa y uno debía de ser respetuoso con el amor de su vida, por más cabeza hueca que pudiera llegar a ser. Si Usopp no iba a dar el paso y esperaba entonces a ser consumido por el miedo, Sanji lo daría por él.
—No quiero que pase año nuevo, escucha Usopp, me gustas, me gustas bastante. He estado deseando tener una oportunidad así desde hace mucho. Esta navidad ha sido un regalo para mí más allá de lo que crees porque te deseo, eres el único regalo para navidad que he deseado tener todos estos años. Volvamos juntos, intentemos estar juntos.
En vez darle la razón, Usopp fue echándose hacia atrás, el miedo se reflejaba en ondas extrañas a través de sus ojos marrones.
—¿Qué dices, Sanji?, ¿estás loco? Es posible que estés loco. —Suspiró aliviado y se movió hacia la casa, quizá para llamar al Law, que era médico.
Sanji lo sujetó del brazo después de escupir el cigarrillo y le dio la vuelta. Si quería pruebas, bastaba con una y volvió a besarlo. Esta vez ni siquiera fue lento, no fue romántico, tenía que probarle de alguna manera cuánto deseaba su cercanía. Entrelazó sus dedos entre los mechones de ondulado cabello negro y robó su aliento, el fuego que tenía dentro fue trasmitido y saboreó con cierta violencia el sabor agridulce de sus labios, Usopp se resistió por momentos y por momentos también correspondió. La lengua se combinó con la suya y cuando por fin acabó de demostrar su punto, Usopp tuvo que recostarse sobre su hombro para buscar aire.
—Solo estoy loco por ti, Usopp, solo por ti —dijo, seguido de besos alrededor de su rostro. Usopp solo suspiró—. Me gustas mucho, demasiado, eres todo lo que quiero en mi vida.
—Ya entendí, ya entendí —replicó con desdén, pero aceptó el abrazo sin titubeos, y se aferró al fondo de su cuello para ocultar el rubor. ¿Cómo alguien podía decir cosas tan cursis y no mostrar signo alguno de vergüenza.
Los pasos sobre la nieve volvieron a llamar la atención de los dos. Los besos húmedos de Sanji se detuvieron, y observó por encima a los idiotas acercarse, Chopper preocupado se abalanzó hacia ellos. Aunque irrumpieron el momento de forma tan estrepitosa que uno podría sentir el ánimo para golpearlo, Sanji creía que tenía todo lo que quería esa navidad y ya nada podía bajarlo de la nube en la que volaba.
—Oigan, no discutan, es navidad —Luffy tomó el brazo de Usopp que seguía vibrando de arriba abajo y se dejó guiar por él como una muñeca de trapo—. Y quiero abrir los regalos.
—Dios mío, todos nos vieron —exclamó Usopp y la preocupación se notaba desde lo más profundo de su voz—. ¿No podrías besarme en otra parte? —recriminó y luego calló con evidente esfuerzo lo siguiente que fuera a decir. Sanji estaba prácticamente en el cielo, su mente no estaba para nada en ese momento y lugar.
Chopper les seguía desde atrás, hablándole de la navidad, sobre cómo lidiar los problemas de manera adecuada y que todos eran una familia, por lo que resolver problemas debía de ser un asunto de todos. Era un niño muy sabio para su edad.
Debajo del árbol ya casi todos los regalos habían sido tomados, tenían etiquetas con los nombres por lo que no fue difícil que cada uno encontrara el suyo. Tomaron asiento en el suelo, y si hubiera tenido la oportunidad de intercambiar cualquier palabra con Sanji, Usopp estaba seguro que le habría pedido que dejara de abrazarlo como si fuera a desaparecer en cualquier momento. Nadie dijo nada, y él estaba seguro que no les costaría demasiado acostumbrarse porque Sanji había sido un romántico empedernido toda su vida.
A Usopp le tocó regalarle algo a Brook este año y se había inspirado haciendo el regalo, por lo que era una de las cajas más grandes. Tenía aprecio por la música y Brook era un artista muy talentoso, así que le regaló un nuevo violín. Había investigado mucho y lo suficiente para elegir el modelo correcto y el que creía que más le gustaría. Brook brilló al verlo, por lo que sintió que su trabajo ahí fue cumplido.
Cuando le tocó a Sanji abrir su regalo por parte de Nami, fue recibido por unos preciosos gemelos de oro, y se asombró por el detalle. Y fue lo único que logró que deshiciera su abrazo para darle uno a Nami. Ella lo rechazó muy desenfadada.
Todos los demás abrieron sus regalos en bandada, entre exclamaciones de alegría y de júbilo, a excepción del momento en que le tocase a Sanji darle su regalo a Zoro, pero ellos siempre han sido un asunto aparte. Por lo demás, Usopp recibió de Luffy unos audífonos para la próxima vez que jugarán juntos. Y para el único que quedó fuera, como todos los años pasaba, todos trajeron un regalo. El ritmo de la noche siguió burbujeando y la música repitió su estruendo.
Sanji lo levantó de un salto al instante en que la música cambiaba a una canción lenta. Los dedos de ambos se entrelazaron y Sanji llevó su brazo desocupado hacia su cintura. Bailaba muy bien y lo ayudó a seguir el ritmo con agilidad, creía que si lo proponía podrían ponerse a bailar tango ahí mismo. Pero eso no era lo que importaba después de todo, Usopp estaba feliz. Por un momento se permitió olvidarse de los miedos y de que mañana volverían a casa a enfrentarse a los problemas terrenales. Lo único que pensó fue en la forma en la que latía su propio corazón y lo atractivo que le parecía Sanji a la luz de los colores verde y rojo. Creyó oír cascabeles desde el fondo de la sala, y se contuvo de voltear.
—No será hoy nada más —dijo Sanji de repente y besó su frente con evidente dulzura—. Pasemos año nuevo juntos, ven conmigo a casa, confía en mí, Usopp, te amo.
Usopp suspiró de nuevo, era lo único que parecía poder hacer esos días. Y luego sonrió. Mientras Sanji le daba una rápida vuelta y su corazón se desvivía en latidos cada vez más veloces tuvo que rendirse. Sanji le besó la mejilla, más qué alegre y siguieron bailando en torno a la sala. No podía esperar para ver lo que le esperaba el año que viene, tenía la extraña seguridad de que seguiría de la mano de Sanji por muchas navidades más.
