Capítulo 2
Los primeros días fueron difíciles para Kate. Aunque ninguno de sus compañeros la tratasen mal y ella siempre era amable con ellos, extrañaba a mares Londres, en especial, extrañaba ver a sus padres y su hermana después de clases.
El aprender magia no había sido una cuestión que le preocupara, además sus maestros eran fantásticos, todos sin excepción. Disfrutaba en especial Transformaciones con la Profesora Mcgonagall y para ella era la clase en la que en verdad sentía que estaba en un colegio de magia. También era una de las clases que compartía con Harry.
—Deberías aprovechar la clase para hablar con él— dijo Mathew mientras recogía sus libros para ir a la siguiente clase.
—No quiero que haya mucha gente— le respondía Kate cada vez que él sacaba el tema a colación.
En eso Cho Chang se acercó a Kate y le entregó uno de los libros que ella le había prestado para Transformaciones, le había llegado su copia y le devolvió la suya a Kate. Cho era agradable con ella pero también lo era con el resto de compañeros.
Además de ella, varios estudiantes hijos de muggles se habían acercado a Kate, Mathew lo llamaba el "Grupo de ayuda para Londres" algunos también habían estudiado en colegios muggle y se estaban acostumbrando al nuevo colegio mejor que Katherine.
—Señorita Grant, me permite unos momentos— la llamó McGonagall desde su escritorio.
Mathew salió con Cho y dejó a Kate con la profesora, ella tomó asiento y cuando el último estudiante salió, la profesora la miró a través de los anteojos de media luna.
—Katherine quería hablarte hace varios días, lamento que haya demorado en hacerlo— la profesora sonrió levemente.
—Mi madre me dijo que podía confiar plenamente en usted— respondió Kate con una sonrisa— Espero seguir aprendiendo mucho en su clase.
—Verte, es como ver a Lily y quería entregarte esto hace tiempo— dijo la profesora haciendo aparecer un sobre.
Kate lo abrió y en él encontró una foto de los estudiantes de Gryffindor con su jefe de casa en la sala común, saltaba a la vista una mujer pelirroja sentada cerca de la Profesora —Es del segundo año de tus padres en Hogwarts—.
Kate volvió a mirar la foto y encontró a su padre al otro lado del grupo. Si, en realidad si se parecía a Harry.
—Gracias Profesora, la guardaré muy bien— dijo mientras guardaba la foto en su bolso.
—Sé que lo harás— afirmó McGonagall con una sonrisa— Ahora ve antes de que el Profesor Snape te quite puntos por llegar tarde.
Sin ningún retraso Kate entró al aula y vio que algunos Gryffindor estaban recogiendo sus libros, Mathew se acercó a la mesa que Harry estaba desocupando en un deliberado acto para que se encontraran; Pero no sucedió como él esperaba, Harry se levantó de la mesa con un amigo y no se fijó en Kate.
Al ocupar el puesto vio un pedazo de pergamino y en un acto reflejo llamó a Harry que no estaba muy lejos, él se giró y atendió el llamado. Kate pudo verlo cerca, era como si la historia y todo lo que había escuchado fueran reales por primera vez, estaba viendo a su hermano.
—Olvidaste esto— dijo ella con miedo en su voz.
Cuando Harry lo tomó, el grito del Profesor Snape fue lo que sacó a Kate del momento.
—¡Ningún Gryffindor debe estar acá si no quieren perder puntos! más de los que el Señor Potter les ha hecho perder en clase—rugió Snape haciendo temblar el salón.
Harry tomó el pergamino y salió del salón. Kate miró al profesor sorprendida por la forma en la que había hablado, si, el profesor Snape era estricto y severo con los estudiantes si fallaban, pero en esta ocasión ella lo tomó como algo… personal.
Snape comenzó la clase sobre bezoars y aun con el enojo en ella, Kate atendió cada punto de la clase. Mathew lo notó, cada pregunta que Snape hacía, Kate tenía una respuesta y en esta clase solo se limitó a escribir en el pergamino. Fue hasta que el profesor entregó los trabajos sobre la sangre del dragón que ella habló.
—No actues asi Kate, él hace su trabajo, además no lo olvides, te da una poción que te cura— le dijo Matthew a su amiga cuando caminaban al Gran Comedor para cenar.
—No sé de qué hablas Davis— replicó sin agregar nada más.
La cena de Halloween comenzó y el humor de Kate no mejoró mucho al ver que la mayoría eran dulces, trató de mejorar su ánimo preguntando a su amigo si había avanzado en las lecciones para el examen de la escuela en Londres cuando fueron interrumpidos por el Profesor Quirrell avisando que un trol había entrado al colegio.
La mañana siguiente no se hablaba de otra cosa que del encuentro de Harry Potter con el trol, claro, el otro tema era el partido de Quidditch entre Slytherin y Gryffindor.
—Pensé estarías preocupada por lo que sucedió anoche— dijo Mathew mientras tomaba su desayuno.
—Lo estoy— respondió después de beber el té— Pero sé que lo hizo por algo noble.
Kate señaló la mesa de Gryffindor y Mathew vio a Harry sentado con Ron Weasley y con Hermione Granger.
Después de leer la larga carta de su hermana contándole cada detalle de su noche de Halloween, Katherine se dirigió al despacho del Profesor Snape, le había enviado una lechuza pidiéndole que fuera de inmediato. Cuando ella llegó vio cómo el Profesor se sentaba en el sillón con una expresión de dolor.
—¿Está bien señor?— preguntó acercándose al profesor que lentamente movía su pierna derecha.
—Si, solo hice un mal movimiento— tomó de la mesa el vaso de cristal y desenrolló el pergamino— No vino en la noche, pensé que había sido claro con las condiciones para la poción.
—Sabía que estarían ocupados con el trol, así que usé insulina— respondió Kate dándole un trago largo, notó que el profesor había mejorado el sabor de la poción en las últimas semanas y agradeció eso.
—Será interesante ver si hay efectos secundarios— dijo con sorna Snape.
—Ojalá ninguno porque en Navidad no puedo tomar la poción frente a los demás—le replicó en el mismo tono la estudiante— Por ahora ningún efecto.
—Va llegar un punto en el que solo tomará la poción y dejará a un lado esos inventos muggles— dijo el Profesor.
Kate apretó las manos en puño al escuchar el tono de desagrado del Profesor —Esos inventos me salvaron todos estos años, señor—.
—Usted es una bruja, no un muggle, vivió con ellos pero..— Snape dejó de hablar al ver la expresión de enojo de Kate.
—Con todo respeto, no quiero hablar de esto— dijo Kate con el rostro casi rojo del enojo.
Kate tomó asiento y miró a otra dirección esperando que el tiempo pasara escuchó la palabra muggle pensó en su padre, en sus abuelos, también en Mathew y su familia.
—Cuando la mayoría de estudiantes llegan a Hogwarts, son felices de dejar atrás esos días sin magia— dijo rompiendo el silencio Snape— Es una nueva vida, una mejor.
—Mi vida era mejor antes de llegar a Hogwarts, no quiero una nueva— respondió Katherine dándole una mirada de enojo, pero de inmediato cambió su expresión.
De la pierna del profesor brotaba un hilo de sangre delgado que llegó hasta el piso de piedra del despacho, la tela del pantalón se había empapado completamente y Kate atinó a iluminar la herida con un lumos para verla mejor.
—¿Dónde guarda el dictamo?— preguntó rápidamente.
Snape en medio del dolor se sorprendió por la pregunta y conjuró una botella que aterrizó en sus manos, rápidamente Kate tomó el vial, se acercó al profesor y conjuró un diffindo para romper la tela y Snape le colocó una mano sobre su hombro —Yo lo hago, no es necesario y tampoco adecuado— dijo con una mueca de dolor.
Kate no prestó atención, vio que la herida formaba perfectamente una mordida y fue al armario de donde había salido la otra opción. Mientras ella hacía el procedimiento aplicando primero el díctamo y luego el curaré, Snape notó que lo hacía con precisión y agilidad, no era la primera vez que curaba una herida y para ella era primordial que fuese rápido.
—Esperemos unos minutos mientras hace efecto el curaré y la podrá cubrir, claro que no debería— dijo Kate levantándose.
Tenía las manos ensangrentadas y Snape conjuró en un cuenco agua para que ella se limpiara las manos.
La expresión de Snape cambió, el alivio se le veía en el rostro —¿Su mamá le enseñó todo eso?— preguntó todavía sorprendido.
—Por supuesto, por si en alguna emergencia me cortaba y debía esperar a que ella o algún doctor me ayudara, claro que mi mamá lo puede hacer más rápido y con menos desperdicio de poción— respondió Kate limpiándose las manos que tenían restos de sangre y de las pociones, luego preguntó —¿Esa mordida no es de un licántropo transformado cierto?
La sorpresa volvió al rostro de Snape pero respondió de forma cortante —No, sino tendría mi primera transformación en poco—.
Kate asintió terminando de secarse las manos con la túnica —Ya casi es luna llena, no es una buena época para Remus…perdón es mi padrino, él es licántropo—.
Snape encantó unas vendas limpias y arregló el pantalón. Las cornetas y vivas comenzaron a sonar desde el estadio de Quidditch. Kate tomó sus cosas y salíó del despacho del Profesor.
