Disclaimer: Esta historia participa en [Multifandom] Casa de Blanco y Negro 3.0 del Foro Alas Negras, Palabras Negras.

Así mismo, nada de esto me pertenece, todo es parte del mundo y obra creado por George R. R. Martin. También, uno de los prompts necesitaba del uso del rap, así que elegí Jeremías de Canserbero, porque YouTube me la estuvo tirando a la cara como por dos semanas.


Don't let a king, or a prince, or a fairytale

...

Maldito sea el hombre que confía en otro hombre

Gran verdad en esa frase se esconde

Me siento como un loco al tratar de confiar yo todavía

En alguien, en el planeta de la hipocresía.

El viaje hacia el Norte es tan horrible como cabe esperar. El frío aúlla en sus oídos, la nieve enturbia los caminos y la magia se asoma con dientes de hielo en cada esquina.

Brynden ha visto cosas horribles, nefastas, pero nada se acerca a los terrores que lo acechan en cada sombra y sueño que tiene después de que cruzan el cuello. Es algo que todos sienten, sobre todo sus cuervos, que se aferran a sus arcos de arciano en la noche; él mismo ha rezado frente a los arcianos que encuentra en cada castillo que visitan, pidiendo protección y permiso.

Matasangre. Se recuerda. El que atenta contra su propia familia está condenado por los dioses de sus ancestros.

La magia valyria es grande y poderosa, pero lo que alimentó a los Primeros Hombres por generaciones, es decir, a la familia de su madre, se escurre tan dentro de la tierra creciendo junto a los árboles y vigilando desde los ojos de los animales.

Duncan es el único que parece ajeno a ello. Va sobre su caballo como un gigante sobre un pony y mira a todos con tanta hosquedad que Brynden lo evita. Su sobrino, Aemon, es quien le facilita una respuesta: —Es la primera vez, desde que conoce a Aegon, que se separa de él. Tiene miedo de que nuestro rey pase peligro en su ausencia.

Brynden está a punto de decir que es un perro, uno bien entrenado, hasta que recuerda la razón de su castigo. Su accionar para con los Targaryen y el Trono de Hierro es el de un perro, en extremo celoso de la posesión, destinado a cuidar, rabioso y terco. Si hay un perro en Poniente, ese es Brynden Ríos.

Entre sus hombres, ninguno ha cuestionado nunca su accionar. Lyonel Colina, el más joven de ellos, le ha dicho que no debería culparse, hizo lo que se tenía que hacer para cuidar de su familia:

—No sería también una ofensa a los dioses que dejarás que alguien que no es digno se siente en el Trono de Hierro.

Lyonel es joven, rozagante, lo ha seguido también al Muro, como si una de sus flechas fuese la que mató a Aenys. Brynden no puede juzgarlo con dureza. Como tampoco puede dejar de echar la vista atrás en el camino. Esperando que algo se mueva, salte sobre la caravana y los atrape. Tiene demasiados fantasmas detrás.

...

Me he dado cuenta de que la verdad es tan relativa

Y la realidad es tanta mentira.

De entre los muchos seguidores del viaje, la más inusual de todos es Dala. Joven, pequeña y fuerte, habla con la voz profunda del conocimiento, pero tiene ojos vivaces. Brynden piensa en Shiera cuando la ve, las historias de la mujer le recuerdan a su hermana por la verdad subyacente en ellas.

—Este eslabón de acero valyrio es por estudiar a los arcanos mayores —le explica Aemon a la mujer frente a la fogata.

Faltan dos días para llegar a Invernalia, todos parecen animados por la perspectiva de estar entre las murallas pronto, por lo que la comida de la noche es especialmente sustanciosa: sopa de patatas, zanahorias y conejo. Sus Picos de Cuervo se han divertido correteando animales para mantener carne en las reservas del viaje.

—¿Aprendiste a lanzar hechizos? —ella se ríe a mitad de la pregunta, no tiene la moderación de las damas, ni la declinación por la complacencia de las putas. Aemon pone una expresión afectada—. Mi madre decía que a los maestres solo debía confiárseles la medicina del cuerpo, pero no la de los dioses.

Es un racionamiento feroz. Brynden lo ha escuchado antes, por la boca de una bruja.

—¿De dónde era tu madre? —pregunta, desde el otro lado de la fogata. Las llamas danzan frente a su único ojo, llenándolo de sombras.

La mujer salta en su lugar cuando él habla. Lo mira con aprehensión. Sus diminutos ojos marrones lo recorren como lo haría una presa frente a un cazador.

—De las Tierras de los Ríos. Crecí cerca de Harrentown, ella nació más al sur.

Cerca al Ojo de los dioses, cerca de Piedra de las Runas. Los ritos de los niños del bosque, la magia de la tierra que se enraíza con la sangre. Algunos de sus chicos comienzan a preguntar si conoces a tal o cual campesino, o si ha visitado alguno de sus hogares. Brynden siente pena por ellos, a algunos los reclutó al borde de los caminos, hambrientos, harapientos y mugrosos, les enseñó a leer, a escribir y a tomar las armas.

Shiera y él jamás pudieron concebir hijos, pero todos estos son más suyos que de sus madres muertas y sus padres ausentes.

Comen todos avivados por conversaciones sobre las Tierras de los Ríos y los campos que han conocido bajo su servicio. Dala los escucha con atención, sonríe con tristeza antes las partes más crudas de los relatos —batallas, muertes, asesinatos—. Duncan aparece más tarde, hablando del día en que fue nombrado caballero, en la agonía de su señor y de como conoció a Aegon.

—Egg es terco como una mula —el hombre olvida un momento que está hablando del rey—, pero tiene un corazón bueno y bondadoso. Y es inteligente.

Todos brindan luego de eso. Aemon es entusiasta sobre el gobierno de su hermano pequeño, habla de las bondades de crecer lejos de la corte, sabiendo ganarse cada comida. Los Picos de cuervo acompañan sus buenos deseos. Dala solo tiene ojos para el amable gigante que parece deshecho en nostalgia por el niño al que educó con dureza durante décadas.

...

Yo soy la vida y la muerte y no creo en nada

Ni en leyendas vivas, ni en leyendas muertas, ni resucitadas.

El muro es, como mucho, un lugar cuidado. Los colores no son abundantes y los sonidos se pierden en las enormes distancias. Brynden siente que puede aburrirse aquí, Aemon, en cambio, ha usado toda la juventud que aún carga para ir de un lado a otro de la estructura, pidiendo permiso al maestre Cleon para hacer mediciones y actualizar la información de la ciudadela.

Los fantasmas que lo acompañaron buena parte del camino, rehúyen de la enorme construcción, lejos del frío, del luto perpetuo y de él, que ya no mira atrás. A diferencia de muchos de los reclutas, él y sus hombres tomaron los votos solo una semana después de llegar. Brynden había viajado hasta el círculo de arcianos en Bosque Encantado, dando sus votos ante las caras rojas; ninguno dudó de las implicaciones de las palabras. A partir de ese día pertenecían a un deber más grande que una corona y una familia.

Eso no ha impedido que siga pensando en Shiera, en sus palabras sabías, sus besos de amor y las lágrimas que se negó a derramar en el momento en que se separaron. Ella se fue al otro lado del mar, con más dolores que certezas: "Aemon prometió velar por ti. Es un buen chico".

Su sobrino, aunque sabio, tiene más de Targaryen que de maestre, por lo que no ha tenido miedo de descubrir cada una de las dificultades de la vida en el Norte.

—No es diferente de mis primeros años en la ciudadela —le confiesa un mes después de su llegada, cuando comparten la comida con los demás hombres de la Guardia—. Tuve que servir a maestre de finanzas durante dos años, se supone que debía aprender de él, pero solo me la pasé limpiando sus juanetes y peleándome con las prostitutas que llevaba y luego querían robarlo todo.

Aemon es largo como una lanza, enjuto, y tiene una manera paciente de contar las historias que te obliga a pensar en él, más como un adolescente, que como un hombre que acaba de llegar a la treintena. Su practicidad para las cosas lo ha hecho popular entre los miembros más viejos, aunque no se le ha escapado a los oídos vilipendios a sus espaldas: "Es un Targaryen, no debería estar aquí"; "Cuervo de Sangre al menos es medio Blackwood, pero el su sobrino es un maldito dragón"; "Una cosa es ser sureño, otra un maldito incestuoso con los cabellos de un muerto".

El Lord Comandante Mors fue claro al respecto: Debes saber que los hombres tienen prejuicios difíciles de erradicar, incluso en el fin del mundo.

...

Con los dedos de una mano

Eran contados

Los que esa misma mano

Por ellos metía al fuego.

El ambiente es animado desde que los Picos de cuervo se unieron a la Guardia de la Noche, algunos de ellos, nacidos cerca de Rocadragón y las Tierras de la Tormenta, fueron enviados a Guardiaoriente del Mar, para ejercer como marinos. Una gran mayoría sirve en el Castillo Negro, siendo la avanza más especializada que ha tenido la organización desde la Conquista de Aegon.

El Lord Comandante Mors está feliz con todo eso. Él es un excovicto, enviado desde Altojardín por intentar huir con la hija de un señor. Estaban enamorados, por lo que él prefirió mentir sobre un secuestro para evitarle el escarnio público, solo tenía quince años. Ahora lleva cuarenta y dos en el Muro.

—Es una vida con pocas comodidades, ningún beneplácito y, a excepción de los que somos listados en los anales, los demás caerán en el olvido —dice el hombre, masticando una salchicha. La semana ha estado fría, así que han optado por cenar en la Sala de los Escudos en lugar del Gran Comedor—. Pero, cuando ves las cosas que hay allá afuera, te das cuenta de que vale la pena.

El Lord Comandante mira al fuego y no vuelve a hablar.

Brynden piensa en ello las siguientes noches, las cartas desde Desembarco no lo ayudan a que se sienta más tranquilo. Ese mundo, el de la corte, ya no es su mundo y sus pericias son juegos de niños contra los fantasmas que han huido al sur, aterrorizados por aquello que aguarda más allá de la muralla. Ha estado escuchando tantas cosas sobre el Bosque Encantado, los Colmillos Helados, los ritos y los gigantes que, de pronto, se siente totalmente estúpido, ¿cómo es que nunca estudió sobre estos poderes?

¿Por qué, tan cegado por el poder mundano, no se percató que al Norte, donde los dragones nunca anidaron, la magia continua fuerte? Lleva sus dudas a la única persona que lo entiende estos días, su sobrino.

—No eras la única oveja negra de la familia —dice Aemon, sin despegar la vista de su libro de cuentas—. Pasé mi juventud leyendo libros, sirviendo a viejos educadores y aprendiendo a medir, sanar y conocer datos de historia de memoria. Cuando volví a ver a mi padre, no lo reconocí y la mitad de mis hermanos estaban muertos. El pequeño Egg, que tampoco es el más normal de todos, es el único que podía mantener una conversación casual conmigo.

—Eso no tiene que ver con mi duda.

El chico levanta la mirada, sus ojos claros hacen rebotar la poca luz de la estancia.

—Claro que sí. Pensabas que aquí se terminaba tu vida, con una condena en el extremo de todo lo conocido —dice, sonriendo. Ya no es joven, es más anciano que él, tiene más sabiduría—. Pero hay cosas por las que sigue valiendo la pena vivir, cosas que te llaman a la acción. Eres Cuervo de Sangre, no por qué sirvieras a la corona, sino porque probaste que la corona dependía de ti.

—No. Era un perro, uno bien adiestrado. Le di mi vida a tu familia.

—A nuestra familia. Colocaste a mi hermano en el poder, lo cuidaste cuando hizo falta, lo defendiste incluso de mi padre —la mano blanca de Aemon toma el extremo de su cadena, donde se aprieta contra la garganta—. También quise ver las cosas imposibles un día, pasé noches intentando encender una vela y abrir uno de los huevos de dragón. Hay cosas arrastrándose en las lejanías.

Las catacumbas en las que los hermanos negros han hecho su biblioteca, sobrevienen en la estancia con ahínco, como si la estructura tratase de colapsar. Brynden toca su ojo, el que no funciona, y siente rezumar la vieja herida que su medio hermano, Aegor, le infligió. Él había jurado algo aquella vez, lo había cumplido. Ahora tiene otro juramento: "Soy el vigilante del Muro. Soy el fuego que arde contra el frío, la luz que trae el amanecer, el cuerno que despierta a los durmientes, el escudo que defiende los reinos de los hombres".

Cuando se organiza la siguiente gran exploración al norte, Brynden se pone detrás del primer explorador, Ben, un enorme hijo de la casa Ult. Tiene una escama de acero valyrio en su mochila, junto a un tomo de "Bestias y mitos de los Primeros Hombres" del maestre Jorel.


Notas de Autor:

Sí, para mi Brynden y el Maestre Aemon se hicieron BFF's en el Muro. Además, después de que Brynden supo que Rhaella lo llamada tío maestre, él empezó a referirse a Aemon como "sobrino maestre".

También, considero esta como una continuación de otro fanfic (disponible en ) que se llama "Souvenir" (Aunque definitivamente debo editarlo).

Tanto el título anterior, como este, vienen de poemas de Nikita Gill, en este caso de la línea:
"Don't let a king
or a prince
or a fairytale
tell you you are smaller than that or who you are meant to be."
O:
"No dejes que un rey,
o un príncipe,
o un cuento de hadas,
decirte que eres más pequeño que ellos, o que estás destinado a ser".