CAPÍTULO 4
Morgan dejó a Emily frente a la cabaña y continuó con Reid un tramo más sendero arriba, hasta llegar a una zona donde ya no podían avanzar en vehículo. Estacionaron y continuaron a pie en dirección a lo que habían determinado como lugar de enterramiento
— Tuvo que cargarla en brazos durante todo el trayecto— Señaló Reid— El sudes debe ser corpulento.
Derek miró a su alrededor.
— O tiene una guarida cerca... Estos bosques están llenos de cuevas. Tal vez las obliga a caminar hasta ella, las tiene un tiempo con él antes de matarlas y luego las entierra.
— Tendremos que hablar con los guardas forestales... Conocerán mejor el terreno...— Continuó Reid. Caminaba justo detrás de Morgan, deteniéndose de vez en cuando para examinar cualquier recoveco de la zona— Entonces...— Prosiguió, recuperando la conversación que habían mantenido en el todoterreno. Ahora que no estaba Emily podía indagar un poco más— ¿Estás enamorado de ella? ¿Planeáis casaros o algo así?
Morgan se detuvo en seco, y se volvió hacia él.
— ¿Qué ocurre? ¿Te estás postulando para padrino de bodas?— Bromeó Morgan antes de seguir andando— No hemos hablado de eso... Sospecho que Emily tomaría el primer vuelo a Europa si lo mencionara.
Reid jadeó mientras reanudaba la marcha. No le extrañaba que Emily se hubiera desvanecido. Todos sabían que aún no estaba plenamente recuperada de las secuelas físicas.
— ¿Tú no?— Lo cuestionó astutamente.
— Mi etapa de mujeriego ya terminó...— Confesó Morgan. Desde hacía mucho tiempo, sus prioridades habían cambiado, Emily lo había cambiado— Pero tenemos problemas más urgentes que resolver como para pensar en eso...
Reid entendió que se refería no sólo a Strauss, sino al hecho de que el equipo estaba aún bajo supervisión.
— ¿Sería raro si dijera que no estoy sorprendido? Emily y tú conectasteis desde un primer momento. Y cuando creímos que Emily había muerto... Para ti fue más personal que para ninguno de nosotros... Todos lo vimos.
Morgan no podía negarlo. Pensar que la había perdido lo había hecho consciente de sus sentimientos hacia ella.
— Sigamos Reid, no quedan demasiadas horas de luz... Les vendrá bien que les echemos una mano— Le instó Morgan. Sabía que los agentes aún no habían terminado con el traslado de los cadáveres.
Mientras los dos hombres conversaban en el sendero, Emily se afanaba en volver a hacer las maletas, prácticamente con una sola mano. Con toda seguridad pernoctarían en el pueblo, y aunque ya se hubiera descubierto el secreto de su relación, sólo por profesionalidad ella y Morgan tendrían que trasladarse a un hotel junto con el resto del equipo. Suponía que ya García habría hecho las reservas. Al mismo tiempo, se preguntó si ya la analista estaría al tanto de todo. ¿Se tomaría como una traición que Morgan, su mejor amigo, no le hubiera confiado que estaban juntos? Si Morgan lo hubiera hecho, Emily no se lo habría reprochado. Sabía perfectamente lo que García significaba para él.
Se dio cuenta tarde de que tal vez no había sido buena idea ir hasta allí con Derek y Reid. Aún tardarían bastante en regresar y ella ya había terminado de recoger. Salió al exterior y providencialmente, vio a uno de los agentes acercarse a uno de los varios vehículos de policía que había estacionados cerca. Amablemente, el agente se ofreció a llevarla de regreso, y poco después la dejaba justo frente a la puerta del hotel siguiendo las indicaciones que J.J. le había enviado a su teléfono. Desde allí, llamó a Morgan para advertirle que ya se había encargado del equipaje.
No estaban demasiado lejos de Virginia, pero Hotch había preferido que se hospedaran en el hotel más próximo a la comisaría, para aprovechar mejor el tiempo y coordinarse mejor con la policía local.
Después de registrar al equipo en el hotel, Emily volvió a la comisaría. J.J. y Rossi se dirigían a la oficina del forense, que ya habían comenzado con las autopsias.
— ¿Os acompaño?— Les ofreció Emily. Lo cierto era que necesitaba distraerse de la noticia de su embarazo.
— Hotch quiere que le ayudes con la victimología... García ya está buscando mujeres desaparecidas en la zona.
Contra todo pronóstico, J.J. no había hecho ningún comentario sobre su vida personal. Quizás se estaba reservando para cuando estuvieran a solas.
— Derek y Reid aún están en el sendero... Aunque no tardarán en regresar... Ya me he encargado de confirmar el registro en el hotel — Informó— Para todos...— Recalcó.
Se dio cuenta tarde de que en realidad no había habido ninguna necesidad de aportar ese dato. ¿Es que no podía evitar tener a Derek continuamente en los labios? Notó perfectamente las sonrisas comedidas de ambos agentes.
— Supongo que la reserva en la cabaña no incluía reembolso en caso de hallazgo de cadáveres— Se burló Rossi.
J.J. le dio un codazo, pero no pudo evitar reír.
Emily se mordió el labio, resignada a que aquello no pararía a corto plazo.
— Diría algo, si no fuera porque básicamente estoy deseando que la tierra se abra bajo mis pies y me ahorre este bochorno... Sobra decir que no estaba en mis planes que os enterarais así... — Confesó— Lo siento...
J.J. sintió compasión por su amiga. No habían pretendido burlarse de ella. En realidad, se alegraban sinceramente de que se hubieran encontrado el uno al otro.
— Ni se te ocurra disculparte por esto...— Le dijo J.J. — No tienes que justificarte... Sólo disfrutamos un poco de la situación— Añadió guiñándole un ojo— Es todo un acontecimiento en nuestra pequeña familia de la UAC.
— No lo dudo...— Murmuró Emily.
Se despidió de ambos y entró en la comisaría, donde Hotch ya había comenzado a colocar en un tablón las fotos de las mujeres que habían desaparecido en los últimos meses. El forense había contactado con ellos y les había adelantado finalmente que entre la víctima más reciente y la más antigua no distaba más de dos meses de diferencia.
— Habrá una nueva víctima pronto...— Auguró Emily mientras contemplaba las fotos de las mujeres desaparecidas. No todas estarían entre los cuerpos hallados pero posiblemente varias de ellas sí estuvieran en esas fotos. El cotejo de las huellas y del ADN no debería tardar demasiado.
— En realidad, mientras estabas fuera han dado el aviso de una nueva desaparición— Hotch señaló una de las fotografías colgadas en el tablón— Amy Chevelier, de cincuenta y un años... viuda... Tenía una granja en las afueras... Se dedicaba al cultivo de cereales... No hay testigos de su desaparición. Su hija Chelsie vive en Seattle... Hace unos días intentó contactar con ella y como no pudo, esta mañana envió a alguien... Encontraron signos de lucha en su casa... En cuanto llegue, quiero que la entrevistes...
Emily tuvo un mal presentimiento. Dudaba mucho de que la encontraran con vida. A solas ya con Hotch, decidió tocar el tema peliagudo de su situación actual.
— Hotch...— Comenzó, vacilante— Siento todo esto... Si debo marcharme para salvar el equipo, lo haré... Pediré el traslado.
Hotch la miró con curiosidad. Estaba bastante impresionado con su valor, aunque conociéndola no debería haber esperado menos de ella.
— Ya hablaremos cuando regresemos... Centrémonos en el caso, ¿de acuerdo?— Reflexionó unos segundos— Y por ahora no le menciones nada a García, necesito que toda su atención se mantenga en esto... Ya sabes como es.
Por supuesto que Emily lo sabía, y comprendía perfectamente la petición de Hotch.
Alrededor de una hora después, Morgan y Reid regresaron. J.J. y Rossi continuaban en el forense. Al mismo tiempo, García comenzaba a darle las primeras informaciones sobre la identidad de las víctimas.
— Sharon White...— Comenzó Reid señalando la foto de la mujer en el tablón— Es la primera víctima... Mujer blanca, cuarenta años... es matrona a domicilio. Su marido estaba de viaje cuando desapareció. Es el cuerpo que encontrasteis— Señaló la segunda foto— Michelle Turner es la segunda víctima... También blanca... Pero dista en la edad, acababa de cumplir los treinta años... Es una prostituta de alto standing...; La tercera víctima es Micaela Martínez, sesenta y ocho años, divorciada... Daba clases de filosofía en una universidad privada... Y había escrito varios libros sobre el tema...
— Las víctimas no tienen ninguna característica en común aparte de que son todas caucásicas— Mencionó Derek. Desde que había llegado, apenas había cruzado palabra con Emily, más allá del trato laboral. Ninguno de los dos quería que se pusiera en duda su profesionalidad— La cuarta víctima apenas tenía veintidós años... Elisabeth Hall... Competía profesionalmente en la modalidad tiro con arco, soltera, sin pareja conocida... Esto no tiene sentido...
Reid señaló la quinta foto.
— La más reciente es Sarah Edwards, cuarenta y ocho años. Es una arquitecta reconocida en su campo. Casada, con dos hijos.
Los cuatro agentes permanecieron de pie, mirando el tablón y tratando de encontrar algún tipo de conexión. Ni siquiera se parecían físicamente, rubias, morenas... y aunque todas caucásicas, ni siquiera coincidían en el tono de piel, ni en la fisonomía de su rostro.
—Tal vez las elija al azar...— Reflexionó Emily en voz alta.
— No lo creo... — Dijo Rossi a sus espaldas. J.J. y él acababan de regresar de la oficina del forense— Hay algún tipo de conexión que no estamos viendo... Todas tienen un tatuaje en la espalda... En los cadáveres más antiguos fue difícil de apreciar, pero creo que hemos podido descifrarlos...
A Emily le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo. Tatuaje era una de esas palabras malditas que había erradicado de su vocabulario. Sintió que las piernas le fallaban pero sutilmente buscó apoyo en una silla junto a ella tratando de mantenerse impasible. No todos sabían lo que Doyle le había hecho, pero sí J.J. y Morgan, que fueron justamente los que se volvieron hacia ella con preocupación.
Por discreción, ninguno de los dos dijo nada. Sólo se miraron entre sí, compartiendo su inquietud.
Rossi se acercó al tablón y clavó en él las fotografías que habían sacado de los cuerpos en la morgue, situando cada tatuaje en la víctima que correspondía.
J.J. aprovechó para acercarse a Emily y tomarla de la mano discretamente.
— ¿Estás bien?— Le susurró. Emily intentaba mantenerse firme, pero su palidez era evidente.
La morena asintió, aunque sin demasiada seguridad.
— El tatuaje de la primera víctima no es demasiado visible...— Comenzó Rossi— Parece ¿una corona...?
— ¿Una reina?— Aventuró Hotch.
— Tal vez...— Vaciló Rossi— Michelle llevaba tatuada una rosa, Micaela diría que un búho, Elisabeth una especie de arco, y Sarah una llama... El tatuaje de Micaela y el de Elisabeth tienen sentido si lo relacionamos con su profesión. El búho siempre ha sido un símbolo de sabiduría... y el significado del arco y las flechas en el cuerpo de Elisabeth es evidente... Los demás, ¿Qué relación tienen?
— Claramente el tatuaje es importante para él, aunque aún no sabemos sus motivaciones...— Señaló Hotch.
— Puede considerarse una forma de apropiarse de sus cuerpos...— Propuso Reid— Las marca con un símbolo que es importante tanto para él como para ellas... Así deja una parte de él en sus víctimas... Y tienen que vivir con ello hasta que las mata...
El planteamiento de Reid fue demasiado para Emily. Estaba bastante segura de que las náuseas que se apoderaron de ella mientras éste hablaba, las habría sentido igual aunque no hubiera estado embarazada. No fue consciente del jadeo que salió de su boca, mientras trataba de controlar las ganas de vomitar.
Todos se volvieron hacia ella.
— ¿Emily?— La llamó Morgan alarmado. De pronto el color se había desvanecido totalmente de su rostro desencajado. Se reprochó no haberla sacado antes de la habitación. No estaba preparada para enfrentar algo así. El tatuaje en su pecho, aunque atenuado por la operación, aún suponía un trauma para ella. Más de una vez le había confesado que sentía como si siguiera aún ahí. Todavía recordaba a Doyle cada vez que se miraba al espejo.
— Disculpad...— Consiguió decir antes de llevarse la mano a la boca y salir corriendo hacia el servicio de señoras.
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