Fandom: VALORANT
Personajes: Sabine Callas (Viper) & Klara Böhringer (Killjoy)
Resumen:
"AU sobre la historia de la Sacerdotisa Maldita (Medusa) ocurrida durante la mitología griega + ideas extras. NanoBite AU."
Aclaraciones/Advertencias:
TW Violación. (N/A: No explícitamente narrado, pero hay una parte donde se hace mención de ello).
Medusa
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En la hermosa ciudad de Atenea se veneraba a la diosa Athena, quien fue reconocida como una de las mujeres más poderosas y sabias entre los dioses griegos, ella representaba la guerra. Otra cosa por la cual fue reconocida es por su voto de castidad, Athena a pesar de todas las sensaciones que le rodeaban día con día hasta la actualidad no desistió a su objetivo, dejando de lado los deseos lujuriosos y cultivando uno de los templos más puros de la ciudad, su templo.
A Sabine le impresionó cómo los residentes querían mucho a su diosa, ella era de una ciudad medianamente cercana, había llegado a Atenea para continuar estudiando sobre los dioses, sabía que existían y quería dejar pruebas físicas para las futuras generaciones. Sus padres la habían exiliado al rechazar a su pretendiente, un joven apuesto cual nombre jamás se dispuso a aprender y con ayuda de su mejor amigo, John, consiguió un mapa que le llevaría a la ciudad continua.
En la plaza principal estaban reunidos algunas personas el espectáculo de un ritual, la joven de cabello azabache se acerco para observar con más atención y notó la delicadeza con la cual la sacerdotisa la ejecutaba, movimientos delicados junto con una tranquilidad deslumbrante.
—…la Diosa Athena nunca deja de velar por nuestra seguridad. —Mencionó la sacerdotisa con una sonrisa tranquilizadora, su mirada aterrizó en Sabine. —Estaremos más que agradecidas si más jóvenes se unen para mostrarle nuestra gratitud, incluso foráneos pueden ingresar.
El publico quedó en silencio notó mirando de reojo con sus ojos verdes.
Murmullos y disculpas se escucharon detrás suyo, sintiendo una mano tocar su hombro, miro por encima de él y era una chica de tal vez 4 años menor que ella, en su rostro tenía unos cristales y se veía nerviosa.
—D-Disculpa. —Susurró Klara acercándose al podio donde estaba la sacerdotisa. —¿De verdad puedo unirme?
Los ojos claros de la sacerdotisa brillaron de emoción.
—¡Claro! La Diosa Athena estaría más que contenta de tener más de nosotras siguiendo sus pasos.
A la investigadora le pareció lindo la sonrisa que puso la chica extraña.
Y quería preguntar sobre esos cristales en su rostro.
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Sabine estaba recargada en uno de los pilares observando a las sacerdotisas con la nueva chica, alegrándose de verla disponible, con un poco de prisa se acercó y le tocó el hombro.
La castaña gritó asustada dando media vuelta.
—Um, disculpa.
Klara la miró sorprendida agarrando sus lentes para limpiarlos con su túnica y colocándolos de nuevo, ella no pensaba que una chica tan hermosa estuviera delante suyo, incluso se atrevería a pensar que era incluso más hermosa que la Diosa.
—Por tu vestimenta, deduzco que no eres de aquí… —Comentó mirando el cinturón de la más alta. —¿Eso en tu cinturón que es?
—Son algo que cree para no tener las cosas en mis manos todo el tiempo, mi amigo John me ayudó a perfeccionarlo, los llamó "bolsas".
—¿Puedo verlo de cerca? —Un gritillo de emoción escapó de sus labios cuando la chica de cabello corto asistió pasándoselo. No tardó en inspeccionarlo por todos los ángulos posibles, haciendo anotaciones en su mente, sería bueno hacer uno para ella.
La curiosidad y emoción en el rostro de la más baja le agradaba, en casa sus padres no eran fanáticos de sus ideas, sólo su mejor amigo le daba el visto bueno e incluso ayudaba si podía. Era agradable ver a alguien más disfrutar de su invento.
—De hecho, he querido preguntar algo desde que te vi.
Los ojos verdes hicieron contacto visual con los cafés, aquellos cuales tenían un brillo tan singular.
—¿Qué son los cristales que llevas puestos?
—¿Estos? —Toma los lentes Klara, dándoselos a la mayor. —Padre y madre los inventaron para mí, mi visión no era muy buena desde que nací, con cada año que pasaba veía cada vez menos claro, así que buscaron ayuda a los curanderos para mi enfermedad, pero decidieron que no había cura. No se rindieron hasta que notaron que solía ver cosas a través del cristal.
—Entonces, en estos momentos no puedes verme. —Afirmó Sabine mirando los ojos entre cerrados de la castaña.
—No en su totalidad, solo veo un poco la sombra de tu cuerpo si me esfuerzo lo suficiente.
—¿Y como los llamaron tus padres este invento? —Devolvió el artilugio, complacida de su análisis a la dueña quien no tardó en colocarlos en su lugar.
—Creo haber escuchado el nombre de "lentes", fue hace muchos años y he estado viajando desde que los perdí en un accidente. —Comentó mirando el templo de Atenea a la lejanía. — Mi tutor mencionó que tenía que ser reclutado para los guerreros de la Diosa Atenea, es por eso por lo que estoy aquí.
Sabine siguió su mirada, observando el templo.
—¿Es por eso por lo que quieres ser sacerdotisa?
—Un poco, creo que ella es un gran ejemplo para seguir, inteligente, hermosa y tenaz. Ganó contra Poseidón y por ello esta ciudad lleva el nombre de Atenea cómo muestra de su victoria. Tengo tres años viviendo en esta ciudad, he escuchado cada palabra de ellas y he presenciado desde la lejanía la autoridad de la Diosa Athena.
El atardecer era hermoso podía decirlo con seguridad Sabine, pero fue aún más mágico cuando miro a su compañera sonreír al horizonte.
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Habían pasado cinco años desde que se dedicó a ser una sacerdotisa, Sabine pensó que no tenía nada que perder y escuchar casi todos los días la emoción en la voz de su amiga, Klara, ocasionó que fuera convencida para entrar. Desafortunadamente para ambas, la instructora fue demasiado cruel con la menor hasta el punto de romperle sus lentes, recuerda ese día como si hubiera sido ayer, la castaña aguantó sus lagrimas hasta que las demás se marcharon a sus habitaciones y se puso en cuclillas para recoger lo que quedaban de ellos.
La mayor un día despertó y tenía una pequeña nota en el suelo, la letra desordenada con tinta corrida por lagrimas explicaban porque se marchaba, ese día pensó que volvió a perder algo valioso para ella pero en la carta mencionaba estrictamente que continuara con ello, que podía ver su amor por la Diosa Athena.
No lloró. No gritó. No miró atrás.
Con el paso del tiempo se convirtió en una de las mejores sacerdotisas, ganándose no solo miradas de admiración sino también de perversión. Los hombres no escuchaban sus palabras, sólo miraban su cuerpo. La Diosa Athena por su parte observó cada uno de sus movimientos, notó esas miradas, estaba molesta con la mujer de ojos verdes pero le brindaba tanta gratitud desde que estaba ahí, había tanta pureza y tristeza en su ser, sin embargo lo ultimo siempre lo apartó.
Poseidón miró la mirada distante de su rival recargado en uno de los pilares.
—¿Qué te ocasiona tanto descontento?
Athena lo observa unos segundos para continuar mirando al horizonte.
—Nada interesante para ti.
—Tus problemas siempre son lo más interesante, desde que gobiernas a los humanos en esta ciudad, tus responsabilidades divinas recayeron en mí.
—Necesito protegerlos, es mi deber.
El Dios no pasó por alto el ceño fruncido.
—¿Es esa sacerdotisa la que te tiene molesta? —Su rostro se torna maliciosa. —Debo decir que es hermosa y es increíble que siga siendo tan pura como tú.
—¿Qué quieres decir? Ella hizo su voto, tiene que seguirlo y lo ha estado haciendo estos últimos años. —Athena lo mira sospechosa de sus intenciones. —¿A dónde quieres llegar con esto?
—Sólo digo, si tanto te molesta, puedo hacerme cargo.
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Se sentía sucia, enferma, utilizada y una completa estúpida.
Sabine pensó que, rechazándolo a él, no sufriría ninguna consecuencia, pero olvidó lo más importante:
Los Dioses pueden ser increíblemente desinteresados con quienes aman como pueden ser increíblemente egoístas con lo que desean.
¿De verdad había creído que podía rechazar a un Dios?
No cualquier Dios, a Poseidón.
Estaba llorando mirando las marcas rojas en sus muñecas por la fuerza en la que fueron presionadas, su cabello estaba hecho un desastre como todo su cuerpo, estaba asqueada de si misma, siempre había pensado que aceptaba su cuerpo pero en estos momentos sólo quería desaparecer de la faz de la Tierra, no merecía existir si su más valioso voto fue roto por un tercero. Luchó por años por su pequeña atracción romántica hacía Klara, doliéndole el alma cuando tuvo que escoger uno de los dos pero asegurándose de no arrepentirse de su decisión en el futuro.
¿Todo para qué?
¿Para que alguien venga y la manche con marcas pecadoras?
¿Para que alguien sacie su lujuria en ella, a pesar de sus gritos y llanto?
Su ropa estaba arañada, su cuerpo magullado y sólo podía implorarle a la estatua de la Diosa Athena. Había huido de él todo lo que pudo, pensó que entrando al templo sus intenciones iban a desistir o que la Diosa protegería su castidad al ser su fiel seguidora, pero nada de eso pasó. Nadie la salvó.
—¿Cómo te atreves a profanar un lugar tan puro como este? —La estatua ahora era la misma Diosa, quien la miraba con furia y decepción. —Pensé que eras mejor que esto, Sabine.
Ella intentó hablar, pero una mirada fue suficiente para arrepentirse.
—Dejar que él hiciera todas esas cosas contigo… que decepción.
Las lagrimas caían sin cesar mientras trataba de esconderse en su lugar.
—No sólo has profanado mi templo, mi hogar, sino también has sido profanada por tu irresponsabilidad cómo belleza. Los hombres del pueblo sólo hablan de ti, de lo hermosa que eres y lo que harían si pudieran estar contigo. Has atraído la lujuria en lugar del agradecimiento hacía mí, la Diosa que les dio un hogar.
—P-Per-…
Sabine estaba en asombrada, sintiendo el escozor de la cachetada de la Diosa.
—Tu castigo por tales faltas de respeto es que serás indecible para todo aquel humano que tenga visión.
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Nunca pensó que sería así su final.
Sabine no pensó que quien más amaba la traicionaría de esa manera. Pensó en sus padres, ellos hicieron lo mismo en el pasado y huyó por su culpa, ella no quería ser sólo la esposa de un hombre extraño. Ella quería explorar, aprender y crear cosas para ayudar a los demás, se enamoró de lo que solía hacer como sacerdotisa, prefirió eso sobre todo.
Incluso sobre Klara.
A veces en la soledad de su habitación se preguntaba que estaría haciendo su amiga, si estaría bien o si había conseguido crear una replica de los lentes, cuando era muy noche, solía ayudarla con los escalones para no tropezar ya que solía ser muy torpe.
La extrañaba.
Mientras huía de la ciudad por la noche luego de transformar a un sirviente por error, hubieron más victimas por la curiosidad humana y se adentró a lo más profundo del bosque, encontrando un pequeño templo abandonado, convirtiéndose en su nuevo hogar desde hace meses. Todos los días agradece que John le haya enseñado a cazar cuando eran más jóvenes, así había logrado sobrevivir las ultimas semanas de su exilio.
Algunas personas del pueblo e inclusive soldados se dieron a la caza de su cabeza, ninguno lo ha logrado.
—La luna se ve hermosa… —Murmura acariciando una de las serpientes en su cabeza. —Nunca la había visto tan grande en años…
Un ruido extraño llamó su atención, las serpientes se pusieron alertas.
Sus pasos eran silenciosos, ella no necesitaba de velas para moverse dentro del templo ya que sabe exactamente donde está cada cosa, pasillo y salones en el templo. Con tranquilidad se dirigió hacia la entrada, el invasor seguramente estaría ahí.
El plan de Klara claramente no era entrar y tropezar con un pedazo de pilar derribado haciendo mucho ruido. Había escuchado de su tutor que los soldados estaban cazando a un monstruo escondido en las profundidades del bosque, el nombre era "Medusa" y por rumores sabía que esa creatura podía transformar a las personas en estatuas una vez hacías contacto visual con ella. Otros rumores que escuchó al regresar a la ciudad, fue que la hermosa mujer de cabello azabache y ojos verdes se había convertido en eso, había hecho algo que molestó hasta a la mismísima Diosa Athena y ella le impuso ese castigo como una lección para todas las sacerdotisas que siguieran los pasos de Sabine.
Ella no entendía que había sucedido, estaba completamente que todo fue un malentendido y su amiga fue injustamente juzgada.
Tenía que hacer algo. Lo que sea.
Preparó fruta e incluso se las ingenió para conseguir la dirección del lugar, con sus lentes rotos, miedo y determinación emprendió el viaje. El lugar estaba a dos horas de la ciudad y afortunadamente llegó sin problemas, el lugar estaba algo descuidado, el pasto todo aplastado, señal de cuantas personas habían intentado lograr su objetivo, a medida se adentraba cada vez más al templo notó las estatuas de las personas, en todas sus rostros se expresaba el horror.
Evidentemente llegó un punto donde sólo veía oscuridad y chocó con una de las estatuas, asustándose, cayendo de sentón mientras la estatua se rompía junto a sus lentes.
—¿De nuevo?
Susurró una maldición por lo bajo, tratando de ver algo.
—Ahora no sólo maté a alguien, sino también dejé de ver.
La mujer de cabello castaño comenzó a tantear con sus manos el suelo hasta que encontró un pilar, apoyándose de él se levantó y comenzó a caminar a ciegas por el lugar. Desde las sobras Sabine observó aquello, sorprendiéndose de ver a la menor en este lugar y se acercó a ella, estirando sus manos para que Klara las tomara.
—Esto es demasiado cálidos para ser una estatua…
—¿Qué haces aquí? ¿Eres idiota?
Al escuchar esa voz la más baja la abrazó llorando, Sabine se quedó perpleja por la muestra de cariño.
—¡He estado buscándote! Escuché lo que sucedió y sé que tu no eres culpable, debe haber un error, ¿por qué alguien como tu recibiría un castigo así? No tiene sentido…
Escuchar esas palabras ocasionaron que de los ojos verdes salieran lágrimas, ella correspondió el abrazó con más fuerza manteniendo la cabeza de Klara en su pecho y las serpientes en su cabeza dejaron de estar a la defensiva.
Hace tiempo entendió que eran sus guardianas y dependían totalmente de su estado de ánimo.
—No abras los ojos por nada del mundo, no quiero convertirte en eso…
Para su sorpresa la castaña se separó de ella, esos hermosos ojos cafés miraban profundamente tanto que pensó que podían ver su alma, pero a diferencia de lo que pensaba no había ningún síntoma de convertirse en piedra cómo todos los demás.
Fue entonces que recordó sobre la enfermedad de Klara.
—Sabine, soy parcialmente ciega sin mis lentes, creo que esa es mi ventaja. —Se rio ante la ironía y busco a tientas el rostro de la mayor, posando sus manos en las mejillas sintiendo la humedad en ellas. —Lamento irme así.
Medusa pudo sentir el dolor en su corazón ante esas palabras, quería odiarla por abandonarla, pero ¿cómo podría odiar un alma tan brillante como Klara?
—Dolió. —Susurró.
Las serpientes se acercaron a las manos de la más baja rodeando sus muñecas.
—Francamente no iba a regresar a esta ciudad, no cuando mis sentimientos eran tan fuertes y sabía que no podía estar contigo.
—¿Qué te hizo cambiar de …opinión?
—Tu castigo, ninguna de las dos tenemos quien nos proteja. —Klara responde con firmeza secando las lagrimas derramadas con sus pulgares. —Él dejó de ser mi tutor cuando se dio a la caza tuya, incluso si le imploraba que te diera una oportunidad. Sé que no fueron justa contigo y espero pasar el tiempo que pueda junto a ti, Sabine.
Creo que a muchos se nos narró que Medusa era una clase de villana dentro de la mitología griega, pero la historia real sobre ella es increiblemente injusta. Ella fue victima del egoismo y celos de dos dioses, Poseidón & Atenea.
Este AU fue pensado luego de ver este increible fanart de Viper ( /siba_naporitan/status/1596890810691506178)de 芝犬 ( siba_naporitan)
