CAPITULO 10

Caminaban cerca el uno del otro, Morgan alumbrando la galería, y al mismo tiempo pendiente de Emily. No había vuelto a quejarse, aunque estaba bastante seguro de que se estaba conteniendo.

Continuaron durante varios minutos, hasta que llegaron a una intersección.

Emily resopló. ¿Cómo iban a decidir qué camino tomar?

— Escoge tú…— Le pidió a Morgan— La última vez me equivoqué.

No es que se sintiera orgullosa de dejarle toda la responsabilidad a Morgan, pero estaba agotada, dolorida y no podía pensar con claridad. En los últimos metros, prácticamente se había dejado guiar por él.

Derek notó que se apartaba un poco, y dirigió el haz de luz hacia ella, pero evitando deslumbrarla. Estaba de espaldas junto a la pared, con las piernas ligeramente flexionadas y las manos apoyadas en los muslos.

A Morgan le recordó demasiado al estado en que se encontraba poco antes de que se desvaneciera durante su excursión. Ahora sabía que el motivo había tenido poco que ver con su úlcera y mucho que ver con su embarazo.

— Espérame aquí… Me adelantaré un poco para ver si alguna de ellas lleva a la salida.

Lo último que le apetecía a Morgan era dejarla allí sola, sin tener la certeza de que Dubois había dejado de ser un peligro. Emily tenía su glock, y podía dejarle la linterna. Él podría arreglárselas con la que llevaba encima. Aun así, no estaba seguro de que fuera buena idea, y eso si ella aceptaba aquel plan.

Emily respiró profundamente, y se incorporó no sin esfuerzo.

— No voy a ser una carga para ti… Tú comprueba una de las galerías y yo iré por la otra… Nos veremos de nuevo aquí…

Si a Morgan su propia idea le desagradaba, aquella le parecía una locura.

— Em, estás agotada…— Razonó él— No voy a dejar que vayas por ahí sola… Apenas te sostienes en pie.

Por su expresión, Morgan supo que Emily no opinaba de la misma forma. Siempre lo impresionaba su grado de testarudez. Era tan obstinada como valiente.

— Pues entonces iremos juntos…— Insistió ella— Así que…— Señaló los dos desvíos de la galería… ¿Derecha o izquierda?

Morgan suspiró, dándose por vencido.

— Izquierda…

Emily reprimió sus ganas de reír. Esa elección no había dado muy buen resultado la última vez que ella había escogido.

— Pues izquierda será…— Dijo más animadamente. Acto seguido, le arrebató la linterna a Morgan y adelantó unos pasos. Luego se volvió hacia él, que no se había movido de su sitio— ¿Vamos? No querrás quedarte aquí a dormir, ¿Verdad?— Se burló, recuperando su broma anterior.

Morgan no tardó en alcanzarla, y de nuevo caminaron juntos porel pasadizo escogido. Lo hicieron en silencio, sólo roto por el eco de sus propios pasos y por sus respiraciones, más suave la de Morgan, más fatigada la de Emily.

El recorrido se alargaba más de lo que habían esperado, y empezaron a sospechar que no les llevaría a ningún lado. La linterna comenzó entonces a parpadear, dando las primeras señales de que la batería no dudaría mucho más.

Emily, recurriendo al método más clásico de volver a poner en funcionamiento cualquier tipo de aparato, la golpeó con la mano. La linterna continuó parpadeando, y Emily volvió a golpearla. No podía creerlo, posiblemente tuvieran que desandar el camino y les estaba fallando un elemento imprescindible.

— ¡Maldita sea!— Exclamó exasperada.

Morgan notó en su voz algo más que la normal frustración por el desgaste de la batería. Aún tenían la linterna pequeña, y en el último extremo, su móvil también les podría servir para iluminar el camino.

— Emily…— Trató de calmarla, pero ella seguía luchando con la linterna.

— ¡Esto parece una maldita broma!— Se lamentó. Su hombro le dolía como el infierno, y la idea de tener que moverse de nuevo en la oscuridad la había desmoralizado por completo. Obcecada en recuperar la funcionabilidad del aparato, dejo de prestar atención hacia donde pisaba, y acabó tropezando con una piedra, desequilibrándose.

En esta ocasión, Morgan evitó la caída, y la ayudó a recuperar la estabilidad. Sin embargo, sentirse de pronto tan vulnerable, sólo hizo que su ansiedad fuera en aumento. Intentó apartarse de él, pero Morgan la sostuvo con firmeza. Lo último que necesitaban era que volviera a hacerse daño.

— Emily, tranquilízate – Le rogó Morgan. Pocas veces la había visto perder los estribos de aquella forma, especialmente cuando poco antes había estado bromeando— Encontraremos la salida… Además, todos nos estarán buscando.

Sin embargo, lo único que consiguió Morgan fue que Emily se alterara aún más. Bruscamente se apartó de él.

— ¡Deja de decir eso, Morgan! ¡No lo sabes! ¡No puedes saberlo!— Le recriminó crispada— ¡Estamos en esta maldita cueva, y no tenemos ni idea de si hay alguna otra maldita salida que la que quedó sepultada bajo un montón de malditas piedras!

Morgan había escuchado hablar sobre el efecto de las hormonas en las embarazadas, pero ni en sueños se le habría ocurrido sugerirlo en alto. Simplemente dejó que se desahogara y cuando Emily terminó de proferir su rosario de maldiciones, en varios idiomas, ambos se quedaron en silencio. Emily sentada en el suelo, con la cabeza metida entre las manos e hiperventilando, y Morgan sintiéndose responsable, preocupado y atónito en igual medida.

Entonces hizo lo único que tenía sentido para él. Se sentó a su lado, la rodeó con sus brazos, y la estrechó contra su pecho, consolándola.

— No lo entiendes— Sollozó ella en silencio, mientras las lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas— No se trata sólo de mí…— Su voz se quebró, y su mano derecha se deslizó sobre su vientre en un gesto de protección.

Morgan por supuesto lo entendía. ¿Cómo no iba a hacerlo? En el fondo, él tenía tanto miedo como ella, pero era muy consciente de que Emily se encontraba en una situación vulnerable tanto física como psicológicamente, y por eso debía esforzarse aún más en mantener la serenidad y la mente lúcida.

Colocó su mano sobre la de Emily, arropándola a ella y la pequeña vida que comenzaba a formarse en su interior. Si Morgan albergaba alguna duda sobre si Emily deseaba aquel bebé, acababa de despejarla.

— Tranquila…— Volvió a repetir, en ésta ocasión más sosegadamente— Lo lograremos… Sé que lo haremos… Y estaremos bien… Los tres estaremos bien…— Añadió, confesando así que conocía su secreto.

Emily vivió un instante de confusión, antes de darse cuenta de que, de algún modo, él había descubierto su embarazo. ¿Es que había dicho o hecho algo que hubiera despertado sus sospechas?

Alzó el rostro hacia él, y lo miró desconcertada.

— ¿Cómo…?— Balbuceó.

Derek sonrió.

— Tus informes médicos estaban esparcidos por todo el estacionamiento del hotel…— Le recordó, bastante sorprendido de que ella no hubiera contemplado esa posibilidad. Luego, se llevó la mano al bolsillo trasero del pantalón y extrajo lo que parecía un trozo de papel, que Emily no identificó hasta que lo desplegó ante sus ojos…— Y encontré esto… — Le mostró la ecografía que había guardado. El resto de informes aún estaban en el vehículo que había utilizado para perseguir al sudes, pero no se había podido desprender de la primera imagen de su hijo. Estrechó sus ojos, fingiendo que la observaba con atención— Creo que se parece un poco a mí… ¿no crees?

Emily, aún impresionada por lo bien que Morgan había disimulado que desconocía su embarazo, no pudo evitar que se le escapara la risa.

— Sí, si eso significa que te pareces a un guisante…— Bromeó. A la escasa luz que les proporcionaba la pequeña linterna de Morgan, no era más que una mancha borrosa en la que apenas se adivinaba nada.

Derek frunció el ceño, con expresión afectada.

— Eso resulta bastante ofensivo, ¿sabes?

Ella se echó a reír.

— ¿Para ti, o para el bebé?

Derek se recolocó, acomodando a Emily mejor entre sus brazos. Finalmente había conseguido animarla. Su cuerpo ya no se sentía tensionado, y parecía más relajada.

— Para ambos, por supuesto…— Afirmó— Fíjate bien…— Señaló hacia un lugar aleatorio de la ecografía— Aquí… Tiene mi nariz… y definitivamente mis ojos…— Argumentó con orgullo.

Emily lo miró de reojo.

— Claro… Es evidente…— Se burló— Cualquiera podría darse cuenta… Y de hecho…— Apuntó hacia el centro de la ecografía— Tiene hasta tu ego… Pobre bebé…— Se lamentó con ironía.

Ahora el que rió fue él. Aún estaban atrapados, pero al menos, estaban juntos y precisamente sería aquel bebé, su hijo, lo que les daría fuerzas para salir de allí.

— Nuestro hijo…— Dijo Morgan verbalizando aquel pensamiento. Se giró un poco, hasta poder ver sus ojos— Em… Vamos a tener un hijo…

El modo en que Morgan pronunció aquellas palabras, la conmovió. ¿Era ilusión lo que veía en sus ojos? Ahora comprendía su mirada cómplice cuando ella había estado a punto de confesarle que estaba embarazada. Derek estaba feliz con la idea de ser padre. No existía en él ni un atisbo de duda al respecto.

Aquello le recordó su conversación durante el trayecto que habían compartido con Reid.

— Dijiste que no tenías dudas sobre nosotros…— Dijo Emily— No te referías sólo a lo que tenemos ahora…Sino también al futuro… ¿verdad?— Reflexionó.

Derek conocía muy bien las inseguridades emocionales de Emily. Le costaba asumir que alguien pudiera amarla por ella misma, sin segundas intenciones, y sin pedirle nada a cambio. Esa era la razón por la que Morgan se esforzaba tanto en demostrarle lo que sentía por ella y al mismo tiempo, evitaba presionarla en sentido contrario.

— Emily, hace tiempo que no sé pensar en un futuro en el que no estés tú…— Confesó— Y con esto… Con el bebé… Simplemente todo se ha precipitado, pero no es nada que no haya imaginado alguna vez— Le acarició el rostro, manteniendo sus ojos en ella— Sabes que te amo, y sé que tú sientes lo mismo.

A Emily siempre le costaba más pronunciar las palabras, incluso en aquellas circunstancias.

Lo besó en los labios, y se acurrucó junto a su pecho, cerrando los ojos. Derek tenía razón, estaba agotada. La acunó suavemente. Sabía que no podían permanecer eternamente allí, pero Emily llevaba horas sin comer ni beber nada, y pronto anochecería, si no lo había hecho ya, y si no descansaba no podría continuar. Notó cómo su cuerpo se iba relajando cada vez más, vencida por el sueño.

— Yo también te amo...— Dijo Emily justo antes de quedarse dormida.

Morgan sonrió para sí mismo, y permaneció allí, inmóvil, vigilando su sueño.

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