CAPITULO 13
El helicóptero no llegó a aterrizar. Se situó a una distancia prudencial y dos miembros del personal de emergencias de Luray descendieron con una cuerda que al mismo tiempo sostenía una camilla de rescate. Emily los esperó ansiosa, junto a Morgan.
—Tiene una herida de arma blanca en el estómago…— Les informó en voz alta nada más llegaron. El estruendo del motor y las hélices dificultaba la conversación.
Se apartó a un lado para que los dos hombres hicieran su trabajo y colocaran a Morgan en la camilla. Después de asegurar las correas que lo ataban, lo trasladaron hasta la zona donde el helicóptero sobrevolaba a poca altura. A su señal, la camilla comenzó a elevarse. Arriba los esperaba alguien más de emergencias. Emily supuso que nadie del equipo habría viajado con ellos, para dejarle espacio al resto.
— ¿Usted está bien?— Le preguntó uno de los paramédicos.
Emily asintió. En aquel momento lo que menos le preocupaba era su brazo.
Después de Derek, le tocó el turno a Emily. El cuerpo del sudes tendría que esperar a un segundo viaje, e incluso hasta el día siguiente para maniobrar con mayor seguridad.
Emily se acomodó junto a la camilla, y le tomó la mano mientras los paramédicos comprobaban sus constantes vitales y le practicaban los primeros auxilios. A Emily el trayecto se le hizo interminable, pero finalmente llegaron al helipuerto del hospital. Suspiró, reconfortada, al darse cuenta de que Hotch aguardaba allí, junto con varios miembros del personal sanitario, que corrieron a atender a Morgan tan pronto el helicóptero aterrizó.
Emily descendió justo después, siguiendo a Morgan en todo momento hasta que llegó a la altura de Hotch, que la retuvo a una indicación del que parecía el jefe de urgencias del hospital. Pero ella se resistió. No concebía separarse de él.
— Emily, tienes que dejar que se ocupen ellos— Le advirtió. Durante el trayecto los paramédicos habían informado al hospital del estado de Morgan, y debían intervenirlo inmediatamente.
Ella le dirigió una mirada confusa. Se sentía como si estuviera dentro de una pesadilla de la que no podía salir.
— Dubois lo acuchilló… Le disparé… Está muerto…— Explicó atropelladamente, sin apartar la vista del lugar por donde se habían llevado a Morgan— Derek ha perdido mucha sangre…
Hotch la miró con preocupación. Tenía un aspecto terrible, y claramente aún estaba conmocionada.
— Morgan está en las mejores manos, saldrá de ésta…— Recordó entonces la lesión que Emily tenía en el hombro, además de las evidentes magulladuras en su rostro. Incluso pudo apreciar la rojez en su cuello, supuso que causada por Dubois. Sin embargo, lo que más lo inquietó fue su expresión ausente— Será mejor que te vea un médico… Vamos…
No protestó. Emily se dejó guiar por Hotch a través de los pasillos del hospital, hasta llegar a la zona de urgencias, donde esperaba el resto del equipo. Tan pronto la vio, J.J. corrió a abrazarla.
— Dios mío, Em… ¿Estás bien?
En lugar de responder, Emily miró a su alrededor, desorientada.
Los agentes compartieron la misma expresión inquieta, sabiendo exactamente qué estaba buscando.
— Lo han llevado directamente a quirófano— Le dijo Rossi— Sólo podemos esperar.
Ella asintió. De pronto se sintió perdida, como si aquel no fuera su sitio. Ni siquiera se percató de que Hotch había llamado la atención de uno de los médicos para que se acercara, que resultó ser justamente el que se había ocupado de su hombro dislocado. Se llamaba Benjamin Rogers, aunque Emily tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para recordar su nombre.
El médico, al reconocerla, se acercó a ella algo alarmado.
— ¿Agente Prentiss? ¿Qué le ha ocurrido?— Le preguntó al mismo tiempo que comenzaba a examinarla. Sabía que habían enviado el helicóptero de emergencias a rescatar a varios agentes del FBI, pero lo último que podía imaginar es que estuviera implicada una agente embarazada.
— Yo… No sé…— Balbuceó.
— Le echaré un vistazo, ¿de acuerdo?— Añadió el médico al notar que ella no respondía de forma coherente— Acompáñeme.
Emily lo siguió, como si fuera una autómata. Ahora que Morgan estaba bajo los cuidados que necesitaba, simplemente no sabía qué hacer.
— ¿Te ha dicho algo?— Se interesó Rossi en cuanto la perdieron de vista.
— Dice que mató a Dubois… Poco más…— Respondió Hotch— Ya habrá tiempo para los detalles. Mañana sabremos más cuando el helicóptero regrese.
— Está en estado de shock…— Apuntó Reid— Nunca la había visto así.
— La han secuestrado, Reid— Le recordó J.J. — Y lo de Morgan… Creo que se acaba de dar cuenta de lo importante que es para ella…
Los cuatro agentes permanecieron en silencio, y luego se sentaron en la sala de espera, pacientemente. J.J. era la única que se había apartado un poco para hablar con García, que vivía su propio momento de angustia a solas y que ya se dirigía hacia el hospital.
En lo que se refería a Emily, por lo pronto, le habían vuelto a colocar el cabestrillo y la habían obligado a permanecer en la cama, para asegurarse de que descansaba después de hacerle una ecografía. Todo parecía estar normal, pero los médicos no querían correr ningún riesgo.
La única razón por la que Emily se resignó a obedecer la orden del médico, fue precisamente su embarazo. De otro modo, nadie la habría podido retener allí mientras Morgan estaba luchando por su vida en un quirófano. Aun así, le había hecho prometer al Dr. Rogers que sería la primera a la que informaran del resultado de la cirugía.
Pasó más de una hora hasta que finalmente el Dr. Rogers entró en su habitación. Emily contuvo el aliento, expectante y con el alma en vilo.
—Tranquila…— El Dr. Rogers alzó la mano, y sonrió— Todo ha ido bien. Ha salido de quirófano y aunque aún no se ha despertado, no parece que vaya a haber sorpresas. El cirujano que lo ha operado es un médico experimentado, y la herida era limpia. No ha dañado ningún órgano vital.
— ¿Puedo verlo?
El Dr. Rogers lo pensó durante unos instantes. Lo normal habría sido esperar un poco para que pudiera recibir visitas, pero dadas las circunstancias, y el estado en que se encontraba Emily, finalmente decidió que no habría mayor problema al respecto.
— Claro… Le pediré a uno de los enfermeros que la acompañe… Pero ya sabe…
— Sí… Me tomaré las cosas con calma— Le aseguró Emily antes de que el Dr. Rogers pudiera terminar la frase.
Éste sonrió, y salió de la habitación. Desde allí, Emily observó cómo hablaba con uno de los enfermeros, que la miró fugazmente. Unos minutos después el enfermero regresó, empujando una silla de ruedas.
— Por supuesto…— Refunfuñó Emily.
El enfermero ignoró sus protestas.
— ¿Damos un paseo?— Le propuso alegremente.
Era un muchacho joven que posiblemente aún estuviera en prácticas. Emily estuvo a punto de rebelarse, pero el deseo de ver a Morgan cuanto antes pudo más que cualquier reticencia.
— Claro… Me encanta que me lleven…— Replicó parafraseando a Morgan.
Estaba segura de que Derek se habría reído viendo cómo ella se resignaba a aceptar que la llevaran en silla de ruedas por todo el hospital.
La habitación de Morgan estaba una planta más arriba, así que después de tomar el ascensor, el enfermero empujó la silla hasta el final del pasillo, donde estaba la habitación de Morgan.
— Desde aquí puedo sola— Dijo Emily al llegar a la puerta— Gracias.
El enfermero dudó un momento, pero finalmente abrió la puerta para facilitarle la entrada y después la dejó allí advirtiéndole que pidiera ayuda para regresar. Por precaución, le habían prescrito reposo durante unas horas.
Emily contuvo el aliento un instante al ver a Morgan allí, tumbado en la cama. Tenía puesta una vía en el brazo y aún estaba dormido.
Guió la silla de ruedas hasta la cama.
A pesar de las palabras tranquilizadores del médico, Emily no pudo evitar sentir miedo. Y sabía que ese miedo persistiría al menos hasta que despertara.
Dejó reposar la cabeza sobre el brazo de Morgan y le tomó la mano.
— Quédate conmigo…— Susurró— Por favor… Quédate conmigo…
Cerró los ojos, y se dejó llevar por la sensación del tacto de su piel en su mejilla. Pronto su propia respiración se acompasó a la de Morgan. Sin darse cuenta, y a pesar de la posición incómoda en la que se encontraba, el sueño comenzó a vencerla.
Hasta que se quedó dormida.
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