En algún lugar al Sudeste del continente africano, en un modesto Kraal, nace un niño ya muy formado para haber sido dado a luz de manera prematura. Él no era como los otros niños a pesar de verse como uno en un mundo bañado en maravillas. Hablaba como adulto, y a veces pensaba como tal; por supuesto, dependiendo de su temple. A este niño le llamaban: Mustafá. Y desde que era pequeño siempre retaba a los más grandes de su comunidad para ver por sí mismo que tan lejos podría llegar, solo para poner su valía por encima del miedo, y demostrar que no estaba loco o embrujado por poner su vida en situaciones innecesarias, solo y únicamente con la intención de compararse a las hazañas de los héroes en el exterior. Se dice que su propia madre no le nombró un año después de su nacimiento por el miedo de una antigua tradición que practicaba en su pueblo antes de que fuera desposada.


EL DILEMA DE DAVID SHIELD EN LA ISLA DEL MAÑANA


La hija del señor David S. era la joven inteligente y audaz Melissa, niña prodigio con un futuro prometedor en el campo de las ciencias del ingenio y del diseño tecnológico, destacando como ningún otro joven aspirante en I-Island. Gran parte de esa responsabilidad involucraba a su padre en los primeros años en su desarrollo como una chica disciplinada en sus intereses y proyectos relacionados en la ciencia. Se podría decir que tanto padre e hija eran conscientes del privilegio de tener tal conocimiento y recursos en sus manos, que era inevitable a que no perfilaran todos sus esfuerzos para el cambio y velar por la justicia y la seguridad global.

David, ganador del nobel, se mantuvo fiel a esa idea desde su juventud y parte de su auge en su adultez. No fue hasta hace un par de años que su visión, su creencia en un mundo pacifico, se vio comprometida por factores externos que no puede controlar. Decisiones que de una manera u otra afectarían a todos, incluyendo su hija, si no se anticipaba a lo que la ausencia del mayor héroe del planeta le haría a la sociedad moderna.

Hace cerca de un año empezó a elaborar todo tipo prevenciones, empezando con un equipo pequeño, compuesto por varias mentes asombrosas, seleccionadas con un riguroso filtro de actitudes correctas para su proyecto cerrado y personal. Los ensayos eran precipitados, dado a la naturaleza de la situación junto con los estudios rigurosos e incompletos era inevitable no predecir los fallos con días de adelanto.

A medida que la investigación avanzaba a algo, se encontraba con más dudas. Dudas que se extendían o se bifurcaban hasta terminar en un punto de inactividad preocupante en que el problema por evitar podría lentamente en concluir en una segunda crisis que pondría en peligro toda su investigación. Se dio cuenta que la mejor resolución a un problema que a futuro seria macro, era simplificarlo en una solución en vez de varias como tenía ideadas en un inicio. El tiempo y la paciencia gastados fueron determinantes al desarrollo de algo grandioso. El miedo al mañana en donde su mejor amigo el héroe más grande de la historia ya no estaría más, podría evitarse, en no terminar siendo un futuro catastrófico para él y su hija.

A partir de los meses venideros David fue suspendido de sus labores como ingeniero y director de Desarrollo de equipos de soporte por la junta general de secretarios y científicos en jefes, y entre otras entidades relacionadas al concilio superior, por lo extremo del desarrollo de su idea en el momento del revoloteo de un rumor que decía en que trabajaba en experimentación con implantes neuronales en seres humanos; cosa que no fue ignorada por gran parte de los isleños eruditos apartados del círculo de David y por agentes externos a la isla futurista. El revuelo fue tal, que la presión de los inversionistas al enterarse de las intenciones y las magnitudes del plan de David que no les quedaba de otra que por obligación intervenir. Y fue lo que hicieron. No había más opciones que apartarse y acallar los rumores lo suficiente para que no se expandieran a la sombra del ojo público, ya que en un principio toda la financiación del proyecto fue cubierta por un convenio de varias multinacionales relacionadas a la industria farmacéutica. Para llevar a cabo tal acción, para aquellas compañías significaba dinero, y muchas cabezas no muy cuerdas a las cuales culpar para apaciguarlo el tiempo suficiente para que el rumor que los vinculaba al hecho, fuera solamente un susurro ahogado de extremistas resentidos e inconformes. Sus primeras opciones por optar fueron: Egresados, Opinantes e Internautas con radicales inclinaciones y hasta Eco-terroristas. Dependiendo de las circunstancias y la situación verían por descarte, cual sería la más adecuada a la situación cuando se presentara el problema a resolver.

Transcurrió semanas de lo ocurrido al escándalo en las bambalinas de los altos mandos del proyecto de David, que, por mano invisible a los ojos de los normales, movieron lo que pudieron por ocultar lo más comprometedor en base a lo polémica que era la investigación. Le dieron a entender más de una vez que debía de estar agradecido porque le habían hecho un favor, un favor lo bastante grande para no renegar. Le recomendaron que dimitiera todo atisbo e intenciones bajo palabra ante ellos, como en el círculo de camaradas de su campo y también públicamente antes de acabar el año con la excusa de un retiro temprano, acordando en no decir palabra alguna de la razón detrás que no fuera de que se encontraba agotado por trabajo constante y estrés por sobre exigencia.

David al final asintió, justo en el precipicio de su carrera. En cuanto a su motivación, desde ese momento la mente de David empezó a maquinar ideas extrañas.

—Es Aquí cuando uno debe estar más motivado. A dar más de lo que tienes si tu propósito te supera, a pesar de anteponer todo de ti por ello, ¿no? —exclamó en colera, apoyado sobre un escritorio con papeles revueltos con ecuaciones, esquemas y trazos de números de teléfonos resaltados en llamativa fosforescencia—. Ayúdame, hija mía, porque no sé cómo te sentirás cuando yo no esté aquí para verte crecer. Si las cosas no resultan como las he planeado, doy por hecho que el mundo no quiere revivir viejas glorias en donde la paz era lo que era, y es frustrante el no encontrar la manera de hacerle entrar en razón.

Dijo resignado, observando como la puerta electrónica que conducía al pasillo se movía, a pesar de recordar que la había asegurado con los comandos correctos para que esta no se abriera. Esta iba deslizándose sutilmente sobre los rieles hacia los compartimientos internos de almacenaje anclados al muro.

—Le he estado buscando.

—¿Si, Sam?

—Necesitamos hablar. Me sorprende verle regodeado entre la mugre en su laboratorio tan inactivo y miserable. Se está tomando la ciencia lo bastante enserio como para ir tan lejos ¿no es así, señor?

—Me alegra que hayas venido, aunque no te llamara —dijo David muy bajo—. Quiero tu ayuda, Sam.

El recién llegado caminó dejando el pasillo para acercársele, y le respondió:

—Para eso estoy.


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