Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y toda su pandilla.


Touma se mantuvo en silencio, mirándose en el espejo de cuerpo completo. Primero dió una vuelta hacia el lado derecho y después hacia la izquierda, atento a su vestimenta; para finalizar, le dió la espalda al espejo y miró a las dos personas frente a él, sus dos amigos, las personas en las que más confiaba después de Marín.

—¿Y? —preguntó esperanzado— ¿Cómo me veo?

—Ridículo —respondieron ambos.

Touma bajó los brazos y suspiró, lo sabía, la corbata era demasiado. El evento en el orfanato no dejaba de ser un evento informal, por más que fuera patrocinado por un grupo de ricachones ingleses, pero aún con eso, las reglas no oficiales dictaban que debía ir vestido de la forma más elegante posible, incluso sus amigos usaban camisas y sacos, a pesar de desvirtuarlo a él con su costosa ropa regalo de su ricachón ex compañero de trabajo.

Esa era la penúltima parte del plan para terminar con el compromiso de Julián Solo y Artemisa Kido, un plan de varias fases. Era, de hecho, la parte más importante del plan; lo que sucediera esa tarde determinaría el destino de muchas personas. Julián Solo, en la casa de los amigos de su tía sabía muy bien eso.

La semana anterior había puesto en pausa su romance con Thetis y había renunciado a su trabajo nocturno. Era hora de volver a ser él, a utilizar su nombre completo, a ser el heredero de la marítima STM. Siendo la última vez que estaba en su habitación, se mantuvo en ella el mayor tiempo posible, decidido pero melancólico. Sabía que extrañaría su vida normal, pasar tiempo con sus amigos, la dinámica familiar de la familia de su tía, el trabajo común, sin aparentar ser alguien que no era o sin una pesada carga sobre sus hombros, simplemente la vida normal. Ya que la puerta de su habitación estaba abierta, Seraphina entró con libertad, de expresión triste pero suave, se acercó a él y lo sostuvo de las manos.

—Oh, Julián, querido, mon neveu, voy a extrañarte —le dijo, soltando su mano derecha para poder sostenerlo del hombro y acercarlo a ella.

—Yo también, tante —Julián sonrió—. Estoy muy agradecido por todo lo que han hecho por mí, tú y tu familia, me gustaría encontrar alguna forma de retribuirlo…

—No, no digas eso Julián, no hay nada que retribuir, conocerte fue suficiente, ¿sabes? Mi esposo tiene muchos amigos y todos ellos tienen hijos a los que quiero, pero a pesar de eso siempre quise tener un sobrino consanguíneo, alguien que no me conociera como Madame Benoit, sino como su tía de verdad, eso es más que suficiente para mí.

Julián asintió conmovido. Durante toda su vida, todo lo que siempre tuvo fue a sus padres y después de la muerte de su padre sólo se quedó con su madre, sin más familia. Siempre sintió que necesitaba algo más, algo de bullicio en su enorme y fría mansión, compañía cálida que no estuviera sólo porque le pagaban. Habló por varios minutos más con Seraphina, prometiéndole continuar en contacto y después bajó a despedirse de Dégel, Camus, y toda la familia Galanis, quienes le manifestaron lo complacidos que estuvieron durante el tiempo que vivió con ellos, y la esperanza de volver a verlo pronto, ya no como un desconocido amigo de Kanon, sino como otro miembro extraoficial de la familia.

—Sin duda, Julián, eres el mejor nieto que un hombre griego como yo podría desear…

—Papá, tienes otros cuatro nietos, y tres de ellos están aquí —murmuró Aspros, señalando a sus hijos y a Milo a su lado.

—Por eso mi abuelo favorito es Monsieu Dubois…

—Acabas de ser desheredado —Zaphiri le dió un bastonazo a Milo en la cabeza que lo hizo maldecir por lo bajo—. Albert, sales de la banca y ocupas el lugar de este greñudo.

Admitiendo para sí que extrañaría esa dinámica familiar, Julián intercambió un par de palabras extras con Kanon sobre sus planes y salió de la casa principal de los Galanis. Justo al frente, su auto lo esperaba, con Dio, Minos y Aiacos afuera, hablando entre ellos; Dio saludó a su jefe con una reverencia y abrió la puerta del auto, su entrada marcaría el regreso del comprometido heredero Solo, y si todo salía bien, el adjetivo "comprometido" pronto desaparecería de su título.

—Minos, Aiacos, ¿cómo va su parte del plan?

—Los abogados de Kido cayeron en la trampa —dijo Minos, con una sonrisa—. En la reunión de esta tarde hablamos entre nosotros sobre asistir a un evento de calidad en la ciudad...

—Los abogados de su madre también se mostraron interesados y cuando pidieron los detalles simplemente les dimos la dirección del lugar acordado—continuó Aiacos—. Esos idiotas se dieron cuenta en el momento de que el lugar era el orfanato patrocinado por Kido, en este punto, ya deberían haberle informado a Kido.

—Me gustaría ver su expresión en este instante…

Julián sólo podía imaginar varios escenarios hipotéticos y todos ellos le causaban bastante gracia. Si hubiera visto la expresión molesta de Mitsumasa Kido cuando sus abogados le informaron que alguien había organizado un evento e recaudación de fondos en el orfanato que mantenía para cubrir las apariencias sobre lo caritativo que era, se habría reído bastante, probablemente hasta habría tenido una muerte por exceso de carcajadas. Mitsumasa Kido primero enrojeció tanto que parecía un semáforo con cabello y bigote, y después palideció. Un evento de caridad en su orfanato podría dar la impresión de que necesitaban dinero para mantener el lugar, lo que significaba desprestigio, lo que levantaría desconfianza con la élite griega, lo que se traducía en menos probabilidad de cerrar buenos negocios, y nulos negocios era igual a nulas ganancias, menos dinero, pérdida de fortuna. Colérico, mandó a llamar a Artemisa y Saori, esperando que ese evento no fuera alguna broma de mal gusto de alguna de ellas.

—... abuelo, no teníamos ni idea de la planeación del evento, me parece que llegué a escuchar algo hace un par de semanas, pero ya que la Fundación se encarga de eso le resté importancia —dijo Artemisa—, ¿qué ganaríamos organizando algo de esa naturaleza? Se suponía que debíamos concentrarnos en Julián Solo.

Mitsumasa Kido entrecerró los ojos, sabía que Artemisa estaba actuando con respecto a lo mucho que le preocupaba el tema, pero se le complicaba deducir si era por su matrimonio impuesto o había algo más.

—Prepárense, iremos a ese lugar en veinte minutos, debemos averiguar qué está pasando y quién nos está lanzando un ataque directo.

Al salir de la oficina, Saori y Artemisa compartieron una sonrisa. Ninguna de las dos creía que un plan tan rebuscado y poco fiable pareciera dar resultados, pero ahí estaban, con su abuelo echando espuma por la boca y a punto de disolver un contrato nupcial.

Aunque la joven adolescente aún no entendía del todo cómo se relacionaba una cosa con la otra, decidió confiar en Julián y ver ese día como un día de celebración y renacimiento para ella y su hermana. En su habitación, se dispuso a hacer su parte del plan al escribirle a Mii, toda la élite griega debía ir al evento, todos arreglados, elegantes.

Nadie debía faltar, y a pesar de que no era una regla, todos debían ir de etiqueta.

Lo único que alegraba a Isaac de esa última parte es que era el inicio del fin de sus días de traje. Mientras Kaza ajustaba su corbata con temática de calamares, Isaac recibió el mensaje de Mii indicándole dónde lo vería.

—Kaza, ¿crees que esto vaya a funcionar? —preguntó después de enviar un sticker que confirmaba su asistencia.

—Sí, toda nuestra esperanza está puesta en esto.

—Pero… es que es tan tonto.

—Y por eso funcionará, nadie lo vendrá venir —Kaza asintió, la confianza brillaba en sus ojos—. Y cuando lo hayamos logrado, iremos a tener la fiesta del siglo… bueno, tú no estarás presente pero te prometo que beberé por los dos.

Isaac rodó los ojos y de un manotazo alejó a Kaza para poder mirarse al espejo frente a él. Era el momento, por su amigo, se recordó, y por Mii, porque si algo le afectaba a Saori la joven rubia se preocupaba de más… esperaba que Mii pudiera conseguir más amigas.

Ese era un día especial para todos, algunos podrían sospecharlo, otros no tenían ni idea, pero lo era.

Marín, por ejemplo, sospechaba que ese era un día especial porque sería echada de su trabajo. No tenía dudas, estando con Violate en la entrada del evento, saludando a los invitados y recordándoles que todo lo obtenido esa tarde sería para el orfanato y el futuro de los adolescentes que vivían ahí, supo que su cabeza sería degollada apenas vió la elegante limosina de los Kido estacionarse frente a la entrada.

—Violate, di todo lo que pude, no lo olvides —dijo, sosteniendo del brazo a su compañera—. Y recuérdame asesinar a Shaka.

Ambas miraron con temor a Mitsumasa Kido y nietas salir de su auto y caminar hacia ellas. El patriarca de la familia desvió su mirada de ellas por un momento, sólo para observar a su alrededor el ya famoso evento, con sus pequeños juegos mecánicos y muchos puestos de comida, con los asistentes elegantemente vestidos y jóvenes huérfanos divirtiéndose en los puestos. Kido apuró su paso, molesto, y justo cuando estuvo frente a ellas se detuvo, incluso su expresión cambió a una de sorpresa.

—Señora Solo —dijo, provocando que ambas mujeres dieran un salto, y voltearan hacia atrás, donde, efectivamente, estaba la mujer del brazo de Shijima—, su excelencia, no pensé que los vería en mi orfanato.

—Es un evento de caridad, Kido, nada nos importa más que estos… jovencitos… —dijo la señora Solo, viendo cómo Seiya a la distancia se comía dos tiropitas, sosteniendo una en cada mano—. Artemisa, Saori, es un gusto verlas.

—¿Y dónde está Julián? Me parece que no hemos disfrutado de su presencia desde inicios de este año…

—Está con mi primo, señor Kido, y he de disculparme de antemano —Shijima bajó la cabeza, dramático, después la levantó lentamente y miró hacia la izquierda, llamando la atención de todos hacia esa dirección.

Justo de ese lado, Julián Solo se acercaba a ellos con una sonrisa radiante y un plato con dos gyros. Todos, a excepción de Shijima, se mostraron sorprendidos, puesto que Julián se veía muy diferente a todos los presentes en el lugar. En lugar de usar un traje, una camisa al menos, llevaba un par de vaqueros rotos, calzado de una empresa americana (de esos famosos Converse, le pareció a Kido), playera sin mangas con temática de algo sobre la cultura pop, una chamarra arriba, varias pulseras en ambas manos y un ajustado collar de tridente. Mitsumasa Kido creyó que se desmayaría, todo el mundo a su alrededor, la mayoría asalariados, vestían elegantemente, y Julián Solo parecía un payaso vestido como la plebe antes de recibir una lección de modales.

Artemisa y Saori intercambiaron una mirada, ninguna de las dos esperando ver a Julián vestido así. Y la señora Solo se tensó, casi a punto de gritarle a Julián por qué se veía de esa forma, en medio de un evento tan importante.

—Joven Solo —saludó Mitsumasa, mirando a sus nietas mientras estas saludaban con un movimiento de cabeza—. Me alegra saber que ha regresado al país, bienvenido.

—Oh, Kido, Saori, tú —Julián saludó con una sonrisa, después comenzó a comer con las manos, con una expresión tranquila.

Mitsumasa sintió que el sudor comenzaba a correr por su frente. Primero el evento en su orfanato, después la actitud y mal vestimenta de Julián; comenzaba a sentirse presionado y decepcionado, todos los jóvenes se veían tan elegantes, y su futuro yerno parecía tan vulgar…

Decepcionante.

Shijima, por otro lado, estaba atento a las expresiones de todos, así que sólo bajó la cabeza e intentó no mostrar que toda la situación le divertía. Julián se veía tan incómodo, su madre y las hermanas Kido shockeadas, y Kido tan decepcionado que casi se sintió tentado a dejar la situación tal y cómo estaba hasta ese momento. Pero debía continuar, así que se acercó a Julián, de forma que se puedan contrastar sus atuendos y comenzó a hablar de lo bueno que había sido el viaje a Inglaterra, y lo diferente que Julián era ahora, más relajado, más informal, menos cuadrado. Mientras hablaba, notaba cómo las expresiones del patriarca mostraban sorpresa y desagrado; ese era el momento de enriquecer los contrastes con el nuevo Julián, así que desvió la mirada de todos los presentes para mirar a su asistente a la lejanía e indicarle con un asentimiento que era el momento.

Hysminai levantó el pulgar y miró a Shaka y Touma detrás de ella.

—Empiezo a creer que esta es una mala idea, creo que voy a dar la vuelta y ocultarme con Marín —dijo Touma nerviosamente mientras se arreglaba su ajustado chaleco.

—Creí que te interesaba ayudar a Artemisa Kido —dijo Shaka, aún en su lugar—. Yo no tengo opción, pero tú dijiste que lo harías sin problema.

—Tal vez mis amigos tenían razón, las clases de modales fueron suficientes, y asumir otra identidad…

—¿Qué no de verdad ese es tu segundo nombre? —Hysminai entrecerró los ojos y tomó a Touma de los hombros, para levantarlo de su asiento con facilidad y llevarlo hacia dónde estaban todos los millonarios, los más millonarios— Mi jefe me dió una orden y yo debo cumplirla, sin importar los problemas, ¿tengo que moverte a tí también? —le preguntó a Shaka mientras continuaba empujando al pelirrojo.

—Creo que eso puedo hacerlo yo mismo, pero, ¿podrías llamar a Agora y decirle que tenga los documentos listos?

Cuando llegaron a la pequeña reunión, Mitsumasa Kido los miró con el ceño fruncido antes de relajarse, el recién llegado pelirrojo era el ejemplo perfecto de elegancia: pantalones grises oscuros, zapatos negros, un chaleco ajustado con una brillante cadena en uno de los bolsillos que hacía resaltar la corbata y el saco que tenía en la mano, porque hacía algo de calor a pesar de ser diciembre. En apariencia, era el chico perfecto, y cuando se presentó con una leve inclinación, se percató de que incluso tenía los modales adecuados, no como Julián que continuaba comiendo con las mano cual chico de los sustratos bajos.

—Ícaro es un viejo amigo —explicó Shaka cuando Mitsumasa preguntó, con visible interés, sobre la procedencia de Touma—. Creció aquí, pero su familia es poco conocida, no les gustan los reflectores.

—¿De verdad? ¿Y a qué se dedica su familia, joven Ícaro?

—Ayuda humanitaria —respondió Shaka, alterando ligeramente la verdad sin parpadear—, principalmente, Ícaro todavía está buscando algo en qué invertir, ¿cierto?

—Ah, sí, cierto —Touma asintió, esa mañana le había contado al rubio que esperaba poder invertir su tiempo en alguno de los negocios de sus amigos, para ganar más dinero.

—Al mercado tecnológico le está yendo bien últimamente —murmuró Julián, con tono distraído.

Touma suspiró por lo bajo y trató de no mirar a Artemisa. Esa era la parte del plan dónde se planteaba una opción "mejor" que Julián, quien había bajado sus estándares, parte que lo involucraba, porque Shaka se había negado a hacerlo y Shijima estaba manejando el tema del soltero bien remunerado. Le habían dicho que no mentirían, y Touma sabía que fueron honestos en eso, sólo habían contado la verdad a grandes, grandes rasgos; pero aún no estaba del todo seguro de que fuera una buena idea. Se sentía como un mendigo disfrazado de príncipe, rodeado de otros príncipes, uno de ellos queriendo ocupar su lugar.

Para cuando Touma dejó de pensar en eso, se percató de que la mayoría de los presentes se había retirado, como el señor Kido, la señora Solo y los primos, dejándolo solo con Artemisa, Saori y Julián.

—Touma, Julián, nadie me dijo nada sobre esta parte de sus planes —dijo de inmediato Artemisa, sosteniendo a Touma de los hombros para mirar su radical cambio de imagen, incluso estaba peinado de forma diferente.

—¿Qué? Es un regalo para tí, incluso está educado.

Touma, miró a Julián con los ojos entrecerrados, tentado a golpearlo por la oculta forma de ofenderlo, pero no fue necesario, Artemisa se acercó a él y le jaló el cabello con fuerza, como cuando eran niños obligados a pasar tiempo juntos en aburridas fiestas de adultos.

—Claro, tú si puedes decir cosas así pero yo soy un elitista si lo digo —se quejó Julián, alejándose justo a tiempo para evitar otro ataque, y sosteniendo a Saori de los hombros para ponerla como su escudo—. Artemisa, no olvides que se supone soy tu prometido perfecto, el pináculo de la elegancia y los millonarios, ahora imagina ver al prometido perfecto siendo todo lo contrario mientras te presentan exactamente lo que se supone que yo debería ser, es un gran contraste, y te hace plantear algunas cosas…

—¿Por qué no lo hizo Shaka o su raro primo? —preguntó Saori, moviendo la cabeza para ver a Julián.

—A Shijima no le gusta su carácter y Shaka sólo accedió a venir hoy porque va a hacer negocios con Kido, por eso la organización de este evento.

—¡Fueron ustedes! —señaló Artemisa, ahora ella intentando no sentirse ofendida.

—No, fueron ellos —rectificó Julían—, Pregúntale a tu novio… ex novio… no lo sé, si me disculpan, iré a ver a mi novia… o ex novia… a Thetis, ustedes dos manténganse juntos, haganme sentir esos cuernos.

Julián se retiró a paso veloz, ya había terminado por ese momento, ciertamente aún le faltaba algo de tiempo, pero esencialmente, era el final, y estaba cansado del drama. Después de verlo marchar, Saori les repitió a su hermana y Touma lo mismo que Julián y dijo que estará con sus amigas, aprovechando el día y el evento, dejando a la pareja a solas.

—¿Qué ocurre con el orfanato, Touma? —preguntó Artemisa, impaciente por no entender esa parte de los planes.

—Tenemos problemas, la Fundación Graad no ha soltado mucho dinero y las cosas son algo complicadas… —incómodo, Touma evitó mirar a Artemisa al rostro— El objetivo de este evento es poner en vergüenza a tu abuelo, ya sabes, estamos recolectando dinero, eso se ve mal frente a la señora Solo, y una alternativa válida para evitar que la imagen se ensucie es… separarse del orfanato.

—¿Crees que mi abuelo va a venderlo?

—No lo creo, es un hecho, justo en este momento Shaka debería estar cerrando el trato, es muy rápido cuando se trata de eso.

Artemisa se llevó las manos al rostro, no sabía que eso pudiera ser posible, pero viendo su posición económica, no le sorprendería. Después de un par de segundos en silencio, dejó de pensar en eso y volvió a levantar la mirada, viendo el elegante traje de Touma.

—¿De verdad es tu traje? —le preguntó a Touma con una expresión de interés que hizo sonrojar al pelirrojo.

—Hecho a la medida, y tengo otros tres —se defendió Touma, levantando la cabeza con cierta presunción—... Bueno, señorita Kido, ya que al parecer tienen que vernos juntos, ¿le gustaría recorrer este pintoresco evento conmigo?

—Por supuesto, Ícaro —Artemisa rió por lo bajo y sostuvo a Touma del brazo, con una sonrisa—. Y ya que estamos en eso, podría hablarme un poco más de usted, su humanitaria familia y sus ideas de inversión.

Ambos rieron por lo bajo y comenzaron a caminar sin rumbo, juntos, esperanzados, y tal vez algo embriagados el uno con el otro.


Comentarios:

¡Gracias por leer!

Tres cosas importantes para este pequeño capítulo:

*La forma en la que se refieren Julián y Seraphina entre sí están en francés: mon neveu es, según el traductor es "mi sobrino"; mientras que Tate es "tía".

*Las tiropitas son un tipo de pastel salado relleno de queso. Según lo que he visto, parecen como empanadas (lo que en México conocemos como empañandas), pastelitos pequeños en forma de triángulo con relleno.

Este es el ocaso del enorme drama que se ha estado manejando desde hace como un año, corto pero sustancial para marcar nuevas pautas. Como curiosidad para aderezar este especial, he de decir que nunca creí que escribiría tanto sobre este universo; poco después de que lo inicié tenía algunas ideas sobre a dónde quería que se dirigiera (y sé cómo terminará, eso es seguro), pero no creí que se extendería tanto y que pasarían tantos años. Hay muchas cosas que no estaban tan planeadas e historias que sí escribí pero nunca salieron por cuestion de tiempo o porque no concordaban con lo que ya había planteado antes. Me gusta pensar que, como la vida cotidiana, este universo está lleno de momentos sorpendentes y comunes, cosas y cambios inesperadas.

De nuevo, y cómo siempre, gracias por leer!