Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Toei Animation.
Mime miró con molestia a Siegfried y Sigmund, quienes habían entrado a su habitación desde antes de que el Sol comenzara a salir. Ambos hermanos lo habían mirado con un tenue sonrisa, hasta que Sigmund se sentó en la cama con él y pasó un brazo sobre sus hombros cuando, agotado por el escrutinio, Mime se sentó y les preguntó que querían.
—Hilda y Hagen nos contaron que va a haber un evento en un orfanato.
—Maravilloso… Ahora, déjenme en paz.
—Mime, lo que Sigmund trata de decir es que todos vamos a ir —sentenció Siegfried—. Todos.
Mime rodó los ojos y se recargó contra la pared. Ya había pasado mucho tiempo desde el día que sus amigos evitaban nombrar, el día esperado por todos que se había hecho esperar. La muerte llega en el momento menos esperado, sin importar que tanto lo sospecharan o se alargara, está sobre todo, pero sólo extiende su manto en el momento de distracción, cuando se baja la guardia. Fueron días oscuros, Mime no mentiría sobre eso, pero había tenido el tiempo suficiente por despedirse de Utgard y comprender que la muerte era parte de la vida, el final para el protagonista, un breve intermedio para la gente a su alrededor. Así que, aún de luto, Mime sólo se sentía nostálgico; sentía que en la gran orquesta que era su vida, él había perdido uno de los instrumentos para tener la sinfonía perfecta, su sinfonía.
—No tengo muchas ganas de salir —dijo Mime, bostezando.
—No es una sugerencia, vamos, toda la ciudad irá —sin dar más alternativas, Siegfried le dió un par de palmas en las piernas y comenzó a salir de la habitación—. Desayunamos y nos vamos.
Resignado, Mime asintió y se dejó caer en su cama, dispuesto a flojear lo más que pudiera hasta que el desayuno estuviera listo. A veces, en esos días dónde había planes, convivencia fraternal y momentos de diversión, Mime daba un paso atrás y pensaba en cómo serían las cosas si Utgard aún continuara con ellos; el cuestionamiento sobre si era correcto o no disfrutar de la vida en ese momento había quedado atrás, el propio Utgard se los había pedido férreamente, que él particularmente continuara con su escabrosa existencia con libertad fue uno de sus últimos deseos, y él estaba dispuesto a cumplirlo.
Después de rodar por toda su cama por varios minutos, Mime se levantó con pereza y salió de su habitación, el olor a comida quemada atacó sus fosas nasales. Eso sólo podía significar una cosa: Freya estaba en casa.
—¡Sólo me descuidé un minuto! —escuchó que gritaba la joven desde la cocina.
—No te preocupes, Freya, todos nos distrajimos.
Al llegar a la cocina, Mime encontró a varios de sus amigos en el lugar; Sigmund y Hilda luchaban por alejar el humo que salía de un sartén en la cocina, mientras que Freya y los gemelos se ocupaban de abrir las ventanas para que el aire comenzara a circular. Mime no tardó en unirse a ellos y preguntar por los hechos.
—Estaba haciendo panqueques para todos —dijo Freya, triste, al mirar la sartén.
—Está bien, Freya, eso le pasa a todos —dijo Hilda, sosteniendo a su hermana de los hombros para darle apoyo mientras miraba a todos sus amigos con una expresión molesta—. ¿Por qué no llevas todos los que ya hicimos a la mesa? —sugirió, esperando a que Freya saliera para mirar uno a uno a los tres hombres que estaban con ellas— Muy bien, quiero saber quién fue.
—Hilda, ¿crees…? —inició Bud.
—¿Crees que fue uno de nosotros? —terminó Syd, indignado, al igual que su gemelo.
—No puedo creer que desconfies tanto de nosotros —Sigmund negó con la cabeza, antes de agregar rápidamente—Fue Mime.
Mime, que hasta ese momento estaba dispuesto a disfrutar del espectáculo mientras comía algo de galletas, sintió que estaba a punto de ser cortado en pedacitos y puesto en la sartén cuando Hilda volteó a verlo. Casi pedía perdón de rodillas, hasta que recordó que él apenas entraba a escena. Varios minutos después, y entre risas, tanto Hilda como Mime observaron al trío de saboteadores probar algo de lo que había hecho Freya sin la ayuda de Hilda.
—¿Qué tal el desayuno, chicos? Vi que acapararon todo lo que hice.
—Es… comestible… —dijo con Sigmund, omitiendo que la joven Freya había confundo el azúcar con la sal.
—Sí, creo que esto está para acompañar con un poco de jamón o tocino —concordaron los gemelos, viéndose entre ellos. Al menos no habían muerto envenenados. Aún
El desayuno se desarrolló entre risas y algunos planes medio desarrollados. Esa sería la primera vez que el grupo asistiría a un evento de caridad, todos estaban curiosos con respecto a cómo se desarrollarían las cosas y tenías sus propias teorías, Alberich creía que probablemente tendrían que pagar su entrada, los gemelos que asistiría gente muy rica y no los dejarían entrar, Siegfried aseguró que no habría nada interesante, y todos en conjunto hicieron sus mini apuestas al respecto. El grupo se subió a sus autos y partieron al evento, preparados para su primer día de salida en grupo, sin uno de sus miembros. Antes de bajar, Mime recibió un abrazo de apoyo de Freya y un par palmadas en el hombro de parte de Alberich y Fenrir, todos sabiendo que para él era más pesado vivir todo ese proceso.
La vida después de la muerte. La vida después de perder un amigo.
—Esto parece más una feria de pueblo, creí que servirían champán, que había una fuente y un cuarteto de cuerdas en una esquina de una elegante habitación de una mansión —se quejó Alberich, mirando el lugar.
—Si fuera un elegante evento de etiqueta ni siquiera nos habríamos acercado a este lugar —observó Frodi, recordando que ni siquiera les habían cobrado el estacionamiento.
—Sí, además, aquí viven mis amigos —Hagen de inmediato miró amenazante a Alberich, la adolescencia lo estaba favoreciendo, en un año ya era un poco más alto que el pelirrosa, lo suficiente para intimidar—. Y hablando de ellos…
Hagen sostuvo a Freya del brazo y juntos caminaron hacia donde estaba el grupo de adolescentes, como si el grupo de adultos no estuviera detrás de ellos.
—Eso fue rápido —le dijo Lyfia a Hilda, quien asintió con una tenue sonrisa.
—Solo llegan a la adolescencia y ya somos demasiado viejos para ellos.
Ambas amigas comenzaron a adelantarse, mirando los puestos a sus lados, mientras que el resto sólo las siguió en silencio, al menos hasta que Mime reconoció a su grupo musical a la distancia.
Tras los hechos ocurridos con Utgard, el pelirrojo se había tomado un tiempo para reflexionar sobre la vida y pasar por un luto apropiado, como todos, así que se había distanciado del grupo de mariachis a domicilio. Sin decirle nada a sus amigos, caminó hasta el grupo de músicos, notando que tal y como Dio le había dicho, tenían un reemplazo. A pesar de que eso lo hizo detenerse, no retrocedió y posterior a un par de segundos continúo su marcha, acercándose al grupo indeciso, sin saber si todavía era bienvenido como una de las guitarras (su orgullo como músico y su espíritu competitivo con Orfeo y Pharao todavía no les permitía decidir quien era la primera guitarra y los acompañantes).
—Vaya, vaya, el hijo pródigo ha regresado a casa —dijo Pharao en cuanto lo vió acercarse—. Shōichirō, ya puedes irte, no te necesitamos.
—No seas grosero, Pharao —lo reprendió Xiaoling, sin tomar en cuenta que justo después de decir eso empujó al joven rubio para poder acercarse a Mime y abrazarlo—. Te hemos extrañado.
—Bueno, extrañar, extrañar, lo que se dice extrañar —Dio movió la mano de un lado al otro. Claro, como amigo, estaban preocupados por Mime y lo extrañaron, pero en el sentido empresarial… pues el reemplazo estaba ahí, mirando analítico el abrazo que Orfeo compartió con el recién llegado.
—Creí que ustedes se odiaban —dijo Shōichirō, con auténtica duda. Los rumores en el Conservatorio hablaban de una rivalidad de años, un respeto y odio mutuo por ser la estrella de la prestigiosa academia. Sólo podía existir un grande, le habían dicho.
—Es igual que con Sorrento, eso es lo que dicen en el Conservatorio para alentar la competencia, pero no es verdad —explicó Orfeo, para después mirar a Mime y explicarle rápidamente—. Mime, él es Shōichirō, segundo año, pianista, vino directo de Londres.
—Gran error, en mi humilde opinión…
—Ya hablamos sobre eso, Pharao, no todos son un monstruo sin corazón como tú.
—Xiaoling… ¿Cómo puedes pensar eso de mi? Yo siento muchas cosas, por Eurídice, por ejemplo…
—No olvides que Eurídice es mi novia.
Mime sonrió cuando sus compañeros de grupo comenzaron a discutir entre sí, primero sobre prestarle novias a los compañeros de banda y después sobre música e instrumentos, como siempre. Parecía que nada había cambiado, incluso con su reemplazo presente y sin establecerse del lado de alguien.
Así era la vida, discusiones amistosas y risas compartidas. Momentos trágicos, momentos felices, simplemente la cotidianidad.
—Me gustaría regresar —dijo Mime, justo cuando Orfeo y Pharao se estaban uniendo para discutir con Xiaoling sobre instrumentos de cuerda y percusiones.
—¿Qué les dije? El hijo pródigo ha regresado, Shōichirō, gracias por participar.
—Auch, un cuchillazo duele menos.
—Pharao, no le digas eso a Shōichirō —Xiaoling de inmediato abrazó al rubio mientras miraba molesta al pelinegro.
O intentaba, en palabras de Pharo, Sorrento y Orfeo nunca lo dirían en voz alta, Xiaoling era verdaderamente adorable cuando estaba molesta, con sus mejillas infladas y ojos entrecerrados.
—Bueno, un grupo de mariachis tiene en promedio doce músicos —pensó Dio —. Y mientras su ego musical no choque con el de los demás y nuestras ganancias no se vean tan perjudicadas… por mi no hay problema.
Todos los músicos celebraron su ampliación, olvidando por el momento que debían también informarle a su flautista estrella sobre el tema, puesto que Sorrento tenía algunos temas pendientes en otro lugar.
A la distancia, Sigmund y Siegfried sonrieron cuando vieron a Mine reír de algunos comentarios de sus amigos músicos. En los meses pasados, todos sus esfuerzos habían sido infructiferos en su mayoría, el corazón de Mime estaba inundado de dolor, al igual que el de todos, pero el de él se destacaba debido a la mayor cercanía que tuvo con Utgard, a su tiempo viviendo juntos, a las horas de estudio en el Conservatorio. Ver a su amigo reír y decir más de tres palabras en una charla fue como un bálsamo para ambos.
—Siento que ahora todo estará bien —dijo Sigmund—. Es una suerte que hayas recogido su guitarra cuando la tiró a la basura diciendo que había perdido su melodía perfecta.
—Sí… ¿Yo? ¿Qué no ibas a recogerla tú? —cuestionó Siegfried, alarmado.
Los hermanos se sostuvieron de los hombros, ambos preocupados. En un ataque de pesadumbre y desconsuelo, Mime había decidido deshacerse de todos sus instrumentos, libros y partituras; sólo había alcanzado a botar su guitarra al bote de basura antes de que los hermanos logran tranquilizarlo y convencerlo de desahogarse de otra forma.
—Siegfried, debías recogerla mientras yo preparaba el té.
—No, tú debías recogerla mientras yo acostaba a Mime en su cama…
Argumentando en contra del otro, Sigmund y Siegfried terminaron por suspirar cansados. En lugar de culparse mutuamente decidieron que lo mejor era seguir el ejemplo del evento en el que estaban y armar una recolecta entre todos los demás, por una buena y necesaria causa.
—... Ya perdimos a las chicas, los adolescentes y Mime nos abandonó por los músicos itinerantes, ¿qué hacemos ahora? —dijo Fenrir una vez que los hermanos se unieron a ellos.
—Conseguir más amigos —Alberich asintió ante su propia idea—. Los veré algún día.
—No tan rápido, pequeñín. —Los gemelos alcanzaron a detener a Alberich al sostenerlo por los hombros.— Mientras nos sigas debiendo lo de tu juego de geología, nos perteneces.
—Ustedes pueden llegar a ser aterradores —murmuró Frodi, tallando sus brazos ante los escalofríos que lo asaltaron, esa frase sacada de contexto era oro puro—. Yo tengo hambre, no desayuné mucho porque creí que Freya había hecho todo, vamos a comer.
—Esa es una excelente idea, vamos a probar todas y cada una de las variantes culinarias de este evento —Fenrir asintió con una sonrisa, dando sólo cuatro pasos hasta llegar al puesto más cercano.
El pequeño grupo de amigos se concentró en la caza de alimentos. Todos buscaban obtener algo bueno, sin medir mucho en sus gastos porque, tal y como les habían dicho, todo lo obtenido se iría para el orfanato. Durante su glotón viaje se encontraron con Surt, quien ya les había avisado que se adelantaría para reunirse con un amigo, no el famoso Camus como muchos pensaron, sino un peliblanco de ojos rojos llamado Balder.
Surt siempre había sido muy carismático y extrovertido. A nadie le sorprendía verlo hablando o peleando con otras personas, así los había conocido a ellos, y a diferencia de lo esperado, Surt se había unido a su grupo particular sin problemas y llevando a cuestas una larga agenda social que lo mantenía ocupado casi todas las semanas. Balder compaginó con ellos casi al momento, juntos se divirtieron, comieron y charlaron sobre distintos temas, conociéndose, agregando sin querer un nuevo amigo a su grupo, no como reemplazo, sólo aparcando un nuevo lugar.
Pronto se encontraron rodeados de mucha, mucha gente, todos emocionados por las nobles cualidades del evento y toda la emoción que este provocaba, ellos, por ejemplo, tuvieron su momento de sentirse llenos de altruismo al hablar por un breve momento con los jóvenes que vivían en el lugar, algunos de los amigos de Freya y Hagen. Era extraño ver que sólo había puros chicos y ya casi todos iban de salida, a punto de ser adultos.
—Este es un buen día, a pesar de que no es como creí que sería —terminó por declarar Alberich, sentado en una banca lejos de los puestos—. Estoy muy lleno…
—Ya ves lo que dijeron esos chicos, los que prepararon la comida fueron cocineros profesionales. Ni siquiera nosotros en la vida real tenemos esa clase de comidas.
—Casi estoy pensando en quedarme en este lugar —bromeó Fenrir—. O unirme a estas organizaciones de caridad.
—Esa es una mejor idea —concordó Sigmund—. Y así ayudas a la sociedad…
—Y comes comida gourmet —terminó Alberich—. Lo más importante.
El grupo asintió ante las palabras de Alberich. Probablemente era la primera vez que todos estaban de acuerdo con una idea proveniente de Alberich, un nuevo hito en su historia. Porque la vida continuaba, nunca se detenía, y lo mejor era seguir su caudal, a pesar de los golpes.
Comentarios:
Para este grupo en particular tuve varios planes. Quise seguir con lo planteado desde el principio, sobre la enfermedad de Utgard y su pérdida, pero siento que al tardar tanto en escribir algo bueno, perdí mucho tiempo valioso para desarrollarlos adecuadamente. En el futuro, espero tenerlos más como protagonistas, y desarrollar de mejor manera sus relaciones entre ellos y con nuestros héroes usuales; hay muchas cosas intrigantes que tengo en mente y he aquí un pequeño adelanto, no olvidemos que Surt tiene una hermana menor que creo que ya es el momento de traer a escena.
¡Muchas gracias por leer!
